La relevancia del budismo en el mundo moderno

¿Es relevante el budismo en nuestra vida moderna? Bueno, en primero lugar es bastante interesante pensar en términos de por qué hablamos de su relevancia en el mundo moderno en comparación con su relevancia en la vida en general. ¿Hay algo de especial en nuestra vida moderna? Ciertamente, hay celulares y otra tecnología – esos fenómenos son diferentes en la vida moderna, comparados con periodos previos de la historia. Tan solo hace quince años no teníamos teléfonos celulares, pero la condición humana en general ha sido la misma a lo largo del tiempo. Las personas han discutido entre sí desde siempre, ¿no es así? Las personas se han sentido infelices y frustradas. Nadie entabla relaciones cercanas con los demás muy fácilmente. De una forma u otra, la vida de todos está llena de preocupaciones, ya sea que estemos preocupados por las dificultades económicas de la era presente, o que estuviéramos preocupados miles de años atrás por una sequía que causó que nuestras cosechas no crecieran. El budismo tiene algo que ofrecer y es relevante en todos los tiempos, no solo en nuestros tiempos.

Video: Gueshe Lhakdor — “¿Qué es el budismo?”
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La ciencia budista, la filosofía budista y la religión budista

Su Santidad el Dalai Lama hace una distinción entre la ciencia budista, la filosofía budista y la religión budista. Dice que la ciencia y la filosofía budistas tienen mucho que ofrecer a todo el mundo. No tenemos que profundizar o estar interesados en la religión budista para beneficiarnos de las enseñanzas y de los entendimientos profundos de la realidad que están disponibles en la ciencia y la filosofía budistas.

La ciencia budista aborda la psicología; es un análisis muy profundo de cómo funciona la mente, cómo funcionan las emociones y cómo funciona la percepción. También tiene mucho que ofrecer en el área de la lógica, y también entendimientos sobre cosmología. La filosofía budista aborda la realidad, cómo entendemos la realidad y cómo deconstruimos nuestras fantasías y proyecciones acerca de la realidad. Estos son aspectos que pueden ser útiles para todo el mundo, sin que tengan que aceptar los aspectos más religiosos del budismo, tales como el renacimiento, la liberación y la iluminación. Además, la meditación es una actividad que puede ser útil para cualquier persona, como una forma de entrenar a nuestra mente y ayudarnos a desarrollar actitudes más beneficiosas hacia la vida.

La relevancia de la psicología y la filosofía budistas

El objetivo principal de la psicología y la filosofía budistas (así como también de los aspectos religiosos del budismo), es eliminar el sufrimiento y la infelicidad. Todos tenemos una gran cantidad de sufrimiento mental y problemas psicológicos debido a dificultades emocionales. Tenemos una gran cantidad de problemas debido a ser irracionales y a no estar en contacto con la realidad. Estas son las cosas que las enseñanzas budistas pueden ayudarnos a superar.

Por supuesto, el budismo como religión habla de superar los problemas en vidas futuras, obtener la liberación del renacimiento y convertirse en un buda iluminado. Pero si lo vemos sólo en términos de la psicología y la filosofía, éstas pueden ayudarnos a disminuir nuestro sufrimiento y nuestros problemas también en esta vida.

La estructura principal de las enseñanzas del Buda es lo que él llamó Las Cuatro Realidades de los Nobles. “Noble” es un término que se refiere a aquellos que han visto la realidad. Son hechos verdaderos sobre la vida que aquellos que han visto la realidad entienden como verdaderos o conocen como verdaderos.

Sufrimiento verdadero: infelicidad, felicidad y compulsión

La primera realidad verdadera es el sufrimiento. ¿Qué es el sufrimiento verdadero? ¿Cuáles son los problemas que todos enfrentamos?

El primer problema es la infelicidad. Puede haber muchas gradaciones de infelicidad. Aun cuando estemos en situaciones placenteras, con una compañía agradable y comida deliciosa, podemos sentirnos infelices. Por otro lado, incluso si tenemos dolor podemos ser felices, sin quejarnos y sin estar molestos ni angustiados por nosotros mismos; podemos estar en paz, aceptar nuestra situación e incluso preocuparnos por no angustiar a nuestra familia. Así pues, la infelicidad es el primer gran problema al que todos nos enfrentamos.

