Ecuanimidad hacia lo que hemos hecho en nuestra vida

Introducción

Me gustaría hablar sobre un problema que es muy típico entre los occidentales, que es el problema de la actitud negativa hacia nosotros mismos, la baja autoestima. Esto puede llegar al extremo, no sólo de no gustarnos, sino incluso de odiarnos a nosotros mismos.

Es muy curioso que no parece ser un problema universal. Por ejemplo, es algo que les resulta bastante extraño y ajeno a los tibetanos. Una vez estuve en una conferencia con Su Santidad el Dalai Lama y con un grupo de psicólogos. Surgió el tema de la baja autoestima y del autodesprecio y Su Santidad estaba muy sorprendido: nunca había oído hablar de eso. Encontraba muy difícil creer que las personas en Occidente realmente tuvieran ese tipo de actitud hacia ellas mismas. Estábamos aproximadamente veinte personas en esa conferencia. Su Santidad nos preguntó a cada uno de nosotros si teníamos baja autoestima y todos los que estábamos en el salón dijimos que sí. Su Santidad estaba completamente sorprendido.

Desde luego, podríamos especular sobre las razones por las cuales no encontramos tan frecuentemente esta baja autoestima entre los tibetanos ni entre los indios. Al haber vivido en la India durante veintinueve años, una teoría que se me ocurrió es que esto tendría que ver con las prácticas de crianza. Pienso que este es el caso, no sólo entre los tibetanos e indios, sino también en los tiempos medievales en Europa y ciertamente en África, Latinoamérica y otras partes de Asia. En las sociedades tradicionales, los bebés están siempre con su madre o con una hermana mayor; o bien están atados a la espalda de la madre, o son sostenidos a un costado, como lo hacen en la India: siempre tienen este contacto físico. Me parece que esto hace que los bebés, especialmente cuando son muy pequeños, se sientan muy seguros.

Piensen en el modo en el que muchos occidentales modernos tratan a sus bebés: los dejan solos en una cuna y, con un poco de suerte, sólo los recompensan alzándolos en brazos cuando lloran. Me parece que al dejarlos solos en la cuna generan un sentimiento básico de abandono e inseguridad.

Piensen en un cochecito o en una carriola de las que usan las personas en Occidente para salir a caminar con sus bebés. El bebé está enfrente de la madre o del padre. Así que este pequeño, tal vez de un año, está sentado ahí, mirando el tráfico de la calle en la que hay grandes camiones y cosas pasando, y está enfrentando todo eso solo; eso es muy aterrador. Mientras que, en las sociedades tradicionales, el bebé estaría atado a la espalda de su madre o de su padre, enfrentando estas cosas con la seguridad de estar protegido. Me parece que, desde una edad muy temprana, la manera en que criamos a nuestros niños puede darles un sentimiento de “algo está mal conmigo”. Creo que eso ayuda a generar un sentimiento negativo hacia uno mismo.

Ahora, si esta hipótesis es verdad o no, no lo sé, pero parece ser al menos un factor del porqué encontramos esta actitud tan prevalente entre la gente moderna criada con métodos occidentales y no la encontramos tanto en las sociedades tradicionales. Además, en un sistema en el cual hay competencia y mucha presión por el desempeño, como en el Occidente moderno, si no tenemos éxito, con mucha frecuencia sentimos: “no soy lo suficientemente bueno”.

Entonces, en cualquier caso, la baja autoestima y el autodesprecio son problemas que muchos de nosotros enfrentamos. Si revisamos las enseñanzas budistas, veremos que todo en ellas tiene el propósito de ayudarnos a superar el sufrimiento liberándonos de sus causas. Por lo tanto, si la baja autoestima, tener una actitud negativa hacia nosotros mismos, es una causa de sufrimiento e infelicidad, y si tenemos una fuerte confianza en las enseñanzas budistas, debe haber métodos budistas que podamos aplicar para ayudarnos a superarlo.

