Dirigir el renacimiento: el sistema tibetano de los tulkus

Esta noche me pidieron que hablara sobre cómo dirigir nuestros renacimientos. Esto no se refiere a la capacidad de dirigirlo para renacer en una cómoda y bonita villa cerca del mar, ser millonario y tener muchos sirvientes, sino en el contexto del sistema de los lamas reencarnados que encontramos en el budismo tibetano. Se les llama tulkus en tibetano (sprul-sku), y se les conoce por el título de Rinpoche (rin-po-che). Sin embargo, no todos los Rinpoches son lamas reencarnados que han dirigido su renacimiento, porque a los abades de los monasterios también se les llama Rinpoche.

Antecedentes históricos

Es muy interesante que este sistema de lamas (bla-ma, gran maestro) que son capaces de dirigir sus renacimientos no sólo lo encontramos en el budismo, particularmente en la forma tibetana, sino también en el bon, la religión nativa del Tíbet. Y para mi sorpresa, cuando viajé a Kazajistán, una república de Asia Central cercana al Tíbet, encontré que los sufíes (una forma de islamismo) tienen un sistema similar de maestros reencarnados.

Este sistema de dirigir los propios renacimientos es algo que está muy relacionado con la práctica budista, específicamente con la práctica del tantra. Se encuentra, no sólo en el Tíbet, sino en todas las regiones que practican el budismo tibetano, en todas las regiones del Himalaya y en las áreas en las que viven los mongoles. Es precisamente a través de los mongoles que los sufíes adoptaron este sistema en Kazajistán. En el sistema de los bon, la forma de practicar es muy similar a la práctica budista. Así que estamos hablando de una gran área cultural en la que se ha desarrollado este sistema de lamas reencarnados. Estos lamas reencarnados son usualmente considerados los más grandes maestros dentro del área y, por lo general, dirigen un monasterio; son el lama principal y el maestro más importante del mismo.

Obtener control sobre el renacimiento

Hay muchas cosas que podemos discutir acerca de estos lamas reencarnados, pero vamos a empezar con la forma en que es posible hacerlo. En el budismo siempre hablamos de cómo todo el mundo continúa renaciendo, y que esto es algo sobre lo que normalmente no tenemos ningún control. Tomamos un renacimiento de acuerdo con el tipo de mente y los estados mentales que hemos tenido durante nuestra vida, y especialmente en el momento de la muerte; además, influye específicamente la fuerza de los tipos de acciones, los tipos de comportamiento en los que hemos estado involucrados. Así que es un poco compulsivo, en el sentido de que somos atraídos hacia ciertas situaciones de renacimiento según nuestros hábitos y patrones de conducta previos. Pero si realmente queremos ser capaces de ayudar a los demás, el cual es nuestro objetivo en el budismo, especialmente en el budismo mahayana, entonces no queremos ser arrastrados a situaciones sólo por nuestros hábitos. Queremos ser capaces de, en el futuro, involucrarnos en situaciones en las que podamos beneficiar a los demás.

Seguramente les ha tocado vivir una situación como la siguiente: alguien tiene muy buenas intenciones de colaborar en la casa, pero están transmitiendo un partido de fútbol. Debido a su poderoso apego al fútbol, a pesar de que tienen un fuerte deseo de ayudar o de apoyar a los niños con su tarea, simplemente son atraídos compulsivamente hacia la televisión. Asimismo, podemos tener un gran deseo de ayudar a otros en vidas futuras, pero si tenemos un fuerte apego y hábitos muy marcados, entonces, como la atracción magnética de esta persona hacia el partido de fútbol en la televisión, somos atraídos compulsivamente hacia todo tipo de estados de renacimiento que podrían no ser propicios para ayudar a los demás.

Así, podríamos ser atraídos de manera compulsiva a un renacimiento muy agradable o a uno muy desagradable, dependiendo de aquello a lo que estemos habituados. Es como cuando estamos borrachos y no tenemos el control: podemos sentirnos atraídos por estar muy alegres cantando con nuestros amigos, o por iniciar una pelea. Realmente depende de nuestros hábitos. Del mismo modo, cuando morimos, estamos en gran medida fuera de control -es mucho más difícil que estar borracho- y si no nos hemos preparado para ese momento, sobre la base de nuestros hábitos, en nuestras vidas futuras podríamos ser arrojados a una situación más agradable o a una peor.

Así que si realmente queremos ser capaces de ayudar a los demás, necesitamos obtener de alguna manera el control sobre este proceso de muerte y renacimiento, para que en el futuro podamos seguir en situaciones que sean las más propicias para ayudar a los demás. Sin embargo, no es necesario ser un buda, un ser completamente iluminado, para ser capaz de tener algún tipo de control sobre nuestro renacimiento. Hay muchas etapas en nuestro desarrollo espiritual que podrían permitir que dirijamos nuestros renacimientos. Así que vamos a revisar un poco la teoría de cómo se hace, porque es muy interesante, y nos anima a pensar que tal vez nosotros también podríamos hacerlo.

