Niveles intermedio y avanzado de motivación

Repaso

Hemos estado hablando de las etapas graduales del camino espiritual, con las que básicamente tratamos de ampliar y expandir nuestra motivación, desde sus etapas inferiores hasta el logro de su plenitud. De esta forma, cada etapa se desarrolla a partir de la anterior.

También revisamos que hay dos formas de atravesar este desarrollo. Podemos seguir una versión Darma-light, con la que nos preocupamos por mejorar esta vida y hacerla un poco más llevadera; la mayoría de nosotros necesitamos empezar justamente por aquí. Sin embargo, la presentación tradicional ni siquiera considera este nivel porque asume la creencia en el renacimiento sin principio y sin final. El verdadero Darma, como la verdadera Coca Cola, habla de este desarrollo dentro del contexto del renacimiento.

Vimos que el nivel inicial de motivación, como todos los niveles de motivación, tiene un anhelo, una razón para alcanzar ese anhelo y una emoción detrás de él que nos conduce a alcanzar esa meta. En la etapa inicial, buscamos mejorar nuestras vidas futuras asegurándonos de seguir teniendo un precioso renacimiento humano, de tal forma que continuemos nuestro desarrollo para alcanzar las metas superiores. Nos damos cuenta de que es difícil alcanzar las metas últimas en esta misma vida; toma un largo tiempo e implica un arduo trabajo. La razón para intentarlo y para seguir teniendo mejores renacimientos es que podamos seguir en el camino.

Esto es lo que planeamos hacer cuando alcanzamos la meta del precioso renacimiento humano. No estamos hablando de ir al paraíso en nuestra próxima vida y pasarla bien. Dentro de esta etapa, la emoción que nos conduce a buscar un mejor renacimiento es la determinación de evitar un peor renacimiento. Dentro de los peores estados no tendríamos las oportunidades para trabajar con nosotros mismos y mejorar, pero tenemos la confianza de que hay una forma de evitarlo. Lo abordamos en términos de dirección segura o refugio. Esta dirección básicamente es tratar de detener por completo y para siempre todas las limitaciones y aspectos negativos que acompañan a nuestra actividad mental, especialmente en términos de nuestra conducta. Además, queremos actuar de formas constructivas. Esto lo hacemos dentro del contexto de apreciar las oportunidades de esta preciosa vida humana que tenemos, y con el entendimiento de que definitivamente la perderemos en el momento de la muerte. La muerte llegará con toda certeza y no tenemos idea de cuándo sucederá.

Incluso los mejores estados de renacimiento son insatisfactorios

En el nivel intermedio analizamos con mayor profundidad. Incluso si tenemos lo que llamamos mejores renacimientos, o incluso preciosos renacimientos humanos, sencillamente es insatisfactorio continuar de esa manera. La vida sigue y su naturaleza es tener altibajos, sin certeza alguna de cómo nos sentiremos en el momento siguiente. Quizá seamos felices ahora, pero en el siguiente instante podríamos sentirnos repentinamente desanimados, tristes, o incluso deprimidos. Las más pequeñas cosas nos molestan y, por supuesto, en cada vida tenemos los problemas recurrentes de atravesar el hecho de nacer y ser bebés, sin control alguno sobre nuestras funciones corporales. Necesitamos aprender a caminar y a hablar; pasar por eso una y otra y otra vez es realmente aburrido. Tendríamos que ir nuevamente a la escuela, y ¡¿quién quiere pasar otra vez por todo eso?! Necesitaríamos encontrar una pareja y un trabajo, enfrentar nuevamente la enfermedad, la vejez y la muerte, no sólo en nosotros mismos sino también en aquellos que amamos.

Incluso en una preciosa vida humana hay muchas cosas insatisfactorias y aún tenemos todos nuestros problemas emocionales. Nos enojamos, nos alteramos y somos codiciosos. Tenemos un enorme apego por las personas y por los objetos. Somos ingenuos acerca de la causa, el efecto y la realidad, por lo que actuamos de formas tontas, pensando que la manera en que actuamos y hablamos no tiene efectos sobre otros. Con frecuencia nos comportamos como si los demás no existieran y no tuvieran sentimientos. Eso es completamente ingenuo, ¿no es así?

