Breve repaso
Seguimos con el tema con el que empezamos la última sesión, el surgimiento dependiente del yo en relación con los demás. Para revisar un poco lo que hemos cubierto hasta ahora, el tema es una fusión de la perspectiva budista del surgimiento dependiente con un mayor análisis desde la terapia contextual. La terapia contextual es una rama de la terapia familiar. Habla no solo del perfil psicológico individual de una persona, sino de cómo eso es afectado por las dinámicas de los sistemas, como la familia, con la que uno interactúa con los demás. Esto es consistente con las visiones budistas de que no existimos simplemente por nosotros mismos, independientes de todo lo demás. Todos existimos dentro del contexto de la familia, el medio ambiente, el trabajo, etc.
El surgimiento dependiente habla de la interconexión de todo, y cómo cuando afectamos a una cosa en el sistema eso afecta a todo lo demás en el sistema. Abordamos el yo, la identidad, la otra persona y la relación entre nosotros, todo en términos del surgimiento dependiente. Todo ello surge en dependencia de muchos factores diferentes, causas, partes y el marco de referencia conceptual con el que los especificamos.
La perspectiva budista sobre el yo, el otro y las relaciones
Cuando hablamos de nosotros mismos surgimos en cada momento en dependencia de momentos previos de nosotros mismos. El budismo se enfoca en lo que está sucediendo ahora mismo. Esto no dura mucho tiempo, obviamente, y está cambiando constantemente. Crecemos a cada momento basados en nuestra historia, lo que experimentamos en el pasado y cómo respondemos a nuevas situaciones. Lo mismo es cierto para la otra persona, para ti y también para nuestra relación. El tipo de relación que podemos tener también crece momento a momento y tiene su propia historia.
Además, el yo, el otro y la relación se verán afectados por el contexto en el que ocurren. En otras palabras, nos vemos afectados por aquello que está sucediendo alrededor de nosotros. También habrá algún tipo de dependencia en las partes. Con respecto a nosotros mismos, hay diversos aspectos, tal como la vida laboral, nuestra familia, la vida en general, nuestra vida deportiva y demás. Hay muchas partes y aspectos diferentes. Además, hay cosas como nuestra vida emocional y nuestra vida intelectual. Estas cambian y crecen a lo largo de una vida y lo mismo ocurre con la otra persona. Nuestra relación también va a crecer y a cambiar a lo largo del tiempo a medida que compartimos diferentes partes de nosotros mismos los unos con los otros. Por supuesto, tenemos muchas relaciones, no solo una con una persona. Todas estas variables cambiarán y serán diferentes en cada relación.
Las cosas surgen en relación unas con otras
Otro tipo de surgimiento dependiente es relacional. Dos cosas surgen simultáneamente que son relativas una a la otra, por ejemplo, corto y largo. No podemos tener largo sin tener también corto. Lo mismo es cierto en términos del yo. No podemos realmente tener yo sin que exista no yo. Esto embona con el concepto budista de especificación. Cuando vemos un vaso, por ejemplo, lo que vemos directamente es el vaso; sin embargo, también sabemos que no es algo más. Somos capaces de especificar que es un vaso, al diferenciarlo de todo lo demás que no es un vaso. Es lo mismo que cuando hablamos de nuestra individualidad como persona. No podemos realmente ser un individuo a menos que sea relativo a otros que no son “yo”. El yo y el otro surgen en dependencia uno del otro, como largo y corto, o largo y no largo.
Tres esferas
Tenemos algo un poco similar a esto en la presentación budista que se conoce como las “tres esferas” de una acción. Cuando hablamos de un yo que abraza a alguien, el yo no puede existir independientemente de la otra persona que es abrazada o de la acción de abrazar. Estas tres no pueden existir de manera independiente completamente por sí mismas. No podemos estar abrazando a alguien, a menos que haya alguien a quien abrazamos. No podemos hacer que eso suceda, este tipo de interacción, sin que exista la acción de abrazar. También, toda esta interacción depende de los conceptos y las palabras. Existe el concepto de abrazar, que tiene cierta definición y significado para diferentes personas en diferentes culturas. Por ejemplo, si ponemos nuestros brazos alrededor de alguien, podemos considerar que eso es abrazar y tiene la connotación precisa de que nos agrada la persona. Sin embargo, la otra persona puede pensar: “¿Por qué esta persona me está rodeando con sus brazos? ¿Quiere luchar conmigo y arrojarme al piso?”.
