Una colaboración de dos disciplinas: Terapia contextual y budismo

Introducción

Gracias por sus amables introducciones. Estoy encantado de estar aquí. Esta noche me gustaría presentar un tema con el que he estado trabajando junto con una colega, una psiquiatra, la Dra. Catherine Ducommun-Nagy. El tema es el surgimiento dependiente del yo en las relaciones con los demás. Colaboramos en esto como un experimento para ver cómo nuestras dos disciplinas, el budismo y la terapia contextual, podrían complementarse. Las enseñanzas budistas tradicionales hablan en términos de cómo podemos relacionarnos mejor con otros con compasión, comprensión y amabilidad, etc. Sin embargo, no suelen discutirse las dinámicas de las relaciones basadas en estos lineamientos generales. La terapia contextual habla mucho de esto, pero el budismo puede aportar mucha mayor profundidad en términos de la realidad del yo y de los demás.  

Terapia contextual

Como un poco de información antecedente, la terapia contextual fue fundada por Ivan Boszormenyi-Nagy, uno de los pioneros y fundadores de la terapia familiar. La separación de la terapia familiar de la psicoterapia individual general se basa en el principio de que nuestra conducta no solo depende de nuestras propias características individuales. También depende de la dinámica establecida entre nosotros y los diversos sistemas con los que interactuamos, como la familia, por ejemplo. La terapia contextual agrega a esto la dimensión ética de nuestras relaciones mutuas y también la visión dialéctica del yo basada en la obra de Martin Buber, Yo y Tú. 

Esto es de particular interés especialmente desde el punto de vista budista porque todo el establecimiento del yo y el no yo, yo y tú, es muy delicado. 

Perspectivas budistas

Definición y entendimiento del yo

Para poder ver cómo los dos sistemas se pueden complementar uno al otro, lo primero que viene a mi mente es que el budismo tiene una definición y tratamiento muy precisos del yo. Si vamos a hablar acerca de la relación entre yo y tú, estos dos yos separados, entonces esto necesita estar dentro del entendimiento budistas del yo y qué es. El budismo sí afirma un yo, conocido como el yo convencionalmente existente. Esto es solo la persona, quien somos. Es a lo que nos referimos como “yo”, ya que esta es nuestra forma cotidiana más habitual de referirnos a nosotros mismos. Esta es una convención en la que todos estamos de acuerdo, que es “yo”. Es el agente de las acciones y quien experimental su efecto. Por ejemplo, cuando me golpeo el pie en la mesa, experimento dolor. Esto soy yo, ¿cierto? 

Así como hay un yo convencionalmente existente, hay un tú convencionalmente existente. Los dos entran en una relación convencionalmente existente. Esto puede referirse a parejas, parejas casadas, madre e hijo, amigos o lo que sea. Todos tienen relaciones con otras personas. Yo y tú y nuestra relación están todas establecidas en dependencia de muchos otros factores: causas, condiciones, aspectos de nosotros mismos y demás. También depende del concepto de la relación. En la jerga budista, esto se conoce como surgimiento dependiente. Las cosas suceden o surgen en dependencia de muchos otros factores. Es uno de los principios budistas más básicos que todo es interdependiente. Hablamos de sistemas muy grandes en los que todo depende de todo y está interrelacionado con todo lo demás de una manera u otra. 

Esta muy holística visión de la realidad es una de las cosas que estos dos sistemas tienen en común. Cuando dices holístico, incluye todo; sin embargo, hay algunos aspectos únicos del lado budista y otro que se presentan del lado de la terapia contextual. Las dos disciplinas pueden beneficiarse mutuamente con el fin de hacerse más completas holísticamente. Por ejemplo, las conexiones de vidas pasadas podrían añadirse a la terapia contextual, y las relaciones éticas podrían agregarse a las enseñanzas budistas.  

El yo falso, la inseguridad y las emociones perturbadoras 

En el budismo tenemos una definición muy específica del yo convencionalmente existente, y un yo que carece de cualquiera de los factores en la definición es conocido como el yo falso. En otras palabras, está el yo que corresponde a la realidad y el yo imaginado con el que solemos identificarnos. Creemos que así es como existimos, por ejemplo, creyendo que somos el centro el universo, o el más importante al que todo el mundo debería prestarle atención, etc. Sin embargo, esto no corresponde con la realidad. El objetivo principal del budismo es desinflar el yo falso y entender que no corresponde a la realidad. Esa ausencia de que exista algo en la realidad que corresponda a nuestra imaginación descabellada, es conocido en la jerga budista como vacío o vacuidad. 

Cuando creemos que existimos como este yo falso, esto se manifiesta como inseguridad. Por ejemplo, si pensamos que “todos deberían amarme y prestarme atención porque soy muy importante”, entonces, por supuesto que nos sentimos inseguros acerca de ese “yo”. Tratamos de hacer sentir seguro a ese yo falso, un intento inútil porque no podemos asegurar algo que no existe, dado que no corresponde a la realidad. Tenemos todo tipo de mecanismos para tratar de asegurar a ese “yo” falso. Estas se conocen como emociones perturbadoras. 

