De la renuncia a la compasión

La renuncia y la compasión son la misma actitud, una determinación de liberarse del sufrimiento y de sus causas, solo que enfocada en nosotros mismos en el primer caso y en los demás en el segundo. Cuando conocemos todos los detalles para generar la renuncia – las causas, los factores mentales acompañantes, los entendimientos y demás – somos capaces de desarrollar compasión de la forma más plena.
Otros idiomas

Esta noche vamos a hablar acerca de la renuncia y la compasión. Pero estos dos son dos estados mentales muy importantes de cultivar a medida que vamos avanzando y que tenemos interés en continuar avanzando a lo largo del sendero budista. De lo que quisiera hablar con ustedes esta noche, es alguno de los asuntos que vienen involucrados en la generación de estos dos estados mentales. Y en particular porque estos dos temas están muy relacionados el uno con el otro. De hecho, en cuanto a estados mentales son muy similares, nada más que están dirigidos hacia un objetivo distinto.

Como posiblemente todos ustedes sepan, el interés fundamental de las enseñanzas budistas es ayudarnos a liberarnos de nuestro sufrimiento y nuestros problemas. Y el método para deshacernos de nuestros problemas es en primer lugar descubrir sus verdaderas causas y deshacernos de dichas causas para que de esta forma ya no produzcan más sufrimiento. Esto se basa sobre el cultivo de la convicción de que, al erradicar las causas que causan el sufrimiento, estas no recurrirán jamás. Y para lograr esto plenamente se necesita generar un estado mental, o un nivel de entendimiento que contrarreste por completo las causas que nos producen dicho sufrimiento, y esta medida contraria, digo, perdón, esta causa fundamental siendo nuestra falta de entendimiento.

Esta es la enseñanza de las cuatro verdades nobles, es la primera y la más básica de las enseñanzas que el Buda nos dio. Entonces cuando vemos a estos dos temas, tanto la renuncia como la compasión, ambos están enfocados hacia el sufrimiento. Y en ambos casos con el deseo de que dicho sufrimiento desaparezca. La principal diferencia radica en que, en el caso de la renuncia, nuestro enfoque es hacia nuestro propio sufrimiento, mientras que en el caso de la compasión estamos enfocados en el sufrimiento de los demás. Y en este sentido entonces, es que el estado mental de ambas es muy similar, ¿no es así? Pero la pregunta entonces que nos hacemos, bueno, pero la emoción subyacente a este estado mental, ¿es realmente la misma o no? Y, ¿cómo en todo caso llegamos o evolucionamos de una a la otra?

Verán ustedes, este término “renuncia” es el que se usa tanto en inglés, como en prácticamente todas las lenguas en que se enseña el Darma en occidente, realmente nos preguntamos si es la traducción adecuada del término original. Uno se pregunta si no fue este un concepto de los típicamente acuñados por misioneros que, desde luego, tenían un esquema mental, pues bastante diferente al budista. Porque básicamente la palabra renuncia evoca en nuestra mente algo como “deja todo porque básicamente todo es malo”. Como que trae esta connotación. Y vete, deja todo, y vete a vivir a un monasterio o a una cueva. Y tanto en sánscrito como en tibetano, esto no tiene nada que ver con la connotación de este término. El término en particular, si me refiero a la palabra tibetana, se refiere a una determinación, a estar totalmente determinado, firmemente determinado. Y en particular se aplica a estar completamente determinado a liberarnos del sufrimiento, precisamente, que es lo que buscamos con el seguimiento del camino.

Entonces, desde luego, la determinación de liberarnos del sufrimiento trae consigo aparejada la determinación de soltar, tanto el sufrimiento, como soltar las causas del sufrimiento. Así que sí tiene esa connotación de soltar algo, dejar algo. Porque uno se da cuenta de que está uno enfocado en este dejar algo, está uno enfocado, ya sea en un sufrimiento, o en alguna causa del sufrimiento. No es que esté nada más enfocado a la nada. Y mediante el reconocer que esto es un sufrimiento, y que tiene causas de sufrimiento que obedece a ciertas causas, entonces es que quiero soltar esto. Me determino a trabajar para liberarme de esto. “Quiero que se quite”, “quiero que se vaya este sufrimiento”, en lugar de utilizar una forma más neutra de usar el término. Y el deseo de que este sufrimiento y sus causas desaparezcan, o se quiten, es el mismo tanto si está enfocado en nuestro propio sufrimiento, “renuncia”, o en el sufrimiento de los demás, “compasión”.

Así que una cosa que es importante para empezar es tener claridad de en qué nos estamos enfocando, y entonces preguntarnos ¿qué es sufrimiento?, ¿cuáles son las causas del sufrimiento? Y a continuación reconocer los diversos factores mentales que se encuentran involucrados aquí. Tsongkapa, en su carta “Una carta de consejos para la práctica del sutra y el tantra”, nos explica de manera muy precisa, muy detallada, qué es lo que se necesita para poder meditar correctamente. Meditar significa familiarizar, o habituar a nuestra mente con un cierto estado mental. O con un cierto objeto. Aquí estamos hablando de un estado mental.

Y para podernos familiarizar con dicho estado mental, necesitamos conocer todas las especificaciones de dicho estado mental. Necesitamos, por ejemplo:

  • Saber en qué está enfocado. En este caso está enfocado en el sufrimiento y en sus causas.
  • Y necesitamos saber cómo la mente se relaciona con dicho objeto. El término técnico que se utiliza para esto es “cómo la mente toma a su objeto”. Entonces, la manera en que la mente toma a su objeto, es con el deseo de que desaparezca. No es solamente la cuestión de enfocarnos en el objeto y quedarnos viéndolo o contemplándolo, sino es con el estado mental de desear que desaparezca.

En cualquier estado mental también hay todo un conjunto numeroso de factores mentales que acompañan a dicho estado mental. Si conocemos todos estos factores mentales, entonces nos es posible generar el tipo de estado mental que se nos especifica en este caso específico. Tsongkapa también especifica muchísimas otras cosas que se necesitan cultivar para poder generar el estado mental que estamos buscando, no sé si me dará tiempo de revisar todos estos puntos.

Necesitamos conocer todos los estados mentales en que se basa el estado mental que estamos deseando cultivar, en otras palabras, necesitamos tener información acerca de todos los estados mentales que se necesitan haber cultivado previamente como soporte o sustento para poder cultivar el que ahora deseamos cultivar.

Como conocer, por ejemplo, qué tipo de estados mentales favorecerán o serán útiles para la generación del estado mental que deseamos cultivar, y cuáles serán contrarios, en este caso, por ejemplo, el tener previamente el estado mental del amor, esto favorece lo que deseamos cultivar, mientras que tener el estado mental del odio o el repudio genera lo contrario; obstaculiza.

También necesitamos conocer cuál será el propósito, el uso o el beneficio de tener dicho estado mental, una vez que lo lográsemos cultivar. O sea, en otras palabras, que entendamos cuál es la función que cumplirá el cultivar cierto estado mental. En este caso particular con la renuncia, lograremos liberarnos de nuestro propio sufrimiento, y con la compasión lograremos ayudar a los demás.

Y desde luego algo que no mencioné explícitamente, pero que me parece obvio, es que todo esto se basa en que previamente hicimos una buena observación de nuestros propios sufrimientos, hicimos una buena observación de los sufrimientos de los demás.

