La impermanencia como recurso para entablar relaciones saludables

Si al involucrarnos en una relación entendemos los diferentes aspectos de la impermanencia, evitaremos expectativas no realistas y proyecciones. Una relación tiene mayores posibilidades de tener éxito cuando está basada en un entendimiento mutuo de qué es y qué no es posible (y no nos referimos solo a un entendimiento intelectual, sino a uno emocional).

El budismo tiene mucho que ofrecer con respecto a la impermanencia y a cómo el hecho de entenderla nos ayuda a establecer y mantener relaciones saludables. Con el objetivo de acercarnos a este tema, necesitamos examinar cómo analiza el budismo los fenómenos. Vamos a presentar este análisis en términos de ejemplos que son relevantes en nuestra vida: los problemas que podríamos tener y cómo aplicar el análisis a ellos.

El análisis budista de los fenómenos: ¿qué existe?

¿Qué existe? El budismo define los fenómenos existentes como todo lo que puede ser conocido de forma válida. En realidad, este es un punto muy importante porque significa que, si algo existe, puede ser conocido de forma correcta: podemos experimentarlo, sea de forma directa o indirecta, o podemos inferirlo por lógica correcta. El corolario de esta definición es que cualquier cosa que no puede ser conocida de forma válida, no existe. ¿De qué forma eso tiene que ver con nosotros?

Tomemos el ejemplo de las relaciones personales cercanas, tales como las relaciones de pareja, dado que para la mayoría de nosotros suelen ser problemáticas. Un ejemplo de algo que no existe es el “Príncipe Azul o la Princesa Caramelo en un caballo blanco”. Ahora, podemos unir esas palabras para construir esa frase, podemos tener una caricatura que represente al Príncipe Azul o a la Princesa Caramelo en un caballo blanco, y también podemos leer cuentos de hadas sobre ellos. Pero realmente no existen porque nunca podremos conocerlos, nunca podremos conocer uno de forma válida. Asimismo, nadie ha conocido nunca a semejante príncipe o princesa y nunca nadie podrá conocerlos, porque no existe tal cosa.

¿Por qué es eso? Porque el Príncipe Azul y la Princesa Caramelo están constituidos por un conjunto de proyecciones y expectativas imposibles que colocamos sobre otra persona. Cuando proyectamos sobre nuestra pareja que él o ella es un príncipe o una princesa, es un caso perdido. Proyectamos que nos gustaría que fuera un Príncipe Azul o una Princesa Caramelo, pero nos sentimos frustrados cuando no están a la altura de nuestras expectativas. Y entonces nos vamos a buscar a otra persona que sí sea el príncipe o princesa.

Ciertas cosas simplemente no existen. Nunca pueden ser conocidas de forma válida y ésta es una de ellas. Si nadie ha conocido nunca a un Príncipe Azul ni a una Princesa Caramelo y es ilógico que puedan existir, entonces podemos concluir que nunca conoceremos uno o una. Este es un recordatorio de la dura realidad, pero es algo que necesitamos aceptar.

Afirmaciones y negaciones

Lo que existe puede ser conocido de forma válida. Puede ser conocido de forma válida como una afirmación o como una negación. Por ejemplo, podemos conocer que hay una grabadora sobre la mesa. Hay algo ahí. Esa es una afirmación. También podemos conocer que no hay un perro en esta habitación. Estamos viendo una ausencia de algo y sabemos que ese algo no está aquí. Esa es una negación. La ausencia de un perro en la habitación es un fenómeno de negación válidamente conocible. La ausencia existe.

De manera similar, podemos conocer que tenemos una relación con una persona, con una pareja. Ese es un fenómeno de afirmación. También podemos saber que no es un Príncipe Azul o una Princesa Caramelo. La ausencia de que sean un príncipe o una princesa, existe. Ese es un fenómeno de negación. Esto nos da algo en qué trabajar al relacionarnos con ellos. Sabemos lo que son y lo que no son, y ambos fenómenos son verdaderos. Ambos existen. Ambos pueden ser conocidos de forma válida.

Para que una relación sea sana necesitamos conocer tanto lo que es como lo que no es. Un perro podría estar aquí, porque los perros existen, pero nuestra pareja nunca podría estar aquí como un Príncipe Azul o una Princesa Caramelo porque no existe cosa semejante. Si sabemos que nunca podrán ser el príncipe o la princesa perfectos que satisfarán todos nuestros sueños y le traerán felicidad completa y eterna a nuestra vida (si sabemos que es un ser humano que ronca y que tiene otros defectos), entonces tenemos la base para tener una relación realista y saludable.