Publicamos todo tipo de cosas en las redes sociales y escribimos acerca de lo que estamos haciendo con el fin de que cada vez más personas nos den “me gusta”. Si le gustamos a más personas, eso nos hará sentir más seguros; por supuesto, esto ni siquiera nos hace sentir seguros. Nunca hay suficientes “me gusta”. Nos enojamos cuando no le agradamos a las personas y hacen algún comentario desagradable. Podemos borrar todo eso y eso debería hacernos sentir seguros, pero no es así. También podemos levantar barreras alrededor de nosotros pensando que, si ignoramos las cosas que no nos gustan, quizás eso nos hará sentir seguros. Por supuesto, aún nos quedamos con paranoia. 

Todo esto conduce a conductas compulsivas, tal como estar revisando constantemente nuestro teléfono buscando más mensajes o “me gusta”. Eso conduce a más problemas e infelicidad. Lo que tratamos de hacer en el entrenamiento budista es darnos cuenta de que este tipo de “yo”, el que debería agradarle a todo el mundo, es un mito y es imposible. No a todos les agradaba el Buda; ¿por qué yo debería agradarles a todos? Crucificaron a Jesús; ¿qué puedo esperar para “mí”? Si podemos dejar de creer que existimos de forma imposible, podemos empezar a trabajar con cómo existimos realmente. 

Eso también es cierto en términos de nuestras relaciones con los demás y cómo alguien más existe; no es que alguien sea la pareja perfecta, el príncipe o la princesa en su caballo blanco. Esto es absurdo; nadie es perfecto. Sin embargo, pensamos que viviremos felices para siempre por el resto de nuestra vida “contigo”. Esto es un cuento de hadas y no es real, ¿cierto? El problema es que estamos buscando esta relación perfecta y, si no funciona con esta persona, entonces lo intentamos con alguien más. Quizás funcione con esa otra persona, sin embargo, está condenado al fracaso porque eso es imposible. No está basado en la realidad.  

Cómo existe el yo convencional: Imputación

¿Cómo existe el yo convencional, el yo convencional y el tú convencional, según como se discute en el budismo? El budismo siempre habla en términos de nuestra experiencia momento a momento de lo que realmente está sucediendo. Lo único que está sucediendo es lo que tú y yo estamos experimentando ahora. Si analizamos el yo, estamos hablando en términos de lo que el yo es en cada momento de nuestra experiencia en nuestra vida. Cada momento de nuestra experiencia está compuesto de muchas partes. Tenemos percepción de todos nuestros sentidos, pensamientos, emociones, algunas sensaciones de felicidad e infelicidad, y muchas otras partes. Todas estas ocurren al mismo tiempo, ¿cierto? Hay emoción y entendimiento, sentirse infeliz, ver y escuchar cosas y demás – todo esto sucede simultáneamente.

La identidad, el “yo” o la persona es una imputación sobre todo eso. Imputación es un término técnico budista muy específico. Un muy buen ejemplo de una imputación sobre un juego de futbol. ¿Qué es un juego de futbol? En realidad, tenemos una pelota de futbol, muchos jugadores corriendo alrededor y haciendo cosas todo el tiempo. Tenemos equipos y una puntuación, reglas y un campo. ¿Qué es el juego de futbol? Un juego de futbol es una imputación sobre todos esos elementos, ¿no es así? Sin embargo, un juego de futbol no es ninguna de esas cosas. No es solo personas que corren alrededor. No hay juego de futbol sin todas esas partes, ¿cierto? No hay juego de futbol si no hay una pelota de futbol. Todo eso está sucediendo en un mismo momento a la vez; todo el juego no sucede en un solo momento. Sin embargo, en cada momento decimos, “estoy viendo un partido de futbol”. ¿Qué estamos viendo? Estamos viendo a un grupo de personas correr en un campo, pateando una pelota y siguiendo algunas reglas. 

¿Estamos viendo un juego de futbol? Sí, esa es una convención. Es una imputación sobre lo que está pasado momento a momento, con todas estas partes que están cambiando todo el tiempo. El yo es así. Tenemos todas estas partes: las emociones, las percepciones, sentirse feliz e infeliz, la inteligencia y los pensamientos; todo esto está sucediendo momento a momento y todo está cambiando todo el tiempo. El yo es como un juego de futbol, ¿no es así? Ese es el “yo”, sentado aquí, hablando y tomando un vaso con agua. ¿Esto es todo el “yo”, una vida entera? No, solo hay un momento a la vez. Es una convención. 

Nos referimos a esta enorme cantidad de cosas que cambian a cada momento como “yo”. Así como todas las partes que suceden en el juego de futbol cambian conforme el juego continúa y se desarrolla, lo mismo sucede con el yo. Todas estas diferentes partes: las emociones, los pensamientos, las experiencias y demás están cambiando todo el tiempo; de igual manera, el yo está cambiando todo el tiempo. 

