Convencerse del renacimiento

El renacimiento es algo que se toma con mucha seriedad, pero también se encuentra en muchos sistemas de pensamiento en todo el mundo ¿Podría el renacimiento ser cierto? Y de ser así, ¿qué significa en términos de mi vida y cómo la vivo? Aquí revisamos el razonamiento lógico que hay detrás del renacimiento, así como anécdotas personales que nos ayudan a obtener convicción en torno a esta enseñanza a menudo malentendida.

Introducción

El renacimiento no es algo que lleguemos a entender simplemente después de leer un breve artículo, pero tenemos que empezar por alguna parte. Cuando se habla de renacimiento, como de cualquier cosa, hay muchas maneras de entenderlo. Por supuesto, hay un entendimiento incorrecto. También está la suposición de que es cierto, aun si no lo entendemos. También podemos convencernos a través de la lógica de que debe haber renacimiento.  

Nací en los Estados Unidos en una familia que no tenía absolutamente ningún interés en ninguna cosa asiática, pero yo estaba muy interesado en la filosofía asiática en mi juventud. Empecé a hacer yoga cuando tenía trece años y estudié lenguas y filosofías asiáticas en la universidad. Cuando tenía veinticuatro años me mudé a la India a estudiar con los tibetanos, y siempre tuve la sensación de que estaba completamente en mi hogar. De hecho, sentía que toda mi vida hasta ese entonces había sido como una cinta transportadora que me conducía a los tibetanos en la India. Mientras muchos de los occidentales que conocí que fueron a la India tuvieron todo tipo de problemas con las visas y la burocracia, durante los 29 años que estuve ahí nunca tuve la más mínima dificultad. Desde el principio supe lo que quería hacer: traducción, no solo de los idiomas, sino realmente llevar el budismo de una civilización a otra.

Este tipo de vida no tiene realmente ningún sentido, considerando mis antecedentes y la cultura de la que provengo. La idea del renacimiento me resultaba muy atractiva, no porque la entendiera de forma apropiada, sino porque me ayudaba a darle un cierto sentido a mi vida: que, indudablemente, en alguna vida previa había sido tibetano o una persona fuertemente involucrada con el budismo. Esto fue útil en términos de darme la autoconfianza para continuar en esta dirección, ¡en lugar de pensar que estaba completamente loco!

A medida que continué estudiando budismo, observé el papel central que desempeña el renacimiento en la teoría, la práctica y el enfoque budista de la vida, así que realmente traté de entender la lógica detrás del por qué, el qué y el cómo del renacimiento. Cuando obtuve cierto entendimiento intelectual de él, me di cuenta de que solo llegaba hasta ese punto. Vi que la verdadera pregunta era: ¿cómo será en el momento de mi muerte? ¿Qué tan convencido voy a estar del renacimiento? Está muy bien pensar en ello durante mi vida, pero ¿me acercaré a la muerte con miedo o estaré muy relajado acerca de ella?

Dos vidas con mi maestro

Yo he sido sumamente afortunado porque he tenido la maravillosa oportunidad de conocer a alguien en dos vidas. Esta persona fue mi maestro principal, Tsenzhab Serkong Rinpoche, quien en su vida pasada fue uno de los tutores de Su Santidad el Dalai Lama. Pasé con él cerca de nueve años como su aprendiz, bajo su ala, mientras me entrenaba para ser traductor y maestro. Fui su intérprete y su secretario; escribía sus cartas y organizaba sus viajes alrededor del mundo. Viajé con él como su intérprete y tuvimos una relación muy cercana. Me considero sumamente privilegiado por haber tenido esa muy estrecha relación con él.  

Cuando me mudé a Dharamsala fui a verlo, y la iniciativa de que me volviera como su aprendiz fue básicamente suya. De alguna manera, reconoció la conexión kármica que yo tenía con él y me dijo: “Quédate, no te vayas. Siéntate aquí. Observa cómo trato con otras personas”. Empezó a enseñarme acerca de qué era realmente de lo que estaba hablando, y me explicó las palabras que yo no entendía. Solo para que lo sepan, era uno de los más grandes maestros altamente realizados de la generación anterior, así que era extraordinario que me brindara tanto de su tiempo y cuidado.

Él murió en 1983, en circunstancias muy especiales, en las que asumió un obstáculo kármico para la vida de Su Santidad el Dalai Lama, y luego, exactamente nueve meses después, renació. ¡Ciertamente no estaba interesado en pasar el rato en el bardo! Antes de morir, dio a conocer a algunas personas exactamente lo que haría, así que todo estaba claro. Entonces – ¡bam! – renació en el mismo lugar en el que murió. Cuando se buscan los renacimientos, algunas veces un gran lama tiene una visión en un sueño o algo parecido, y luego salen a buscarlo y a hacerle pruebas a los niños. La prueba real es si ésta surge del lado del niño.