Derivar los métodos de las enseñanzas del entrenamiento mental

Tal vez algunos están familiarizados con el programa que elaboré titulado Desarrollar una sensibilidad equilibrada. Escribí un libro sobre el tema; está en mi sitio web. En ese programa de veintidós ejercicios, reuní varios métodos budistas de manera que pudieran abordar diferentes problemas que solemos tener más fuertemente en Occidente, y que no son discutidos explícitamente en las enseñanzas budistas tradicionales. Principalmente, estos problemas son los de ser insensibles hacia los demás o hacia nosotros mismos, ser hipersensibles y sentirnos heridos con mucha facilidad, no estar en contacto con nuestros sentimientos, con nuestro cuerpo, la alienación y demás.

Desde que desarrollé este programa en 1998, he elaborado otros tipos de programas para tratar problemas que no abordé en el primer libro. Por ejemplo, desarrollé ejercicios para integrar nuestra vida como un todo, de tal forma que incluya sus diferentes aspectos. Sentí que esto era necesario porque, en los tiempos modernos, con mucha frecuencia nuestra vida está tan fragmentada que no nos sentimos completos. Eso también está en mi página web.

Ahora he desarrollado otro programa, otro entrenamiento, específicamente acerca de cómo lidiar con superar el sentimiento de autodesprecio. He moldeado este programa a partir de un conjunto específico de enseñanzas budistas, un tipo de entrenamiento conocido como “igualar e intercambiar las actitudes acerca de nosotros y de los demás”, que pretende ayudarnos a superar lo que se denomina “actitud autocentrada”, el egoísmo: pensar solamente en nosotros mismos e ignorar las necesidades de otros. Culmina con una práctica llamada “tonglen”, en tibetano, que significa “dar y tomar”. Con ella, imaginamos que asumimos o tomamos todos los problemas de los demás, abordándolos con tanta importancia como si se tratara de nuestros propios problemas, y después dando a los demás una solución para ellos y, por lo tanto, brindándoles felicidad. Con respecto a esta práctica meditativa, Gueshe Chekawa, en el texto Entrenamiento mental en siete puntos, escribió: “En cuanto a la orden de tomar, empiezo conmigo mismo”. En otras palabras, deberíamos empezar por asumir primero nuestros propios problemas.

¿Cuáles son nuestros problemas que necesitamos abordar primero? Esto incluye los problemas asociados con envejecer y enfermarse, por ejemplo – no solo tener que cuidar de nuestros ancianos padres enfermos, sino nuestro propio envejecimiento y enfermedad, ese tipo de cosas que algunas veces ni siquiera pensamos que nos van a suceder. Incluso proveer a nuestra familia después de que hayamos muerto, es algo que necesitamos resolver. Decimos: “bien, ahora voy a lidiar con esto. ¿Voy a estar emocionalmente preparado? ¿Voy a estar psicológicamente preparado? ¿Tengo alguna idea de cómo manejaré esta situación?”, y así sucesivamente. Lidiamos con eso ahora, al menos en nuestra mente, la cual, por supuesto, es una práctica muy útil.

Prepararnos con anticipación para los problemas que puedan surgir también tiene una aplicación muy práctica en la vida cotidiana. Por ejemplo, podríamos estar tratando de emprender algo. Mi maestro Serkong Rinpoche enfatizó que siempre deberíamos tener preparado un plan B y un plan C en caso de que el plan A no funcione. Por ejemplo, uno de mis estudiantes estaba aplicando para obtener una visa para estudiar en otro país, pero no tenía un plan B en caso de que la visa fuera rechazada. Eso fue muy peligroso porque su visa de hecho fue rechazada y ya había pasado la fecha límite para aplicar en un programa de estudio en algún lugar al que pudiera ser más fácil asistir. De todas formas, él fue afortunado: aplicó para la visa nuevamente y con el tiempo, en el tercer intento, la consiguió. Pero pienso que esta estrategia es muy importante: estar preparados en caso de que algo no funcione, de tal forma que contemos con alguna alternativa, así no nos quedamos simplemente sin nada.

El punto por el que menciono esto es que en esta práctica de dar y tomar se dice que empecemos con nosotros mismos y, dado que existen toda una serie de pasos en este entrenamiento que preceden la práctica de dar y tomar, entonces llegué a la idea de ¿por qué no comenzar, desde el primer paso, trabajando con nuestros propios problemas? Así es como derivé este método. En lugar de aplicar todos estos pasos de igualar e intercambiar nuestras actitudes acerca de nosotros y de los demás de una manera que se centre en los demás, que es la forma tradicional, lo que haremos con este nuevo entrenamiento que he desarrollado es enfocar los pasos en nosotros mismos en diferentes períodos de nuestra vida.