Un juego de futbol no se convierte en un juego de futbol diferente, ¿cierto? Mantiene su identidad, aunque el marcador cambie. De igual manera, conforme crecemos, no nos convertimos en otra persona. Seguimos siendo “yo”, pero esto es muy dinámico. Así es como crecemos como una persona. Crecemos a través de nuestras experiencias; esto es solo sentido común.  

Tres tipos de surgimiento dependiente

Por lo tanto, cómo crezco yo como persona, cómo creces tú como persona y cómo crece una relación a lo largo del tiempo, todo eso depende de muchas variables. A esto se le llama surgimiento dependiente. Esa es la realidad. El budismo tiene mucho que decir acerca del surgimiento dependiente. Esta es el área en la que la terapia contextual puede embonar muy bien. Hay tres tipos de surgimiento dependiente:

Primero, tenemos la dependencia causal. Las cosas que cambian, los fenómenos cambiantes surgen en dependencia de causas y condiciones. Por ejemplo, una planta crecerá en dependencia de la tierra, semillas, agua, luz solar, etc. Esto es causa y efecto. 

La siguiente es dependencia mutua. Esto se refiere al hecho de que los fenómenos surgen en dependencia de estar en relación con algo más. Por ejemplo, un todo y sus partes; no podemos tener un todo sin partes o partes que no sean partes de un todo. Otro ejemplo es un padre y su hijo. No podemos tener uno sin el otro. Surgen simultáneamente, en dependencia y relación con el otro. También, está el juego de futbol y el futbol mismo. No habría futbol sin el juego de futbol. Además, las cosas como corto y largo son relativas entre sí.  

Otra variante de dependencia mutua es la imputación y la base para la imputación. De nuevo, no podemos tener un juego de futbol sin que haya reglas, jugadores, futbol y patadas. Estas cosas surgen en dependencia mutua. Unas personas corriendo de un lado a otro pateando una pelota no sería futbol si no hubiera tal cosa como reglas y el juego de futbol. Sin ello, solo habría personas corriendo y pateando una pelota. No estarían jugando futbol, ¿o sí?  

De nuevo, esta es el área en donde entra la terapia contextual. Uno de los puntos de esta terapia, que proviene de Buber, es que no puede haber “yo” sin “tú”. Estos dos surgen en dependencia mutua. Entraremos en eso más adelante. 

El tercer tipo de surgimiento dependiente es en términos de lo que se llama mera designación con nombres y etiquetado por conceptos. Esto es un poco técnico. Por ejemplo, hay un objeto. Podemos imaginar un objeto, una pelota futbol. Solo es una pelota de futbol si tenemos el concepto y el nombre; de lo contrario, es solo un objeto, ¿no es así? Surge como pelota de futbol en dependencia del concepto de pelota de futbol y la palabra “futbol”. Incluso entonces, es solo una convención, porque lo que se llama pelota de fútbol en América no es lo mismo que se llama pelota de futbol en Europa o en Rusia. Es una pelota con forma diferente. Por lo tanto, ¿qué es una pelota de futbol? Depende de nuestro concepto de lo que es una pelota de futbol y la palabra que usamos para ella. 

Es muy sutil, pero realmente interesante cuando empezamos a considerar esto. Por ejemplo, hay un gran grupo de personas experimentando diferentes emociones todo el tiempo. Estas emociones no embonan en cajas; son solo sensaciones. Sin embargo, luego, un grupo de personas surgió con el concepto y la palabra “amor” y otra palabra, “gustar”. Algunas sensaciones que podemos tener son que “me gustas” y otro conjunto de sensaciones es que “te amo”. Lo que cada quien siente es bastante diferente; aun así, tenemos estas categorías generales de “me gustas” o “te amo”. Todos tenemos nuestros propios conceptos de lo que eso significa. ¿Cómo dibujamos los límites entre cuando alguien nos gusta y cuando amamos a alguien? De hecho, eso ocurre de manera diferente en cada relación. ¿Experimentamos amor? Sí, lo experimentamos; convencionalmente hemos acordado lo que la palabra significa y que se refiere a ciertos sentimientos. Este es un ejemplo de este tipo de surgimiento dependiente.  

Los tres tipos de surgimiento dependiente con respecto al yo

¿Cómo es que estos tres tipos de surgimiento dependiente aplican al yo convencionalmente existente? Recuerden, el yo está ocurriendo como una imputación en cada momento sobre todo lo que estamos experimentando. El “juego de futbol del yo” dura toda nuestra vida.  