La diferencia entre los fenómenos estáticos y no estáticos

Podemos dividir el reino de las cosas que existen entre cosas que son estáticas y cosas que no son estáticas. Por lo general, estos término se traducen como “permanentes” e “impermanentes”, pero esas palabras, en nuestro uso cotidiano, por lo general se refieren a la cantidad de tiempo durante el cual algo existe. La distinción aquí no es cuánto tiempo existe algo, sino, por el contrario, si algo cambia o no mientras existe, sin importar cuánto dure. En este sentido, los fenómenos estáticos son “permanentes” y los fenómenos no estáticos son “impermanentes”.

Hechos estáticos

Las cosas estáticas (los fenómenos estáticos) incluyen hechos acerca de algo. Un hecho nunca cambia. Un hecho es siempre un hecho, nunca cambiará, siempre será verdadero. El que más ampliamente se discute dentro del budismo y el ejemplo más profundo se conoce como “vacuidad” (vacío).

“Vacuidad” es un término muy confuso. Existen muchos malentendidos acerca de ello. Básicamente, significa una ausencia de una forma imposible de existencia. En nuestro ejemplo, sería la ausencia de alguien que exista como un Príncipe Azul o una Princesa Caramelo.

Necesitamos hacer una distinción para evitar confusiones. El hecho de que no haya un perro en esta habitación hoy a las nueve de la noche es un hecho estático que nunca cambiará. Aun si un perro entrara en la habitación mañana, eso no cambiaría el hecho de que no hay un perro en esta habitación hoy a las nueve de la noche. Así que la posibilidad de que hubiera un perro presente en la habitación es algo que podría ser cierto, pero es un hecho estático que ahora mismo no es verdad. Ese hecho no puede cambiar nunca.

Cuando hablamos de la ausencia de algo imposible, entonces el hecho de su ausencia no solo es verdadero ahora, su presencia nunca fue verdadera y nunca lo será. Así, tanto la ausencia de un perro en la habitación ahora como la ausencia de un Príncipe Azul o una Princesa Caramelo son hechos estáticos que nunca cambiarán, pero son tipos de hechos estáticos bastante diferentes. Uno es la ausencia de algo posible y el otro es la ausencia de algo imposible.

También necesitamos hacer otra distinción. El hecho de que este perro no sea un gato es algo que no solo es verdadero ahora; nunca fue y nunca podrá ser verdadero. También es imposible que este perro sea un gato cuando esté con alguien más, aunque no lo sea cuando está con nosotros; eso es absurdo. Ahora, algún otro animal podría ser un gato, porque los gatos existen. Pero no es lo mismo con respecto al Príncipe Azul o la Princesa Caramelo. Dado que tal príncipe o princesa no existen, nadie podría ser uno, ni ahora, ni en el pasado ni en el futuro, ni con nosotros ni con nadie más.

Así, no es que alguien haya sido un Príncipe Azul o una Princesa Caramelo con su pareja anterior, pero que no lo sea ahora con nosotros. Tampoco es que alguien más pueda ser el Príncipe Azul o la Princesa Caramelo en el futuro. No es que haya algo malo en nosotros que, si lo cambiamos, hará que esa persona o alguien más se convierta en el príncipe o la princesa. Eso nunca sucederá, pero pensamos que sí, ¿no es cierto? No hay forma en el pasado, el presente o el futuro de que alguien pueda existir como Príncipe Azul o Princesa Caramelo. Ese es un hecho estático con respecto a algo imposible que no existe en absoluto.

Cuando entendemos estos puntos entonces podemos evitar lo que yo llamo “vivir en el mundo subjuntivo”, si podemos tomar prestada esa idea de la gramática: “¿Y si esa persona hubiera hecho esto o aquello? ¿Y si hubiera vivido más? ¿Y si no se hubiera enfermado? ¿Y si nos hubiéramos casado?”. Estos “hubiera” constituyen el “mundo subjuntivo”.

Así, una fantasía común es que, si nuestra pareja hubiera vivido más tiempo con nosotros, las cosas hubieran funcionado. Si nos hubiéramos casado, si las cosas hubieran sido un poquito diferentes, quizás hubiera funcionado. Quizás así esa persona habría sido nuestro príncipe o nuestra princesa. Pero, dado que es totalmente imposible que alguien sea un Príncipe Azul o una Princesa Caramelo, no hay nada que nosotros o la otra persona podamos hacer o hayamos podido hacer para que las cosas fueran distintas. Todo ese cuento de hadas es imposible, esa es la realidad.

