De las Dos Verdades, las Cuatro Verdades

Trabajar hacia una meta espiritual

Existen dos formas en las que podemos trabajar hacia una meta espiritual:

  • Sobre la base de la fe – tenemos fe en que es posible alcanzar esa meta. Sobre la base de esta fe, trabajamos hacia ella, y conforme avanzamos en nuestro entrenamiento, con el tiempo nos convencemos de que es posible alcanzar la meta. Por ejemplo, si nuestra meta es superar y eliminar el sufrimiento para siempre y tenemos fe de que eso es posible, conforme trabajamos hacia ello, si nuestro sufrimiento declina, nos convencemos de que es posible alcanzar la meta. Como parte de nuestro progreso, estudiamos y meditamos más y, a través de esto, también nos convencemos lógicamente de que la meta es alcanzable.
  • Sobre la base de la convicción – primero nos convencemos a través del razonamiento y la lógica que la meta es alcanzable, y después, trabajamos hacia ella.

Estas son las dos aproximaciones que a menudo se discuten en términos de los dos métodos para desarrollar la bodichita, si queremos ponerlo en la fórmula budista clásica.

Primero, desarrollamos la bodichita relativa, anhelando nuestra propia iluminación futura, la cual aún no ha acontecido, pero puede acontecer. Queremos hacerlo en beneficio de todos, porque vemos que la única forma en la que realmente podemos ayudar a todos los demás, es alcanzar este estado en el que entendemos plenamente la causa y el efecto, y cuáles son las formas más efectivas para ayudar a los demás. Además, tenemos fe en que es posible alcanzarla.

Conforme avanzamos más y más, desarrollamos lo que se llama bodichita más profunda, la cual se refiere a un entendimiento de la vacuidad (vacío) – el hecho de que las cosas no existen en formas imposibles. Entendemos la realidad y vemos que la naturaleza de la mente es capaz de no proyectar fantasías, sino de realmente solo percibir la realidad misma. Al entender eso, nos volvemos convencidos lógicamente de que la meta es alcanzable. Entonces, nuestra fe se convierte en convicción.

La otra aproximación es desarrollar primero este entendimiento de la realidad, con el que comprendemos que la iluminación es posible – la bodichita más profunda primero. Sobre esta base, estamos convencidos de que podemos alcanzar la iluminación y, debido a esta convicción, trabajamos para alcanzarla. Esta segunda aproximación se encuentra en uno de los textos de Nagáryuna, un gran maestro indio, llamado “Comentario sobre la bodichita” (sct. Bodhichitta-vivarana).

Esta aproximación es presentada en el verso que hemos revisado, de cómo derivamos las Cuatro Verdades Nobles de las Dos Verdades, y de las Cuatro Verdades Nobles y las Tres Joyas Preciosas. El propósito de esta presentación es ayudarnos a entender que la liberación y la iluminación son posibles, dado que están basadas en la realidad.

  • Liberación significa el estado de estar libre para siempre del renacimiento incontrolablemente recurrente: totalmente libre del samsara, de tal forma que nos liberamos para siempre del sufrimiento. Aquellos que han alcanzado la liberación son “arjats”, seres liberados.
  • Iluminación es el estado de estar libres para siempre de todos los oscurecimientos que nos impiden entender las formas más efectivas de ayudar a todos los seres limitados a alcanzar también la liberación y la iluminación. Los seres iluminados son conocidos como “budas”.

Una vez que estamos convencidos, no solo de que es posible, sino de que nosotros también podemos alcanzar la liberación y la iluminación – no solo el Buda Shakyamuni –, eso nos da una enorme fuerza y estabilidad en nuestra práctica espiritual. Aun así, no es terriblemente fácil de entender, ¡pero nadie dijo que lo fuera!  