Encontrar al nuevo Serkong Rinpoche

El área en la que Serkong Rinpoche murió y renació es el valle Himalaya de Spiti, en el lado indio de la frontera con el Tíbet. En ese lugar, el budismo se encontraba en un estado muy difícil y degenerado, y el viejo Serkong Rinpoche había ido ahí y básicamente había reformado el budismo, restaurando los monasterios, construyendo una escuela, etc. La gente lo consideraba casi como el santo del Valle de Spiti; todos tenían una fotografía de él en su casa, incluidos los padres del renacimiento. Cuando el pequeño Serkong Rinpoche tuvo la edad suficiente como para hablar, solía señalar la fotografía y decir: “Ese soy yo”. Eso era cuando él tenía dos años: tenía bastante claro quién era. Cuando tenía alrededor de cuatro años, las personas de la antigua casa de Serkong Rinpoche acudieron con Su Santidad y le preguntaron en dónde tenían que buscar al renacimiento. Su Santidad les dijo que en el mismo valle en donde había fallecido. Cuando llegaron a la casa del renacimiento en Spiti, el pequeño Serkong Rinpoche, de cuatro años de edad, corrió a los brazos de su antiguo asistente y lo llamó por su nombre.

El joven Serkong Rinpoche, que ahora tiene dieciocho años, me ha dicho que en ese momento lo único que quería era irse con ellos. No tenía ningún interés en quedarse ya con sus padres, diciendo que tenía irse y conocer a alguien muy importante para él (Su Santidad el Dalai Lama). Entre los tibetanos o en las áreas culturales tibetanas, cuando un niño es reconocido como la reencarnación de un muy alto lama, se considera un gran honor, así que los padres se alegraron de que el pequeño se fuera. Serkong Rinpoche ha dicho que nunca extrañó a sus padres. Cuando los dejó nunca lloró y nunca quiso regresar a su casa. Eso es bastante inusual para un pequeño de cuatro años. Y no es que lo maltrataran ni nada por el estilo; sus padres son personas maravillosas.

Encontrarnos de nuevo

Yo me encontraba en un tour de enseñanzas cuando el joven renacimiento llegó a Dharamsala, pero un par de meses después fui a verlo. Debe haber tenido casi cinco años entonces. Cuando entré en la habitación su asistente le dijo: “¿Sabes quién es él?”, y el pequeño Serkong Rinpoche respondió: “No seas tonto, claro que sé quién es”. Me sentía un poco desconfiado porque, de hecho, en las paredes de la sala de estar había una fotografía en la que el viejo Serkong Rinpoche y yo estábamos juntos, así que pensé que quizás me había reconocido por la fotografía. Pero lo que empezó a convencerme fue el hecho de que, desde el principio, este pequeño de cuatro años me aceptó totalmente como un miembro de su familia. No era así con otras personas, y eso es algo que no puedes fingir cuando tienes esa edad.

A lo largo de los años, conforme ha crecido, he dado mi consejo y guía general de cómo debería ser educado, pero he conservado cierta distancia, muy a propósito. No quería que se viera muy influenciado por mis propios estilos o cultura occidentales, y quería que creciera en una atmósfera totalmente tibetana en donde se sintiera completamente en casa, en un contexto monástico tibetano. Y así fue.

Cuando llegó el momento de educarlo en temas modernos, hice los arreglos para que un tibetano le enseñara inglés, ciencia y demás, así como lo hacen todos los demás tibetanos en la India. Pienso que esta aproximación fue muy útil, ya que ha crecido cómodo en su sociedad y en su posición.

La vida pasada, esta vida

Conforme Serkong Rinpoche crecía, lo veía cada par de años. Ahora que es mayor lo he visto más y hablo con él por teléfono a menudo, y también lo acompañé en su primera visita a Occidente. La relación ha logrado mantenerse sumamente cercana. Hace un año y medio visité a Serkong Rinpoche en la India, y básicamente se estaba graduando de un nivel de su educación, listo para continuar el siguiente paso. Fui con un amigo inglés, Alan Turner, quien también fue un discípulo cercano del viejo Serkong Rinpoche; el joven Serkong Rinpoche también lo recibió como alguien muy especial. Yo solía traducir una enorme cantidad de enseñanzas privadas entre ellos dos, y tuve que hacerlo de nuevo. Mientras estábamos   sentados ahí con el nuevo Serkong Rinpoche, dije: “Sabes, es realmente una sensación maravillosa estar traduciendo para ti nuevamente”. Y respondió: “Por supuesto que lo estás haciendo, es tu karma, la vida anterior, esta vida, es absolutamente natural”.