Los hechos también son neutros, ni buenos ni malos. Que alguien no exista como Príncipe Azul o Princesa Caramelo solo es un hecho neutral. Dado que es neutral no hay nada de qué molestarse. Que nos guste o no es otra cosa, pero es algo que tenemos que aceptar. Simplemente así es como son las cosas. Es como aceptar que uno más uno es igual a dos. Es simplemente como es, no hay nada bueno o malo en ello.

De igual forma, los hechos por sí mismos no pueden hacer nada, no pueden producir ningún efecto. Pero conocer y aceptar un hecho puede hacer algo. Puede ayudarnos a evitar la frustración y los problemas en una relación, por ejemplo. La confusión y la negación de los hechos, por otro lado, también pueden producir el efecto de causar que generemos problemas. Sea que aceptemos o neguemos los hechos, eso tendrá un efecto en nosotros. Los hechos son solo hechos. No hay por qué quejarse de ellos.

Estas categorías metafísicas, filosóficas y sus descripciones, pueden parecen inaccesibles cuando las estudiamos en abstracto. Pero si podemos aplicarlas realmente a nuestra propia vida, se vuelve más fácil ver a qué se refieren. De esta forma, son muy útiles en términos de entender lo que sucede en nuestra vida y cómo podemos lidiar con eso. Este tema no tiene por qué ser tediosa teoría que no tiene relevancia alguna en nuestra vida; de hecho, es precisamente lo contrario.

Fenómenos no estáticos

Los fenómenos no estáticos son cosas que surgen o están sustentadas por causas y condiciones. Cambian momento a momento y producen efectos. Existen cuatro tipos diferentes de fenómenos no estáticos. Reconocerlos y entenderlos puede ser muy útil:

  • Aquellos que tienen un principio y un final.
  • Aquellos que no tienen ni principio ni final.
  • Aquellos que no tienen principio pero tienen un final.
  • Aquellos que tienen un principio pero no un final.

¿A qué se refiere esto? Busquemos ejemplos para cada caso. Estas distinciones son muy útiles al lidiar con relaciones, así que revisémoslas en esos términos.

Un ejemplo de algo que tiene un principio y un final es una relación con alguien. La belleza juvenil de una persona o un episodio de enojo también tienen un principio y un final.

Un ejemplo de algo que no tiene principio ni final y que cambia momento a momento es la continuidad mental de un individuo. Desde una perspectiva burda, hablamos de que el renacimiento no tiene principio ni final cuando está basado en la confusión.

Un ejemplo de algo que no tiene principio pero sí final, es el no darse cuenta o la confusión que acompaña a nuestra continuidad mental. Nuestra continuidad mental sin principio siempre ha estado acompañada de no darse cuenta y de confusión. Pero esa confusión terminará cuando nos volvamos seres liberados e iluminados.

Un ejemplo de algo que tiene un principio pero no un final es el funcionamiento de nuestra continuidad mental como la mente omnisciente de un buda. Un ejemplo más sencillo es la muerte de alguien: tiene un principio, continuará por siempre y tiene efectos.

Revisemos primero las cosas que tienen un principio y un final, como las relaciones. Y en este sentido no solo revisaremos las relaciones entre amantes, matrimonios o familias, sino un espectro más amplio de relaciones, como aquellas que tenemos con amigos, compañeros de escuela y de trabajo. Todos estos tipos de relaciones están sujetos a la impermanencia burda y a la sutil, que son dos cosas diferentes. En el budismo, cuando trabajamos con la impermanencia, normalmente trabajamos con estos dos aspectos, pero son solo una pequeña parte de la discusión sobre la impermanencia. Quiero ofrecerles una perspectiva mucho más amplia.

Impermanencia burda

La impermanencia burda es la destrucción final de algo. Por ejemplo, una relación con alguien ciertamente tendrá un final. Alguno de nosotros puede mudarse o perder su trabajo; podemos graduarnos de la escuela; es posible que nuestros intereses cambien. En última instancia, ellos morirán o moriremos nosotros, o alguna circunstancia en la vida causará que nos separemos. Ese es un hecho.

Si regresamos a la definición de fenómeno impermanente, una relación es algo que surge de y es sostenido por causas y condiciones. Eso significa que solo durará mientras las causas y las condiciones que la sostienen estén reunidas y continúen. Las causas y condiciones se juntan, pero no siempre estuvieron reunidas, por lo que no siempre se quedarán juntas.

Hay tantas causas y condiciones que mantienen una relación: dos personas que tengan intereses similares, que vivan en la misma ciudad, que trabajen en la misma oficina, etc. Si existen suficientes causas y condiciones continuas, la relación durará.

