Cómo encontrar un maestro espiritual

Nuestra situación actual en Occidente es muy diferente de la situación clásica en el Tíbet. Primero que nada, la mayoría de nosotros no somos monásticos; no somos monjes o monjas. En el Tíbet y en las sociedades budistas tradicionales, si realmente querías entrenarte seriamente en el budismo, te ordenabas como monje o monja. Los laicos no tenían mucho acceso a las enseñanzas, ocasionalmente acudían a ellas, pero no recibían el entrenamiento completo que recibía un monástico. De hecho, enseñar meditación a los laicos es un fenómeno muy reciente que realmente empezó en Birmania, me parece que a principios del siglo XX; no creo que se enseñara en el siglo XIX. En la tradición tibetana, generalmente no se enseñaba a los laicos; éstos solo iban a algunas enseñanzas y recitaban mantras. Para empezar, la mayoría eran analfabetos, por lo que realmente no podían leer los textos. Así que ellos recitaban mantras, memorizaban algunas oraciones, circunvalaban y ofrecían lámparas de mantequilla.

Actualmente, en Occidente, la situación es muy diferente, ya que la mayoría de los estudiantes occidentales no somos monjes, ya tenemos una educación -no llegamos al Dharma como niños sin educación- y hacemos otras cosas en la vida. No somos únicamente monásticos, quienes están dedicados solo al estudio, la práctica del Dharma y los rituales. La mayoría de nosotros no tenemos un contacto cercano con los grandes maestros espirituales y ciertamente no vivimos con ellos. En la mayoría de las situaciones, también tenemos que pagar por las enseñanzas, porque vivimos en una sociedad que no apoya la institución del budismo con monasterios, ofrendas y cosas por el estilo, por lo que es necesario pagar renta, pagar el seguro de salud, etc. Así que, naturalmente, todo es muy diferente para nosotros. La mayoría de nosotros solo tenemos un muy limitado contacto con los grandes maestros. Quizás algunas veces podamos asistir a una enseñanza extensa de su Santidad el Dalái Lama o, de vez en cuando, acudimos como público a las enseñanzas de algunos grandes maestros que visitan nuestra ciudad. La mayoría de las veces solo tenemos disponible en nuestra ciudad a un maestro que está mucho menos calificado; podría ser un gueshe tibetano, un kenpo o un monje. Y a veces ni siquiera tenemos eso, solo tenemos estudiantes más avanzados dirigiendo las discusiones.

Esa es nuestra situación real y no tiene sentido quejarnos por ello. El desafío es sacar lo mejor de eso, y por eso es que enfatizo los diferentes niveles de maestro y los diferentes niveles de estudiantes. La mayoría de nosotros no tenemos la oportunidad de dedicar todo nuestro tiempo a la práctica budista: tenemos familias y tenemos que ganarnos la vida; necesitamos ser realistas al respecto. Tener una actitud realista nos ayuda a no desilusionarnos si las enseñanzas de nuestro maestro local no tienen la calidad de las de su Santidad el Dalái Lama, por ejemplo. Y probablemente, aunque pudiéramos estar con su Santidad todo el tiempo y recibir enseñanzas privadas de él, nos sobrepasarían tanto en términos de lo avanzado de su nivel, que no podríamos relacionarnos con él ni aprovechar al máximo su guía.

Recuerdo la primera vez que fui a la India en 1969; ya había realizado mis estudios para el doctorado y había estudiado varios idiomas asiáticos como el tibetano y el sánscrito. El budismo se enseñaba básicamente como una ciencia, un tema muerto en ese momento, así que solo habíamos aprendido a leer el tibetano, porque el profesor no tenía una idea muy clara de cómo se pronunciaba. Así que empecé a estudiar y a tener maestros en la India para idioma y Dharma básico. Cuando conocí por primera vez a los grandes maestros, Su Santidad y sus maestros, la manera como los percibí fue como un caballo que galopaba muy, muy rápido y no había manera de que pudiera subirme a ese caballo en ese momento –iba demasiado rápido, ellos hablaban muy rápido, en un idioma que no podía entender, de un tema demasiado avanzado que tampoco podía entender. Mi fuerte aspiración era ser capaz de montar ese caballo y entrenarme para llegar al nivel de realmente entenderlos y poder aprovechar la increíble oportunidad de montar ese caballo pura sangre. Si estás en un carrusel, no necesitas un caballo pura sangre, con uno de madera puedes dar la vuelta.