Los cuerpos de un buda

Como buda, que es lo que esperamos llegar a ser, tenemos diversos tipos de cuerpos (sku, sct. kaya, corpus). En términos de nuestra mente, ésta se convierte en un cuerpo de conocimiento o un cuerpo de sabiduría. Y también tendríamos cuerpos físicos con los que ayudaríamos a los demás. El ejemplo que se utiliza a menudo para explicar esto es el del sol o la luna. Así, por ejemplo, tenemos un sol o una luna que puede aparecer en el cielo. El sol tiene una apariencia, una luz básica, un calor. Hay luz, calidez, energía, todo lo cual es parte del sol, y tiene la apariencia de sol. Esa apariencia del sol o de la luna en el cielo sería como una apariencia primaria, y también podríamos ver la apariencia del sol y de la luna reflejada en diversos cuerpos de agua.

Así, cuando vemos las apariencias físicas de un buda, tenemos una apariencia primaria, que se conoce con la palabra sánscrita sambogakaya (longs-spyod rdzogs-pa’i sku, longs-sku, cuerpo de uso pleno), que es un cuerpo físico que, literalmente, puede hacer un uso pleno de todas las enseñanzas. Pero es una apariencia muy sutil y es muy difícil de ver para la mayoría de la gente; se tiene que tener un nivel muy alto de realización para verla. Pero las emanaciones de este cuerpo, al igual que en el ejemplo del reflejo de la luna o el sol en el agua, son más fáciles de ver para las personas. A esas emanaciones o reflejos de este cuerpo primario, este cuerpo más sutil de un buda, se les llama en sánscrito nirmanakaya (sprul-sku, cuerpo de emanaciones), que es la misma palabra que se utiliza para los lamas encarnados, tulku. Así que estos lamas reencarnados, son una especie de manifestación o emanación. No todos los tulkus son budas; de hecho, muy pocos lo son.

En realidad, hay muchas prácticas que podemos hacer para lograr estos cuerpos de un buda. Por ejemplo, sólo para que podamos entender un poco más -la analogía no es exacta – puede ser difícil ver en persona a alguien como Su Santidad el Dalai Lama, pero mucha gente puede verlo reflejado en la televisión. Así que la idea es que hay un cierto tipo de apariencia, como en un televisor o en la memoria de alguien o algo así, que es más accesible que la apariencia primaria. De esta forma, lo que queremos ser capaces de hacer es generarnos de tal forma que podamos ser del mayor beneficio a los demás, no sólo en una forma muy primaria, sino también en formas más generalizadas. Es como cuando podemos ayudar enseñando a unas pocas personas, pero si escribimos libro que puedan leer millones de personas, podemos aparecer y ayudar a muchas más personas en un nivel más burdo.

Alcanzar los cuerpos de un buda mediante la práctica del tantra anutarayoga

Así que queremos ser capaces de practicar de tal manera que alcancemos ese estado de un buda, en el que tengamos una mente que es consciente de todas las cosas, que sabe cómo ayudar a todo el mundo y que ve la realidad, y después queremos ser capaces de aparecer en formas muy directas y luego en formas más generalizadas. La técnica que se utiliza para lograr esto es una técnica de la clase superior de la práctica tántrica, que es la práctica más sofisticada y exigente. Lo que observamos es que hay una estructura básica que sucede normalmente en nuestra vida, que es paralela a estos diferentes cuerpos de un buda:

· Este paralelismo es más evidente durante el proceso de la muerte. Cuando morimos, nuestra mente desciende a un estado muy, muy sutil, como la mente de un buda.

· En el período entre los nacimientos, el cual se conoce en tibetano como bardo (bar-do), tenemos una apariencia sutil.

· Cuando nacemos, empezando por el momento de la concepción, tenemos un aspecto más burdo.

Esto también es paralelo al proceso de ir a dormir:

  • Cuando nos dormimos, hay una transformación, la mente se vuelve muy sutil.

  • Cuando soñamos, tenemos un tipo de apariencia especial muy refinada.

  • Cuando nos despertamos, tenemos una apariencia burda que proviene de esa apariencia más sutil.

Así que lo que tratamos de hacer en la práctica tántrica es practicar que desarrollamos estos diferentes cuerpos de un buda que pueden aparecer en diferentes formas, haciendo una práctica que es similar al proceso de la muerte, el estado intermedio y el renacimiento.

Esta práctica tántrica tiene dos estados: en la etapa superior, llamada estado completo (rdzogs-rim), lo que hacemos es trabajar con el sistema de energía sutil del cuerpo; lo que se pretende hacer con ese sistema de energía sutil es concentrarlo en un punto muy, muy fino y luego emanarlo en un tipo de forma y después en un tipo de forma burda, que también se conoce con la misma palabra, tulku, el término que se utiliza para los lamas reencarnados. En la etapa inicial de esta práctica tántrica, que se conoce como estado de generación (bskyed-rim), desarrollamos este proceso en nuestra imaginación; imaginamos que nuestra energía se vuelve más y más sutil y concentrada y que después adquiere una apariencia más sutil y luego una apariencia burda; a esa apariencia burda también se le conoce como tulku, es la misma palabra.

