¿Qué es la reencarnación?

Al igual que otras religiones indias, el budismo afirma el renacimiento o reencarnación. La continuidad mental de un individuo, con sus instintos, talentos y demás, proviene de vidas pasadas y continuará en vidas futuras. Dependiendo de las acciones propias y de las propensiones acumuladas por ellas, un individuo puede renacer en cualquier forma de vida dentro de una amplia variedad, sean éstas mejores o peores: humana, animal, como insecto, e incluso como fantasma y otros estados invisibles. Todos los seres experimentan el renacimiento incontrolablemente recurrente debido a la fuerza de sus actitudes perturbadoras, tales como el apego, el enojo y la ingenuidad, y a la conducta compulsiva que éstas provocan. Si seguimos los impulsos negativos que surgen en nuestra mente debido a los patrones conductuales pasados y actuamos de forma destructiva, como resultado experimentaremos sufrimiento e infelicidad. Por otro lado, si nos involucramos en acciones constructivas, experimentaremos felicidad. Así pues, la felicidad o infelicidad individual en los renacimientos sucesivos no es una recompensa ni un castigo, sino un resultado de las acciones previas de la persona, de acuerdo con las leyes de la causa y efecto conductual.

¿Cómo podemos llegar a entender el renacimiento?

¿Cómo sabemos de forma válida que algo es verdad? De acuerdo con las enseñanzas budistas, las cosas pueden ser conocidas de forma válida de dos maneras: por percepción directa o por inferencia. Al hacer un experimento en un laboratorio, podemos validar la existencia de algo mediante la percepción directa. Por ejemplo, al ver a través de un microscopio, simplemente utilizando nuestros sentidos, podemos constatar que hay muchos microbios diminutos en la gota de agua de un lago.

Sin embargo, algunas cosas no se pueden conocer a través de la percepción directa. Debemos apoyarnos en la lógica, la razón y la inferencia; por ejemplo, afirmamos la existencia del magnetismo al inferirla del comportamiento entre un imán y una aguja de hierro. El renacimiento es muy difícil de probar por medio de la percepción sensorial directa. Sin embargo, hay muchos ejemplos de personas que recuerdan sus vidas pasadas y que pueden identificar sus pertenencias personales o a personas que solían conocer. A partir de eso podríamos inferir la existencia del renacimiento, pero muchas personas podrían dudar de esa conclusión y pensar que se trata de una estafa.

Si dejamos de lado esos relatos de memorias de vidas pasadas, podemos utilizar la lógica para entender el renacimiento. Su Santidad el Dalai Lama ha dicho que él está dispuesto a que se eliminen del budismo aquellos aspectos que no correspondan con la realidad. Esto aplica también al renacimiento. De hecho, originalmente hizo esa declaración dentro de este contexto. Si los científicos pueden probar que el renacimiento no existe, entonces debemos dejar de creer que es verdad. Sin embargo, si los científicos no pueden probar que es falso, dado que siguen la lógica y utilizan el método científico –el cual está abierto a entender nuevas cosas- entonces tienen que investigar si efectivamente existe. Para probar que el renacimiento no existe, tendrían que encontrar su no existencia. El solo decir: “el renacimiento no existe porque no puedo verlo con mis ojos” no es encontrar la no existencia del renacimiento. Existen muchas cosas que no podemos ver con nuestros ojos, como el magnetismo y la gravedad.

Formas de razonamiento para investigar si existe o no el renacimiento

Si los científicos no pueden probar la no existencia del renacimiento, entonces les corresponde investigar si el renacimiento de hecho existe. El método científico consiste en postular una teoría, basados en ciertos datos, y después revisar si puede ser validada. Por lo tanto, nos fijamos en los datos. Por ejemplo, notamos que los niños no nacen como casetes en blanco. Tienen ciertos hábitos y características de personalidad observables, incluso desde muy pequeños. ¿De dónde proviene eso?

No tiene sentido decir que solo proviene de las continuidades previas de las sustancias físicas de sus padres, del espermatozoide y el óvulo. No todos los espermatozoides y óvulos que se unen se implantan en el útero para convertirse en un feto. ¿Cuál es la diferencia entre que se conviertan en un bebé y que no lo hagan? ¿Qué es lo que realmente causa los diversos hábitos e instintos del niño? Podemos decir que son el ADN y los genes. Ese es el aspecto físico; nadie niega que ese sea el aspecto físico de cómo un bebé empieza a ser. Sin embargo, ¿qué hay acerca del lado experiencial? ¿Cómo podemos explicar la mente?

La palabra en inglés mente no tiene el mismo significado que se supone traduce de los términos en sánscrito y tibetano. En los idiomas originales, “mente” se refiere a actividad mental o eventos mentales, en lugar de referirse a algo que está llevando a cabo esa actividad. La actividad o evento es el surgimiento cognitivo de ciertas cosas (pensamientos, lo visible, sonidos, emociones, sentimientos, etc.) y un involucramiento cognitivo con ellas -verlas, escucharlas, entenderlas-, e incluso no entenderlas.

