Las 4 Verdades Nobles: Panorama General

Todos experimentamos problemas e infelicidad a lo largo de nuestra vida; y a lo largo de la historia se han propuesto diferentes métodos para combatir el sufrimiento. En el mundo actual, el internet ofrece acceso inmediato a una multitud de filosofías y aquí revisaremos el enfoque único que el Buda abordó, hace más de 2,500 años, en torno a porqué sufrimos y cómo podemos encontrar paz y felicidad en nuestra vida.

Introducción

Cuando nos encontramos por primera vez con el budismo, es bueno revisar las Cuatro Verdades Nobles. También es apropiado, porque así es como el Buda empezó a enseñar. Durante el tiempo del Buda, ya existían una gran cantidad de religiones y sistemas filosóficos, y hoy en día nos enfrentamos a una variedad aún más amplia de enseñanzas espirituales. Así, cuando nos acercamos al budismo es importante tratar de identificar qué es único de la aproximación budista. Naturalmente, el budismo comparte muchas enseñanzas con otras religiones: ser una persona amable y amorosa, tratar de no dañar a nadie y demás. Podemos ver estos aspectos en casi todas las religiones y filosofías, y no hay necesidad de convertirse al budismo para aprender sobre eso, aunque el budismo es bastante prolífico en métodos para desarrollar la amabilidad, el amor y la compasión. Podemos beneficiarnos de estos métodos, sea que aceptemos o no cualquier otra cosa de las enseñanzas budistas.

Sin embargo, si preguntamos “¿qué es específico del budismo?”, necesitamos revisar las Cuatro Verdades Nobles. Incluso dentro de nuestra discusión en torno a ellas, encontraremos muchos puntos en común con otros sistemas.

Tenemos la expresión “Verdad Noble”, pero esa es una traducción bastante extraña. Es posible que la palabra “noble” nos remita a la aristocracia medieval, pero en realidad se refiere a aquellos que tienen altos grados de realización. Así, las Cuatro Verdades Nobles son cuatro hechos que son vistos como verdaderos por aquellos que ven la realidad de forma no conceptual. Aunque estos cuatro hechos son verdaderos, la mayoría de las personas no los entienden y, los más, ni siquiera son conscientes de ellos.

La Primera Verdad Noble

Al primer hecho verdadero por lo general se le llama “sufrimiento”. El Buda dijo que nuestras vidas están llenas de sufrimiento y que, incluso aquella que consideramos felicidad ordinaria, conlleva una enorme cantidad de problemas. La palabra que se traduce como “sufrimiento” proviene de la palabra sánscrita “duhkha”. Tenemos felicidad, sukha, y duhkha, infelicidad. En términos lingüísticos, kha es un espacio y duh es un prefijo que denota insatisfacción, incomodidad. No se supone que utilicemos palabras que impliquen juicios de valor, como “malo”, pero va en esa dirección. Duhkha implica que hay algo malo con este espacio, refiriéndose a nuestro espacio mental y al espacio de nuestra vida en general. Es una situación desagradable.

¿Qué tiene de desagradable? Primero que nada, experimentamos sufrimiento burdo, tal como dolor, infelicidad y tristeza. Esto es algo que todos podemos entender y todos, incluso los animales, deseamos evitar. No hay nada distintivo en que el budismo afirme que el dolor y la infelicidad son situaciones insatisfactorias y que es mejor salir de ellas. Al segundo tipo de sufrimiento se le conoce como sufrimiento del cambio y se refiere a nuestra felicidad ordinaria, común, cotidiana. ¿Cuál es el problema con este tipo de felicidad? El problema es que no dura, cambia todo el tiempo. Si la que consideramos felicidad ordinaria realmente fuera felicidad verdadera, mientras más tuviéramos, más felices seríamos. Por lo tanto, si experimentamos felicidad por comer chocolate, mientras más comiéramos, durante horas, más felices seríamos. ¡Obviamente sabemos por experiencia que esto no es así! O imaginen que un ser querido acaricia su mano durante horas y horas y horas. La sensación placentera pronto empezaría a doler, a sentirse extraña. Esto es sencillamente debido al hecho de que la felicidad ordinaria cambia. Y, por supuesto, nunca tenemos suficiente de ella, o nunca estamos satisfechos. Siempre queremos más chocolate, quizás no inmediatamente, pero sí después de un rato.

