Comentario sobre el “Entrenamiento mental en ocho versos” – Dalai Lama

Algunas veces nos encontramos con personas muy negativas, los demás nos gritan o las personas a las que hemos ayudado son malagradecidas. Si nos enojamos con ellas y nos alteramos, perdemos nuestra habilidad de ser de alguna ayuda. Pero con los métodos del entrenamiento mental podemos cambiar nuestra actitud hacia ellas de tal forma que, no solo permanezcamos calmados, sino que seamos más capaces de ayudar a otros. El “entrenamiento mental en ocho versos” o entrenamiento de actitudes, un texto escrito por el Gueshe kadampa Langri Tangpa, explica cómo entrenar a nuestra mente con método y sabiduría, de tal forma que podamos cambiar nuestra actitud cuando corramos el riesgo de alterarnos. Los primeros siete versos abordan el método (específicamente, la amabilidad amorosa y la bodichita) y el octavo aborda la sabiduría, el darse cuenta que discrimina.

Verso 1: Todos los seres son superiores a Joyas que Conceden los Deseos

Pueda yo siempre valorar a todos los seres limitados, al considerar cuán superiores son a las joyas que conceden los deseos para alcanzar el anhelo supremo.

Nosotros mismos y todos los demás seres queremos ser felices y estar completamente libres del sufrimiento. En este aspecto somos exactamente iguales. Sin embargo, cada uno de nosotros somos solo una persona, mientras que los demás seres son infinitos.

Ahora, hay dos actitudes a considerar: la de valorarnos egoístamente solo a nosotros mismos o la de valorar a los demás. La actitud de auto-valoración nos hace ser muy cerrados. Pensamos que somos extremadamente importantes y nuestro deseo básico es ser felices y que las cosas nos salgan bien. Sin embargo, no sabemos cómo lograrlo. De hecho, actuar por egoísmo nunca nos hará felices. Por otro lado, aquellos que tienen una actitud de valorar a los demás, consideran a todos los seres como mucho más importantes que ellos mismos y valoran el ayudar a los otros por encima de todo lo demás. De paso, al actuar de ese modo, también se vuelven más felices.

Por ejemplo, los políticos que están interesados de forma genuina en ayudar o servir a las personas, quedan registrados en la historia con respeto, mientras que aquellos que están constantemente explotando a los demás y haciendo cosas malas a los otros, son recordados como ejemplos de personas terribles. Dejando de lado, por el momento, la religión, las vidas futuras y el nirvana, incluso dentro de esta misma vida las personas egoístas se acarrean repercusiones negativas a sí mismas debido a sus acciones autocentradas. Por otro lado, personas como la Madre Teresa, quien sinceramente dedicó su vida entera y su energía a servir desinteresadamente a los pobres, los necesitados y los desvalidos, siempre son recordadas con respeto por su noble trabajo. Los demás no tienen nada negativo que decir de ellas.

Así, este es el resultado de valorar a los demás: sea que lo queramos o no, siempre le agradamos incluso a aquellos que no son nuestros familiares; se sienten felices con nosotros y tienen sentimientos cálidos por nosotros. Si somos el tipo de persona que siempre habla de forma amable delante de los demás, pero dice cosas desagradables de ellos a sus espaldas, por supuesto, no le agradaremos a nadie. Entonces, incluso en esta misma vida, si tratamos de ayudar a los demás tanto como podamos y tenemos tan pocos pensamientos egoístas como sea posible, experimentaremos mucha felicidad.

Nuestras vidas no son muy largas, 100 años a lo mucho. Si a lo largo de ella tratamos de ser amables, cálidos, preocupados por el bienestar de los demás y menos egoístas y enojados, eso será maravilloso, excelente. Esa es realmente la causa de la felicidad. Si somos egoístas, siempre poniéndonos a nosotros en primer lugar y a los demás en segundo lugar, de hecho el resultado será que nosotros terminaremos al final. Ponernos mentalmente a nosotros mismos al final y a los demás primero es la forma de salir adelante. Así que no se preocupen por la próxima vida o por el nirvana, esas cosas vendrán de forma gradual. Si en esta misma vida permanecemos como personas buenas, bondadosas y generosas, seremos buenos ciudadanos del mundo.

Que seamos budistas, cristianos o comunistas es irrelevante, lo importante es que, mientras seamos seres humanos, seamos buenos seres humanos. Esa es la enseñanza del budismo; ese es el mensaje llevado por todas las religiones del mundo. Sin embargo, las enseñanzas del budismo contienen todos los métodos para erradicar el egoísmo y lograr una actitud de valorar a los demás. El maravilloso texto de Shantideva, Involucrarse en el comportamiento del bodisatva (sct. Bodhicharyavatara), por ejemplo, es muy útil para esto. Yo mismo practico de acuerdo con ese libro; es extremadamente útil.

Nuestras mentes son muy astutas, muy difíciles de controlar. Pero si nos esforzamos constantemente y trabajamos de forma incansable con razonamiento lógico y cuidadoso análisis, seremos capaces de controlar a nuestra mente y cambiarla para mejor.