Las Dos Verdades

En nuestra primera sesión, discutimos la primera línea:

Al conocer el significado de las dos verdades, la cual es la base, la forma en la que todas las cosas moran,

La base sobre la cual descansa toda la discusión es la presentación de las dos verdades, la cual tiene que ver con cómo todo existe y opera – en otras palabras, la forma en la cual todas las cosas moran. Estas dos verdades, acerca de todo, son ambas válidas y, por lo tanto, verdaderas:

  • Verdad relativa: las cosas surgen en dependencia de causas y condiciones. Por supuesto, hay otros niveles de los que dependen las cosas, tales como sus partes y todos los conceptos que se refieren a ellas. Aquí el punto principal es la causa y el efecto en un sentido experiencial, particularmente en términos de nuestra experiencia de felicidad e infelicidad con relación a la compulsividad del karma.
  • La verdad más profunda: aunque las cosas no aparecen ante nosotros como en surgimiento dependiente, sin embargo, esas apariencias engañosas de formas imposibles de existencia no corresponden con la realidad. Una realidad verdadera que corresponda con nuestras proyecciones es totalmente ausente. Esta total ausencia de cosas que existan completamente por su lado, independientemente de causas y condiciones, es conocida como “vacuidad” o “vacío”.  

Las Cuatro Verdades Nobles

Sobre la base de la validez de las Dos Verdades, el Buda fue capaz de entender y formular las Cuatro Verdades Nobles. Esto se muestra en la segunda línea:

Obtenemos certeza acerca de cómo, a través de las cuatro verdades, seguimos entrando, pero también podemos revertir el renacimiento incontrolablemente recurrente.

Las Cuatro Verdades Nobles son vistas como verdaderas por seres altamente realizados. Este es un punto interesante porque significa que no solo los budas ven esos hechos como verdaderos, sino incluso aquellos que alcanzan una cierta etapa anterior – de hecho, muy anterior – a la budeidad. Ocurre cuando tenemos una cognición no conceptual de la vacuidad o, en otras palabras, de la realidad más profunda. Este entendimiento es totalmente preciso y totalmente decisivo. Dado que es no conceptual, significa que no percibimos las cosas a través de categorías.

Cuando pensamos a través de una categoría, como “perro”, tenemos algo que representa un perro. Esta representación puede ser ligeramente diferente para cada persona, pero cuando vemos un perro en la calle o donde sea, lo percibimos a través de esta categoría.  A través de la imagen que tenemos de un perro – no necesariamente una imagen visual específica – encajamos la percepción de perro. Cuando percibimos algo de forma no conceptual, es sin el filtro de ninguna categoría o algo que lo represente. Esa es la razón por la que se le llama “cognición desnuda”. Percibimos las cosas sin acomodarlas en cajas.

Los seres altamente realizados o aryas en sánscrito, perciben la realidad sin ponerla en la caja de “realidad”, como al decir: “ahora estoy viendo la realidad”. Entienden plena, precisa y decididamente lo que están percibiendo – la realidad – sin tener que ponerla en ninguna caja o categoría. No es tan fácil. Aun si no verbalizamos las cajas en las que ponemos las cosas, es la forma habitual en la que percibimos todo. Ponemos todo en cajas, como si las cosas existieran por sí mismas, separadas de todo lo demás.

No hay necesidad de explicar más acerca de la cognición conceptual ahora. El punto es que no tenemos que ser un buda para percibir la realidad de esta forma. Cuando percibamos la realidad de forma no conceptual, veremos a las Cuatro Verdades Nobles como verdaderas, y tendremos certeza de ellas.

¿Cuáles son estas cuatro verdades? La primera es el sufrimiento. La segunda es la causa del sufrimiento. La tercera es la detención del sufrimiento y de sus causas. La cuarta es el camino o entendimiento que nos conducirá a la detención del sufrimiento. Estas son llamadas verdades, como en “sufrimiento verdadero”, “causa verdadera” y demás.

Toda esta discusión se da dentro del contexto del renacimiento – continuidades mentales sin principio y sin final –, el cual discutimos un poco en el último artículo. El renacimiento es la base. Hablamos acerca de la experiencia individual momento a momento de las cosas que, si opera en términos de la causa y el efecto, no puede tener un principio absoluto en donde parte de la nada. De la misma forma, no puede haber un último momento en donde se convierte en nada. Es imposible. A partir de la verdad básica de la causa y el efecto, tendríamos que concluir que las continuidades mentales individuales no tienen principio ni final, y entonces el renacimiento debe ser verdad.