Es interesante pensar: “¿qué cantidad de mi comida favorita tengo que comer para disfrutarla?”. Un pedacito debería bastar, pero de hecho siempre queremos más y más y más. Ahora, el deseo de superar el problema de nuestra felicidad mundana ordinaria tampoco es un objetivo exclusivamente budista. Existen muchas religiones que nos enseñan a ir más allá de los placeres mundanos y a encontrar cierta forma de paraíso con gozo eterno.

El tercer tipo de sufrimiento es específicamente budista y se le conoce como “sufrimiento que todo lo impregna”. También podemos llamarlo nuestro “problema que todo lo impregna”. Este sufrimiento impregna todo lo que experimentamos y se refiere a la forma en la que renacemos incontrolablemente, la cual es, de hecho, la base de los altibajos de nuestra vida cotidiana. En otras palabras, renacer una y otra vez, con el tipo de mente y cuerpo que tenemos, es la base para los dos primeros tipos de sufrimiento. Esto se relaciona con el tema del renacimiento, del cual aprenderemos más adelante.

Por supuesto, existen muchos otros sistemas filosóficos indios que enseñan acerca del renacimiento así que, nuevamente, no fue una aportación nueva del Buda. Sin embargo, él comprendió y describió el mecanismo del renacimiento de una forma mucho más profunda que cualquiera de las otras filosofías o religiones de su época. El Buda dio una explicación sumamente completa de la forma en que opera el renacimiento, y de cómo nuestra mente y nuestro cuerpo experimentan altibajos de dolor, infelicidad y felicidad ordinaria.

La Segunda Verdad Noble

La segunda verdad noble revisa la causa verdadera de toda la infelicidad que experimentamos. No necesitamos acudir al renacimiento para explicar este punto; en lugar de ello, podemos tratar de entender lo que el Buda explicó de una forma sencilla y lógica. Hablamos de sufrimiento y felicidad ordinaria, y ambas provienen de causas, pero el Buda estaba interesado en las “causas verdaderas”. Es posible que pensemos que la felicidad y el dolor nos llegan como recompensa, castigo o cosas similares, pero el Buda habló de la causa verdadera como conducta constructiva y destructiva.

¿Qué se entiende por conducta destructiva? ¿Se refiere sólo a causar daño? Cuando hablamos de causar daño puede ser en términos de lastimar a otros o lastimarnos a nosotros mismos. Realmente es muy difícil saber el tipo de efecto que nuestra conducta tendrá en los demás, si dañará o ayudará. Por ejemplo, es posible que le demos a alguien una gran cantidad de dinero y que, como resultado, esa persona sea asesinada porque alguien más deseaba robarla. Es posible que nuestro objetivo sea ayudar, pero realmente no hay ninguna garantía. En lo que sí hay certeza es en los tipos de conducta que son destructivos hacia nosotros mismos. A esto es a lo que el Buda se refirió con conducta destructiva: es autodestructiva.

A su vez, a lo que ésto se refiere es a pensar, actuar o hablar bajo la influencia de emociones perturbadoras. ¡Las emociones perturbadoras simplemente perturban! Provocan que perdamos nuestra paz mental y autocontrol. Esto se refiere al enojo, la codicia, el apego, los celos, la arrogancia y la ingenuidad, y la lista continúa. Si nuestro pensamiento se queda atrapado en una de esas emociones y después hablamos o actuamos bajo su influencia, eso nos producirá infelicidad a nosotros mismos. Es posible que no suceda inmediatamente, pero a largo plazo crea infelicidad porque desarrolla la tendencia de seguir siendo así.

