El primer nivel de autodisciplina ética

Introducción

El tema del karma es central en las enseñanzas budistas y está relacionado de forma muy estrecha con la autodisciplina ética. Usamos la autodisciplina ética para superar y deshacernos del karma. Esto encaja muy bien dentro del contexto de lo que conocemos como “las cuatro verdades nobles”, la enseñanza más básica del Buda:

  • Todos tenemos una gran cantidad de sufrimiento y problemas en la vida;
  • Nuestro sufrimiento proviene de causas;
  • Hay una situación en la que todo el sufrimiento y sus causas pueden desaparecer para siempre;
  • Esta situación puede lograrse mediante un camino de entendimiento correcto de la realidad, ética y demás.

Este esquema es una estructura que se encuentra de manera general en la filosofía y religión indias. Sin embargo, el Buda dijo que quienes lo habían precedido no habían identificado estos aspectos de forma lo suficientemente profunda, así que a sus entendimientos les dio los nombres de “sufrimientos verdaderos”, sus “causas verdaderas”, sus “detenciones verdaderas” y el “camino verdadero” que lleva a esa cesación. Aunque otros pueden no estar de acuerdo con ello, estos puntos son vistos como verdaderos por los aryas, los seres altamente realizados que han visto la realidad de forma no conceptual.

Es interesante que el Buda usara el término “arya”. Ese es el nombre del pueblo que invadió y conquistó la India alrededor de 500 años antes del Buda; fueron ellos quienes llevaron consigo los Vedas. Sin embargo, los aryas de los que habló el Buda no son esos mismos conquistadores. El Buda se refiere a aquellos que, no solamente han visto lo que son el sufrimiento verdadero y sus causas, sino que también los han superado. Son los victoriosos. Este es un término que se utiliza en toda la terminología budista.

Entender el significado de “karma”

Video: Dr. Alexander Berzin — “¿Qué es el karma?”
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El karma es una de las causas verdaderas del sufrimiento verdadero, pero ¿qué es exactamente el karma? La palabra sánscrita deriva de la raíz kr, que significa “hacer”. Cuando se añade la terminación –ma, se obtiene el significado de “aquello que actúa” o “aquello que impulsa las acciones”. De forma similar, la palabra “Darma” proviene de dhr-, que significa “proteger”. Con la terminación –ma, se convierte en “aquello que nos protege”, como en “aquello que nos protege del sufrimiento”. Por lo tanto, el karma es aquello que nos impulsa a actuar y que nos produce sufrimiento, y el Darma es aquello que nos protegerá del sufrimiento.

Así pues, el karma no se refiere a nuestras acciones mismas. Sin embargo, ya que karma se tradujo al tibetano con la palabra que significa “acciones” (tib. las) en el lenguaje coloquial, la mayoría de los maestros tibetanos, si hablan en inglés, se referirán al karma como “acciones”. Esto se presta mucho a la confusión, porque si la causa verdadera del sufrimiento fueran nuestras acciones, entonces bastaría con no hacer nada y ¡seríamos libres! Eso no tiene ningún sentido.

A lo que realmente se refiere el karma es a compulsión, la compulsión que nos lleva a actuar, hablar y pensar de maneras que están mezcladas con la confusión: confusión con respecto a cómo existimos nosotros, cómo existen los demás, y confusión sobre la realidad. Debido a que estamos confundidos acerca de quiénes somos y acerca de qué está sucediendo en el mundo, actuamos de maneras muy compulsivas. Estas maneras pueden ser compulsivamente negativas, tales como gritarle a los demás o ser crueles con ellos, o compulsivamente positivas, como ser perfeccionistas.

Consideremos el último caso. Es posible que seamos neuróticos o compulsivos en torno a ser perfectos y que pensemos cosas como: “tengo que ser bueno” o “todo tiene que estar limpio y en orden”. Semejante pensamiento compulsivo produce mucho sufrimiento, a pesar de que ser bueno y mantener las cosas limpias y ordenadas sea algo positivo. Así, en la discusión del karma no estamos hablando de dejar de actuar de una manera positiva. Estamos hablando de deshacernos de la compulsión neurótica que hay detrás de nuestras acciones, porque esa es la causa del sufrimiento. Detrás de nuestro perfeccionismo está la confusión de cómo existimos. Pensamos en nosotros mismos como un sólido“yo, yo, yo” y creemos que este “yo” tiene que ser perfecto y bueno. ¿Por qué? ¿Para que papá o mamá me den “a mí” una palmadita en la espalda y me digan “a mí” que soy buena chica o buen chico? Como uno de mis maestros decía: “¿Qué vas a hacer después? ¿Menear el rabo como un perrito?”.

