Impulsos kármicos constructivos
Un impulso kármico constructivo es refrenarse de hacer, decir o pensar algo destructivo. Así como hay diez acciones destructivas especificadas como amplias categorías, hay diez constructivas, divididas en tres del cuerpo, cuatro del habla y tres de la mente, de acuerdo con la acción destructiva de la que se refrenan. El camino de llevar a cabo un impulso kármico constructivo, sin embargo, no es simplemente abstenerse de hacer algo destructivo. Para que se complete, implica primero ver que, si actuáramos destructivamente, sería muy autodestructivo y tendría muchos resultados negativos, entonces, sobre la base de tener esto como nuestra motivación, actuar de tal manera que nos refrenemos de cometer ese acto, y al final, realmente detenernos de hacerlo.
Cualquier acción constructiva, como su opuesto, tiene cuatro factores que necesitan estar completos para que la acción genere sus resultados más poderosos (yan-lag bzhi):
- Una base u objeto hacia el cual o con el cual se dirigirá la acción
- Un marco mental motivador
- Un método implementado para causar que la acción ocurra
- El logro de la compleción de esa acción.
Consideremos el caso de refrenarnos de tomar la vida de alguna criatura, por ejemplo, una mosca. La mosca misma es la base u objeto al que está dirigido nuestro impulso kármico constructivo de no matar y nuestra acción verdadera de refrenarnos. El marco mental de detenernos de aplastarla debe provenir de una motivación, primero, de ver las desventajas que surgirían de matarla, luego pensar que, debido a esto, no sería en absoluto apropiado aplastarla, y finalmente la fuerte intención de refrenarnos de hacerlo. Cuando esta intención se fortalece, la verdadera acción constructiva es conscientemente controlarnos y no matarla, mientras seguimos viendo las desventajas que surgirían por aplastarla. Nuestra acción se completa cuando firmemente decidimos rehusarnos a matar a esta mosca porque vemos los resultados de sufrimiento que provienen de acortar una vida.
El mismo tipo de análisis puede hacerse para las cuatro partes necesarias con el fin de que se completen las otras nueve acciones constructivas. Por lo tanto, nos detendríamos de irnos de un restaurante sin pagar u ocultar un objeto del supermercado en nuestra bolsa, tener un amorío con nuestro vecino o hacer el amor en los meses finales de embarazo de nuestra esposa, mentir acerca de nuestro pasado, decirle cosas malas de un compañero discípulo a nuestro mentor espiritual, maltratar a nuestro amigo con rudeza cuando comete un error, interrumpir a nuestro maestro con preguntas tontas y sin sentido sobre temas sin importancia, pensar en salir a comprar el último modelo de automóvil porque nuestro vecino acaba de comprar uno, pensar en golpear al bebé porque su llanto nos irrita, o pensar en tratar de refutar la existencia de los reinos sin gozo porque no nos agrada la idea de que existan.
Nos detendríamos de cometer todas estas acciones destructivas debido a nuestra fuerte conciencia de los resultados de sufrimiento que provendrían de no ejercer el autocontrol. Por lo tanto, cuando actuamos positivamente para refrenarnos de las acciones destructivas, estamos tomando una medida preventiva consciente para evitar problemas y sufrimiento que surgirían en el futuro, tanto en un peor estado de renacimiento como con las repercusiones en vidas humanas posteriores.
Así como hay tres tipos de resultados que provienen de las semillas kármicas y la fuerza kármica negativa de las acciones destructivas, de igual manera, hay tres tipos provenientes de las semillas kármicas y la fuerza kármica positiva de las acciones constructivas:
- Resultados madurados
- Resultados que corresponden a su causa, tanto en nuestra experiencia como en nuestra conducta instintiva
- Resultados dominantes.
