Evitar los diez tipos de conducta destructiva

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Si queremos desarrollar relaciones más saludables y satisfactorias con los demás, así como mejorar nuestro propio bienestar, tenemos que desarrollar nuestro sentido de la ética. Eso significa abstenerse de conductas dañinas y destructivas y, por el contrario, actuar de manera constructiva y útil. Nos comportamos de forma destructiva cuando actuamos bajo la influencia de emociones perturbadoras, tales como la ira y la codicia. Perdemos nuestra paz mental y nuestro autocontrol, y actuamos compulsivamente nuestros hábitos negativos. A menudo herimos a otros, pero con certeza terminamos haciéndonos daño a nosotros mismos. Actuar de manera destructiva es la causa de nuestra infelicidad a largo plazo. Por otro lado, si ejercitamos el autocontrol basados en discriminar correctamente entre lo que es perjudicial y lo que es útil, y actuamos con amor y compasión, al final tendremos una vida más feliz; seremos amigos confiables de nosotros mismos y de los demás.

Definición de conducta destructiva

Cada sistema ético tiene su lista de conductas destructivas, pero cada uno las define de manera diferente y por ello enlistan acciones distintas. Los sistemas religiosos y civiles se basan en leyes que provienen de una autoridad celestial, un jefe de estado o algún tipo de ley; cuando las desobedecemos, somos culpables y recibimos un castigo, pero si obedecemos somos recompensados, ya sea en el cielo o en esta misma vida, con una sociedad segura. Los sistemas humanitarios se centran en no causar daño a los demás, pero es difícil juzgar lo que es perjudicial o útil para otra persona. Gritarle a alguien puede herir sus sentimientos o puede ayudarle a evitar algún peligro.

El énfasis principal en la ética budista es refrenarnos de la conducta autodestructiva, especialmente actuar de formas que nos perjudiquen a largo plazo. Gritarle a alguien, por ejemplo, al conductor loco que nos rebasa en la carretera, puede hacernos sentir mejor por un momento, pero inquieta nuestra mente y altera nuestra energía; perdemos la paz mental. Cuando convertimos el hecho de gritar en un hábito, no podemos tolerar ningún inconveniente sin enojarnos y esto daña, no sólo nuestra salud, sino también nuestras relaciones con los demás.

Por otro lado, si nuestro comportamiento está motivado por la preocupación por los demás -con amor, compasión y comprensión- de manera natural nos refrenamos de gritar, incluso si automáticamente tenemos ganas de hacerlo; así, somos capaces de amablemente dejar que el otro conductor nos rebase. Esa persona se siente feliz y también nosotros nos beneficiamos: permanecemos tranquilos, con un estado mental pacífico y básicamente feliz. No es que nos sintamos frustrados por reprimir nuestro impulso de gritarle a la persona; por el contrario, dado que vemos que todos somos iguales en el camino, en el sentido de que todos deseamos llegar a nuestro destino lo antes posible, comprendemos que no tiene sentido convertir nuestro traslado en una carrera.

El budismo define la conducta destructiva como actuar compulsivamente bajo la influencia de las emociones perturbadoras y los hábitos negativos. No discriminamos correctamente entre lo que es perjudicial y lo que es útil, ya sea porque sencillamente no sabemos lo que es mejor o porque, aunque lo sepamos, carecemos totalmente de autocontrol. Las principales emociones perturbadoras son la codicia y la ira, además de la ingenuidad acerca de las consecuencias de nuestras formas habituales de actuar, hablar y pensar, cuando están impulsadas compulsivamente por estas emociones problemáticas. Además, dado que carecemos de cualquier sentimiento de autoestima, no nos importa en absoluto la forma en que nos comportamos. Tenemos una actitud de “lo que sea”: nada importa, excepto tal vez cosas superficiales como la ropa que usamos o cómo luce nuestro cabello. Ciertamente no nos importa cómo nuestro comportamiento se refleja en toda nuestra generación, género, raza, nacionalidad, religión o en cualquier grupo con el que nos identifiquemos. Carecemos de autodignidad moral y de autoestima.

