Diálogo del Dalai Lama con académicos sufíes

Wallace Loh (Presidente de la Universidad de Maryland): Buenas tardes, soy Wallace Loh, Presidente de la Universidad de Maryland. Me gustaría darles la bienvenida a todos ustedes, nuestros invitados de honor, damas y caballeros, al más extraordinario de los días. Como las religiones del mundo, el océano es una fuente de vida que mantiene a flote el espíritu; cuando es azotado por el viento y la marea, el océano se asemeja a la pasión religiosa. El día de hoy ofrecemos un amable encuentro entre dos océanos, el budismo y el sufismo. Esta es una rara y prometedora oportunidad y estamos profundamente agradecidos con todos nuestros invitados. Su Santidad el decimocuarto Dalai Lama ha conmovido profundamente a nuestro campus el día de hoy. Nos comparte su presencia, un resplandor de sencillez, amabilidad y buen humor, y estamos sumamente agradecidos con él.

Esta tarde compartimos con Su Santidad los dones de académicos de otra tradición. Los participantes del Instituto Roshan de Estudios Persas de la Universidad de Maryland tienen grandes logros y son muy respetados. Nos brindan siglos de tradición, erudición y fe. Me gustaría agradecer a la Decana Bonnie Thornton Dill del Colegio de Artes y Humanidades por darnos esta muy especial oportunidad. La Decana Dill es reconocida internacionalmente por su preparación en temas raciales, de género, trabajo, familia y pobreza. Está profundamente comprometida con la educación de la persona como un todo. Por favor, demos la bienvenida a la Decana Bonnie Thornton Dill.

Bonnie Thornton Dill (Decana del Colegio de Artes y Humanidades): Buenas tardes. Me gustaría unirme a la bienvenida del Presidente Loh y agradecerles por asistir a esta muy especial presentación. Nos sentimos honrados y valoramos profundamente esta oportunidad de recibir a Su Santidad el Decimocuarto Dalai Lama del Tíbet en este programa vespertino titulado: “Encuentro entre dos océanos: Diálogo sobre el budismo y el sufismo”.

El lema del Colegio de Artes y Humanidades es “Posee una sabiduría mundial”, el cual es muy apropiado para lo que estamos a punto de experimentar. “Tener una sabiduría mundial” significa acoger al mundo como un espacio trasnacional, esforzarnos por comprender el movimiento y flujo de personas e ideas, y acoger la diferencia y la diversidad en nuestro hogar y más allá de sus límites. Obtener sabiduría en este proceso es el mayor reto porque la sabiduría requiere que utilicemos el conocimiento que acumulamos para crecer, no sólo intelectualmente, sino también emocional y espiritualmente. Como Su Santidad enfatizó en su conferencia esta mañana, esa sabiduría es para entender que, con toda su variedad, hay una humanidad común. Una vez que obtengamos tal sabiduría, el objetivo es ser capaces de aplicarla como una fuerza para el bien en el mundo.

Como un hombre de gran conocimiento y experiencia, que se basa en estas dos cualidades para promover la paz, el entendimiento y la armonía, Su Santidad, usted representa nuestro ideal de lo que significa “tener una sabiduría mundial”. Así, es muy especial para nosotros y esperamos aprender mucho del diálogo del día de hoy. Además de Su Santidad, nuestros participantes de esta tarde incluyen a Elahé Mir-Djalali Omidyar, fundadora y presidenta del Instituto Roshan del Patrimonio Cultural; Fatemeh Kesharvarz, Catedrática de Estudios Persas del Instituto Roshan y Directora del Instituto Roshan de Estudios Persas en la Universidad de Maryland; el músico Hossein Omoumi, un maestro de la flauta ney; la vocalista Jessika Kenney, quien está sentada junto a él; Ahmet T. Karamastaffa, Profesor de Historia de la Universidad de Maryland y Oficial de Desarrollo Académico del Instituto Roshan de Estudios Persas del campus, y Carl W. Ernst, Profesor Distinguido de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill y Director Adjunto del Centro de Carolina para Estudios de las Civilizaciones Musulmanas y del Medio Oriente.

Antes de iniciar con nuestro programa, me gustaría también reconocer, y me siento muy complacida de hacerlo, las muchas contribuciones de Venerable Lama Tenzin Dhonden. Lama Tenzin es el Emisario Personal de la Paz de Su Santidad, cuyos sabios consejos y experiencia logística guiaron a nuestro dedicado equipo en cada uno de los aspectos de la planeación de este día. No podríamos haberlo hecho sin él; muchas veces las personas dicen eso y realmente no lo sienten, pero en esta ocasión es totalmente cierto.

Es un gran honor para mí presentar a la Dra. Elahé Mir-Djalali Omidyar, quien fue una parte fundamental en que se llevara a cabo este diálogo único entre el sufismo y el budismo. Fundadora y Presidenta del Instituto Roshan del Patrimonio Cultural, la Dra. Mir-Djalali ha sido durante toda su vida una constante defensora de la preservación y promoción de la cultura persa. Bajo su liderazgo, el Instituto Roshan del Patrimonio Cultural se ha convertido en una institución fundamental para la preservación, transmisión e instrucción de la cultura y estudios persas alrededor del mundo, apoyando esfuerzos en los Estados Unidos, Europa y Asia. En el año 2007, el Instituto realizó una donación para apoyar el Programa de Estudios Persas de esta Universidad, fortaleciendo así el programa académico mediante el financiamiento de la cátedra de Estudios Persas del Instituto Roshan, así como becas de posgrado, pregrado y una donación para los programas persas. En reconocimiento a su generosidad, el Centro de Estudios Persas dentro de la Escuela de Lengua, Literatura y Cultura ahora se conoce como el Instituto Roshan de Estudios Persas de la Universidad de Maryland.