Nuestra relación ha seguido y son cosas como ésta, de mi experiencia personal, las que me han convencido, mucho más que la lógica, de la validez del renacimiento. Aparte de ciertos hábitos y cosas que estudia, sus intereses son muy similares a los que tenía en su vida previa, pero fue esta conexión personal lo que, para mí, fue lo más convincente. Él apoya mucho el proyecto de la página de internet y lo mantengo al día con todo lo que estoy haciendo. Por supuesto, estoy preservando las enseñanzas de su vida anterior, no sólo para que sean una fuente de información para él, sino para que, en mi próxima vida, yo siga entrando en contacto con ellas.

También conocí a Yongdzin Ling Rinpoche en dos vidas. Traduje ocasionalmente para el antiguo Ling Rinpoche, quien fue el tutor principal de Su Santidad el Dalai Lama, y ciertamente estudié con él. Su renacimiento es un año menor que Serkong Rinpoche. Cuando estaba en la India con Alan también fuimos a ver al nuevo Ling Rinpoche. No lo había visto durante años, desde que era mucho menor. Me reconoció y estaba muy interesado en lo que estaba haciendo y demás. Ahora, cuando visitas a los tibetanos, siempre te sirven té y galletas. Mis favoritas son las galletas integrales McVitie´s y, de alguna manera, aunque nos encontrábamos en un monasterio en medio de la jungla del Sur de la India, su asistente me las sirvió con mi té. Y el joven Ling Rinpoche sólo me vio con una mirada que parecía decir: “¿así que no crees en el karma y el renacimiento?”.  

¿Qué es el renacimiento?

Por supuesto, cuando revisamos el renacimiento, tenemos que entender qué está pasando realmente, porque también podríamos convencernos de un entendimiento incorrecto. Para estar convencidos de que realmente existe, es mucho más útil estar convencidos sobre una base correcta. La aproximación general al entendimiento budista es, primero que nada, hacer a un lado las visiones incorrectas, de tal forma que así podamos llegar a la visión correcta.

Lo que no es el renacimiento

En primer lugar, la explicación budista no incluye ninguna idea de un alma con una identidad definitiva, o una cosa sólida que va de un cuerpo a otro. Podríamos pensar esto, porque hay un Serkong Rinpoche en una vida y aquí está el siguiente Serkong Rinpoche una vida después. Eso podría llevarnos a pensar que hay una entidad llamada “Serkong Rinpoche” que va de un cuerpo a otro. No es así. Por supuesto, en el caso de estos altos lamas reencarnados, siguen siendo identificables a lo largo de muchas vidas, pero este no es el caso con la gente común.

De lo que hablamos en el budismo es básicamente de una continuación de la continuidad mental o flujo mental. Dependiendo de nuestras acciones, conectadas a esta continuidad mental, nos manifestaremos con cierto tipo de cuerpo en cada vida siguiente. Esta continuidad no es siempre “Alex”, o cualquiera que sea su nombre. No es sea Alex el humano en esta vida y, en la vida siguiente, Alex el humano renace como Fifí el poodle. Es solo debido a diversas acciones realizadas anteriormente, que la continuidad mental se manifiesta como humano o perro o lo que sea, y obtendrá el nombre de Alex o Fifí.

En la presentación budista no existe la idea de que los renacimientos serán cada vez mejores y que, una vez que alcanzas una forma humana, siempre tendrás forma humana. La perspectiva budista es que, dependiendo de las acciones y los hábitos asociados con esa continuidad mental, los renacimientos tienen altibajos: humano, animal, fantasma, dios y demás. La manifestación depende precisamente de la propia conducta, dado que no existe nada externo en absoluto que reparta castigos ni lecciones que aprender.

Continuidad ininterrumpida

Así que, con lo que estamos lidiando es con una continuidad a lo largo del tiempo de una sucesión ininterrumpida de momentos, como una película, en la que hay un cuadro a la vez que continúa y continúa y continúa. Sin embargo, a diferencia de una película, no podemos postular un principio ni un final a esa continuidad de momentos, lo cual es muy difícil de comprender. No podemos ver que no tiene principio ni final, así que necesitamos usar la lógica para entender este punto.

Cuando hablamos de algo que continúa para renacer, es la mente. Así que tenemos que entender exactamente lo que queremos decir con mente en el budismo. No es una cosa sólida como el cerebro, ni tampoco es algo inmaterial de la forma en que la mente es entendida en Occidente, sino que es meramente la actividad de experienciar cosas de forma individual y subjetiva, lo cual está sucediendo siempre. Y no estamos hablando de la cosa que hace la actividad; estamos hablando de la actividad mental misma.