Algunos psicólogos occidentales dicen que no debemos reprimir nuestro enojo, sino expresarlo. De hecho, ¡dicen que debemos practicar el enojo! Sin embargo, debemos hacer una importante distinción entre los problemas mentales que necesitan ser expresados y aquellos que es mejor no expresar. Algunas veces podemos sentirnos verdaderamente agraviados y estamos en nuestro derecho de expresar nuestra incomodidad, en lugar de dejar que se ulcere dentro de nosotros, pero nunca es útil expresarlo con enojo. Si acogemos emociones perturbadoras negativas tales como el enojo, se volverán parte de nuestra personalidad. Cada vez que expresamos el enojo se vuelve más fácil expresarlo de nuevo. Lo hacemos cada vez más hasta que simplemente somos personas furiosas completamente fuera de control. Así, en términos de problemas mentales, ciertamente hay algunos que es apropiado expresar, pero otros no.

Al principio, cuando tratamos de controlar nuestras emociones perturbadoras, nos resulta difícil. El primer día, la primera semana, el primer mes, no podemos controlarlas bien. Pero, con esfuerzo constante, nuestras negatividades disminuirán gradualmente. El progreso en el desarrollo mental no proviene de tomar medicinas u otras sustancias químicas, depende de controlar la mente. Así, podemos ver que si deseamos cumplir nuestros deseos, sean temporales o últimos, necesitamos controlar a nuestra mente para que no sea autocentrada. Para ello, necesitamos apoyarnos en otros seres más que en joyas que conceden los deseos. En otras palabras, necesitamos siempre valorar a los demás seres por encima de todo lo demás, porque la actitud de valorar a los demás es lo que de hecho cumplirá todos nuestros deseos.

Mejorar a nuestra mente y realmente hacer algo para ayudar a los demás son ambos aspectos importantes. En primer lugar, si no tenemos una motivación pura, lo que sea que hagamos será insatisfactorio. Por lo tanto, lo primero que necesitamos hacer es cultivar una motivación pura. Pero no tenemos que esperar hasta que esa motivación esté completamente desarrollada para realmente hacer algo en beneficio de los demás. Por supuesto, para ayudar a los demás de la forma más eficiente posible necesitamos ser budas plenamente iluminados. Incluso para ayudar a los demás de formas vastas y amplias, necesitamos haber alcanzado uno de los niveles bumi de la mente de un arya bodisatva, es decir, necesitamos una cognición no conceptual de la vacuidad (vacío) y haber alcanzado los poderes de la percepción extrasensorial. Sin embargo, hay muchos niveles de ayuda que podemos ofrecer. Incluso antes de haber alcanzado esas cualidades, podemos tratar de actuar como bodisatvas. Pero, naturalmente, nuestras acciones serán menos efectivas que las suyas.

Por lo tanto, sin esperar hasta que estemos plenamente calificados, podemos generar una buena motivación y, con ella, tratar de ayudar a los demás tanto como podamos. Este es un mejor enfoque y más equilibrado que simplemente quedarse en aislamiento en algún lado haciendo algo de meditación y recitaciones. Por supuesto, esto depende en gran medida de cada persona. Si estamos seguros de que al permanecer en un lugar remoto podremos obtener realizaciones concretas dentro de cierto periodo, eso es diferente. Quizás sea mejor pasar la mitad de nuestro tiempo en trabajo activo y la otra mitad en práctica de la meditación.

Verso 2: Considerarse a uno mismo menos que los demás y valorar a los otros más que a uno mismo

Que cada vez que esté en compañía de alguien más, pueda considerarme a mí mismo menos que a los demás y, desde lo profundo de mi corazón, valorar a los otros más que a mí mismo.

Sin importar con quién estemos, a menudo pensamos cosas tales como: “Yo soy más fuerte que él”, “soy más hermosa que ella”, “yo soy más inteligente”, “yo soy más rico”, “yo estoy mucho mejor calificado” y demás. Generamos mucho orgullo y eso no es bueno. En lugar de ello, necesitamos permanecer siempre humildes. Aun cuando estemos ayudando a los demás, involucrados en trabajo de caridad, no debemos considerarnos de forma arrogante como los grandes protectores que benefician a los débiles. Eso también es orgullo. En lugar de ello, necesitamos involucrarnos en tales actividades de forma muy humilde y pensar que estamos ofreciendo nuestros servicios a las personas.

Cuando nos comparamos con los animales, por ejemplo, podemos pensar: “tengo un cuerpo humano” o “soy un monje” o “soy una monja” y sentirnos muy superiores a ellos. Desde una perspectiva, podemos decir que tenemos un cuerpo humano y estamos practicando las enseñanzas del Buda y que, por lo tanto, somos mejores que los insectos. Pero desde otra perspectiva, podemos decir que los insectos son muy inocentes y están libres de astucia, mientras que nosotros a menudo mentimos y nos presentamos de forma taimada para alcanzar nuestros fines o mejorar nuestra situación. Desde esta perspectiva, tenemos que decir que somos mucho peores que los insectos, los cuales solo se dedican a sus propios asuntos sin fingir nada más. Este es un método para entrenarse en la humildad.

Verso 3: Afrontar y evitar las emociones perturbadoras con medios contundentes

Lo que sea que esté haciendo, que pueda revisar el flujo de mi mente y, en el momento en el que surjan las concepciones y las emociones perturbadoras, dado que me debilitan a mí y a los demás, que pueda afrontarlas y evitarlas con medios contundentes.