Aunque esto pudiera parecer en un momento dado como muchos detalles técnicos, de hecho es increíblemente útil. Porque veamos, si nos acercamos a las enseñanzas budistas o para el caso, a cualquier otro tipo de enseñanza espiritual, y digamos que deseamos o tenemos ideas como “yo deseo cultivar el amor, la compasión”, bueno, eso está muy bien pero ¿cómo hacemos eso? ¿Cómo se logra eso? No sabemos exactamente qué quiere decir amor o compasión, y entonces en muchas ocasiones cuando esto nos sucede, nada más estamos ahí sentados. Y muy probablemente tendremos cada uno de nosotros nuestra propia idea acerca de qué es el amor y la compasión, pero por lo general estas ideas suelen ser algo muy vago. Entonces, si tenemos una idea muy vaga de qué es lo que deseamos alcanzar, lo más probable es que después de nuestro entrenamiento, en el mejor de los casos, lleguemos a tener un sentimiento muy vago de lo que quisimos cultivar, y lo más probable es que esto tenga nada o muy poco que ver con lo que el mundo budista plantea como el cultivo efectivo de estas dos virtudes: amor y compasión.

Porque aunque el mundo budista suele considerarse dentro de lo que en el mundo se llama “el desarrollo del mundo espiritual”, y “valores espirituales”, etcétera, esto no quiere decir que esté desprovisto de un trabajo de total precisión, como de un trabajo de desarrollo científico con definiciones, objetivos claros y precisos que desarrollan estados mentales precisos y específicos, puesto que nuestra mente es una cosa que –dice Alex, iba a decir una máquina, desde luego no es una máquina—, pero es una cosa que es sumamente precisa y como tal necesitamos tratarla.

Algunos de nosotros puede que no seamos personas orientadas hacia lo científico, o hacia lo racional, y que seamos tal vez personas más intuitivas. Y, en este sentido, trabajamos más desde nuestro aspecto emocional, o con nuestras emociones. Pero hasta en este terreno, si observamos con atención cómo opera la intuición, la única intuición que consideramos como buena o significativa, una buena intuición es sumamente precisa. Una intuición vaga no nos deja satisfechos para nada. Así que, independientemente del tipo de personalidad que tengamos cada uno de nosotros, la precisión sigue siendo un elemento importante.

¿Cuáles son entonces los factores mentales que acompañan a la renuncia y a la compasión? En otras palabras lo que quiero es hacerles una descripción pero lo más precisa posible, o pintarles una descripción lo más precisa posible de estos estados mentales que se buscan cultivar. En otras palabras, ¿qué es a lo que se refiere con mayor exactitud aquello de lo que tanto se habla en el terreno budista? Y desde luego la pregunta importante es, aunque sea yo capaz de describir estos estados mentales con suficiente precisión, la pregunta queda de ¿cómo seré capaz de sentirlos o experimentarlos? ¿Cómo puedo saber que lo que estoy sintiendo es realmente aquello que se busca?

Entonces si tenemos una cierta idea, o una idea más precisa de qué son los elementos que dicho estado mental contiene, o de los que está compuesto, entonces esto nos da elementos de comparación con lo que estamos sintiendo en este momento, contra lo que está descrito que debiese contener. Y entonces podemos a continuación deconstruir al observar nuestro propio sentimiento, nuestro propio estado mental, deconstruirlo en sus diferentes partes. Comparar contra la descripción que se hace, ver cuáles son los puntos o aspectos de ese estado mental que están débiles o no suficientes, y entonces trabajar o aplicar metodologías para fortalecer estos y completar el cuadro de los factores que componen dicho estado mental. Analizar y entender nuestros sentimientos no es una cosa que quite nuestros sentimientos, sino que es más bien una metodología que nos permite entenderlos mejor, aplicarlos de una mejor manera y ser más eficientes en el manejo de ellos, que esto es algo compartido desde luego por la psicoterapia.

Entonces, ¿cuál es la emoción dominante que está presente tanto en la renuncia como en la compasión? Es un término tibetano que no es fácil traducir a la lengua occidental, pero haciendo un intento de esto, es como estar “hartos de algo”, “ya basta”, “suficiente”, “ya quedamos hartos de algo”. En muchas ocasiones se ha traducido, se suele traducir así al inglés y yo mismo (dice Alex) lo he traducido también en varias ocasiones de esta manera, con la palabra “asco”. “Quedar asqueado”, no sólo harto, sino asqueado de las situaciones, pero pensándolo yo mismo con una segunda reflexión, me parece que es una traducción o un término elegido demasiado fuerte porque la implicación de estar asqueado de algo fácilmente nos empuja, nos inclina hacia el lado de las emociones perturbadas. Así que me parece que es más neutro, no tan extremo “Suficiente. Basta. Suficiente de este sufrimiento, tanto para mí, suficiente de tanto sufrimiento para los demás”. Entonces tiene un componente mental de total decisión, o de determinación: “¡Suficiente!”.

Sí, me parece que esto todos lo hemos experimentado o vivido en nuestra vida cotidiana ¿no? Todos tenemos algún problema o cierto nivel de problemas y desde luego no nos gusta este problema o este sufrimiento que tenemos. Desde luego nos queremos deshacer de él, queremos que desaparezca, pero de alguna manera no hacemos nada al respecto. El problema, el sufrimiento, continúa y continúa hasta que llega un punto que decimos: “Suficiente. Hasta aquí llegó. ¡Basta!”. Este es el componente, el tono emocional primordial en esta situación.

Otro factor mental que acompaña este estado mental que deseamos cultivar es lo que yo llamo “la creencia en un hecho”. Con mucha frecuencia se suele traducir este término como “fe”, pero me parece una traducción muy inadecuada. Es la creencia en un hecho. Está enfocado en algo que es verdad, y luego cree que es verdad. Y existen tres tipos de este factor. Así que no estamos hablando para nada de creer en el conejito de pascua, o cosas por el estilo.

El primero es el que llamamos “creencia en el hecho, basada en la razón”. Entonces estamos enfocados en el sufrimiento. Y enfocándonos en el sufrimiento, realmente creemos que eso es sufrimiento, y que hay una causa para dicho sufrimiento. Y adicionalmente a esto hay la creencia confiada, o la creencia convencida de que dicho sufrimiento puede ser eliminado, y que puede ser eliminado para siempre.

Este último es un componente muy importante. Porque si este elemento está faltando, todo el tono emocional es completamente diferente. Entonces, veamos la diferencia en estado mental ¿no? Pensemos que tenemos un problema. Cualquier problema de que se trate, ¿no? Y bueno, en primer lugar, si lo vemos como problema, si entendemos o medio entendemos que proviene de causas o hasta tal vez podemos medio ver cuáles son las causas de dicho problema. Sí queremos que desaparezca, sí queremos que ya no exista el problema, e incluso es posible que llegue el punto, el momento en que digamos “¡Ya basta!, ¡ya no quiero más!, ya no aguanto” ¿no? Pero sin embargo, nos falta la otra parte. En el fondo pensamos que no es posible deshacerse de ese problema. Entonces si de veras creemos que no es posible deshacerse de ese problema, no solo el estado mental es completamente diferente sino que entonces tenemos que recurrir a cosas como aguantarnos, como aprender a vivir con ello, como sentirnos derrotados, u otro tipo de estados mentales que son muy diferentes de los que estamos buscando generar. Porque si tenemos ese estado mental de que “no hay nada que se pueda hacer al respecto”, si realmente creemos que no hay nada que se pueda hacer al respecto, pues esto es justamente el preámbulo de la depresión, ¿no? O de una gran frustración. De que, aunque realmente queramos deshacernos del problema, no hay manera posible de deshacerse de él.