El segundo tipo de problema es un poco inusual, así que la mayoría de la gente no lo ve como un problema: nuestra felicidad ordinaria. ¿Cuál es el problema con nuestra felicidad ordinaria? El problema es que no dura, nunca nos satisface, nunca tenemos suficiente, y cambia. Así, somos felices por un rato y luego, súbitamente, nuestro estado de ánimo cambia y ya no nos sentimos felices; de pronto nos sentimos infelices. Si nuestra felicidad ordinaria fuera realmente felicidad última, cuanto más tuviéramos de algo que nos hace felices, más felices seríamos. Consideren el helado: en teoría, cuanto más helado comiéramos, más felices seríamos. Pero después de cierto punto ya no somos felices comiendo ese helado y, si seguimos comiéndolo, nos sentiremos enfermos. Así que esa felicidad ordinaria que perseguimos también es problemática.

El asunto de la felicidad es un punto muy interesante. A menudo pienso: ¿Qué cantidad de nuestra comida favorita tenemos que comer para disfrutarla? ¿Una probadita sería suficiente? ¿Sería capaz de decir que la he disfrutado y que ya no necesito más? De hecho, lo que he encontrado es que esto no es así. Queremos comer más y más y más. Así que incluso el disfrute es insatisfactorio.

El tercer tipo de situación problemática es nuestra existencia compulsiva. Compulsiva significa que no tenemos control alguno sobre nuestra mente o nuestra conducta. Por ejemplo, cantar compulsivamente alguna canción tonta que ronda en nuestra cabeza – no podemos hacer que se detenga. O tener pensamientos muy negativos de forma compulsiva, preocuparse compulsivamente, hablar compulsivamente todo el tiempo y actuar compulsivamente de formas negativas. De hecho, todo este asunto de la compulsión es a lo que se refiere el budismo con el karma: el karma nos fuerza, sin ningún control, a conductas repetidas. Incluso si es lo que se conoce como “buen comportamiento” compulsivo, como intentar ser perfectos todo el tiempo, nunca estamos satisfechos – de hecho, la compulsión de ser perfectos es sumamente estresante, no es agradable en absoluto.

Entonces, sea destructivo o constructivo, el comportamiento compulsivo no es maravilloso en lo más mínimo. Es muy problemático, especialmente cuando actuamos, hablamos y pensamos compulsivamente con enojo, codicia, apego o celos. Algunas personas están obsesionadas con pensamientos de celos sobre su compañero o compañera – son muy paranoicos y recelosos. Este es un ejemplo muy desagradable de conducta compulsiva. Sería maravilloso que pudiéramos superar este aspecto compulsivo de nuestro pensamiento, habla y conducta.

Buscar dentro de nuestra propia mente la causa verdadera del sufrimiento

Lo que dice el budismo es que necesitamos buscar dentro de nosotros mismos las causas de estos problemas. Es fácil culpar de nuestros problemas a factores externos, por ejemplo, estoy enojado por culpa de la economía, por el clima, por los políticos, etc. En realidad, estas son simplemente condiciones externas para que se manifiesten ciertos hábitos, hábitos que están en nuestro interior, como el hábito de quejarse. Creemos que el problema es externo, pero en realidad el problema es nuestra queja compulsiva. De hecho, realmente no importa lo que pase externamente; los eventos externos son solo la condición para que nos quejemos de ellos.

Uno de los puntos principales en el budismo es que la forma en que experimentamos la vida depende básicamente de nosotros. La vida va a tener altibajos y podemos experimentarlos de forma muy perturbadora o con paz mental. Todo depende realmente de nosotros. Y por eso lo que necesitamos hacer es examinar dentro de nosotros mismos: ¿qué problemas tengo? ¿Qué está causando mis problemas? ¿Qué está causando mi infelicidad? ¿Qué está detrás de mi tipo ordinario de felicidad, detrás de mi compulsión? ¿Cuáles son sus causas?

Lo que dice el budismo es que necesitamos profundizar más y más y más para descubrir la causa verdadera de nuestros problemas. Podemos decir, por ejemplo, “mi problema es mi mal carácter”, pero luego necesitamos preguntarnos: ¿por qué tengo mal carácter? Lo que encontramos es que la causa verdadera de nuestros problemas es la confusión, la confusión acerca de cómo existimos nosotros, cómo existen los demás, cómo todo en el mundo existe; y confusión acerca de todo lo que nos sucede. En lugar de ver la realidad de todas esas cosas, lo que hacemos es proyectar todo tipo de fantasías sobre la realidad.