Todos estos problemas continuarán y tendremos altibajos en cualquier renacimiento afortunado. También habrá momentos en los que vayamos de situaciones y renacimientos afortunados a desafortunados, de mejores a peores. Simplemente sigue y sigue y sigue. A esto es a lo que nos referimos con “renacimiento o existencia incontrolablemente recurrente”, cuya palabra sánscrita es “samsara”.

Renuncia: Anhelar la liberación con la determinación de ser libres

En el nivel intermedio, la meta que queremos alcanzar es la liberación de todo esto. Nuestra continuidad mental no tiene principio ni final y no queremos continuar en este ciclo aparentemente interminable de renacimiento incontrolablemente recurrente. Cuando decimos “aparentemente interminable” significa que continuará para siempre si no hacemos algo al respecto. Necesitamos ponerle fin y experimentar una verdadera detención del samsara. ¿Por qué? Porque queremos detener el sufrimiento. Incluso si los problemas que se nos presentan no son terribles, aun así queremos detener los problemas más sutiles. Esta es la razón de querer alcanzar la liberación.

En sánscrito, la liberación se conoce como “nirvana”, y a la emoción que nos conduce a ella por lo general se le conoce como “renuncia”. Esta no es la mejor traducción, pero básicamente se refiere a tener una fuerte determinación de ser libres. Con la renuncia decidimos que ya tuvimos suficiente de este sufrimiento. Estamos hartos de él y, de hecho, en un nivel más profundo, estamos sumamente aburridos de todo lo que implica. Ya fue suficiente: queremos liberarnos.

Estar dispuestos a renunciar a nuestras emociones perturbadoras

Vimos que para ser libres necesitamos deshacernos de las causas de todos nuestros problemas y sufrimientos. Estamos totalmente dispuestos, no sólo a deshacernos del sufrimiento, sino también a soltar sus causas. No estamos hablando de renunciar al helado, al chocolate o cosas así. Ese es un entendimiento muy trivial de la renuncia. A lo que nos determinamos es a liberarnos de nuestro enojo, codicia, apego hacia todo. En el caso del chocolate, necesitamos renunciar al apego que le tenemos, el cual está basado en una exageración de sus buenas cualidades. Por ejemplo, pensamos: “¡esta es la cosa más maravillosa y deliciosa del mundo!; ¡me hará feliz, plenamente feliz de forma última!”. Si realmente el chocolate pudiera hacer eso, entre más comiéramos, más felices seríamos. Sin embargo, sin importar qué tan adictos seamos al chocolate, pronto nos enfermaremos y no querremos volver a verlo jamás.

Es realmente profundo y muy difícil ser honestos en nuestro deseo de renunciar a nuestros apegos, enojo y demás. No debemos trivializar este tema. Es como cuando alguien golpea su cabeza contra la pared y tiene miedo de detenerse porque no sabe si todo estará peor cuando lo haga. Esto es a lo que estamos totalmente acostumbrados, por lo que seguimos golpeando nuestra cabeza contra la pared. Por supuesto, ese es un ejemplo extremo. Uno más común sería estar en una relación nociva y sentirnos renuentes a terminarla por temor a estar solos. En consecuencia, seguimos en esa relación dañina y somos miserables.

Eso es algo muy común, ¿no es cierto? No queremos decirles ciertas cosas a ciertas personas porque tenemos miedo de que nos abandonen. No estamos hablando de experiencias extrañas, ajenas a nosotros, sino de cosas que experimentamos todo el tiempo.

¿Es posible la liberación del renacimiento incontrolablemente recurrente? ¿Yo puedo lograrla?