Y nuestra convicción de que sí es posible deshacerse del problema y que además es posible deshacerse del problema para siempre, necesita estar basada o fundamentada en la razón para que verdaderamente nos lo creamos, y que entendamos cómo va a poder trabajar. Entender racionalmente la situación, si no de otra manera, ¿cómo va a trabajar este proceso? Entonces esto nos da esperanza, la esperanza nos da fuerza, y la fuerza es un elemento sumamente importante para de verdad lograr liberarnos del problema. De otra manera nos sentimos desamparados. Entonces esta es la creencia en un hecho, basada en la razón.

El segundo aspecto de esta creencia en un hecho, es el que se llama “la creencia de claridad mental”. No es de claridad mental, perdón. Es “que limpia la mente”, es “que aclara la mente”. Nos ayuda a soltarnos de confusiones. Con este estado mental lo que sucede es que aclara a mi mente de estados mentales negativos. Aclara a mi mente de la depresión. Aclara a mi mente de la duda. Aclara a mi mente de un sentimiento de que no hay nada que se puede hacer. Aclara nuestra mente de sentirnos asustados o temerosos. Cuando estamos muy llenos de problemas, llega el momento en que nos llenamos de miedo o de pánico de decir “¡esto va a durar para siempre!”. Tengo incluso, o llega un momento en que tengo miedo incluso de hacer cualquier cosa porque pienso que a lo mejor si hago lo que sea, nomás voy a empeorar la situación.

Hay múltiples ejemplos de esto y estoy seguro que todos tenemos nuestros propios ejemplos. Pero con toda seguridad nos ha tocado ver, ya sea en nosotros mismos o en otros, una situación como la siguiente: estamos involucrados en una relación terrible, dañina, de abuso, de maltrato, una relación terrible, que quisiéramos salirnos de esa relación por lo mal que está la cosa, pero por otro lado nos paraliza el miedo porque pensamos que si nos salimos de esa relación, a lo mejor las cosas van a estar todavía peor. Pero aquí tenemos una confianza, una creencia con confianza de que, por un lado, nos podemos deshacer del problema, y que, además una vez deshaciéndonos de dicho problema, las cosas van a estar mejor.

También, algo de lo que nos liberamos con esta actitud es de la exageración de la negatividad del sufrimiento. Tenemos un problema, si exageramos la negatividad de dicho problema, a dicho problema lo convertimos en un monstruo espantoso. Incluso lo podemos externalizar ¿no?, de maneras como si dijera “este es el trabajo del diablo, obra del diablo”. Cuando exageramos la negatividad y lo convertimos en un monstruo, entonces esto nos da todavía más temor, ¿no es así?

Otra vez entramos a un problema de estos clásicos que nos encontramos de traducción. Con mucha frecuencia encontramos en textos traducidos a lenguas occidentales que dicen: “queremos escapar de la prisión del samsara”. Pero ¿qué es lo que esto realmente quiere decir?, ¿qué es el estado mental de que se nos está hablando? ¿Están diciéndonos que estamos llenos de miedo y salimos corriendo? No estamos hablando de que “tengo mucho miedo y entonces tengo que salir corriendo, porque si no este monstruo me va a agarrar, o me va a pescar y lastimar”. No es ése el estado mental. Es “estoy en la prisión, y verdaderamente tengo el intenso deseo de estar afuera de la prisión”. No es por miedo, es porque me doy cuenta dónde estoy y quiero estar afuera de esa situación.

Entonces, si estamos cultivando la determinación de ser libres (la renuncia), pero con este estado de creencia con mente clara, o mente aclarada, estamos hablando de que no estamos invadidos por estos intensos sentimientos negativos, sino con mucha fuerza y determinación, sin querer decir esto que no estemos sintiendo nada, pero estamos en un estado mental mucho más sereno, aunque estemos sintiendo con intensidad lo que estamos buscando hacer. Se trata de generar un estado mental calmado, sereno. No es el caso de “¡es que odio el samsara!, Lo odio, y deseo salir corriendo”.

El tercer tipo de creencia es la creencia confiada con la aspiración, que se agrega a las dos anteriores. Aquí el estado mental es que “voy a salir de esta situación, y voy a hacer algo para salir de esta situación”. Un ejemplo en la vida cotidiana son este tipo de personas que, por ejemplo, crecen en medio de la pobreza y llega el momento en que se determinan a abandonar la pobreza y a hacer algo al respecto. No es entonces que los esté moviendo el odio. No es que odien la pobreza, sino que, con claridad mental y con aspiración claramente enfocada, están determinados a hacer algo al respecto para salir de la situación en la que se han encontrado hasta ese momento. Con claridad de objetivos, con un estado mental sereno, sabiendo qué es lo que quieren, y cómo lo quieren hacer. Saben lo que tienen que hacer, y simplemente se ponen a hacerlo.

Un muy buen amigo mío es un ejemplo de esto. Es un hombre que nació en una familia muy pobre y vivió en un vecindario muy pobre, lleno de pandillas y con este tipo de estado social, iba a la escuela con los muchachos, sus compañeros con puras agresiones y cosas por el estilo, pero él se determinó a salir de esa situación. Dijo “ya no quiero esto”. Tuvo claridad mental, estado de ánimo para hacerlo y fuertemente se puso a trabajar para ganar dinero para poderse pagar la universidad, estudió una carrera y ahora es un brillante y exitoso neurocirujano.

Esto es entonces lo que se refiere a la renuncia, que está enfocada en nuestro propio sufrimiento. Cuando nos estamos enfocando en el sufrimiento de los demás, es lo mismo. Nos enfocamos en el sufrimiento de los demás, y la manera en que nuestra mente toma este objeto es “esto tiene que terminar”. Y viene acompañado con este sentimiento de “basta”. “Es suficiente el que todo mundo tenga todos estos problemas”. No es que estemos asqueados de esto, porque esto nuevamente, como repito, es un estado mental o una emoción de tipo perturbado. Tenemos una creencia confiada en que ésta es la causa de sus sufrimientos, y que se puede llegar a deshacer de ellos. No es nada más el estado mental de que “les deseamos lo mejor”, pero sabiendo que no tiene ningún caso porque no tiene ningún remedio. Con esta confianza de mente aclarada, vemos con mucha serenidad esta situación y esta compasión que generamos no viene acompañada de emociones perturbadas.

Recuerdo muy bien el ejemplo de mi madre, que solía escuchar las noticias locales, entonces venía el relato o la narración de los asesinatos, violaciones, robos, etcétera, etcétera. Y mi madre solía enojarse muchísimo. Se indignaba de oír todo este tipo de cosas. Entonces, esta indignación, este enojo que le provocaba el enterarse de todas estas cosas desagradables, le producía una emoción muy perturbada; un estado mental muy agitado. Esto pudiera parecer compasión, pero no lo es porque la compasión no es una emoción perturbada.

La verdadera compasión es un estado mental muy claro, una emoción muy clara. Hay una mezcla de deseo de que desaparezca el sufrimiento, interés por los demás, pero no mezclado con estas otras emociones perturbadas. Y viene además acompañado con la aspiración que genera el estado mental de “yo voy a buscar hacer algo para ayudar a aliviar dicho sufrimiento”. No es nada más generar el deseo de que ellos hagan algo respecto a su sufrimiento, sino el deseo de yo hacer algo que ayude. Pero esto necesita estar fundamentado en un entendimiento realista de qué tanto es lo que realmente podemos hacer. No está mezclado con esta idea de “yo soy Dios todo poderoso redentor y yo voy a salvar a todo el mundo”. Ni tampoco acompañado de la idea de “si tengo éxito en ayudar a esta persona, qué maravilloso y estupendo soy, y si fallé en ayudarlo, entonces me siento culpable”. Es por eso que hay que entender los muchos factores que intervienen en el proceso del sufrimiento, y en el proceso de deshacer el sufrimiento. No es algo que tenga que ver nada más con mi propia voluntad entender las múltiples ramificaciones y causas desde donde viene todo esto, y que genera un estado de sufrimiento en particular en alguien para poder hacer algo con mayor eficiencia.