[1] Si mantenemos la autodisciplina ética de practicar las diez acciones constructivas, incluso sin un entendimiento de la realidad, pero con una poderosa fuerza y las plegarias y actitudes de largo alcance apropiadas, podemos cosechar como su primer resultado un renacimiento con los factores agregados de la experiencia de un ser divino en los planos superiores de la existencia samsárica, aquellos de formas etéreas (reino de la forma) o de los seres sin forma (reino sin forma). Si hacemos esto con mediana fuerza, podemos obtener aquellos de un ser divino en el plano de los deseos sensoriales (reino del deseo); y con una fuerza menor, aquellos de un ser humano. El criterio para determinar el poder de la fuerza de nuestras acciones constructivas es el mismo que aquellos mencionados con respecto a las destructivas.
[2] En cuanto a los resultados que corresponden a su causa y que cosecharemos en alguna vida humana posterior, estos son los opuestos de sus contrapartes que provienen de las fuerzas kármicas negativas. Al rehusarnos a matar, tendremos una larga vida e instintivamente nos refrenaremos de matar. Al rehusarnos a robar, tendremos gran riqueza y seremos naturalmente honestos. Al rehusarnos a involucrarnos en conducta sexual inapropiada, tendremos un matrimonio feliz y pacífico y nunca nos sentiremos tentados a tener un amorío extramarital. Al rehusarnos a mentir, nuestras palabras serán tomadas como autoridad e instintivamente diremos la verdad. Al rehusarnos a hablar de forma divisoria, tendremos buenas relaciones con los demás y una disposición naturalmente amigable, y así sucesivamente.
[3] Los resultados dominantes también pueden conocerse revisando los de las acciones destructivas. Por ejemplo, naceremos en un lugar donde los alimentos son abundantes, en donde la comida, la bebida y las medicinas son efectivas para volvernos saludables y fuertes; o en una tierra con riqueza y prosperidad, en donde tendremos abundantes objetos materiales para disfrutar; o en un lugar con alrededores limpios y hermosos, en donde no hay peligro de que ataquen a nuestra esposa, y demás. Todo lo beneficioso y deseable puede lograrse como resultado de nuestra práctica de estas acciones constructivas.
En el Sutra de los diez niveles de la mente (del Arya Bodisatva) (mDo-sde sa-bcu-pa, sct. Daśa-bhūmika Sūtra), el Buda dijo:
Construyendo los hábitos beneficiosos de estos diez, mientras estás aterrorizado por los problemas incontrolablemente recurrentes del samsara y, aunque careces de compasión sincera, sigues las palabras de los demás, puedes alcanzar los resultados de ser un shrávaka. Al entrenarse en ellos, también sin compasión sincera, pero al desear alcanzar tu pleno potencial sin tener que confiar en nadie más y al ser también consciente del surgimiento dependiente, puedes realizarte al convertirte en un pratyekabuda. Al entrenarte en ellos con una visión muy amplia y vasta, teniendo compasión sincera, habilidad en medios y grandes plegarias de aspiración, sin abandonar jamás el destino de todos los seres limitados y, al estar dirigido también al darse cuenta extremadamente profundo de los Budas, puedes darte cuenta de todos los niveles de la mente de un bodisatva y de cada actitud de largo alcance; y al estar plenamente entrenado en sus aspectos, puedes realizar todas las medidas del Dharma para convertirte en un Buda.
Así, nunca menospreciamos el poder positivo del pensamiento, el habla y la acción constructivas.
Resumir e indicar aparte los parámetros que afectan la fuerza de los resultados que tendrá cualquier acción
En general, sea que hagamos algo constructivo o destructivo, la fuerza de los resultados variará de acuerdo con cuatro parámetros que afectan la fuerza de los resultados de una acción (stobs-ldan-gyi las-kyi sgo-bzhi):
- El campo de nuestra acción (zhing, sct. kṣetra)
- Nuestro nivel de confianza (rten)
- El fenómeno involucrado (chos, sct. dharma)
- Nuestro marco mental motivador.