Dado que estas condiciones y circunstancias están cambiando constantemente y son muy frágiles, con el tiempo no habrá nada que sostenga la relación y ésta terminará. Eso es muy profundo, si pensamos en ello. Por ejemplo, si la relación entre dos personas está basada únicamente en la atracción física o sexual, entonces, si esa circunstancia cambia conforme ambos envejecen, la relación puede terminar, ¿no es así?

¿Qué implica esto? Implica que, dado que las condiciones que sostienen una relación cambiarán a lo largo del tiempo, si queremos que una relación continúe, no podemos confiar solamente en las condiciones que la iniciaron, como que éramos más atractivos, juveniles y vigorosos, o que íbamos a la misma escuela o trabajábamos juntos. Esto nos da una pista de cómo hacer crecer una relación. Tenemos que seguir encontrando más y más condiciones para mantenernos juntos y sostener la relación, porque inevitablemente nuestros intereses y caminos divergirán.

Provenimos de pasados diferentes, educaciones diferentes, culturas diferentes, etc., así que es natural que las condiciones se reúnan solo brevemente, permitiéndonos compartir cosas en común. Pero debido a que hay tanta diversidad en cada uno de nosotros, tarde o temprano iremos en direcciones diferentes. No podemos mantener una relación por mucho tiempo solo sobre la base de memorias compartidas. Si nos aferramos a una relación como si fuera a durar para siempre, nuestro apego y confusión nos causarán un dolor enorme cuando inevitablemente termine. Si aceptamos el hecho de la impermanencia burda (que las relaciones ocurren cuando se reúnen ciertas condiciones y terminan inevitablemente cuando terminan esas condiciones) entonces podemos disfrutar la relación durante el tiempo que dure sin engañarnos a nosotros mismos de que será para siempre.

Esto no solo es importante en las relaciones con socios de negocios, amigos y amantes, sino también en parejas casadas e incluso con nuestros hijos. Es útil darse cuenta de que algún día nuestros hijos dejarán el nido, solo estarán con nosotros por un corto tiempo. Podemos disfrutar la belleza de ese tiempo, pero es importante no estar apegados a él, porque no puede durar para siempre.

El problema del cambio

Esto nos lleva a otro tema, el problema del cambio, generalmente llamado “el sufrimiento del cambio”. Nuestra experiencia habitual, común, de la felicidad, es problemática. ¿Cuál es el problema? El problema es que la felicidad nunca dura. Nos hace sentir mejor por un ratito pero no lo cura todo. De forma más insidiosa, no hay certeza ni fiabilidad en ella. Podemos sentirnos muy felices ahora pero no hay garantía de que dentro cinco minutos no nos sentiremos terriblemente. Nunca sabemos lo que vendrá después. Esto es relevante en los cambios momento a momento en las relaciones.

Cuando empezamos una relación no solo necesitamos aceptar que en algún momento terminará; también necesitamos tener una actitud realista acerca de la felicidad que experimentamos mientras la relación dura. También terminará y sin duda nos sentiremos tristes cuando nos separemos. Por supuesto, cuando empezamos una relación queremos toda la felicidad que surge de estar juntos. Pero también tendremos que experimentar tristeza cuando termine. ¿Estamos dispuestos a ser lo suficientemente valientes como para aceptar eso y experimentarlo? ¿Vale la pena? Esta no es una proyección paranoide sino una realidad: cuando la relación termine (sea cual sea la razón) será triste. Necesitamos ser lo suficientemente valientes, sin ser ingenuos, para aceptar ese hecho.

Además, la felicidad que experimentamos en una relación no persistirá a lo largo del tiempo que dure la relación; fluctuará. Tendremos buenos momentos juntos, pero también tendremos tiempos difíciles, cambiará momento a momento. Esa es la naturaleza de la vida. En el budismo decimos que esa es la naturaleza del samsara: tiene altibajos. ¿Estamos dispuestos a aceptar eso?

Además, encontrar a “la pareja correcta” nunca puede ser la llave de la felicidad que resolverá todos nuestros problemas. Tener a “la pareja correcta” no hará que nuestras dificultades en el trabajo desaparezcan, por ejemplo, aunque quizás nos sintamos mejor temporalmente cuando regresemos a casa, pero eso no pasará todos los días, ¿o sí? A menudo tenemos la visión romántica de que si tan solo encontráramos a la “pareja correcta” todo estaría bien en nuestra vida. Eso va en la misma dirección del Príncipe Azul y la Princesa Caramelo.