Recordemos entonces que el primer elemento en el que necesitábamos estar enfocados para cultivar, ya fuera la renuncia o la compasión, era estar enfocados en el sufrimiento. La primera pregunta que nos viene entonces: “¿Enfocados en qué tipo de sufrimiento?”. El Buda nos especificó tres tipos de sufrimientos verdaderos. Sin entrar en demasiado detalle aquí, podríamos estar simplemente enfocados en el dolor y la infelicidad.

No es muy difícil que todos nos queramos deshacer de ese tipo de sufrimiento. Estoy seguro que todos lo hemos experimentado palpablemente en el sillón del dentista. Así que sería muy interesante preguntarnos cada uno de nosotros: cuando me encuentro en el sillón del dentista y me está doliendo cualesquiera que sean los procedimientos que esté yo ahí padeciendo, en realidad ¿mi estado mental es el de la renuncia?, ¿renuncio a ese sufrimiento? ¿Qué es lo que, cuando estamos en esa silla, en el sillón del dentista, sentimos? Me parece que una de las que la mayoría sentimos es, por un lado, temor. Por lo general, solemos exagerar el dolor que estamos experimentando. Lo convertimos así en un monstruo. Y ciertamente no estamos para nada calmados.

Así que aquí, si hablamos en términos de generar la renuncia, nos enfocamos en el dolor del procedimiento dental. Quisiéramos que ya terminara. Quisiéramos que nuestro sufrimiento proveniente de esa manipulación terminara. Ya fue suficiente. Y creemos con confianza en que podemos deshacernos de este dolor. Y aquí aparece una complicación muy interesante. Una de las maneras de hacerlo es simplemente: “me voy a aguantar un rato, me voy a esperar porque sé que no voy a estar en este sillón del dentista toda la vida, ni el dentista va a estar aquí frente a mí toda la vida”. Simplemente veo la impermanencia y me doy cuenta que eso va a terminar. Este entendimiento me puede dar un estado mental más calmado de que, si entiendo que por la impermanencia va a terminar, puedo relajarme en lugar de ponerme tenso y empeorar la situación, con el entendimiento de que tomará un rato, pero va a terminar.

Otra forma de tratar con esta situación sería el observar el sufrimiento que nos causa el dolor cuando estamos tan clavados en él. Podemos cultivar un estado mental más amplio en que, si en el momento que estamos sufriendo ese dolor, pensamos en toda la multitud de personas en el mundo que están siendo en este momento torturados, podemos pensar en las personas que están siendo torturadas en el Tíbet, o en cualquier otra parte del mundo, comparado con aquél sufrimiento, lo que nos está pasando a nosotros es bastante más pequeño y entonces esto nos permite, con una actitud mental mucho más tranquila, cambiar nuestra actitud con respecto al sufrimiento. El dolor va a seguir estando presente, pero el sufrimiento que nos genera este dolor no va a ser el mismo al tener nosotros un cambio de actitud al respecto.

Entonces realmente estaríamos practicando la renuncia si en este caso renunciamos al temor, renunciamos al sufrimiento, o a quedarnos atrapados en el sufrimiento que nos produce cuando entendemos que esto va a terminar, cuando tenemos un estado mental más amplio, cuando cambiamos nuestra actitud con respecto a lo que está aconteciendo, entonces realmente estamos renunciando porque no nos dejamos arrastrar por ese temor y por el estado mental de sufrimiento. De hecho esto cambia notablemente toda la situación.

Entonces me vienen a la mente los ejemplos de una serie de grandes lamas que en años recientes han muerto en hospitales occidentales, con diferentes padecimientos; trátese de cáncer terminal, o alguna otra cosa así difícil y dolorosa. ¿Cómo es la actitud que tienen estos individuos, estos grandes lamas en el hospital? Estoy convencido que deben de tener algún nivel intenso de dolor físico, pero sin embargo como en ellos hay auténticamente la renuncia, no viene acompañado este dolor físico del sufrimiento que normalmente a una persona ordinaria acompaña, y además ellos convierten esta situación completamente en una oportunidad de volcarse en interés y compasivamente a los demás. Me ha tocado ver cómo algunos de ellos, cuando viene el doctor y ven la cara de preocupación del doctor que ya puede hacer muy poco, o nada, y el lama siente gran compasión por el sufrimiento del médico que lo viene a visitar, o el sufrimiento de las personas que vienen a visitarlo y trata más bien de aliviar o de hacer algo para aliviar el sufrimiento de los visitantes, que estar nada más encerrado, ensimismado en su propio dolor. Ciertamente han renunciado al temor, a la tensión, a la apretura que toda esta situación produce. Algo de lo que dijo antes y se me pasó traducir, es que cuando están en esta situación, ciertamente no tienen ya temor de la situación, o asco a dicha situación. Y no es una cosa como que estuvieran fingiendo, de dientes para afuera. No nada más diciendo “estoy muy bien, estoy muy bien, no se preocupen”, pero por dentro estar muy mal. Si este es el caso, que nada más de dientes para afuera decimos que estamos bien, pero no es cierto, entonces está faltando uno de estos elementos que mencionamos que es esta creencia confiada de una mente aclarada; una mente aclarada en que ha logrado estar más serena y ha logrado soltar el temor y otro tipo de situaciones similares. Y desde luego entre más y más nos familiaricemos tanto con la renuncia y con la compasión, poco a poco empieza a surgir como algo espontáneo en nosotros. No es algo que se tenga que estar invocando a propósito o haciendo, sino que simplemente ese da.

Si nos enfrentamos a una situación difícil, nos quedamos sin trabajo o perdimos todos nuestros ahorros, pero nos damos cuenta que a todo mundo o a mucha gente le ha pasado lo mismo, y entonces desde luego es una situación difícil, incómoda, pero ampliamos nuestro punto de vista, no nos dejamos invadir por el miedo, y si nos enfocamos en nosotros es la renuncia; en los demás es la compasión, pero el enfocarnos en los demás no quiere decir dejar de enfocarnos en nosotros. En otras palabras, la compasión no quiere decir que al presentarse no exista también la renuncia; nos enfocamos en nuestra pérdida, pero también ampliamos nuestra mente a la pérdida de todos los demás.

Eso es en lo que se refiere a la renuncia y la compasión nada más enfocados en el primer tipo de sufrimiento, el sufrimiento del dolor, de la infelicidad. También hemos mencionado anteriormente que lo que llamamos felicidad ordinaria es otra forma de sufrimiento. Esto se refiere a que por un lado nuestra felicidad ordinaria nunca dura lo suficiente, además nunca es suficientemente buena. Cambia y se convierte en dolor e infelicidad. Entonces si el comer helados fuera una causa auténtica de felicidad, entonces entre más helados comiésemos, más felices seríamos, pero todos sabemos por experiencia que no es así. Llega un momento de seguir comiendo helados en que, si seguimos comiendo, nos sentimos cada vez peor.