De hecho, podemos meternos en muchos problemas en términos de cómo saludamos a alguien. En algunas culturas, nos saludamos con un beso en la mejilla. En cada cultura, el número de besos que damos es muy significativo, así como si los labios realmente tocan la mejilla o si hacemos un sonido con el beso. Tuve una experiencia personal cuando saludé a una mujer de una cultura diferente y mis labios realmente tocaron su mejilla. Esta no era la costumbre en ese país y ella malentendió completamente mis intenciones, pensando que eso significaba que yo tenía un interés romántico.
Por lo tanto, podemos ver que hay surgimiento dependiente en términos de los conceptos, nombres y etiquetas para las cosas que hacemos, y que esto es importante. La acción por sí misma no existe como abrazar o saludar desde su propio lado. Lo mismo es cierto en términos del yo, el otro y las relaciones. Cómo conceptualizamos la relación es muy significativo. Puede ser que la relación sea “solo amigos” o pareja. ¿Qué significa realmente “pareja”? Cómo existe la relación y qué está involucrado dependientemente puede ser muy confuso cuando cada persona puede tener diferentes conceptos de la relación. Sucede muy a menudo.
Terapia contextual: Cinco dimensiones de la realidad relacional
La terapia contextual añade más variables que embonan con la presentación del surgimiento dependiente. Esta es una de las áreas que puede ampliar el desarrollo del budismo a medida que se expande por el mundo. La terapia contextual propone cinco dimensiones de lo que refieren como realidad relacional. Está la dimensión de las variables fácticas; para dos personas en una relación hay hechos tales como la edad, la herencia, el género, el idioma que se habla, etc. Está la dimensión de las variables psicológicas, que incluye el perfil emocional y psicológico, los niveles de inteligencia, la madurez sensitiva, etc., de cada persona. Todo esto va a afectar la relación. Luego, está la dimensión de las variables sistémicas. Esto involucra los sistemas dentro de los que ocurre la relación y cómo afecta las interacciones. Por ejemplo, estar en el ejército, una sociedad musulmana, un entorno de oficina o estar en una estructura familiar restrictiva afectarán cómo una persona interactúa con la otra.
Asimismo, esta dimensión de variables fácticas involucra la forma en la que dos personas interactúan, ya sea de manera agresiva o pasiva, dominante o sumisa. A continuación, está la dimensión de la ética relacional que incluye el equilibrio, la justicia y la consideración mutua. Por ejemplo, ¿hay equilibrio entre dar y recibir? ¿Una persona siempre está dando a la otra o la otra siempre está recibiendo sin dar nada a cambio? Puede haber mucho resentimiento. También se incluye aquí cómo las dos personas se reparten los gastos y el trabajo de casa. Estas cosas necesitan ser justas porque, de lo contrario, nuevamente, esto puede conducir a resentimiento y problemas.
El último ejemplo es la dimensión del establecimiento relacional del yo y el otro. Esto aborda el tipo de relación del “yo” y “tú” que está establecido en la relación. Por ejemplo, ¿es un yo y un “eso”, cuando una persona trata a la otra como objeto sin consideración alguna por los sentimientos de la otra persona y demás? Este tipo de relación puede existir, posiblemente, con el cajero de una tienda. Realmente no estamos interesados en su vida emocional o en su vida familiar ni nada de eso. Son solo un “eso” en ese sentido. También puede ser una relación eso/otro. Por ejemplo, si estamos involucrados en el trabajo social, solo estamos interesados en las dificultades emocionales, financieras o ambientales de los otros, y no compartimos nada de nuestra propia vida personal. Para ellos, solo somos “eso”.
Podemos relacionarnos con la otra persona como un “nosotros”, una especie de fusión de las dos personas en la relación. A menudo eso ocurre con una pareja; por ejemplo, “no nos gusta eso”. Hablan como si fueran una unidad. También se incluyen aquí otros dos modos. Uno es cuando nos establecemos a nosotros mismos en términos de una causa o proyecto; y otro es en términos de una conciencia y un diálogo constante con la conciencia. Por ejemplo: “No deberías hacer eso, eso es malo”.
También está la verdadera relación yo/tú, en la que ambos lados pueden alternarse ser el sujeto y pueden relacionarse con el otro sin juicios ni preconcepciones. Es solo ser muy abierto a la otra persona y a todo acerca de ella.