Proyectar formas imposibles de pensar

Proyectamos formas imposibles de existencia sobre la realidad. Por ejemplo, con respecto a nosotros mismos, pensamos: “siempre debo salirme con la mía. Debería gustarle a todo el mundo. Todo el mundo debería prestarme atención. Lo que tengo que decir y lo que pienso es importante”. Podemos ver ejemplos de esto en el fenómeno del bloguing, los mensajes de texto y las redes sociales. Con estas nuevas tecnologías, la fantasía es: lo que tengo que decir es importante, todo el universo debe escuchar lo que tengo que decir. Acabo de desayunar y seguramente todo el mundo quiere saber lo que desayuné. Y si no son suficientes personas las que le dan “me gusta” a lo que desayuné, el resto del día nos sentimos muy molestos.

Otra falsa proyección es la idea de que siempre deberíamos tener el control. Nos metemos en una situación y pensamos que deberíamos tener todo bajo control. Pensamos: “lo entiendo todo y haré que todo funcione como quiero que funcione. Voy a conseguir que toda la gente de mi oficina haga las cosas exactamente como yo las quiero, que los miembros de mi familia hagan todo lo que yo quiero que hagan”. Eso es absurdo, es imposible (todos lo sabemos), pero está basado en la proyección: “mi manera de hacer las cosas es la manera correcta de hacer las cosas. La manera de todos los demás es incorrecta, no es tan buena como la mía”.

O proyectamos sobre alguien el pensamiento: “debes amarme” o “esta persona es especial”. Creemos que no importa que otras personas puedan amarnos, como nuestros padres o nuestro perro, pero esta persona específica tiene que amarme, y si no nos ama, nos alteramos mucho. Siempre recuerdo este concepto cuando me acuerdo de las grandes colonias de pingüinos que habitan la Antártida. Hay decenas de miles de pingüinos y todos ellos se parecen entre sí, pero desde la perspectiva del pingüino macho, una pingüina hembra en particular se acerca y, de entre las decenas de miles de pingüinos, se apega solo a esa hembra: “esta es la que es absolutamente especial y quiero que me ame”. Esa es una fantasía, una proyección, que este pingüino o este ser humano es más importante que todos los demás, es tan especial y los demás no importan.

Así que nos exageramos a nosotros mismos (“soy tan especial”) o exageramos a otro (“eres tan especial”). O exageramos algo que nos está pasando. Por ejemplo, quizás a nuestro hijo no le está yendo bien en la escuela; sentimos que somos la única persona en el universo que tiene ese problema. O tenemos un dolor en la espalda o nos sentimos estresados. Es como si nadie más tuviera este problema, yo soy el único o la única, y es la cosa más horrible del mundo. O pensamos: “Nadie puede entenderme. Todos los demás son fáciles de entender, pero yo soy especial”.

Exageramos todas esas cosas, lo cual se llama proyectar. Proyectamos sobre ellas algo imposible, y nos lo creemos. Y después nos sentimos inseguros, lo cual prueba que estamos proyectando, que esta proyección no está firmemente basada en la realidad. Nos sentimos inseguros, y entonces tenemos varias estrategias emocionales para intentar hacer que este importante yo se sienta seguro; por ejemplo, este yo que siempre debería salirse con la suya. Cuando no nos salimos con la nuestra, ¿qué hacemos? Nos enojamos, lo rechazamos: “así no es como yo quiero que sea”. O si las cosas salen como nosotros queremos, entonces nos apegamos mucho a ese estado pensando que, si tan solo podemos hacer que todo alrededor de nosotros esté como nos gusta, eso nos hará sentir seguros. O nos volvemos muy avariciosos y apegados: si alguien más se sale con la suya y nosotros no, nos sentimos celosos de lo que la otra persona obtuvo y lo queremos para nosotros. Luego, de forma compulsiva, actuamos esas emociones perturbadoras. Le gritamos a alguien con enojo, o tenemos compulsivamente pensamientos terribles de celos y codicia.

Todo esto se describe como la causa verdadera de nuestros problemas. Somos infelices y ¿qué hacemos? Nos quejamos: “pobre de mí, soy tan infeliz”. Y si somos felices, nunca tenemos suficiente. Estamos apegados a nuestra felicidad y nunca nos sentimos satisfechos; siempre queremos más. Si nos observamos a nosotros mismos, ¿no les parece que algunas veces somos como un perro? Cuando un perro está comiendo, siempre está vigilando alrededor para asegurarse de que ningún otro perro vaya a quitarle su comida. Así, como los perros, los humanos sienten: “estoy teniendo mi felicidad. Tengo las cosas como me gusta que sean, pero quizás alguien venga a quitármelas”. Nos sentimos inseguros.