¿De dónde proviene la actividad mental de un individuo de dar surgimiento a objetos cognitivos e involucrarse con ellos? En este contexto, no estamos hablando acerca del origen del cuerpo, porque es obvio que proviene de los padres. No estamos hablando de inteligencia y demás, porque también podemos dar el argumento de que hay una base genética para eso. Sin embargo, decir que la preferencia de una persona por el helado de chocolate proviene de sus genes, es ir demasiado lejos.

Podemos decir que algunos de nuestros intereses pueden estar influenciados por nuestra familia o por las situaciones sociales o económicas en las que nos encontremos. Definitivamente estos factores tienen una influencia, pero es difícil explicar de esa forma absolutamente todo lo que hacemos. Por ejemplo, ¿por qué me interesé en el yoga cuando era un niño? Nadie en mi familia ni en la sociedad que me rodeaba estaba interesada en eso. Había algunos libros disponibles en la zona en que vivía, así que podrían decir que había cierta influencia social, pero ¿por qué estaba interesado específicamente en ese libro sobre hatha yoga? ¿Por qué lo elegí? Esa es otra pregunta. ¿Las cosas suceden solo por casualidad, y entonces la suerte entra en juego, o todo puede ser explicado?

¿De dónde proviene la actividad mental individual?

Dejando todas estas cosas de lado, regresemos a la pregunta principal: ¿de dónde proviene la actividad de dar surgimiento a objetos cognitivos y de involucrarse cognitivamente con ellos? ¿De dónde proviene esta habilidad de percibir? ¿De dónde proviene la chispa de la vida? ¿Qué es lo que hace que la combinación de un espermatozoide y un óvulo tenga vida? ¿Qué es lo que hace que se convierta en un ser humano? ¿Qué es lo que permite el surgimiento de pensamientos, de lo visible, y qué causa el involucramiento cognitivo con ellos, que es el lado experiencial de la actividad química y eléctrica del cerebro?

Es difícil decir que la actividad mental de un niño proviene de los padres porque, si así fuera, ¿cómo es que proviene de los padres? Tiene que haber un mecanismo involucrado. ¿Acaso la chispa de la vida –caracterizada por el darse cuenta de las cosas- proviene de los padres, de la misma forma que el espermatozoide y el óvulo? ¿Viene con el orgasmo? ¿Con la ovulación? ¿Está en el espermatozoide o en el óvulo? Si no podemos llegar a una indicación lógica y científica de en qué momento proviene de los padres, entonces tenemos que buscar otra solución.

Si lo analizamos con lógica pura, vemos que todos los fenómenos funcionales provienen de sus propias continuidades, de momentos previos de algo que está en la misma categoría de fenómenos. Por ejemplo, un fenómeno físico, sea materia o energía, proviene del momento previo de esa materia o energía. Es una continuidad.

Tomemos el enojo como ejemplo. Podemos hablar de la energía física que sentimos cuando estamos enojados, eso es una cosa. Sin embargo, consideremos la actividad mental de experimentar enojo, experimentar el surgimiento de la emoción y el darse cuenta consciente o inconsciente de ello. Una experiencia individual de enojo tiene sus propios momentos previos de continuidad en esta misma vida, pero ¿de dónde proviene? O proviene de sus padres (y no parece existir ningún mecanismo que explique cómo sucede eso) o de un Dios creador. No obstante, para algunas personas, las inconsistencias lógicas de la explicación de cómo crea un ser omnipotente presentan un problema. Para evitar esos problemas, la alternativa es que el primer momento de enojo en la vida de cualquier persona proviene de su propio momento previo de continuidad. La teoría del renacimiento explica justamente esto.

La analogía con una película

Quizás podamos tratar de entender el renacimiento con la analogía de una película. Así como un largometraje es una continuidad de los fotogramas de una película, nuestra continuidad mental o corriente mental es una continuidad de momentos siempre cambiantes de darse cuenta de los fenómenos, tanto dentro de una misma vida, como de una vida a la siguiente. No existe tal cosa como una entidad sólida, que pueda encontrarse, como un “yo” o “mi mente” que sea lo que renazca. El renacimiento no es como la analogía de una pequeña estatua sentada sobre una cinta transportadora, que viaja de una vida a la siguiente. En lugar de ello, es una como una película, algo que está cambiando constantemente. Cada fotograma es diferente, pero hay continuidad en ellos. Un fotograma está relacionado con el siguiente. De manera similar, hay una continuidad constantemente cambiante de momentos de darse cuenta de los fenómenos, incluso si algunos de esos momentos son de inconciencia. Más aún, así como no todas las películas son la misma película (aunque todas son películas), de la misma forma, las continuidades mentales o “mentes” no son una mente. Hay un número incontable de flujos individuales de darse cuenta de los fenómenos, y cada uno de ellos puede ser etiquetado como “yo” desde su propia perspectiva.

Estas son las líneas de razonamiento que empezamos a investigar con respecto a la pregunta del renacimiento. Si una teoría tiene sentido lógico, entonces podemos revisar con más seriedad el hecho de que haya personas que recuerden sus vidas pasadas. De esta forma, analizamos la existencia del renacimiento desde un enfoque razonado.