Desafortunadamente, no tenemos mucho tiempo este fin de semana y realmente el programa tiene muchos pasos. Para beneficiarse en verdad con estos ejercicios, creo que es necesario hacerlos lentamente durante un gran número de sesiones, más que el número que tenemos disponible este fin de semana. Pero aquí solamente introduciré el material y ustedes pueden trabajar con él después.

Cada paso requiere que pensemos seriamente en él, adentrarnos profundamente en nosotros mismos y considerar varios aspectos de nuestra vida. Y así como lo hice en el entrenamiento de la sensibilidad, necesito advertirles de antemano que, lidiar con asuntos difíciles de nuestra vida puede traer un poco de agitación emocional. Entonces, si algo de esto se vuelve un poco excesivo para alguien, no lo hagan. De cualquier modo, no tenemos mucho tiempo para dedicarle a cada parte de este entrenamiento, por lo que vamos a tener sólo una pequeña muestra. Comencemos.

Desarrollar ecuanimidad hacia nosotros mismos

El primer paso en este proceso es desarrollar ecuanimidad hacia nosotros mismos. Hay muchos tipos diferentes de ecuanimidad; el tipo con el que nosotros estamos tratando aquí es el estado mental que está provisionalmente libre de repulsión, atracción y negligencia. Ser negligentes o ignorarnos a nosotros mismos es a lo que tradicionalmente nos referimos como “ingenuidad”. Cuando realmente no tomamos con seriedad diferentes aspectos de nosotros mismos o nuestras necesidades o sentimientos, estamos siendo ingenuos acerca de nosotros mismos. Lo que queremos hacer es remover, al menos en un nivel inicial (no nos desharemos de él completamente), el nivel burdo de estos tres tipos de actitudes perturbadoras que podemos tener hacia nosotros. Una vez que nuestra mente está más equilibrada, nos volvemos más abiertos y podemos desarrollar un sentimiento más positivo hacia nosotros mismos.

Desarrollaremos este tipo ecuanimidad en tres largos pasos, y cada uno de esos pasos tiene varias partes. Trataremos de desarrollar ecuanimidad acerca de:

  • Lo que hemos hecho en nuestra vida y nuestras actitudes acerca de eso,
  • Cómo nos hemos considerado y tratado a nosotros mismos a lo largo de nuestra vida,
  • Cómo consideramos diferentes aspectos de nuestra personalidad.

Como pueden ver, el análisis se volverá muy personal. No es que tengan que compartir estos sentimientos privados con alguien, pero si desean tener algunos resultados positivos de este programa, necesitan ser introspectivos y examinarse con mucha honestidad.

Desarrollar ecuanimidad hacia lo que hemos hecho en nuestra vida

Primero consideremos nuestras actitudes acerca de lo que hemos hecho en nuestra vida. Para esto, consideraremos tres situaciones: cuando hemos cometido un gran error en la vida o fracasado en algo, cuando hemos tenido éxito en algo y cuando nada significativo pasaba en nuestra vida. Examinemos nuestros sentimientos acerca de cada una de esas tres situaciones.

Pensar en cuando hemos fracasado

Primero, traten de recordar cuando hayan cometido un gran error en la vida o fracasado en algo – ya sea en el trabajo o en la escuela, en una relación, lo que sea en donde hayan sentido: “Wow, realmente metí la pata”. Si piensan más profundamente, serán capaces de recordar varios de esos incidentes. Sólo escojan uno como ejemplo, pero no uno con el que sea demasiado doloroso o emocionalmente difícil trabajar.

Pensemos en ese error y dejemos que surja el sentimiento de “qué horrible soy”; estoy seguro de que generalmente usamos un lenguaje mucho más fuerte hacia nosotros mismos cuando pensamos acerca de algún gran error o fracaso que hemos cometido.