[1] El campo de nuestra acción se refiere a la persona o ser que es el objeto o receptor de algo que hacemos. Así, dar ayuda material a una persona ordinaria, a nuestros padres, a un monje o una monja, a un bodisatva, a un Buda y a nuestro mentor espiritual, tiene efectos benéficos de incrementar la fuerza. Incluso visualizar a nuestro maestro en una forma iluminadora y hacer ofrendas es una práctica poderosa porque brinda un campo abundante para el crecimiento espiritual.
Lo importante que se señala aquí es la fuerza de los resultados, no en términos de la cantidad de sufrimiento que nuestra ayuda material alivia o la necesidad de quien recibe nuestra ayuda, sino simplemente en términos de la amabilidad que el receptor nos ha mostrado a nosotros y a los demás, la meta pura hacia la cual se dirigen o que han alcanzado y sus buenas cualidades.
Asimismo, si actuamos destructivamente hacia campos tan generosos, los resultados similarmente serán más graves que si le hubiéramos hecho lo mismo a una persona ordinaria. Debemos ser especialmente cuidadosos de no ser irrespetuosos o destructivos hacia aquellos de quienes hemos tomado nuestra dirección segura en la vida. Las consecuencias solo pueden ser desastrosas. Por ejemplo, si una persona laica toma sin permiso algo que pertenece o está destinado al uso exclusivo de la Sangha, los resultados son muy graves. De igual manera, como lo apuntamos antes, el enojo dirigido a un bodisatva puede devastar toda nuestra fuerza kármica positiva.
[2] Nuestro nivel de dependencia en la creencia en los hechos o nuestro compromiso con las leyes de causa y efecto, también cuentan como una diferencia en los resultados de nuestras acciones. Supongamos que sabemos que cierta acción es destructiva, pero, careciendo de suficiente autocontrol, la cometemos de todas formas. Si también sabemos cómo podemos purificarnos de los resultados de sufrimiento mediante la admisión abierta de que hemos cometido un error y la aplicación de las cuatro fuerzas oponentes -sentir arrepentimiento, prometer evitar repetirla, reafirmar nuestra dirección segura y el anhelo por la bodichita, e involucrarse en conducta remediadora- y luego realmente las invocamos, los resultados de nuestra acción destructiva se debilitarán, si no es que se eliminarán por completo. Sin embargo, si sabemos todo esto y luego, menospreciando el poder de estos oponentes, deliberadamente cometemos la acción destructiva y, con arrogancia, no hacemos nada para tratar de purificarnos a nosotros mismos de sus resultados de sufrimiento, las consecuencias serán mucho más graves.
Además, hay una gran diferencia en la fuerza de nuestras acciones dependiendo de si hemos tomado algún voto o no. Supongamos que nos refrenamos de matar una mosca. Si lo hacemos como una decisión arbitraria y espontánea, o como parte de una promesa personal que hicimos de no matar nada esta semana, o con relación a mantener en esta vida los cinco votos pratimoksha de una persona laica (dge-bsnyen sdom-pa lnga), o los 36 como novicio, o los 253 como un monje plenamente ordenado, o en conexión con conservar los votos del bodisatva durante todas nuestras vidas, hasta que alcancemos la iluminación o, además, los votos tántricos – en cada caso, nuestra acción constructiva se vuelve progresivamente más fuerte. De igual manera, si sacrificamos una oveja como un incidente aislado cuando estamos a punto de morir de hambre, o como parte de nuestra decisión de trabajar en un matadero durante el verano, o en conexión con la no restricción declarada (sdom-pa ma-yin-pa, no voto) de matar que tomamos cuando firmamos el contrato para convertirnos en mataderos profesionales por el resto de nuestra vida – en cada caso nuestra acción destructiva de matar tendrá un resultado más poderoso. La diferencia surge de nuestros diversos niveles de compromiso, ya sea por refrenarnos de ser destructivos o por no ejercer ninguna restricción en absoluto.