La dependencia causal con respecto al yo se refiere al hecho de que lo que experimentamos ahora es la continuidad de lo que experimentamos antes. En ese flujo de continuidad, la dependencia causal incluye que lo que experimentamos en la niñez o lo que experimentamos ayer afectará lo que experimentamos ahora. Me va a afectar a “mi”. Por ejemplo, de todo lo que he hecho en mi vida surge la experiencia de estar aquí dando esta conferencia. Así como lo que experimenté en el pasado afecta lo que experimento ahora, “me” afecta ahora. En esa misma dinámica, el yo crece a lo largo de nuestras vidas. Siempre está cambiando, pero no en el sentido de transformarse en algo completamente diferente. Se le llama continuidad o continuo. 

La dependencia mutua significa que el “yo” depende de lo que “yo” experimento. La experiencia afecta al “yo”. El “yo” y la experiencia surge en dependencia mutua. Ahora, estamos haciendo esto, comiendo eso o diciendo aquello. No podemos tener el habla sin que alguien esté hablando. A esto es a lo que se refiere la dependencia mutua. El “yo” que está hablando y el hablar surgen en dependencia mutua. Lo que eso implica es que el yo tiene muchas partes. No es monolítico. Podemos ser una persona de negocios, una persona de familia o una persona de deportes; podemos tener todos estos distintos aspectos en nuestra vida. Todo eso es “yo”. Tenemos relaciones y amistades con muchas personas diferentes. En cada una de ellas, está el “yo”, pero no es exactamente lo mismo, ¿cierto? De esta manera, tenemos muchas partes, muchas caras de nosotros mismos. 

Por último, el surgimiento dependiente en términos de nombres y conceptos, también tenemos el concepto de “yo”. Está el yo que define Freud, Jung, en el budismo y en muchos sistemas. ¿Qué es el yo? Depende del concepto que tenemos del yo. Es simplemente como que una pelota de futbol sea definida de manera diferente en América y en Europa.  

La conclusión de esto desde el punto de vista budista es que la realidad del yo es que no es rígido. No es una entidad rígida que está sentada en algún lugar dentro de nosotros. Está cambiando todo el tiempo y es afectado por muchas variables. Esta comprensión dinámica del “yo” también aplica a la comprensión dinámica del “tú” y el mismo entendimiento a nuestra relación. Los tres son afectados por múltiples variables que cambian en cada momento. Esta es la visión holística compleja que estamos tratando de describir.  

El surgimiento dependiente en las relaciones

Ahora, podemos examinar las relaciones. Como se describió, tampoco son entidades rígidas concretas. También surgen de manera dependiente de estas tres formas.  

Primero, con la dependencia causal, nuestra relación surgió en dependencia de causas. Tuvimos que conocernos y tenían que existir circunstancias bajo las que nos conocimos.  De manera muy importante, tienen que darse las circunstancias que permiten que la relación continúe. Por ejemplo, si las dos personas se mudan a dos partes diferentes del mundo y pierden contacto, quizás ya no se den las circunstancias para sostener la relación. Es posible que la relación no crezca sin las circunstancias adecuadas y las personas pueden no tener nada en común. Por lo tanto, necesitan existir factores causales que sigan produciendo la continuidad de la relación, como hacer cosas juntos, etc.   

Causalmente, también es de interés que nuestra forma de relacionarnos con los demás es la continuidad de la forma en la que nos hemos relacionados con otras personas en el pasado. Tenemos ciertos patrones de cómo nos relacionamos con los demás y esto afecta cómo nos relacionamos con una persona nueva.  

Como padres, encontramos que estamos en situaciones con las que no sabemos cómo lidiar, pero solo repetimos lo que nuestros padres hicieron por nosotros. Actuamos de la misma forma en que actuaron nuestros padres; puede ser muy sorprendente darnos cuenta de eso. 

En la dependencia mutua, cuando el todo depende de las partes, la relación surge en dependencia de los tiempos que pasamos juntos, el interés y las actividades que compartimos y demás. Por supuesto, las cosas que compartimos con una persona no son necesariamente las mismas que compartimos con alguien más. Lo que compartimos con un compañero del trabajo, con alguien del gimnasio o con nuestros hijos es diferente.

El surgimiento dependiente en términos de los conceptos y los nombres tiene que ver con nuestros conceptos de cualquier relación. Por ejemplo, ¿cuál es el concepto de estar casado con alguien, o ser una pareja casual, o una pareja de medio tiempo, un conocido o un amigo? Todas las relaciones que tenemos también surgen en dependencia de qué conceptos tenemos para este tipo de relaciones. 

Perspectiva de la terapia contextual

Si el entendimiento budista de la identidad, el yo, tú y las relaciones puede complementar las dinámicas de las relaciones según se aborda en la terapia contextual, entonces ¿cuál es la contribución de la terapia contextual al entendimiento budista?  

Cinco dimensiones de la terapia relacional

La terapia contextual habla de cinco dimensiones de la realidad relacional. Estas son cinco conjuntos de variables que afectan una relación y a las personas en esa relación. Agregan material adicional a la categoría general de surgimiento dependiente.  