La lista tradicional de las diez acciones destructivas

Muchas de las acciones físicas, verbales y mentales son destructivas. El budismo describe diez acciones principales que son las más dañinas. Esto se debe a que casi siempre surgen de emociones perturbadoras, de la insolencia, la falta de vergüenza y el descuido. Provienen de hábitos profundamente arraigados e imperiosos y, como resultado, refuerzan nuestras tendencias negativas. A largo plazo, nuestra conducta destructiva genera una vida infeliz en la que continuamos creándonos problemas a nosotros mismos.

Existen tres tipos de conductas físicas destructivas:

1. Tomar la vida de los demás – desde quitarle la vida a otra persona hasta quitársela al insecto más diminuto. Como resultado, no tenemos ninguna tolerancia a cualquier cosa que nos desagrade; nuestra respuesta inmediata a todo lo que no nos gusta es atacarlo y destruirlo. Con frecuencia nos involucramos en peleas.

2. Tomar lo que no nos han dado – robar, no devolver lo que nos han prestado, usar algo que le pertenece a otra persona sin su permiso, etc. Como resultado, siempre nos sentiremos pobres y víctimas; nadie nos prestará nada; nuestras relaciones con los demás se basarán principalmente en la explotación mutua.

3. Involucrarse en conducta sexual inapropiada – la violación, el adulterio, el incesto, etc. Como resultado, nuestras relaciones sexuales en su mayoría son de corto plazo y, con frecuencia, tanto nosotros como nuestras parejas nos concebimos sólo como objetos; nos sentimos atraídos por cosas que son básicamente sucias.

Existen cuatro tipos de conductas verbales destructivas:

1. Mentir – saber que lo que se dice es falso, engañar a otros y demás. Como resultado, nadie cree ni confía en lo que decimos y nosotros tampoco confiamos en lo que nos dicen; somos incapaces de diferenciar entre la realidad y nuestras mentiras.

2. Usar lenguaje divisorio – decir cosas malas de unas personas a otras con el fin de que se alejen, o para que su enemistad o su distanciamiento empeore. Como resultado, nuestras amistades no duran porque nuestros amigos sospechan que también hablamos mal de ellos a sus espaldas; carecemos de amigos cercanos y nos sentimos aislados y solos.

3. Usar lenguaje ofensivo – decir cosas que hieran los sentimientos de otros. Como resultado, les desagradamos a las personas y nos evitan; incluso cuando pasan tiempo con nosotros, no pueden relajarse y nos responden cosas desagradables, por lo que nos sentimos aún más aislados y solos.

4. Hablar o parlotear sin sentido – perder nuestro tiempo y el de los demás con charla sin sentido, interrumpir a otros con nuestro parloteo ocioso cuando están haciendo algo positivo. Como resultado, nadie nos toma en serio, somos incapaces de mantener nuestra atención en una tarea sin que revisemos nuestros dispositivos manuales a cada instante; no hacemos nada significativo.

Existen tres formas destructivas de pensar:

1. Pensar codiciosamente – a causa de los celos, pensar y planear de forma obsesiva cómo conseguir alguna cosa o cualidad que alguien más tiene o, mejor aún, cómo superarlas. Como resultado, nunca tenemos paz mental ni alegría, porque siempre estamos atormentados con pensamientos negativos acerca de los logros de los demás.

2. Pensar con malicia – pensar y tramar cómo hacerle daño a otra persona o como vengarse de ella por algo que dijo o hizo. Como resultado, nunca nos sentimos seguros ni podemos relajarnos; vivimos con paranoia y miedo constantes, temerosos de que los demás también estén conspirando en nuestra contra.

3. Pensar en forma distorsionada con antagonismo – no sólo es pensar obstinadamente algo contrario a lo que es verdadero y correcto, sino también discutir mentalmente con otras personas que no están de acuerdo con nosotros y menospreciarlos de forma agresiva. Como resultado, nos volvemos aún más intolerantes, completamente cerrados a sugerencias y consejos útiles. De igual manera, nuestro corazón se cierra a los demás porque siempre pensamos sólo en nosotros mismos y en que tenemos la razón. Seguiremos siendo ignorantes y tontos.