Así que, es importante trabajar con nuestros maestros locales – obviamente la relación con el maestro tiene que ser respetuosa y demás, pero no es la misma que la relación con los grandes maestros a los que quizás solo veremos un par de veces en la vida. Quizás no sean tan inspiradores, pero podemos aprender de ellos, pueden ayudarnos a entrenar. Lo que es sumamente importante es tener alguien que nos inspire, aunque no lo veamos muy seguido. No tienen que estar con nosotros todo el tiempo porque, como dije antes, ellos pueden estar corriendo demasiado rápido y no podremos seguirlos.

El otro punto realmente importante que se debe enfatizar es que la relación con el maestro espiritual no es como la relación con alguien en el ejército. No es “sí, señor” y obedecer sin importar lo que diga. En el mejor de los casos, hemos examinado muy bien al maestro antes de realmente comprometernos y confiarnos a ser guiados por esa persona, aunque sea a la distancia. De antemano podemos, por supuesto, ir a sus enseñanzas, como a una conferencia, pero eso es diferente de la actitud de hacer ese compromiso desde nuestro lado.

No conozco a nadie en la tradición tibetana que le diga a un maestro “¿Puedo ser su discípulo?” y que el maestro responda: “Sí, te doy la bienvenida”, lo abrace y lo convierta en su discípulo. Esa es una visión romántica de la situación, e incluso si hay algún reconocimiento mutuo de una vida anterior, no se hace la gran cosa al respecto.

Recuerdo a Serkong Rinpoche (el maestro principal con el que estudié), aunque lo había visto varias veces antes, cuando me mudé a Dharamsala y me encontré con él, justo después de hablar con él, simplemente dijo: “Quédate aquí a un lado en la habitación y observa la forma en que interactúo con la gente y demás…” Fue algo totalmente natural, nada especial. “Bien, ahora estás aquí, por supuesto”, y entonces solo comenzó a entrenarme.

Recuerdo que, cuando traduje por primera vez a la joven reencarnación de Serkong Rinpoche (de quien también soy muy cercano) en una enseñanza privada, le dije: “Qué maravilloso es traducir de nuevo para usted”, y su respuesta favorita: “Bien, nada especial, por supuesto que me estás traduciendo de nuevo ¿Qué esperas?”. Así que no hay nada especial acerca de nada, creo que ese es un estilo muy útil, de lo contrario hacemos una especie de película dramática sobre lo maravillosa que es nuestra gran relación con el gurú, un gran viaje del ego.

Establecer una relación con un maestro es similar a lo que Tsongkapa describe como las circunstancias para desarrollar la bodichita; él dice que hay algunas personas que tienen instintos muy fuertes hacia la aspiración de la bodichita y se sienten naturalmente atraídas por este tipo de meditación; hay otros que tienen que hacer mucho esfuerzo en esta vida para desarrollar esta aspiración y pensamiento. Y dice que, para los que tienen el instinto, el desarrollo de la bodichita será más fácil y estable. Esto no significa que si no tenemos ese impulso instintivo no podamos desarrollarla, solo que será más difícil.

Entonces, ahora extrapolemos eso al hecho de encontrar al maestro espiritual. Habrá algunos de nosotros que nos sintamos atraídos naturalmente por un maestro, y esa es una indicación muy importante a tener en cuenta. Y no debería estar basado en el hecho de que ese es el maestro que llega y está en nuestro centro de Dharma: no debería basarse en el hecho de que sea el director o el fundador del centro u organización de Dharma a la que asistimos, ni debería basarse en el gran nombre, la fama, el carisma y todo lo que acompaña a algunos de estos maestros. No hay ninguna razón en el mundo por la cual todos los miembros de un centro de Dharma deban estar conectados con la persona que fundó ese centro o con los maestros que están allí. Si es lo único que está disponible en nuestra ciudad, o de las diversas alternativas, es la mejor para nosotros, está bien. Podemos beneficiarnos de asistir al centro y estudiar con esos maestros, no hay problema. Pero mantengan un ojo abierto para saber quién puede ser el maestro raíz, aquel que encontremos más inspirador.