Es increíble lo que descubrimos cuanto más analizamos y observamos dentro de nosotros mismos. Tenemos pensamientos tales como: “Soy feliz, pero quizás podría ser más feliz. Soy infeliz y durará para siempre. Pobre de mí. Nunca saldré de esta depresión”. Descubrimos que nuestra mente está constantemente girando en torno a la confusión acerca de cómo existimos.

Una forma alternativa de pensar sería, por ejemplo, si tenemos algo, sentirnos satisfechos con eso. Por ejemplo, tengo un reloj. Mi reloj funciona y, si se descompusiera, podría arreglarlo. Podría elegir sentirme satisfecho con lo que tengo, pero en lugar de eso quizás veo el reloj que tiene otra persona y pienso: “vaya, tiene un mejor reloj que el que yo tengo”, y ahí empiezan los problemas. “Oh, mi reloj no es tan bueno como el reloj de ella. ¿Por qué sólo tengo este reloj de baja calidad? ¿Cómo puedo conseguir un reloj mejor? Si la gente me ve con este reloj barato, ¿qué pensarán de mí?”.

Este es un sentimiento muy común – preocupación por lo que van a pensar los demás. Muchos problemas están relacionados con la preocupación por nuestra autoimagen, cómo nos ven los demás. En mi caso, podría pensar que los mejores maestros deberían usar buenos relojes. Pero otra forma de pensar es: Tengo un reloj barato, ¿y qué? Este es el entendimiento profundo que necesitamos intentar generar: ¿y eso qué? ¿Realmente importa qué tipo de reloj use? Mi reloj me dice la hora y eso es lo único que importa.

También es posible tener pensamientos en el otro extremo: en lugar de pensar que debería tener un buen reloj, podría pensar que se supone que soy un maestro budista y, por lo tanto, debería ser humilde. No debería tener cosas caras, porque entonces la gente va a pensar que sólo lo hago por el dinero. Entonces estaría muy orgulloso del hecho de tener un reloj barato y me gustaría que todo el mundo lo viera. Me gustará presumir: “miren qué barato es mi reloj. Soy tan humilde. Soy tan budista”. Y, por supuesto, ese es un estado mental muy perturbado.

Entonces, eso es el sufrimiento. De esto es de lo que habla el budismo: cómo deshacernos de patrones de pensamiento confusos y preocupados. Todo este sufrimiento está basado en nuestras actitudes, particularmente nuestra actitud acerca de nosotros mismos.

Detenciones verdaderas

La tercera Realidad de los Nobles que el Buda vio es que es realmente posible deshacerse de todos esos problemas. Es posible alcanzar una detención verdadera de ellos para que nunca vuelvan a surgir. No se trata sólo de irnos a dormir y no experimentar nuestros problemas mientras estamos dormidos, porque cuando despertamos nuestros problemas están ahí otra vez. No queremos ese tipo de solución temporal.

¿Por qué diríamos que es posible deshacerse de esos problemas para siempre? ¿Es sólo una ilusión o es algo que realmente podría suceder? El budismo dice que es posible deshacerse de todos estos problemas para siempre porque la naturaleza fundamental de la mente es pura, y entonces necesitamos entender qué significa eso. Cuando hablamos de mente en el budismo, no estamos hablando de algún tipo de máquina ubicada en nuestra cabeza que es la que piensa. Estamos hablando de toda la actividad mental; nuestra actividad mental sigue, sigue y sigue. Y la actividad mental implica emociones y percepciones, no solo el pensamiento. El budismo enseña que la actividad mental básica no necesariamente tiene que estar mezclada con la confusión. No tiene que estar mezclada con emociones perturbadoras, como el enojo y demás; eso no es parte de su naturaleza.

Ahora, podría parecer que siempre estamos enojados o confundidos. Mucha gente tiene la experiencia de escuchar una canción en su cabeza una y otra y otra vez. Parece que nunca se detendrá. Tan pronto como nos levantamos en la mañana, ahí está otra vez. Es tonto, pero también es compulsivo. Sin embargo, la canción realmente no es parte de la naturaleza esencial de nuestra actividad mental. Si lo fuera, habría estado ahí desde el momento del nacimiento, durante toda la vida, hasta el momento presente. Pero la actividad mental no existe de esa forma imposible, no es verdad que mi menta tenga siempre esa tonta canción reproduciéndose en ella. Eso es imposible. De hecho, podemos contrarrestar esa canción, por ejemplo, contando nuestra respiración. Esa es una forma muy fácil para, al menos, detenerla temporalmente. Empiecen a contar su respiración hasta once, una y otra vez. Si realmente se enfocan y se concentran en eso, la canción se detendrá. Eso significa que la canción no es una parte intrínseca de nuestra actividad mental.