Por otro lado, tenemos la conducta constructiva, que no está bajo la influencia de esas emociones perturbadoras y que incluso puede estar motivada por emociones positivas, tales como el amor, la compasión o la paciencia.

Actuar de forma constructiva produce felicidad. Nuestra mente está más tranquila y por lo general nos sentimos más calmados. Podemos tener más autocontrol y entonces no actuamos de formas tontas ni decimos estupideces que puedan causarnos problemas. De nuevo, es posible que el efecto no sea inmediato, pero a largo plazo crea felicidad. Sin embargo, debajo de ésto existe la ingenuidad acerca de la forma en que existimos nosotros, los demás y la realidad en general.

Nuestra felicidad y nuestra infelicidad ordinarias no son recompensas ni castigos dictados por alguna figura externa que nos juzga. En lugar de ello, opera casi como las leyes de la física. ¿Cuál es la base sobre la que se apoya la causa y efecto conductual? La base es nuestra confusión, especialmente acerca de nosotros mismos. Pensamos: “bueno, soy la persona más importante del mundo, tengo que salirme con la mía. Debería colarme en la fila de la tienda, yo debería ser el primero”. Codiciamos ser los primeros y entonces nos enojamos con los que están adelante de nosotros. Nos impacientamos porque la persona de enfrente es muy lenta y tarda demasiado; nuestra mente se llena con todo tipo de pensamientos infelices en torno a ella. Incluso si actuamos de forma constructiva, a ello subyace mucha confusión en torno al “yo”. Por ejemplo, podemos ayudar a los demás porque queremos agradarles, porque queremos que hagan algo por nosotros o porque eso nos hace sentir necesitados. ¡Al menos queremos que nos den las gracias!

Aunque ayudar así a las personas puede hacernos sentir felices, en el fondo no es tan cómodo. Esta felicidad que podríamos experimentar nunca dura a largo plazo. Se convierte en algo insatisfactorio. Esto continúa a lo largo de la vida y, desde la perspectiva budista, también continúa en vidas futuras.

Cuando observamos más de cerca, vemos que tenemos confusión acerca de todo. Por ejemplo, cuando amamos mucho a una persona exageramos completamente sus cualidades positivas. O cuando alguien nos desagrada mucho exageramos sus cualidades negativas y somos incapaces de ver algo bueno en él o ella. Mientras más investigamos, encontramos que la confusión subyace constantemente todo lo que experimentamos.

Si analizamos de forma más profunda, podemos ver que la base para esto son nuestras propias limitaciones. Existen limitaciones con la mente y el cuerpo que tenemos. Cuando cerramos nuestros ojos, nos da la impresión de que el resto del mundo no existe, que sólo existimos cada uno de nosotros. Hay una voz en nuestra cabeza que parece ser “yo”, es como un yo adentro de mí. Es muy extraño. Sin embargo, nos identificamos con ella porque es la que siempre se está quejando: “tengo que ser el primero, tengo que hacer esto”. Es la que siempre está preocupada. Nos parece que esa voz adentro de nuestra cabeza es especial, única y existe independientemente de todos los demás, porque cuando cerramos nuestros ojos no hay nada más que “yo”.

Esta es una forma de pensar muy confusa porque, obviamente, no existimos independientemente de todos los demás y, en realidad, no hay nada especial en nadie. Todos somos personas. Imaginen miles de pingüinos acurrucados unos junto a otros en la helada Antártida: ¿qué hace que uno sea más especial que otro? De hecho, todos son iguales. Lo mismo sucede con nosotros. ¡Para los pingüinos, quizás todos los humanos se ven iguales! De cualquier modo, sobre la base de pensar “soy muy especial e independiente de todos los demás”, tenemos que salirnos con la nuestra y nos enojamos si no es así.