Independientemente de nuestros antecedes religiosos o creencias, refrenarnos de estas diez conductas es apropiado para cualquiera que desee llevar una vida más feliz.

Diez categorías más amplias de conductas destructivas

Las diez acciones destructivas sugieren diez categorías más amplias de conductas que necesitamos evitar. Necesitamos pensar en nuestra conducta y en sus consecuencias de la forma más amplia posible. He aquí algunos ejemplos para pensar en ello, pero estoy seguro que cada uno de nosotros puede profundizar en esta lista.

1. Tomar la vida de los demás – golpear o tratar bruscamente a las personas; hacer caso omiso de ayudar a alguien que necesita apoyo para realizar una tarea física; caminar demasiado rápido cuando vamos con una persona enferma o de edad avanzada; causar cualquier tipo de daño físico, incluyendo contaminar el medio ambiente y fumar cerca de no fumadores, especialmente niños.

2. Tomar lo que no nos han dado – descargar ilegalmente material de internet, plagiar, engañar, evadir impuestos, invadir la privacidad de los demás, e incluso tomar un bocado del plato de nuestra pareja o amigo sin preguntarle.

3. Involucrarnos en conducta sexual inapropiada – acosar sexualmente a alguien, hacer caso omiso de las necesidades de nuestra pareja al hacer el amor, mostrar muy poco o demasiado afecto.

4. Mentir: engañar a alguien acerca de nuestros verdaderos sentimientos o intenciones en una relación.

5. Usar lenguaje divisorio – criticar alguna acción positiva o éticamente neutra en la que alguien está involucrado o que está planeando hacer, y desalentarlo para que no la haga.

6. Usar lenguaje ofensivo –gritarles a las personas; hablar en un tono agresivo; hablarle a alguien de forma insensible y crítica cuando se encuentra emocionalmente vulnerable; usar lenguaje obsceno o sarcástico en momentos y con personas inapropiadas.

7. Hablar o parlotear sin sentido traicionar la confianza de otros y revelar sus secretos íntimos; enviar mensajes de texto acerca de cosas triviales, sobre todo a mitad de la noche; publicar en las redes sociales fotografías o comentarios sobre aspectos triviales de nuestra vida diaria; interrumpir a otros sin dejar que terminen lo que están diciendo, y hacer comentarios tontos o decir cosas estúpidas durante conversaciones serias.

8. Pensar codiciosamente – sentir lástima por nosotros mismos al ver fotografías o leer los mensajes en las redes sociales acerca de los emocionantes y maravillosos momentos que otros han tenido, y celosamente pensar lo mucho que nos gustaría ser tan populares y felices. Desear que la persona con la que estamos comiendo en un restaurante nos comparta un bocado o un sorbo de lo que ha pedido.

9. Pensar con malicia – pensar obsesivamente en lo que podríamos haberle dicho a una persona para herirla, después de que nos dijo algo desagradable y cruel que no supimos cómo responder.

10. Pensar en forma distorsionada con antagonismo – tener pensamientos negativos y hostiles acerca de alguien que se ofrece a ayudarnos con algo que sentimos que podemos manejar. Pensar en lo estúpido que es alguien por tratar de mejorar en un aspecto que no es dañino, pero que no consideramos importante o que no nos interesa.

Actuar de forma destructiva hacia nosotros mismos

Las formas en que actuamos hacia nosotros mismos pueden ser tan destructivas como cuando nuestro comportamiento s a los demás. Para llevar vidas más felices, necesitamos reconocer estos patrones negativos y trabajar para corregirlos. Una vez más, las diez formas destructivas de actuar sugieren los tipos de comportamiento que es preciso detener:

1. Tomar la vida de los demás – maltratarnos físicamente con exceso de trabajo, comer mal, no hacer ejercicio o no dormir lo suficiente.