Si investigamos a nuestra mente en momentos en los que estamos siendo muy egoístas y obsesionados con nosotros mismos, excluyendo a los demás, encontraremos que las emociones perturbadoras y las actitudes negativas son las raíces de esta conducta. Dado que perturban mucho a nuestra mente, necesitamos aplicarles algún antídoto en el momento en que notemos que estamos cayendo bajo su influencia.

El oponente general para todas las emociones y actitudes perturbadoras es la meditación en la vacuidad (vacío); pero también hay antídotos para algunas emociones específicas que nosotros, como principiantes, podemos aplicar. Así, para el apego, meditamos en la fealdad; para el enojo, en el amor; para la ingenuidad, en el surgimiento dependiente; para muchos pensamientos perturbadores, en la respiración y en los vientos de energía.

Desarrollamos apego por las cosas porque las vemos como muy atractivas. Tratar de verlas como no atractivas o feas contrarresta eso. Por ejemplo, es posible que desarrollemos apego por el cuerpo de otra persona, al ver su figura como algo muy atractivo. Cuando empezamos a analizar este apego, encontramos que está basado en ver meramente la piel. Sin embargo, la naturaleza de este cuerpo que aparece ante nosotros como hermoso es la de la carne, la sangre, los huesos, la piel y demás, que lo componen.

Ahora, analicemos la piel humana; tomemos la nuestra como ejemplo. Si un pedazo de ella se desprende y la ponemos en una repisa durante un par de días, se volverá realmente repulsiva. Esa es la naturaleza de la piel. Todas las partes del cuerpo son iguales, no hay belleza en un pedazo de carne humana. Cuando vemos un poco de sangre, quizás incluso nos sintamos un poco asustados, no apegados. Incluso un rostro hermoso pierde su belleza si lo vemos todo rasguñado. Así, la fealdad es, de hecho, la naturaleza del cuerpo físico. Los huesos humanos, el esqueleto, también son repulsivos. La señal de un cráneo con unas tibias cruzadas tiene una connotación muy negativa, ¿no es así?

Así que esa es la forma de analizar algo por lo que sentimos apego o amor (usando este término en el sentido negativo de deseo anhelante y apego). Piensen más en la naturaleza desagradable del objeto; analicen la naturaleza de la persona o la cosa desde ese punto de vista. Aun si eso no controla completamente nuestro apego, al menos nos ayudará a disminuirlo un poco. Este es el propósito de meditar en desarrollar el hábito de observar el aspecto desagradable de las cosas.

El otro tipo de amor o amabilidad no está basado en el razonamiento de “tal y tal personas son hermosas y, debido a ello, siento admiración y mostraré amabilidad”. La base del amor puro es: “Este es un ser vivo que desea felicidad, no quiere sufrimiento y tiene el derecho de ser feliz. Basado en eso, siento amor y compasión”. Este tipo de amor es completamente diferente al primero, el cual está basado en la ingenuidad y la ignorancia y, por lo tanto, es totalmente precario.

Las razones para la bondad son sólidas. Con el amor que es simplemente apego, el más mínimo cambio en el objeto, como un ínfimo cambio de actitud, inmediatamente causa cambios en nosotros. Esto es debido a que nuestra emoción está basada en algo muy superficial. Tomemos por ejemplo un matrimonio reciente. A menudo después de unas pocas semanas, meses o años, la pareja se vuelve enemiga y terminan divorciándose. Se casaron profundamente enamorados (nadie decide casarse por odio), pero después de un corto tiempo todo cambia. ¿Por qué? Debido a la base superficial de la relación: un pequeño cambio en una persona causó un completo cambio de actitud en la otra.

Necesitamos pensar: “la otra persona es un ser humano, como yo. Ciertamente yo quiero felicidad, por lo tanto, él o ella también debe querer felicidad. Como ser vivo, tengo derecho a la felicidad; por la misma razón, esta persona también tiene derecho a la felicidad”. Este tipo de razonamiento sólido da surgimiento al amor puro y a la compasión. Así, sin importar cómo cambie nuestra perspectiva de esa persona (de buena a mala a horrible) él o ella es básicamente el mismo ser vivo. Por lo tanto, dado que la razón para mostrar amabilidad amorosa está siempre ahí, nuestros sentimientos hacia el otro son perfectamente estables.

Obviamente, cuando disfrutamos estar con alguien de quien estamos apegados o cuando disfrutamos objetos a los que estamos apegados, efectivamente experimentamos cierto placer. Pero, como Nagarjuna dijo en Guirlanda Preciosa (sct. Ratnavali) (169):

Rascarse una comezón produce placer, pero aún más placentero es no tener comezón. De la misma forma, satisfacer deseos mundanos es placentero, pero aún más placentero es no tener deseos.

Por otro lado, el antídoto para el enojo es la meditación en el amor. Esto es porque el enojo es un estado mental muy áspero y duro que necesita ser suavizado con el amor.

Con respecto a la ingenuidad, meditamos en los doce eslabones de surgimiento dependiente, empezando por el no darse cuenta o ignorancia y pasando por el envejecimiento y la muerte. En un nivel más sutil, podemos usar el surgimiento dependiente como la razón para establecer que todos los fenómenos están desprovistos de existencia verdaderamente establecida.

Verso 4: Valorar a las personas crueles como a un tesoro de joyas

Cada vez que vea a seres instintivamente crueles, dominados por negatividades y serios problemas, pueda yo valorar que son tan difíciles de encontrar como descubrir un tesoro de joyas.