Básicamente, el hardware (la base física) de nuestra mente y de nuestro cuerpo es conducente para tener esa confusión. Puede parecer extraño, pero experimentamos el mundo principalmente a través de estos dos hoyos que tenemos enfrente de nuestra cabeza. No podemos ver lo que hay detrás de nosotros. Sólo podemos ver el presente; no podemos ver lo que pasó o lo que vendrá. Es bastante limitado. Y después envejecemos y no escuchamos bien. Alguien dice algo, nosotros no escuchamos correctamente, pensamos que dijo otra cosa y nos enojamos por ello. Si lo piensan, es bastante patético.

Este problema nuestro que todo lo impregna es que renacemos constantemente, una y otra vez, con este tipo de cuerpo y mente, lo cual perpetúa la confusión. Sobre la base de esta confusión, actuamos de forma destructiva o de una forma constructiva ordinaria, y eso es lo que produce la infelicidad y la felicidad ordinaria que experimentamos.

Si profundizamos aún más, esto se complica y no necesitamos entrar en ello ahora mismo, pero es la confusión misma la que impulsa el renacimiento incontrolablemente recurrente. Esa es la verdadera causa de nuestros problemas verdaderos. Esta confusión, esta falta de darse cuenta que con frecuencia se traduce como “ignorancia”. Yo prefiero no utilizar esa palabra, en tanto implica que somos estúpidos, porque en realidad ese no es el problema y no es la connotación que buscamos. La falta de darse cuenta implica meramente que no sabemos cómo existimos nosotros o cómo existen los fenómenos. No nos damos cuenta en ese sentido, como al pensar que somos la persona más importante, el centro del universo, cuando eso contradice completamente la realidad. La realidad es que todos estamos juntos aquí. No es que seamos estúpidos, sino que nuestro cuerpo y nuestra mente nos hacen pensar del modo en que lo hacemos.

Por eso las llamamos “Verdades Nobles”. Aquellos que ven la realidad la ven de forma diferente de cómo la ven todos los demás. Nosotros realmente creemos que nuestra confusión y las proyecciones que tenemos corresponden con la realidad. Creemos que son ciertas. De hecho ni siquiera pensamos en ello, porque nuestro instinto es “soy lo más importante, tendría que salirme con la mía, todos deberían amarme”. O algunos creen lo contrario: “todos deberían odiarme, no soy bueno”. Es lo mismo, es sólo el otro lado de la moneda. Esta es la causa verdadera.

La Tercera Verdad Noble

La tercera verdad es lo que podemos llamar “detención verdadera”. Por lo general, se traduce como “cesación verdadera” y se refiere al hecho de que es posible detener y deshacerse de esta confusión, de tal forma que nunca surja de nuevo. Si nos deshacemos de la confusión, la cual es la causa verdadera, entonces nos deshacemos de los problemas verdaderos, los altibajos y el renacimiento incontrolablemente recurrente que tenemos como su base. Si lo hacemos, obtenemos lo que se conoce como “liberación”. Estoy seguro de que todos han visto estas palabras sánscritas, “samsara” para el renacimiento incontrolablemente recurrente, y “nirvana” para la liberación.

En el tiempo del Buda, había otros sistemas indios que hablaban de la liberación del samsara. Era un tema común en la India. Sin embargo, el Buda observó que esos otros sistemas no profundizaban lo suficiente en identificar la causa verdadera. Es posible obtener un descanso de los problemas incontrolablemente recurrentes, por ejemplo, al nacer en algún reino celestial en el que la mente esté en blanco durante eones; sin embargo, eso llegará a su fin. Los otros sistemas no contemplaban una liberación real.

El Buda enseñó acerca de la cesación verdadera y es importante entender y tener confianza en que es realmente posible deshacernos de la confusión de tal forma que nunca regrese. De otro modo, ¿por qué habríamos de intentar siquiera deshacernos de ella? Si no nos interesa detener por completo la confusión, también podemos callarnos, aceptar la situación y hacer lo mejor que podamos con ella. Muchas terapias pueden tener esa meta final: ¡aprende a vivir con ello o toma una pastilla!