¿Cómo sabes que tienes alguna conexión instintiva con alguien? Bueno, una indicación es que simplemente estás allí cuando esa persona está allí. Te la encuentras todo el tiempo, vas a verla y está allí, no está lejos. Otra indicación es que es casi como un imán: no puedes apartar la vista de esta persona; no es lo mismo que cuando tienes deseo o lujuria hacia una persona hermosa y no puedes apartar la vista de ella porque tienes un fuerte deseo. Es una cualidad muy diferente. No es una experiencia perturbadora o inquietante; ver a esta persona te hace sentir más tranquilo, más cómodo, más relajado, alegre en un nivel muy tranquilo, no excitado, no ese tipo de alegría; simplemente se siente bien.

Creo que todos sabemos cómo es eso si alguna vez hemos comprado un par de zapatos. Te pruebas diferentes zapatos y encuentras unos con los que caminas unos pocos pasos y se sienten bien, son cómodos; ese es el par de zapatos que vas a comprar.

Ese es el tipo de sentimiento que tenemos con el maestro espiritual: simplemente se siente bien, encaja. Pero, al igual que con la bodichita, puede que no haya nadie con quien sintamos esta fuerte conexión instintiva, lo que el budismo explicaría con las vidas anteriores (si creemos en vidas anteriores o no, es otro tema, pero el budismo lo explicaría de esa manera). Y entonces realmente tenemos que hacer un gran esfuerzo para establecer una relación con el maestro. ¿Y cómo hacemos eso? Siendo un buscador muy serio y sincero, que realmente quiere aprender a practicar para transformarse.

Recuerdo cuando fui a la India y conocí a Su Santidad el Dalái Lama por primera vez. Me conmovió mucho darme cuenta de que todo lo que había estudiado en la universidad, que era como si fuera un tema muerto, era real. Había alguien que realmente sabía lo que todo significaba y lo encarnaba. Conocí a Su Santidad solo diez años después de que saliera del Tíbet, por lo que en ese momento fue mucho más fácil conocerlo e interactuar con él y con sus maestros, era una época completamente diferente.

No recuerdo si fue la segunda o la tercera vez que lo vi… cuando haya sido, le dije: “Me ofrezco a usted, por favor, deme la oportunidad de ser entrenado, tengo muchas deficiencias, pero deme la oportunidad de formarme, y luego le serviré -no como un sirviente, sino que le ayudaré promover su trabajo”. Y fui muy, muy sincero al respecto. Su Santidad me dio todas las oportunidades para poder quedarme en la India y obtener el mejor entrenamiento posible. Después de que empecé a estar más y más cerca de Serkong Rinpoche, usé la línea clásica de: “Por favor, entréneme como un burro para convertirme en un ser humano”. Mis antecedentes son que era un estudiante sumamente inteligente en la Universidad de Harvard, muy arrogante y tenía muy poca capacidad para poder interactuar socialmente con los demás; en ese sentido, era bastante horrible, debo decir, y realmente necesitaba aprender a relacionarme con las otras personas. Y esto es lo que le pedí a Serkong Rinpoche que me enseñara; creo que esta es la razón por la que solo me regañaba, me llamaba idiota y en nueve años solo me dio las gracias dos veces. Muy, muy útil, ¿cierto? “¿Crees que eres inteligente? Tú no eres nada”. Y nunca dejó de señalar cuando decía algo o hacía algo estúpido, especialmente frente a mucha gente.

Mi punto es que tienes que ser muy valiente, muy fuerte, para soportar ese tipo de entrenamiento. Y poner de tu propio esfuerzo. Aunque haya una conexión kármica instintiva, debes esforzarte. “Entréname, estoy dispuesto a ser entrenado, dame la oportunidad” y realmente lo haces; de esa manera se establece la relación.

Y dice: ayuda al maestro. Si quieres establecer una relación, ofrécete a ayudar a tu maestro; entrena para ser el traductor del maestro, para transcribir sus enseñanzas o para organizar sus viajes. Así es como te acercas al maestro. Haz algo. No esperes que solo con estar sentado en el público el maestro te verá, vendrá y dirá: “¡Oh, bienvenido!”. Pero tienes que ser totalmente sincero, lo que significa que te has examinado bien como para saber si eres lo suficientemente fuerte como para, como dicen, soportar la relación con el maestro espiritual. Para usar la analogía que conté: ¿eres lo suficientemente fuerte como para montar ese caballo que galopa muy rápido?

En resumen, les digo, no nos ayuda quejarnos de que no tenemos acceso a estos grandes maestros espirituales y decir: “Mira lo que tenemos en nuestra ciudad”. Eso no lleva a ningún lado; si realmente quieren avanzar, deben esforzarse en ello. Miren cuánto esfuerzo hicieron estos grandes maestros para poder caminar desde el Tíbet hasta la India y estudiar con los maestros indios y aprender los idiomas. Somos muy afortunados de no tener que hacer eso.