Si nos encontramos con alguien que es por naturaleza muy cruel, rudo, agresivo y desagradable, nuestra reacción habitual es evitar a esa persona. En tales situaciones, nuestro interés amoroso por los demás es susceptible de disminuir. En lugar de permitir que nuestro amor por los demás se debilite al pensar cuán terrible persona es él o ella, necesitamos verlos como un objeto especial de amor y compasión, y valorar a esa persona como si nos hubiéramos encontrado un tesoro precioso, difícil de encontrar.

Verso 5: Aceptar la pérdida en uno mismo y dar la victoria a los demás

Cuando otros, por envidia, me traten injustamente con críticas, insultos y más, pueda yo aceptar la derrota y ofrecer la victoria a los demás.

Si alguien nos insulta, abusa de nosotros o nos critica, diciendo cosas como que somos incompetentes y no sabemos hacer nada, es probable que nos enojemos mucho y discutamos lo que la persona dijo. Es importante intentar no reaccionar así. En lugar de ello, con humildad y tolerancia, necesitamos aceptar estas duras palabras.

Aunque necesitamos ser humildes y aceptar las palabras duras, al mismo tiempo necesitamos ser realistas acerca de nuestras buenas cualidades. Pero necesitamos diferenciar entre tener confianza en nuestras habilidades y ser orgullosos. Necesitamos tener confianza en cualesquiera buenas cualidades y habilidades que tengamos y usarlas con valentía, pero sin sentirnos orgullosamente arrogantes de ellas. Ser humildes no significa sentirse totalmente incompetentes e inútiles. La humildad se cultiva como oponente del orgullo, pero necesitamos usar plenamente cualesquiera buenas cualidades que tengamos.

Idealmente, necesitamos tener una gran cantidad de coraje y fortaleza, pero no alardear ni presumir al respecto. Así, cuando sea necesario, aprovechamos la ocasión y luchamos valientemente por lo que es correcto. Eso es perfecto. Si no tenemos ninguna de esas cualidades, pero alardeamos de lo maravillosos que somos y en tiempos de necesidad nos acobardamos completamente, somos justo lo contrario. La primera persona es muy valiente, pero no tiene orgullo; la segunda es muy orgullosa, pero no tiene valentía.

Con respecto al consejo de aceptar la derrota y ofrecer la victoria a los demás, necesitamos diferenciar dos tipos de situaciones diferentes. Si, por un lado, estamos obsesionados con nuestro propio bienestar y motivados en formas muy egoístas, necesitamos aceptar la derrota y ofrecer la victoria al otro, incluso si nuestra vida está en juego. Pero si, por otro lado, la situación es tal que el bienestar de los demás está en juego, necesitamos trabajar muy duro y luchar por los derechos de los demás, y no aceptar pérdida alguna. Después de todo, uno de los 46 votos secundarios del bodisatva es: en situaciones en las cuales alguien está haciendo algo muy dañino, no evites utilizar métodos contundentes o lo que sea necesario para detener inmediatamente las acciones de esa persona, si todos los métodos pacíficos fallan. En otras palabras, si no actuamos con contundencia cuando tenemos tal habilidad, hemos transgredido ese compromiso.

Puede parecer que este voto del bodisatva y el quinto verso presentado aquí -que dice que uno debe aceptar la derrota y dar la victoria a los demás- son contradictorios, pero no lo son. El precepto del bodisatva aborda una situación en la cual nuestra principal preocupación es el bienestar de los demás: si alguien está haciendo algo extremadamente dañino y peligroso, es erróneo no tomar medidas firmes para detenerlo en caso de ser necesario.

Hoy en día, en sociedades sumamente competitivas, a menudo se requieren defensas firmes o acciones similares. Sin embargo, la motivación para llevarlas a cabo no debe ser el interés egoísta, sino vastos sentimientos de bondad y compasión hacia los demás. Si actuamos desde esta base para evitar que los demás generen karma negativo, es completamente correcto.

Con respecto a saber cuándo es necesario tomar acciones contundentes, eso es complicado. Cuando consideremos aceptar en nosotros la derrota, necesitamos revisar si darles la victoria a los demás será de beneficio para ellos de forma última o solo temporalmente. También necesitamos considerar el efecto que aceptar la derrota tendrá en nuestro poder o habilidad para ayudar a los demás en el futuro. También es posible que, al hacer algo que sea dañino para otros ahora, generemos una gran cantidad de fuerza positiva o mérito que nos permitirá hacer cosas de enorme beneficio para los demás a largo plazo. Este es otro factor que necesitamos tomar en cuenta.

Como dice Shantideva en Involucrarse en la conducta del bodisatva (V 83-84):

Practicaré las actitudes de largo alcance de dar y demás como las más importantes, una tras la otra. No desecharé un bien mayor por un bien menor: consideraré, por encima de todo, el beneficio de los demás.
Al darme cuenta que es así, siempre me seguiré esforzando por el beneficio de los demás. El Compasivo con Visión de Largo Alcance ha permitido, para tal (bodisatva) lo que está prohibido (para otros).

En otras palabras, necesitamos examinar, tanto superficial como profundamente, si los beneficios de llevar a cabo una acción normalmente prohibida supera las desventajas. En momentos en los que sea difícil decidir, necesitamos revisar nuestra motivación.

