Una perspectiva budista de la vida

Las cosas más importantes en la vida cotidiana son evitar, tanto como se pueda, todas las formas destructivas del comportamiento, del habla y del pensamiento, y cultivar tanto como sea posible todos los modos constructivos y positivos. Para hacer esto se requiere domesticar a la mente, deshaciéndola de la confusión sobre la realidad y sobre la causa y efecto conductual. Cuando conducimos nuestra vida de esta forma, tenemos una perspectiva budista de la vida.

Nuestro tema, Una perspectiva budista de la vida, aborda básicamente cómo aplicamos las enseñanzas del Buda en nuestra vida cotidiana. ¿Qué es lo que, de hecho, significan para nosotros? Esto es extremadamente crucial. Quizás estudiemos las enseñanzas y tengamos una práctica diaria de meditación, pero no está claro cómo se relaciona esto realmente con nuestra vida cotidiana. ¿Qué significan en términos prácticos? ¿Cómo cambian nuestra vida o nos afectan personalmente? ¿Es la práctica budista algo que hacemos de forma marginal, como un pasatiempo o como un escape de las dificultades de la vida? ¿Acaso nos fugamos simplemente en una agradable y bonita visualización o fantasía, o nuestra práctica es algo muy útil que realmente nos ayuda en nuestra vida? Después de todo, esto es para lo que fueron propuestas las enseñanzas budistas, para ayudarnos a superar el sufrimiento y los problemas en nuestra vida.

Una pauta útil

Podemos encontrar una pauta muy útil para aplicar las enseñanzas en la vida cotidiana en una plegaria corta llamada Tres prácticas a ser realizadas continuamente, usualmente recitadas antes de la mayoría de las enseñanzas. En ella, tenemos la línea:

No cometer nada negativo en lo absoluto; poner en práctica espléndidamente lo que es constructivo; dominar por completo tu propia mente. Estas son las enseñanzas del Buda.

Estos son los puntos más importantes de las enseñanzas budistas. En la primera línea, No cometer nada negativo en lo absoluto, negativo significa algo autodestructivo, algo que causa problemas e infelicidad a otros o, en el largo plazo, a nosotros mismos. Por lo tanto, lo primero que hacemos en la práctica budista es intentar no causar daño a los demás o a nosotros mismos. En la segunda línea, poner en práctica espléndidamente lo que es constructivo; constructivo significa algo que trae consigo que las cosas vayan bien para los demás y para nosotros mismos, y que produce felicidad.

Para hacer esto, la tercera línea dice: dominar por completo tu propia mente. Esto indica la fuente de ambas, de nuestras acciones destructivas y constructivas. Para lograr abstenernos de las primeras y poner en práctica las segundas, necesitamos trabajar con nosotros mismos – con nuestras actitudes y nuestras emociones-, y estas provienen de nuestra mente. Nuestras actitudes y emociones afectarán cómo nos relacionamos con otros y cómo actuamos, hablamos y pensamos en la vida. Así que, la última línea: estas son las enseñanzas del Buda.

Entender la realidad

Si miramos un poco más profundamente, como uno de mis amigos que es maestro budista señaló: el enfoque básico en el budismo es ser realista: saber qué es la realidad y lidiar con ella de una manera realista. En otras palabras, necesitamos basar nuestra comportamiento y entendimiento de las cosas en la realidad.

¿Qué es la realidad? La realidad es la causa y efecto, o lo que usualmente se conoce como “surgimiento dependiente”. Las cosas surgen u ocurren en dependencia en términos de causa y efecto. En otras palabras, nuestras acciones destructivas o constructivas provienen de causas. Si revisamos nuestro comportamiento, veremos que, o está causando problemas o está produciendo más felicidad y beneficios para nosotros y para los demás. Pero necesitamos observar nuestro comportamiento de manera no enjuiciadora. No ser enjuiciadores es muy importante como la forma en que lidiamos con nuestra vida.

La ética budista no está basada en seguir las leyes provistas por algún ser divino o dadas por alguna legislatura o por algún gobernante. Si tenemos una ética basada en tales leyes, tenemos juicios. Si seguimos las leyes y reglas, somos considerados buenos y recompensados; y si no las seguimos -si rompemos las leyes- somos considerados malos y merecemos un castigo. Esta no es la ética budista ni la manera budista de lidiar con la vida. Es importante darse cuenta de esto cuando nos encontramos juzgándonos a nosotros mismos. Este es uno de los cambios profundos de actitud que necesitamos intentar llevar a cabo: dejar de juzgarnos a nosotros mismos - por ejemplo, pensar que somos malos, que no somos buenos, que no somos los suficientemente buenos, o que lo que hicimos fue algo sumamente horrible.

En lugar de eso, necesitamos ver nuestra forma de lidiar con la vida en términos de causa y efecto. Si causamos problemas e hicimos un desastre, esto surgió por causas y condiciones. No es porque seamos malos. Si profundizamos, nos daremos cuenta de que estábamos confundidos acerca de la situación; no entendíamos. A lo que se reduce, en realidad, es a proyecciones. Tendemos a exagerar las cosas y a proyectar todo tipo de sinsentidos sobre nosotros, sobre las situaciones y sobre las personas a nuestro alrededor. Entonces, tendemos a creer que estas proyecciones corresponden a la realidad, cuando en realidad no lo hacen. Si nos examinamos a nosotros mismos y el por qué estamos actuando en modos destructivos, usualmente encontraremos que hemos proyectado algún sinsentido sobre lo que sea que está involucrado en la situación y que estamos respondiendo a nuestras proyecciones.

Las dos verdades

Su Santidad el Dalai Lama, recientemente ha estado hablando mucho sobre cuál sería la manera más universal de ayudar a la gente a que sus vidas sean menos problemáticas. Él no se está restringiendo a una audiencia budista, sino que está hablando universalmente, tal como es su preocupación. Él dice que necesitamos comenzar entendiendo las dos verdades. Esto es lo más básico. No necesitamos ver las dos verdades de un modo muy sofisticado, sino de un modo mucho más básico con el que cualquiera pueda relacionarse. Por una parte, están nuestras proyecciones basadas en exageraciones o en ninguna cosa salvo nuestras ideas salvajes; y, por otra parte, está la realidad. Estas son las dos verdades.