Variables fácticas

Primero, tenemos la dimensión de las variables fácticas. Estas se refieren a los hechos dados de las vidas de dos personas que están en una relación. Este es el perfil fáctico que afecta, no solo a las personas, sino también a la relación. Este perfil se refiere al sexo, edad y también a las diferencias de edad, buena o mala salud y cualquier incapacidad, como el uso de silla de ruedas, la ceguera, etc. También incluye el estatus de la pareja. ¿Están solteros o en una relación comprometida? ¿Están casados o divorciados? ¿Tienen hijos? Por ejemplo, podemos tener un buen amigo y, cuando ese amigo se enamora, ya no lo vemos muy seguido. Más aún, cuando ese amigo se casa y tiene hijos, lo vemos aún menos. Estas cosas afectan mucho las relaciones. Esto también incluye el idioma que se habla. Si dos personas no hablan el mismo idioma y no se pueden expresar muy bien, eso también afecta la relación. También existen factores económicos; si una persona tiene dinero para viajar a muchos lugares y la otra persona no, eso a menudo significa que no pueden viajar juntas. Además, existen factores geográficos, como que vivan muy lejos el uno del otro o en lugares a los que es difícil acceder.   

Todas estas son variables fácticas y, lo que es interesante es que, en cualquier relación específica, estas variables fácticas cambiarán. Cuando tenemos un muy buen amigo de la infancia, tenemos cierto tipo de relación; sin embargo, como adultos tenemos un tipo diferente de relación. El matrimonio, tener hijos y todo este tipo de variables cambian a lo largo de la vida de una relación y afectan la relación, ¿no es así? Eso está sucediendo en todas nuestras relaciones a lo largo de nuestra vida.  

Variables psicológicas

La segunda dimensión son las variables psicológicas. Puede haber manifestaciones psicológicas de enfermedad mental, trastornos de la personalidad, depresión, ansiedad, delirios y narcisismo. Por ejemplo, podemos tener una relación con una persona que tiene un mal temperamento y se enoja todo el tiempo. Esta sería muy diferente de la relación que tenemos con una persona muy relajada. Esta dimensión también incluye habilidades cognitivas, la habilidad de resolver problemas y recordar cosas. Las personas pueden tener déficits cognitivos y demencia conforme envejecen. También existen habilidades intelectuales, en donde una persona puede ser limitada, estar en el promedio o ser muy dotada. Estos factores pueden afectar esa relación, y también tomemos en cuenta las preferencias sexuales. 

También hay factores emocionales que se describen en los sistemas occidentales, tales como la madurez emocional. ¿Las personas en una relación son extrovertidas o introvertidas, optimistas o pesimistas, racionales o irracionales, tímidas, ansiosas o nerviosas? También tenemos los factores emocionales, como también se discute en el budismo, tal como el nivel de compasión, amabilidad, generosidad y paciencia; o los factores negativos, tales como la agresividad, el egoísmo, la arrogancia y los celos.   

Las personas, tú y yo, somos una imputación sobre todos estos factores, tanto los fácticos como los psicológicos. Existe todo un conjunto, tanto en ti como en mí, que está cambiando todo el tiempo y, por supuesto, la relación se verá afectada por la interacción de estos factores. Es muy complejo y diferente en cada momento. 

Variables sistémicas

La tercera dimensión son las variables sistémicas. Esto se refiere al modo de comunicación transaccional que las personas establecen entre sí una vez que están en una relación. ¿Cómo se comunican la una con la otra? ¿Cuáles son los sistemas en los que participan y cómo influyen en sus interacciones? Un estilo de interacción puede ser una batalla por el poder y el control. ¿Quién tiene el control y habla todo el tiempo? También podría ser una interacción infantil o adulta. Además, existe el estilo de comunicación; algunas personas son muy expresivas y hablan acerca de sus sentimientos todo el tiempo, mientras que otras son muy reservadas y no discuten sus sentimientos en absoluto.  

La estructura familiar también puede tener un efecto en la relación y en las personas. Por ejemplo, puede haber un padre muy dominante, o una familia con una gran cantidad de hijos, o un padre con alguna discapacidad que alguno de los hijos tiene que cuidar. Otro ejemplo de una estructura familiar puede ser cuando un hijo mayor tiene que cuidar a los más pequeños. Ciertamente, esto afecta cómo una persona interactúa con los demás y dentro de la familia.   

En una relación de negocios, el entorno y el modo de interacción en ese negocio afectará cómo sus empleados interactúan unos con otros. También existe el contexto de las creencias religiosas o lo que se llaman valores éticos. Si uno vive en una sociedad que dicta que las mujeres no pueden salir sin la compañía de los hombres, esto ciertamente afectará la interacción de una persona con los demás. 

Estas son las variables sistémicas que afectan las relaciones. Incluso cuando visitamos otros países que tienen un sistema de valores diferente, tenemos que adaptarnos a ellos. En algunos países, no sería considerado apropiado realizar muestras públicas de afecto, como tomarse de las manos. La forma en la que una persona lidia con eso afecta la relación. Una persona podría adaptarse a eso mientras que la otra podría decir; “esto es tonto”, y protestar. Este aspecto de la relación se ve afectado en cada momento. 