Durante los pasados dos años he tenido el privilegio de trabajar de manera estrecha con la Dra. Mir-Djalali y he podido conocerla como una persona de gran integridad. Es brillante y graciosa, humilde y determinada, adjetivos que no suelo utilizar a la ligera, y me siento honrada de poder considerarla mi amiga. Como extensión a su trabajo y a sus antecedentes multiculturales, la Dra. Mir-Djalali promueve esfuerzos diligentemente para mejorar la comunicación intercultural. Nacida en Irán, recibió educación en Francia y en los Estados Unidos, y recibió niveles de maestría de La Sorbona y de la Universidad de Georgetown, y un Doctorado en Lingüística con distinción por parte de La Sorbona de París. Es una consumada autora y ha publicado trabajos en francés, inglés y persa. Además de sus propios escritos, ha ofrecido tiempo y energía incalculables para traducir textos sufíes al francés y al inglés. En este contexto, se ha convertido en una gran admiradora de Su Santidad el decimocuarto Dalai Lama y de su compromiso con los valores humanos compartidos. Es un placer para mí presentarles a la Dra. Elahé Omidyar Mir-Djalali.

Dra. Elahé Mir Djalali Omidyar: Gracias, Decana Thornton Dill. Sus palabras son tan generosas que no sé cómo agradecerlas. Su Santidad, Presidente Wallace Loh y distinguida audiencia. A nombre del Instituto Roshan del Patrimonio Cultural con su misión “iluminación a través de la educación”, nos sentimos complacidos y privilegiados de poder contribuir a este magnífico evento: “Encuentro entre dos océanos: Diálogo sobre el sufismo y el budismo”. Es un gran honor estar en presencia de Su Santidad el decimocuarto Dalai Lama del Tíbet, para inspirar y guiar nuestro diálogo. Su Santidad es un ejemplo de paz; ha enseñando a las personas alrededor del mundo a resolver problemas humanos mediante una actitud transformadora, ha enseñado sobre la compasión como la base para la paz mundial y sobre comprender las características compartidas en las metas y en la ética de las principales religiones. Al reconocer que el mundo se ha vuelto más pequeño y ahora es casi una comunidad, Su Santidad ha sido incansable en sus esfuerzos por promover un sentido mayor de responsabilidad universal para enfrentar las amenazas comunes de nuestro tiempo, la seguridad y el medio ambiente. Su trabajo de toda una vida en promover los valores del altruismo, el amor y la compasión, y en particular su campaña de no violencia para terminar con la dominación china de su patria, han sido reconocidas al otorgársele el Premio Nobel de la Paz en el año 1989. En un nivel personal, la primera vez que conocí a Su Santidad el Dalai Lama en Dharamsala, India, me sentí inspirada, no sólo por su mensaje de paz y unidad global, sino también por su presencia cálida y serena. Posteriormente, he leído sus palabras y escritos inspiradores y he seguido sus conferencias y enseñanzas durante muchos días en Toulouse, Francia, y en otras múltiples ocasiones. Las enseñanzas de Su Santidad han sido un continuo recordatorio de los valores centrales, de los principios morales superiores y de las prácticas en las enseñanzas sufíes de mi juventud. No pretendo ser una experta en sufí, sino más bien una buscadora, una estudiante de esa escuela que ha dedicado años a traducir de forma anónima textos sufíes al francés y al inglés, para que sean compartidos con otros.

Como nos enseña un maestro sufí, “aleyka beghalbika”: “eres todo lo que es tu corazón”. El sufismo es la voz despierta del conocimiento espiritual interno, que abarca todos los preceptos éticos de las principales religiones. La palabra “sufismo” es un término occidental que realmente no captura el significado completo de la palabra persa “erfan”, que proviene del término “arafa”, que significa “conocimiento”, “cognición” e “iluminación”. Este mensaje de conocimiento interno y poder altruista que hay dentro de cada uno de nosotros es lo que me resuena tan fuertemente de las enseñanzas de Su Santidad. En este espíritu de valores compartidos, deseo agradecerle a Su Santidad con inmensa gratitud que haya accedido a participar en este diálogo entre el sufismo y el budismo. Debo dar las gracias a la Universidad de Maryland, al Presidente Loh y a su liderazgo y a todos aquellos que han trabajado arduamente para hacer posible este evento.

También es un placer especial para mí presentarles a la Dra. Fatemeh Kesharvarz. Desde el año pasado, se ha desempeñado como Directora del Instituto Roshan de Estudios Persas de la Universidad de Maryland, y se ha hecho cargo de la Cátedra en Lengua y Literatura Persa del Instituto Roshan; antes de eso enseñó durante más de veinte años en la Universidad de Washington en St. Louis, en donde presidió el Departamento de Lenguas Asiáticas y del Cercano Oriente del 2004 al 2011. Nació y creció en Shiraz, Irán, y recibió su educación en la Universidad de Shiraz y en la Universidad de Londres. Es la autora de libros que han sido premiados, de numerosos artículos periodísticos y poesía inspiradora. La Dra. Kesharvarz presentará algunos pensamientos en torno a la importancia de la poesía y la música como expresiones de espiritualidad en las prácticas sufíes. Participará en un regalo de bienvenida espiritual para Su Santidad, combinando la enseñanza sufí con la respiración humana, el latido del corazón y la flauta de caña, el instrumento más sencillo y antiguo del mundo. Que esta ocasión transcendental sea la apertura a la unidad de todas las fes y religiones sobre la base de los valores humanos compartidos que nos conectan a todos, sin importar etnicidad, género o estatus social. Gracias, Dra. Kesharvarz.

Dra. Fatemeh Kesharvar: Gracias, Dra. Mir-Djalali por su amable introducción. Su Santidad, es un gran honor para mí ser parte de este diálogo con usted sobre sufismo y budismo. Llamamos al diálogo “encuentro entre dos océanos” porque creemos que el budismo y el sufismo son como dos vastos océanos con tesoros compartidos. Creemos que si nos sumergimos en las profundidades, podremos encontrar perlas idénticas en este océano. Su Santidad, mucho antes de que me formara académicamente como investigadora de la poesía sufí, cuando era niña mi familia me sumergió en ella, lo cual era juego, educación, meditación y adoración a la vez. Así lo pensé cuando usted lo mencionó esta mañana en términos de la importancia de la educación, porque una gran parte de mi educación en la poesía sufí provino de mi familia, y también mi amigo y colega Ustad Hossein Omoumi, quien es tanto practicante como académico de la música, obtuvo su don de la música sufí primero de su familia antes de realmente entrenarse en ella. Ustad Omoumi ha dedicado su vida a explorar los misterios del instrumento ney, flauta persa de caña, de la que hablaremos un poco, pero él también tiene la filosofía de que tenemos que tener una relación educativa profunda con nuestros estudiantes: no es sólo una práctica técnica, es una relación que se tiene que desarrollar.