La Cuarta Verdad Noble

La cuarta verdad generalmente se traduce como “camino verdadero” y nos ayuda a entender la tercera verdad. Se refiere a un estado mental que, si lo desarrollamos, se convierte en un camino que nos conduce a la liberación. También podemos llamarlo “vía de la mente”, pero es un término difícil de traducir a otros idiomas.

Nuestra mente proyecta pura basura, pero también hay niveles en estas proyecciones basura. Un extremo sería la esquizofrenia o la paranoia, con las que pensamos que todos están en contra nuestra. También puede ser un poco menos extremo, como “este es el pedazo de pastel de chocolate más maravilloso que he visto; si lo como, realmente seré feliz”. Yo experimenté eso en el vuelo hacia Bucarest, cuando hicimos una escala en Viena. Pensé: “el strudel de manzana vienés debe ser el mejor del mundo”. Ordené una rebanada y no era el mejor. Mis proyecciones en torno a cómo debía ser eran basura. El strudel de manzana sí existe, esa no era una proyección de mi mente; pero la forma en la que el strudel existe, como la cosa más maravillosa que realmente me haría feliz, era una proyección de mi mente.

De manera similar, yo existo y tú existes. El budismo no dice que no existamos. Simplemente afirma que proyectamos sobre la realidad una forma de existencia que no corresponde en absoluto con lo que realmente es. En verdad sí tenemos la idea de que las cosas existen de forma independiente, por sí mismas, la cual es una forma imposible de existencia. Las cosas surgen de causas y condiciones y cambian todo el tiempo. Sin embargo, eso no lo vemos, sólo vemos lo que está justo frente a nuestros ojos. Por ejemplo, se supone que nos encontraríamos con alguien pero esa persona nunca llega. Ante nosotros aparece que la otra persona sea terrible, que siempre nos defraude, que ya no nos quiera. Pensamos que su vida exista independientemente del tráfico, el trabajo extra en la oficina o quién sabe qué más. Pero, dado que todo surge de causas y condiciones, es imposible que, desde su propio lado, independientemente de todo, sea una persona terrible. Aún así, nuestra mente proyecta esa idea y se aferra a ella, creando enojo, una emoción destructiva. Así, la próxima vez que vemos a la persona, la vemos de forma diferente y le gritamos sin darle siquiera la oportunidad de explicarse. Entretanto, nosotros somos los que realmente nos sentimos sumamente miserables e infelices, ¿cierto?

Así que existimos, pero la forma en que pensamos que existimos, como especiales e independientes de todos los demás, es una total proyección. Es basura. No se refiere a nada real. A esto es a lo que en el budismo llamamos “vacuidad”, que con frecuencia se traduce como “vacío”. En sánscrito, la palabra es la misma que “cero” y significa “nada”, una ausencia total de cualquier cosa real. Como cuando proyectamos que nuestra nueva pareja es un príncipe o una princesa de un cuento de hadas, sobre un caballo blanco; eso es imposible. Nadie existe de esa forma y, aún así, eso es lo que siempre estamos buscando. Y después, cuando la persona no está a la altura de nuestras proyecciones, nos decepcionamos y buscamos a alguien más, aún si estamos buscando algo que es imposible.

Así, la vía de la mente verdadera es entender que todo es basura, que nuestras proyecciones no corresponden con nada real. Si observamos la causa verdadera, es que el sufrimiento proviene de creer que nuestras proyecciones sí corresponden con algo real. El camino verdadero es entender de forma profunda que no es así. Nuestras proyecciones fantasiosas y la realidad son mutuamente excluyentes. Lo repetiré: la confusión es pensar que esta proyección corresponde con algo real y el entendimiento correcto es ver que no existe tal cosa. Sencillamente, hay algo que corresponde o no lo hay. Es sí o no; no podemos pensar que ambas son simultáneamente correctas.