¿Tenemos la valentía de aceptar el hecho de que, aun si somos felices ahora, no tenemos idea de cómo nosotros y nuestra pareja nos sentiremos dentro de cinco minutos? Todo va muy bien y de pronto el estado de ánimo de alguno de los dos cambia y hay un conflicto. Nadie es el príncipe o la princesa que siempre está de un maravilloso humor. Nosotros mismos podemos estar perfectamente felices ante la presencia de alguien que amamos y sentirnos deprimidos en el momento siguiente. Es importante darnos cuenta de que esto no es culpa de la otra persona, sino solo la naturaleza de lo que llamamos “sentimientos mundanos”. Tienen altibajos por incontables razones complejas. Nosotros, por supuesto, escogemos a nuestras parejas y algunas serán más agradables que otras. El punto es que nunca será perfecto.

Si estamos conscientes y preparados para aceptar estos factores, pueden volverse valiosos recursos. Así que recuerden la impermanencia burda: una relación terminará en algún punto.

Impermanencia sutil

La impermanencia sutil es más que el mero hecho de que algo no estático cambia momento a momento. Es más que el mero hecho de que a cada instante algo no estático se acerca cada vez más a su fin último, como una bomba de tiempo. Aunque estos son dos aspectos de la impermanencia sutil, ésta también tiene un tercer aspecto, a saber, que la causa de la desintegración final de una relación es que empiece a ser, su surgimiento. La causa de su final es su principio.

Revisemos estos tres aspectos. Primero, una relación está cambiando a cada momento. Es importante darnos cuenta de eso. Es como una película. La escena de ayer se terminó; dale a la persona la oportunidad de estar en la escena de hoy. La escena de hoy es una continuidad del pasado. No estamos diciendo que las escenas pasadas no tengan efecto sobre la escena de hoy, pero es importante adaptarse, fluir con las siempre cambiantes circunstancias y situaciones de una relación. Por ejemplo, muchas personas necesitan su propio espacio de tanto en tanto; necesitan tiempo para sí mismas. No siempre querremos estar juntos, 24 horas, siete días a la semana. Algunas veces querremos separarnos, cuando cada uno quiera estar con sus amigos, etc. Necesitamos fluir con eso o la relación será un desastre.

En segundo lugar, a cada momento la relación se acerca más a su fin. Eso significa que no damos por sentada la relación. Necesitamos sacar el mayor provecho del tiempo que estamos juntos, porque ese tiempo es precioso y limitado. La bomba de tiempo está avanzado. Eso no significa que debamos sentirnos condenados y deprimidos, pero hablando de forma realista, el tiempo que tenemos juntos es breve. En algún momento terminará. Tratemos realmente de sacar el mayor provecho de él (pero sin ponernos demasiado intensos). Si sentimos que tenemos que hacer que cada instante sea profundo y significativo, arruinaremos la relación. Hay un hermoso koan zen: “La muerte puede llegar en cualquier momento; relájate”.

El tercer y último aspecto de la impermanencia sutil es uno de sus puntos más profundos: la causa de que algo termine es su inicio. La causa para que dejemos de vivir con alguien es que empecemos a vivir con esa persona. Si no hubiéramos empezado a vivir con ella, no podríamos dejar de vivir con ella.

¿Qué implica esto? Una discusión con alguien, o incluso la muerte de la persona es solo la circunstancia para que la relación con esa persona termine, no es la causa más profunda. La causa verdadera del fin de la relación es que iniciamos esa relación. Algo actuará como el catalizador para que termine, pero esa es solo una circunstancia.

Cuando nos damos cuenta de ese hecho y lo aceptamos, podemos disfrutar del crecimiento de una relación y no colocamos la culpa de su final en una mera circunstancia. Si no hubiera sido esa circunstancia hubiera sido otra. Tampoco necesitamos preguntarnos qué sucederá cuando nos involucremos en una relación. Si nos involucramos en una relación, ésta tendrá altibajos mientras se acerca cada vez más a su final, y eventualmente terminará. Si tenemos un entendimiento realista de estos hechos, podremos experimentar plenamente la relación sin esperar algo que nunca será.

Acercarnos a lo desconocido en una relación

¿Cómo nos acercamos a lo desconocido? Aquí hay una persona. ¿Nos involucramos en una relación con ella o no? Este es un desconocimiento enorme.