Entonces reflexionamos: “¿por qué pienso que soy tan terrible? La razón es que he fracasado. He cometido un error. Por eso siento que no soy bueno. Tal vez porque lastimé emocionalmente a alguien o porque es posible que no haya sido un buen padre, un buen hijo o hija o un buen amigo; sin embargo, hay muchas otras cosas en mi vida que he hecho bien. No es que haya fracasado absolutamente en todo, no sólo he cometido errores en la vida. Entonces, no es justo enfocarme solamente en los errores y fracasos. No estoy siendo justo conmigo mismo. Todo el mundo comete errores. Todo el mundo tiene éxito en algunas cosas, no soy diferente de otras personas. Entonces ¿por qué espero tener éxito siempre? Soy solamente un ser humano”.

Luego, tratamos de pensar en esa situación en la que hemos fracasado o cometido errores en nuestra vida y tratamos de considerarla sin un sentimiento de recriminación y autodesprecio. Desde luego que es importante arrepentirnos de los errores y fallos que hemos cometido, y determinarnos a hacer nuestro mejor esfuerzo para no repetirlos y hacerlo mejor en el futuro. Aun así, no hay ninguna necesidad de odiarse a uno mismo por haber fallado. Eso es lo que estamos tratando de lograr: ser capaces de recordar esos fracasos, incluso cuando se trate de fracasos recientes, y tener ecuanimidad hacia ellos en el sentido de: “bueno, lo intentaré otra vez”. La ecuanimidad en este contexto significa pensar: “algunas veces he triunfado, algunas veces he fracasado, igual que cualquier otra persona. No hay nada especial en cometer algunos errores en la vida. Todo el mundo lo hace”.

[Pausa para la práctica]

Pensar en cuando lo hemos hecho bien

Lo siguiente que consideraremos es una ocasión en nuestra vida en la que hayamos triunfado y en la que realmente hayamos hecho algo muy bien, en el trabajo, en la escuela, ayudando a alguien, cualquier cosa que hayamos hecho bien. Dejamos surgir ese sentimiento de “qué maravilloso soy”. Estoy pensando en el gesto de los jugadores de fútbol cuando hacen un gol, levantan sus manos y gritan “¡Sí!”; se sienten muy orgullosos de sí mismos.

Consideremos entonces: “¿por qué me siento tan maravilloso sobre mí mismo y siento que soy tan especial? Porque he hecho algo muy bien; he triunfado. Pero no he tenido éxito en todo. Algunas veces he fallado, ¿no es así? Entonces, triunfar en algo no es nada especial”.

Similar a lo que hicimos con las equivocaciones, nos determinamos a que, cuando tengamos éxito, cuando hagamos algo bien, no vamos a exclamar alterados: “¡qué estupendo soy!”, como si pudiéramos besarnos a nosotros mismos en el espejo. En otras palabras, consideramos nuestros éxitos con un estado mental tranquilo.

Cuando aquí hablamos de ecuanimidad, hablamos de un estado mental tranquilo. Ya sea que fracasemos o que triunfemos, aun así, permanecemos en calma. Sentir calma no significa que no sintamos nada. Lo que queremos hacer es disminuir tanto como sea posible (y esperemos que con el tiempo ya no lo tengamos en absoluto) un estado mental perturbador con respecto a nuestros éxitos o fracasos. Así, sobre la base de estar en calma en lugar de estar perturbados, podemos desarrollar un estado mental más constructivo.

En lugar de sentir culpabilidad si hemos cometido algún error (y entonces tener que castigarnos a nosotros mismos) simplemente sentimos arrepentimiento. “Lamento haberlo estropeado, trataré de hacer mi mejor esfuerzo para no repetirlo”. Eso no es lo mismo que la culpa: “¡Qué terrible soy! Soy una mala persona”. Y en lugar de sentir: “qué maravilloso soy porque triunfé”, el cual es realmente un estado mental bastante perturbador de arrogancia, orgullo, etcétera, como si tuviéramos que recompensarnos a nosotros mismos, simplemente nos regocijamos en lo que hemos hecho: “Estoy feliz por eso”.