Esto nos frustra, no sabemos cuándo volveremos a ser felices, no sabemos cuándo tampoco nuestro estado de ánimo pueda cambiar. Y nunca estamos satisfechos. Podemos también renunciar a este tipo de sufrimiento. “Me determino a liberarme de esto.” ¿Qué significa esto? ¿Quiere decir que ya nunca más quiero ser feliz? ¿Estoy soltando mi felicidad porque es insatisfactoria? Pensar de esta manera desde luego sería una distorsión, un entendimiento distorsionado de la presentación budista. La felicidad ordinaria va a terminar, así que aceptamos esa realidad, ese hecho, y con esto no la exageramos.

Pues podremos decir: “Bueno, voy a disfrutar este tipo de felicidad por lo que es; es una felicidad no duradera y ya sé que no va a durar, entonces voy a disfrutarla así”. Podría pensar así porque nos preguntamos ¿qué es entonces renunciar a este tipo de felicidad ordinaria? Entonces no estoy frustrado porque sé que va a terminar, y no tengo la expectativa irreal de que va a durar para siempre. Y cuando decimos “no es lo suficientemente satisfactorio”, es cosa de preguntarnos, bueno ¿pues qué es lo que espero que me dé esto, o que haga conmigo?

Pensemos en un ejemplo: estar con un amigo o con un ser amado. Nuestro amigo nos visita, estamos un rato, luego se va, y no nos sentimos satisfechos. Queremos que siga allí. ¿Qué es lo que esperábamos entonces obtener de dicha visita, de la cual nos sentimos insatisfechos? ¿Qué es lo que yo esperaba? ¿Que estar con esta persona iba a lograr que me deshaga de mi infelicidad por completo, o que yo alcance la felicidad completa y para siempre?

Estamos insatisfechos porque la expectativa que teníamos no queda satisfecha, pero resulta que lo que generamos como expectativa es algo imposible. Entonces si no genero estas expectativas completamente irreales, puedo estar satisfecho con lo que sea que realmente acontezca. En otras palabras, es solamente aceptar la realidad. Disfruté esta comida; disfruté esta visita; disfruté la intimidad que tenemos ahora. No va a eliminar mi infelicidad para siempre, no va a eliminar mi soledad, no va a eliminar mi hambre para siempre. No tengo la expectativa de que esto suceda, puesto que no exagero la situación. Y estoy claro acerca de esto, de tal forma que esto no me molesta y por lo tanto no estoy desencantado, desilusionado o decepcionado.

Entonces, hemos renunciado a los problemas a los que nos enfrentamos con nuestra felicidad ordinaria, que es la de cargarla de expectativas. Y lo mismo cuando nos enfocamos entonces en la felicidad ordinaria de los demás, este estado mental claro es sumamente importante. Entendemos que es algo que tampoco en ellos va a durar, ni que los va a satisfacer plenamente, pero el estado mental sereno y claro que generamos, desde luego no es un estado mental de envidia de la felicidad que ellos están experimentando y nosotros no. Nos enfocamos de hecho en el problema que viene de la manera en que los demás enfrentan o afrontan dicha felicidad. No estamos ni envidiosos de su felicidad, ni deseándoles que no sean felices. Para nada. Simplemente en lo que nos enfocamos es en darnos cuenta de cómo ellos están generando demasiadas expectativas respecto a la situación agradable o feliz que están viviendo, expectativas irreales que se van tarde o temprano a convertir en sufrimiento y esto nos da lugar a poder dar surgimiento a la compasión.

Entonces, es muy importante darnos cuenta de la separación o la diferenciación que hacemos entre la felicidad ordinaria y el problema que implica dicha felicidad ordinaria. No nos preocupa la felicidad que está experimentando, y de hecho nos regocijamos en la felicidad que está teniendo y deseamos que tenga más, pero nos enfocamos en los problemas que son los que al individuo que está experimentando esa felicidad le van a causar sus propias expectativas. Entonces en donde nos enfocamos es en el problema que causa dicha felicidad.

Entonces el sufrimiento más profundo que el Buda mencionó, y que de hecho es el que el Buda llama el verdadero sufrimiento, es el que se llama “el sufrimiento todo-abarcador que todo lo afecta”, que de hecho afecta cada instante de nuestra experiencia y que se refiere fundamentalmente precisamente al renacimiento incontrolablemente recurrente al que todos estamos sometidos, y que es a su vez la causa de los otros dos tipos de sufrimiento. Todos por el renacimiento incontrolable volveremos a tener un cuerpo en cualquier forma que sea dicho cuerpo, y el cuerpo pasará inevitablemente por el proceso o los procesos difíciles y dolorosos de nacer, de ser un bebé, de crecer, de aprender todas las cosas que hay que aprender desde pequeños, de enfermarnos, el cuerpo es sumamente frágil, enfermedades, heridas, etcétera; envejecer y morir. Y seguiremos teniendo una mente que tiene confusión, que genera toda una serie de pensamientos, proyecciones y fantasías, y que estará pasando continuamente por diferentes humores o estados de ánimo.

Siempre vamos a estar involucrándonos en relaciones que nunca van a ser plenamente satisfactorias, que siempre involucran una cierta cantidad de complicaciones. No vamos a obtener todo lo que deseamos. De hecho vamos a tener incluso que separarnos de lo que nos gusta. Nos vamos a topar con lo que no nos gusta, entonces no solamente no nos vamos a poder salir con la nuestra, sino nos vamos a estar enfrentando con lo que no nos gusta. Experimentamos frustraciones porque no tenemos todo aquello que deseamos, al nivel que lo deseamos, trátese de un buen trabajo, de una buena pareja, etcétera. No hay certidumbre alguna en nuestras vidas, no sólo que no haya la certidumbre de en dónde vamos a renacer en la siguiente vida, sino que no tenemos certeza alguna de lo que vamos a experimentar al instante siguiente.

Y una y otra vez necesitaremos soltar o deshacernos de este cuerpo y de esta vida que estamos viviendo actualmente, ir a otra vida y volver a empezar a hacer amigos, y volver a aprender las cosas, y volver a empezar todo el rollo. Y con la renuncia, decimos: “Ya. Suficiente de esto. Ya tuve suficiente”.

Al no exagerar las cosas que nos acontecen y que sentimos, como solemos hacerlo, entonces ya no estamos tan fascinados por las cosas que pasan y que vemos. Ya no estamos tan atrapados, tan fascinados, y entonces me parece que también en esta renuncia hay un elemento de aburrimiento que acontece una vez que ya no quedamos atrapados en la fascinación de lo que experimentamos. Y entendemos que las causas de nuestros problemas o nuestros sufrimientos son nuestras emociones perturbadas, nuestras actitudes perturbadas, nuestros comportamientos impulsivos.

Y la confusión que está detrás de todas estas actitudes, y a lo que nos determinamos, es justamente a liberarnos de ello. Y este es el estado más profundo. El enfocarnos en este tipo de sufrimiento es el estado más profundo para cultivar la auténtica renuncia y estamos en un estado mental claro, no perturbado, no alterado, vemos con claridad cuáles son las causas y vemos con claridad cuál es el camino de salida de esta situación.