Para una mente confundida, las proyecciones parecen verdaderas, tales como “soy un perdedor, nadie me ama” o “este es el desastre más grande en el mundo”, cuando nuestra comida se quemó, o cuando no hay más de lo que pedimos en un restaurante, o cuando estamos atascados en el tráfico y pensamos que nunca llegaremos a casa. Exageramos y proyectamos que estas son las cosas más terribles que pueden ocurrir y que estar atascados en el tráfico, por ejemplo, durará para siempre. Tomamos estas proyecciones como verdaderas. Esta es la verdad convencional: lo que una mente confusa considerará incorrectamente como verdadero.

Luego, está la realidad, la verdad más profunda. La realidad es que el tráfico está allí por causas y circunstancias; es la hora pico y todos quieren llegar a casa. ¿Qué esperábamos? Es como quejarse de que hace frío en invierno. ¿Qué esperábamos? Es invierno. Es así.

Necesitamos ser capaces de diferenciar entre las dos verdades y, cuando nos demos cuenta que estamos exagerando y proyectando sinsentidos, deconstruir ese sinsentido. En breve, para entender lo que nos está ocurriendo en nuestra vida, necesitamos entender la diferencia entre las dos verdades e integrar este entendimiento en nuestra vida. Esto es esencial.

Este punto está indicado en la siguiente línea de la misma plegaria:

Como las estrellas, una imagen borrosa, o una antorcha (giratoria), una ilusión, gotas de rocío o una burbuja, un sueño, o un relámpago o nubes, considera que los fenómenos afectados son así.

Tenemos que reconocer en nuestra vida cuándo estamos exagerando y proyectando, y haciendo un gran asunto de la nada o de algo muy pequeño. Necesitamos reconocer que lo que parece tan real es como una ilusión, un sueño, una burbuja y así sucesivamente. No es realmente sólido como parece ser. Por lo tanto, no vamos a creer que corresponde a la realidad. No creer es como reventar el globo de nuestra fantasía.

Proyección

Hay básicamente dos tipos proyecciones; algunas son útiles y otras son perjudiciales. ¿Qué proyecciones son útiles? Podríamos tener una intención positiva o neutral; por ejemplo, podríamos tener la intención de organizar un viaje. Vamos a viajar de aquí para allá, y pensamos en el futuro. Esta es una proyección: necesitamos hacer esto o lo otro, llevar esto o lo otro con nosotros, hacer reservaciones, etc. Este tipo de proyecciones también aplican para una rutina de trabajo o una lista de compras cuando vamos a la tienda. Estas son proyecciones con respecto a lo que tenemos intención de hacer, un plan de cómo lograremos algo. Hacemos esto con frecuencia en el trabajo cuando preparamos un plan para saber lo que queremos conseguir en el año.

Pero, entones tenemos que darnos cuenta de que nuestro plan proyectado es como un sueño. ¿Qué significa eso en un nivel práctico? Significa ser flexibles. Estos son fenómenos afectados, como dice la plegaria. Son afectados por causas y condiciones; a veces son llamados “fenómenos condicionados”. Las cosas surgen basadas en causas y condiciones, así que, cuando hacemos un plan, la situación será afectada por causas y condiciones, y éstas pueden cambiar. Un ejemplo de un cambio podría ser que no hay más asientos disponibles en un vuelo específico. Aunque hayamos planeado tomar el vuelo, necesitamos cambiar nuestro plan. En lugar de quejarnos y enfadarnos por esto, simplemente aceptamos la realidad. Esto es en lo que necesitamos entrenarnos. Cuando nos atascamos en nuestro plan original y no tenemos la flexibilidad para darnos cuenta de que el plan original es como una ilusión, o como una burbuja y todas las analogías en la plegaria, entonces nos aferramos firmemente a él.

¿Qué es lo que eso produce? Produce un estado mental muy infeliz. Podemos enojarnos mucho o frustrarnos mucho. Tan sólo nos hace miserables y no cambia en nada la situación. Maldecir al tráfico cuando estamos atascados, no ayuda; tocar la bocina tampoco ayuda. La única cosa que ayuda es aceptar la realidad de que la situación que esperábamos ha cambiado. Por ejemplo, planeábamos llegar a cierta hora; perdimos el tren o el tren se atrasó y no hay nada que hacer al respecto. Es así como aplicamos las enseñanzas en niveles útiles de nuestra vida.

Necesitamos entender que hay un modo correcto e incorrecto de considerar las cosas. El modo incorrecto es pensar que algo que es constantemente afectado por condiciones cambiantes, es estático y fijo; como pensar que un plan debe ser fijo. Pensar así es muy común. Necesitamos estar listos para cambiar nuestros planes cuando tienen que ser alterados y las cosas no están saliendo como lo teníamos planeado. Podemos quedarnos atrapados en el tráfico, o la gente puede cancelar citas y cosas así. En Involucrarse en la conducta del bodisatva, Shantideva da el mejor consejo para esto:

Si puede ser remediado, ¿por qué ponerse de mal humor por algo? Si no puede ser remediado ¿de qué ayuda ponerse de mal humor al respecto?

El consejo es realmente básico, es algo que necesitamos digerir y hacer parte de nuestro modo de lidiar con la vida. Si nos metemos en una situación difícil en la vida y podemos cambiarla, simplemente la cambiamos. Si no podemos cambiarla y no hay nada que hacer al respecto, entonces no tiene sentido enfadarse. Por ejemplo, nuestro equipaje se pierde en un viaje y no seremos capaces de recibirlo durante unos días. Tan solo aceptamos esa realidad.