Como dijo un gran maestro budista indio: cuando nuestra mano alimenta a nuestra boca, ¿tenemos que felicitar y agradecer a nuestra mano? “Oh, realmente hiciste un buen trabajo. Llevaste la comida a mi boca”. Eso es tonto, ¿verdad? No malinterpreten que el estado de ecuanimidad significa ser un robot y no tener sentimientos en absoluto. No quiere decir eso, sino que deseamos tener emociones sanas, no emociones perturbadoras.

Por favor, ahora regresen y traten de considerar el momento en que tuvieron éxito en algo sin esa actitud de “¡soy magnífico; soy fantástico!”. Traten de estar más calmados al recordarlo. Entonces, sobre esa base, siéntanse satisfechos y felices acerca de sus logros, lo que nosotros en el budismo llamamos “regocijo”.

[Pausa para práctica]

Pensar en cuando no ha ocurrido nada significativo

Pensemos ahora en la tercera situación: cuando nada significativo estaba ocurriendo en nuestra vida. No estamos fallando ni triunfando, simplemente viviendo nuestra vida común y corriente. ¿Qué sentimos sobre eso? “Qué aburrido”, ¿no es cierto? “Qué aburrido”, y simplemente olvidamos pronto esos aspectos de nuestra vida. Estamos aburridos de nosotros mismos, aburridos de la vida.

Entonces, dejamos que surja ese sentimiento de “qué aburrido”. Y consideramos: “¿por qué me siento aburrido conmigo mismo? ¿Por qué me siento cansado de mí mismo? Bueno, es porque no ha ocurrido nada realmente, nada emocionante. No estaba triunfando ni fracasando, mi vida sólo era igual, una y otra vez, “¡qué aburrido!”.

Pero si pensamos acerca de ello, eso no es totalmente cierto. En primer lugar, ¿por qué la vida tiene que ser emocionante todo el tiempo? ¿Quién dijo que tenía que ser excitante, las películas de Hollywood? Porque, de hecho, triunfamos y fracasamos en pequeñas cosas todo el tiempo: “Hice una buena comida”. Eso es un éxito, ¿no es cierto? O “realmente no hice una cena muy buena”. Incluso en cosas muy simples: “tuve una evacuación intestinal exitosa esta mañana”, ¿verdad? Si tenemos estreñimiento, ser capaces de mover nuestros intestinos realmente es un gran éxito. No es un suceso dramático, sólo estoy diciendo que tenemos pequeños éxitos: encontramos un espacio en el estacionamiento; nos las arreglamos para llegar a casa sin quedar atrapados en el tráfico durante dos horas. La vida no es sólo aburrida, aburrida, aburrida. Tiene sus pequeños altibajos. Entonces tratamos de ver estos períodos de nuestra vida que tendemos a ignorar por pensar que son tan aburridos, sin esa actitud de “ugh, ¡nada!”.

[Pausa para práctica]

Pensar en las tres situaciones

El siguiente paso, si pueden hacerlo, es tratar de mantener estas tres situaciones en mente al mismo tiempo: nos visualizamos fracasando; a continuación, teniendo éxito, y después sólo llevando nuestra misma vida de todos los días. Tratamos de tener ecuanimidad hacia todas ellas: ni repelidos por el “yo” que fracasó (“¡qué perdedor!”), ni atraídos por el “yo” que triunfó (“siempre quiero ser así”), ni ignorantes de lo otro (“no quiero ni pensar en eso aburrido de allá”). Si es de ayuda, podemos pensar que estamos sentados los cuatro en la mesa de un comedor. Sé que esto es realmente muy dualista (incluso no sólo es dualista, sino doblemente dualista). Pero sólo traten de imaginarse en un encuentro emocional lidiando con estos diferentes “yos”, sin sentirse repelidos por uno, atraídos por otro, ni ignorantes del tercero. Simplemente estamos abiertos a todos; estamos abiertos a todas esas facetas de nosotros mismos.

[Pausa para práctica]

El “yo” convencional y el “yo” falso

Para comprender esta actitud de ecuanimidad más profundamente, necesitamos introducir un punto importante de las enseñanzas budistas, a saber, la diferencia entre lo que el budismo llama el “yo” convencional y el “yo” falso.

