Cómo tratar con los celos en las relaciones

Mientras la discusión de los celos en el budismo aborda primordialmente la emoción perturbada que el inglés define como "envidia" (envy), aunque no se solapa con ella; el inglés especifica otra emoción perturbada similar llamada "celos" (jealousy). Para la mayoría de los occidentales, este tipo de celos causan mayor sufrimiento que los tipos discutidos en el budismo.

Más que enfocarse en lo que otra persona ha recibido que no tenemos, esta forma de celos se enfoca en alguien que regala algo a otro en lugar de a nosotros. Así pues, la primera definición de celos que encontramos en el diccionario en inglés, es "intolerancia a la rivalidad o la deslealtad". Por ejemplo, nos sentimos celosos si nuestra pareja coquetea con otros hombres o mujeres o dedica mucho tiempo a otros. Incluso un perro siente este tipo de celos cuando llega un nuevo bebé a la casa. Así pues, tal como los celos en el budismo, tiene elementos de resentimiento y hostilidad y además, fuertes elementos de inseguridad y desconfianza.

Si somos inseguros, nos dan celos cuando un amigo o nuestra pareja están con alguien más. Esto se da por nuestra baja autoestima y la inseguridad que tenemos en el amor que nos tienen, por eso no confiamos en nuestro amigo o amiga, tememos ser abandonados.

Para manejar este tipo de celos, tenemos también que aprender la igualdad de todos. En este caso nuestro problema no está basado en el aprendizaje de valores culturales, así que quizá sea más fácil probar directamente el entendimiento budista. El corazón tiene la capacidad de amar a todos, este es un aspecto de la naturaleza búdica. Reafirmar este hecho es un modo de superar la envidia. En otras palabras, el corazón de cualquiera, tiene esa capacidad, inclusive el de nuestro amigo o pareja. Si están tan cerrados que no tienen lugar en su corazón para nosotros, podemos desarrollar compasión por ellos. No se dan cuenta de las capacidades de su naturaleza búdica y consecuentemente se privan de una de las más grandes alegrías en la vida.

Necesitamos abrirnos a todos. Con el corazón abierto, podemos tener amor por un amigo, una pareja, un hijo, una mascota, nuestros padres, nuestro país, nuestra gente, la naturaleza, dios, un hobby, el trabajo, etc. Hay lugar en nuestro corazón para amar a todos, el amor no es exclusivo. Somos perfectamente capaces de relacionarnos y tratar con todos estos objetos de nuestro amor y de expresar nuestros sentimientos en maneras apropiadas para cada objeto. No expresamos nuestro amor y afecto a nuestros perros del mismo modo que a nuestras esposas o maridos, o a nuestros padres. No tenemos relaciones sexuales con todos ellos.

Los temas de monogamia e infidelidad sexual son extremadamente complejos y derivan en muchos otros temas adicionales no son los tópicos aquí. En cualquier caso, si nuestra pareja sexual, especialmente nuestro cónyuge, sobre todo cuando tenemos hijos pequeños, son infieles o dedican una gran cantidad de tiempo con otros, los celos, el resentimiento, y el ser posesivo, nunca son respuestas emocionales útiles. Necesitamos manejar la situación en un modo más sobrio. Gritarle a nuestra pareja o tratar de hacerla sentir culpable difícilmente puede ayudarnos a lograr que nos ame.

Este tipo de respuestas con emociones perturbadas están, en parte, influenciadas culturalmente. Por ejemplo, una esposa tradicional japonesa o india no espera que su esposo socialice con ella después del trabajo en lugar de seguir las normas de su sociedad y salir con sus amigos. Así pues, en la mayoría de los casos, ella estará contenta con llevar una vida social con sus amigas, aparte de la de su esposo.

Es más, cuando creemos que el amor y el tener una amistad cercana puede ser posible, exclusivamente, con una persona, y que si él o ella tiene una amistad con alguien más ya no hay lugar para "mí", eso son celos. Está basado en el sentimiento de un "yo" sólido que debe ser especial, y un "tú" sólido que es tan especial que sólo queremos el amor de esa persona. Incluso si hay muchos otros que nos aman o a quienes amamos, tendemos a ignorar ese hecho y pensamos que "eso no cuenta".

Abrir nuestros corazones continuamente a tantos otros como sea posible y reconocer el amor que otros amigos, parientes, mascotas etc., nos tienen hoy, nos han tenido en el pasado y nos tendrán en el futuro, nos ayuda a sentirnos más seguros emocionalmente. Esto, sucesivamente, nos ayuda a superar cualquier fijación que podamos tener en alguien como un objeto especial de amor, aún nosotros mismos.

Tanto la omnisciencia como el ser totalmente amorosos, implican tener a todos en nuestra mente y en nuestro corazón. Sin embargo, cuando un Buda está enfocado en o con una persona, está 100% concentrado en ella. Por lo que tener amor por todos no significa que el amor por cada individuo se diluya. Por consiguiente, no hay que temer que nuestras relaciones personales se vuelvan menos intensas o satisfactorias si abrimos nuestros corazones a mucha gente. Quizá seamos menos aferrados y menos dependientes en cualquier relación para que sea totalmente satisfactoria, y quizá podamos dedicar menos tiempo a cada individuo, pero en cada relación nos involucraremos completamente. Lo mismo sucede con el amor que nos tienen otros y sentimos que se diluye porque aman a alguien más, eso nos da celos.

Pensar que una persona será nuestra pareja perfecta y especial, nuestra "otra mitad" que nos complementará y con quien compartiremos cada aspecto de nuestra vida, es también una expectativa irreal. Tal expectativa está basada en el antiguo mito griego de Platón, que propone que originalmente todos fuimos enteros, y que en un momento fuimos divididos en dos. En algún lugar "allá afuera" existe nuestra otra mitad; así encontramos el verdadero amor cuando nos reunimos con nuestra otra mitad. Aunque este mito se ha convertido en el fundamento del romanticismo occidental, no tiene referencia alguna con la realidad. Creer en ello, es como creer en el hermoso príncipe que vendrá a rescatarnos en un caballo blanco, es un fenómeno adquirido, culturalmente específico.