Para poder alcanzar la meta de la liberación y, con el tiempo, de la iluminación, primero que nada necesitamos saber que es posible y que nosotros podemos lograrlo. Estos temas son complicados y, dado que es difícil demostrar que son metas alcanzables que todos podemos lograr, muchas personas se los saltan. Este es un gran error porque si realmente no estamos convencidos de que podemos alcanzar esas metas, ¿por qué habríamos de molestarnos siquiera tratando de trabajar para lograrlas? Sólo estaríamos jugando y, con el tiempo, llegaríamos al punto de pensar que es algo ridículo y nos daríamos por vencidos.

Tenemos que examinar a profundidad los temas de la naturaleza de buda (los factores que permiten la liberación y la iluminación), la pureza natural de la mente, etc. ¿Nuestras emociones perturbadoras y nuestra confusión son parte fundamental de nuestra mente? Si lo fueran, eso implicaría que están ahí a cada momento. Si no es así, ¿eso significa que son temporales y que pueden ser removidas para siempre?

Cuestionarlo y debatir en torno a ello es absolutamente necesario. Definitivamente no es algo que debiésemos hacer por fe ciega. De hecho, mientras más lo cuestionemos mejor, porque necesitamos clarificar todas nuestras dudas y tener una firme confianza en lo que estamos haciendo. ¿Tenemos que esperar hasta que estemos 100% convencidos? Bueno, esa no es una pregunta fácil. ¿Cómo podemos saber cuándo estamos completamente convencidos? Puede tomar mucho tiempo.

Si pensamos que se trata de cosas sin sentido obviamente no podemos trabajar con ello. Pero cuando vamos en la dirección de considerar que quizás todo es posible, entonces podemos proceder. Sin embargo, el hecho de que pensemos que es cierto debe estar basado en una razón y no sólo en fe ciega, o porque “mi maestro lo dijo”. El Buda mismo afirmó: “no crean nada de lo que digo sólo por fe en mí; pruébenlo como si de comprar oro se tratase”. Necesitamos examinar para ver si realmente es verdad.

Convencernos del renacimiento: El caso de Serkong Rinpoche en dos vidas

Llegar a creer en el renacimiento como un hecho real puede ser un proceso muy largo. Puedo compartirles mi experiencia porque he trabajado en ello durante muchos años. He estudiado budismo por más de 45 años, y en cierto punto efectivamente alcancé un entendimiento intelectual basado en la razón de por qué el renacimiento tiene sentido. Pero lo que realmente me transformó y me convenció a un nivel profundamente emocional fue mi relación con mi maestro a lo largo de dos vidas. Su nombre era Serkong Rinpoche y fue uno de los maestros de Su Santidad el Dalai Lama; fui extremadamente afortunado de haber sido su discípulo cercano. Estuve con él durante nueve años, y en ese tiempo traduje para él y me desempeñé como su secretario personal. Organicé y lo acompañé en todos sus viajes por el extranjero, trabajando muy de cerca con él. Murió en 1983; renació y fue encontrado nuevamente mediante el sistema tibetano de los tulkus.

Ahora tiene 25 años y aún tengo una relación extremadamente estrecha con él, similar a la que tuvimos en su vida previa. Por supuesto, ¡ahora hay una diferencia contraria en la edad porque esta vez es más joven que yo!

Conocí por primera vez al nuevo Serkong Rinpoche cuando tenía sólo cuatro años. Cuando entré en la habitación, sus ayudantes le preguntaron: “¿sabes quién es él?” y su respuesta fue: “no seas tonto, por supuesto que lo sé”. Desde el principio, este niño de cuatro años fue extremadamente cercano y afectuoso conmigo, mucho más de lo que era con otras personas. Así ha sido desde entonces.

En diversas ocasiones hemos visto videos de su vida previa y me dice: “oh, recuerdo haber dicho eso”; en realidad, él nunca me dice cosas absurdas ni comenta algo sólo por hacer conversación. Además de toda la lógica y el razonamiento, realmente fue esta experiencia la que me ayudó a ir más allá de la sensación de “bueno, quizás, probablemente…”. Me dio certeza.