El “yo” convencional es el que está etiquetado sobre la continuidad completa de toda nuestra vida. Cada evento que ha sucedido en nuestra vida (éxito, fracaso o simplemente las cosas ordinarias de cada día), es igualmente sólo un incidente de nuestra vida. El patrón de la vida es que continuamente tiene altibajos; después de todo, una vida abarca y se extiende por todos esos altibajos. El “yo” convencional existe y se refiere a toda esa continuidad. Por supuesto que yo existo, pero mi existencia está basada en todos esos eventos cambiantes a través de mi vida entera. Ese es el “yo” convencional, siempre cambiante.

El “yo” falso no existe en absoluto; es lo que proyectamos. Lo que proyectamos es un “yo” que se identifica sólo con una parte, con un evento: “fallé; no soy bueno”, y que nunca cambia. Imaginamos que esa es la totalidad del “yo”: “soy culpable” o “soy increíble”, “soy el regalo de Dios al mundo” o “soy una persona sumamente aburrida. Soy un don nadie, no soy nada. Soy sólo una pequeña e insignificante pieza en la gran máquina de esta sociedad. ¡Qué aburrido!”. Ese es el “yo” falso: el “yo” que imaginamos que es concreto y permanente, pero que de hecho no existe en absoluto. Cuando tenemos emociones perturbadoras es porque nos estamos identificando con ese “yo” falso.

De lo que necesitamos darnos cuenta es que esta proyección de un “yo” falso no corresponde con nada real. Después necesitamos reafirmar el “yo” convencional que tiene todos esos diferentes aspectos, todas esas cosas diversas que han ocurrido en nuestra vida: algunas veces lo hemos hecho bien, algunas veces no lo hemos hecho bien, algunas veces no nos ocurría nada especial. Es todo. Entonces tratemos de reafirmar eso. Si tenemos falsas ideas del “yo”, nos identificamos sólo con uno o dos eventos y quedamos atrapados en eso, entonces simplemente decimos: “Esto es basura. Esta no es la realidad”.

Conforme imaginamos estas tres diferentes situaciones en nuestra vida, tratamos de darnos cuenta de que somos todos esos aspectos: el “yo” convencional está etiquetado sobre todo eso y está cambiando todo el tiempo conforme pasan diferentes cosas en nuestra vida. Nunca estamos atascados en un solo evento. Y tratamos de sentir calma acerca de todo el asunto: ni repelidos, ni atraídos, ni indiferentes ante el “yo”, sólo abiertos a cada momento de la vida, sin hacer un gran problema de nada de lo que nos suceda. Así, básicamente estamos en paz con nosotros mismos y nos aceptamos. Sobre esa base, podemos desarrollar actitudes más positivas hacia nosotros mismos. Y sobre la base de ello, podemos desarrollar actitudes más positivas hacia los demás; pero primero necesitamos estar en paz con nosotros mismos.

[Pausa para práctica]

Quizás eso sea suficiente para nuestra primera sesión. ¿Tienes preguntas o comentarios?

Preguntas

La relación entre el éxito y la competitividad

¿Qué significa el “éxito” y cómo lo medimos? ¿Es un sentimiento interno, subjetivo, o es algo establecido en términos de parámetros socialmente decididos? Si es lo último y entonces el éxito es relativo y solo puede ser medido en comparación con los logros de otros, ¿eso significa que siempre tenemos que competir por el éxito?

Tu pregunta plantea el punto de si hay o no una diferencia entre lo que las sociedades consideran éxito y lo que nosotros subjetivamente consideramos éxito. La diferencia no está tan clara. Lo que nosotros personalmente pensamos podría estar condicionado por lo que nuestra sociedad considera un éxito, y obviamente lo que la sociedad considera éxito varía de lugar a lugar. En algunas sociedades, como en Occidente, ser delgado es una señal de éxito. En otras, como en la India, ser corpulento indica riqueza y éxito. Así que, ¿cuál es el criterio para el éxito?

Desde un punto de vista budista, cuando hablamos de éxito, no estamos hablando de lo que la sociedad pueda decir o lo que nosotros podamos sentir basados en un concepto personal – eso es otra cosa. Desde la perspectiva budista, el éxito es alcanzar alguna meta espiritual. Aquí, la meta espiritual significa cierto nivel de superación personal – superación personal con una meta de ser capaces de ayudar mejor a otros. Así que el exito no depende de cuán atractivos seamos, o cuánto dinero tenemos o si tenemos la ropa de última moda.

