¿Qué es el karma?

El karma se refiere a los impulsos mentales (basados en nuestros patrones conductuales previos) que nos conducen a actuar, hablar y pensar de la forma en que lo hacemos. Nuestros hábitos trazan vías neuronales en nuestro cerebro que, cuando son desencadenados por las circunstancias correctas, causan que repitamos nuestros patrones ordinarios de conducta. Puesto de manera simple, nos dan ganas de hacer algo y entonces lo hacemos de forma compulsiva.

El karma a menudo se malentiende como destino o predestinación. Cuando alguien se lastima o pierde mucho dinero, las personas pueden decir: “Bueno, mala suerte, es su karma”. Esto es similar a la idea de la voluntad de Dios, algo que no podemos entender o sobre lo que no tenemos control alguno. Esa no es la idea budista del karma en absoluto. El karma se refiere a los impulsos mentales que nos hacen gritarle a alguien que nos irrita, o bien esperar pacientemente hasta que estemos lo suficientemente calmados como para abordar el problema. También se refiere a los impulsos que nos llevan a torcernos habitualmente el tobillo mientras bajamos las escaleras, o bien, a bajarlas habitualmente con cuidado.

Fumar es un buen ejemplo de cómo opera el karma, porque cada vez que nos fumamos un cigarro, eso actúa como un potencial para fumar otro. Mientras más fumamos, más fuerte se vuelve la tendencia de seguir fumando hasta que, sin siquiera pensarlo, los impulsos kármicos nos llevan compulsivamente a encender un cigarro. El karma explica de dónde proviene la sensación y el impulso de fumar – esto es, del hábito previamente desarrollado. Fumar crea, no solo el impulso de repetir la acción, sino que también influencia los potenciales físicos dentro del cuerpo para, por ejemplo, padecer cáncer como resultado del tabaquismo. Aquí, tanto el impulso como el padecer cáncer son resultados de nuestras acciones compulsivas previas y se conocen como “maduración del karma”.

Cambiar nuestros hábitos

El karma tiene sentido porque explica de dónde provienen nuestras sensaciones e impulsos y por qué a veces nos sentimos felices y a veces infelices. Todo ello surge como resultado de nuestros propios patrones conductuales. Por lo tanto, lo que hacemos y lo que nos sucede no está predeterminado. No existe el destino.

Karma” es un término de fuerza activa que indica que los eventos futuros están en nuestras manos. – El Decimocuarto Dalai Lama

A pesar de que a menudo sentimos como si fuéramos esclavos de nuestros hábitos (después de todo, nuestra conducta habitual está basada en patrones neuronales bien establecidos), el budismo dice que es posible superarlos. A lo largo de nuestra vida tenemos la habilidad de cambiar y forjar vías neuronales completamente nuevas.

Cuando surge en nuestra mente el deseo de hacer algo, hay un espacio antes de que el impulso kármico nos conduzca a actuar. No actuamos de forma inmediata cualquier sensación que surja – después de todo, ¡aprendimos a usar el inodoro! De alguna manera, cuando surge la sensación de decir algo desagradable, podemos elegir: “¿Lo digo o no?”. Quizás experimentemos un alivio momentáneo al expresar nuestra molestia gritándole a alguien, pero tener el hábito de gritarles a los demás es un estado mental infeliz. Todos sabemos que resolver los conflictos mediante el diálogo es un estado mental mucho más feliz y pacífico. Esta habilidad de discriminar entre una acción constructiva y una destructiva es lo que realmente distingue a los humanos de los animales; esa es nuestra gran ventaja.

Una vez dicho eso, no siempre es fácil elegir refrenarnos de las acciones destructivas. Se vuelve más fácil cuando tenemos suficiente espacio en nuestra mente para tener presencia mental de las sensaciones que surgen, y tal es la razón por la que el entrenamiento budista nos anima a desarrollar la presencia mental [Ver: ¿Qué es la meditación?]. Conforme nos tranquilizamos, nos volvemos mucho más conscientes de lo que estamos pensando y de lo que estamos por decir o hacer. Empezamos a observar: “Tengo ganas de decir algo que lastimará a alguien. Si lo digo, causará dificultades, así que no lo diré”. De esta forma, podemos elegir. Cuando no tenemos presencia mental, por lo general tenemos tal avalancha de pensamientos y sentimientos que actuamos compulsivamente lo que sea que se nos ocurre, lo cual nos causa interminables problemas.

Predice tu futuro

Podemos predecir lo que experimentaremos en el futuro basados en nuestra conducta kármica pasada y presente. A largo plazo, las acciones constructivas producen resultados felices, mientras que las destructivas generan consecuencias no deseadas.

Cómo madura una acción kármica específica depende de muchos factores y condiciones. Cuando aventamos una pelota al aire podemos predecir que volverá a caer al suelo. Sin embargo, si atrapamos la pelota, no caerá. De la misma forma, si bien podemos predecir lo que sucederá en el futuro a partir de nuestras acciones previas, no es algo absoluto, destinado o grabado en piedra. Otras tendencias, acciones y circunstancias influencian la maduración del karma. Si tenemos sobrepeso y seguimos consumiendo una enorme cantidad de comida chatarra, podemos predecir una alta probabilidad de padecer diabetes en el futuro, pero si hacemos una dieta estricta y perdemos mucho peso, quizás no nos enfermemos en absoluto.

Cuando nos golpeamos un pie, no necesitamos creer en el karma o en la causa y el efecto para experimentar dolor, simplemente ocurre de forma natural. Si cambiamos nuestros hábitos y desarrollamos unos que sean benéficos, el resultado será positivo sin importar nuestras creencias.