Tuve una experiencia muy interesante hace unas cuantas semanas. Estaba viajando a las enseñanzas de Su Santidad el Dalai Lama en Holanda. Fui al aeropuerto para volar a Ámsterdam, estaba esperando en la línea para hacer el registro. El sistema de las computadoras se había caído y había una fila muy larga. Todos estaban alterados porque no podrían hacer el registro a tiempo para llegar a sus vuelos. En un punto, la gente que estaba delante de mí sacó sus boletos y pasaportes, y cuando yo iba a hacer lo mismo, me di cuenta de que se me había olvidado llevar mi pasaporte conmigo. No podía hacer el registro sin un pasaporte y no tengo una tarjeta de identificación alemana.

Esta es la primera vez en toda mi vida que algo así me sucede. ¿Qué hago? Estoy en el aeropuerto y no hay absolutamente ningún modo de que pueda ir a mi apartamento y luego regresar al aeropuerto con mi pasaporte a tiempo para hacer ese vuelo. ¿Me altero por algo así? Eso no ayudará. ¿Me enojo? Eso no ayudará. Fui al mostrador de información y pregunté si había un vuelo más tarde, pero no había uno desde ese aeropuerto; sin embargo, había uno esa noche en el otro aeropuerto ubicado al otro extremo de la ciudad. Eso significaba que perdería el evento al que había planeado asistir en la noche. ¿Qué podía hacer? Fui a casa, hice la reservación para el otro vuelo, volé esa noche y eso es todo.

Este tipo de experiencias son una prueba de cómo hemos integrado las enseñanzas en nuestra vida. ¿Nos enfadamos por todo el asunto y nos alteramos? Si nos enojamos, lo único que eso hace es lastimarnos y hacernos sentir miserables. Necesitamos aceptar instantáneamente la realidad de la situación y atender lo que necesitamos hacer. Así es como necesitamos integrar y utilizar, en un nivel práctico, las enseñanzas del Buda sobre la impermanencia, en lugar de quedarnos fijados a las proyecciones, por ejemplo, de cómo había planeado tomar cierto vuelo, tomar cierto tren desde el aeropuerto de Ámsterdam a Róterdam e ir al evento de la noche. Eso es como un sueño y no ocurrirá de ese modo. Muy bien, así que ahora hacemos un plan alternativo.

Esto se relaciona con una instrucción muy básica dada para la meditación: necesitamos meditar sin expectativas. Si no tenemos expectativas, no tendremos decepciones. Esto es muy básico para la aplicación práctica del budismo.

Mi hermana tiene dos hijos y cuatro nietos. Siempre la estoy alentando a no esperar que sus hijos o nietos la llamen. Si esperamos eso, nos decepcionaremos porque no lo harán. Si queremos hablar con alguien, podemos llamarlos. Es tan simple como eso; tenemos que aceptar la realidad. Si podemos cambiarla, la cambiamos. Si no podemos cambiarla, no podemos cambiarla. No vamos a recuperar nuestro equipaje perdido más pronto de lo que tardará en llegar. Aceptamos eso.

Para repetirlo, hay dos tipos de proyecciones. Una que es útil – sí necesitamos hacer ciertos planes. Necesitamos hacer reservaciones de avión si queremos llegar a algún lado. Sin embargo, otras, no solo no son tan útiles, sino que son perjudiciales.

Reflexión y aplicación práctica

Antes de revisar nuestras proyecciones perjudiciales, es una buena idea reflexionar sobre nuestra situación. ¿Qué tan flexibles somos? ¿Qué tanto nos alteramos cuando las cosas no salen como las habíamos planeado? ¿Qué tanto quedamos atrapados en un esquema fijo de cómo debería ser algo? Por ejemplo: esta tarea debe ser hecha en este momento exacto; o, si vamos a un restaurante, tendrán exactamente la comida que queremos, y será servida rápidamente. ¿Qué tanto nos apegamos a algún tipo de plan y de expectativa? Intenten darse cuenta cuán poco placentero es cuando nos decepcionamos. Estamos decepcionados por nuestras expectativas. Pensamos que nuestro plan debe corresponder a la realidad de cómo funcionarán realmente las cosas.

Pero todo es dependiente de causas y condiciones. A los restaurantes se les puede acabar la comida que queríamos. Estas son causas y condiciones. El tren estaba atrasado; quedamos atrapados en el tráfico y perdimos el avión. Estas son causas y condiciones. Examina por unos pocos minutos qué tan flexible eres. ¿Es algo en lo que necesitas trabajar? No es suficiente tan sólo aprender sobre la impermanencia o concentrarse en la respiración y darse cuenta de que la respiración es impermanente. Eso está muy bien, pero ¿cómo aplicamos esto en nuestra vida? Ese es el aspecto crucial de entender la impermanencia.

Piensa en un ejemplo práctico como soltar un plato y que se quiebre. ¿Cuál es tu respuesta emocional a esto? Estás cocinando la cena y se quema. ¿Cómo lidias con esto emocionalmente? Allí es cuando se revela nuestro progreso. Intentamos hacer algo en la computadora o en el teléfono y no funciona. ¿Puedes instantáneamente intentar otra cosa? ¿O te alteras? ¿Maldices?

Estas son las aplicaciones prácticas de las enseñanzas. Si nos alteramos en estas situaciones y no somos capaces de simplemente cambiar al plan B – siempre hay otra forma de hacer algo en el teléfono, en la computadora y demás – si nos alteramos, esto indica que son áreas en las que necesitamos trabajar.

Proyecciones perjudiciales

Como mencioné antes, de los dos tipos de proyecciones, una es útil para planear y programar y la otra es perjudicial. Imaginar cosas como “soy un perdedor; nadie me ama; esta persona es una persona terrible, y así sucesivamente” son perjudiciales. O pensar que si una comida se quema o si perdemos un tren es un completo desastre. Tales proyecciones perjudiciales están basadas en la exageración.