De igual manera, en Compendio de Entrenamientos, (sct. Shiksasamuccaya), Shantideva dijo que los beneficios de llevar a cabo una acción normalmente prohibida con bodichita, superan las negatividades de hacerla sin tal motivación.

Aunque es extremadamente importante, algunas veces puede resultar muy difícil ver la línea divisoria entre qué hacer y qué no hacer. Por lo tanto, necesitamos estudiar los textos que explican semejantes cosas. En textos más tempranos, efectivamente dice que ciertas acciones están prohibidas, mientras que los textos posteriores nos dicen que esas mismas acciones están permitidas. Mientras más conozcamos acerca de esto, más fácil será decidir qué hacer en cualquier situación.

Verso 6: Ver a las personas ingratas como a maestros sagrados

Aun si alguien a quien he ayudado y en quien albergo grandes expectativas me lastimara de forma completamente injusta, que pueda verlo o verla como a un maestro sagrado.

Por lo general, esperamos que las personas a las que hemos ayudado mucho sean agradecidas con nosotros, y si reaccionan con ingratitud, es probable que nos enojemos con ellas. En tales situaciones, no debemos alterarnos, sino practicar la paciencia. Más aun, necesitamos ver a tales personas como a maestros que ponen a prueba nuestra paciencia y, por lo tanto, tratarlas con respeto. Este verso resume todas las enseñanzas sobre la paciencia que se encuentran en el texto de Shantideva, Involucrarse en la conducta del bodisatva.

Existen muchos métodos para cultivar la paciencia. El conocimiento y la creencia en la ley del karma misma generan paciencia. Nos damos cuenta: “este sufrimiento que estoy experimentando es completamente mi propia responsabilidad, el resultado de acciones que cometí en el pasado. Dado que no puedo escapar de experimentar lo que ya está madurando, tengo que soportarlo. Sin embargo, si deseo evitar el sufrimiento en el futuro, puedo hacerlo a través del cultivo de actitudes constructivas, tales como la paciencia. Enojarme o molestarme con este sufrimiento solo creará karma negativo, la causa para desgracias futuras”. Esta es una forma de practicar la paciencia.

Otra cosa que podemos hacer es meditar en la naturaleza de sufrimiento del cuerpo: “Este cuerpo y mente son la base para todos los tipos de sufrimiento. Es natural y de ninguna manera inesperado que el sufrimiento surja de ellos”. Este tipo de comprensión es muy útil para el desarrollo de la paciencia.

También podemos recordar lo que dice Shantideva en Involucrarse en la conducta del bodisatva (VI 10):

Si puede resolverse, ¿por qué tener un estado de ánimo desagradable por algo? Y si no puede resolverse, ¿en qué ayuda tener un estado de ánimo desagradable por ello?

Así que si hay un método para superar nuestro sufrimiento o una oportunidad para hacerlo, no hay necesidad de preocuparnos ni estar de mal humor. Si no hay absolutamente nada que podamos hacer acerca de ello, preocuparnos y alterarnos no nos ayudará en nada. Esto es a la vez muy simple y muy claro.

Algo más que podemos hacer es contemplar las desventajas de enojarnos y las ventajas de practicar la paciencia. Somos seres humanos y, como tales, una de nuestras mejores cualidades es nuestra habilidad de pensar y juzgar. Si perdemos la paciencia y nos enojamos, perdemos la habilidad para hacer juicios apropiados y, por lo tanto, perdemos uno de los instrumentos más poderosos que tenemos para afrontar los problemas: nuestra sabiduría humana. Esto es algo que los animales no tienen. Si perdemos la paciencia y nos enojamos, estamos dañando este precioso instrumento. Necesitamos recordar, entonces, que es mucho mejor tener valentía y determinación, y enfrentar el sufrimiento con paciencia.

Verso 7: Tomar el sufrimiento de los demás y darles felicidad

En resumen, que pueda ofrecer a todas mis madres, tanto real como indirectamente, lo que sea que las beneficie y les produzca gozo; y que pueda aceptar de forma oculta todos los problemas y congojas de todas mis madres.

Esto se refiere a la práctica de tomar en nosotros mismos todos los sufrimientos de los demás y darles toda nuestra felicidad (tonglen), motivados por una profunda compasión y amor.

Nosotros mismos queremos felicidad y no deseamos sufrimiento, y podemos ver que todos los demás seres sienten lo mismo. También podemos ver que otros seres están abrumados por el sufrimiento, pero no saben cómo deshacerse de él. Basados en esto, generamos la intención de tomar todo su sufrimiento y karma negativo y hacemos aspiraciones para que madure inmediatamente en nosotros. De la misma forma, es obvio que otros seres están desprovistos de la felicidad que buscan y no saben cómo encontrarla. Así, sin un rastro de avaricia, les ofrecemos toda nuestra felicidad (nuestro cuerpo, riqueza y fuerza kármica positiva) y hacemos aspiraciones para que madure inmediatamente en ellos.

Por supuesto, es muy poco probable que realmente seamos capaces de tomar los sufrimientos de los demás y darles nuestra felicidad. Cuando tal transferencia entre seres sí ocurre, es el resultado de una conexión kármica ininterrumpida del pasado sumamente ponderosa. Sin embargo, esta meditación es un medio muy poderoso para cultivar valentía en nuestra mente y es, por lo tanto, una práctica altamente beneficiosa.