Esto concluye un breve repaso de la teoría básica que hemos cubierto. Lo que haremos ahora y en las siguientes sesiones de este fin de semana es aplicar este análisis dimensional de tres tipos específicos de relaciones en las que entramos como un practicante budista serio. En cada una de nuestras tres sesiones, discutiremos una de estos tres tipos de relaciones.
Aplicación de los tres tipos de relaciones en el budismo
Primero, como practicante Mahayana, nos esforzamos por beneficiar a todos los seres sintientes. Eso significa absolutamente a todos. ¿Qué relación podemos establecer con todos en ese tipo de marco de referencia? Todos significa cualquier persona con la que nos encontremos, que conozcamos. ¿Qué tipo de relación establecemos? El segundo tipo de relación es con el maestro espiritual. El tercero es la relación que establecemos en la práctica tántrica cuando nos identificamos con una figura búdica específica, un yidam. Cuando nos imaginamos como Tara o Chenrezig, ¿qué tipo de relación realmente establecemos con eso? Explicaremos esto más cuando abordemos esa parte.
En estas tres relaciones, analizaremos la forma óptima para que las relaciones funcionen, los obstáculos convencionales que pueden surgir, de los que necesitamos estar alertas, y los obstáculos más profundos que pueden surgir cuando no entendemos la realidad de lo que realmente está sucediendo en nuestra interacción y en la relación. Por último, examinaremos cómo este tipo de relación afecta nuestras relaciones personales con la familia, los amigos cercanos y demás. A veces puede haber grandes conflictos. Por ejemplo, cuando nuestro maestro está dirigiendo un retiro de meditación, pero nuestra pareja quiere que vayamos con ella a unas vacaciones en la playa. ¿Qué hacemos?
Relaciones con los demás como practicante Mahayana
Pienso que es muy útil usar esta forma de análisis de cinco dimensiones de la terapia contextual para identificar algunos de los problemas típicos que pueden surgir como practicantes budistas. Nos brinda un muy buen marco de referencia para poder entender ciertos temas.
Empecemos con la relación que tenemos con todos los seres sintientes, con todos, cuando estamos trabajando para alcanzar la iluminación con el fin de ayudarlos a todos de la mejor manera. Podemos ver esto teóricamente y solo sentarnos en meditación y pensar en esto; sin embargo, ¿qué hacemos en nuestra vida cotidiana real? Esta es la razón por la que este análisis es crucial. No solo estamos sentados en un cojín en meditación imaginando que ayudamos a todos, sino que estamos lidiando con situaciones de la vida real.
Dimensión de las variables fácticas
De manera óptima, deberíamos ser capaces de ayudar a todos de acuerdo con el modelo del bodisatva, independientemente de cuál sea nuestra situación cotidiana. No debería importar cuántos años tenemos, si somos hombre o mujer, de qué país provenimos, qué idioma hablamos o cuál es nuestra ocupación. No debería importar si estamos enfermos u ocupados. Idealmente, somos capaces de relacionarnos como un bodisatva con todos. Eso no es fácil, ¿o sí?
En términos de los demás, deberíamos ser capaces de relacionarnos con cualquiera sin importar su situación. No debería importar su género, país u origen, el idioma que hablen, la edad que tengan o si están enfermos o sanos. Obviamente, podemos ver que esto es muy desafiante. En la teoría budista verdadera, tampoco debería importar cuál es su forma de vida. Podría ser una cucaracha, otros insectos y animales; son iguales a todos. Esta es una consecuencia de la enseñanza budista de considerar que todos han sido nuestra madre en alguna vida previa. Lo tomamos con seriedad.
Obstáculos convencionales y más profundos
¿Cuáles son los obstáculos convencionales que pueden surgir en este nivel fáctico? Podría ser que nuestra situación cotidiana sea muy desafiante, difícil o abrumadora. Por ejemplo, estamos demasiado ocupados, con demasiado trabajo, muy enfermos, muy cansados o muy pobres. De manera óptima eso no debería importar. Sin embargo, obviamente, estas son situaciones muy difíciles para que nos comportemos como un bodisatva con todas las personas con las que nos encontremos.