Esta presentación de la renuncia y de la compasión está contextualizada dentro de la visión de los tres estadios del camino, tal como se nos presenta en el camino gradual, o lam rim. El nivel inicial de motivación es generar la motivación de continuar teniendo buenos renacimientos, para poder volver a obtener la preciada vida humana y que esto nos permita seguir trabajando hacia adelante en el desarrollo de nuestro camino espiritual. Y el peligro que tiene este estado mental del primer nivel de motivación es que puede generarnos un gran apego; un gran apego a la preciada vida humana, a decir “yo quiero renacer y volver a tener un cuerpo como ahora, y a mis amigos, la riqueza de la que gozo, o las comodidades o las cosas agradables en mi vida”. Entonces esta primera motivación tiene el riesgo de que puede generar en nosotros un gran apego. Lo que está sucediendo en este caso es que estamos exagerando las cualidades positivas de una preciada vida humana, exagerándolas de tal manera que entonces generamos apego; el apego siempre viene acompañado con la exageración, las expectativas, y entonces si lo tenemos nos aferramos a ello y no queremos soltarlo, y si no lo tenemos nos obsesionamos con querer obtenerlo.

Entonces, así como el problema con la primera motivación en algún momento dado puede ser el apego, el problema con la segunda motivación o la renuncia es ir al otro extremo, al de la repulsión. No solamente generamos el deseo o determinación de liberarnos, sino que generamos un estado mental de repulsión que nos lleva a lo que hace rato decíamos que era una palabra demasiado fuerte: generar asco hacia el samsara. Ese es el peligro. Entonces estamos trabajando con la renuncia. Estamos trabajando realmente, supongamos que estamos trabajando muy fuerte para tratar de generar este segundo estado mental de motivación de la renuncia, que no es nada fácil.

Entonces esto no es fácil porque nos estamos enfocando en lo que se suele llamar los inconvenientes o las desventajas del samsara. Sabemos que esto está muy metido en toda la enseñanza budista; cuando nos hablan de los cuatro pensamientos que voltean la mente hacia el darma, el cuarto de ellos es “los inconvenientes del samsara”, se nos habla de multiplicidad de estos, y estamos enfocándonos completamente en estas desventajas, y ¿a qué nos está llevando entonces esta idea de la renuncia? A que en toda situación que experimentemos en la vida en la existencia samsárica, también le pongamos atención a los aspectos inconvenientes de lo que estamos experimentando.

Entonces es muy fácil generar una actitud mental muy negativa para con la vida, y muy negativa para con la gente si no nos cuidamos de esto, porque si nos obsesionamos con esto de que absolutamente todo lo que pasa es “verle sus inconvenientes” y “verlo como sufrimiento”, entonces ¿qué es lo que va a ser de nuestra vida?; no vamos a acercarnos a alguien hacia quien nos sintamos en un momento dado atraídos a iniciar una conversación con esa persona y en cuanto nos acerquemos: “ ¡ah!, sufrimiento” ¿no?, o conseguimos un trabajo nuevo y en cuanto entramos al nuevo puesto: “sufrimiento”. Nos suena el teléfono, “eso es sufrimiento” ¿no? Nos metemos a la regadera; “esto es sufrimiento porque va a acabar, y porque voy a acabar frustrado, y porque no voy a tener toda el agua caliente que yo quiero...”, y entonces generar un estado mental así no es algo muy constructivo que digamos. Apenas compro una nueva computadora, y en lugar de disfrutarla: “sufrimiento; seguro que esta cochinada se va a descomponer y le van a entrar virus espantosos, y me va a dar dolor de cabeza” ¿no? Eso es de lo que hay que cuidarse.

Pero entonces, bueno, si bien ese es el peligro porque es llegar al extremo en el caso de la renuncia, ¿cuál es la actitud correcta? Entonces tomar una actitud un poco simplona, de decir “hay que disfrutar toda la belleza de la vida”. Hay que tener mucho cuidado con este tipo de aproximación. Nos hacemos la pregunta: ¿ver sólo la belleza de la vida es contrario a tomar conciencia del sufrimiento y a generar la renuncia? ¿Cómo combinamos o equilibramos entonces un sentido de gozo y felicidad, con una auténtica renuncia y compasión? Porque si este ejemplo que pusimos de la renuncia lo llevamos a la compasión, es nada más estar molesto, triste o enojado; “¡qué triste!, ¡qué terrible que estés sufriendo!”. Y nomás sufriendo nosotros mucho, o por el otro lado tomar la situación simplona de que: “¡qué feliz de verte! Todo es felicidad, todo es bonito”, “peace & love”, “todos nos amamos”, “todo está bonito” ¿Qué es lo que estoy haciendo con “todo está bonito”?, ¿que estoy encantado de que estés sufriendo un montón? Bueno, entonces, ¿cómo buscamos, cómo encontramos ese equilibrio?

Entonces, cuando nos enfocamos tanto en nuestro propio gozo como en el gozo de los demás, nos estamos enfocando en un estado mental muy diferente en nuestro estado habitual que cuando lo hacemos con el estado mental de la renuncia o de la compasión. Como fuente de gozo y fuente de felicidad en lo que nos enfocamos es en nuestra naturaleza búdica, y en la naturaleza búdica de los demás. En los potenciales que tanto nosotros como los demás tienen para alcanzar auténticamente la felicidad. No nos estamos enfocando ni en nuestro sufrimiento, ni en los sufrimientos de los demás como fuente de gozo, porque ciertamente dichos sufrimientos no son fuente de gozo. Entonces, si con la actitud de la renuncia yo estoy convencido plenamente de que el sufrimiento puede ser eliminado, que pueden ser encontradas las causas, eliminado el sufrimiento, y que yo puedo eliminar mi propio sufrimiento, ese sí es un objeto de enfoque que genera gozo en nosotros.

Es muy delicado encontrar un balance adecuado entre estos dos estados mentales, el sufrimiento y el gozo, y preguntarnos: bueno, son dos estados mentales que pueden estar aconteciendo simultáneamente. ¿Uno está por debajo del otro? y en caso de que sí, ¿en qué orden? ¿O están aconteciendo de manera alternada? Me parece que esto es algo en lo que necesitamos cada uno de nosotros reflexionar, investigar y explorar.

Estamos observando a diferentes niveles, diferentes aspectos y desde diferentes perspectivas, tanto lo que nos pasa a nosotros como lo que les pasa a los demás; y creo que de eso se trata, y esta es la parte difícil. Entonces una cosa que es realmente difícil, sobre todo al ir de la renuncia a la compasión es, si nosotros en la generación de la renuncia empezamos a sentir o exagerar “cualquier relación en la que yo me involucre, va a significar sufrimiento, va a haber decepción, va a haber frustración, va a haber dolor, etcétera”, entonces mejor no me involucro en ningún tipo de relación y mejor me voy a ir al monasterio a estar aislado, y de esta forma no tengo interacción con otras personas, y no me expongo al sufrimiento que puede traer todo esto. Esto corre el enorme riesgo de generar como asco o repulsión para con los demás, de tal forma que esto sea un enorme bloqueo para la posibilidad de generar la compasión, porque la compasión solamente se da en la interacción directa con los demás, y si yo me familiarizo mucho con tener rechazo, asco a la gente porque mi interacción con ellos es fuente de sufrimiento, entonces esto se convierte en un importantísimo bloqueo que me impedirá en su momento generar auténticamente la compasión. Es algo muy delicado, muy sutil a lo que hay que estar bien atentos.

Entonces de la misma manera que fue necesario que viéramos a dos niveles las cosas para poder generar una actitud más balanceada, más equilibrada, por un lado está el sufrimiento que contemplamos ,ya sea en nosotros o en los demás, pero subyaciendo a esto está la naturaleza búdica: todos los potenciales que tanto nosotros, como los demás, tenemos para salir de dicha situación no deseada, y que esto se convierta en una fuente de gozo; una fuente de regocijo para nosotros, para no clavarnos solamente en el sufrimiento, sino también tener la oportunidad de experimentar el gozo. Entonces, de la misma manera que nos enfocamos en esto a dos niveles, también a la hora de trabajar con estos aspectos, necesitamos hacer la diferenciación entre los problemas y las personas que están experimentando los problemas. Entonces generamos rechazo o determinación de liberarnos ya sea a nosotros mismos o a los demás; determinación de ayudarlos a liberarse del sufrimiento, pero no estamos buscando deshacernos de la persona. Nada más deshacernos del sufrimiento que experimenta. Nos queremos deshacer del sufrimiento, pero no de la persona que experimenta el sufrimiento.