Si vamos a hacer este tipo de prácticas debemos hacerlas de forma adecuada, no se trata sólo de manipular las energías, tenemos que combinarlas, como en todas las prácticas budistas, con la compasión y la sabiduría. Es necesario tener una motivación compasiva: queremos ayudar a los demás mediante obtener maestría sobre todo este proceso. Y también queremos usar esa oportunidad de que la mente se vuelva muy, muy sutil para tener la comprensión más clara de la realidad. Si queremos llegar a ser un buda a través de esta práctica tántrica, entonces utilizamos esa estructura básica, que es similar al proceso de la muerte y el renacimiento, como un medio para lograr la budeidad.

Realmente deseamos ayudar a los demás. Si realmente queremos ayudar a los demás, lo que tenemos que hacer es superar nuestra propia confusión y la compulsión de nuestra vida, ¿no es cierto? Si estoy bajo el control de la televisión y el fútbol, no puedo ayudar a los demás. Así que es preciso que tengamos un deseo muy fuerte de ayudar a los demás y un cierto nivel profundo de sabiduría para reconocer: “Bueno, esto es sólo un juego y no es lo más importante en el mundo. Mi identidad no se confirmará si mi equipo gana y mi valor como ser humano no depende de si este equipo gana o no”. Entonces, ¿cómo quiero superar esta compulsión de ser arrastrado a ver la televisión? Bueno, de alguna manera tengo que recoger mi mente y volverla muy centrada. Mi mente va a todas partes; está en el campo de fútbol. Queremos descender a un nivel mental muy, muy sutil, que está alejado de todo este tipo de imanes que nos atrapan. Eso es similar a lo que sucede cuando morimos o cuando estamos dormidos: dejamos de involucrarnos compulsivamente con las cosas alborotadas que están sucediendo a nuestro alrededor. Luego, cuando estamos muy enfocados e integrados en este nivel muy sutil, de cierta manera podemos generar nuestra energía de una forma determinada: “Está bien, ahora voy a ayudar a mi hijo”. Así, debido a que la energía de la mente toma una cierta forma dentro de nosotros, nos levantamos y hacemos en un nivel más burdo lo que teníamos en mente hacer: ayudar al niño.

Así que tenemos una estructura paralela de hacerlo en nuestra imaginación, de hacerlo con el sistema de energía (pero en realidad no podemos sostenerlo muy bien), y finalmente hacerlo totalmente como un buda. En todos estos ejemplos, ya sea que lo hagamos en nuestra imaginación, con el sistema de energía o como un buda, el nivel burdo se conoce como tulku, la cual, como dije, es la palabra que se utiliza para un lama encarnado. Así que cuando hablamos de estos lamas encarnados o tulkus, me refiero a alguien que ha sido capaz de generar este tipo de emanación en cualquiera de estos tres niveles: con la imaginación, con el sistema de energía, o que es en realidad un buda. Y mientras estaban vivos, lo hicieron en práctica meditativa y trabajaron con los estados del dormir y de los sueños, en los que se tiene una situación similar de ir de lo sutil a lo más burdo. Mientras estén vivos, háganlo con relación a la meditación, meditando de igual forma en el proceso de la muerte, o trabajen con el dormir y los sueños. Al trabajar con esto mientras estamos vivos, cuando algo muy similar ocurra en el momento de la muerte, seremos capaces de manejar esa situación con un cierto grado de control.

Hemos estado meditando y practicando cómo es que la mente se vuelve realmente sutil, utilizando eso para ver la realidad, y después hemos hecho que la mente tome un cierto nivel de apariencia y luego una apariencia burda. Eso es lo que hemos estado practicando en nuestra meditación. Durante nuestra vida hemos utilizado la oportunidad de practicar durante el sueño, porque la mente se vuelve naturalmente más refinada cuando estamos dormidos, de manera natural tenemos una cierta apariencia sutil cuando soñamos y una apariencia más burda cuando nos despertamos. Ocurre de forma natural durante el proceso de dormir, soñar y despertar.

De esta forma, atravesamos el proceso del sueño y demás de una manera muy consciente, y después utilizamos esa situación para ayudarnos aún más en nuestra práctica de tratar de convertirnos en un buda, para decirlo de manera muy simple, cuando tenemos la mente muy sutil de un buda que tiene estos diferentes niveles de apariencia. Así, debido a que nos familiarizamos con el proceso durante la meditación y el sueño, podremos hacer la misma práctica durante el proceso de la muerte. Podemos experimentar la muerte, el estado intermedio y el renacimiento de manera similar a la forma en la que experimentamos el dormir, el soñar y el despertar mientras practicábamos en esta vida. Así, está práctica nos permite dirigir nuestros renacimientos en el contexto de estos lamas reencarnados.

Por supuesto, existe la posibilidad de que alguien sea en realidad un buda. Como un buda, puedes emanarte en diversas apariencias y nacer de varias maneras, así que, de hecho, en el momento de la muerte no tienes que hacer una práctica meditativa porque tienes un control total. Pero como ya he dicho, muy pocas personas son budas. Pero si estás practicando en el camino del tantra para convertirte en un buda, es posible que no tengas un control pleno de todo el proceso, pero puedes tener mucho control, y la mayoría de los tulkus están en ese nivel.