Contrarrestar las emociones perturbadoras al cambiar nuestra actitud

Lo mismo pasa con las emociones perturbadoras, podemos contrarrestarlas con fuerzas oponentes. Podemos cambiar nuestra actitud. Mediante un cambio de actitud, toda nuestra experiencia cambiará. Podríamos estar tratando de terminar un proyecto en nuestro trabajo y podemos pensar que es muy difícil – tan horrible que nunca seremos capaces de terminarlo. Entonces realmente sufrimos. Por otro lado, podríamos cambiar nuestra actitud y verlo como un desafío. Podríamos pensar: “este es un auténtico desafío, tratar de solucionarlo es una aventura, vamos a ver si puedo hacerlo” – podríamos acercarnos a la tarea como si se tratara de armar un rompecabezas. Consideren cómo nos aproximamos a los juegos electrónicos. Podemos pensar que el juego es demasiado difícil y pensar que nunca podremos jugarlo. O podemos considerarlo algo divertido, pensar en él como una aventura: “trataré de descubrir cómo hacerlo, trataré de dominar este juego”. Y luego, incluso si es difícil, también será divertido. Así que todo depende de cambiar nuestra actitud.

En términos de la confusión acerca de cómo yo existo, cómo existes tú y cómo existe todo lo que me rodea, hay un oponente exacto para eso: en lugar de no saber cómo existen las cosas, sabemos cómo existen verdaderamente las cosas. En lugar de saberlas incorrectamente, las sabemos correctamente.

La forma verdadera de entender la realidad

Saber correctamente cómo existe la realidad es la cuarta Realidad de los Nobles. Por lo general, se le llama camino verdadero, y lo que realmente significa es una verdadera forma de entender. Esa forma verdadera de entender contrarrestará una forma falsa de entender. Una vez que tenemos la certeza de que así es como existen las cosas, nos damos cuenta de que esa otra forma en la que pensábamos que existían las cosas, es imposible, es absurda. Así, con esa certeza, mantenemos el entendimiento correcto.

Por ejemplo, podemos pensar: “soy el centro del universo, soy lo más importante y siempre debería salirme con la mía”. Ese pensamiento es contrarrestado por: “Bueno, ¿realmente quién soy yo? No soy especial. Todos son iguales. ¿Por qué debería ser el único que se sale con la suya?”. Eso tiene mucho sentido, el pensamiento de: “no soy nada especial, soy igual a todos los demás”. ¿Cómo sabemos que esto es verdad? Bueno, si yo fuera el centro del universo, si fuera el único que debería salirse con la suya, todos tendrían que estar de acuerdo con ese principio. Entonces, ¿por qué no están de acuerdo? ¿Acaso son tontos? Y ¿qué hay acerca de la gente que vivió y murió antes de que yo naciera; ellos también deberían pensar que soy el o la más importante? ¿Y por qué solamente yo debería salirme con la mía y ellos no?

Así que analizamos. Esto es muy importante, pensar: la manera en que estoy proyectando y lidiando con el mundo, ¿tiene algún sentido? Y si no tiene ningún sentido, entonces ¿por qué actúo compulsivamente como si fuera verdadero: como si yo siempre debiera salirme con la mía, como si siempre debiera tener el control de lo que sucede a mi alrededor? Es solo como darnos cabezazos contra la pared. Y entonces, cuando nos descubrimos actuando de esa forma, intentamos darnos cuenta de ello. Y tan pronto como nos demos cuenta, podemos decirnos a nosotros mismos: “eso es ridículo”, y entonces simplemente detenerlo, no llevarlo a cabo. Cuando la conducta es compulsiva, es porque no nos damos cuenta de lo que está sucediendo.

Por supuesto, no es fácil dejar de pensar de cierta manera. Pero, al igual que con el ejemplo de la canción que da vueltas repetidamente en nuestra cabeza, podemos contrarrestar la conducta mental negativa o, al menos, detenerla temporalmente, contando nuestra respiración. También podemos utilizar la respiración con la preocupación compulsiva, los pensamientos compulsivos y entender de manera muy profunda la verdadera causa de nuestro problema; podríamos al menos impedir que nuestro pensamiento negativo continúe y, en lugar de ello, contar nuestra respiración. En otras palabras, podemos tranquilizarnos. Podemos tomarnos un pequeño descanso en términos de este ajetreo de la preocupación, el estrés de pensar: “¿por qué esta situación no sale como yo quiero que salga?”. Después de un receso mental, estaremos un poco más calmados y entonces podemos preguntarnos: “¿por qué espero que todo salga como yo quiero? ¿Acaso soy Dios?”.