Con la ira, exageramos las cualidades negativas de algo y las inflamos. Muchas personas han experimentado esto en el tren subterráneo o en el metro: en lo que vamos bajando las escaleras, el tren deja la plataforma. ¿Cómo somos capaces de lidiar con esto? ¿Maldecimos? No es la peor cosa del mundo tener que esperar cinco o diez minutos, pero lo exageramos y reaccionamos con ira y nos alteramos. Esto nos hace infelices y no ayuda ¿cierto?

Con la avaricia y el apego, pensamos que algo es lo más maravilloso en el mundo o que estamos con la persona más maravillosa. Exageramos, nos enamoramos y sólo vemos los lados buenos exagerados de la persona. Esperamos que la persona esté a la altura de nuestras exageraciones, pero nadie puede. Entonces, nos decepcionamos.

Tales actitudes son problemáticas. A menudo, lo que ocurre es que miramos a las cosas desde una perspectiva muy estrecha. Esto puede ocurrir, por ejemplo, cuando tenemos un traspié en nuestra vida, o alguien nos rechaza, o alguien nos hace algo desagradable. Una persona con la que tenemos una relación hace algo que no nos gusta, no nos llama en nuestro cumpleaños o se enoja y nos grita o lo que sea. Nos concentramos sólo en ese incidente. No vemos el panorama más amplio de toda la relación. Tan sólo la identificamos con esta cosa estrecha y nos enojamos mucho.

Si tenemos una dificultad o una enfermedad, podemos pensar: “Pobre de mí, soy el único sufriendo así”. De nuevo, este es un punto de vista muy estrecho. Es una proyección basada en no ver la perspectiva más amplia. Por ejemplo: “Nadie me ama”. Si escaneamos nuestra vida entera, ¿es verdad que nadie en toda nuestra vida nos ha amado nunca? ¿nuestro perro no nos ama? ¿nadie fue alguna vez bueno con nosotros y nos cuidó? Como otro ejemplo: “Soy un perdedor”. ¿Es eso verdad? ¿Es verdad que nunca hemos tenido éxito en ninguna cosa? Hemos tenido éxito en aprender a caminar o en ir al baño, así que ciertamente hemos tenido éxito haciendo algo.

De nuevo, nuestras proyecciones no corresponden con la realidad, pero queremos que correspondan, así que creemos que lo hacen. Queremos que nuestra compañera o compañero sean la persona más maravillosa y especial en el mundo. Un buen ejemplo son los pingüinos en la Antártica y cómo tienen una pareja para toda la vida. Para nosotros, todos se ven iguales, pero para el pingüino, es uno entre todos los demás el que es especial. Por supuesto, desde la perspectiva de los pingüinos, los humanos se ven exactamente iguales; pero, para nosotros, no importa si alguien más nos ama. No, tiene que ser ese sólo – el o la más especial – que me ames. Este tipo de exageración no es muy útil.

Negar la realidad

Otra variación de una proyección perjudicial es negar la realidad, no ver la realidad de otros y negarla. Esto ocurre cuando objetivizamos a las personas y las convertimos en objetos sin considerar que también son seres humanos con sentimientos. Hay una línea muy famosa en el budismo: “todos quieren ser felices y nadie quiere ser infeliz”. ¿Qué tan seriamente tomamos eso en consideración con respecto a otras personas? Muy a menudo ignoramos esto y actuamos como si no importara cómo tratamos a alguien o cómo le hablamos a los demás. Es como si la causa y el efecto no aplicaran aquí, y nadie más tuviera sentimientos.

Por ejemplo, alguien en nuestra oficina es muy molesto y desagradable. Pero, aun así, esa persona quiere ser feliz y no quiere ser infeliz. Quiere agradarles a las personas y no quiere desagradarles. Actúa de manera desagradable porque está muy confundida en torno a qué le generará felicidad. De nuevo, esto vuelve sobre el hecho de no ser enjuiciadores. Como Shantideva dijo, destruimos nuestra felicidad como si fuera nuestro enemigo. En otras palabras, corremos hacia las causas de la infelicidad. Si alguien está actuando en un modo terriblemente egoísta, tan sólo causa que todos lo rechacen. A nadie le gusta el modo en que está actuando, pero esa persona cree que eso la hará feliz.

Esto es muy importante: cuando nos encontremos con otros, intentemos entender: “tú quieres ser feliz, tal como yo. Tienes sentimientos, tal como yo. No quieres ser infeliz y quieres agradar, tal como yo. No quieres desagradar o ser rechazado, tal como yo no quiero serlo”. Esto es muy útil practicarlo cuando estamos en un autobús o en el tráfico. Todos quieren llegar a su destino, y nadie quiere quedarse sentado en el tráfico, tal como nosotros no queremos. No hay razón para enojarse con las otras personas. Todos tienen sentimientos, tal como nosotros.

Una línea muy útil es: “No a todos les agradaba el Buda; así que ¿por qué esperamos que les agradaremos a todos?” o “ellos crucificaron a Jesús, así que ¿qué esperamos para nosotros mismos?”. ¿Es el caso que todos nos amarán? Esto es muy útil cuando no le gustamos a alguien o no nos responde en un modo positivo como nos gustaría. Estas son líneas que pueden ser muy útiles para la vida en un nivel práctico para contrarrestar nuestras expectativas y proyecciones poco realistas. Podríamos pensar: “siempre debo tener la razón y todos deberían escucharme”. Pero ¿por qué deberían hacerlo?

Recuerden, estamos haciendo una distinción entre lo que es realista y lo que no es. Podríamos tener la intención de hacerlo mejor, de mejorar, de tener más concentración o lo que sea. Hacerlo mejor cuando, de hecho, somos capaces de eso, es una expectativa realista. Pero, cuando pensamos: “yo siempre debería ser la persona más importante en tu vida. Tú siempre deberías estar disponible para mí”, como cuando nuestra pareja llega a casa del trabajo y pareciera ser que nada ha pasado en su vida durante el día, como si llegara de la nada, por lo que pensamos que ahora debería estar totalmente disponible para nosotros; esa es una expectativa no realista ¿cierto?