Requisitos previos para generar un linaje de tulkus

Si todavía no somos un buda, básicamente necesitamos tres cosas para generar un linaje de tulkus (vgr. el lama reencarnado número uno, después la vida siguiente, la vida siguiente, la vida siguiente, etc.). En primer lugar, necesitamos una bodichita muy, muy fuerte. La bodichita es la motivación con la cual toda nuestra mente, corazón y energía están dirigidos hacia convertirnos en un buda con el fin de ser capaces de beneficiar más plenamente a todo el mundo.

La segunda cosa que necesitamos es hacer profundas aspiraciones o desear con gran fuerza impulsar nuestra energía en la dirección de ser capaces de continuar apareciendo en las mejores circunstancias para poder ayudar a los demás. Para que esto suceda, tenemos que querer hacerlo. En este contexto, hacer aspiraciones u oraciones significa dirigir nuestras energías en una dirección determinada, y esa dirección es volver en la próxima vida en una forma que esté en una situación y en una familia con las mejores oportunidades para poder ayudar a los demás. La oración o aspiración no significa pedirle a Dios, al Buda o a alguien externo, es simplemente dirigir nuestras propias energías: “Pueda tener la claridad mental para comprender y ayudar a alguien”. No le estamos pidiendo a alguien externo que nos lo conceda, nos estamos haciendo poderosamente a la idea para desarrollarlo nosotros mismos. No es tan diferente de nuestra manera de pensar, lo hacemos normalmente, no nos es muy ajeno. Por ejemplo, cuando estamos cansados y nuestro hijo nos necesita, en cierto sentido somos capaces de recolectar nuestra energía por ese fuerte deseo. Quizás no lo hagamos conscientemente, pero decimos: “Tengo que cuidar a mi hijo”. Es una fuerte intención en una dirección determinada. Eso es lo que quiere decir literalmente una aspiración desde el punto de vista budista tibetano 1.

Así, necesitamos la fuerte motivación de la bodichita y hacer aspiraciones. La tercera cosa es algún tipo de habilidad o nivel de logro, ya sea en el estado de generación de la práctica tántrica, lo cual significa ser capaz de hacer lo que hemos descrito en el nivel de la imaginación, o en el estado completo, lo cual significa que somos capaces de hacerlo con nuestro sistema energético. Eso es suficiente para poder hacer esta práctica en el momento de la muerte y tener cierto control sobre el propio renacimiento. Con eso basta.

No tenemos que ser un buda para poder hacer esto; ni siquiera se requiere tener la comprensión directa de la vacuidad o de la realidad para hacerlo. Quiero decir, obviamente necesitamos tener cierta comprensión, pero no la comprensión directa no conceptual de la vacuidad. Así que generar un linaje de tulkus no es tan difícil, porque hay cerca de un millar de ellos en la familia budista tibetana, entre los cuales los más conocidos son el Dalai Lama, el Karmapa, etc.

Probablemente el prerrequisito más difícil es realmente tener una bodichita plena; esto es quizás lo más difícil. Que realmente todo esté dirigido hacia la iluminación: “Tengo que llegar a ser un buda para ayudar a todo el mundo. Tengo que ser capaz de tener control sobre mis renacimientos”. Porque eso nos permitirá superar el miedo en el momento de la muerte, que es lo que normalmente altera a la mayoría de las personas y las hace perder el control. Podríamos ser muy hábiles técnicamente en hacer estas visualizaciones o en manipular nuestro sistema energético, pero sin la bodichita aún podemos asustarnos en el momento de la muerte y perder el control. Pero si nuestro corazón está tan conmovido por las dificultades que enfrentan las personas en el mundo y nuestra mente está totalmente llena con la idea de que “tengo que mantener la calma durante el proceso de la muerte”, entonces vamos a ser capaces de hacerlo para ayudar a los demás. No vamos a tener miedo en el momento de la muerte, lo que nos causaría sentirnos totalmente perdidos e impotentes, aunque tuviéramos las habilidades técnicas. Y hacemos muchas aspiraciones, lo cual significa que una y otra vez tratamos de dirigir nuestra energía de esa forma: “Pueda ser capaz de hacer esto. Tengo que reunir mis energías para hacerlo”.

Adquirir control sobre las situaciones cotidianas

Podrían considerar esta conferencia sólo como una información interesante sobre el sistema social tibetano de los tulkus. Pero si queremos llevarlo a otro nivel, este es un punto muy importante que podemos aplicar en nosotros mismos, porque nos da una indicación muy clara de cómo superar el miedo: con la bodichita y con muy fuertes aspiraciones.