Otro buen ejemplo de pensamiento ilógico es la creencia de que deberíamos caerle bien a todo el mundo. El antídoto para eso es: incluso en la época del Buda, no a todo el mundo le agradaba el Buda, ¿por qué esperamos gustarle a todo el mundo? Eso nos ayuda a ser un poco más realistas. Hay algunos hechos muy básicos en la vida, uno de los cuales es que no podemos complacer a todo el mundo. Quizás nos gustaría complacer a todo el mundo, pero, desafortunadamente, no es posible. El que los complazcamos o no depende de ellos – depende de su actitud, la cual no podemos controlar. Esa es una comprensión muy poderosa: que las personas sean receptivas a nosotros o no es el resultado de muchas causas y muchas condiciones. Su reacción hacia nosotros no solo depende de nuestras acciones. Hacemos lo mejor que podemos, por supuesto, pero no esperamos lo imposible. Tratamos de hacerlo bien, tratamos de comportarnos bien, pero nadie es perfecto. El Buda es perfecto, nosotros no somos un buda.

El entendimiento verdadero y el camino verdadero significa deconstruir y tratar de contrarrestar nuestra confusión con la claridad de entender cómo existimos nosotros, cómo existes tú, cómo existe todo el mundo, cómo existe todo.

Cómo responder ante un congestionamiento vehicular

Usemos un ejemplo de nuestra vida moderna. Quizás estamos atascados en el tráfico, lo cual está causando que lleguemos tarde a una cita, y estamos experimentando esa situación con infelicidad. Tenemos compulsivamente pensamientos negativos repletos de impaciencia y enojo. Esta es una situación en la que no tenemos que creer en el renacimiento para manejar nuestros pensamientos; los entendimientos profundos básicos de la ciencia y la filosofía budistas pueden ayudarnos en esta situación. Podemos analizar la situación: ¿Qué está sucediendo? Voy tarde y me siento infeliz. Podríamos simplemente decir: “Me siento infeliz, ¿y eso qué?” y dejarlo ahí. Pero en lugar de aceptar el hecho de que nos sentimos infelices, nos enfocamos en esa infelicidad y nos obsesionamos con ella; proyectamos que durará para siempre. La imagen que se utiliza en el budismo es que somos como una persona sedienta, anhelando el agua, como si estuviéramos muriendo de sed. La infelicidad que experimentamos es como estar increíblemente sedientos y sentir “¡debo tomar agua!”. En la situación del tráfico, pensamos: “Debo absolutamente salir de esta situación, y no puedo esperar a liberarme de esta infelicidad y frustración”. Eso es similar a la persona sedienta que piensa: “No puedo esperar a beber un sorbo de agua”.

Es interesante que esta imagen de la sed también se utiliza cuando nos sentimos felices. No queremos que nuestra felicidad termine y nos aferramos a ella con fuerza. Imaginen cómo es cuando estamos terriblemente sedientos y tomamos el primer sorbo de agua. ¿Cuál es la actitud? Estamos tan sedientos que no queremos sólo un sorbo de agua; queremos más y más, queremos beber y beber y beber. Es muy interesante analizar este asunto en nosotros mismos. ¿Estoy simplemente sediento de felicidad? Todos queremos ser felices. Nadie quiere ser infeliz. Este es un principio general que se acepta en el budismo y no hay nada de malo en eso. Pero ¿nuestra actitud hacia obtener felicidad es como la de alguien que está muriéndose de sed? ¿Estamos sedientos de felicidad? Y cuando obtenemos un poco, ¿nos sentimos estresados? Pensamos: “¡no te la lleves! ¡no puedo perder esta sensación de felicidad!”. Y si perdemos esa felicidad, pensamos: “¡no puedo soportarlo! ¡Necesito encontrar felicidad otra vez!”. La tercera posibilidad es la neutralidad: “no estoy sediento ahora, pero me preocupa que quizás me dé sed más tarde”, y entonces siempre llevamos una botella de agua a todos lados, porque nos preocupa la posibilidad de estar sedientos en el futuro. Incluso cuando no estamos particularmente felices ni particularmente infelices, aun así, tenemos miedo de que seremos muy infelices en el futuro.