Así como una acción impulsiva de cuerpo y habla, cuando está fuertemente motivada, tiene tanto una forma reveladora como una forma no reveladora de su energía constructiva o destructiva, esto aplica también a tomar un voto, una no restricción declarada, una restricción temporal o una no restricción que no es declarada. Una simple acción de refrenarnos de matar tiene sus formas reveladoras y no reveladoras del impulso kármico y de la fuerza kármica positiva.
La simple acción de refrenarnos de matar no tiene, sin embargo, ninguna forma reveladora adicional dado que el anhelo motivador es demasiado débil como para generar una. Cuando la misma acción se hace sobre la base de una restricción no declarada temporal, sí construye una “forma no reveladora de energía constructiva” adicional (rig-min-gyi dge-ba, sct. avijñapti-kuśala). Sin embargo, esto se pierde tan pronto como termina el periodo para el cual se estableció la restricción no declarada. Cuando la restricción va acompañada de un voto tomado para toda la vida o para todas nuestras vidas hasta la iluminación, la forma no reveladora de energía constructiva construida por los votos, continúa como una fuerza kármica positiva hasta que termina esta vida o, en el último caso, hasta que alcanzamos la iluminación. Así, sea que estemos despiertos o dormidos, la fuerza kármica positiva en nuestro continuo mental, sigue existiendo e incluso creciendo. Mientras más la conservemos, más fuerza kármica construirá. Un análisis similar es cierto para una simple acción destructiva, una que se hace sobre la base de una no restricción no declarada temporal y sobre la base de una no restricción declarada tomada de por vida.
Las siguientes analogías pueden quizás ayudar a entender cómo la forma no reveladora de la energía constructiva de un voto o de la energía destructiva de una no restricción declarada construye más fuerza kármica positiva o negativa en nuestro continuo mental, independientemente de lo que hagamos. Supongamos que donamos los fondos o nuestro trabajo para la construcción de un templo. La forma reveladora de nuestro impulso kármico constructivo termina cuando completamos nuestra acción de presentar el dinero o hacer el trabajo. La forma no reveladora de esta energía constructiva, sin embargo, continúa en nuestro continuo mental y, sucesivamente, se incrementa la fuerza kármica positiva de esta energía cada vez que el templo se usa en una ceremonia para honrar a los maestros espirituales o en un discurso del Dharma. Lo mismo es cierto con respecto a nuestra fuerza kármica negativa cada vez que un matadero o una horca se utiliza para un sacrificio o una ejecución. [Como cita Vasubandhu en “Tesoro de temas especiales de conocimiento” IV.25–44; y Tsongkhapa en “Gran comentario sobre el texto de (Nagáryuna) Versos (Raíz sobre el Camino Medio llamado) darse cuenta que discrimina”, 300–301].
[3] Lo que está involucrado en nuestra acción también explica diversos resultados. Darle a una persona enseñanzas del Dharma produce un mayor beneficio que darle ayuda material. Asimismo, ofrecerle nuestra práctica de Dharma a nuestro mentor espiritual tiene resultados más poderosos que ofrecerle flores.
[4] Por último, nuestro estado mental motivador explica mucha de la fuerza de los resultados que experimentamos. Hay una gran diferencia en los resultados de una acción constructiva si la hacemos solamente por nuestro propio beneficio, o con el fin de ayudar a los demás, o si lo hacemos con la intención de mejorar esta vida, las vidas futuras, para obtener la liberación o la iluminación para beneficiar a todos. Si ofrecemos una ceremonia para honrar a los maestros espirituales y lo hacemos con un anhelo por la bodichita, experimentaremos un resultado mucho más fuerte que si asistimos simplemente porque nos sentimos obligados o porque queremos presumir nuestro nuevo vestido o traje.