Los obstáculos convencionales en términos de los demás sería que su situación sea demasiado desafiante. Pueden estar muy ocupados, muy enfermos o incapacitados. Es muy difícil lidiar con este tipo de situaciones. ¿Qué sucede cuando la otra persona está muy enferma y estamos preocupados de que nos contagie su enfermedad?
Estos son también los obstáculos más profundos. Esto sería identificarnos a nosotros mismos o a los demás como autoestablecidos. Eso significa identificarnos a nosotros mismos o a los demás de manera rígida y permanente con una o más de estas variables fácticas. Somos incapaces de relacionarnos con alguien más porque nos identificamos sólidamente con ciertos hechos acerca de esa persona porque simplemente es demasiado diferente de nosotros.
Por ejemplo, nos identificamos sólidamente con ser hombre o mujer y no podemos relacionarnos con el otro género. Pensamos como un hombre, simplemente no podemos entender todos los problemas que enfrenta una mujer y viceversa. Más allá de ser simplemente ser humanos, por ejemplo, podría ser que estamos tan fuertemente identificados con ser norteamericanos y los demás están tan fuertemente identificados con ser rusos que pensamos que no hay manera de que podamos relacionarnos o entendernos los unos a los otros. No siquiera hablamos el mismo idioma. Ese sería un ejemplo de un obstáculo más profundo. Otro ejemplo sería que somos jóvenes y que no podemos relacionarnos con personas mayores, o no podemos relacionarnos con alguien que tiene cáncer, este tipo de cosas. Estos son obstáculos en los que nos identificamos fuertemente con nuestra situación fáctica y la de la otra persona y concluimos que hay muchas diferencias.
Cuando tenemos este tipo de obstáculos, necesitamos realmente practicar con fuerza ver a todos simplemente como una persona igual que nosotros, con los mismos problemas emocionales. Todos tenemos que experimentar la muerte, la vejez y la enfermedad. Necesitamos no identificar a los demás solo con una situación o característica particular. Sin importar cuán cansados, enfermos u ocupados estemos, si alguien necesita nuestra ayuda, hacemos lo que seamos capaces de hacer en el momento, como si se tratara de nuestro amigo o familiar más cercano el que necesita ayuda.
Dimensión de las variables psicológicas
Idealmente, sería que tenemos amor, comprensión y paciencia de manera equitativa hacia todos. Tenemos la habilidad de recibir toda la información de alguien más, realmente escucharlos cuidadosamente y entender lo que les está sucediendo, viendo patrones. De manera óptima, el estado emocional o psicológico de los demás no importa porque estamos trabajando para ayudar a todos. Incluso si alguien está profundamente perturbado emocionalmente, una persona muy enojada o alguien con problemas psicológicos profundos, aun así, nos involucramos en la conducta del bodisatva hacia ellos. Estamos trabajando para beneficiar también a esta persona. No nos distanciamos no nos asustamos. Tenemos una comprensión clara de lo que sería útil o no para cualquier persona en particular. Por ejemplo, incluso solo sonreírle a alguien es un hermoso regalo.
Obstáculos convencionales y más profundos
En términos de nosotros mismos, los obstáculos convencionales en este reino psicológico es que carecemos de una actitud equitativa hacia todos. Nos sentimos atraídos hacia alguien, repelidos por otros y solemos ignorar a otros más. También podemos vernos abrumados por nuestras propias emociones perturbadoras y aún no hemos vencido nuestro enojo, lujuria o egocentrismo. También podemos sobrestimar nuestra habilidad para lidiar con personas difíciles.
En términos de los demás, podría ser que están abrumados por su enojo o cualquier emoción perturbadora, y no estamos preparados ni sabemos cómo lidiar con esta persona que está tan enojada y alterada. Por ejemplo, la otra persona podría estar en una casa de asistencia con enfermedad de Alzheimer y simplemente es demasiado difícil. No tenemos idea de cómo relacionarnos con esta persona y, de hecho, nos asusta estar con ella. Nos hace sentir incómodos.
El obstáculo más profundo sería que nos identifiquemos concretamente como si ya fuéramos un bodisatva cuando realmente aún no hemos resuelto nuestro asuntos psicológicos y emocionales. Por ejemplo, imaginamos que somos un bodisatva y que podemos lidiar con todos; sin embargo, aún no hemos resuelto realmente nuestra atracción sexual hacia algunas personas y eso empieza a interferir mucho con nuestros esfuerzos por ayudar a otros. En un sentido, también estamos tratando de gustarles y seducirlos. Si vamos a tratar de trabajar como un bodisatva, realmente vamos a necesitar un nivel altamente desarrollado de madurez emocional. Esta ha sido una visión general de la dimensión de las variables psicológicas.