Sufrimiento verdadero

Existen tres aspectos del sufrimiento verdadero:

  • El primero es nuestra felicidad habitual, la cual llamamos el sufrimiento del sufrimiento. Todos hemos experimentado infelicidad. La infelicidad no es necesariamente lo mismo que dolor. La felicidad y la infelicidad, y el placer y el dolor son dos conjuntos de cosas diferentes. El placer y el dolor son sensaciones físicas, mientras que la felicidad y la infelicidad son estados mentales. Son variables diferentes. Aquí estamos hablando acerca de la infelicidad que todos conocemos, y se describe en términos de los peores tipos de renacimiento, llenos de todo tipo de sufrimiento.
  • El segundo tipo se llama sufrimiento del cambio, y se refiere a nuestra felicidad ordinaria. El problema con nuestra felicidad ordinaria es que nunca dura ni nos satisface. Siempre queremos más, pero si tenemos demasiada, nos molesta y se convierte en infelicidad. Un ejemplo sencillo es comer demasiado de nuestra comida favorita, lo cual nos hace sentir enfermos. Entonces, ya no queremos comer más y nos sentimos infelices. Así que el problema es que nuestra felicidad ordinaria no es satisfactoria ni estable. Nuestra vida ordinaria tiene altibajos, algunas veces somos felices y algunas veces infelices, pero no hay seguridad en ello. Sin importar lo que esté sucediendo alrededor de nosotros, no sabemos cómo nos vamos a sentir en el momento siguiente. De pronto podemos sentirnos infelices o aburridos o deprimidos. Continuamente tiene altibajos.
  • El tercer tipo de sufrimiento se llama sufrimiento que todo lo impregna, y es la base para que experimentemos los altibajos de infelicidad y felicidad ordinaria. La base en nuestra existencia incontrolablemente recurrente o renacimiento, conocida en sánscrito como samsara. Seguimos renaciendo una y otra vez con un tipo de cuerpo y mente que es la base para experimentar los altibajos de la felicidad ordinaria y la infelicidad en la vida. Este es el sufrimiento verdadero, nuestro problema verdadero. Este es el principal sufrimiento que veríamos, si viéramos la realidad.

Las causas verdaderas del sufrimiento

Si vemos la realidad, veremos como verdadero el hecho de que experimentamos altibajos, con una base que también simplemente sigue y sigue. Cuando vemos esto, entendemos que tiene que provenir de una causa. El punto principal de la verdad relativa es que todas las cosas surgen de causas, así que ¿cuál es la causa verdadera para que continuamente abordemos un renacimiento incontrolablemente recurrente, como se menciona en el verso? En otras palabras, ¿cómo sucede? ¿Cuál es la causa para perpetuar este ciclo que se repite?

En nuestra última sesión vimos que, si experimentamos infelicidad, es el resultado de la conducta destructiva; si experimentamos felicidad ordinaria, es el resultado de la conducta constructiva. A esto le agregamos el karma, que a menudo traduzco como compulsividad. Así que tenemos la conducta compulsiva destructiva y la conducta compulsiva constructiva. Esta no es como la conducta constructiva de un buda, sino la conducta que es compulsiva, con la que compulsivamente hacemos el bien basados en una fantasía del ego, o compulsivamente tenemos que ser perfectos y hacer todo correctamente. Eso es bastante neurótico.

Si estamos actuando de forma compulsiva, es porque estamos bajo la influencia de emociones y actitudes perturbadoras, que ya discutimos en términos de la conducta compulsiva destructiva. Por enojo, matamos a alguien; por codicia, robamos algo; por ingenuidad, pensamos que nuestras acciones no tienen consecuencias, como al pensar: “No me van a atrapar. No importa. ¡Si robo, será divertido!”.

Detrás de esta conducta compulsiva destructiva yace la falta de darse cuenta, un término que por lo general se traduce como “ignorancia”, pero no implica que somos tontos, solo que estamos confundidos. ¿De qué no nos damos cuenta? En primer lugar, no nos damos cuenta de la causa y el efecto; si realmente la entendiéramos y estuviéramos convencidos de ella, no actuaríamos de forma destructiva. Instintivamente sabríamos que terminará causándonos sufrimiento, lo cual no es un castigo, sino simplemente el resultado de las causas que creamos.