Una acción destructiva también se vuelve más grave cuanto mayor es el daño que pretendemos causar. Además, el poder de cualquier acción aumenta en términos de la fuerza de nuestra motivación y del tiempo que la hayamos mantenido. Una intención de hacer algo que se ha desarrollado y aumentado a lo largo de muchos años conducirá a una acción con mayores resultados que un impulso súbito de hacer lo mismo. De manera similar, hacer algo deliberadamente con gran fuerza apremiante y urgencia es mucho más poderoso que actuar casualmente sin realmente tener la intención de hacer lo que hacemos.
En el texto de Asanga, Antología de temas especiales de conocimiento, se mencionan nueve parámetros para hacer que los resultados de una acción sean poderosos:
- El campo de nuestra acción
- El fenómeno involucrado
- La naturaleza del acto
- La base de aquel a quien está dirigida
- Nuestra consideración
- Nuestro marco mental motivador
- Las condiciones que sostienen nuestra acción
- Su frecuencia
- El número de personas haciendo la misma acción que nosotros.
La diferencia de acuerdo con el campo de la acción se refiere a la cantidad de amabilidad o buenas cualidades del objeto de nuestro acto, mientras que la base se refiere al estatus o logros de esa persona, como si acaba de terminar un retiro largo o si está muy enferma. Nuestra consideración (yid-la byed-pa, sct. manasikāra) es la cantidad de respeto que tenemos por el objeto; las condiciones sustentadoras (grogs) son nuestro nivel de votos; mientras que cualquier acción, sea constructiva o destructiva, se vuelve más poderosa mientras mayor sea el número de personas (skye-bo mang-po) involucradas en llevarla a cabo.
Este último factor significa que, si el acto de sacrificar a una oveja involucra a una persona, la acción construye una fuerza kármica negativa en el continuo mental de una persona de sacrificar a una oveja, mientras que, si diez personas están involucradas, la misma acción construye fuerza kármica negativa de matar una oveja en diez continuos mentales diferentes. No es que la acción construya una fuerza kármica más poderosa en el continuo mental de cada persona, como si cada uno hubiera cometido el sacrificio por sí solo. Lo mismo se puede entender cuando muchas personas juntas llevan a cabo una acción constructiva, tal como participar en una ceremonia para honrar a los maestros espirituales y luego dedicar la fuerza positiva para un objetivo positivo.
Debemos considerar todos estos factores y parámetros que pueden hacer que nuestros resultados y acciones sean más poderosos. Esto es debido a que, si somos conscientes de las leyes de causa y efecto conductual, podemos construir una enorme cantidad de fuerza kármica positiva y experimentar resultados benéficos vastos al hacer incluso pequeñas acciones constructivas de la manera más fuerte con una cantidad mínima de obstáculos y dificultades. También podemos reducir las desastrosas consecuencias de nuestra conducta destructiva si estamos igualmente conscientes.
Indicar otras formas de diferenciar las acciones kármicas
Impulsos kármicos que arrojan y que completan
Una distinción que se hace entre los impulsos kármicos es entre un impulso kármico que arroja (’phen-byed-kyi las) y un impulso kármico que completa (rdzogs-byed-kyi las). Ambos son impulsos kármicos para la acción de la mente que ocurre en el momento de la muerte y que afecta el renacimiento que tomaremos. Surgen como el resultado de los impulsos kármicos para acciones del cuerpo o el habla que han ocurrido, ya sea anteriormente en esta vida, o en una vida previa.
En el caso de un impulso kármico que arroja, esta acción de cuerpo o habla es una de las siete que hemos estado discutiendo. Después de que se comete la acción de cuerpo o habla, sobreviene una secuencia de iteraciones momentáneas como una semilla kármica. Más tarde, en este o en algún otro renacimiento, la semilla kármica es activada en el momento de la muerte, y un impulso kármico que arroja surge para empujar a la conciencia mental a tomar los elementos de un siguiente renacimiento como su soporte en el siguiente momento – primero, los elementos de un cuerpo de bardo. Después de un periodo en el bardo, surge otro impulso kármico que arroja que empuja a la conciencia mental a tomar los elementos del renacimiento real. Si el impulso kármico iniciador de cuerpo y habla fue constructivo, es definitivo que este es un renacimiento en uno de los tres mejores estados de renacimiento. Si fue destructivo, es definitivo que es un renacimiento en uno de los tres peores estados.