Ética relacional

La cuarta dimensión es la ética relacional. Esto difiere de los valores éticos, los cuales involucran alguna religión. Esta forma de ética se define como el impacto directo de nuestra conducta en los demás y una comprensión de las necesidades realistas. Aborda los temas de la justicia y el equilibrio en una relación. Hay un equilibrio de dar y recibir. ¿Es equitativo o, por ejemplo, una persona en la relación siempre está dando o la otra persona es quien toma, siempre recibiendo y nunca dando nada a cambio? El nivel de justicia también puede ser en términos de gastos y carga de trabajo. ¿Una persona tiene que hacer todo el trabajo doméstico mientras la otra está sentada viendo la televisión? ¿Una persona es la que paga y la otra persona solo se aprovecha de las cosas gratis? ¿Cómo funciona? ¿Es justo? 

Adicionalmente, puede hacer conflictos de lealtad. ¿Es una persona leal a su pareja o a sus padres? Puede haber un conflicto en eso. También puede haber conflicto en un divorcio, como el hecho de que los hijos tomen el lado de alguno de los padres. Puede haber temas de justicia acerca de que pasen todo el tiempo con uno y no con el otro. Los padres mayores pueden molestarse, por ejemplo, con temas como: “¿Por qué no me visitas y pasas más tiempo conmigo?”. Desacuerdos de este tipo pueden surgir con respecto a con quiénes somos leales y con quién pasamos el tiempo. Esto es lo que tiene que ver con la ética relacional. 

El establecimiento relacional del yo y el otro

La quinta y última dimensión es un poco compleja. En la formación original de estas dimensiones, se le llamaba la dimensión óntica; sin embargo, dado que es una palabra oscura en inglés -y en español-, mi colega y yo decidimos elegir mejor el término “establecimiento relacional del yo y el otro”. Esto es lo que surge de las ideas de Martin Buber. Buber describe dos tipos de relaciones: Yo/tú (yo/tú en inglés) y yo/eso. En la terapia contextual, Boszormenyi-Nagy propuso seis modos de relaciones.

¿Cómo establecemos un yo real? Establecemos un yo en contraste con lo que no es el yo. Esto tiene que ver con límites; hay personas que no saben muy bien cómo establecer estos límites entre ellos y los demás.

El primero de estos seis modos se llama contraposición intrasujeto. En este modo, no tenemos un otro real interno o externo. Hay una línea divisoria entre dos partes del yo. Encontramos un ejemplo de esto en personas que se cortan para sentir algo. Si pueden sentir dolor, entonces pueden sentir algo y obtienen un sentido del yo. Se establecen a sí mismos en términos del límite creado por el dolor. Otro ejemplo son las personas que hablan consigo mismas. Especulamos, aunque no estamos muy seguros de este ejemplo, que también puede suceder en personas que se definen a sí mismos en términos de una causa, proyecto o ideología. En estos casos, no hay otro externo real. Nos dedicaríamos a esta causa, a esta ideología, y estos nos haría ser “nosotros”. 

El segundo modo es un diálogo interno, como hablar con una pareja o padre fallecido que nos responden y nos dan consejos. Un ejemplo sería jugar ajedrez con un oponente imaginario. Otro ejemplo sería un tipo de diálogo interno, como negociar con nuestra conciencia – preguntar si deberíamos hacer esto o aquello, y la conciencia dice que no deberíamos, porque no es adecuado. 

El tercer tipo es la fusión, en la que el yo y el otro se fusionan en un “nosotros”. Ese “nosotros” interactúa con un tercero, ya sea como un sujeto o como un objeto. Por ejemplo, en un matrimonio en donde los dos actúan como una unidad, diciendo: “Queremos que él haga eso”. Uno siempre está pensando en términos de “nosotros” y no como individuos. Se vuelve muy interesante cuando una persona considera a la relación como un “nosotros” y la otra persona no. Una persona dice: “Nosotros no hacemos las cosas así”, y la otra dice: “¿De qué estás hablando?”. Otra variante de esto es entre una madre y su hijo; forman un “nosotros”.  

El cuarto modo es ser el objeto. Es la relación eso/yo, en donde nosotros nos consideramos a nosotros mismos como “eso”, como una secretaria con su jefe o la persona de la limpieza con el jefe de la casa. Nos sentimos como un “eso”. La otra persona da las órdenes. 

El quinto modo es ser el sujeto. Esto es cuando tratamos al otro como un objeto, la interacción yo/eso. Esto podría ser el tipo de relación que tenemos con el cajero del supermercado cuando solo consideramos a esa persona como un “eso”. La persona es solo un objeto y realmente no nos importan sus emociones ni sus sentimientos ni lo que le sucede en casa. Son un “eso”.