También tenemos con nosotros a la señorita Jessika Kenney, vocalista y compositora, quien es estudiante de muchas tradiciones espirituales, incluyendo el canto gamelán javanés, pero hace nueve años Jessika asistió a una presentación de Ustad Omoumi, se enamoró de la música sufí persa y le pidió ser su estudiante. Eso es lo que ha hecho durante los últimos nueve años y ella dice que este tiempo ha cambiado el significado de los sonidos para ella, que ahora los sonidos son los que expresan los pensamientos profundos que hay dentro de sus propios sentimientos, más que ser sólo sonidos. Los sufíes han dicho a lo largo de los siglos que la combinación de palabras y melodías pueden convertirse en muchas cosas: una puerta para rezar, como abrirnos un momento de oración, despertando los pensamientos internos, o lo que la Dra. Mir-Djalali llamó “la voz interior” que se duerme pero que despertamos por medio de la música. Y también es para nutrir lo que usted ha llamado “las cualidades del corazón”.

Es un lenguaje universal, como la respiración humana y el latido del corazón. No necesita traducción, así que los sufíes la ven como una lengua a través de la cual pueden hablarle al mundo entero. Los hablantes persas viven con ella, la hacen en caligrafía como podrá ver en el regalo que le presentaremos; la citan, la cantan, la enseñan, así que en gran medida es una parte de su vida cotidiana. Y las imágenes que provienen de esta poesía también se vuelven parte de su vida, y una imagen muy importante es la del ney o flauta de caña. [Interludio musical de flauta].

El gran poeta sufí del siglo XIII, Jalal ad-Din Rumi, describió a la flauta de caña como un ser humano, un amante, un buscador que ha sido separado de su hogar de la misma forma que la caña ha sido separada del cañaveral para convertirse en flauta. Y así como usted ha descrito que en la mitología budista podríamos ser seres de luz que están separados, que ahora están en el reino del deseo, de tal forma que posiblemente olvidamos nuestros orígenes celestiales o de luz, Rumi también nos dice que olvidamos de dónde provenimos; podríamos estar tan distraídos que olvidamos que pertenecemos a un origen superior y que la forma en la que podemos recordarlo es escuchando esta voz interior, y así inicia su trabajo sufí más importante con la palabra “escuchar”. [Interludio musical de flauta, combinado con palabras de la poesía sufí persa].

Así que él dice: “Escuchen la historia del sentido dolor de la caña porque cuenta la historia de toda separación. Desde que me arrancaron del cañaveral al que pertenezco, las personas han expresado su tristeza a través de mi canción”.

[Más música y poesía].

Así que él dice: “Dejen que esta separación rasgue mi corazón en pedazos para que pueda poner el dolor de la nostalgia en palabras, porque cualquiera que ha sido alejado de su hogar, su origen, con toda seguridad buscará reunirse con sus familiares”.

Para los sufíes, el motor para esta búsqueda del origen es el amor, “la fuerza, el fuego que le da calidez a mi voz”. Rumi dice: “Es el amor”. Y para los sufíes el amor no es un concepto teórico. Es cierto que pueden hablar teóricamente sobre él con gran vastedad, pero es la experiencia lo que cuenta. Ellos creen que debemos permitirnos probar el amor. El concepto de probar es muy importante y es sólo entonces cuando reconocemos las cualidades transformadoras del amor, que es por lo que Rumi dice: “el amor se manifiesta en la forma en la que el corazón solloza”; se manifiesta a sí mismo en lugar de describirse a sí mismo, o en lugar de que nosotros lo describamos. Este anhelo le da al buscador la fuerza para seguir adelante, y aún así el anhelo mismo no puede ser explicado o descrito porque no tiene forma.

Rumi dice: “Hablé y hablé para describir y desmitificar al amor, pero cuando llegué a amar me di cuenta de que había hecho un trabajo muy deficiente porque el amor no podía ser descrito; pero una vez que se prueba, el amor deja una huella en el corazón”. Así, el trabajo de la poesía y la música sufíes es producir en el buscador ese sabor de la falta de forma, o esa belleza sin forma.

[Más música de flauta y canto de poesía].

Su Santidad, ahora me gustaría presentarle al Profesor Ahmet Karamastaffa, distinguido académico del sufismo y Profesor de Historia de la Universidad de Maryland, quien hablará brevemente sobre los principales conceptos del sufismo.

Profesor Ahmet Karamastaffa: Gracias, Dra. Kesharvarz. Su Santidad, estimados colegas e invitados. Es un raro privilegio ser capaz de presentar a Su Santidad algunos conceptos centrales del sufismo, y me siento honrado por ello. Ciertamente, el budismo y el sufismo son vastos océanos y dado que no me será posible tocar todos los aspectos principales del sufismo en el tiempo que tengo asignado, dirigiré su atención a características del pensamiento y práctica sufíes que me parece que encontrarán eco en los intereses budistas. Permítanme iniciar con el enfoque budista del yo. No será una exageración decir que en el corazón de todos los esfuerzos sufíes está el intento de controlar y reformar al individuo.