¿Qué implica el renacimiento?

De acuerdo con el budismo, la analogía del renacimiento no es la de una misma alma, como una pequeña estatua o persona concreta, que viaja a través de una cinta transportadora de una vida a otra. La cinta transportadora representa el tiempo y la imagen que implica es la de una cosa sólida, una personalidad fija o un alma llamada “yo” que pasa a través del tiempo: “Ahora yo soy joven, ahora yo soy viejo; ahora yo estoy en esta vida, ahora yo estoy en aquella vida”. Este no es el concepto budista del renacimiento. En lugar de ello, la analogía es la de una película. Hay continuidad en una película; los fotogramas forman una continuidad.

El budismo no dice que yo me convierto en tú ni que todos somos uno. Si todos somos uno, y si yo soy tú, entonces, si ambos tenemos hambre, tú puedas esperar en el auto mientras yo voy a comer. No es así. Cada uno de nosotros tenemos nuestro propio flujo individual de continuidad. La secuencia de mi película no se va a convertir en tu película; nuestras vidas proceden como películas en el sentido de que no son concretas ni fijas. La vida avanza de un fotograma al siguiente. Permite una secuencia, según el karma y, por lo tanto, forma una continuidad.

Cada continuidad es alguien que puede ser llamado “yo”; no es que cada continuidad sea nadie. Pero, así como el título de una película se refiere a toda la película y a cada uno de sus fotogramas (pero no puede ser encontrado como algo concreto en cada fotograma), de manera similar, “yo” se refiere a una continuidad mental individual y a cada momento de ella, pero tampoco puede ser encontrado como algo concreto en ningún momento. Sin embargo, convencionalmente existe un “yo”, un “sí mismo”. El budismo no es un sistema nihilista.

¿Los humanos siempre renacen como humanos?

De lo que estamos hablando es de actividad mental y de cuáles son los factores generales que caracterizan nuestra actividad mental. Lo que caracteriza la actividad mental humana es la inteligencia, y esa inteligencia, como sabemos, puede encontrarse en un amplio rango de “no muy inteligente” hasta “muy inteligente”. Pero también hay otros factores que son parte de la actividad mental, por ejemplo, el enojo, la codicia, el apego, la distracción y las conductas compulsivas ocasionadas por esos factores mentales. En algunas personas, estos factores dominan su actividad mental de tal forma que no utilizan su inteligencia humana, sino que operan mayoritariamente basados en la codicia, el enojo y demás.

Por ejemplo, hay personas que tienen un enorme deseo sexual y pasan su tiempo en bares, conociendo a otras personas y teniendo sexo casi con cualquiera que se encuentren; esas personas actúan como perros, ¿no les parece? Un perro se montará a cualquier otro que se encuentre, en cualquier momento; no ejercerá ningún tipo de autocontrol. Si un humano se comporta de esa manera, desarrolla el hábito de tener una mentalidad animal. Por lo tanto, si pensamos en términos del renacimiento, no es de sorprenderse que la mentalidad de deseo de esas personas será el modo dominante de actividad mental que tendrán en una vida futura, y que renacerán en un cuerpo que sea una base apropiada para esa actividad mental, esto es, un renacimiento animal.

Así que es muy útil examinar nuestra conducta: “¿Estoy actuando como este o aquel animal?”. Piensen en términos de una mosca. La mentalidad de una mosca es de absoluto vagabundeo mental. Una mosca no puede quedarse en un solo lugar por más de unos instantes, está constantemente moviéndose y distraída. ¿Así es como está nuestra mente, como la de una mosca? Si es así, ¿qué esperamos para nuestra próxima vida? ¿Esperamos ser inteligentes y tener buena concentración?

Estos son algunos de los pensamientos que nos ayudan a entender que los humanos no necesariamente renacen como humanos. Podemos renacer en muchos tipos diferentes de formas de vida, y esto tiene sus altibajos. Si hemos cultivado muchos hábitos positivos como humanos entonces, aun si renacemos como animales, cuando la fuerza kármica de nuestras conductas “animalísticas” termine, nuestra fuerza positiva previa puede volverse dominante y podemos renacer nuevamente como humanos. No estamos condenados a tener renacimiento inferiores para siempre.

El punto es entender que no hay nada intrínseco en la actividad mental que la haga ser una actividad mental humana, o que la haga femenina o masculina, ni nada de eso. Es simplemente actividad mental. Así que el tipo de renacimiento que tengamos depende del karma, de los diversos hábitos que acumulamos por nuestra conducta compulsiva. En vidas futuras tendremos un cuerpo que funcione como base apropiada para actuar esos hábitos.

Resumen

Cuando analizamos con razonamiento la presentación budista del renacimiento, necesitamos examinar el proceso causal que perpetúa las continuidades mentales individuales: continuidades individuales de actividad mental que nunca se deterioran. El renacimiento sin principio es la conclusión a la que llegamos, con los hábitos conductuales previamente acumulados que le dan forma a cada vida.