Recuerden, estamos discutiendo cómo establecemos el “yo” con relación a alguien más. ¿Establecemos el “yo” con un “eso”? ¿Establecemos el “yo” en una fusión? Estas son variables que también cambiarán en cada relación, en cada momento, a lo largo del tiempo.  

El último es el verdadero diálogo yo/tú, en el que el yo y el otro tienen posiciones reversibles. En este modo tenemos una interacción de dos vías, en donde ambos lados están libres de proyecciones, preconcepciones y juicios acerca del otro. No nos tratamos como un “eso” y solo nos relacionamos entre nosotros como personas. Esto, por supuesto, es lo ideal.  

Conclusión

Cuando ampliamos el entendimiento budista del surgimiento dependiente más allá de solo las causas, partes y conceptos, podemos agregar estas cinco dimensiones. Algunas de ellas ya están incluidas en el budismo, pero específicamente los puntos en la terapia contextual relativas a las interacciones, pueden complementar lo que se ofrece. En la práctica budista, podemos deconstruir el yo falso en todas las variables que afectan al yo convencionalmente existente. Podemos analizar que hay mucho de esto o muy poco de aquello y alcanzar un equilibrio y liberarnos de lo que causa problemas. Podemos hacer lo mismo con todas nuestras relaciones. Por supuesto, tenemos muchas relaciones, no solo una.

Si podemos entender más y más de las variables que pueden afectar al “yo” y a cada persona con la que nos relacionamos e interactuamos, y cómo afectan la relación, podemos ver qué es lo que no está funcionando cuáles son las dificultades y cuál sería la mejor forma de hacer que la relación funcione. Podemos ser muy fluidos y perder la rigidez en nuestras relaciones con los demás para hacerlas tan beneficiosas como sea posible para ambas partes.

En este seminario de fin de semana, aplicaremos el modelo de cinco dimensiones para analizar los tres tipos específicos de relaciones que establecemos en el budismo. También examinaremos cómo estas afectan nuestras relaciones personales con otros. 

Primero, como practicante del budismo Mahayana, trabajamos para beneficiar a todos los seres sintientes. ¿Cómo nos relacionamos con todos los seres? ¿Cuál es la mejor forma y cuáles son las dificultades que surgen en ese proceso? Cuando estamos tratando de beneficiar a todos los demás, ¿qué pasa con nuestras relaciones con nuestros hijos o con amigos cercanos? ¿Cómo afecta eso? ¿Cuáles son los problemas que surgen y cuál es la mejor forma de lidiar con ellos? No tenemos que ser budistas para experimentar esto. Hay muchas personas involucradas en el trabajo social, que desean ayudar a todos, pero luego no tienen tiempo para su familia y la familia resiente el tiempo que pasan trabajando para el público.

La segunda relación que revisaremos en la relación con el maestro espiritual. Cuando tenemos un compromiso muy fuerte con nuestro maestro espiritual, ¿cómo puede eso a veces entrar en conflicto con nuestros compromisos matrimoniales? Por ejemplo, nuestro maestro dirige un retiro de meditación; ¿vamos al retiro o nos vamos con nuestra pareja que quiere unas vacaciones en la playa? ¿Cómo abordamos ese conflicto? 

Por último, en la práctica del tantra, imaginamos que ya estamos en la forma de un buda, practicando como un ensayo para actuar de esa forma. ¿Cuál es nuestra relación con esa imagen que estamos tratando de mantener y cómo afecta eso nuestras relaciones cotidianas con las personas? 

Me parece que este sistema de los cinco modos de la realidad relacional es muy útil al indicar casi un tipo terapéutico de enfoque para lidiar con esos problemas que surgen en las relaciones que establecemos en la práctica budista. El artículo más largo en el que se basan estas charlas se puede encontrar en el sitio web, disponible en varios idiomas. 

[Ver: Surgimiento dependiente del yo en términos de las relaciones con otros]

Preguntas

¿Cómo aplica la meditación de atención plena de quedarnos en el momento presente a lo que estamos abordando hoy? ¿Cómo es que todos estos factores y detalles se relacionan con el momento a momento presente de una interacción?

Existe la forma popular de atención plena que se ha enseñado en Occidente y Asia; la forma budista de mindfulness o atención plena es un poco diferente. La atención plena como actualmente se está enseñando en el mundo moderno es principalmente un método para estar en el aquí y el ahora, prestar atención a lo que estamos experimentando a cada momento. La verdadera práctica budista de la atención plena se basa en el significado de la palabra en el idioma original. Es la misma palabra que “recordar algo”. Lo que tratamos de hacer es siempre mantener en nuestra memoria la comprensión de algo. Nos enfocamos en un objeto, en algo, con un entendimiento, y siempre recordamos eso y tratamos de no olvidarlo. 