Primero aplicamos esto a nosotros mismos. Porque si nos enfocamos primero en nosotros mismos, bueno: “Deseo deshacerme del sufrimiento, deseo que desaparezca el sufrimiento, pero no deseo deshacerme de mí. No deseo desaparecer yo”. Porque si no tenemos claridad en esta diferenciación y de alguna manera lo confundimos, corremos un gran riesgo; incluso podemos generar una actitud de “yo ya no quiero estar. Que desaparezca el sufrimiento al desaparecer yo”, y me mato. De manera similar con la compasión “deseo que tu sufrimiento desaparezca”, pero no “deseo que tú desaparezcas”.

No es fácil hacer esta diferencia. Y es peligroso no hacerla, y no se trata de que al pensar que relacionarme contigo necesariamente va a traer problemas, entonces no te me acerques. No quiero tener nada que ver contigo, deseo estar completamente aislado para que nadie me cause problemas, y me voy a ir a solas a mi caverna a meditar, o a mi monasterio a encerrarme. Es muy delicado, y no es fácil hacer la diferencia. Y es peligroso si no se hace. Generar un falso estado de renuncia, un símil, pero falso de la renuncia es fácil de generar si no se tiene esta diferenciación clara.

¿Cómo entonces evitamos este problema? Entonces, ¿de qué estamos hablando aquí? En términos de lo que llamamos el verdadero Darma, es darnos cuenta que tanto nosotros, como los demás, somos un continuum mental interminable, sin principio, sin final, y todas las cosas se imputan sobre dicho continuum mental; no me quiero ahorita meter a detalles más técnicos al respecto, que un poquito de ello hablamos el fin de semana, pero finalmente entender que tanto nosotros como los demás somos continuos mentales sin principio y sin final.

Cuando nos enfocamos entonces en el sufrimiento más profundo, el que todo lo abarca, nos estamos enfocando en todo este continuo mental. Y entonces, cuando entendemos que el yo (ya sea el mío o el yo de otros) es una mera imputación sobre la base de todo este continuo mental, eso nos permite no enfocarnos en ningún sufrimiento específico que en cualquier momento dado, en un continuo mental se esté experimentando. No nos identificamos entonces con el sufrimiento de un momento dado en ese yo, porque si nos identificamos con él, confundimos los dos que mencionábamos antes, y entonces cuando queremos que ese sufrimiento desaparezca, al mismo tiempo estamos queriendo que el “yo” que experimenta eso desaparezca.

Entonces, de esta manera tenemos una visión mucho más amplia del “yo”, entonces observamos cómo sobre la base de ese continuo mental hay “este sufrimiento, y este, y este” pero el “yo” o el individuo es algo que continúa más allá de cada sufrimiento o serie de sufrimientos específicos.

Pero si nosotros logramos entender y enfocarnos en la pureza de dicho continuo mental, así como enfocarnos en la posibilidad de que todos los continuos mentales se liberen de los oscurecimientos emocionales, de los oscurecimientos cognitivos, y todas estas cosas que en un momento dado mencionamos, y que se pueden revisar con un gran detalle, entonces esto nos permite tener una visión muchísimo más amplia para no identificarnos nosotros, el “yo”, con lo que en este instante está aconteciendo, ni identificar a ninguna otra persona (en el caso de la compasión) con lo que específicamente en este momento está experimentando, porque hay una visión mucho más amplia de la duración y de las muchas cosas que se imputan sobre dicho continuo mental. Esto nos permite tener un estado mental más sereno, de mayor entendimiento y de no quedar atrapados en cada uno de los eventos individuales.

Hay un último punto que quiero presentarles. La última pregunta que nos quedaría: ¿hay acaso alguna emoción positiva asociada con el estado mental de la compasión?, ¿o nada más es esto de estar enfocados en el sufrimiento y querer que los demás se vean libres de ese sufrimiento y de sus causas? ¿Hay algo positivo asociado a la generación de la compasión? ¿Por qué? Pues digo, cuando nos enfocamos en el sufrimiento, ya sea en el sufrimiento propio o en el sufrimiento de los demás, si estamos enfocados en el sufrimiento esto lo que nos produce es tristeza. Pensemos nada más enfocarnos en este sufrimiento, pues eso no nos da alegría, nos da tristeza.

Porque si vemos en esta práctica, en el mundo tibetano del tonglen, del tomar y del dar, cuando nosotros voluntariamente tomamos y aceptamos sobre nosotros el sufrimiento de los demás, bueno, eso es doloroso y se siente tristeza al aceptar voluntariamente el sufrimiento de los demás. Y en la segunda parte, cuando nosotros devolvemos amor, y el amor es el deseo de que los demás sean felices, al dar ese amor nos sentimos felices. Pero la pregunta que subyace y que es una dificultad grande, o un bloqueo para muchísimos practicantes de esta técnica, es ¿cómo equilibrar y cómo manejar estas dos cosas? ¿Cómo transformar la tristeza de lo que se toma en la felicidad de lo que se da? Y no es algo fácil.

Es el mismo tipo de problema al que nos enfrentamos aquí el que estábamos mencionando hace rato, de ser plenamente conscientes de la enorme cantidad de sufrimiento que existe en la vida, y al mismo tiempo equilibrarlo con gozo personal. Esto lo enfrentamos en la vida en situaciones como por ejemplo: tenemos un pariente o un amigo que está gravemente enfermo. Lo vamos a visitar al hospital, y desde luego que estamos tristes de que nuestro amigo o ser querido está enfermo o está grave, pero ¿entonces qué?, ¿llegamos a su cuarto y nada más mostramos nuestra tristeza? Nos ponemos todos tristes, pues esto no le va a ayudar para nada a nuestro amigo. Entonces queremos mostrar algo de felicidad, pero ¿de dónde la sacamos?, ¿nada más ponemos una sonrisota que es totalmente artificial? ¿O hay de dónde tener algo de auténtica felicidad para tener algo que darle a nuestro amigo o pariente? En este caso en realidad, para poder tener éxito, se requeriría aplicar enseñanzas bastante avanzadas de mahamudra.

En esta técnica de mahamudra, vemos que la tristeza no es más que lo que monta sobre la cresta de una ola en el mar, y entonces nosotros permitimos que así como la ola baja, simplemente la tristeza se asiente en el estado natural de la mente, y el estado natural de la mente, que es gozoso, esto es lo que compartimos entonces con la otra persona. Entonces es el estado natural de la mente. No es una cuestión artificial de llegar con una sonrisota y ponernos “jajaja”, y creer que con eso estamos felices, sino darnos cuenta de que la naturaleza básica de la misma tristeza es la de la naturaleza de la mente, que por naturaleza es gozosa.

Este gozo natural de la mente es algo mucho más relajado y profundo que no tiene nada que ver con una cosa completamente contradictoria como llegar y decirle a nuestro amigo: “Qué contento estoy de que estés tan enfermo”. No es una cosa de que “Yo estoy tan contento porque las cosas están yendo tan bien en mi vida; fíjate que gané mucha lana, hice un buen contrato, me fue muy bien aquí o allá y pues qué lástima que tú estés enfermo y fregado ¿no?, pero pues yo estoy réquete contento”. No es eso lo que llegamos a compartir con nuestro amigo enfermo. “Pobrecito de ti, me da dolor, pero pues yo estoy muy bien. Yo estoy muy contento”.