Por ejemplo, imaginen que hay un incendio en casa y le tenemos mucho miedo al fuego, pero nuestro hijo está atrapado adentro. Si tenemos plena preocupación y cuidado por el niño, aunque el fuego es una cosa espantosa, no vamos a tenerle miedo: lo hemos superado. En esa situación -es como el ejemplo de atraer la energía hacia adentro y luego emanarla hacia afuera- tomamos una respiración profunda y nos fortalecemos a nosotros mismos, de tal forma que estructuramos la energía para salir y correr hacia el fuego a rescatar al niño. Esto es similar a entrar en el proceso de la muerte, pero no necesitamos una situación tan traumática, como un incendio, con el fin de practicarlo en nuestra vida.

En nuestra vida cotidiana enfrentamos muchas situaciones que son muy aterradoras, y otras que son muy simples. Cuando tenemos un bebé recién nacido, la primera vez que lo abrazamos, la primera vez que lo llevamos a casa, estamos completamente asustados: “No sé qué hacer, se me puede caer”. Pero eso no significa que no superemos ese miedo. ¿Cómo lo superamos? Con un fuerte deseo de ayudar al bebé. En cualquier situación difícil -en el trabajo, en una relación o lo que sea- surge mucho miedo, y lo que hemos estado discutiendo indica cómo superarlo, de tal forma que podamos emanarnos de una manera que sea la mejor para resolver esa situación. Le damos forma a nuestra energía, y al hacerlo le damos forma a lo que de hecho hacemos con nuestro cuerpo físico: esto influye en lo que realmente hacemos con nuestro cuerpo físico. De esta manera, estamos trabajando en un nivel sutil y luego en uno burdo. Somos capaces de darle forma a nuestra energía recolectándonos primero a nosotros mismos mediante tener una cierta sensación de realidad: “No hay nada que temer. Hay un niño en la casa”, y así sucesivamente. Así podemos darle forma a nuestra energía, y para poder ser capaces de hacerlo, necesitamos tener de antemano una fuerte motivación: amor, interés, compasión, etc.

Esto es algo que todos podemos aprender del sistema de tulkus. No es tan ajeno para nosotros, hay un método para generarlo.

Relacionarnos con los tulkus en Occidente

Tenemos que diferenciar muy claramente entre la manera budista de relacionarse con un maestro, y en este caso con un tulku, desde el sistema cultural tibetano. La sociedad tradicional tibetana era medieval; esto no necesariamente significa algo negativo, pero esa era la realidad. Los principios fundamentales de la sociedad medieval eran las relaciones entre personas de diferentes niveles que se basaban, por un lado, en la lealtad y el servicio, y por otro lado, en la protección. Los tulkus en el Tíbet estaban a cargo de un distrito o de un monasterio; la mayoría eran hombres y monjes, pero no todos eran monjes, y algunos eran mujeres. Eran como un señor medieval que ofrecía protección espiritual, y a veces material, a la gente de su localidad. La gente acudía a ellos para pedirles consejo y ayuda con los diversos problemas que tenían, y su relación era en gran medida medieval, basada en la lealtad y la obediencia. Esta relación se mezcló con la enseñanza budista de relacionarse con el propio maestro como si fuera un buda.

Actualmente, es muy importante seguir las enseñanzas budistas en la relación de las personas occidentales con los maestros tibetanos, sean tulkus o no; no hay necesidad en absoluto de seguir el ejemplo medieval. Esto no quiere decir que el estilo medieval fuera negativo. Funcionó muy bien en su sociedad, pero no es apropiado para nuestras sociedades y para nuestra relación con los tulkus.

Hay muchas cosas más que podemos discutir sobre los tulkus en el contexto de la sociedad tibetana. En primer lugar, como mencioné antes, puede haber confusión: no todos ellos son budas -casi ninguno de ellos lo es-, pero esa es una discusión totalmente distinta a la de ver al propio maestro como un buda. Ese es un tema completamente diferente que vamos a revisar el fin de semana, pero voy a decir algunas palabras acerca de eso ahora.

Si queremos llegar a ser más realistas y prácticos en nuestra práctica budista, un aspecto importante que tenemos que tener claro es la relación con nuestro maestro. Cuando uno ve al maestro como un buda, básicamente se trata de un contrato con ese maestro, en el que decimos que realmente no importa lo que él haga o por qué lo hace, porque para mí él es un buda. Eso significa que voy a ver todo lo que hace el maestro como si se tratara de una enseñanza. Eso no quiere decir que ahora soy un soldado raso: “Tú eres el general y yo sólo recibo órdenes”, sino “voy a ver todo lo que haces como una manera de ayudarme a crecer para convertirme en un buda”.

Un ejemplo clásico es el siguiente: en una vida anterior, el Buda estaba estudiando con un maestro que les dijo a todos sus discípulos que salieran y robaran. Todos dijeron “Sí, señor”, salieron y robaron para él, excepto el Buda, que sólo se fue a su habitación. El maestro fue a buscar al Buda y le dijo: “¿Por qué no vas a robar para mí? ¿No quieres hacerme feliz?”, a lo que el Buda respondió: “¿Cómo se puede hacer feliz a alguien robando?”. El maestro contestó: “¡Ajá! Eres el único que entendió la lección”.