Tomemos un momento para considerar cuando tenemos expectativas poco realistas. ¿Cuántas de estas expectativas poco realistas tenemos y qué tan bien podemos reconocerlas? ¿Reconocemos que son perjudiciales y que nos dañan cuando las creemos? ¿Acaso vemos que causan dolor emocional? Al Dalai Lama le gusta llamarles nuestros alborotadores internos.

Muchas personas en Occidente están influenciadas por sus filosofías orientadas a enjuiciar. Para muchos de nosotros, uno de los pensamientos más problemáticos es que no somos lo suficiente buenos. Esto es muy enjuiciador. Necesitamos reconocer que nadie nos está juzgando y ciertamente no necesitamos juzgarnos a nosotros mismos. Puede que estemos confundidos, pero eso no significa que seamos deficientes o malos. Esta es una proyección muy autodestructiva.

Es esencial ser capaces de diferenciar entre las dos verdades. Lo que nos parece verdad a nosotros – que no somos lo suficientemente buenos, por ejemplo – es, de hecho, falso. No hay razón para creer esto, así que tenemos que intentar dejar de creer esto y llevar una vida en términos de causa y efecto. Si queremos lograr algo, necesitamos producir las causas. Si eso es posible, simplemente lo hacemos; y si no es posible, aceptamos la realidad. Por ejemplo, si queremos conseguir un mejor trabajo, necesitamos buscarlo y no simplemente esperar a que algo nos caiga del cielo o que alguien nos lo dé. Hay una causa y un efecto. Necesitamos ser receptivos a las posibilidades y aprovecharlas, y no simplemente quedarnos encerrados en una situación pensando que es tan terrible, que nunca saldremos adelante y que no se puede hacer nada al respecto. Este tipo de pensamiento es muy negativo. Como la plegaria indica: No cometer nada negativo en lo absoluto. Esto no es simplemente en términos de hacer algo o decir algo, sino también de pensarlo. Esto incluye cómo nos consideramos a nosotros y a los demás.

Las cuatro verdades nobles

Esta aproximación de diferenciar la proyección de la realidad es cómo aplicar las cuatro verdades nobles en nuestra vida. Como Su Santidad enfatiza, necesitamos ir de las dos verdades a las cuatro verdades. Necesitamos entender que nuestros problemas, la primera verdad noble, proviene de causas, la segunda verdad noble. Tenemos estas proyecciones y, además, ignorancia o no darse cuenta del hecho de que estas proyecciones no corresponden con la realidad. Si queremos lograr una cesación de esto –la tercera verdad noble– para deshacernos de esto, tenemos que entender la realidad –la cuarta verdad noble– y reventar el globo de nuestra fantasía.

No necesitamos ser budistas para aplicar esto. Como el Dalai Lama dice, esta es una aproximación universal y no tenemos que referirnos a esto como las cuatro verdades nobles. No tenemos que ponerle ningún nombre. De este modo, de hecho, nos conduce a las Tres Joyas sin siquiera decir qué es lo que son. Entendemos que, si eliminamos la causa de nuestros problemas, los problemas se irán. El estado en el que todas las causas y problemas se han ido y el entendimiento que eso produce, es la Joya del Darma. Estas son la tercera y la cuarta verdades nobles. Los budas son aquellos que han realizado esto completamente y la Sanga son quienes han hecho esto en parte.

De este modo, tenemos dos verdades, cuatro verdades y tres joyas y ni siquiera tenemos que ser budistas para eso. La línea divisoria para ser budista es el objetivo de trabajar para mejorar nuestras vidas futuras. Sin embargo, esta aproximación requiere una creencia en las vidas pasadas y futuras. Como Su Santidad ha señalado, nuestra aproximación tradicional del sutra, tal como fue introducida en el Tíbet en la época de Atisha, es el lam-rim, los tres niveles de motivación. Estos son para mejorar las vidas futuras, obtener la liberación de las vidas futuras incontrolablemente recurrentes, y luego alcanzar la iluminación para poder ayudar de la mejor manera a todos los demás a obtener la liberación de las vidas futuras. Toda esta estructura depende de las vidas futuras y el renacimiento. Con los cuatro pensamientos que giran la mente al Darma es lo mismo – renacimiento. Todo el camino está basado en la fe de que hay tal cosa como el renacimiento.

Para los occidentales o para una aproximación más general, es mejor comenzar con las dos verdades, las cuatro verdades y las tres joyas. Después de esto, podemos introducir la discusión sobre la causa y el efecto; pero la causa y el efecto no tendrán ningún sentido si tenemos un comienzo absoluto. Esto nos lleva a la mente sin principio; y, si entendemos la mente sin principio, entonces entendemos el renacimiento. En este punto, podemos llegar a querer sinceramente beneficiar a las vidas futuras y obtener la liberación del samsara, del renacimiento incontrolablemente recurrente. Cuando nuestro involucramiento en el camino gradual del lam-rim sólo está basado en tener fe en el renacimiento, no es estable. Esto no significa que practicar el lam-rim sobre esta base sea inútil; es sólo que sería más estable si pudiéramos llegar al lugar en donde los tibetanos tradicionalmente comienzan, es decir, con la convicción en el renacimiento.

Este esquema de las dos verdades y demás también indica el modo en que podemos integrar las enseñanzas en nuestra vida. Comienza con la diferenciación entre nuestras proyecciones y la realidad, el reconocimiento de cuando estamos proyectando y nuestra creencia errónea en estas proyecciones. Todo esto ha de lograrse sin ser enjuiciadores. Por ejemplo, “yo creí que ibas a ayudarme con esto y no lo hiciste” o “creía que lo ibas a hacer correctamente y no lo hiciste”. En nuestro trabajo, asignamos una tarea a alguien con la expectativa de que lo haga bien y no lo hace, ¿qué hacemos? Lo hacemos nosotros mismos. ¿Nos enojamos con la persona? Eso no ayuda. No le des una tarea similar en el futuro o enséñale cómo hacerlo correctamente. Lidia con la realidad. Nos enojamos producto de nuestra expectativa de que la persona lo haría correctamente sin ninguna guía. Podemos esperar que lo haga; eso es diferente. Sin expectativas no hay decepción.