También podemos cometer un error al confundir el ser un bodisatva con convertirnos en un mártir o un santo. Esto se puede volver muy confuso; por ejemplo, pensar que “soy tan bendito y santo que ayudaré a todos y no importa lo que me suceda a mí”.
Analizarlo de esta manera con estas variables y ver los obstáculos que pueden surgir, nos brinda una excelente guía sobre qué revisar en nosotros mismos si realmente estamos tratando de seguir el camino del bodisatva. No seamos ingenuos al pensar que es muy fácil. No es nada fácil y es algo sumamente avanzado.
Etapas graduales del camino, Lam-rim
Si vemos la estructura del lam-rim, las etapas graduales del camino, la conducta del bodisatva es avanzada. No es para principiantes. Con el nivel inicial básicamente hemos desarrollado autocontrol, de tal forma que, cuando tenemos el impulso de gritarle a alguien o tratamos de seducir o impresionar a alguien, tenemos el suficiente autocontrol para no hacerlo. En el nivel intermedio, hemos trabajado con nuestras emociones perturbadoras al menos hasta cierto nivel de éxito, de tal forma que no nos veamos abrumados por el enojo, la lujuria o los celos, y este tipo de cosas. Es sobre esa base que podemos tratar de practicar la conducta del bodisatva en el nivel avanzado. A través de nuestro trabajo previo en los niveles inicial e intermedio, hemos tratado de disminuir estos obstáculos que pueden surgir.
Dimensión de variables sistémicas
Con respecto a la dimensión de las variables sistémicas, la tercera dimensión, de manera óptima deberíamos ser capaces de mantener el compromiso de beneficiar a todos los seres sin importar el tipo de sistema en el que vivamos, sea en una familia, por nuestra cuenta o en un monasterio. No debería importar si estamos en una sociedad agresiva, como el ejército o una prisión; aun así, deberíamos ser como un bodisatva y tratar de ayudar a todos. Podría ser que vivimos en una sociedad en donde hay una fuerte competitividad, esta actitud de “yo primero”, y entonces es muy difícil querer beneficiar a alguien más.
Con los demás, no importa en qué situación social o familiar se encuentran, somos capaces de trabajar e interactuar con todos como un bodisatva.
Obstáculos convencionales y más profundos
Hay muchos obstáculos convencionales que surgen en esta dimensión. Podemos estar en una familia o en un negocio en donde tenemos muchas responsabilidades y eso nos deja muy poco tiempo para ayudar a otros. Quizás tengamos que criar a una familia o ganar dinero, etc. Puede haber presión para que sigamos las costumbres de la sociedad o del grupo, como el ejército, y eso entra en conflicto con nuestros valores budistas.
En términos de los demás, el tipo más pesado de obstáculo es cuando las personas con las que tenemos una relación más cercana, como los miembros de nuestra familia, padres y amigos, exigen una asociación y compromiso exclusivo con nosotros. No quieren que alguien vaya a tratar de ayudar a otros; solo dicen: “Por favor, quédate conmigo”. Esta expectativa puede crear un terrible conflicto. Sucede a menudo cuando un integrante de una pareja no está dentro del budismo en absoluto y queremos ir a una enseñanza o ir a trabajar en una profesión de beneficio social, y nos dicen: “No, quédate en casa y ve la televisión conmigo. No me amas porque quieres irte”.
El obstáculo más profundo es identificarnos concretamente con ser un budista y volvernos inflexibles al lidiar con no budistas. Por ejemplo, ser inflexibles e insistir en que todos deben creer en el renacimiento y este tipo de aspectos con personas que tienen un tipo de mentalidad completamente diferente. Esto es ser un budista fundamentalista.
La dimensión de la ética relacional
Esta es la cuarta dimensión. Desde la perspectiva budista, hemos recibido la amabilidad de todos cuando han sido nuestra madre. De manera óptima, estamos comprometidos a estar disponibles para los demás en cualquier momento y aceptamos poner sus intereses antes que los nuestros. Estamos dispuestos a ayudar, a ser amables y buenos sin esperar absolutamente nada a cambio, ni siquiera las gracias. Además, no diferenciamos entre amigo, enemigo o extraño y mostramos amabilidad a todos de manera equitativa.