Aplicaríamos la práctica budista de la recordación a lo que hemos estamos discutiendo aquí para tratar de entender y ver nuestra relación e interacción con los demás en términos del surgimiento dependiente de todas estas variables. Si aplicamos eso con la explicación actual de la recordación o atención plena, en cada momento de nuestra interacción con alguien, trataremos de recordar todas las variables que están interviniendo y notar cuando quizás estemos tratando a alguien como un “eso”. Así, cambiaríamos el modo de interacción a un modo de reconocer que la otra persona tiene emociones y sentimientos como nosotros y que es una persona, no solo un “eso”. Si entendemos las variables que están afectando cada momento del aquí y el ahora en nuestra relación, podemos corregirlas cuando haya errores y conducta que está causando problemas. 

La explicación moderna de la atención plena o recordación es muy útil; sin embargo, debemos tener en cuenta que es solo el primer paso de toda la práctica budista de la recordación. Es mucho más que eso. 

¿Qué técnicas budistas podríamos empezar a usar momento a momento? 

Básicamente, para seguir los métodos budistas ya tenemos que tener cierto nivel de madurez emocional. Si una persona está muy perturbada, primero es muy recomendable que acuda con un profesional. Incluso en la sociedad tibetana, alguien que padece esquizofrenia o algo similar, acudiría con un doctor tibetano para recibir medicación en lugar de que se le enseñe meditación.  

Sin embargo, si tenemos ese nivel de madurez emocional parece que, en nuestra época moderna en la que estamos todos muy ocupados, tenemos que empezar por tranquilizarnos. Hay mucha presión, redes sociales, revisar constantemente nuestro teléfono y este tipo de cosas. Con todo esto, sin aquietarnos, sin silenciar la mente, dejar de lado el teléfono, etc., no hay forma de iniciar práctica budista alguna. 

Una vez que podemos dejar de lado el teléfono y no revisarlo compulsivamente cada pocos minutos, entonces necesitamos desarrollar habilidades sociales para ser capaces de lidiar con los demás en la vida real, en lugar de en una vida virtual. Esto requiere comprender que todos tienen sentimientos y emociones también, al igual que nosotros. Necesitamos empezar a relacionarnos con otras personas como personas reales, no como una presentación ficticia en una página de redes sociales. 

Si están interesados, existe en programa completo que desarrollé basado en dos principios fundamentales: desarrollar una mente tranquila y una actitud cuidadosa. Se llama Entrenamiento en la Sensibilidad. Hay una gran sección en el sitio web tanto en inglés como en ruso. Con eso como base, podríamos involucrarnos en prácticas budistas más amplias. 

¿Cuál es la definición budista del amor?

La definición budista del amor es el deseo de que los demás sean felices y tengan las causas para la felicidad, independientemente de cómo se comporten o de cómo nos traten. Es igual para todos y también incluye el deseo para “mí”, que nosotros mismos seamos felices y tengamos las causas para la felicidad. El yo no está excluido de “todos”. 

¿Podrías hablar de otras formas de psicología que son ampliamente conocidas, como la terapia cognitiva, y cómo esto aplica? 

Yo no soy psicólogo ni terapeuta y, aunque ciertamente he escuchado sobre la terapia cognitiva, no hablo en profundidad sobre ello. Si mi entendimiento es incorrecto, por favor, discúlpenme. Supongo que tiene que ver con nuestras actitudes hacia las cosas, cómo las conocemos y, de ser así, el budismo tiene mucho que contribuir en términos de cómo cambiamos nuestras actitudes de destructivas a constructivas. Existe toda una categoría de enseñanzas llamadas entrenamiento mental (lojong) que aborda esto.

¿Podrías hablarnos un poco acerca de la persona con la que colaboraste y cómo surgió esta colaboración?

La persona con la que colaboré, Catherine Ducommun-Nagy, es una antigua amiga de cuando yo vivía en la India. Viví en la comunidad tibetana durante veintinueve años y ella era doctora voluntaria en la aldea infantil. Empecé mi amistad con ella hace más de cuarenta años. Ella recién se había graduado de medicina y continuó para convertirse en psiquiatra. Mantuvimos una amistad y se casó con Ivan Boszormenyi-Nagy, el fundador de la terapia contextual. A lo largo de los años, mientras ellos estaban casados, yo mantuve una amistad con ambos. Participé en muchas conversaciones con ellos, organicé una reunión para Boszormenyi-Nagy con Su Santidad el Dalái Lama para abordar varios temas de psiquiatría y demás. Ella se ha convertido en una conferencista mundial y maestra de terapia contextual, además de su práctica como terapeuta. Su esposo murió hacer alrededor de diez años y hemos continuado nuestra amistad. También es practicante budista. 

En lo que el Dalái Lama estaba particularmente interesado con respecto a este campo de la terapia contextual es en la introducción de la ética en la terapia. Toda esta idea de la justicia en las relaciones a menudo no se toma en consideración. Particularmente en la terapia familiar, le da una validez equitativa a la percepción de cada persona en la familia con respecto a la situación, dándole a todos una atención igualitaria. De esta manera, todos escuchan el punto de vista de todos los demás de lo que está sucediendo en la familia. Esto también se relaciona mucho con la forma en la que un budista lo ve. 

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