De acuerdo con los sufíes, cada uno de los humanos está dotado de un núcleo espiritual, pero ese núcleo espiritual está cubierto, por lo general, por las insignificantes preocupaciones cotidianas de la vida humana, y se encuentra en estado latente, dormido. Por lo tanto, el individuo tiende a ser autocentrado y egoísta en la vida social cotidiana. Sin embargo, el corazón espiritual puede despertarse por signos divinos que existen dentro y alrededor de nosotros y, como hemos visto, los sufíes creen que la poesía y la música son especialmente ricas en este aspecto. Una vez que despierta, el corazón espiritual puede crecer y reemplazar gradualmente al yo insignificante e inferior que lo suprimió en un principio. Este proceso de controlar y, gradualmente, reemplazar al yo inferior con el corazón espiritual es con frecuencia visto como un viaje largo y difícil, durante el cual el corazón necesita ser nutrido con cuidado y paciencia.

En este viaje, los sufíes tratan de desmantelar el yo social cotidiano, para quitarle la piel, capa por capa, con el fin de descubrir el corazón, y después trabajan en cultivar el órgano espiritual, el corazón, para volverse uno con él. Este viaje del egoísmo a la falta de yo, del yo inferior a la capacidad de ser una persona espiritual reformada superior, es fundamental en todo el pensamiento y práctica sufíes. De forma interesante, conforme los sufíes progresan de una etapa a otra en este viaje, empiezan a aproximarse a todos los seres con un sentido de humildad existencial profunda y altruismo inquebrantable. Al borrar todo rastro de la actitud autocentrada mediante el cultivo del corazón espiritual, los sufíes han puesto al yo frente a un espejo que refleja fielmente la totalidad del ser: todo es uno, todo está interconectado, todos estamos unidos en este recorrido que llamamos “vida”. Con este entendimiento, los sufíes se transforman en sirvientes altruistas que trabajan de forma incesante para mejorar la suerte de los demás. Él o ella tienen el objetivo de rescatar a los demás de las profundidades del egoísmo y dirigirlos a las alturas de la conectividad. El sufí se vuelve el punto que conecta; más precisamente, él o ella se vuelve el espejo que refleja la profunda interconexión de toda la existencia. El hecho de haber borrado la actitud autocentrada desbloquea los tesoros escondidos en el corazón espiritual, que son el amor, la compasión y el altruismo, y los sufíes distribuyen a todos las riquezas de estos tesoros de forma incondicional y libre.

Como el vínculo altruista que conecta a todos los seres, los sufíes viven en medio de la vida social. No hay escape de la sociedad en la naturaleza, ni retirada en comunidades ermitañas. Aun cuando se requieren periodos de aislamiento para que los sufíes pulan su corazón espiritual, ellos rara vez abandonan la vida social normal por completo. Este compromiso con la sociedad y con la vida en común es el sello del sufismo. Esta es la razón por la que los sufíes se organizan en comunidades en torno a renombrados maestros sufíes, pero se rehúsan a separarse de la sociedad como si fueran grupos distintos. Viven como personas normales dentro de sus grandes comunidades, urbanas o rurales. Literalmente, sus organizaciones con frecuencia se vuelven centros comunitarios que proveen todo tipo de servicios a la sociedad en general, sea en forma de comida, refugio, asistencia espiritual y material, orientación religiosa, terapia, socialización, educación y entretenimiento genuinamente enriquecedor.

Este arraigo de los sufíes en la sociedad, este instinto comunitario, este rostro socialmente comprometido, marca la compleción del viaje sufí. Los sufíes han conquistado y domado al yo superficial inferior, lo han reemplazado por una capacidad personal espiritual superior y han convertido los manantiales de amor y compasión que a partir de ahora fluyen de ellos en servicios desinteresados hacia todos los seres.

Me parece que mucho de este viaje sufí resonará con los principales intereses budistas, como Su Santidad lo ha articulado de forma tan elocuente y contundente en su vida, y espero con mucho entusiasmo escuchar sus comentarios. Pero primero me gustaría presentar a nuestro siguiente participante, mi distinguido colega y amigo, Carl Ernst. Nuestra Decana ya les dijo que proviene de la Universidad de Carolina del Norte, es especialista en estudios islámicos con enfoque en Asia Occidental y del Sur. Su investigación publicada está dedicada principalmente a tres áreas: áreas generales y críticas de los estudios islámicos, el sufismo y la cultura indo-musulmana. Es un privilegio tener a Carl con nosotros.

Carl Ernst: Muchas gracias, Ahmet, ciertamente es un especial privilegio y honor ser llamado para presentarle a Su Santidad el Dalai Lama algunas observaciones sobre encuentros pasados y futuros entre hinduistas, budistas y sufíes, y me siento muy agradecido por tener esta oportunidad. Sin duda, algunos cuestionarán la posibilidad de que exista un compromiso genuino entre estas tradiciones espirituales, particularmente en vista de las estrictas creencias que algunas veces se asocian con el entorno islámico del que surgió el sufismo. Ciertamente, las personas pueden sentirse incómodas con los conflictos entre hinduistas y musulmanes que han empañado la historia de la India moderna, Paquistán y Bangladesh. Y también pueden sentirse atribulados por las tensiones que existen entre los budistas y los musulmanes en Tailandia, Sri Lanka y Birmania; y más allá de los recuerdos de las diferencias religiosas, está el hecho simple de la especificidad, esto es, dentro de las tradiciones históricas del hinduismo, el budismo y el sufismo, hay profundas y específicas lealtades y alianzas con linajes específicos de maestros y con centros locales de poder espiritual que, en conjunto, definen las perspectivas espirituales de millones de buscadores.

Aunque los primeros estudiosos europeos especularon que el sufismo de alguna manera se derivaba del hinduismo o del budismo, es difícil negar que gran parte de la práctica del sufismo esté profundamente conectada con el profeta Mahoma como la fuente de la relación maestro-discípulo, y con la revelación coránica que los sufíes leen y leen como un libro del corazón. Sin embargo, también ha sucedido que no musulmanes se han sentido poderosamente atraídos por las enseñanzas del sufismo que abordan aspiraciones y anhelos universales del espíritu humano. Así, el pensador cristiano del siglo XIII, Ramon Llull, aprendió árabe y compuso textos de amor al estilo de los sufíes. De la misma forma, Abraham Maimonides, nieto del famoso filósofo judío, escribió ampliamente sobre el camino interior o tariqah del sufismo, pues consideraba que estaba en gran armonía con el judaísmo.