De manera óptima, los demás recibirían un beneficio directo de nuestra interacción con ellos. Lo que esperamos es saber lidiar con las personas y hacer lo correcto.
Obstáculos convencionales y más profundos
Los obstáculos convencionales serían que nuestras experiencias pasadas o presentes de injusticias, como ser tratados de manera injusta por otros, bloquee nuestra capacidad de ser amables o generosos con los demás. Por ejemplo, si nuestros padres nunca nos mostraron afecto, podemos sentir que eso fue injusto. Inconscientemente, podemos buscar el afecto de otros a los que estamos tratando de ayudar. Esto crea un bloqueo en nosotros. Al ayudar a otros, tendríamos realmente una motivación con un interés personal de recibir el afecto y la valoración que nunca recibimos de nuestros padres.
En términos de los demás, el obstáculo convencional sería que nos hacen demandas injustas y se vuelven dependientes de nosotros. Resienten la amabilidad que le mostramos a los demás.
El obstáculo más profundo es identificarnos concretamente con ser un bodisatva e imaginar que tenemos la sabiduría y la comprensión de saber cómo ayudar o ser amables con todos cuando, de hecho, no sabemos cómo hacerlo en absoluto. Esto podría ser confundir el ser un bodisatva con ser un santo y pensar que lo único que necesitamos hacer es ir por ahí bendiciendo a todos; eso es absurdo. Por ejemplo, podríamos pensar que lo único que tenemos que hacer es sentarnos aquí e irradiar luz blanca a todos, enviar amor y nunca tener realmente que levantarnos del asiento ni hacer nada para ayudar a alguien. Hay fanáticos del Dharma, y cuando alguien necesita su ayuda para subir por las escaleras unos paquetes pesados, solo se sientan a orar, om mani padme hum.
La dimensión del establecimiento relacional yo/otro
De manera óptima, somos capaces de establecer un “nosotros” global en el que el yo y los demás son todos iguales. Todos queremos ser felices, incluyéndonos a nosotros mismos, y no queremos ser infelices. Nos consideramos iguales a toda la humanidad o a todos los seres sintientes. Sin importar a quién nos encontremos, somos capaces de establecer un verdadero diálogo yo/tú. En otras palabras, no los juzgamos ni tenemos preconcepciones acerca de ellos; los aceptamos por el tipo de persona que son.
En términos de los demás, idealmente, no importa si son capaces de establecer un diálogo verdadero yo/tú con nosotros. No debería hacer ninguna diferencia. Algunas veces, es muy interesante cuando tenemos amistades en las que nos preocupamos mucho por la otra persona. Siempre le preguntamos cómo le va y escuchamos sus historias, pero nunca nos preguntan cómo estamos. Como un bodisatva, esto no debería importarnos. De cualquier manera, estamos dispuestos a establecer un diálogo yo/tú.
Obstáculos convencionales y más profundos
Los obstáculos convencionales son tener dificultades para superar el modo yo/eso de las relaciones en el que, por ejemplo, básicamente estamos usando a las otras personas como instrumentos para obtener mérito. Realmente no nos interesan personalmente como individuos. Por ejemplo, en studybuddhism.com, sería como si solo me preocupara cuántos visitantes tiene la página. “Oh, hubo tantos visitantes este día”. Todos son “eso”. No son realmente personas, sino solo números. Este es un gran peligro y obstáculo. Cuando estamos en redes sociales, todo se trata solo de números, cuántos “me gusta” obtenemos; ¿o realmente nos interesa cada persona?
El obstáculo convencional del lado de los demás sería que nos impongan su modo de relacionarnos. Por ejemplo, podrían querer fusionarse con nosotros y convertirnos en un “nosotros” exclusivo y poseernos como su salvador. También podría ser la tendencia de los demás de tratarnos como un objeto. No les importamos, y podemos sentir: “Soy una persona real y necesito más que solo ayudarte”. Esto se presenta en las familias en las que los hijos, incluso siendo adultos, aún se relacionan con sus padres como un objeto, una madre o un padre, y no como un ser humano que tiene sentimientos, problemas y otras situaciones. Esto es difícil, cuando estamos tratando de establecer una relación yo/tú y ellos solo nos ven como su maestro, madre, padre o bodisatva y no como una persona real.