Estas cosas no son fáciles. ¿Es realmente posible alcanzar la liberación? ¿La naturaleza de la mente realmente es pura? Aun si lo entendemos de forma racional, para entenderlo a nivel emocional tenemos que profundizar más. Pero poco a poco podemos trabajar con eso.

La confusión acerca de la realidad como causa del renacimiento incontrolablemente recurrente

En el nivel intermedio de motivación del lam rim tenemos una explicación muy detallada del mecanismo del renacimiento con los doce eslabones de surgimiento dependiente. Este es sólo el nombre de un mecanismo muy complicado que aborda el asunto del karma, las repercusiones kármicas y demás. Necesitamos entender a profundidad los diversos tipos de emociones perturbadoras, tales como el enojo y la codicia, cómo surgen y qué las subyace. De forma muy sencilla, me refiero a este factor subyacente como “confusión”, con el que estamos confundidos acerca del efecto de nuestro comportamiento en nosotros mismos y en los demás. Más a profundidad, estamos confundidos acerca de cómo existimos realmente, cómo existen los demás y cómo existe todo.

Básicamente, tendemos a pensar que las cosas existen de forma independiente, completamente por su propio poder y separadas de todo lo demás, como si estuvieran envueltas en plástico. Incluso si pensamos que todo está interrelacionado, aun así creemos que las cosas están envueltas en plástico y que se conectan con palitos. Hay muchos niveles de sutileza que necesitamos entender con respecto a las formas imposibles de existencia. Necesitamos entender con precisión qué es imposible y saber exactamente lo que nuestra confusión proyecta sobre todos y todo.

Vacuidad (vacío): La total ausencia de formas imposibles de existencia

Lo que necesitamos entender se conoce como “vacuidad” o “vacío”. Vacuidad significa una total ausencia, algo que no está ahí en absoluto. Lo que no está es un referente real de esas proyecciones que son imposibles. No corresponden con nada real.

Podemos utilizar el ejemplo de Santa Claus. Digamos que vemos a alguien con una larga barba blanca y un traje rojo, que se ve como lo que llamamos “Santa Claus”. Pensamos que es Santa Claus, pero ¿por qué? Bueno, porque se parece a Santa Claus. Sin embargo, la apariencia de Santa Claus no corresponde con nada real, porque no hay ningún Santa Claus real. A esto se refiere la vacuidad: una ausencia de un Santa Claus real que corresponda con la apariencia de esta persona. Eso no niega en ninguna forma que ahí hay un hombre y que se parece a Santa Claus. Sólo estamos aclarando que la forma en que ese hombre aparece ante nosotros es engañosa. Se ve como Santa Claus, pero realmente no es Santa Claus porque no existe tal cosa.

Nuestra mente opera de esta forma todo el tiempo. Proyectamos todo tipo de sinsentidos, como que esta persona es la más hermosa o aquella la más horrible, o que somos el regalo de Dios al mundo o, al contrario, que somos absolutamente inútiles. Proyectamos estas cosas como si nosotros o ellos existieran de esa forma, totalmente independientes de todo lo demás, como si eso fuera verdadero e inmutable.

En realidad, nadie existe de esa forma. De hecho, eso es imposible porque todo existe en relación con otras cosas. Su Santidad el Dalai Lama siempre utiliza el ejemplo de nuestros dedos. ¿Nuestro cuarto dedo es pequeño o grande? Bueno, es grande comparado con el quinto dedo, pero es pequeño comparado con el dedo medio. Así que, desde su propio lado, por su propio poder, ¿es pequeño o grande? No hay respuesta porque sólo es pequeño o grande con relación a otras cosas. Depende totalmente de otras cosas y también depende de nuestro concepto de grande y pequeño. Me parece que así pueden comprenderlo.

En este nivel intermedio trabajamos para deshacernos de estos malentendidos fundamentales mediante el entendimiento de la vacuidad. Es precisamente esta confusión la que causa el renacimiento incontrolablemente recurrente porque activa el karma y las repercusiones kármicas, como se explica en el complejo mecanismo de los doce eslabones de surgimiento dependiente.