El karma en el contexto del entrenamiento en el camino gradual lam rim

Cuando trabajamos en deshacernos del karma (la compulsión que es una de las verdaderas causas del sufrimiento), trabajamos por etapas de acuerdo con la presentación del lam rim, las etapas graduales del camino hacia la iluminación. El “camino gradual”, sin embargo, no es realmente algo sobre lo cual caminamos. Más bien, se refiere a estados mentales, niveles de entendimiento y desarrollo interno que, como un camino, nos dirigen paso a paso hacia metas progresivas. Con cada paso, ampliamos la perspectiva de nuestra motivación, nuestra meta, nuestro objetivo, y cada paso entraña una superación más profunda del karma mediante la autodisciplina ética.

Siendo breve, hay tres niveles de motivación. La presentación clásica del lam rim asume la existencia y la creencia en el renacimiento, así que cada nivel de motivación gira alrededor de este punto. Incluso si no aceptamos el renacimiento y pensamos solo en términos de mejorar esta vida, aun así podemos trabajar en superar el karma de acuerdo con este esquema gradual. Pero revisemos cómo el karma está relacionado con lo que yo llamo la versión “Darma auténtico”:

  • El primer nivel es trabajar para superar los peores renacimientos, del tal forma que sigamos teniendo mejores renacimientos. Específicamente, queremos lograr, no sólo mejores renacimientos, sino renacimientos con una preciosa vida humana, para seguir teniendo las mejores circunstancias que nos permitan trabajar en desarrollarnos más hacia metas superiores. Debido a que nuestro comportamiento destructivo compulsivo hace que nos dirijamos a peores renacimientos, en esta fase inicial apuntamos a deshacernos de dicha compulsión del karma.
  • En el segundo nivel, queremos superar por completo el renacimiento. Quizás hayan escuchado el término “samsara”, el cual se refiere al renacimiento incontrolablemente recurrente, repleto de más sufrimiento y problemas, sin importar qué renacimiento obtengamos. La compulsión del karma, tanto destructiva como constructiva, es una de las principales fuerzas que dirigen nuestros renacimientos samsáricos. Por lo tanto, en esta fase intermedia nuestro anhelo es liberarnos de eso.
  • Luego, en el tercer nivel, queremos alcanzar un estado en el que estemos más capacitados para ayudar a que todos los demás se liberen del samsara. Esto significa que trabajamos para convertirnos en un buda, un ser omnisciente, lo cual significa que entendemos el karma de todos los seres y por ello sabemos cómo ayudarlos mejor. Así, el karma está involucrado en los tres niveles de lam rim.

La motivación del nivel inicial: trabajar para superar peores renacimientos

El Buda habló del sufrimiento verdadero o de los problemas verdaderos en la vida. En el nivel inicial trabajamos para superar los problemas y dificultades más básicas que enfrentamos, los cuales son sufrimientos físicos y mentales, tales como la infelicidad, el dolor, las cosas horribles que nos pasan y demás.

Los peores renacimientos van a estar repletos de sufrimiento realmente terrible. No es una perspectiva muy agradable pensar en nacer como un pez que nada por todo el océano, y que de repente es partido en dos por un pez más grande; o nacer como un pequeño insecto que es devorado por un insecto más grande o por un pájaro. No es algo que nos gustaría experimentar. Pensemos en la paranoia y el miedo de los animales que siempre tienen que vigilar a su alrededor para asegurarse de que no viene un animal más grande a quitarles la comida. Pensemos en los pollos que viven en lo que el Dalai Lama llama “cárceles para pollos”. Están encerrados de tal forma que no pueden moverse y son criados para al final ser comidos en un McDonald’s, ¡y la mitad de su cuerpo es tirado a la basura!

El budismo describe situaciones que son mucho peores que esas, pero no necesitamos abundar en eso ahora. El punto principal es que queremos evitar todo eso (de verdad lo queremos) y lo que anhelamos lograr es la felicidad. Todo el mundo quiere ser feliz; nadie quiere ser infeliz. Este es un axioma básico en el budismo. Ahora solo estamos hablando de nuestra felicidad ordinaria, en la cual vamos a profundizar cuando lleguemos al segundo nivel.

El concepto budista de ética

¿Cuál es la causa verdadera de la infelicidad y de este sufrimiento burdo de los peores renacimientos? El karma negativo es la causa principal. Es la compulsión de actuar de formas destructivas, ocasionada y acompañada por las emociones perturbadoras. Es muy importante entender esto. Cuando hablamos de comportamiento destructivo o negativo, no estamos hablando de un sistema ético basado en leyes de origen divino o en leyes civiles formuladas por un gobierno. En esos sistemas éticos, ser una persona ética significa que tenemos que obedecer las leyes, ya sea como buenos ciudadanos, como buenos creyentes religiosos, o como ambos. Además, aunados a la ley vienen los juicios de culpabilidad o inocencia. Este definitivamente no es el concepto budista de la ética.