El obstáculo más profundo sería identificarse concretamente con la fusión en un “nosotros” global y, dentro de ese “nosotros”, perder cualquier sentido de identidad nuestra o de los demás. Podríamos de alguna manera fusionarnos en una gran sopa de “nosotros”. Dentro del contexto de ver a todos como iguales, fusionarnos en esa igualdad de todos nosotros, en la que nadie es especial, es muy fácil perder de vista la individualidad de cada persona. Independientemente de que nadie sea especial, cada persona es un individuo con sus propias necesidades y circunstancias individuales.
Estas son las cinco dimensiones que afectan las relaciones que tenemos con todos los seres, con cualquiera, en tanto estamos trabajando para beneficiar a todos. Podemos ver que no es una empresa menor trabajar para beneficiar a todos. Hay muchos obstáculos que surgen y necesitamos estar conscientes y vigilarlos, aplicando métodos para tratar de superarlos. Necesitamos no pretender que tenemos un nivel superior de desarrollo espiritual del que realmente tenemos.
Equilibrar nuestras relaciones cercanas con nuestra conducta del bodisatva
El último punto es cómo lidiar con relaciones personales cercanas mientras trabajamos para beneficiar a todos los seres. Mientras tratamos de beneficiar a todos, aún tenemos padres, familia y amigos cercanos, etc. ¿Cómo creamos un equilibro entre nuestras relaciones y nuestra conducta del bodisatva hacia todos los seres?
En el texto Entrenamiento mental en siete puntos, hay un consejo muy relevante. Encontramos el consejo de “siempre meditar en aquellos que son lejanos como cercanos”. Esto significa designar un tiempo especial para estar con los miembros de nuestra familia, especialmente nuestros hijos y amigos cercanos. Necesitamos ser confiables al mantener ese compromiso. Es muy importante, cuando estamos trabajando para beneficiar a toda la sociedad, que los miembros de nuestra familia no sientan que los estamos abandonando. Si explicamos que tenemos mucho trabajo que hacer, pero cada mañana, por ejemplo, tomaremos juntos el desayuno, les damos algo y somos muy estrictos en mantener ese compromiso de tal forma que seamos confiables. Así, no se sentirán tan abandonados porque les hemos dado algo.
Si le decimos a nuestros hijos que jugaremos con ellos cuando tengamos tiempo, es muy incierto cuándo sucederá eso. Deja al niño en un estado terrible de inseguridad. Si el niño sabe, por ejemplo, que cada domingo por la mañana estaremos ahí y jugaremos con él o ella, hay algo que esperar y eso brinda seguridad.
Obstáculos convencionales y más profundos
El obstáculo convencional sería que no hagamos tiempo para nuestros amigos cercanos, miembros de nuestra familia o pareja. Asimismo, podría ser que resentimos el tiempo que pasamos jugando cartas con un niño y que eso nos impide ayudar a los demás. Si decimos que pasaremos tiempo con nuestra familia, resentimos el tiempo que eso nos quita para ayudar a todos los seres. Por ejemplo, a mi madre le gustaba ver programas de concursos en la televisión y me pedía que respondiera algunas preguntas, algo que realmente no me gustaba hacer y en lo que no estaba interesado en lo más mínimo. Un obstáculo sería guardar resentimiento por eso, quejarme de ello y esperar el momento en que pueda irme.
Un obstáculo convencional del lado de los miembros de nuestra familia y amigos es cuando se sienten ignorados y resentidos por el tiempo que pasamos ayudando a los demás. Por ejemplo, un padre podría quejarse constantemente de que no lo llamamos o visitamos lo suficiente. Entonces, podría sentirnos culpables y visitarlo por culpa.
El obstáculo más profundo es tomar la igualdad de todos los seres como una justificación para no hacer un tiempo especial para estar con nuestra familia.
Conclusión
Estos son puntos muy importantes y relevantes a tener en cuenta para nosotros como practicantes budistas que tratamos de trabajar para beneficiar a todos los seres. En las enseñanzas budistas tradicionales realmente no abordan este tipo de problemas que pueden surgir; sin embargo, cuando añadimos esta estructura analítica de la terapia contextual, eso nos brinda un marco de referencia para ser capaces de examinar estos problemas y tratar de evitarlos.