¿Qué es la meditación?

La meditación puede significar cosas distintas para diferentes personas, pero en el budismo es un método estructurado paso a paso para experimentar nuestra vida con un estado mental más beneficioso y feliz.

Cuando escuchamos la palabra “meditación” con frecuencia tenemos diversas ideas acerca de lo que es. Para algunas personas, sugiere la imagen de una práctica mística en la que, de alguna manera, viajamos a un reino diferente de nuestra mente. Para otras, puede producir la idea de un cierto tipo de disciplina que practican algunas personas en Asia. Si queremos revisar con mayor seriedad qué es la meditación, necesitamos responder tres preguntas:

  • ¿Qué es la meditación?
  • ¿Por qué querría meditar?
  • ¿Cómo puedo hacerlo realmente?

¿Qué es la meditación?

Si en el budismo “mente” se refiere a la experiencia individual y subjetiva de las cosas de nuestra vida y “karma” explica los impulsos mentales que nos conducen a actuar, hablar y pensar de las formas compulsivas en que habitualmente lo hacemos, entonces “meditación” se refiere a los métodos a través de los cuales podemos cambiar esos patrones.

La meditación es un método para entrenarnos a experimentar la vida con un estado mental o actitud más beneficiosas.

Podemos cambiar estos patrones al generar de forma repetida un cierto estado mental, con el fin de acostumbrarnos a él y convertirlo en un hábito. En un nivel físico, hacerlo de hecho construye nuevos caminos neuronales.

Existen muchos estados mentales y actitudes que son beneficiosas:

  • Estar más relajado, menos estresado y menos tenso,
  • Estar más enfocado, menos entorpecido o disperso,
  • Estar más calmado y silencioso, libre de preocupaciones compulsivas y parloteo mental constante,
  • Tener un mejor entendimiento de nosotros mismos, de los demás, de la vida, etc., libres de la confusión y los malentendidos.
  • Tener más emociones positivas hacia otros, tales como amor y compasión, libres de enojo o indiferencia.

¿Por qué querría yo meditar?

Para responder a esta pregunta, necesitamos preguntarnos:

¿Qué es lo que busco alcanzar y por qué?

Un ejemplo sencillo es que es posible que simplemente queramos tener una mente más calmada y clara. Una razón para aspirar a ésto sería que, obviamente, nuestra mente no está calmada y eso nos hace sentir muy perturbados, nos causa una gran cantidad de infelicidad y nos impide funcionar en nuestra vida de la mejor manera. Nuestra mente perturbada también puede estar afectando nuestra salud o puede estar causando o agravando problemas con nuestra familia y poniendo en riesgo nuestras otras relaciones. Podría estar creándonos dificultades en el trabajo.

En este ejemplo, nuestra meta es superar cierto tipo de deficiencia o problema que tenemos, tanto mental como emocional. Decidimos tomar la responsabilidad de superar ese problema de forma ordenada a través de la práctica de la meditación.

Desde una perspectiva emocional, ¿qué nos conduce a querer alcanzar esa meta?

¿Cuál es el estado emocional que nos llevar a iniciar una práctica de meditación? Bueno, es posible que estemos completamente hartos de este difícil estado mental que tenemos. Así que nos decimos a nosotros mismos: “ya es suficiente, tengo que salir de esta situación, tengo que hacer algo al respecto. Me está haciendo sentir miserable”. Sí además de ésto, tenemos el anhelo de ser de mejor ayuda para nuestros seres queridos, el estado emocional también incluye amor por ellos y preocupación en torno a cómo los afectan nuestros estados emocionales y conductas negativas. La combinación de estas emociones nos lleva a encontrar algún método que nos permita ayudarlos de la mejor manera.

No es realista pensar que la meditación por sí sola puede resolver todos nuestros problemas.