Por el contrario, el budismo enseña un sistema ético que está basado en el entendimiento correcto y en discriminar entre lo que es útil y lo que es dañino. Cuando actuamos de forma destructiva, no es porque seamos desobedientes o malas personas; más bien, estamos confundidos acerca de la realidad. Por ejemplo, si ponemos la mano sobre la estufa caliente, no es porque estemos desobedeciendo una ley que decreta: “no pongas la mano sobre la estufa caliente”. Ponemos la mano sobre la estufa porque no sabíamos que estaba caliente. Estábamos confundidos; no sabíamos que si la tocábamos, nos quemaríamos. No nos dábamos cuenta de la relación causal.

Otro ejemplo, supongamos que yo te digo algo inocente y eso lastima tus sentimientos. No es que yo sea malo por haberlo dicho. Honestamente, no sabía que lastimaría tus sentimientos. No sabía el efecto que tendrían mis palabras; estaba confundido.

Emociones perturbadoras y comportamiento destructivo

Cuando actuamos de manera destructiva, eso es ocasionado y acompañado por algunas emociones perturbadoras. ¿Qué es una emoción perturbadora? Es una emoción que, cuando surge, nos hacer perder nuestra paz mental y nuestro autocontrol. Esa es una definición muy útil. Por lo general, podemos sentir cuando estamos nerviosos, cuando no tenemos paz mental y cuando estamos actuando compulsivamente. Eso nos dice que hay una emoción perturbadora detrás de lo que sentimos.

¿Cuáles son las emociones perturbadoras principales? Primero, hay un grupo formado por el deseo anhelante, el apego y la codicia. Con éstas tres exageramos las cualidades positivas de algo e ignoramos o negamos totalmente cualquiera de sus aspectos negativos. Como estados perturbadores de la mente, nos impiden completamente disfrutar.

  • Deseo anhelante es ansiar tener lo que no tenemos;
  • Apego es no querer dejar lo que ya tenemos;
  • Codicia es no estar satisfechos con lo que ya tenemos y querer más.

Después está el enojo, el cual tiene muchos matices: resentimiento, antagonismo, mala voluntad, odio, avaricia, rencor, venganza, etc. Todos ellos exageran las cualidades negativas de alguien o algo y no reconocen sus aspectos positivos. Sobre esa base, desarrollamos repulsión para deshacernos, o incluso, destruir lo que no nos gusta.

Otra gran emoción perturbadora es la ingenuidad, por ejemplo, sobre el efecto de nuestro comportamiento en nosotros mismos o en los demás. Un ejemplo es ser un adicto al trabajo y presionarnos demasiado. Somos ingenuos con respecto a que será dañino para nuestra salud y nuestra familia, así que es autodestructivo. O llegamos siempre tarde y no acudimos a nuestras citas con los demás. Es ingenuo pensar que eso no va a dañar los sentimientos de las demás personas y que no los hará sentir mal, así que, nuevamente, es autodestructivo.

Estas son las emociones perturbadoras más comunes que nos hacen perder la paz mental y el autocontrol; acompañan la compulsión de actuar de maneras destructivas. Unas cuantas actitudes perturbadoras adicionales también nos hacen actuar de maneras compulsivamente negativas:

  • Falta de respeto hacia las buenas cualidades y hacia aquellos que las poseen;
  • Ausencia de autocontrol para abstenerse de actuar negativamente;
  • Ausencia de dignidad hacia uno mismo o respeto por uno mismo. El respeto por uno mismo es muy importante. Por ejemplo, nos respetamos tanto a nosotros mismos que no nos arrastramos detrás de alguien, rogándole: “¡no me dejes nunca!”. Tenemos un sentido de dignidad personal. Cuando actuamos destructivamente, carecemos de este sentido;
  • No preocuparnos por la forma en que nuestras acciones se reflejan en los demás. Por ejemplo si, como alemanes, salen de vacaciones y actúan de forma alborotada, emborrachándose todo el tiempo, armando disturbios y destrozando la habitación del hotel, eso le dará una mala reputación a los turistas alemanes. Esa actitud destructiva implica que no nos importa cómo eso se refleja en nuestros compatriotas.

Este es el grupo de emociones y actitudes que acompañan el comportamiento negativo compulsivo, conducen al sufrimiento de la infelicidad y hacen que nos sucedan cosas terribles. Esto es así, no solo en esta vida; en el nivel inicial del lam rim nos damos cuenta de que causarán aún más problemas e infelicidad en vidas futuras, y ciertamente queremos evitarlo.