Más ampliamente, durante siglos, generaciones de estudiosos hindúes de habla persa fueron empleados como secretarios en el Imperio Mongol y entrenados en el estudio de la poesía persa clásica. Dado que gran parte de la literatura persa está saturada de las enseñanzas del sufismo, no es de sorprender que muchos de estos académicos hindúes se hayan visto profundamente enfluenciados por las comprensiones místicas de Rumi, Hafez y otros. La historia de estos importantes encuentros entre los hindúes y los sufíes, incluyendo muchas traducciones de textos sánscritos al persa, han sido opacados por conflictos políticos que dominan la historia moderna; pero me alegra decir que los académicos se están interesando cada vez más por estudiar estos fascinantes episodios como ilustraciones importantes de la forma en que realmente tuvieron lugar estos intercambios culturales y espirituales.

En el caso del budismo, se podría decir que el encuentro con el sufismo es una oportunidad que está esperando suceder. Hubo algunos momentos en el pasado en el que este diálogo pudo haber ocurrido, pero permaneció tentadoramente incompleto. El maestro sufí del Asia Central, Ala ud-Daula Simnani, fue forzado por el gobernante mongol Arghun a involucrarse en debates con monjes budistas, algo a lo que él se resistía emocionalmente; pero es de resaltar que el sistema de meditación que él desarrolló, que incluía visualizar representaciones de los profetas anteriores como figuras de luz dentro del cuerpo, hace eco a importantes prácticas espirituales del budismo mahayana.

Por mucho tiempo, las enseñanzas islámicas oficiales han rechazado la idolatría, lo cual en persa era conocido como la adoración de bhut, una palabra derivada de “buda”; pero comentarios esotéricos en textos sufíes alaban la adoración de ídolos que consiste en adorar “al verdadero amado”, sea Dios o el maestro sufí. Es difícil resumir en un momento las aspiraciones que pueden conectar las visiones espirituales de hinduistas, budistas y sufíes, pero uno puede especular que la conexión puede incluir, como lo ha señalado la Dra. Mir-Djalali, y como usted mismo ha mencionado, un profundo conocimiento del espíritu interior y una empatía y reconocimiento de la humanidad de los otros. Este es un momento histórico en el que podemos tratar de visualizar las formas que tales encuentros espirituales pueden tomar hoy en día. Espero con interés las reflexiones de Su Santidad sobre este significativo proceso. Gracias.

Su Santidad el Dalai Lama: Conozco a un líder espiritual sufí. No estoy seguro de dónde proviene, pero vive en París, y lo he visto ahí un par de ocasiones en algunos encuentros interreligiosos. Es una persona muy amable, un anciano barbado. Una cosa extraña es que él tenía un hijo muy joven que deseaba estudiar y fue enviado a la India a estudiar budismo durante unos cuantos meses. Esto es bastante inusual; sin embargo, ese anciano maestro parecía realmente interesado por aprender más sobre el pensamiento budista. Ese es mi contacto personal con los sufíes.

Después de nuestros encuentros, la gente solía decir que hay muchas similitudes entre ciertas prácticas sufíes y budistas, pero yo no tenía mucho conocimiento o experiencia con respecto al sufismo. Así que cuando se expresó que el nombre “sufí” significa en persa “conocimiento” o “cognición”, muestra un énfasis en la sabiduría y el análisis. Esto es similar a un aspecto budista, particularmente a la tradición sánscrita, en la que, a través del análisis y la investigación, las cosas se vuelven cada vez más claras. Así que una similitud es el énfasis en la sabiduría y no sólo en la fe. Luego, de acuerdo con sus presentaciones, parecen existir diferentes niveles. En un nivel más profundo hay un tipo de naturaleza altruista pura, y en un nivel más burdo, hay emociones destructivas.

Esto indica una necesidad de investigación y después el proceso de eliminar estas emociones negativas. Si fuéramos nuestras emociones negativas por naturaleza no podríamos separarnos de ellas, sería muy difícil. Así que hacen la distinción entre los niveles más burdos y los más sutiles, y con un entendimiento de este “yo” más profundo, el nivel más burdo de las emociones destructivas puede ser reducido o eliminado. Esto también es similar al pensamiento budista. También mencionaron el uso de la imaginación y la visualización, mismos que utilizamos en el budismo.

Cuando escuché sobre este programa estaba muy deseoso por aprender más. Mi conocimiento sobre el sufismo es nulo y el día de hoy aprendí algunas ideas nuevas. Pero, por supuesto, mi conocimiento aún es limitado, así que no estoy seguro de cómo comentar más. Básicamente, creo que todas las principales tradiciones religiosas utilizan diferentes métodos. Así, la mayoría de las religiones teístas aconsejan fe y sumisión total ante Dios. Para incrementar este elemento de fe surgió el concepto de Dios como un creador, en el que los seres no son más que una pieza de su creación. Este tipo de creencia poderosa automáticamente reduce la actitud autocentrada. Los budistas decimos que no hay un yo independiente con el fin de contrarrestar esta actitud autocentrada. Existen diferentes aproximaciones, pero tienen más o menos el mismo efecto de reducir tal actitud, la cual es la base del enojo, la envidia, la sospecha y todas las demás emociones negativas. Debido a que los sentimientos extremadamente egoístas son una fuente de problemas, todas las grandes religiones enseñan acerca del amor, la compasión, la tolerancia, el perdón, etc. Todas las religiones que en última instancia creen en Dios lo describen como amor infinito, y una firme convicción en la grandeza de este amor ayuda a producir el entusiasmo para practicar el amor y la compasión.