Así que incluso cuando el maestro nos pida que hagamos algo totalmente inadecuado y perjudicial, independientemente de la que pudiera ser su motivación, lo vemos como una enseñanza: “Me está enseñando a no hacer eso”. Y uno podría relacionarse con su maestro de esta manera, sea un tulku (los cuales, en muchos casos, son los maestros más reconocidos) o no, eso no importa. Es el mismo principio: cómo te relacionas con el maestro.

Los tulkus jóvenes

Ahora, sólo unas cuantas palabras acerca de cómo son encontrados los tulkus. Los que se encuentran en niveles muy avanzados, pueden predecir dónde van a renacer y dejan alguna indicación, como los Karmapas, que dejan una carta. En la mayoría de los casos, se buscan indicios, ya sea en los sueños de los seres altamente realizados o por medios sobrenaturales, como un oráculo que entra en trance y da algún tipo de indicación de dónde encontrar al niño. Hay un lago en el Tíbet al que acuden ciertos seres altamente realizados para recibir visiones. A menudo, los Dalai Lamas se encuentran de esa manera – por una visión en el lago- pero eso sólo da una indicación de por dónde buscar. Lo más importante es que el niño dé alguna indicación de quién es. Su Santidad el Dalai Lama dice que este es el factor más importante. Por lo general, la gente trae algunas de las pertenencias de los antiguos lamas y también réplicas de los mismos objetos, para que el niño los identifique. Este es el signo más confiable para identificar quién es una reencarnación, no sólo confiar en algún sueño o en algún oráculo.

Algunas veces se encuentran indicaciones muy dramáticas, como en el ejemplo de mi propio maestro Serkong Rinpoche, quien fue uno de los maestros del Dalai Lama. Él murió en una determinada región de la India, en la frontera con el Tíbet, y volvió a renacer allí. El anterior Serkong Rinpoche fue el lama principal de esa zona y todo el mundo tenía una fotografía de él en su casa. Así, cuando este pequeño niño tuvo edad suficiente para hablar, señaló la foto que había en la casa de sus padres y dijo: “¡Ese soy yo!”. Cuando la gente de su antigua casa vino a buscarlo, él corrió a los brazos de quien era su asistente, conocía uno de sus nombres. A partir de ese momento, sólo se quería ir con el asistente y no tenía ningún interés en quedarse con sus padres y con su familia. Tenía tres años. Así que este es un ejemplo de una muy clara y fuerte indicación por parte del niño.

Ahora bien, Su Santidad el Dalai Lama dice que la única cosa definitiva que se puede decir acerca de los tulkus, es que son niños que nacen con una enorme cantidad de potencial positivo de su vida anterior. Sin embargo, se requieren circunstancias favorables para que esos talentos y hábitos puedan desarrollarse en esta vida. Recuerden, desde una perspectiva objetiva, casi ninguno de los tulkus puede ser considerado un buda iluminado, independientemente de que sus discípulos los vean como budas. Esto significa que, si bien los tulkus tienen potenciales positivos, no han conseguido deshacerse de todo su karma negativo, y si las circunstancias favorables no están allí -educarlos correctamente y demás- esos potenciales positivos no se desarrollarán y los negativos sí.

A veces nos encontramos con que los tulkus actúan de una manera no budista o muy poco iluminada; es posible que incluso deseen dejar por completo cualquier tipo de vida religiosa. Eso no quiere decir que en realidad no sean tulkus o que no tengan todos esos potenciales positivos. Sólo significa que las circunstancias no fueron propicias para que se desarrollaran. Sucede algo similar con los budas. Hay muchos ejemplos de budas que aparecen durante épocas oscuras, en las que nadie es receptivo a sus enseñanzas, por lo que sólo se quedan por un momento. Por haber aparecido un instante habrá una cierta influencia positiva, pero quedarse más sería una pérdida de tiempo, por lo que se van. Un buda no tiene ningún karma negativo, así que no surgen cosas negativas de tales circunstancias desfavorables. Podemos ver que es similar: se necesitan circunstancias favorables para que un buda o un tulku puedan desarrollarse y trabajar para ayudar a otros. Esto significa que tenemos una gran responsabilidad con los tulkus jóvenes, especialmente con los que han nacido en Occidente (hay muchos de ellos ahora). Es muy importante que les proporcionemos las circunstancias favorables para que tengan una buena crianza y una adecuada educación budista, etc., de tal forma que puedan desarrollar sus cualidades positivas.

Tenemos que darnos cuenta de que estos tulkus jóvenes son niños, no dioses. El sistema de los tulkus no es como el sistema hindú de los avatares, y no se trata de un pequeño dios o del hijo de un dios; no es así en absoluto. En lugar de ello, se trata de niños que tienen una enorme cantidad de potencial positivo, y aunque tienen una continuidad de los potenciales positivos de su predecesor, no son la misma persona ni tienen la misma personalidad. He tenido el privilegio de conocer a algunos de estos tulkus en dos vidas diferentes, y una cosa que le molesta a los tulkus jóvenes es ser tratados como si fueran el predecesor. Ellos quieren ser tratados como son ahora. Así que si los tratamos, obviamente, con un gran respeto, pero además les damos lo que un niño necesita en términos de un hogar y una situación estable, una buena educación y demás, sus cualidades positivas se podrán desarrollar y todos no beneficiaremos muchísimo.