La necesidad de tener concentración y autodisciplina ética

Para obtener un entendimiento de la vacuidad necesitamos concentración. Para desarrollar concentración necesitamos disciplina ética. El ejemplo que se da en las enseñanzas es derribar un árbol. El entendimiento es como un hacha afilada, pero para realmente derribar el árbol necesitamos golpear siempre en el mismo lugar. La concentración es como golpear de forma continua exactamente en el mismo lugar. Necesitamos fuerza para poder levantar el hacha, balancearla y golpear en el mismo lugar. Esta fuerza proviene de la autodisciplina ética con la que nos refrenamos de actuar destructivamente.

El nivel intermedio también presenta los diversos grupos de votos que se pueden tomar. Esto incluye los votos completos o de novicio de un monje o monja, o los votos para quienes son cabezas de familia, sean hombres o mujeres. La expresión “cabeza de familia” se refiere a alguien que no lleva una vida de celibato en un monasterio, pero no necesariamente significa que tiene una familia; también se refiere a las personas solteras. En la antigua India eso era algo sumamente raro, las personas que eran cabezas de familia casi siempre tenían una familia. Estos votos monásticos y laicos se conocen colectivamente como “votos para la liberación individual”, porque están dirigidos hacia nuestra propia liberación. Estos votos nos ayudan a evitar ciertos tipos de conducta que están probablemente motivados por las emociones perturbadoras, que pueden interferir con nuestra práctica de la meditación y demás.

Tomar un voto realmente es algo muy importante. ¿Por qué? Porque cuando tomamos un voto de no volver a hacer algo nunca más, nos liberamos de la indecisión. Por ejemplo, imaginemos que estamos tratando de dejar el alcohol o los cigarros. Cada vez que estamos con personas que beben o fuman tenemos la indecisión de si deberíamos consumir o mejor decir que no. Incluso si realmente estamos tratando de dejarlo, cada vez que se presenta esta situación tenemos que tomar una decisión, y esto puede ser tan desafiante como estresante.

Cuando tomamos un voto es definitivo. Hemos tomado la decisión: “no voy a tomar, no voy a fumar”, o lo que sea. Entonces realmente no importa si todos los demás a nuestro alrededor están tomando porque ya nos hemos hecho a la idea. En lugar de ser una restricción o un castigo, tomar votos de hecho puede darnos mucha fortaleza y liberarnos de la indecisión, especialmente con respecto a cosas que puedan ser perjudiciales para nuestro logro de la liberación final.

En el budismo no existe obligación de tomar voto alguno. Es importante que entendamos esto. Nadie puede decir que tienes que tomar este o aquél voto y nadie está diciendo que tengas que convertirte en monje o monja y vivir en un monasterio. Sin embargo, si realmente te tomas en serio el hecho de obtener la liberación del samsara y liberarte para siempre del enojo, el apego, la codicia y demás, tomar ciertos votos definitivamente lo hará más fácil. Quizás no estemos listos ahora mismo y eso está perfectamente bien. Necesitamos evaluarnos a nosotros mismos y a nuestras situaciones con honestidad.

Este es el nivel intermedio. Aunque la concentración y la vacuidad son parte de él, no se discuten a plenitud todavía. Estos temas son revisados a profundidad en el nivel avanzado de las enseñanzas.

El nivel avanzado de motivación: Pensar en los demás

En el nivel avanzado pensamos en términos de no ser los únicos en el universo. Existen todos los demás, exactamente en la misma situación en la que nosotros estamos. Todos los demás también sufren y atraviesan el renacimiento incontrolablemente recurrente. Queremos una felicidad estable y evitar el sufrimiento, así como todos los demás. Todos somos absolutamente iguales en ese sentido. No se trata sólo de mí y de unos cuantos elegidos más, sino de todos y cada uno de los seres. Todos estamos interconectados y somos interdependientes los unos de los otros. No existimos de forma independiente por nuestra cuenta. De hecho, no podríamos sobrevivir de esa forma.