En general, nos sentimos incómodos con lo desconocido. Queremos tener todo bajo control, todo en orden. Pero es imposible tener todo bajo control en una relación. Podríamos consultar cartas astrales para saber qué va a pasar. Ese es un extremo: tratar de tener el control esperando encontrar de antemano lo que sucederá, para estar preparados. Otro extremo es ser espontáneos, solo brincar al abismo. Un camino medio sería tener un poco de información y luego saltar. Una relación será una aventura. Es algo que necesitamos explorar.

Los detalles específicos de lo que sucederá en una relación ciertamente permanecerán desconocidos de antemano aunque, en efecto, la información sobre la otra persona y sobre nosotros mismos es útil (sea que la obtengamos a través de cartas astrales, observación, introspección o lo que sea). Pero la información acerca de los hechos básicos de la vida (qué es real, qué es totalmente inexistente y demás) nos permite acercarnos a lo desconocido, a la aventura, de forma realista. Nos permite lidiar con lo que sea que suceda de forma más apropiada. Revisemos unos puntos específicos que serán de ayuda.

Recuerden que mencioné que un ejemplo de un fenómeno no estático sin principio y sin final es la continuidad mental, la continuidad de nuestra experiencia momento a momento. Desde una perspectiva budista, hablamos de vidas pasadas y futuras, pero limitemos ahora nuestra discusión a la vida presente. Una relación tendrá un inicio en algún momento de nuestra vida y un final en otro momento de nuestra vida, pero la continuación general de nuestra continuidad mental (en otras palabras, la continuidad general de nuestra experiencia de la vida) seguirá sin interrupción, desde el momento en que nacemos hasta el momento en que muramos. La vida continúa. Que una relación termine no es el fin del mundo y no es que no existiéramos antes de conocer a la otra persona.

¿Por qué es así? ¿Cuál es la diferencia entre una relación y nuestra continuidad a lo largo de la vida? Ambas cambian momento a momento y ambas son afectadas por muchas cosas, pero hay una gran diferencia. Analicémosla.

Vivir con alguien tiene un principio. ¿Por qué? Porque las causas y condiciones para su surgimiento no están naturalmente unidas, se juntan en un momento específico. Cuando se reúnen todas es el comienzo de la vida en común. Dado que las condiciones que sustentan la relación no estaban naturalmente juntas, inevitablemente se separarán, como hojas al viento. Estos son puntos muy profundos en torno a los cuales pensar en términos de nuestras relaciones.

Es muy diferente con la continuidad de nuestra experiencia individual y subjetiva de las cosas. Por supuesto, nuestra experiencia de algo específico, como un evento específico en una relación, surge de nuevo cuando el evento ocurre. Pero nuestra experiencia de las cosas en general no se crea por completo en cualquier momento específico. Una característica natural de estar vivos es que experimentamos algo todo el tiempo. No es que ciertas circunstancias nuevas tengan que reunirse para causar nuestra habilidad de experimentar las cosas. Además, nuestro experienciar las cosas no se desgasta gradualmente, no se deshace ni se acerca cada vez más a su final. Nuestro experienciar las cosas simplemente continúa. El contenido de lo que experimentamos cambia, por supuesto, pero nuestro experienciar simplemente sigue y sigue y sigue.

Si sabemos que tenemos esta base fundamental de siempre experimentar cosas, no sobrestimamos la importancia de una relación y no tememos a lo desconocido. Esto es porque sabemos que la vida seguirá cuando la relación termine y seguiremos experimentando más cosas.

Además, esta relación no es lo único que está sucediendo en nuestra vida durante el tiempo que la relación dura. También tenemos muchas otras relaciones, y así será aun cuando la relación termine. No debemos perder de vista ese hecho, aferrándonos a la importancia de alguna relación específica y sintiendo que, cuando ésta termine, no nos quedará nada. Ya tenemos otras relaciones. Es posible que sean tipos diferentes de relaciones y es posible que jueguen distintos papeles en nuestra vida, pero aun así no nos quedamos sin nada. Debido a ello, no tenemos que sentir que, después de que una relación termina, tenemos que reemplazarla con otra relación, porque sin esa relación no tenemos nada.

También es importante darnos cuenta de que, incluso si nos involucramos en otra relación con alguien más, será diferente a la que recién terminó. Si una relación con alguien cambia y es diferente de un momento al siguiente, habrá una diferencia aún mayor entre una relación con una persona y una relación con otra. Necesitamos ser extremadamente cuidadosos para no proyectar expectativas de que un nuevo amigo o pareja se comportará y reaccionará de las mismas formas que una persona anterior.