También debo mencionar que cuando un tulku se retira de la vida religiosa a causa de las circunstancias desfavorables, eso no quiere decir que sea el final del linaje de tulkus. El potencial positivo del renacimiento en el cual se inició el linaje todavía está allí, e incluso si hay una especie de caída en la vida número dos, o si no hacen ninguna práctica de meditación en el momento de la muerte, no importa. Por la fuerza de ese potencial positivo original y por el control original obtenido antes sobre el sistema, habrá una nueva reencarnación en una cierta forma que tendrá los potenciales positivos que se pueden desarrollar.

Así que cuando pensamos en términos de controlar nuestros renacimientos, podría haber una etapa, dependiendo de nuestro nivel de logro, en la podríamos dirigirlo a una familia o a una situación específica. Pero normalmente no es así; es hacia una situación favorable en general, sin importar el nombre de la familia. Y, normalmente, si vamos a elegir la familia en la que vamos a renacer, aquí es donde entra en acción el poder de la aspiración, porque dirigimos nuestras energías muy fuertemente hacia: “Que pueda renacer como un niño en esta familia en particular”. Esto moldea la energía, haciendo una conexión muy fuerte, así que eso sería parte del mecanismo de cómo podría uno dirigirlo hacia una familia específica. Pero se tiene que tener una visión muy amplia para ser capaz de saber que esta es realmente una situación favorable. Es más seguro hacerlo de manera genérica: “Pueda renacer en una situación favorable, sin importar en cuál familia sea”, porque si practicamos esto y no tenemos la percepción directa de la vacuidad, entonces todavía tenemos cierto apego, por lo que la elección de la familia podría estar mezclada con apego, lo cual podría nublar nuestro juicio.

Este es un punto importante cuando pensamos en términos de trabajar con la compasión y ayudar a los demás, y tratar de liberar nuestros esfuerzos del apego tanto como sea posible. Podemos pensar: “Pueda ayudar a los demás teniendo un gran Mercedes-Benz, así podré pasearlos en él”. Bueno, es posible que eso esté mezclado con un poquito de apego. Así que es mejor dejarlo abierto: “Pueda simplemente ser capaz de ayudarlos en cualquier forma que sea posible”, de esta manera evitamos el peligro del apego al especificar tan estrechamente la situación.

Video: Tsenshab Serkong Rinpoche II — “¿El sistema de tulkus es útil?”
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Conclusión

Esta es una introducción general al sistema de tulkus o lamas reencarnados. Y como mencioné anteriormente, no deberíamos sólo verlo como una interesante lección de sociología sobre una cultura extranjera. Nos da mucho en qué pensar en términos de nuestra propia vida, muerte y renacimiento. Todos vamos a renacer, por lo que en lugar de ser atraídos por las cosas compulsivamente -como por el juego de fútbol en la televisión- sería mucho más beneficioso tener un cierto control sobre el proceso. Y no tenemos que desanimarnos y pensar: “Bueno, tengo que convertirme en un buda para ser capaz de hacer esto”. Es algo que podemos lograr en una etapa mucho más temprana. Por supuesto, no es fácil, pero no es inalcanzable. Y no importa si alguien nos busca o no, o si alguien nos reconoce o no, eso es irrelevante. Si tenemos el fuerte deseo de ser siempre capaces de ayudar a los demás y de estar siempre en situaciones en las que podamos ayudarlos, entonces podremos enfrentarnos a nuestra muerte y experimentarla sin temor, porque tendremos un objetivo muy poderoso en la mente, sobre lo que queremos hacer durante el proceso de la muerte y después. Y como ya lo he dicho, puede ayudarnos a enfrentar situaciones en nuestra vida que nos producen miedo, no sólo la muerte. Así que todo gira en torno a la bodichita, esta intención plena de desarrollarnos al máximo estado posible, de tal forma que realmente podamos ser de ayuda a los demás.

Preguntas

¿Puede un tulku tener varias formas al mismo tiempo?

Sí, es posible que los tulkus reencarnen en varias formas a la vez, pero eso es en un nivel muy avanzado; depende del nivel.

¿Qué sucede cuando nacen gemelos? ¿Comparten la misma mente?

La mente, o más específicamente, los continuos mentales de los gemelos, no son los mismos. Si uno de los gemelos come, no llena el estómago del otro, no satisface el hambre del otro. Tienen continuos mentales separados.

¿Cuánto dura el período del bardo?

En los textos leemos que, normalmente, el tiempo entre encarnaciones es un periodo de bardo que puede ser de siete o catorce días, hasta cuarenta y nueve días. Pero no tiene que ser exactamente en múltiplos de siete; puede ser en cualquier momento durante esos cuarenta y nueve días. Tenemos el caso de mi maestro Serkong Rinpoche. Él volvió a nacer exactamente nueve meses después del día en que murió, así que no hubo bardo, o sólo duró un par de minutos. Fue exactamente nueve meses después; él no quería perder tiempo en el bardo; no quería descanso. Eso indica una determinación muy fuerte. En otros casos, el bardo dura más de cuarenta y nueve días; puede ser de varios años. En el linaje de los Karmapas -no recuerdo cuál número- hubo un período de varios años entre encarnaciones; eso también sucede. En ese caso, ellos explican: “Bueno, ellos se fueron y nacieron en una tierra búdica o en algún otro lugar en el que fue beneficioso”. Hay algunos ejemplos en los que la reencarnación tiene lugar en menos de nueve meses; eso es más difícil de entender.