Existen algunos métodos sumamente sofisticados para ampliar nuestro corazón hasta incluirlos a todos de forma igualitaria. Esto ya lo discutimos antes, cuando hablamos acerca de reconocer a todos los seres como nuestra madre, como si hubieran sido increíblemente amables con nosotros. Existe una versión en el Darma-light con la que podemos ver cómo los demás tienen la habilidad para ser como una madre que cuida de nosotros. Sin embargo, esta presentación tiene limitaciones porque es difícil aplicarla a nuestro amigo el mosquito.

Amor

Para empezar a expandir nuestro corazón comenzamos por desarrollar lo que llamamos “amor”. El proceso en realidad comienza con ecuanimidad, con la que no nos sentimos atraídos por algunas personas, repelidos por otras e indiferentes hacia las demás. Trabajamos para poder abrirnos a todos y sobre esta base reconocemos nuestra interconexión con el resto de los seres. Podemos desarrollarlo mediante el razonamiento de que todos han sido nuestra madre y se han portado muy amables con nosotros en vidas previas, o sólo reconociendo cómo todo aquello que disfrutamos o usamos proviene del trabajo de los demás. Sólo miren el piso que se encuentra bajo sus pies, el edificio en el que están, el agua que beben, ¿alguna vez pensamos siquiera de dónde proviene todo eso? ¿Cómo llegó la comida y el agua a nuestra mesa? Todo proviene del trabajo de otros, del esfuerzo de todos los que nos rodean. Todos somos iguales y entonces es ilógico que trabajemos sólo para nuestro propio beneficio, porque para beneficiarnos realmente a nosotros mismos tenemos que beneficiar a todos los demás.

Sobre esta base, podemos desarrollar amor igualitario hacia todos. Este amor se define como el deseo de que todos los seres sean felices y tengan las causas de la felicidad. No tiene nada que ver con el amor romántico, el cual está casi siempre mezclado con un enorme apego. Cuando decimos “te amo” por lo general significa: “te necesito, nunca me dejes, no puedo vivir sin ti”. Cuando no obtenemos la atención esperada de la otra persona o cuando nos dicen algo desagradable, podemos cambiar fácilmente a “ya no te amo”.

En el budismo, el tipo de amor del que estamos hablando no tiene absolutamente nada que ver con cómo actúan los demás o qué nos hacen. Es sólo el deseo: que seas feliz. Es como si todos los demás fueran una parte de nuestro cuerpo: nos gustaría que todos nuestros dedos fueran felices, no sólo algunos, sin importar qué nos hagan nuestros dedos.

Compasión

Una vez que cultivamos amor, desarrollamos “compasión”, que es el deseo de que los demás estén libres del sufrimiento y de las causas del sufrimiento. No se refiere sólo al nivel superficial de sufrimiento, los altibajos de la vida, sino también a los tipos más profundos de sufrimiento, como el renacimiento incontrolablemente recurrente. Tener compasión no significa que menospreciemos a los demás y sintamos lástima por ellos: “oh, pobre de ti”. La compasión budista está basada en el respeto y el entendimiento de que es posible que todos se liberen del sufrimiento y de sus causas. No es sólo un bonito deseo o palabras lindas. Con la compasión, empezamos a tomar responsabilidad para realmente producir un estado libre de sufrimiento. Implica mucha valentía.

Cuando desarrollamos lo que se conoce como “gran compasión”, nuestra compasión se dirige de forma equitativa hacia todos los seres, y considera a cada uno como una madre amorosa y atenta lo haría con su único hijo. Nuestros sentimientos de gran compasión también contienen el deseo de proteger a cada ser para que no padezcan más sufrimiento.

La determinación excepcional

El siguiente paso es desarrollar la “determinación excepcional”, que es la firme decisión de que vamos a hacernos responsables, no sólo de ayudar a los demás de una forma superficial o incluso más profunda. Nos determinamos a asumir la responsabilidad de ayudar a otros a alcanzar el estado plenamente iluminado de un buda. No sólo tenemos la intención de hacerlo, sino que lo hemos decidido: definitivamente lo haremos.