Ahora, este encuentro parece tener un mayor énfasis en la sabiduría. Hubo un líder de un pequeño grupo en Ítaca, una persona realmente maravillosa, que creía que todas las diferentes tradiciones, particularmente las tradiciones indias, debían ser lo mismo. Pensaba que todas las partes importantes debían ser las mismas y con esta creencia trató de esclarecer las similitudes de todas estas filosofías, pero me dijo que había sido muy difícil hacerlo. Dado que éramos amigos muy cercanos, una vez se quejó conmigo acerca de su intento de reconciliar todas las diferencias y contradicciones entre las diferentes filosofías, por lo que le dije que lo que estaba haciendo probablemente era un trabajo innecesario.

Todos los grandes maestros budistas plantearon una gran cantidad de preguntas y argumentos a las otras tradiciones indias antiguas. Un maestro, Dharmakirti, realmente quería aprender sobre las filosofías contra las cuales argumentaba, pero era difícil porque los conceptos más profundos eran transmitidos de forma oral por el gurú a uno o dos discípulos de confianza, nunca fueron escritos o enseñados públicamente. Aunque durante poco tiempo se volvió sirviente de un maestro hinduista, aún así era muy difícil obtener estas enseñanzas secretas. Por ello, se lo pidió a la esposa del gurú, quien le dijo al maestro que su sirviente era muy devoto y deseaba aprender más, pero tampoco funcionó. Después la esposa pensó en una treta, que consistía en esconder a Dharmakirti debajo de la cama; así, mientras la esposa hacía preguntas al gurú, Dharmakirti escuchaba. De esta forma, estos grandes expertos en la lógica budista primero estudiaban arduamente y después planteaban preguntas en debates religiosos. Incluso dentro de los mismos budistas, plantearon muchas preguntas y argumentos, por lo que ahora tenemos cuatro escuelas principales de pensamiento, las cuales pueden subdividirse aún más. A través del debate surgen diferentes visiones, así de sencillo. Por lo tanto, le dije a mi amigo que es difícil porque todos esos grandes maestros budistas con pleno conocimiento de las diferentes tradiciones aceptaron que existen diferencias.

Si analizamos los textos clásicos indios, muchos de los maestros que eran realmente expertos en el debate tenían una norma aceptada de que no podían simplemente poner a un hombre de paja en otras posiciones y luego derribarlo. Estudiaban con gran profundidad aquello que debatían, para poder establecer con justicia las posiciones sobre las cuales lo hacían. El hecho de que estos maestros invirtieran tanta energía y esfuerzo en realmente afinar su entendimiento de los puntos del oponente, en verdad sugiere que se tomaban las diferencias y distinciones con bastante seriedad. Hay diferencias y no hay necesidad de pretender que todo sea lo mismo.

También mencioné que dentro del budismo existen visiones filosóficas diferentes, muchas de las cuales fueron enseñadas por el Buda mismo, muchas visiones del mismo maestro, el Buda. Le explico a la gente que estas filosofías contradictorias provinieron del Buda, no porque él no tuviera certeza, un día enseñando una cosa y otro día enseñando otra, ciertamente no fue así. Tampoco fue que el Buda estuviera confundido o que enseñó diferentes visiones filosóficas para crear confusión entre sus discípulos, ¡en absoluto! La respuesta es que fue necesario. Entre los mismos discípulos del Buda había muchas disposiciones diferentes y se requerían muchas aproximaciones distintas. En el ámbito espiritual, diferentes aproximaciones significan diferentes visiones filosóficas, todas necesarias y dirigidas hacia una meta maravillosa: que la humanidad entera esté formada por seres humanos sensibles y compasivos.

Así, como han mencionado estos especialistas sufíes, hay similitudes entre las aproximaciones sufí y budista. Pero aún así, en el budismo, al igual que en el jainismo y la antigua tradición filosófica india conocida como samkya, no tenemos un concepto de un creador externo; nosotros mismos somos los creadores. Las cosas suceden debido a nuestras acciones y a nuestra motivación, pero necesitamos hacer una distinción. En la tradición budista, dado que la causalidad y acudir a los principios de la causalidad son muy importantes para encontrar el origen de todo, se hace una distinción entre el origen causal de los seres sintientes y de los seres no sintientes, los objetos inanimados. Aunque ambos suceden debido a sus propias causas, dentro de la ley de la causalidad, el dolor y el placer sólo son experimentados por seres que tienen habilidad cognitiva.

Por supuesto, en lo que respecta al canto y a la música, todas las tradiciones tienen una práctica común. Sabemos por nuestra propia experiencia que, aunque se trate de las mismas palabras o de palabras similares, la forma en que las decimos o las unimos con la música puede tener diferentes efectos en los escuchas. Así que esta es otra similitud; sin embargo, a veces las personas se vuelven tan apegadas a los instrumentos y a la música que olvidan su verdadero significado. Muchos monasterios tibetanos realmente aman los rituales porque son una oportunidad de utilizar los instrumentos, pero nunca prestan la suficiente atención al estudio. En estas situaciones, es como dijo una vez cierto maestro tibetano: “las personas se aferran a las ramas y olvidan cuidar las raíces”.

Dra. Fatemeh Kesharvar: Su Santidad, usted se refirió de manera muy sabia al hecho de que hay muchas similitudes pero también diferencias, que también es interesante apreciar. En el caso de la música, por ejemplo, es vista como una forma de llegar a las raíces, no como una manera de desconectarse. Así que en otras palabras, es una herramienta que abre tu corazón de tal forma que puedas meditar. Probablemente la meditación es similar a eso, más que un entretenimiento o un pasatiempo, porque es un tipo de oración. Asimismo, deseaba preguntarle: como estudiante de la tradición sufí, siempre crecí pensando que Dios es una parte de nosotros, que realmente no hay una frontera. No es un creador que está separado de mí, sino una fuente de luz interna; si la cuido y la alimento, entonces no habrá ninguna frontera entre Dios y yo. Me parece que no sería exagerado decir que muchos sufíes dirían que vivimos en esta forma humana pero tenemos la habilidad de abrir la puerta, y entonces esa gota caería en el océano; ya no es una gota, es el océano mismo. Me parece…

Su Santidad el Dalai Lama: Me parece que mencionó un nivel diferente del “yo”, un nivel más profundo que la literatura budista algunas veces llama “naturaleza búdica”, que es nuestro potencial para convertirnos en un buda, o podríamos decir, en “Dios”. En algunos seminarios recientes en la India con mis amigos cristianos, una persona tenía una interpretación diferente, con relación a que Dios está dentro de nosotros y nuestras prácticas lo despiertan. Esto fue nuevo para mí, y parece que el sufismo tiene la misma idea de que orarle a Dios y creer en él es, de hecho, una forma de despertarlo, lo cual es muy similar a la práctica budista.