¿Pero es posible que el período de bardo dure más de cuarenta y nueve días?

Todo el mundo aparecerá en algún tipo de forma después de cuarenta y nueve días. Ahora, si usted es un buda total, entonces el sistema de bardo no es necesario. Los budas pueden aparecer siempre que lo deseen. Pero si estamos hablando de antes de alcanzar la budeidad, entonces lo máximo son cuarenta y nueve días, y entonces tenemos que aparecer como algo en alguna parte (no necesariamente en este mundo).

¿El Dalai Lama es un buda o un tulku?

El Dalai Lama es un tulku. Pero como ya he dicho, un tulku puede estar en cualquier etapa; así que como un buda, también podría ser un tulku. Ahora la pregunta es: ¿el Dalai Lama es un buda? Como mi maestro, él es un buda. Pero objetivamente ¿es un buda? Bueno, sólo un buda sería capaz de reconocer a otro buda. Así que es muy difícil para cualquiera de nosotros, en nuestra etapa ordinaria, poder decir definitivamente: “Esta persona es un buda”. Eso significa que no importa. Quiero decir, en cualquier caso no seríamos capaces de reconocerlo. Pero, ciertamente, Su Santidad es uno de los seres más desarrollados que jamás he conocido, y eso es suficiente.

Es una pregunta muy interesante. Ya sea que se refiera al Dalai Lama o al Karmapa o a quien sea, es una pregunta interesante. ¿Son realmente budas? Como occidentales, tendemos a querer que las cosas sean muy concretas. Así, por ejemplo, podemos fijarnos en un texto budista tibetano y decir: “Bueno, ¿qué significa?”. Un maestro tibetano dirá: “Bueno, desde este punto de vista, significa esto; y si lo interpretas a partir de ese comentario, significa eso”; y él te dará todo el menú de posibilidades de lo que podría significar. Entonces, como occidentales decimos: “¿Qué significa realmente?”. Creo que todo proviene del entrenamiento religioso occidental en el que hay un solo Dios y una sola verdad: “Así es como son las cosas”.

Es lo mismo cuando se pregunta: “¿Esta persona es realmente un buda?”. Esto debe ser entendido dentro del contexto de la vacuidad, porque todo depende del contexto. Si se habla desde el punto de vista de que esta persona es nuestro maestro, eso es una cosa. Desde el punto de vista de tu nivel de realización y de que veas a tu maestro como esto o aquello, eso es otra cosa. Así que no podemos obtener una respuesta definitiva, como tampoco podemos responder definitivamente a: “¿Qué significa realmente el texto?”. Es lo mismo. Sin embargo, para las personas occidentales esto es difícil de aceptar. Es por eso que la única respuesta que uno puede dar es: “No te preocupes por eso”. Lo que importa es la propia relación con ese maestro y entonces verlo dentro del contexto de esa relación.

Vamos a terminar con una dedicatoria. Que cualquier entendimiento y cualquier energía positiva que haya surgido de esta conferencia, pueda profundizarse cada vez más y actuar como una causa para alcanzar la iluminación en beneficio de todos.

Posdata, junio 2013

Su Santidad el Dalai Lama ha explicado, específicamente con relación a su propio linaje de Dalai Lamas, que los miembros sucesivos de un linaje de tulkus no son necesariamente miembros sucesivos del mismo continuo mental. Las personas que tienen una fuerte conexión con un gran maestro espiritual, por ser su discípulo cercano y sobre la base de una fuerte bodichita, aspiraciones y una gran acumulación de potencial positivo, puede reencarnar como una emanación tulku de ese maestro. Sus aspiraciones serían, por ejemplo, poder continuar con la obra del maestro.

Por lo tanto, cuando los grandes maestros espirituales reencarnan en varios cuerpos más o menos al mismo tiempo (como en aspectos de cuerpo, palabra y mente), indudablemente, estos tulkus serán seres individuales con continuos mentales individuales. Todos ellos serán personas con una fuerte conexión espiritual con ese maestro y habrán tenido el intenso deseo de continuar con su trabajo espiritual.

Además, Su Santidad ha explicado que cuando algunos linajes de tulkus se consideran emanaciones de Avalokiteshvara, Manyushri, Amitabha y así sucesivamente, pueden ser realmente emanaciones, o pueden ser meramente conductores de la fuerte inspiración de estos budas para que se actúe en su nombre en este mundo.

1 Nota de la editora: Para evitar confusiones con el contexto judeocristiano, solemos traducir “prayer” (oración) como “aspiración”, atendiendo al significado literal de la palabra que el Dr. Berzin explica en este párrafo.

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