Bodichita: El anhelo de alcanzar la iluminación para el beneficio de todos los seres

La etapa final en esta secuencia es el desarrollo de lo que llamamos “bodichita”, cuya base es el amor, la compasión y la determinación excepcional. Nos damos cuenta de que la única forma en la que podemos ser de la mejor ayuda a todos es si nosotros mismos alcanzamos el estado de un buda. Pero para que esta aspiración sea realista necesitamos entender qué es un buda, las formas en las que un buda puede y no puede ayudar a los demás. Recordemos que un buda no es un dios todopoderoso que puede tronar los dedos y hacer que desaparezca el sufrimiento de todos los seres. Un buda ciertamente puede mostrarles a otros el camino y brindarles inspiración, pero tenemos que hacer todo el trabajo por nosotros mismos. Nadie puede entender la realidad por nosotros, tenemos que entenderla por nosotros mismos.

Por lo tanto, conducida por el amor y la compasión, la bodichita se enfoca en nuestra propia iluminación futura. Es nuestra propia iluminación, no la del Buda Shakyamuni ni la iluminación en general. Nuestra iluminación aún no ha acontecido, pero puede hacerlo y lo hará sobre la base de los factores de naturaleza de buda de nuestra continuidad mental. Estos factores incluyen su naturaleza básica impoluta y todos sus potenciales y posibilidades. Nos enfocamos en esta iluminación aún no acontecida con la intención de alcanzarla para que podamos ayudar a los demás tanto como sea posible. A lo largo del camino a la iluminación, también tratamos de ayudar a los demás tanto como sea posible.

Esto es la bodichita. Es un estado mental increíblemente vasto y no debiésemos confundirlo con el hecho de sólo meditar en el amor y la compasión. No es sólo eso. El amor y la compasión son la base, pero la bodichita es mucho, mucho más que eso.

Las seis actitudes de largo alcance (las seis perfecciones)

Como hemos visto, el anhelo del nivel avanzado es alcanzar el estado de un buda, de tal forma que seamos capaces de ayudar a otros tanto como sea posible. Somos impulsados por el amor, la compasión y una determinación excepcional. Pero ¿cómo alcanzamos realmente esa iluminación? Esto nos remite a la presentación de lo que se conoce como las “seis perfecciones”, en sánscrito, las “seis paramitas” o como yo suelo traducirlas, las “seis actitudes de largo alcance”. Prefiero este término porque nos llevan muy lejos, a lo largo de todo el camino hacia el estado iluminado de un buda. A algunas personas el término “perfecciones” los hace sentir como si tuvieran que ser perfectos y, como aún no lo son, se sienten inadecuados. Esa no es la sensación que este término debiese generar.

Generosidad

La primera actitud que necesitamos desarrollar es la generosidad, con la que damos a los demás, no sólo cosas materiales, sino también consejo, enseñanzas y protección contra el miedo (libertad del miedo). Aun si no tenemos nada material que ofrecer, cultivamos la actitud de disposición de ofrecer lo que se necesite. Otro regalo que podemos ofrecer es la forma en que tratamos a los demás. Dado que habremos desarrollado la ecuanimidad, los demás no tendrán nada que temer de nosotros. No nos enojaremos con los demás, no nos aferraremos ni trataremos de obtener algo de ellos. Además, trataremos verdadera y sinceramente de ayudarlos. De hecho, ese es un increíble regalo que le podemos dar a alguien, un regalo enorme que desarrollamos con la generosidad.

Autodisciplina ética

La siguiente actitud de largo alcance que desarrollamos es la autodisciplina ética, con la que trabajamos para no actuar de forma destructiva, sino tan constructivamente como sea posible. Tenemos la disciplina para estudiar, meditar y realmente ayudar a los demás. No nos cansamos demasiado cuando ayudamos ni abandonamos a alguien simplemente porque no tenemos ganas de ayudar.