Profesor Ahmet Karamastaffa: Eso es exactamente a lo que yo estaba tratando de llegar, que en esencia es un intento por quitar la piel con la que básicamente nos ocultamos a nosotros mismos, lo que usted llama “el yo profundo”, y el yo profundo es, esencialmente, un descubrimiento de que “todo es uno”, que todos estamos interconectados y esa es la razón por la que fluyen el amor, la compasión y el altruismo. Pero tenemos que trabajar en eso, y la oración, la canción, la música, sí, es como quitar la piel.

El intérprete de Su Santidad el Dalai Lama: La metáfora de quitar la piel es muy similar; encontramos exactamente la misma metáfora en los textos budistas.

Profesor Ahmet Karamastaffa: ... y en el sufismo también; de hecho, [la voz de una mujer interrumpe: “pelar una cebolla”] se dan números para ayudar a las personas a darse cuenta de lo difícil que es: “hay setenta mil velos” que cubren y tienes que quitarlos, uno por uno, hasta que realmente descubras la verdad profunda escondida.

El intérprete de Su Santidad el Dalai Lama: En los textos budistas clásicos se habla de 84,000 formas de aflicciones.

Profesor Ahmet Karamastaffa: Ustedes tienen más [risas].

Su Santidad el Dalai Lama: Así que incluso el número es una similitud. Para ser honesto, aunque los textos hablan de 84,000 formas de aflicciones, cuando se abordan las especificaciones, las presentaciones son mucho más generales, con clasificaciones de 21,000 que pertenecen a esta categoría y 21,000 que pertenecen a otra categoría [risas].

Profesor Ahmet Karamastaffa: En esencia, es exactamente lo mismo en el viaje sufí, que después se clasifica en etapas y estaciones más grandes, cada una de los cuales tiene una cierta cantidad de obstáculos a lo largo del camino en los cuales se trabaja, con la esperanza de que, con el tiempo, se llegue al corazón espiritual. Una vez que se llega el ser autocentrado ya no está ahí: y esa es la gota, es cuando la gota llega al océano y se vuelve una con él, me parece que esa es la idea.

Su Santidad el Dalai Lama: Nuevamente, hablando de paralelismos, en los textos budistas tenemos la metáfora, no de “gotas”, sino de corrientes diferentes que convergen en la unidad del océano.

Profesor Ahmet Karamastaffa: Sí, definitivamente.

Dra. Fatemeh Kesharvar: Su Santidad, usted cita poesía y textos cortos en sus libros, me preguntaba si utiliza poesía para inspirarse y meditar, ¿esto forma parte de su tradición?

Su Santidad el Dalai Lama: Por lo general, desde nuestra infancia tenemos que memorizar todos esos textos y versos escritos por maestros indios antiguos. En estos días, cuando medito recito algunos de estos versos y reflexiono en torno a su significado. Esto es muy útil. Entre los practicantes budistas, algunos meditadores utilizan música como parte del canto de los versos más inspiradores, pero no es una gran parte de mi aproximación.

Hay una historia de un practicante que llevaba vida de ermitaño, en compañía de otros ermitaños. Cada uno permanecía por su lado; uno de ellos cantaba ciertas plegarias o versos y el sonido se iba haciendo cada vez más débil, hasta que cesaba. Un ermitaño pensó que quizás el que cantaba se había quedado dormido, así que revisó silenciosamente y vio al ermitaño en completa meditación. Esto indicaba que este meditador en particular utilizaba los cantos y las melodías como una forma de alcanzar cierto estado mental. Alcanzaba ese estado y el sonido disminuía, desvaneciéndose cuando se asentaba en un estado unipuntual, que es algo “más allá de la voz”. Cuando hay una melodía la conciencia auditiva aún está trabajando, y cuando la verdadera meditación aparece, los órganos de los cinco sentidos ya no están activos.

Profesor Ahmet Karamastaffa: Su Santidad, lo mismo existe en la práctica sufí, que es hacer lo que llamamos el “zikr,” que es el mantra, las fórmulas que básicamente se repiten, sean musicales o sólo recitaciones. Muchos sufíes creen que mientras puedas realmente cantarlo o decirlo en voz alta toma la forma sensorial, pero realmente necesita ser internalizado, así que entre más lo dices se vuelve parte de tu mente y de tu corazón en forma última, de tal manera que incluso si te detienes y parece que estás en silencio, el zikr, la recolección, el canto continúa en ti. Así es como se expresa la idea, y algunas veces está en tu sangre, en tu espíritu, ya no es sensorial, ya no es algo que puedes ver o escuchar, sino que la persona se ha convertido en el canto; esa es la idea.

Su Santidad el Dalai Lama: En la tradición tibetana india hay muchas formas diferentes de recitación, algunas se hacen con una voz mucho más fuerte, otras se hacen casi susurrando, y algunas sólo con repetición mental, sin sonidos.

Carl Ernst: Debo añadir que hay una tradición entre algunos sufíes que han estudiado yoga, que han encontrado que la repetición de algunos mantras sánscritos son muy similares a los nombres árabes del zikr, y la recitación de estas sílabas que de alguna manera nos conectan con el yo interior abren nuevos niveles de conciencia.

Dra. Elahé Mir Djalali Omidyar: Su Santidad, sé que tenemos poco tiempo, pero cuando habló sobre el monje, la meditación, la repetición y cómo ésta lo calmó, me recordó a un verso de Rumi que dice: “Las palabras pueden ser contadas, pero el silencio es inconmensurable”, así que en forma última se llega a ese nivel.