En Entrenamiento mental en siete puntos, Gueshe Chekawa dice: “Entrénate en dar y tomar alternadamente, montándolos sobre la respiración”. Y aquí Langri Tangpa dice que es necesario hacerlo de forma oculta, secreta. Shantideva dice lo mismo en Involucrarse en la conducta del bodisatva (VIII 120):

Así, quienquiera que desee dar dirección segura a sí mismo y a los demás, necesita practicar el secreto más sagrado: el intercambio de uno mismo con los demás.

Esta práctica es llamada “secreta” u “oculta” porque no es apropiada para la mente de bodisatvas principiantes: es algo solo para unos cuantos practicantes selectos.

En otro apartado de Involucrarse en la conducta del bodisatva (VIII 126cd), Shantideva dice: “Al asumir el dolor por los anhelos de los demás, adquiriré todas las glorias”. Pero en La Guirnalda Preciosa (11) Nagarjuna dice: “La práctica del Darma no es solamente a través de atormentar al cuerpo”. No son afirmaciones contradictorias. Cuando Shantideva dice que necesitamos asumir el dolor o lastimarnos a nosotros mismos, esto no significa que debamos golpearnos en la cabeza ni nada parecido. Shantideva nos dice que, cuando surja un férreo egocentrismo, necesitamos discutir firmemente con nosotros mismos y usar medios contundentes para disminuirlo. En otras palabras, necesitamos lastimar a nuestra mente egocéntrica.

Necesitamos distinguir claramente entre el “yo” que está completamente obsesionado con su propio bienestar y el “yo” que alcanzará la iluminación. Hay una gran diferencia. Asimismo, necesitamos ver este verso de Shantideva en el contexto de los versos que lo preceden y lo siguen.

Hay muchas formas diferentes en las que se discute el “yo”: existe el aferramiento a un “yo” verdaderamente existente; hay egocentrismo en términos de un “yo”; está el “yo” con el que nos involucramos cuando vemos las cosas desde el punto de vista de los demás, etc. Necesitamos ver la discusión del sí mismo, del “yo”, en estos diferentes contextos.

Si realmente beneficia a otros, si beneficia incluso a un solo ser limitado, es apropiado que asumamos el sufrimiento de los tres planos de la existencia samsárica o ir a uno de los infiernos, y necesitamos desarrollar la valentía para hacerlo. Para alcanzar la iluminación en beneficio de todos los seres limitados, necesitamos sentirnos felices y dispuestos a pasar incontables eones en el reino infernal inferior, Avichi. Esto es lo que significa tomar en nosotros mismos los daños que afligen a otros.

El punto es desarrollar la valentía de estar dispuestos a ir a uno de los reinos infernales, no significa que realmente tengamos que ir. Cuando el Gueshe kadampa Chekawa estaba a punto de morir, repentinamente llamó a sus discípulos y les pidió que hicieran ofrendas especiales, ceremonias y aspiraciones por él, porque su práctica había sido infructuosa. Los discípulos estaban sumamente alterados porque pensaron que algo terrible estaba a punto de suceder. Sin embargo, el gueshe les explicó que, aunque a lo largo de toda su vida él había estado rezando para renacer en los infiernos en beneficio de los demás, ahora recibía una visión pura de lo que iba a suceder. Iba a renacer en un reino puro en lugar de en los infiernos, y por eso se encontraba inquieto.

De la misma forma, si desarrollamos un fuerte y sincero deseo de renacer en los peores reinos por el beneficio de los demás, acumulamos una vasta cantidad de fuerza positiva que produce el resultado opuesto. Es por eso que siempre digo: si vamos a ser egoístas necesitamos ser sabiamente egoístas. El egoísmo de mente estrecha nos hace ir hacia abajo, mientras que el egoísmo sabio nos lleva a la budeidad. ¡Eso es realmente sabio!

Desafortunadamente, lo que usualmente hacemos primero es apegarnos a la budeidad. A partir de las escrituras, entendemos que para alcanzar la budeidad necesitamos la bodichita y que, sin ella, no podemos alcanzar la iluminación. Así, envidiosamente pensamos: “quiero la budeidad, por lo tanto, tengo que practicar la bodichita”. De hecho, no nos interesa tanto la bodichita como la budeidad. Eso es completamente erróneo. Necesitamos hacer lo opuesto: olvidar la motivación egoísta y pensar cómo ayudar realmente a los demás.

Si realmente vamos a un reino infernal, no podemos ayudar ni a los demás ni a nosotros mismos. ¿Cómo podemos ayudar a alguien? No solo dándoles algo material o haciendo milagros, sino enseñándoles el Darma. Sin embargo, primero necesitamos estar calificados para enseñar. Ahora mismo no podemos explicar todo el camino, todas las prácticas y experiencias que una persona necesita atravesar, desde la primera etapa hasta la última, la iluminación. Quizás podamos explicar algunas de las primeras etapas a través de nuestra propia experiencia, pero no más que eso. Para ser capaces de ayudar a los demás de la forma más amplia al conducirlos a lo largo de todo el camino hacia la iluminación, primero debemos alcanzar nosotros mismos la iluminación. Esta es la razón apropiada para sentir que debemos practicar la bodichita. Esto es completamente diferente a la aproximación autocentrada más habitual con la cual, por el interés egoísta de alcanzar nuestra propia iluminación, pensamos en los demás y dedicamos nuestro corazón a ellos con la bodichita simplemente porque nos sentimos obligados a hacerlo. Esta forma de hacer las cosas es completamente falsa, una suerte de mentira.