En realidad, hay dos tipos de no darse cuenta. O no sabemos que actuar destructivamente en última instancia traerá infelicidad, o pensamos a la inversa, como en: “Si actúo destructivamente, eso traerá felicidad. Si robo lo que quiero, eso me hará feliz. Si mato a mi enemigo, eso me hará feliz”. Aun si inmediatamente después de actuar destructivamente nos sentimos felices – “¡Ah, maté a ese mosquito, ahora me puedo relajar!”, sin embargo, con relación a las consecuencias a largo plazo -concretamente sentirse infeliz sin importar lo que suceda- eso es debido a conducta destructiva como esa. Así que la conducta destructiva proviene del no darse cuenta de la causa y el efecto, en otras palabras, no darse cuenta de la verdad relativa. No voy a pretender que todo esto es fácil de entender, pero es algo en lo que podemos trabajar.

Si resumimos este punto, la razón por la que a menudo me siento infeliz es porque no he comprendido la causa y el efecto. Cuando mi mente está llena de enojo, codicia, celos y demás, eso me conduce a actuar compulsivamente de una forma destructiva. De hecho, esto es autodestructivo, porque como resultado me siento infeliz gran parte del tiempo. Esta es la conexión que necesitamos hacer.

La felicidad que experimentamos también proviene de un no darse cuenta, pero en este caso, es no darse cuenta de la verdad más profunda de las cosas. Para ser más precisos, tenemos que decir que el no darse cuenta subyace tanto a la conducta constructiva como a la destructiva. Para la conducta destructiva, no nos damos cuenta ni de la verdad más profunda ni de la verdad relativa. Para la conducta constructiva, solo tenemos no darse cuenta de la verdad más profunda. Revisamos un poco esto en la última sesión, de cómo hay una especie de voz en nuestra cabeza que piensa: “¿Qué debería hacer? ¡Quiero salirme con la mía! Estoy preocupado”. Pareciera que hay un pequeño “yo” verdaderamente encontrable ahí que está hablando, pero esto no corresponde con la realidad. No existe tal cosa. Solo hay un componente verbal de nuestros pensamientos, ningún pequeño “yo” quejándose y preocupándose. Cuando no nos damos cuenta de cómo existimos, no nos damos cuenta de la realidad más profunda y nos identificamos con esta proyección de un “yo” fantasioso que está dentro de nosotros. Dado que no corresponde con la realidad, nos sentimos inseguros acerca de él y tratamos de hacernos sentir seguros. Por supuesto, nunca tendremos éxito.

Un mecanismo que utilizamos para tratar de asegurar a ese pequeño “yo”, son nuestras emociones perturbadoras. Sentimos: “Si tan solo puedo obtener algo, estaré seguro”, y entonces tenemos codicia y apego y lujuria. Entonces sentimos: “Si tan solo puedo alejar eso de mí, estaré seguro”, y entonces sentimos enojo y repulsión. O quizás seamos ingenuos y pensemos: “Si tan solo pretendo que lo que sea que me esté amenazando no existe, eso me hará sentir seguro”. Sobre esta base, también tenemos conducta destructiva, como cuando ignoramos nuestro creciente nivel de estrés. Sobre la base del enojo, gritamos, lastimamos e incluso matamos a otros. Con codicia, robamos o nos involucramos en conducta sexual inapropiada que lastima a otros. Con ingenuidad, nos volvemos trabajólicos, comemos una dieta no saludable y nunca hacemos ejercicio. Todo esto surge de la ingenuidad acerca de la verdad más profunda – cómo existimos – y acerca de la causa y el efecto.

Con respecto a la conducta constructiva, incluso si no existe una base de emociones perturbadoras, aún está la ingenuidad que lo subyace todo. Tratamos de probar o establecer nuestra existencia siendo perfectos o buenos, siendo el mejor padre o lo que sea – “Esto hará que este pequeño “yo” en mi cabeza se sienta seguro” – lo cual nunca funciona. Nunca nos sentimos seguros. Aunque sentimos cierta felicidad por ayudar a otros, sigue siendo felicidad ordinaria y no duradera. Nunca nos sentiremos satisfechos con ella, porque inevitablemente sentiremos que no somos lo suficientemente buenos y perfectos. Seguimos sintiendo que necesitamos probar algo. Está claramente basado en el no darse cuenta en el nivel más profundo de cómo existimos.

Para el tercer tipo de sufrimiento, la base para experimentar los altibajos de infelicidad y felicidad ordinaria, tenemos un esquema muy complicado llamado “los doce eslabones de surgimiento dependiente”, el cual no explicaré aquí con mucho detalle, pero aborda la operación del karma.