Su Santidad el Dalai Lama: Recientemente conocí a un practicante hinduista. Él hablaba y entendía el inglés, pero su discípulo me dijo que este practicante había permanecido en completo silencio durante los últimos veintidós años. ¡Veintidós años! Es algo difícil. Tenemos algunas prácticas en las que mantenemos completo silencio durante un cierto periodo. Yo también lo practico, pero es algo muy difícil de hacer, incluso durante una semana. Requiere presencia mental, porque de otra forman ¡las palabras siempre surgen!

Dra. Elahé Mir Djalali Omidyar: Su Santidad, es ahora mi deber cerrar esta reunión. Me están diciendo que ya es hora, aunque aún estamos muy deseosos de escuchar más acerca de este estudio comparativo, pero no queremos cansarlo. Ha hecho un muy largo viaje desde la India, dieciséis horas de viaje, por lo que no queremos agotarlo. Estamos llegando a nuestro momento de cierre, si me lo permite.

Su Santidad el Dalai Lama: Este tipo de conversaciones son realmente maravillosas. Podemos discutir con seriedad las similitudes y cuando encontramos diferencias es útil intentar entender cuál es el verdadero propósito de estas diferentes aproximaciones. Como mencioné anteriormente, encontraremos la misma meta. Realmente necesitamos más encuentros como este, primero a un nivel académico, para discutir similitudes y diferencias y ver cuáles son sus propósitos. Luego, son necesarios los encuentros con practicantes serios aunque, por supuesto, ¡no hay necesidad de que asista ese maestro que pasó veintidós años en completo silencio [risas]!

Tanto a los tibetanos como a los chinos les gusta construir enormes estatuas del Buda o de algunas otras figuras importantes. El año pasado un grupo de tibetanos construyó una estatua gigantesca y me invitó a consagrarla. Acudí, participé y ofrecí una conferencia sobre budismo. Soy budista y, por lo tanto, respeto esa gran estatua, pero al mismo tiempo sé que es posible que la sólida estatua permanezca durante mil años, ¡pero en esos mil años la estatua nunca hablará [risas y aplausos]! Así que es inútil que participen los seres humanos que practican el silencio, a menos que tengan alguna habilidad para hacer milagros. De cualquier forma, los practicantes serios, genuinos, que practican durante muchos años, deben reunirse e intercambiar sus diferentes experiencias. Me parece que esto es muy importante para demostrar que tienen el mismo potencial y el mismo tipo de efecto.

Dra. Elahé Mir Djalali Omidyar: Su Santidad, lo hacen en privado, no lo hacen público por las mismas razones que usted mencionó en torno a que hay muchos niveles de entendimiento e interpretación de lo que se ha dicho y, debido al miedo de ser malinterpretados por la mayoría, esos serios practicantes permanecen en silencio y sólo comparten pensamientos e ideas entre ellos. Rumi y Shams Tabrizi son buenos ejemplos de ello, junto con muchos otros: muchos de los verdaderos practicantes no comparten con el público. Dan enseñanzas al público hablando un lenguaje contradictorio, tal como usted lo mencionó con respecto al Buda. Los maestros sufíes hacen lo mismo porque argumentan que con un público mayor todos entenderán lo que puedan y lo que deseen o sean capaces de escuchar de la enseñanza. Así que, con el fin de evitar confusiones en torno a conceptos complejos y difíciles de entender, sólo hablan entre ellos, porque han alcanzado un punto en el que tienen menos malentendidos.

Su Santidad el Dalai Lama: Incluso en tales casos, no necesita hacerse en público, sino sólo con una selección de diez o veinte practicantes que puedan intercambiar sus experiencias reales y más profundas. Será de inmensa utilidad para entender el valor de las diferentes tradiciones, lo cual es sumamente importante. Ahora ha llegado el momento en el que tenemos que hacer un esfuerzo por promover la armonía religiosa con el fin de desarrollar una armonía genuina. Debemos hacer todo esfuerzo posible por desarrollar respeto y entendimiento mutuo, no sólo mediante palabras eruditas o bellas presentaciones, sino desde la experiencia espiritual real.

He tratado de comunicarme recientemente con algunos practicantes hinduistas. Hace dos meses fue el Kumbh Mela, una reunión de casi setenta millones de peregrinos que se realiza cada doce años, y yo he participado en las últimas tres ocasiones. La última vez quise participar pero el clima no permitió que nuestro vuelo despegara de Dharamsala. ¡Así que Dios no lo deseaba [risas]! Envié un mensaje diciendo que deseaba tener una reunión con esos practicantes que aparecen completamente desnudos. Se me había dicho que algunas de esas personas permanecían años y décadas en las montañas nevadas sin ningún tipo de ropa, por lo que deben tener algo de experiencia. Tenemos una práctica especial para cultivar y generar calor, sin la cual no se puede sobrevivir en la nieve. Realmente deseaba conocer a esas personas, ¡pero el clima no lo permitió!

Realmente valoro sus esfuerzos por organizar este encuentro, y estoy deseoso de que existan más encuentros de este tipo, no por publicidad sino simplemente para tratar de obtener un entendimiento más profundo acerca de diferentes tradiciones, sus enseñanzas verdaderas y sus efectos, etc.

Dra. Elahé Mir Djalali Omidyar: Este ha sido un evento histórico, el primero de muchos, atendiendo el consejo de Su Santidad. Con el deseo de que este sea sólo el inicio del diálogo sincero entre todas las religiones, valoramos la amable participación de Su Santidad y agradecemos a la Universidad de Maryland y a todos los participantes. También deseo agradecer al público por estar aquí para beneficiarse de los consejos de Su Santidad y por disfrutar de este significativo encuentro.

El Instituto Roshan ha preparado un regalo para Su Santidad como un recuerdo de este primer encuentro entre el budismo y el sufismo. Es un poema persa escrito a mano (caligrafía), que dice, ¿puedo leerlo? [lee en persa]. La traducción es: “Además de las palabras, alusiones y argumentos, el corazón conoce cien mil maneras de hablar”. Todo se trata del corazón.