Es importante tener un entendimiento realista de la meditación. La meditación es una herramienta, un método. Cuando queremos alcanzar un resultado y tenemos una razón y emoción positivas que nos impulsan a lograrlo, necesitamos darnos cuenta de que ningún resultado puede alcanzarse mediante una sola causa. Se necesita la conjunción de muchas causas y condiciones para producir un resultado. Por ejemplo, si padezco hipertensión, por supuesto que la meditación podría ser de ayuda. Ciertamente, la meditación cotidiana puede ayudarnos a que nos preocupemos menos. Sin embargo, la meditación por sí sola no bajará mi presión arterial. Puede ayudar, pero es posible que también tenga que modificar mi dieta, realizar mayor ejercicio físico, y aún así es posible que también necesite tomar medicamentos. La conjunción de muchos factores producirá el resultado deseado de bajar mi presión arterial.

¿Cómo puedo meditar?

Podemos utilizar diversos métodos de meditación, dependiendo del estado mental que deseemos desarrollar. Una cosa que todos estos métodos tienen en común es la necesidad de practicar.

“Practicar la meditación” significa repetir una y otra vez un ejercicio mental y emocional.

Cuando queremos entrenar nuestro cuerpo, necesitamos practicar regularmente algún tipo de actividad física; de manera similar, necesitamos practicar con nuestra mente.

Aquietarnos

La meditación empieza con aquietarnos. Pero la meditación no es solamente un método asiático de relajación. Aquietarnos es sólo un paso preparatorio, pero es un prerrequisito necesario y la base sobre la cual podemos construir un estado mental más positivo. De los muchos métodos para aquietar la mente, uno de los más comunes es la práctica de enfocarse en la sensación del aire que entra y sale por nuestras fosas nasales. Para ayudarnos a mantener la atención, podemos contar mentalmente series repetidas de once inspiraciones y exhalaciones.

Cuando tratamos de aquietar la mente, no estamos tratando de detener todos los pensamientos y poner la mente en blanco, como cuando se apaga un aparato de radio. Ese es un malentendido. En lugar de detener todo el pensamiento, en la meditación detenemos todos los pensamientos superfluos e innecesarios, tales como los pensamientos distractores sobre el futuro (¿qué cenaré hoy?) y los pensamientos negativos e inútiles (te portaste muy mal conmigo ayer, eres una persona terrible). Con una vigilancia agudizada, tratamos de notar tan pronto como sea posible cuando nuestras mentes empiezan a divagar e inmediatamente regresamos nuestra atención al conteo de la respiración.

Ciertas emociones pueden ser muy perturbadoras, como cuando estamos nerviosos, preocupados o asustados. También necesitamos calmar esas emociones. Al enfocarnos en nuestra respiración calmada y constante, nuestra tensión muscular se relaja lentamente y nuestro estado emocional también se calma.

Sin embargo, no es suficiente que apacigüemos nuestra actividad mental de los pensamientos perturbadores y las emociones que nos alteran, también necesita ser clara y estar alerta. Necesitamos despejar a nuestra actividad mental si está entorpecida o atontada. Así como volvemos nuestra atención a la respiración cuando detectamos vagabundeo mental, de igual forma refrescamos nuestra atención cuando detectamos que se ha entorpecido.

Generar emociones positivas

Calmar nuestras emociones perturbadoras y nuestros pensamientos distractores no nos convierte en zombis emocionales que no sienten nada. No sentir nada es también una forma de bloqueo emocional que necesita soltarse en el proceso de aquietamiento. Una señal de éxito en la meditación de aquietamiento mental es que nuestro corazón se abre; experimentamos paz interna con una suave sensación de calidez y felicidad. Cuando se nutre, esta sensación calmada y suave puede crecer, como una célula madre, hasta abarcar toda la gama de sentimientos positivos.

Es muy difícil generar cualquier sentimiento real simplemente por sentarse a meditar y decirse a uno mismo: “sé más amoroso”. No es un asunto de fuerza de voluntad. Para generar una preocupación sincera y bondad amorosa por los demás, por ejemplo, necesitamos desarrollar ese estado mental positivo paso a paso. Si lo desarrollamos basados en la razón, nuestro sentimiento positivo será aún más estable.