En la forma más simple, el karma se refiere a la compulsividad, sobre cuya base actuamos de ciertas maneras, destructivamente o constructivamente. ¿Qué significa realmente la compulsión? Compulsión tiene la connotación de que realmente no tenemos control sobre algo, como alguien que compulsivamente golpetea con sus dedos. Esto surge, bueno, solo de tener ganas de hacer algo. La palabra tibetana simplemente significa “quiero hacerlo, deseo hacerlo, me gusta hacerlo”, como tener ganas de gritar o de abrazar o de comer. Luego entra el factor de la compulsión y lo hacemos. Simplemente, esto construye una cierta tendencia de repetir la acción y una tendencia a experimentar infelicidad, si se trató de una acción destructiva, y felicidad, si se trató de una acción constructiva. Esta tendencia será activada en algún punto por ciertas condiciones. Madura y entonces nos sentimos felices o nos sentimos infelices, o tenemos ganas de gritar de nuevo o tenemos ganas de abrazar de nuevo.

Este es un esquema perpetuador, el cual continúa y continúa y continúa, porque estamos continuamente experimentando este deseo de continuar este tipo de conducta. Entonces, el patrón de conducta se repite sin final, porque lo estamos reforzando y fortaleciendo constantemente. Y entonces siempre estamos experimentando este altibajo de felicidad e infelicidad.

Aquí la pregunta más relevante es ¿cómo se activan estas tendencias para producir el resultado, de tal forma que tengamos ganas de repetir la conducta? Esto se explica de manera muy elegante con los doce eslabones, aun si es muy complejo. Constantemente tenemos estos altibajos y esto no tiene que ser particularmente dramático. Incluso cuando estamos dormidos, quizás estemos en un estado intermedio en el que no estamos durmiendo bien, y no nos sentimos muy felices. Así que, ¿cuál es nuestro estado mental cuando experimentamos infelicidad y felicidad ordinaria? La palabra sánscrita para ello es trshna, que significa “sed”. A menudo se traduce como “deseo anhelante”, pero la palabra original solo significa sed.

Básicamente, cuando experimentamos infelicidad, nos estamos muriendo de sed de liberarnos de ella, así como queremos deshacernos de la sed. Cuando experimentamos felicidad, no queremos ser separados de ella, sino que estamos sedientos por más. Es como cuando estamos realmente sedientos y tomamos ese primer sorbo; no es suficiente, ¿o sí? No queremos ser separados de él, queremos más y más y más. Entonces, lo que surge es un aferramiento a un yo sólido, donde pensamos: “Tengo que deshacerme de esta infelicidad”, “no tengo que ser separado de esta felicidad”, y esto activa las tendencias kármicas. Esta es la verdadera causa de todo el sufrimiento que todo lo impregna. Así, las tendencias de experimentar felicidad e infelicidad y demás provienen de nuestra conducta compulsiva mezclada con las emociones perturbadoras, las cuales provienen de nuestro no darse cuenta de la realidad en su nivel más profundo – cómo existen nuestras sensaciones (cambian todo el tiempo) y cómo existimos nosotros realmente (no como una entidad insegura encontrable en nuestra cabeza que de alguna manera pudiéramos hacer sentir segura al aferrarnos).

Este no darse cuenta es la causa básica y está ligado, tanto con nuestra conducta constructiva, como con la destructiva. Es el verdadero alborotador que causa las tendencias de ser feliz, infeliz y de repetir nuestra conducta, de realmente existir. Si observamos esta sed, está intrínsecamente ligada con el no darnos cuenta de cómo existimos. Pensamos: “Yo soy ‘yo’, el único que es importante, así que no debo ser separado de esta felicidad. Es tan importante que yo no sea infeliz”, en lugar de “muy bien, soy feliz o infeliz, ¿eso qué?”. La causa verdadera para que continuemos perpetuamente el renacimiento incontrolablemente recurrente, es simplemente nuestro no darnos cuenta de las dos verdades.