Paciencia

La paciencia es la habilidad de resistir el sufrimiento y las dificultades sin enojarse ni alterarse. Trabajar con nosotros mismos y tratar de ayudar a los demás no es sencillo, y algunas personas no son fáciles de ayudar en absoluto; nos lo ponen difícil y necesitamos tener paciencia para no enojarnos. Existen muchos métodos para desarrollar la paciencia, al igual que con todas las demás actitudes de largo alcance.

Perseverancia

La siguiente actitud es la perseverancia, con la que no nos damos por vencidos, sin importar qué tan difícil sea. En este sentido, esta actitud de largo alcance es más como un vigor valiente: no sólo no nos damos por vencidos, sino que además disfrutamos ayudar a otros y nos sentimos realmente felices de tener la oportunidad de hacerlo. Existen muchas instrucciones en torno a cómo desarrollarla, que también incluyen saber cuándo relajarse y tomar un descanso. Si nos presionamos demasiado no podremos ayudar a nadie. Con relación a esto, hay muchos métodos para superar los diferentes tipos de pereza que podrían impedirnos seguir trabajando en nosotros mismos y en ayudar a los demás.

Estabilidad mental

Posteriormente, tenemos prácticas para desarrollar la estabilidad mental, que incluyen, además de la concentración, la estabilidad emocional. Lo que queremos tener es un estado mental estable que no sucumba a la influencia de la divagación mental, perseguir objetos que nos resulten atractivos o que se no vuelva aletargada o somnolienta. Una mente semejante permanece enfocada en lo que sea que deseemos estar enfocados. Por ejemplo, cuando alguien nos está hablando nuestra mente no divaga pensando en otras cosas. También somos estables en el sentido de que no tenemos emociones perturbadoras que alteren la estabilidad; no somos volubles. Eso significa que no somos exageradamente sensibles o insensibles, sino equilibrados y estables.

Darse cuenta que discrimina

Este término con frecuencia se traduce como “sabiduría”, y en sánscrito es prajnaparamita. Esta actitud final se refiere a la habilidad de discriminar cómo existen las cosas y qué es imposible. Es un darse cuenta muy específico y, por lo tanto, la palabra “sabiduría” es un poco vaga. Estamos hablando específicamente de la conciencia de saber qué es imposible, la cual implica un entendimiento de la vacuidad (vacío). Discriminamos que ciertas cosas son ridículas, imposibles y que no se refieren a nada real.

Trabajamos con estas prácticas y métodos para desarrollar las seis actitudes de largo alcance, nuestro anhelo, nuestra motivación, determinación y bodichita. Todo esto constituye el nivel avanzado de motivación.

Resumen

Al desarrollarse sobre la base del nivel inicial, en el nivel intermedio nos damos cuenta de que, aun teniendo renacimientos en mejores estados, seguimos sufriendo. Aún enfrentaremos problemas, enfermaremos y moriremos, y esto sucederá una y otra vez. Y otra vez. Al aburrirnos de este ciclo, entendemos que no hay nada particularmente especial en todos estos renacimientos incontrolablemente recurrentes, y entonces anhelamos liberarnos de esta situación.

Cuando llegamos al nivel avanzado, dejamos de pensar en nosotros mismos como la persona más importante, el centro del universo. Nos damos cuenta de que todos somos exactamente iguales en nuestro deseo de ser felices y de querer evitar el sufrimiento. No solo esto: vemos que todos los seres, tanto en vidas anteriores como en esta misma vida, han sido increíblemente amables con nosotros. Sin ellos no podríamos comer ni beber, escribir ni leer, ir de compras, disfrutar películas ni hacer nada en absoluto. Al darnos cuenta de lo vergonzoso que sería ignorar su bondad, nos vemos movidos por la compasión y el amor hacia ellos y desarrollamos la bodichita con la que deseamos alcanzar nuestra propia iluminación para poder ser realmente de beneficio último para los demás.

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