Si comparo la situación actual del estudio del budismo tibetano con la de hace cincuenta años cuando comencé, es increíblemente más fácil ahora. Solo como ejemplo, no había casi nada disponible para aprender el idioma tibetano; había un libro, que trataba de explicar la gramática tibetana en términos del latín, lo que no tiene ningún sentido; mi profesor en Harvard no tenía idea de cómo se pronunciaba. Cuando fui a la India, tuve que descubrir la estructura del sonido del idioma, como ir a Borneo y trabajar con alguna tribu. Vean cuántos materiales y cuánto hay disponible ahora; cuando empecé había pocas traducciones. Ahora hay mucho disponible; de hecho, nos quejamos de que hay demasiado y ni siquiera sabemos por dónde empezar.

Así que no hay razón para quejarse o sentir pena por nosotros: “Pobre de mí, estoy viviendo en este lugar oscuro”. Moscú no es un lugar tan oscuro ahora. Tienen muchos más maestros que cuando empecé a venir (hacia el final del período soviético). ¡Ánimo! Así que, si quieren hacerlo, simplemente háganlo, si son realmente serios. Y si son realmente serios, los profesores los tomarán en serio.

Las cualidades del maestro espiritual

Hay muchos niveles de maestros espirituales y diferentes listas de cualidades. Para cada nivel superior, se necesitan cualidades adicionales a las del nivel anterior. Las más importantes son:

  • Disciplina ética.
  • Un buen nivel de concentración.
  • Han pacificado en gran medida sus emociones perturbadoras.
  • Tienen un gran entusiasmo por enseñar y alegría al hacerlo.
  • Obviamente, tienen más conocimiento y experiencia que nosotros.
  • Por supuesto, su motivación es sinceramente ayudar al estudiante con amor bondadoso, compasión y demás.
  • No son hipócritas, fingiendo tener cualidades que no tienen, necesitan ser honestos.

Como se dice en muchos textos, encontrar al maestro que tiene todas las cualidades es extremadamente raro, por lo que necesitan tener más cualidades positivas que negativas, al menos, algunas de ellas. Lo más importante es que sea una persona ética, que tenga una motivación sincera para ayudar a los demás, que tenga más conocimiento y experiencia que nosotros y que sea honesto al respecto. Estos son aspectos realmente muy, muy importantes. No son hipócritas.

Con respecto a las cualidades espirituales que estamos buscando en un maestro espiritual, una es que tenga una motivación correcta, la bodichita. Pero, ¿cómo podemos verificar si la persona tiene bodichita cuando aún no la hemos desarrollado nosotros mismos?

Cuando miramos las cualidades, el término que aparece en las listas es el término que significa bondad amorosa (brtse-ba). No enumeran la bodichita como un término en la lista, que se usa en general para un preceptor que da los votos, porque debe ser válido, tanto para los maestros Hinayana, como para los Mahayana. En las cualidades para el maestro Mahayana, el que da los votos del bodisatva, es correcto decir que obviamente necesitan tener la bodichita.

¿Y cómo sabemos acerca de estas cualidades si no las hemos logrado nosotros? La analogía que se utiliza es que quizás no podamos ver un pez en las profundidades del agua, pero sí podemos detectar la presencia del pez por las ondas en la superficie. Entonces, en términos de la bondad amorosa, ¿el profesor está realmente interesado en los diversos alumnos y discípulos? ¿Está preocupado por su bienestar y demás? ¿O simplemente los están explotando para obtener dinero, fama, favores sexuales, etc.? ¿Y en qué está trabajando en términos de la bodichita? ¿Está trabajando para convertirse en un Buda él mismo? ¿Continúa asistiendo a enseñanzas? ¿Continúa haciendo retiros de meditación? ¿O simplemente está tratando de convertirse en el maestro más grande y famoso, con un gran imperio? ¿Realmente está trabajando para beneficiar a otros? Así que los vemos por nosotros mismos en términos de nuestra interacción, preguntamos a otros y evaluamos, usamos el darse cuenta que discrimina. Y recuerden, cualquier tipo de realización (estamos hablando de realización como una cualificación para un mentor espiritual) hay muchos niveles diferentes de eso, y lo evaluamos en términos del efecto que tendría. ¿Qué tipo de transformación ha hecho en esta persona?