La actitud apropiada hacia el éxito es una de regocijo: estamos felices por ello, pero no sobreexcitados. No hacemos un escándalo de cualquier éxito que tengamos. No necesitamos anunciarlo en el periódico, y el hecho de que los demás lo reconozcan o no es irrelevante. Así pues, el regocijo es un estado mental tranquilo y seguro. Es sentir que “voy en la dirección correcta, estoy feliz por eso y simplemente continuaré”. Así que implica autosatisfacción y paz mental, el cual es un estado feliz. Estás lo suficientemente seguro como para saber que vas en la dirección correcta en la vida. Hiciste un buen trabajo – tanto como podías hacerlo en esta etapa. En el Entrenamiento mental en Siete Puntos, Geshe Chekawa dice que, de los dos testigos, nosotros y los demás, necesitamos tomarnos a nosotros mismos como el testigo principal para atestiguar si nos hemos vuelto una persona de gran corazón, que siempre piensa en los demás.

Hay una gran diferencia entre ser felices por lo que hemos hecho e identificar el “yo” falso con “¡Soy tan genial!”. El enfoque no está en “yo, yo, yo”. El enfoque está en que haya una habilidad cada vez mayor para ayudar a otros. Esto podría ser que yo soy más paciente, no tan enojón. Estos son los tipos de éxitos de los que estamos hablando. “Manejé esa situación de la cena familiar con todos los tíos y tías sin enojarme”. Muy bien. Ese es un éxito. “No me enojé cuando mi mamá siguió molestándome con: “¿Por qué no lo haces así? ¿Por qué no te casas? ¿Por qué no consigues un mejor trabajo?”.

Así, el éxito no tiene que ser una victoria dramática, como ganar un premio en un concurso. Lo que anhelamos es sentirnos lo suficientemente seguros de nosotros mismos y lo suficientemente en paz con nosotros mismos para no juzgamos en términos de lo que otros han hecho. Por supuesto, la filosofía del capitalismo es que, al tener competencia, puedes compararte con los demás, porque quieres hacerlo, no solo tan bien como ellos, sino incluso mejor. Así, al compararnos con otros, podemos inspirarnos a ser mejores. Ciertamente ese es un aspecto positivo de hacer comparaciones.

Un pequeño aspecto de la práctica de tantra es tomar cierta emoción que podría ser potencialmente perturbadora y transformarla para usarla de forma beneficiosa. Un ejemplo cotidiano sencillo es el enojo. Supongamos que algo injusto está sucediendo en la sociedad. Podríamos enojarnos mucho con eso. Ese enojo podría conducirnos a destruir algo arrojando una bomba, así que el enojo nos conduce a cometer una acción destructiva. Alternativamente, ese enojo podría movernos a sentir: Estoy tan indignado con esto, tan enojada, voy a hacer algo acerca de esta situación injusta para que mejore”. Con tales pensamientos, podemos usar la energía del enojo de una manera constructiva en lugar de una manera destructiva. De manera similar, con la competitividad, compararnos con los demás, podemos usar esa energía para latiguearnos a nosotros mismos – “soy tan terrible” – o podemos usar esa energía para motivarnos a mejorar.

La relación entre una actitud positiva hacia nosotros mismos y el egocentrismo

¿Desarrollar una actitud positiva hacia nosotros mismos nos ayuda a eliminar el ser egoístas y egocéntricos?

Como hemos comentado, existe una gran diferencia entre el “yo” convencional que sí existe y el “yo” falso que no existe. Así que una actitud positiva hacia el “yo” convencional es muy diferente de una actitud positiva hacia el “yo” falso. Una actitud positiva hacia el “yo” falso – “Soy tan maravilloso, soy tan genial” – podría conducir a reforzar nuestro egocentrismo y egoísmo. En contraste, una actitud positiva hacia el “yo” convencional puede conducirnos a ser más abiertos y justos, no solo con nosotros mismos, sino con todos los demás.