2. Tomar lo que no nos han dado – gastar dinero en cosas triviales o ser tacaños con nosotros mismos, cuando sí podemos pagarlo.

3. Involucrarnos en conducta sexual inapropiada – participar en actos sexuales que puedan poner en peligro nuestra salud, o contaminar nuestra mente con pornografía.

4. Mentir – engañarnos acerca de nuestros sentimientos o nuestra motivación.

5. Usar lenguaje divisorio – hablar de una manera tan molesta (como quejarnos todo el tiempo) que a los demás les resulte tan desagradable estar con nosotros que eviten nuestra compañía.

6. Usar lenguaje ofensivo – abusar verbalmente de nosotros mismos.

7. Hablar o parlotear sin sentido hablar indiscriminadamente sobre nuestros asuntos privados, dudas o preocupaciones; perder horas interminables revisando las redes sociales, jugando videojuegos sin sentido o navegando en el internet.

8. Pensar codiciosamente – al ser perfeccionistas, pensar constantemente en cómo superarnos a nosotros mismos.

9. Pensar con malicia – pensar con culpa en lo horribles que somos y en que no merecemos ser felices.

10. Pensar en forma distorsionada con antagonismo – pensar que somos estúpidos por tratar de mejorar o ayudar a otros.

Cómo enfrentar nuestros patrones destructivos

Cuando pensemos en todos los comportamientos destructivos que hemos tenido en el pasado, es importante que evitemos sentirnos mal con nosotros mismos; de lo contrario, corremos el riesgo de quedar paralizados por la culpa. Más bien, tenemos que reconocer que lo que hicimos fue por ignorancia y por ingenuidad acerca de los efectos de nuestra conducta; fuimos impulsados por nuestras emociones perturbadoras, no porque fuéramos inherentemente malos. Después nos arrepentimos de la forma en que actuamos, lo cual significa desear que no hubiese sucedido, pero nos damos cuenta de que no hay nada que podamos hacer para cambiar ese hecho. Lo que pasó, está en el pasado. Sin embargo, podemos determinarnos a hacer todo lo posible para no repetir tal comportamiento. Luego reafirmamos la dirección positiva que estamos tratando de darle a nuestra vida y nos esforzamos tanto como sea posible por involucrarnos en acciones constructivas, basadas en el amor y la compasión. Esto nos ayudará a desarrollar más hábitos positivos para contrarrestar y, finalmente, superar la fuerza imperiosa de los hábitos negativos.

Así pues, necesitamos ralentizar nuestra respuesta ante los acontecimientos y las personas que nos encontramos, para que podamos aprovechar el espacio libre que existe entre el momento en el que, como resultado del hábito, tenemos ganas de actuar de forma destructiva, y cuando realmente llevamos a cabo la acción. Utilizamos ese momento para discriminar entre lo que será útil y lo que será perjudicial, y después nos refrenamos de hacer, decir o pensar algo destructivo. Como el gran maestro budista indio Shantideva recomendó: “permanece como un bloque de madera”. Sin embargo, esto lo hacemos como resultado del entendimiento, con amor, compasión y respeto, tanto por nosotros mismos como por los demás. No se trata de que nos reprimamos, lo cual sólo nos generaría ansiedad y tensión. Con una mente sabia y compasiva, disipamos la energía negativa que nos habría impulsado a hacer o decir algo de lo que más tarde nos arrepentiríamos. Entonces seremos libres para comportarnos de una manera constructiva, basada en la comprensión y las emociones positivas.

Resumen

Refrenarnos de la conducta destructiva es por nuestro propio bien. Si no deseamos desarrollar o reforzar hábitos negativos que sólo nos harán infelices, si deseamos tener mejores relaciones con los demás, ser de más ayuda a quienquiera que nos encontremos, o meramente tener paz mental, necesitamos hacer un esfuerzo para deshacernos de nuestras formas destructivas de actuar, hablar y pensar. Hacerlo mejorará enormemente la calidad de nuestra vida.

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