Maestros que actúan de manera no ética

¿Qué debo hacer si una persona a la que consideré una de mis maestros durante más de quince años de repente comienza a comportarse de formas extrañas que me parecen inaceptables? ¿Debo usar a esa persona como una fuente de información y seguir leyendo, escuchando y asistiendo a sus conferencias? ¿Debo continuar considerando que esa persona es uno de mis maestros, aunque considere inaceptables algunas de sus acciones?

En muchos textos dice claramente que, si hemos entrado en una relación con un maestro espiritual tal vez prematuramente, sin realmente examinarlo muy bien durante un largo período, y luego encontramos que tiene fallas graves, debemos conservar el respeto por el beneficio que hemos recibido de ese maestro, pero mantenemos una distancia respetuosa.

Y también dice muy claramente en muchos textos que, a lo largo de la relación con el maestro espiritual, nunca perdemos nuestro darse cuenta que discrimina. Si encontramos que el maestro está actuando de una manera extraña, de una manera no ética, debería decir, (podría ser excéntrico, pero digamos de una manera no ética) o el maestro nos pide que hagamos algo que no es ético o impropio, entonces decimos que no, sin ira, ni recriminación (“eres malo”). La alternativa sería decir: “Me ha pedido que haga algo que no es ético o que es irracional ¿Podría explicarme por qué dijo eso? ¿Qué pensamientos hay detrás de eso?”.

Si la persona está actuando de una manera no ética, ¿debemos mantener una distancia?

Si nos pide que actuemos de una manera no ética, o bien dices que no, o pueden preguntar cortésmente, además de no hacerlo (si es algo no ético): “¿Por qué dice eso? ¿Cuál es su razón?”. Si nos pide que hagamos algo que está más allá de nuestra capacidad y que realmente es imposible que hagamos, entonces: “¿Podría explicar por qué me está pidiendo que lo haga? ¿Cuál es su pensamiento?”. Discriminemos.

Les contaré mi experiencia personal con eso. Una vez, Su Santidad el Dalái Lama nos pidió, a mí y a dos Rinpoches con los que estaba haciendo traducciones, la traducción de la enorme enciclopedia de Kongtrul [El Océano del Conocimiento Infinito de Jamgon Kongtrul (Shes-bya kun-khyab)]. Para que sepan, esto fue asumido por el grupo de traducción de Kalu Rinpoche, y han estado trabajando en ello durante los últimos veinticinco años y aún no la han terminado, y hay un enorme grupo de personas –bueno, no enorme-, hay muchas personas trabajando en ello. Así que le preguntamos a Su Santidad muy educadamente: “Muchas gracias, pero esto probablemente nos tomará el resto de nuestras vidas. ¿Podría explicarnos por favor qué piensa, por qué quiere que pasemos el resto de nuestras vidas haciendo esto, traduciendo esta enciclopedia?”. Así, sin volvernos locos, con mucha cortesía. Su Santidad dijo: “Bueno, sí, creo que sería bueno que se tradujera, pero tal vez tengan razón; es demasiado grande para que solo ustedes tres se comprometan”. Así que nos excusó de eso.

Hay otras cosas que Su Santidad me ha pedido que haga, que parecían imposibles, lo que a menudo llamo “misiones imposibles”, pero tengo suficiente confianza en Su Santidad, en que él puede ver causa y efecto y las conexiones que tienen las personas. Recuerdo que una vez dijo: “Quiero que encuentres y me traigas un maestro sufí africano de África Occidental”. Fue increíble, pude encontrar un maestro así casi sin ningún esfuerzo. Poco después conocí a un diplomático alemán que estaba en África, por lo que le pregunté y dijo: “Oh, este amigo mío es el líder sufí de Guinea”, un país en África Occidental, y resultó que estaba en la India por un tratamiento ayurvédico, lo cual sucedió exactamente cuando yo regresaba a la India; él estaría en Delhi al mismo tiempo, así que pude acompañarlo hasta Dharamsala para que conociera a Su Santidad. Entonces, aunque uno podría bromear y decir que fue pura coincidencia, obviamente Su Santidad pudo conocer todas las causas kármicas y lo que eso traería.

Así que uno discrimina entre no traducir esta enciclopedia: “Vamos, eso está un poco más allá de mi habilidad”, y traer a un maestro sufí de África Occidental a Dharamsala para Su Santidad.

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