Entonces en realidad esta práctica, siguiendo la tradición de mahamudra, es muy avanzada, muy difícil, sin embargo creo que es la única que verdaderamente puede llegar al fondo de la cosa para cuando nos enfrentamos a algo como la práctica del tonglen, y que podamos realmente transformar durante el proceso de esta práctica la tristeza que sentimos al tomar sobre nosotros ese sufrimiento, y auténticamente relajarla en la naturaleza de la mente y entonces poder devolver felicidad en esta práctica. Por lo que esta práctica, hacerla bien, pues es algo de verdad muy difícil y muy avanzado y no es algo simple en modo alguno.

Y se me olvidó decir hace un momento en la traducción, que esto es justamente lo que puede dar lugar al estado mental auténticamente de la compasión: que está balanceado, equilibrado. El estar enfocados en el sufrimiento de los demás y el deseo de ayudar a liberarlos, y el poder estar en un estado mental sereno e incluso gozoso que nos dé la energía para poder hacer esa ayuda.

Y eso es lo que también decíamos al principio de la plática, que Tsongkapa nos dice que la compasión tiene que construirse sobre estados mentales previamente desarrollados. En este caso, se construye sobre la renuncia, sin la cual no es posible generar la compasión.

Entonces, para la generación de la compasión, nos basamos primero en el cultivo de la renuncia; y después de la renuncia, necesitamos cultivar la ecuanimidad, y la ecuanimidad, que es estar contemplando a todos los seres sintientes sin excepción alguna, sin dejar afuera a nadie; la ecuanimidad significa liberarnos de sensaciones de atracción, repulsión o indiferencia para cualquier individuo en general. Hemos tenido todo tipo de relaciones con todos los seres existentes. Por lo cual no hay una base sustentable para que haya atracción, repulsión o indiferencia.

No obtenemos ningún beneficio al enfocarnos en las ocasiones en que todos los seres han sido mis verdugos, o mis asesinos, sino que nos trae mucho más beneficios el enfocarnos en cuando todos los seres han sido nuestras madres. Y luego nos enfocamos en la enorme bondad que hemos recibido de nuestra madre, o de todas nuestras madres, o de la persona que nos haya cuidado cuando pequeños, pero aunque nos enfoquemos en esta segunda persona, hay que tomar en cuenta que nuestra madre nos llevó en su vientre durante todo el proceso del embarazo, y aunque a la postre haya sido una madre abusiva, maltratadora, etcétera, etcétera, al menos no nos abortó.

El tercer punto de este método se suele traducir como “devolver o repagar la bondad que hemos recibido”, pero me parece que ese también es un término mal empleado en esta traducción, porque al decir “repagar”, parece que se trata de una cuestión de negocios ¿no? De que “te debo algo, y te lo pago, y que si no te lo pago entonces me siento culpable” y cosas por el estilo. Entonces más bien me parece que la intención en las enseñanzas se refiere a valorar; realmente apreciar y valorar la bondad que he recibido de ti. Y si te doy algo a cambio, si te lo pago en alguna manera, excelente. Está muy bien. Pero el estado emocional, el estado mental es el de valoración de toda la bondad que he recibido de mis madres. Y es en base a esto precisamente, a este estado de verdadera valoración en el tercer punto de este método, que generamos el cuarto punto que es un amor afectivo; un amor afectuoso, un amor que, basado en la valoración, nos hace sentirnos cercanos con todos los seres y desearles buenas cosas con la idea de que si algo les pasara, esto nos entristecería y que les estamos realmente deseando lo mejor con un amor que siente la cercanía de todos los seres.

Y entonces sobre la base de este amor afectuoso generamos amor, que es el deseo de que todos los seres sean felices y que tengan las causas de la felicidad, y sobre la base de esto es que se genera la compasión. Entonces, si regresamos a lo que nos dice Tsongkapa, para poder generar la compasión, necesitamos entender los estados mentales que se requiere generar, o sobre los que se sustenta este. Entonces tenemos el reconocimiento de la bondad que hemos recibido, la valoración de todo el beneficio que hemos recibido y, sobre esta base sentimos entonces este sentimiento de cercanía para con todos los seres y este sentimiento de cercanía, de calidez, y de deseo de que sean felices, y solamente entonces, sobre la base de ese amor generamos la compasión con el deseo de que se vean totalmente libres del sufrimiento.

Y entonces si hacemos un paralelismo en estos dos casos de la renuncia y la compasión, siendo en la renuncia enfocarnos en nuestro propio sufrimiento, y en la compasión enfocarnos en el sufrimiento de los demás, entonces similarmente entenderemos que en la renuncia se requiere haber construido estados mentales de base, previos a ella. Similar, se necesita tener ecuanimidad con respecto a nosotros mismos, no tener ni atracción, ni repulsión, ni indiferencia con respecto a nosotros mismos.

Y entonces similarmente, siguiendo el paralelismo, enfocarnos en las cosas buenas que hemos hecho en esta y en otras vidas. No tanto enfocarnos y estar morando en las cosas negativas que hemos hecho. Enfocarnos en las cosas buenas, valorar las cosas buenas que hemos hecho y que nos han traído hasta el momento actual, y sentir regocijo por esas cosas buenas que hemos hecho, que tiene mucho más sentido que enfocarnos en las cosas negativas. Y tenemos un amor cálido, afectuoso para con nosotros mismos, en lugar de una situación de rechazo u odio.

Cuando trabajamos con la compasión, una de las cosas principales es entender que todos tenemos igualmente el derecho de ser felices, y de dejar de sufrir, y de liberarnos de nuestro sufrimiento; pero esto aplica desde luego también a nosotros. También yo merezco, no solo deseo, sino merezco verme libre de mi propio sufrimiento y alcanzar mi propia felicidad, y esto me da una base de valoración que me permite realmente cultivar la renuncia.

Entonces, precisamente porque deseo ser bondadoso o amable para conmigo mismo, ese entendimiento de auténticamente quererme y tratarme bien a mí mismo, bueno, como me quiero no quiero involucrarme en esa relación enfermiza, no quiero generar apego, no quiero generar repulsión, no quiero experimentar este tipo de emociones destructivas. Y así trabajamos entonces con nuestra propia determinación de ser libres, y tener una actitud equilibrada de trabajar con el sufrimiento, con lo desagradable que es el sufrimiento, y con el deseo intenso de liberarnos de él con una actitud básica subyacente de calma y de realismo para trabajar con ello.

Hemos cubierto una gran cantidad de material, y nos hemos pasado por mucho rato del tiempo límite, pero quería dar una presentación un poco más completa de estos puntos tan importantes en el mundo budista, tanto en el entendimiento, como desde luego en el entrenamiento y la práctica de cómo poder avanzar de una manera saludable desde la renuncia, hacia la compasión, y cómo se puede generar un estado de renuncia saludable y un estado de compasión también equilibrado, y la relación tan estrecha que existe entre estos dos estados mentales de la renuncia y la compasión.

Así que terminemos con una dedicatoria. Pensando que cualquier entendimiento que hayamos obtenido durante esta sesión, pueda este entendimiento ir más y más profundo en nosotros de tal forma que pueda servir como causa de que alcancemos la iluminación para el beneficio de todos los seres.