Verso 8: Superar el malestar por los ocho darmas mundanos al comprender que todos los fenómenos son como una ilusión

A través de una mente no empañada por manchas de concepciones con respecto a las ocho cosas transitorias –a lo largo de todo esto- y que conoce todos los fenómenos como una ilusión, pueda liberarme de mis ataduras, sin apego alguno.

Este verso aborda el darse cuenta que discrimina o sabiduría. Todas las prácticas anteriores no deben estar empañadas por las concepciones con respecto a las ocho cosas pasajeras o transitorias en la vida, los llamados “ocho darmas mundanos”: alabanza o crítica, escuchar buenas o malas noticias, ganancias o pérdidas, y que las cosas vayan bien o mal.

Podemos referirnos a estas ocho cosas como blancas, negras o combinadas. Sentirse exageradamente emocionado cuando se experimenta el primero de cada uno de los pares o exageradamente deprimido cuando se experimenta el segundo, es negro cuando surge debido al apego a la felicidad de esta vida, aunado a una actitud autocentrada y al aferramiento a un “yo” verdaderamente existente. Es combinado cuando surge sin semejante apego, pero aún con las otras dos motivaciones. Es blanco cuando surge, ya sea sin apego a la felicidad de esta vida o sin egocentrismo, sino únicamente por el aferramiento a un “yo” verdaderamente existente. Pero me parece que estará bien que explique este verso simplemente desde la perspectiva de las prácticas que se describen en los primeros siete versos, que se realiza sin que sean empañadas por las concepciones con las cuales nos aferramos a un “yo” verdaderamente existente frente a las ocho cosas transitorias en la vida: alabanza, crítica y demás.

¿Cómo evitamos empañar nuestra práctica de esta manera? Al reconocer que todos los fenómenos existentes son ilusorios y, por lo tanto, al no aferrarnos a ellos como si tuvieran existencia verdaderamente establecida. De esta forma, nos liberamos de la esclavitud de este tipo de apego y aferramiento.

Sin embargo, necesitamos tener claro a qué nos referimos con “ilusorio” en este contexto. La existencia verdaderamente establecida aparece ante nuestra mente en el aspecto de diversos objetos, dondequiera que se manifiesten. Pero, de hecho, no hay tal existencia verdaderamente establecida. En otras palabras, la existencia verdaderamente establecida aparece aunque no exista semejante cosa y, por lo tanto, tal existencia es una ilusión. Esto significa que, aun cuando todo lo que existe parece tener existencia verdaderamente establecida, todos los fenómenos están desprovistos de semejante modo imposible de existencia.

Entender esto requiere de un firme y decisivo entendimiento correcto de la vacuidad, la vacuidad de las apariencias manifiestas. Primero, necesitamos establecer que todos los fenómenos están desprovistos de existencia encontrable verdaderamente establecida. En consecuencia, cuando cualquier cosa que tiene esta naturaleza carente parece tener una existencia verdaderamente establecida, refutamos ese modo imposible de existencia al recordar nuestra afirmación de la total ausencia de existencia verdaderamente establecida. Cuando las ponemos juntas (la apariencia de una existencia verdaderamente establecida que se pueda encontrar y su vacuidad, como experimentada previamente) descubrimos la naturaleza ilusoria de todos los fenómenos. Así, la apariencia de una existencia verdaderamente establecida que se pueda encontrar es una ilusión, mientras que los fenómenos que aparecen como verdaderamente existentes son solo una ilusión, en el sentido de que parecen existir de una forma en la cual realmente no existen. Están establecidos meramente por el surgimiento dependiente.

Es muy difícil entender cómo funciona algo que es inencontrable y cuya existencia está establecida meramente por su surgimiento dependiente. Si podemos darnos cuenta de que la existencia, tanto del agente como de la acción, está establecida meramente porque son fenómenos que surgen en dependencia el uno del otro, y no pueden de ninguna manera existir y funcionar de forma autoestablecida por sí mismos, entonces la vacuidad aparecerá en términos de surgimiento dependiente. Esto es lo más difícil de entender. Si hemos comprendido de forma correcta que la existencia no está establecida o no responde a una naturaleza propia encontrable, en otras palabras, existencia encontrable no inherente, entonces la experiencia de los objetos existentes habla por sí misma. El hecho de que su existencia esté establecida o responda a una naturaleza propia encontrable, es refutado por la lógica. La lógica nos convence de que no hay forma de que los fenómenos puedan tener una naturaleza propia que se pueda encontrar, que establezca su existencia. Aun así, los fenómenos definitivamente existen, porque los experimentamos de forma válida.

Así que, ¿cómo es que existen? En otras palabras, ¿qué establece o da cuenta de su existencia? Su existencia está establecida o responde al surgimiento dependiente solamente por el poder de los nombres. Esto no quiere decir que los fenómenos no existan en absoluto. Lo que dice es que la existencia de las cosas solo puede ser establecida o explicada en dependencia de los nombres. Este es un punto difícil; algo que solo podemos entender muy lentamente a través de la experiencia.