Detención verdadera de las causas del sufrimiento

La tercera verdad es la detención verdadera, en donde las causas del sufrimiento son detenidas y, por lo tanto, el sufrimiento también es cesado. ¿Cómo es posible remover para siempre el no darse cuenta acerca de la realidad? Cuando percibimos lo que no corresponde con la realidad, no hay base para ello. No corresponde con nada real, así que no hay nada que lo sostenga.
Por ejemplo, en un escenario de una producción teatral, hay palos detrás que lo sostienen. El término tibetano significa que no existe tal cosa como estos palos sosteniendo nuestras proyecciones de lo que es imposible. Cuando no hay nada sosteniendo el escenario, ¿qué sucede? Se cae.

Una vez que somos capaces de enfocarnos en el hecho de que no hay nada que sostenga las falsas proyecciones que tenemos, entonces, con práctica y con el tiempo, podemos permanecer enfocados en esta realización para siempre. No hay forma de que el escenario pueda levantarse de nuevo jamás. Este drama del pequeño yo adentro de mi cabeza, preocupándose: “¿qué debería hacer?” y “tengo que ser perfecto” y “tengo que salirme con la mía”, se detendrá. Cuando vemos que nunca hubo nada sosteniendo nuestras proyecciones, nuestra mente ya no proyecta nada que sea imposible. Sobre esta base, ya no vamos a activar ninguna de esas tendencias porque no habrá nada que las active. Ya no habrá: “yo, yo, yo, ¡tengo que ser feliz y no puedo ser infeliz!”.

Si no hay nada que active la tendencia, entonces no podemos decir que tenemos la tendencia. Algo puede ser solo una tendencia para el resultado si puede haber un resultado. En otras palabras, todo el concepto de una tendencia es dependiente de que haya un resultado. Si no hay resultado, ya no puede haber una tendencia que lo produzca.

Así es como podemos revertir el renacimiento incontrolablemente recurrente. Aunque nuestra mente ha estado llenas de tendencias desde el tiempo sin principio, si no hay nada que las active, entonces no existen más. Cuando nos quedamos con darse cuenta de la realidad, simplemente ya no construimos conducta compulsiva que produzca más tendencias. Así, el renacimiento incontrolablemente recurrente y la base para nuestras sensaciones de altibajos se han ido, han terminado para siempre. Esta es una detención verdadera y alcanzamos la liberación.

La verdadera mente que es el camino para producir la detención verdadera

La cuarta verdad noble por lo general se traduce como “camino verdadero” y se refiere a los estados mentales o entendimiento que, como un camino, nos conducen a la meta. Es el entendimiento correcto y decisivo de las dos verdades. Mientras más podamos acostumbrarnos a ellas, de tal forma que en algún punto las tengamos todo el tiempo, se volverá un camino que producirá la detención verdadera del renacimiento incontrolablemente recurrente.

Conclusión

Esta es la forma en la que derivamos las Cuatro Verdades Nobles de las Dos Verdades.

¿Cómo entramos al samsara? De acuerdo con el verso que hemos estado revisando, eso se discute en las primeras dos de las Cuatro Verdades Nobles, esto es, el sufrimiento verdadero y sus causas verdaderas. Básicamente, entramos al samsara por confusión acerca de las dos verdades. O no conocemos la realidad o imaginamos que es muy distinta de como realmente es. ¿Cómo salimos de esto? La tercera y cuarta verdades nobles, o la detención verdadera y la mente verdadera que es el camino. Así que, por no saber las dos verdades de la realidad, obtenemos las dos primeras de las Cuatro Verdades Nobles, y por saberlas, obtenemos las siguientes dos.

Aunque este es un tema muy complejo, esta es la forma en la que trabajamos con las enseñanzas budistas para tratar de obtener cierta convicción de que realmente es posible alcanzar las metas que el budismo describe, y que anhelamos con nuestra práctica. Una vez que lo entendemos de forma precisa, podemos unirlo con todas las demás cosas que implica. A través de la meditación, entonces, nos familiarizamos con ello: convertimos el ver la realidad en un hábito.

Sobre la base de escuchar, pensar y meditar, podemos obtener convicción de que la meta que anhelamos con nuestra práctica es realmente posible, que es un hecho, que puede ser alcanzada y que nosotros mismos podemos alcanzarla si nos esforzamos lo suficiente. De esta forma, nuestra práctica se vuelve mucho más estable, porque no solo está basada en una creencia frágil de que lo que anhelamos quizás sea posible. Por el contrario, obtenemos certeza.

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