¿Qué es la felicidad?

La felicidad proviene de un interés sincero por los demás y de valorar su felicidad por encima de nuestras necesidades egoístas. Los actos de bondad y generosidad nos conectan con los demás de forma significativa. Conducen a tener amistades cálidas y una sensación de autoestima.

La felicidad - un sentido de bienestar, paz mental y satisfacción con nuestra vida- es un sentimiento que todos deseamos. Cuando tenemos incluso una pequeña muestra de ella no queremos que termine. No estamos hablando de placer o de diversión, sino del estado mental subyacente con el que experimentamos todo.

Pero ¿cuál es la fuente de la felicidad? El budismo dice que su mayor fuente es apreciar a los demás: cuidar del bienestar y la felicidad de los otros con amor y compasión. El opuesto directo de ello, estar preocupados sólo por nosotros mismos de forma egoísta, únicamente conduce a la infelicidad. Hace que nuestra mente y nuestro corazón estén cerrados y estrechos. A través de la preocupación centrada en nosotros mismos, experimentamos soledad, depresión y somos profundamente infelices. Apreciar a los demás nos conecta con ellos, nuestro corazón se abre y se llena de sentimientos cálidos. Incluso nos sentimos mejor físicamente. Al interesarnos por la felicidad de los demás, tratamos de ayudarlos tanto como podamos y evitamos hacerles cualquier cosa que pueda causarles daño. Esto da como resultado amistades confiables; tener buenos amigos hace que nuestra vida sea más significativa. Con el apoyo emocional de familiares y amigos, encontramos la fortaleza para lidiar con lo que suceda en la vida.

Cuando nos sentimos solos e infelices, anhelamos sentirnos conectados con otros y con frecuencia nos volcamos en las redes sociales. Es posible que obtengamos una ráfaga de placer al recibir un “me gusta” por nuestra selfie o al leer uno de los mensajes de nuestros amigos, pero después revisamos con impaciencia nuestro teléfono cada cinco minutos, esperando ansiosamente nuestra siguiente “dosis”. Nos hemos vuelto adictos a las redes sociales y, sin importar cuántos “me gusta” o mensajes recibamos, realmente no nos sentimos conectados. Aún nos sentimos solos, mirando la pantalla.

Debido a que es muy incómodo estar solos con nuestros pensamientos y emociones, constantemente nos distraemos escuchando música o jugando en la computadora, lo cual nos desconecta aún más de los otros. ¿Cómo podrían semejantes estrategias auto-gratificantes hacernos sentir conectados y producirnos una profunda sensación de felicidad y sentido de la vida? ¿Acaso asistir a una fiesta ruidosa y saltar al ritmo de música ensordecedora en medio de una sofocante masa de gente hipnotizada nos produce una sensación duradera de conexión? ¿O formar parte de una enorme y escandalosa audiencia en un concierto de rock? O se trata sólo de dosis más fuertes de nuestros “toques” de dopamina y al final aún estamos solos, esperando de nuevo el siguiente mensaje en nuestro teléfono, revisando cuántas personas le dieron “me gusta” al hecho de que estábamos en esa fiesta, en ese concierto o en ese juego de futbol.

Lo que realmente nos conecta con los demás es pensar en su felicidad y en cómo podemos ayudarlos, en lugar de esperar que confirmen nuestra valía y nos hagan felices. Todo se reduce a la preocupación excesiva por nosotros mismos versus un interés sincero por la felicidad y el bienestar de los demás, y no sólo querer obtener su atención y aprobación.

Algunos de nosotros podemos sentir que no tenemos el poder de impactar en la situación mundial: todo es desesperanzador, así que ¿por qué molestarnos? Nos hundimos en el depresivo estado del “da igual”. Pero la realidad es que podemos impactar incluso en personas extrañas al pensar en su bienestar y tratar de ayudarlos. Incluso darle algo pequeño a alguien, aunque sea una sonrisa, o hacer algo lindo por ellos, como cederles nuestro lugar en alguna fila, nos hace sentir que hemos hecho una diferencia. Nos da una sensación de autoestima: tenemos algo que dar y eso se siente bien. Nos sentimos más felices con nosotros mismos y con la vida.

¿Qué es la felicidad? La felicidad es un sentido de significado que proviene de tener la felicidad de los demás como nuestro interés principal, y de ser amables, considerados y compasivos con quien sea que nos encontremos. Tal actitud y forma de comportarse nos brinda un verdadero sentido de conexión social. Los seres humanos somos animales sociales; sólo podemos prosperar cuando estamos conectados con otros. Así pues, la amabilidad y el interés por los demás son los aspectos principales que necesitamos cultivar para tener una vida feliz.

Resumen

Los actos de amabilidad, hechos con una actitud de pensar en el bienestar de los demás, son la llave de la felicidad.