Emociones perturbadoras

Cuando queremos seguir la línea No cometer nada negativo en lo absoluto, necesitamos reconocer cuando estamos actuando, hablando o pensando en un modo que está bajo la influencia de las emociones perturbadoras. La definición de una emoción perturbadora es un estado mental que, cuando es desarrollado, nos causa la pérdida de la paz mental y del autocontrol. Cuando nos enojamos, no tenemos paz mental y decimos y hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos. Cuando somos codiciosos o nos apegamos a alguien, no es un estado mental pacífico, y decimos cosas que más tarde consideramos bastante ridículas. A menudo, esto aleja a la otra persona por ser demasiado demandantes o apegados.

Necesitamos reconocer cuando estamos actuando bajo la influencia de una emoción perturbadora. Cuando nos volvemos un poco más sensibles a nuestra propia energía, podemos sentir que estamos un poco nerviosos cuando hay alguna hostilidad o algún apego subyacente. Estas emociones destructivas y perturbadoras provienen de nuestra ignorancia, o nuestro no darnos cuenta. No nos damos cuenta de la causa y del efecto. No es que seamos tontos; no nos damos cuenta de que las cosas provienen de causa y efecto y no nos damos cuenta de que nuestras proyecciones no corresponden a la realidad.

El Entrenamiento Mental en siete puntos afirma sucintamente:

Pon toda la culpa en una sola cosa, la actitud egocéntrica.

Esto significa que siempre estamos aferrados a que las cosas salgan a nuestro modo, el modo en que quisiéramos que ocurrieran. Es la actitud “yo primero”: “El modo en que yo proyecto y espero que las cosas vayan deberían ser el modo en que son”. Culpar a tales actitudes de nuestros problemas es un consejo muy útil. Ejemplos de esto son: “Quería que este restaurante fuese perfecto” o “quería que esta noche fuese perfecta” o “quería que actuaras de este modo conmigo”. Esto proviene de “yo, yo, yo”. Estamos solamente pensando en mí y no en ti. No estamos pensando que alguien podría haber tenido un día difícil o estar preocupado con alguna otra cosa. Es tan sólo sobre “mí” y lo que yo quiero. Estos son los tipos de problemas en los que queremos concentrarnos y cambiar en nuestra vida cotidiana. La perspectiva budista sobre la vida es que la culpa de todos nuestros problemas es la actitud autocentrada. Esto significa ser egoístas y egocéntricos. Esto no está sugiriendo que ignoremos totalmente nuestras necesidades, más bien, que no consideremos nuestras necesidades como la única cosa que importa e ignorar las necesidades de los otros. Esta es una aproximación muy básica.

Poner en práctica espléndidamente lo que es constructivo significa actuar con entendimiento y sin estar enojados, codiciosos o necesitados. Queremos evitar ser alguien que necesite aprobación y que siempre necesita atención. Cuando actuamos bajo la influencia de estas actitudes, causamos problemas ¿o no? Hacemos demandas poco realistas a los demás y nos decepcionamos. Actuar constructivamente significa actuar sin eso. Esto no significa que, en el nivel más profundo, hayamos logrado un verdadero cese de estas actitudes y emociones perturbadoras, sino que somos capaces de no actuar bajo su fuerte influencia.

La vida es nuestro campo de entrenamiento

No queremos ser ingenuos y no reconocer las cualidades de los otros. Necesitamos reconocer que, tal como nosotros tenemos sentimientos, los demás también tienen sentimientos. Así como no nos gusta ser rechazados o ignorados, a otros tampoco les gusta ser ignorados o rechazados. Estas son las realizaciones que necesitamos aplicar en nuestra vida. Para hacer eso, necesitamos dominar por completo nuestra propia mente, como afirma la tercera línea de la oración.

Es muy útil ver nuestra vida como campo de entrenamiento. De esto se trata toda la práctica. Ciertamente no está limitada a sentarse en un cojín en un ambiente hermoso con velas, incienso, silencio y, definitivamente, sin bebés llorando.

Una vez fui a un centro budista en donde un estudiante mío estaba enseñando, y alguien había llevado a su hijo de dos años. El hijo de dos años corría por toda la sala mientras se desarrollaba la sesión. ¿Qué esperábamos de un niño de dos años? ¿Que se quedara sentado perfectamente quieto durante una hora y media? El instructor señaló que traer al niño pequeño a la clase estaba perfecto; fue un desafío maravilloso tener a este pequeño corriendo alrededor y haciendo un montón de ruido mientras intentábamos meditar. Esta es la práctica real. ¿Podemos practicar y no molestarnos o distraernos? No significa que el padre no ponga atención para evitar que el niño salga herido. Pero ¿podemos practicar con el ruido del tráfico afuera, o incluso cuando estamos atorados en el tráfico?

Esta es la vida, y la vida necesita ser el área de práctica, el verdadero campo de batalla contra nuestra ignorancia, no darse cuenta y emociones perturbadoras. En La Guirnalda de Joyas de un Bodisatva, Atisha lo afirma muy claramente:

Cuando esté entre muchos, permítanme examinar mi habla. Cuando esté solo, permítanme examinar mi mente.

Esto es muy útil. Cuando estamos con otros, observemos cómo les hablamos. No son sólo las palabras, sino también el tono de voz, las emociones y las actitudes tras ellas. Si nos damos cuenta de que estamos hablando con hostilidad o arrogancia, lo notamos y bajamos el tono. Es lo mismo con nuestra mente cuando estamos solos. Tener cuidado con lo que estamos pensando, todo el síndrome de “pobre de mí, nadie me aprecia”.