Esta experiencia individual y subjetiva de las cosas viene en muchos sabores diferentes. Lo que realmente está sucediendo a cada momento es que hay un surgimiento de algún tipo de apariencia mental, como un holograma mental, y un involucramiento mental con esa apariencia. Así, tenemos el surgimiento de visiones, sonidos, pensamientos, sensaciones, emociones y demás. El surgimiento de esas apariencias y el experienciarlas es la misma cosa.

No hay un “yo” separado de todo este proceso que haga que suceda, que lo controle, que esté fuera de control u observándolo. Solo está sucediendo y continuando. Cada momento tiene un sabor separado: en un momento habrá visión; el siguiente momento, sonido; el siguiente, la sensación de enojo o felicidad. Esto continúa de forma incesante, incluso cuando dormimos estamos experienciando estar dormidos, e incluso cuando morimos, experienciamos la muerte.

La continuación de materia/energía y de experienciar cosas

Cuando el budismo habla de continuidad, podría ser de materia y energía, o de la experiencia individual y subjetiva de las cosas. Ambas continuidades se transforman momento a momento. Así que un árbol se transforma en madera, que después se vuelve una mesa, que después se convierte en leña, que después se transforma en fuego y cenizas, luego en energía térmica y demás. Nada se pierde – esto es continuidad en la misma categoría de materia y energía. De manera similar, tenemos la experiencia de que el interés se vuelve atención, se vuelve molestia, se vuelve aburrimiento, se vuelve cansancio. La experiencia solo se transforma en otro tipo de la misma categoría de fenómeno.

Ahora, el enojo no se puede transformar en una mesa, y la madera no se puede transformar en enojo. Así que podemos seguir las líneas de razonamiento para la continuidad del cuerpo. En primer lugar, el esperma y el óvulo de los padres se transforman en el cuerpo de un bebé, el cual se vuelve el cuerpo de un adolescente, el cual se convierte en el cuerpo de un adulto, que en sí mismo crea más esperma y óvulos para futuras generaciones. Existe esta continuidad a nivel del cuerpo. ¿Sucede lo mismo con nuestra experiencia de las cosas? ¿La experiencia de las cosas que tienen los padres se transforma en la experiencia de las cosas que el niño tiene?  Es algo en lo que necesitamos pensar. Por supuesto, la experiencia de las cosas de los padres puede influir lo que nosotros experimentamos, pero ¿su experiencia de ver una película se transforma en nuestra experiencia de ver una película? Cuando pensamos en ello, no tiene mucho sentido.

Soporte físico para la mente

Tiene que haber un tipo de mecanismo diferente. La experiencia de las cosas no parece ser una transformación de los padres en el niño, como el esperma y el óvulo creando el cuerpo. Podríamos preguntar si la experiencia de las cosas tiene una base física, y si el cuerpo de los padres crea la experiencia de las cosas. Tenemos que examinar esto. Sí, la experiencia de las cosas siempre depende de una base física, pero ¿ese soporte crea la experiencia? Es como un vaso con agua. El vaso contiene el agua, pero no crea el agua. El vaso es necesario para contener el agua, pero ciertamente no la crea. De la misma forma, un cuerpo es necesario para contener la experiencia, pero no podemos decir que el cuerpo crea la experiencia.

Después podemos profundizar más, revisando la continuidad de nuestro propio cuerpo, y no solo de los padres a los hijos. Cada átomo de nuestro cuerpo tiene su propia continuidad. Es bastante extraordinario pensar que todos los átomos y las moléculas del cuerpo están cambiando constantemente a lo largo de nuestra vida, así que, aun si hay una continuidad de un cuerpo individual, el cuerpo de un bebé de una semana, no comparte casi ninguna célula con el adulto de 80 años en que se convertirá.  

Es increíble pensar en los alimentos que entran a nuestro cuerpo y se transforman en átomos del propio cuerpo durante un momento, y después se convierten en desperdicio o en energía cinética. Está sucediendo todo este proceso, en el que cada parte de nuestro cuerpo físico es una continuidad de algo que, en cierto momento, no fue parte de nuestro cuerpo. Después se vuelve un poco de nuestro cuerpo durante cierto tiempo, y después continúa como algo diferente. Mientras cada uno de los átomos tiene su propia continuidad, el cuerpo mismo también tiene una continuidad que conserva su individualidad. Esto es bastante notable cuando pensamos en ello. Entonces, ¿qué es realmente lo que lo hace “yo”?

