¿Qué es la ética?

Si la meta de la vida es la felicidad, entonces la ética es un sistema de valores morales que moldea nuestra conducta para lograr una vida más feliz. Con la ética somos honestos y nunca tratamos de engañar a nadie. La honestidad produce confianza y la confianza es la base de la amistad. Como seres sociales, todos necesitamos la amistad para tener una vida feliz. Así pues, la ética es la llave de la felicidad.

Los seres humanos somos seres sociales y necesitamos el apoyo de los demás tan sólo para sobrevivir. Esto es cierto no sólo cuando somos recién nacidos indefensos o ancianos frágiles en un asilo; a lo largo de toda nuestra vida con frecuencia necesitamos el apoyo material de los demás. Sin embargo, aún más importante para nuestra vida, es el apoyo emocional que obtenemos de las amistades cálidas y amorosas. Un fuerte sentido de la ética en todo lo que decimos y hacemos nos permite construir y mantener relaciones de amistad con todos aquellos que conocemos.

Algunas personas piensan que una vida exitosa es aquella en la que tenemos una enorme riqueza material y poder. Pero incluso si logramos tales cosas nunca estamos satisfechos y siempre estamos paranoicos de perderlas. Mientras más riqueza y poder tengamos, especialmente si los hemos ganado a costa de otros, más enemigos nos creamos. Los demás resienten lo que tenemos y las personas incluso nos temen. Nadie podría decir que una vida exitosa es aquella en la que nos hemos ganado muchos enemigos y en la que no le agradamos a los demás. Una vida exitosa es aquella en la que hemos hecho muchos amigos y en la que las personas son felices de estar en nuestra compañía. Entonces no importa cuánto dinero o poder tengamos, tenemos el apoyo emocional que nos da la fortaleza para enfrentar lo que sea que ocurra.

La ética es un conjunto de directrices a seguir en la vida, que nos ayudan a obtener felicidad y a evitar la creación de problemas. Estas directrices morales indican los tipos de conducta que conducen a experimentar cada una de esas posibilidades. Si somos honestos con nosotros mismos y con los demás, si deseamos generar felicidad en aquellos a quienes nos encontramos y nunca causarles problemas o daño, los demás confiarán en que no los engañaremos, ni abusaremos de ellos, ni los explotaremos por nuestros propios objetivos egoístas. La confianza sirve como el cimiento de su amistad y se sienten relajados y felices de estar con nosotros, sabiendo que no tienen nada que temer. A su vez, nosotros nos sentimos más felices. ¿A quién le gustaría que los demás estén a la defensiva o temblorosos de miedo cuando nos les acercamos? Todos le damos la bienvenida a un rostro sonriente.

En el budismo, la ética se basa en el darse cuenta que discrimina: utilizamos nuestra inteligencia para analizar y discriminar entre lo que produce felicidad duradera y lo que causa infelicidad y problemas recurrentes. No sólo obedecemos ciegamente la autoridad de las reglas, sino que necesitamos entenderlas para estar convencidos de que seguir las directrices éticas tiene sentido lógico: una vida ética trae consigo amistad, apoyo emocional y felicidad.

Tomamos decisiones inteligentes acerca de cómo comportarnos porque nos preocupamos por nosotros mismos y por lo que experimentamos en la vida, y porque nos importa el efecto que nuestra conducta tiene en los demás. Sólo nos preocupamos por nosotros mismos cuando tenemos un sentido de autoestima, el cual proviene de darnos cuenta de que esta vida sólo se trata de esforzarnos por florecer y trabajar hacia la felicidad. ¡Incluso los animales siguen esta verdad! Todos desean y merecen ser felices y eso nos incluye a nosotros mismos. Una baja autoestima conduce a una actitud de “da igual” y de indiferencia moral, mientras que un sentido de autoestima conduce a la dignidad personal. Con dignidad personal tenemos un respeto tan profundo por nosotros mismos que no nos rebajaríamos a comportarnos de forma no ética: simplemente no nos sentimos bien con eso.

Si sentimos respeto por los demás, nos refrenamos de actuar en formas destructivas hacia ellos. Causamos un daño intencional a los demás cuando carecemos de respeto por su derecho a la felicidad. No nos importa lo que les suceda o lo que sientan. Y ni siquiera consideramos de qué manera nuestro comportamiento se refleja en aquellos que la gente asocia con nosotros (nuestra familia, nuestro género, nuestro grupo social, religioso o étnico). Pero las personas sí nos asocian con esos grupos más grandes a los que pertenecemos. Después de todo, somos animales sociales. Nadie existe desconectado de todos los demás.

Una actitud de “da igual” sólo conduce a sentimientos de aislamiento, soledad y depresión; con un sentido de la ética, superamos semejante actitud. Construimos amistades confiables y estables, las cuales son la base para tener una vida feliz y exitosa.