Para contrastar nuestra experiencia de las cosas en general, un ejemplo de un fenómeno no estático sin principio pero con final, es nuestra confusión; por ejemplo, la confusión acerca de las relaciones. La confusión continúa, pero es algo que está sujeto a la impermanencia burda. Puede terminar cuando la reemplazamos por un entendimiento correcto de la realidad, pero no terminará naturalmente por sí misma, como sucede con una relación. Si no reemplazamos la confusión con entendimiento correcto, la confusión persistirá.

El entendimiento correcto, por otro lado, es un ejemplo de un fenómeno no estático con un principio, pero sin final. Básicamente, la mente es como un espejo que puede reflejar y entender todo. Si el espejo está cubierto de mugre, no reflejará. El espejo empieza a reflejar cuando la mugre es removida, pero esta eliminación de la mugre no crea la habilidad del espejo para reflejar. El espejo siempre ha sido capaz de reflejar. Sólo estaba cubierto, oscurecido.

De manera similar, eliminar la confusión no crea la habilidad de la mente de entender correctamente. Nuestra mente es capaz de entender la realidad de las relaciones perfectamente bien. Una vez que nuestra confusión sea removida, seremos naturalmente capaces de ver la realidad. Aunque esta eliminación de la confusión tiene un principio, continuará para siempre. Además, dado que el entendimiento correcto de la realidad está sustentado por la realidad, también puede continuar para siempre, a diferencia de la confusión, que está basada en la irrealidad. El entendimiento correcto no es como una relación que ha sido creada recientemente y tiene que separarse.

Si conocemos todos estos hechos y todas estas posibilidades, entonces no tenemos nada que temer acerca de lo llamado “desconocido” cuando nos involucramos en una relación con alguien.

Preguntas

¿Por qué necesariamente todas las relaciones tienen que terminar? ¿Acaso no hay relaciones que duran para siempre? Conocemos a alguien y tenemos la sensación de que lo conocemos de alguna vida previa. Conforme crecemos juntos, envejecemos juntos y demás, tenemos la sensación de que, aun si uno de los dos muriese antes que el otro, la relación continuaría en vidas futuras con todos los cambios.

Lo que dices tiene algo de verdad. Estaba limitando nuestra discusión solo a esta vida. Una vez que abrimos la puerta a las vidas pasadas y futuras, es un poco diferente. Ciertamente existen relaciones que continúan de una vida a otra, aunque en formas ligeramente diferentes en cada vida. Desde una perspectiva budista, así como desde mi propia experiencia, esto es cierto. Pero eso no significa que una relación con alguien será eterna.

Si hay una vida sin principio y un número finito de seres, como consecuencia, hemos interactuado con todos. Sin embargo, es altamente improbable que hayamos tenido una relación especial con una persona específica eternamente y no con todos los demás. Debe haber algún momento en que nos conocimos por primera vez y formamos una relación especial.

De cualquier modo, esto nos regresa al punto de que la relación con alguien únicamente durará mientras las circunstancias y condiciones sustentadoras estén ahí. Por lo tanto, así como en esta vida no podemos confiar que las condiciones que nos unieron durarán por el resto de nuestra vida, y así como necesitamos crear más condiciones y crecer con la relación para que ésta continúe, igual sucede con relaciones que abarcan muchas vidas.

Mi maestro, Tsenzhab Serkong Rinpoche, fue uno de los maestros de Su Santidad el Dalai Lama. Murió en 1983 y renació en 1984. Tuve una relación muy estrecha con él en su última vida y tengo una relación muy estrecha con él también en esta vida. Pero son relaciones diferentes y están construidas sobre diferentes circunstancias y condiciones. Si solo confiara en: “bueno, en tu última vida hiciste esto y aquello”, él no tendría interés alguno en continuar la relación.

Es terrible relacionarnos con un tulku, con un lama encarnado, como si fueran exactamente la misma persona que su predecesor. La relación solo puede continuar si nos relacionamos con ellos como son en esta vida. El punto es que tenemos que trabajar en una relación. No podemos solo asumir que una relación con alguien siempre será la misma en cada vida. Si lo hacemos, las circunstancias que nos reunieron naturalmente se derrumbarán y no habrá nuevas circunstancias que la sostengan.

Este es un punto muy profundo. Por ejemplo, podemos tener una experiencia déjà vu cuando conocemos a alguien: hacemos click y sentimos que tenemos una relación profunda con la persona. En una vida pasada, la relación pudo haber tenido la forma de estar casados o ser amantes. En esta vida, las circunstancias en las que nos encontramos no son conducentes para ello por la razón que sea (diferencias de género, una significativa diferencia de edades, etc.). Podríamos sentir la reminiscencia de una relación sexual con esa persona en una vida previa que no es apropiada en esta vida. Si seguimos queriendo basar nuestra relación en esos parámetros anteriores, no funcionará. Tenemos que cambiar las circunstancias de la relación en esta vida.