Lidiar con nuestra propia infelicidad

Estar atrapados en el tráfico y sentirnos frustrados es similar a enfocarnos en la infelicidad. Estamos atorados en el tráfico y, como una persona sedienta, pensamos ansiosamente: “Debo salir de esta situación. Debo salir de este estado mental infeliz en el que estoy”. Estamos obsesionados con esa infelicidad y pensamos que durará para siempre.

Así que, en la difícil situación de estar atrapados en el lento tráfico y sentirnos frustrados, en lo primero en lo que nos enfocamos es en lo infelices que somos: “Pobre de mí, llegaré tarde. Pobre de mí, no puedo soportar estar atrapado en el tráfico. Debo salirme con la mía. No puedo tolerar no tener el control de esta situación. Quiero tener el control, manejar tan rápido como sea posible”. Lo segundo en lo que nos estamos enfocando es en el tráfico mismo, como si fuera a durar para siempre: “Este tráfico nunca terminará. Estaré atrapado aquí todo el día”. Cuando no tenemos el control, no podemos tolerarlo.

Lo que está sucediendo aquí es una completa obsesión con una proyección – una proyección acerca de la infelicidad que estamos sintiendo, una proyección acerca del tráfico y una proyección acerca de . Lo que necesitamos hacer es deconstruir esas tres proyecciones, y para ello utilizamos los principios generales de la filosofía budista, los cuales son sumamente útiles. Las enseñanzas budistas dicen que la felicidad y la infelicidad tienen altibajos. Nuestros estados de ánimo cambian constantemente. Si sabemos y aceptamos que todas las situaciones cambian, entonces podemos pensar: “Así que ahora me siento infeliz. No es nada especial. No durará para siempre”.

Que nos sintamos felices o infelices surge debido a causas y condiciones. Un gran maestro budista de la India, Shantideva, nos dio un consejo muy útil: Si hay una situación que puedes cambiar, ¿por qué preocuparse? Solo cámbiala. Y si hay una situación que no puedes cambiar, ¿por qué preocuparse? Preocuparse no ayudará.

Así, al utilizar este principio, podemos pensar: “No puedo correr a través de este tráfico. Estoy atrapado aquí. No puedo cambiarlo, así que simplemente necesito aceptar la realidad de este hecho”. Aceptar la realidad es algo con lo que la mayoría de nosotros tenemos gran dificultad. ¿Hay algo que podamos hacer acerca de la situación? Bueno, si tengo un teléfono celular, puedo llamar a la persona con la que tengo la cita y decirle: “Lo siento, estoy atrapado en el tráfico, llegaré tarde”. Que esa persona se sienta decepcionada o no es su problema. A pesar de que eso suena un poco duro, de hecho, es verdad. La realidad es que estamos atrapados, llegaremos tarde y no tenemos control sobre cómo reacciona la otra persona.

En esta situación necesitamos tener cuidado de no sentirnos culpables – sentirnos mal por faltar a la cita, sentir que estamos decepcionando a nuestro amigo o a la persona que nos está esperando. Eso es culpa. Hay un pensamiento erróneo aquí, el cual es el pensamiento de que podríamos haber sido capaces de prevenir esto; es mi culpa que haya mucho tráfico en el camino. Claramente, eso es ridículo – ¿cómo podría el tráfico ser mi culpa? Es verdad que podría haber salido antes, pero aun así podría haber sucedido un accidente en el camino; podría haber llegado tarde aun cuando hubiera salido temprano. No tenemos el control de todo, y no todo lo que sucede en el universo es culpa nuestra. Así que, en lugar de ello, podemos pensar: “No me siento feliz de llegar tarde, pero no es mi culpa, y haré lo posible para llegar tan pronto como pueda, dependiendo del tráfico”. Podemos deconstruir la infelicidad que sentimos de estar atrapados en el tráfico; podríamos escuchar algo de música, podríamos disfrutarnos a nosotros mismos mientras estamos ahí. Si estamos atrapados, podemos sacar el mejor provecho de ello.

Pensar acerca del tráfico

A continuación, necesitamos deconstruir el tráfico. La forma en la que consideramos al tráfico es pensar que es horrible, que es la peor situación del mundo. Por supuesto, pensamos que durará para siempre, pensamos que nunca saldremos de él y que nunca llegaremos a nuestro destino. Así que podemos analizar la situación: este tráfico surge de muchas, muchas causas. Cualquier cosa que surge de causas es dependiente de causas y condiciones y, por lo tanto, cambiará – no puede durar. Cuando cambien las diversas condiciones de las que depende, la situación misma cambiará.