Un método es imaginar una situación difícil y utilizar la razón para entender por qué una cierta sensación emocional es apropiada, razonable y es necesario trabajar con ella. Mientras nos enfocamos en la escena imaginaria y atravesamos el razonamiento, gradualmente sentimos la emoción pretendida, aunque sea de forma muy débil al principio. Después nos enfocamos en la situación, tanto con la emoción como con el entendimiento de su pertinencia, y utilizamos los mismos métodos a los que recurrimos para aquietar la mente, para corregir el vagabundeo mental, el sopor y para mantener la atención. Mientras mayor sea nuestra atención en la situación imaginada con entendimiento firme, más enfocada será la emoción que sentimos hacia ella. De esta forma, la emoción crecerá cada vez más.

El siguiente ejemplo puede ser de ayuda. Supongamos que te encuentras en un elevador con diez personas y, de pronto, el elevador se atasca y te quedas atrapado ahí durante unos días. ¿Cómo te relacionarías con las otras personas del elevador? Con una mente calmada y sobria analizamos la situación en nuestra meditación. “Aquí estamos, todos somos iguales en tanto estamos atrapados en el elevador y en que deseamos atravesar esta situación de la forma más pacífica posible, y salir ilesos. La forma en la que interactuemos unos con otros nos afectará a todos los que estamos aquí, así que si pienso sólo en mí y me enojo con los demás e inicio discusiones con ellos, sólo lo empeoraré para todos, incluyéndome. Por lo tanto, para atravesar esta difícil situación, necesito interesarme por el bienestar de todos y tratarlos con bondad amorosa, comprensión y paciencia”.

De esta manera, generamos un sentimiento de interés y bondad amorosa que dirigimos a las personas del elevador imaginario. De forma gradual, cuando nuestra emoción positiva se estabiliza, extendemos este sentimiento hasta incluir a todos los que están atrapados en este elevador gigante que llamamos Tierra.

La meditación mejora nuestra vida cotidiana

Cuando se hace de manera correcta, la práctica de la meditación empezará a afectar nuestra vida cotidiana entre las sesiones formales de meditación. Si estamos practicando un cierto estado mental durante nuestras sesiones de meditación, sea un estado más calmado, más enfocado o más amoroso, el punto no es sólo ser capaces de generar ese estado mental mientras estamos sentados meditando en silencio. El punto medular es desarrollar ese estado positivo de forma tan profunda que se convierta en un hábito que podamos aplicar siempre que lo necesitemos, a cualquier hora del día o la noche. En última instancia, se convierte en algo natural que está ahí todo el tiempo: siempre somos más amorosos, más comprensivos, más enfocados, sin esfuerzo alguno.

Si en algún momento nos damos cuenta de que no estamos en ese estado mental, lo único que necesitamos hacer es recordarnos: “sé más amoroso”. Dado que nos hemos familiarizado tanto con ese estado mental a través de la práctica, podemos acudir a él de forma instantánea. Por ejemplo, cuando sentimos que estamos perdiendo los estribos con alguien, lo notamos inmediatamente y nos recordamos a nosotros mismos, sea consciente o inconscientemente: “¡yo no quiero ser así!”. De esta forma, como con un chasquido de dedos, como al reiniciar nuestra computadora cuando aparece un mensaje de error, cerramos esa “sesión” de mal humor y regeneramos nuestra actitud en una de paciencia y de bondad amorosa hacia la persona.

Resumen

Nadie es perfecto y la mayoría de nosotros podemos encontrar o admitir ciertos defectos emocionales o mentales. Algunos de nosotros tenemos mal humor, algunas personas pueden ser extremadamente celosas, mientras que otras pueden tener una capacidad de atención muy reducida. Estos hábitos no están grabados en piedra, pueden cambiarse si tan sólo estamos dispuestos a esforzarnos en ello.

Estos cambios no requieren más que nuestro trabajo duro y nuestro esfuerzo consistente. Muchas personas pasan muchas horas a la semana ejercitándose en el gimnasio, y aun así olvidan ejercitar su mayor recurso: su mente. Si bien puede ser difícil al inicio, cuando empezamos a comprender los beneficios que la meditación trae a nuestra vida, participaremos gozosamente en cada sesión. Con el tiempo, conforme nos familiaricemos con estados mentales positivos, nos volveremos personas naturalmente más amables, amorosas y, en última instancia, más felices.