¿Qué hay acerca del compromiso y la responsabilidad hacia otras personas?

El compromiso y la responsabilidad en una relación son básicamente una intención muy fuerte: “Tengo la intención de quedarme contigo por el resto de mi vida”. Hay una afirmación en el budismo (una afirmación muy dura, pero me parece que hay mucha verdad en ella): “No puedes confiar en los seres samsáricos, aquellos que están llenos de confusión. Inevitablemente, te decepcionarán”. Los demás nos decepcionan inevitablemente, no porque sean tontos, sino porque todos, incluidos nosotros, tenemos confusión sin principio.

Si somos muy sinceros en una relación, querremos establecer un vínculo con la otra persona. Es una intención muy buena. La realidad es que tenemos una gran cantidad de confusión y problemas, y los demás también. No nos engañemos a nosotros mismos pensando que ambos seremos perfectos, porque no lo somos. Inevitablemente nos decepcionaremos, aunque tratemos de no hacerlo. Acordamos que trabajaremos en ello y trataremos de perdonar cuando la otra persona actúe de forma grosera como resultado de la confusión, dado que eso inevitablemente sucederá. Pero no podemos garantizar que siempre funcionará y que nuestra paciencia y nuestro compromiso durarán. Ninguno de los dos somos el Príncipe Azul ni la Princesa Caramelo.

¿Cuánto sentido tiene, desde una perspectiva budista, trabajar en una relación, tratar de que sea estable, duradera y demás?

Tiene mucho sentido porque las relaciones son la base, no solo para trabajar en desarrollar diversas cualidades positivas, sino que además son el campo de pruebas donde vemos qué tanto nos hemos desarrollado. Asimismo, podemos tratar de beneficiar a la otra persona y brindarle también ese campo de pruebas. Así que vale mucho la pena.

El punto es no exagerar nuestra relación, o pensar que es la respuesta para todo y renunciar a nuestra responsabilidad de lidiar con nuestros propios problemas. Tenemos que trabajar con nosotros mismos. Pero la relación puede ser la base de apoyo emocional desde la cual trabajamos con nosotros mismos, y eso puede ser muy beneficioso. Sin embargo, una relación también puede ser un obstáculo si es una de confrontación o de fuerte apego. Algunas veces necesitamos estar solos para poder trabajar con nosotros mismos.

Es necesario aclarar un punto. Siempre desconfío y pienso que no es útil involucrarnos en una relación y decir: “Soy un desastre y tengo muchos problemas emocionales; tú eres un desastre y tienes muchos problemas emocionales, pero lo resolveremos juntos”. Eso inevitablemente falla. Si realmente tenemos problemas necesitamos trabajar con ellos por nosotros mismos con ayuda profesional, aun cuando tengamos el apoyo emocional de estar en una relación con alguien. Tenemos que evitar pensar ingenuamente que los dos podemos resolverlo en nuestra relación. En la mayoría de las ocasiones, nuestros patrones neuróticos toman el control de la situación.

Resumen

En resumen, es importante saber qué es una relación, qué no es y qué nunca podrá ser. Es importante conocer los hechos estáticos involucrados, tales como que esta persona nunca será el Príncipe Azul o la Princesa Caramelo. También es importante conocer todos los hechos acerca de su impermanencia.

  • Dado que la relación tiene un principio, tiene que tener un final.
  • Cambiará de momento a momento.
  • Tendrá altibajos.
  • No producirá felicidad última.
  • Nunca podemos saber lo que sucederá después.
  • Todo el tiempo se acerca cada vez más a su final.
  • La circunstancia para su final es solo una circunstancia; la verdadera razón para que termine es que inició.
  • Esta relación no es la única que tenemos en nuestra vida.
  • Nuestra experiencia de la vida seguirá sin importar que esta relación termine.
  • Nuestra confusión acerca de las relaciones no tiene principio, pero puede tener un final. Sin embargo, esto no sucederá naturalmente, tenemos que hacer que suceda.
  • La habilidad para tener un entendimiento correcto básicamente está ahí; así que si eliminamos la confusión, el entendimiento correcto basado en la realidad continuará por el resto de nuestra vida.

Estos son algunos indicadores prácticos que pueden derivarse del muy sofisticado análisis budista de los fenómenos (existentes, no existentes, estáticos y no estáticos).