Digamos que hubo un accidente en el camino. Esa es una de las condiciones que está ocasionando el tráfico. Con el tiempo, el accidente se despejará del camino, las personas heridas serán llevadas al hospital, los vehículos de emergencia se retirarán y el tráfico empezará a circular de nuevo. Las condiciones del congestionamiento vehicular (los automóviles que chocaron, los vehículos de la policía y las ambulancias) se habrán ido. Con un cambio en las condiciones que causaban el congestionamiento vehicular, el congestionamiento mismo cambiará – el problema de tráfico terminará. Así, utilizando este análisis podemos ver que el tráfico ya no es una cosa terriblemente monstruosa. Es muy, muy importante ver todo en el contexto más amplio de las causas y condiciones que lo afectan, en lugar de ver solo la situación como si existiera por sí misma –como si el “tráfico” estuviera establecido por sí mismo, simplemente sentado ahí, totalmente desconectado de cualquier causa o condición.

Ampliar nuestro enfoque para incluir a los demás

Así, al utilizar la filosofía budista podemos tener una actitud más realista acerca del tráfico. Y entonces podemos deconstruir nuestra actitud hacia nosotros mismos en este tráfico. Podemos ver que estamos obsesionados con el “pobre de mí” y “no puedo llegar a donde quiero a tiempo”. Pero si observamos la realidad, podemos ver que no somos los únicos atrapados en el tráfico. Hay personas en automóviles alrededor de nosotros, y todos quieren llegar a donde sea que vayan. No somos los únicos. Podemos observar a las personas que están en los automóviles que nos rodean – a la izquierda, a la derecha, enfrente y atrás – y si vemos que están muy molestos y enojados, eso nos puede ayudar a desarrollar compasión, la cual es el deseo de que se liberen de tener un momento tan difícil emocionalmente, y también el deseo de que no estén atrapados en el tráfico.

Cuando nos enfocamos solo en nosotros mismos, el rango de pensamiento es sumamente pequeño. Cuando nuestros pensamientos se centran solo en nosotros, nuestra mente se vuelve muy apretada. Nos aferramos firmemente al “pobre de mí”. Todo dentro de nosotros, toda nuestra energía está atada con fuerza. Mientras que, si pensamos en términos más amplios de todas las personas que nos rodean que también están atoradas en el tráfico, entonces toda la energía de nuestra mente es mucho más amplia y, debido a que el rango de pensamiento es tan amplio y expansivo, nuestra mente está mucho más relajada. Dado que parte del sufrimiento de nuestra infelicidad es aferrarnos a ello con tanta fuerza, con una perspectiva tan pequeña de nosotros mismos, si podemos ampliar nuestro pensamiento, esa es una forma efectiva de superar la infelicidad que sentimos. Todo nuestro estado mental es más placentero, más relajado; no sufrimos tanto. Eso no cambia el hecho de que llegaremos tarde a nuestra cita – no hay nada que podamos hacer al respecto, pero sí podemos hacer algo acerca de la forma en la que experimentamos el hecho de estar atrapados en el tráfico.

Conclusión: Utilizar el budismo para analizar y cambiar nuestro pensamiento

Esa es la relevancia del budismo, no solo en la vida moderna, sino en toda la vida. Tratamos de prestar atención a nuestras emociones, a nuestras actitudes y a las proyecciones que estamos haciendo, las cuales son las bases para las actitudes. Analizamos la compulsividad de nuestro pensamiento, de nuestra habla, de nuestro actuar. Esa compulsividad es producida por las proyecciones que estamos haciendo, y tratamos de aplicar métodos de deconstrucción para ver con más claridad la realidad de lo que está sucediendo. De esta forma, la ciencia y la filosofía budistas son relevantes en la vida cotidiana para disminuir el sufrimiento que nos causamos a nosotros mismos. Mientras experimentamos los altibajos de ser felices y luego ser infelices en nuestra vida cotidiana, tratamos de no ser como una persona sedienta. Cuando somos felices, lo disfrutamos mientras lo somos, porque no durará, pero no hacemos un escándalo por ello, simplemente lo disfrutamos por lo que es. Y si nos sentimos infelices, recordamos que todos son infelices algunas veces – es bastante normal. Simplemente seguimos haciendo lo que sea que necesitemos hacer, y de esta forma vamos por la vida sin exagerar la importancia de nada de lo que suceda. En otras palabras, evitamos exagerar las situaciones con nuestras propias proyecciones. De esta forma, la vida se vuelve muy gozosa, porque no estamos totalmente preocupados con el “yo” y con lo que queremos, entonces podemos ver el gozo en todas las pequeñas cosas cotidianas de la vida.

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