Cuando entendemos esta continuación física, podemos preguntar: “¿sucede lo mismo con experienciar las cosas?”. Así como nuestro cuerpo está hecho de muchas partes diferentes, sistemas y átomos, también nuestra experiencia de las cosas está hecha de muchos componentes diferentes, todos entrelazados. Tenemos los sentidos de escuchar, ver y demás, y tenemos las sensaciones de felicidad e infelicidad, además de las emociones, intereses, atención y concentración. Están todas estas cosas que tienen una continuidad, así que ¿son similares al cuerpo? Cuando comemos carne, los átomos fueron parte del cuerpo de alguien más, y luego, cuando morimos, los gusanos nos comerán y los átomos se volverán parte de su cuerpo. ¿La felicidad que tenemos es así, que fue parte de la mente de alguien más, después se vuelve parte de la nuestra y luego continúa a la de alguien más? Esto no tiene sentido. Lo único que podemos decir es que nuestra experiencia de la felicidad de ahora es una continuidad de nuestra experiencia previa de felicidad. 

La mente proviene de la mente, la experiencia proviene de la experiencia

Al examinarlo de este modo, llegamos a la conclusión de que la experiencia de las cosas solo puede ser una continuidad de sí misma - momentos previos y posteriores de sí misma. Entonces preguntamos: si el cuerpo solo sostiene, pero no crea esta experiencia, ¿una continuidad individual de experiencia tiene un principio o final absolutos? ¿Esto tiene sentido, que antes no era nada y luego se transformó en algo, en experiencia? Si fue así, ¿cómo sucedió eso, de dónde provino y qué pasa al final? Hay todo tipo de componentes creando cada momento de experiencia, momento a momento, formando una continuidad, y luego, de pronto, ¿solo termina? Esto tampoco tiene mucho sentido.

La materia y la energía del cuerpo continúan desde antes de que naciéramos hasta después de que muramos, así que ¿qué pasa con la experiencia? Realmente tenemos que pensar acerca de esto y revisar la causa y el efecto, la cual opera momento a momento y hace que la continuidad suceda. De hecho, tenemos aferramiento a la existencia, lo cual nos hace querer continuar y continuar. Tendremos esto también cuando muramos, porque si hay aferramiento a la existencia continuada del momento uno al momento dos, ¿por qué no habría de continuar para crear más momentos cuando muramos? No tiene ningún sentido que la causa no tenga efecto alguno. Esta es la razón por la que sacamos inmediatamente la cabeza del agua cuando tratamos de mantenerla sumergida. Es casi imposible tratar de matarnos al sumergir nuestra cara en agua porque hay un muy fuerte aferramiento a continuar la existencia.

Conforme profundizamos en este tema, llegamos a un entendimiento más sofisticado de cómo opera el renacimiento y qué es lo que realmente va de vida en vida. No hay nada sólido que continúe, como una maleta que se mueve por una cinta transportadora en el aeropuerto, pero sí hay continuidad. También hay ciertos patrones, inclinaciones e intereses que continúan, que es la razón por la que algunas cosas llegan a ciertas personas más fácilmente que a otras.

Aplicación en la vida cotidiana

Todo esto se traduce en gran medida en términos de nuestra propia experiencia de esta vida, porque significa que el tipo de personalidad que tenemos y desarrollamos (podemos desarrollar nuestra personalidad para convertirnos en lo que deseemos), tendrá cierta continuidad. Esto coloca una gran responsabilidad en nosotros mismos porque podemos decidir qué tipo de continuidad de experiencia queremos tener en el futuro, y actuar de acuerdo con esto. No es en términos de recompensa y castigo, pero si queremos experimentar sufrimiento, podemos crear las causas para eso, y si queremos experimentar felicidad, también podemos crear las causas para eso. Todo es muy lógico cuando revisamos la causa y el efecto. Desarrollamos ciertos hábitos cuando éramos niños y continúan cuando somos adultos, así que quizás continúen también en las vidas futuras.

Resumen

Realmente no es tan difícil obtener un buen entendimiento intelectual del renacimiento en el budismo. La verdadera pregunta es: ¿qué pasará cuando muera? ¿Cómo me sentiré entonces? ¿Cuán fuerte será nuestra convicción? Esa es la razón por la que realmente necesitamos examinar las enseñanzas por nosotros mismos y no solo aceptar lo que otras personas nos digan. Cuando llegamos a un entendimiento de la causa y efecto y, por lo tanto, de la continuidad de los momentos, tanto de materia física como mentales, nos volveremos más conscientes de nuestras acciones que afectarán, no solo esta vida, sino también las vidas futuras.  

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