Primero, necesitamos analizar si las cosas tienen o no una existencia verdaderamente establecida. Esto significa analizar si su existencia está verdaderamente establecida o responde a algo encontrable desde su propio lado o, en términos más sencillos, si las cosas pueden encontrarse verdaderamente o no. Pero, de hecho, no podemos encontrar nada que establezca la existencia de las cosas desde su propio lado. En realidad, no podemos encontrar nada: nada es encontrable. Sin embargo, si decimos que los fenómenos no existen en absoluto, ese es un error, porque sí experimentamos cosas. En otras palabras, aunque no podamos probar lógicamente que las cosas tienen una existencia verdaderamente establecida que se pueda encontrar, por nuestra propia experiencia, sí sabemos que existen. De esa manera podemos concluir definitivamente que las cosas sí existen.

Ahora, si las cosas existen, solo existen dos maneras en las cuales su existencia puede ser establecida: desde su propio lado, por su propio poder, o por el poder de otros factores; en otras palabras, del surgimiento completamente independiente o del surgimiento dependiente. Dado que la lógica desmiente que la existencia de las cosas pueda ser establecida de forma independiente por su propio poder, la única forma en la que su existencia puede ser establecida es en dependencia de otros factores.

¿De qué dependen las cosas para que su existencia esté establecida? Dependen de una base de etiquetación y de un concepto o nombre con el que se le etiqueta o designa. Si los fenómenos pudieran ser encontrados cuando se los busca, debería ser porque su existencia está establecida por su propia naturaleza. En ese caso, las escrituras madyámaka, las cuales dicen que la existencia de las cosas no está establecida por su propia naturaleza, estarían equivocadas. Sin embargo, no podemos encontrar las cosas cuando las buscamos: no podemos encontrar nada de su lado que establezca su existencia. Así, lo que descubrimos es que la existencia de los fenómenos está establecida meramente a través del poder de otros factores, a saber, meramente a través del poder de los nombres.

La palabra “meramente” indica que algo está siendo dejado de lado. Pero lo que está siendo dejado de lado no es el nombre mismo ni lo que el nombre significa o a lo que se refiere, lo cual es el objeto de una cognición válida. No estamos diciendo que los nombres no signifiquen o se refieran a nada, o que los objetos referentes o los nombres no sean objetos de cognición válida. Lo que la palabra “meramente” deja de lado es que la existencia del fenómeno esté establecida por algo más que por el poder de los nombres. La existencia de los fenómenos está establecida meramente por el poder de los nombres, pero los nombres se refieren a algo y a lo que se refieren es a los objetos de cognición válida.

Así, la verdadera naturaleza de las cosas es que su existencia está establecida meramente por el poder de los nombres. No existe otra alternativa, solo por el poder de los nombres. Pero eso no quiere decir que además de los nombre no haya nada. Existen los fenómenos: hay objetos referentes de los nombres y hay nombres. ¿Qué establece la existencia de los objetos referentes de los nombres? Su existencia también está establecida meramente por el poder de los nombres.

De acuerdo con la visión prasánguika madyámaka, la superior y más precisa, es la misma situación si se trata de un objeto externo o de una conciencia interna que conoce a ese objeto. La existencia de ambos está establecida meramente por el poder de los nombres; ninguno tiene una existencia establecida que se pueda encontrar. La existencia de pensamientos y conceptos también está establecida meramente por el poder de los nombres, y es el mismo caso con la vacuidad, Buda, lo bueno, lo malo y lo indiferente. La existencia de todos los fenómenos, de todo, está establecida únicamente por el poder de los nombres.

Cuando decimos “solo nombre”, se dejan fuera los objetos referentes de los nombres que tienen su existencia establecida no meramente por el poder de los nombres que se usan para ellos. No hay otra forma de entender a qué se refiere “solo nombre” más que esa. Sin embargo, consideren a una persona real y a una persona fantasma. Ambas son lo mismo en el sentido de que su existencia solo puede ser establecida o responder meramente al poder de los nombres que se utilizan para designarlas. Pero hay una diferencia entre las dos. Lo que sea que exista o que no exista puede ser mentalmente etiquetado y eso es todo. Podemos etiquetar mentalmente “persona real” y “persona fantasma”. Pero en términos de nombres, algunos nombres se refieren a cosas que existen y algunos no. El nombre “persona real” se refiere a algo que existe, mientras que el nombre “persona fantasma” no se refiere a nada existente, se refiere a algo que no existe.

Resumen

Cuando nos damos cuenta de que las personas emocionalmente desafiantes, las palabras crueles y las conductas desagradables que los demás tienen con nosotros son como una ilusión, no proyectamos sobre ellas que existen de forma verdadera y encontrable como personas, palabras o conductas inherentemente terribles. Están desprovistas de existir de esa forma imposible. Así, al ver cómo los conceptos y las palabras y los nombres con los que etiquetamos y designamos a esas personas afectan la forma en que las consideramos, somos capaces de transformar nuestras actitudes hacia ellas etiquetándolas como joyas que conceden todos los deseos. Al verlas como tales, vemos el hecho de encontrarnos con ellas como una preciosa oportunidad de desarrollar buenas cualidades, tales como la paciencia y la humildad.

Lee y escucha el texto original "Entrenamiento mental en ocho versos” por Langri Tangpa.