El primer nivel de autodisciplina ética de acuerdo con el nivel inicial de motivación del lam rim

Para evitar peores renacimientos, así como situaciones peores en esta vida, necesitamos autodisciplina ética para abstenernos de las acciones negativas. Desarrollamos esa autodisciplina ética disipando nuestra confusión acerca de la causa y efecto conductual. Entendemos que, si nos dejamos controlar por nuestras emociones perturbadoras, nos volvemos compulsivos y actuamos de formas destructivas que producen infelicidad y problemas, para nosotros mismos y para los demás.

Es muy importante que entendamos que estamos hablando del primer nivel de comportamiento ético, el cual es simplemente ejercer autocontrol. Sin embargo, el autocontrol no está basado en querer ser un buen ciudadano obediente, un buen seguidor de una religión o simplemente ser un buen chico o chica. Más bien, ejercemos el autocontrol porque entendemos que actuar de forma compulsiva, completamente fuera de control, producirá muchos problemas e infelicidad. Este es un aspecto muy importante a enfatizar en nuestro entendimiento del budismo. Si nuestra ética está basada en la obediencia, sabemos por experiencia que muchas personas se rebelarán al tener que obedecer leyes y normas, especialmente los adolescentes. Los criminales también piensan que, de alguna manera, pueden escapar de la ley, o como se dice comúnmente: “salirse con la suya”, lo cual significa que no los atraparán. En este contexto, la ética está simplemente basada en el entendimiento, así que la rebeldía realmente no es un problema.

Por supuesto, no es fácil entender la relación que existe entre el comportamiento destructivo y la infelicidad y el sufrimiento. Es posible que no lo creamos, en cuyo caso podríamos decir: “¡Esta cosa de la ética es ridícula!”. Sin embargo, en cierto nivel, al tener ya cierta experiencia en la vida, podemos ver que si actuamos siempre de maneras negativas, no seremos personas increíblemente felices. No les gustamos a otras personas y nos tienen miedo. Tienen miedo de encontrarse con nosotros porque es posible que nos enojemos con ellos. Así que, desde nuestra experiencia, podemos entender en un nivel muy básico y superficial (pensando solo en el contexto de esta vida) que actuar de forma negativa y destructiva conlleva infelicidad.

Este es un punto interesante porque podríamos actuar de manera destructiva y sentirnos muy felices por ello. Por ejemplo, supongamos que hay un mosquito zumbando alrededor de nuestra cara cuando intentamos dormir. Lo aplastamos y pensamos: “¡Sí! ¡Le di!”, y nos sentimos realmente felices por ello. Pero si examinamos con mayor profundidad, nos daremos cuenta que seguimos sintiéndonos paranoicos e incómodos. Debido a que nuestra manera habitual de lidiar con algo que nos molesta es matarlo, estamos al acecho de que venga otro mosquito. No consideramos la posibilidad de encontrar una solución pacífica. Si vivimos en un lugar en donde hay muchos mosquitos, una solución pacífica sería colocar mosquiteros en las ventanas.

Esta definición de las emociones y actitudes perturbadoras que acompañan el comportamiento destructivo es de mucha ayuda en este contexto. Es exactamente el significado de la palabra “perturbador”, perdemos la paz mental y el autocontrol. Ese no es un estado mental feliz, ¿verdad? “¡Estoy paranoico y tengo miedo de que venga otro mosquito a molestarme mientras duermo!”. No tenemos paz mental y no tenemos el autocontrol para ser capaces de relajarnos e irnos a dormir porque tenemos miedo. Estamos actuando de forma neuróticamente compulsiva, como si estuviéramos a punto de brincar de la cama y ponernos uno de esos sombreros salacot que los británicos solían usar cuando se iban de safari por África. Ahora nosotros estamos de safari, ¡cazando en la habitación para ver si hay otro mosquito!

Este es el primer nivel de autodisciplina ética en el que trabajamos para superar los peores renacimientos mediante el ejercicio del autocontrol ético, de tal forma que cuando tengamos ganas de actuar de manera negativa, no lo hagamos.

Meditación final

Pasemos unos breves momentos digiriendo lo que hemos aprendido, pensando en ello desde nuestra propia experiencia en la forma de lo que se conoce como “meditación analítica”. Yo prefiero llamarla “meditación de discernimiento”. “Discernir” significa intentar ver en nuestra vida un tema específico de las enseñanzas. Ahora, examinemos nuestra vida e intentemos reconocer que, cuando hemos actuado de tal o cual manera destructiva, fue algo muy compulsivo. Había mucho apego o mucho enojo detrás de ello. Y ¿cuál fue el resultado? Fuimos sumamente miserables. Confirmamos este punto al discernirlo en nuestra propia experiencia, y así podemos estar cada vez más convencidos de que esto es verdaderamente cierto. Es solo sobre la base de esta creencia o convicción de que “así es la vida”, que realmente empezamos a cambiar nuestro comportamiento.

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