Hay muchos métodos que se utilizan en el budismo para refutar este “yo” falso, en otras palabras, para demostrarnos que no corresponde con nada real. Si soy tan maravilloso o si soy tan horrible, es decir, si esa fuera realmente mi verdadera identidad, habría tenido que ser siempre así en todas las situaciones. Ese claramente no es el caso. Entonces no soy el mismo que ese yo que es “el regalo de Dios al mundo”. Pero, ¿soy totalmente diferente, totalmente separado? Si lo fuera, ¿quién es ese “yo” que pensó que era tan maravilloso? ¿Es alguien diferente a mí? Al analizarlo así, llegamos a la conclusión de que todo este concepto del “yo” sólido con esa identidad sólida es sólo basura; no corresponde a nada real.

El papel del respeto por los demás en el desarrollo de una actitud positiva hacia nosotros mismos

Has explicado que necesitamos desarrollar una actitud positiva hacia nosotros mismos y que solo entonces podremos dirigirla sinceramente hacia los demás. Pero experimento que, cuando estoy lidiando con otras personas, es más fácil para mí aceptarme a mí mismo y tener sentimientos positivos y compasión hacia mí mismo. ¿Eso contradice lo que explicaste?

Es cierto que una de las mejores formas para desarrollar autoconfianza y un sentimiento más positivo hacia uno mismo es siendo generosos. Si somos capaces de hacer algo por alguien más, ser bondadosos con alguien más o pensar en otras personas de una manera bondadosa, entonces tenemos algo que ofrecer. Y cuando sientes “tengo algo para dar”, no sientes “no valgo nada”. Entonces sí, definitivamente es uno de los métodos que se usan para desarrollar una actitud más positiva hacia uno mismo.

Pero lo que yo estaba diciendo era que, si comenzamos con una actitud muy negativa hacia nosotros mismos y después tratamos de saltar de ahí a ser alguien generoso y ayudar a otros – bueno, para algunas personas quizá sea posible dar ese brinco, pero pienso que un paso intermedio es calmar primero los sentimientos de autodesprecio. Para algunas personas podría no ser necesario, podría ser más sencillo trabajar directamente con ser generosos y darse la oportunidad de serlo.

Estoy pensando en un psiquiatra amigo mío que estaba lidiando con ayudar a adolescentes rebeldes que son violentos, que no cooperan y que son muy difíciles de disciplinar, a los cuales la sociedad les dice: “eres un perdedor y no eres bueno”, y entonces ellos se identifican con eso y crean este tipo de actitud: “les mostraré cuán malo realmente podría ser”. Ahora, si puedes hacer de alguna manera que esos adolescentes ayuden a hacer algo, incluso si lo hacen terriblemente, les das un sentido de que ellos tienen algo valioso que ofrecer. Una terapia que incorpora este principio es llevar a esos adolescentes a una larga excursión, y darle a cada uno una mula para que la cuide. Al cuidar a la mula y hacerla cooperar, ellos contribuyen al éxito de la excursión y se demuestran a sí mismos que pueden hacer algo positivo, no son totalmente perdedores.

Sin embargo, lo que estás diciendo es completamente cierto: a veces es más fácil tener sentimientos positivos hacia otros que hacia uno mismo. No lo estoy refutando. Pero el problema aquí es cómo motivarse uno mismo a tener en cuenta a los otros, a ser bondadosos, a hacer cosas por los demás, cuando se está completamente obsesionado con el autodesprecio. ¿Cómo se hace esa transición? Ese es el problema. Para muchas personas que están atrapadas en el autodesprecio, es muy difícil hacer esa transición y por eso puede ser útil primero calmar su odio hacia ellos mismos. Me parece que es por eso que, en la presentación estándar de esta práctica de dar y tomar que he mencionado, se empieza con uno mismo. Pero ese no es el final del programa, es apenas el primer paso. A continuación, gradualmente se extiende hacia la gente que te agrada, luego a los desconocidos y luego incluso a la gente que nos desagrada. Y para algunas personas, ayudar a los extraños es realmente más fácil que ayudar a las personas más cercanas porque no hay mucha carga o involucramiento emocional con ellos. Por ejemplo, hay personas que pueden involucrarse en un movimiento social, pero que realmente no pueden lidiar con los integrantes de su propia familia.

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