Ahora podemos analizar qué es más fuerte para nosotros: ¿el “sí” o el “no”? Si examinamos con lógica, obviamente es “no”, porque el “sí” no resiste el análisis lógico. Cuando cerramos los ojos, ¿los demás dejan de existir? Por supuesto que no. ¿Es correcto que siempre debería salirme con la mía porque soy la persona más importante del mundo? No, eso es ridículo. Mientras más investigamos, más podemos empezar a cuestionar a este “yo” que sentimos adentro de nuestra cabeza. Si analizamos el cerebro, ¿en qué parte se encuentra el “yo” que habla dentro de nuestra cabeza y toma decisiones? ¿Qué sucede exactamente? Tras el análisis, no encontramos nada que podamos llamar “yo”. Por supuesto, yo funciono, hago cosas, hablo. No estamos negándolo. Lo que estamos negando es que haya un “yo” sólido que tiene que salirse con la suya, porque semejante cosa no está basada en la lógica. A través de la razón y la investigación podemos ver que no existe tal cosa y, por lo tanto, nuestra confusión de que corresponde a algo real no está basada en nada.

¿Cuál es el resultado de pensar que existimos de forma imposible? ¡Nos hacemos infelices! ¿Cuál es el resultado de pensar que no hay tal existencia? Nos liberamos de todos esos problemas. Cuando pensamos: “no existe tal cosa, es basura”, es imposible que simultáneamente pensemos que corresponde a algo real. El entendimiento correcto puede vencer y reemplazar al entendimiento incorrecto. Si pudiéramos permanecer enfocados todo el tiempo en el entendimiento correcto, la confusión no surgiría de nuevo.

Asimismo, la enseñanza del Buda de que el entendimiento correcto de la realidad puede reemplazar la confusión y producir la liberación del sufrimiento y el renacimiento no era única. Otros sistemas indios también lo afirmaban. Lo que era único de la enseñanza del Buda es el entendimiento específico que puede disipar para siempre el nivel más sutil de confusión acerca de la realidad. Para alcanzar la concentración perfecta a través de la meditación, a fin de arraigar en nuestra mente este entendimiento correcto y alcanzar la cesación verdadera de la confusión, el Buda utilizó los métodos que compartía con todas las tradiciones indias. A través de ellos, podemos alcanzar la verdadera cesación de la causa verdadera y, por lo tanto, una cesación verdadera del sufrimiento.

Lo que le da a nuestra mente la fortaleza para permanecer con un entendimiento correcto de la realidad, para cortar de tajo todas las emociones destructivas, es la motivación. Aquí es donde entran el amor, la compasión y demás. Dado que vemos que todos estamos interconectados y que todos son iguales a nosotros en su deseo de felicidad, necesitamos deshacernos de nuestra confusión para ser capaces de ayudarlos plenamente.

Esta es la presentación básica de las Cuatro Verdades Nobles. Para entenderlas a mayor profundidad, necesitamos aprender un poco más acerca del entendimiento budista de la mente y el karma.

Video: El 14º Dalai Lama — “Paz mental desde una perspectiva budista”
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Resumen

Si bien el budismo tiene mucho en común con muchas otras tradiciones religiosas y sistemas filosóficos, las Cuatro Verdades Nobles, la primera enseñanza del Buda, es una presentación única de la forma en que existimos, el sufrimiento que experimentamos y cómo podemos superar nuestros problemas.

Con frecuencia el Buda es comparado con un doctor. Un doctor confirmará que estamos enfermos, así como el Buda señaló la multitud de sufrimientos que los seres experimentan. Un doctor buscará la causa de nuestra enfermedad, así como el Buda señaló que la causa verdadera es la confusión acerca de cómo existimos. Después nos dirá si podemos curarnos o no, y nos dará medicina si es que es posible. De la misma forma, el Buda enseñó la cesación verdadera y la forma de llegar a ella. En última instancia, corresponde a cada uno de nosotros tomar la medicina o recorrer el camino, si deseamos superar nuestro propio sufrimiento.

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