Esto lleva al punto en el Entrenamiento Mental en Siete Puntos en donde se afirma que hay tres cosas difíciles: tener presencia mental de los oponentes – tener presencia mental significa recordarlos – tener presencia mental de aplicarlos y de mantenerlos. Estas son las cosas más difíciles e importantes de las cuales tener presencia mental. Escuchamos sobre la práctica de la presencia mental, pero esto no significa, como se entiende en el contexto occidental, que vamos a estar simplemente en el momento presente. La palabra “presencia mental” (mindfulness en inglés) es la palabra que significa recordar. Necesitamos recordar que lo que estamos proyectando es basura y luego aplicar esta realización y mantenerla. Esta es la verdadera práctica en la vida cotidiana.

Estados no conceptuales y conceptuales

Escuchamos todo este consejo budista sobre ser no conceptuales y no ser conceptuales. ¿Qué es lo que significa? Por supuesto, podríamos recitar una definición muy técnica y un análisis de esto; pero si lo revisamos en un nivel práctico, nuestro objetivo es no tener que pensar sobre estas cosas para poder aplicarlas. En una situación en donde perdemos un vuelo o un tren, el objetivo es no tener que pensar sobre la impermanencia, y en cómo todo está afectado por causas y condiciones, y que si nos enojamos eso no será útil. Quizá necesitemos pensar sobre estos puntos como un primer paso; pero lo que queremos es que se vuelva automático. No tenemos que pensar sobre esto; simplemente está allí. Automáticamente, no reaccionamos de forma exagerada y, en cambio, somos flexibles.

Este es nuestro objetivo. No es un estado místico. Quizá este no es el estado completamente profundo de no conceptualidad, pero, en un modo no técnico, esto es lo que estamos practicando lograr. Practicamos con el fin de poder integrar todas estas enseñanzas en nuestra vida para evitar crear más y más sufrimiento para nosotros mismos y para los demás. De eso se trata todo esto.

Preguntas

Cuándo ser flexibles al seguir un plan

Quiero pensar que soy flexible y que quiero encarar la realidad, pero esto no siempre es tan cierto. Un problema que enfrento en conocer la realidad es cuándo rendirme y cuándo no rendirme al mantener un plan, sabiendo qué puede y qué no puede ser cambiado. Por ejemplo, perdí el tren y corrí, tomé un taxi y agarré el tren en la siguiente estación. ¿Cómo juzgar cuándo es útil luchar por nuestro plan?

Hay muchos factores involucrados respecto a seguir un plan o rendirse con él. Tenemos que ver si hay alternativas y si puede ser cambiado, tal como tu ejemplo de tomar un taxi y alcanzar el tren en la siguiente estación. Si no hay taxis disponibles, entonces tendríamos que rendirnos. Este es un ejemplo en un nivel práctico. Pero, en otro nivel, digamos que postulamos para entrar a un colegio y somos rechazados este año. ¿Nos rendimos o postulamos de nuevo el próximo año? Tenemos que evaluar. No hay nada negativo sobre postular el próximo año si no somos aceptados en ningún otro lado. Esto implica un análisis de la situación respecto de lo que es realista. ¿Estamos exagerando nuestras habilidades y calificaciones o no? Necesitamos pedir la opinión de otras personas también.

Cada elección individual requiere de análisis; no hay una respuesta patentada que cubra todo. Necesitamos examinar de qué depende cumplir nuestros objetivos, porque las cosas surgen debido a causas y condiciones. ¿Pueden alcanzarse esas causas y condiciones? Si no pueden ser alcanzadas ahora, ¿hay alguna posibilidad de que podrán alcanzarse en el futuro? ¿Hay alternativas? Necesitamos acercarnos a estas decisiones y cambios de una manera muy racional.

Ser una persona muy emocional

Es novedoso para mí ver cómo me mantengo en un bucle de sufrimiento. Intento recordar que mis proyecciones no son racionales, pero mis sentimientos son diferentes y continúo cayendo. ¿Qué puedo hacer para practicar no devaluarme? Porque recordarlo es tan difícil ahora.

A menudo, sabemos qué será útil y qué será lo mejor, pero nuestras emociones son tan fuertes que es difícil realmente hacer algo al respecto. En realidad, es algo que sucede de forma muy común. Tenemos que intentar ser más decisivos, que significa estar convencidos de que, aunque quizás nos pongamos muy emocionales y alterados y demás, eso no es algo que hay que tomarse tan en serio.

Es importante no malinterpretar lo que esto significa. Quizás estemos muy molestos o conmovidos por alguna cosa, pero estas cosas pasan. Los estados de ánimo y las emociones pasan y cambian. No queremos aferrarnos a ellas e identificarnos con ellas. No deberíamos pensar, por ejemplo: “Estoy tan molesto porque lo arruiné nuevamente y no estuve a la altura de mis expectativas. No soy bueno en absoluto”. Al pensar de este modo, nos estamos identificando con el estado de ánimo y nos aferramos a él. Consideramos que lo que sentimos es muy importante o especial, pero no lo es. Es tan solo un estado de ánimo pasajero. Necesitamos convencernos de que no es realmente lo que queremos. Necesitamos convencernos de que este estado de ánimo pasará y dejarlo ir. En lo profundo, entendemos que teníamos una expectativa irreal. Nos sentimos dolidos, pero ese dolor pasará. No consideramos ese dolor tan seriamente como si fuese el fin del mundo.

Tradicionalmente, un estado de ánimo puede ser descrito como una nube en el cielo y pasará. Este es realmente el único modo de comenzar a lidiar con esto. Además, necesitamos darnos cuenta de que las emociones tendrán altibajos. Algunos de nosotros somos mucho más emocionales que otros y eso está bien, no tenemos que ser enjuiciadores al respecto. Es parte de aceptar la realidad. La realidad es que es ahí en donde estamos ahora; podemos ser muy emocionales y alterarnos fácilmente, pero no tenemos que aferrarnos a eso. Solo trabajamos más y más en convencernos en torno a qué es la realidad.

Por ejemplo: “Fui a este retiro y pensé que tendría una concentración maravillosa, pero mi mente vagó todo el tiempo”. Bueno, teníamos una expectativa no realista. Por supuesto, la mente vagará y, por supuesto, no será sensacional aún. Entonces, bajamos la expectativa y nos sentimos sinceros al respecto. Por ejemplo: “Puedo lograr el nivel más alto, pero no surgirá sin depender en la causa y efecto. Tengo que esforzarme”.

Además, si nos sentimos muy emocionales, esta tendencia puede ser transformada y utilizada para generar emociones positivas. En tal caso, somos capaces de sentir amor y compasión más fuertes. En este sentido, es una cosa positiva ser emocionales. Después de todo, hay algunas personas que son muy racionales y les es muy difícil sentir emoción alguna. Para ellas, es muy difícil realmente sentir amor y compasión. Si eres una persona muy emocional, algo positivo ya está allí, y es un asunto de transformarlo. Esto ocurrirá gradualmente si aplicas la causa y efecto.

Trabajar fuera de nuestras zonas de confort

Hacemos todo este entrenamiento y también vemos que hay una necesidad de que la gente tome responsabilidad en muchas situaciones en la sociedad. ¿Cuándo sabemos si estamos listos para intensificar este modo de salir de nuestras zonas de confort y lidiar con las cosas que nos desafiarán emocionalmente?

Esto tiene que ver con qué es constructivo o destructivo. Salir de la zona de confort para ir a un bar, por ejemplo, y andar con gente borracha quizá no sea constructivo. Podríamos decir que un bodisatva iría al infierno para ayudar a los seres allí, pero eso podría ser un poco drástico para alguien como nosotros. Pero salirnos de nuestra zona de confort para hacer algo constructivo, como decir unas palabras gentiles a una persona sin hogar en la calle, es algo diferente.

La primera cosa que necesitamos diferenciar es qué tan útil puede ser la situación fuera de nuestra zona de confort en términos de lo que estamos intentando lograr. Algunas personas jóvenes pueden ir a un club y bailen música techno toda la noche hasta la mañana. ¿Sería de beneficio para nosotros salirnos de nuestra zona de confort y hacer eso? Es salirnos de una zona de confort, pero no hay nada positivo en ello, a menos que estemos intentando superar nuestras actitudes enjuiciadoras negativas. Pero podemos trabajar en superarlas sin bailar hasta la madrugada y ensordecernos por el volumen de la música. Sin embargo, hay otras cosas que pueden estar fuera de nuestra zona de confort, tales como trabajar con refugiados. Salirnos de nuestra zona de confort para trabajar con ellos sería constructivo y positivo, y nos ayudaría en nuestro desarrollo de la generosidad.

En Berlín, tengo una pequeña clase de discusión semanal. Todos somos amigos y vamos a cenar luego de la clase. Planteé la pregunta sobre cómo el Darma les ayuda en su vida diaria. Uno de mis estudiantes en la clase dijo que estaba haciendo el esfuerzo de salir de la zona de confort, explicando que tiende a poner más atención y acercarse más a las personas que son más bellas. En un sentido, él las consideraba más importantes que el resto. Así que, él se propuso hacerse amigo de una persona de su trabajo que era extremadamente obesa, con algo extraño en la cara y que no era atractiva. Él quería realmente ver que esta persona era un ser humano que quiere ser feliz, que quiere gustarle a la gente y que no quiere desagradar ni ser ignorado. Esta persona podría ser una gran nueva amistad, una joya. Él decidió no ignorar a esta persona. Este es un muy buen ejemplo de algo positivo respecto de salir de nuestras zonas de confort. Cosas como estas son muy factibles de hacer. Si vamos a ir más allá de nuestros límites normales, es importante hacerlo en pasos que sean posibles y no inaccesibles.

Otro amigo se fue a un extremo. A él le gusta salirse de su zona de confort todo el tiempo, así que, por ejemplo, pasaría el tiempo con los drogadictos que venden drogas en el parque. Él lo hizo porque se sentía incómodo con estas personas. No veo realmente beneficio alguno en esto. Es casi una forma de demostración a lo macho.

Es una cuestión interesante sobre cómo salir de nuestras zonas de confort y qué es lo que nuestra zona de confort realmente significa. ¿Qué tanto es una proyección pensar que dentro de nuestra zona de confort es donde nos sentimos seguros? ¿Qué es una zona de confort? Esto es algo que tenemos que analizar nosotros mismos. ¿Podríamos estar cómodos en cualquier situación con cualquier tipo de persona?

La clave está en poner la culpa en una cosa: la actitud egocéntrica. Cuando estamos incómodos con otros o con situaciones, es porque estamos pensando “yo, yo, yo”. Pensamos, por ejemplo: “No me gusta esto y no puedo lidiar con ello”, no estamos pensando en los otros. Es un asunto sobre interesarnos en los demás y ver que todos somos seres humanos.

Resumen

Hay algunos principios muy básicos. Si podemos dejar de ser tan egoístas y egocéntricos, seremos más felices. Cuando estamos con otra persona, en vez de solo hablar de nosotros mismos, si mostramos un interés sincero por aquella persona y le preguntamos por su vida, seremos mucho más felices, y ciertamente la otra persona será más feliz también. Estos son cambios básicos y prácticos en nuestros modos de lidiar con la vida y con los otros. Recordar que esta es la presencia mental que queremos lograr. Intentamos recordar poner en práctica este consejo cuando estamos siendo egoístas o solo pensando en nosotros mismos. La otra persona, por ejemplo, está ocupada y quiere irse, pero seguimos hablando. Pensamos que lo que tenemos que decir es muy importante. ¿Acaso realmente la otra persona quiere escucharlo? No, pero proyectamos que sí. La vida es el lugar en donde necesitamos aplicar el Darma.

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