Un impulso kármico que completa se manifiesta al final de una secuencia de iteraciones de una semilla kármica que proviene de un impulso kármico para una acción de cuerpo o habla que, o bien pertenece a una de las siete -pero está débilmente motivada por una emoción destructiva o constructiva-, o bien consiste en cometer una acción destructiva o constructiva no incluida en la lista de siete. Madura junto con un impulso kármico que arroja y completa las circunstancias de nuestro renacimiento. No tiene certeza alguna de si tales circunstancias implican más o menos dificultades, ni si darán surgimiento a mejores o peores estados.
Existen cuatro posibilidades (mu-bzhi, tetralema):
- Por la fuerza tanto de un impulso kármico constructivo que arroja como de un impulso kármico constructivo que completa, podemos nacer para convertirnos en un emperador o rey chakravartin.
- Por la fuerza de un karma que arroja constructivo, pero un impulso kármico que completa destructivo, como un mendigo que siempre vivirá en pobreza.
- Por la fuerza tanto de un karma que arroja destructivo como de un impulso kármico que completa destructivo, podemos nacer como un ser atrapado en un reino sin gozo.
- Por la fuerza de un karma que arroja destructivo, pero un impulso kármico que completa constructivo, como perro mascota de Su Santidad el Dalái Lama.
También hay cuatro posibilidades con respecto a cuántos impulsos kármicos que arrojan resultan en cuántos renacimientos: ya sea un karma que arroja o muchos juntos pueden producir ya sea uno o una serie de renacimientos. Un crimen terrible puede producir una serie de renacimientos infernales, mientras que deben requerirse muchas acciones constructivas para obtener un preciado renacimiento humano. En cualquier caso, muchos impulsos kármicos que completan son necesarios para completar todas las circunstancias de cualquier renacimiento [como cita Asanga en “Antología de temas especiales de conocimiento”].
De acuerdo con el texto de Asanga Antología de temas especiales de conocimiento, para que un impulso kármico tenga la fuerza para ser capaz de arrojar como su resultado los factores agregados de la experiencia de un renacimiento futuro, al menos debe ocurrir con un nivel burdo de la mente. No podría suceder durante un estado profundo de concentración absorta en el que el nivel burdo de la mente se ha detenido temporalmente [Ver también Vasubandhu, “Tesoro de temas especiales de conocimiento” IV.95].
Impulsos kármicos sobre los cuales existe y no existe certeza de la vida en la que se empezarán a experimentar sus resultados
Hay algunos impulsos kármicos del cuerpo y el habla acerca de los cuales existe certeza de la vida en la que sus resultados empezarán a experimentarse (myong-nges-kyi las) y otros acerca de los cuales no existe tal certeza (myong-ba ma-nges-pa’i las). Entonces, la certeza no es acerca de si experimentaremos o no algún resultado de ellos. A menos que la continuidad de nuestra conciencia mental se purifique de las semillas kármicas de nuestros impulsos kármicos, una de las leyes del karma es que no se desperdiciarán; en algún momento madurarán. Esta variable solo tiene que ver con si hay certeza o no de la vida en la cual empezarán a suceder sus resultados. Los resultados involucrados aquí son la infelicidad como resultado de los impulsos kármicos destructivos y la felicidad como resultado de los impulsos kármicos constructivos.
Hay tres variedades de impulsos kármicos que tienen certeza:
- Impulsos kármicos cuyos resultados se experimentan en la forma de sucesos visibles (mthong-chos myong-’gyur-gyi las) – es certero que estos darán surgimiento a la infelicidad o felicidad durante esta vida.
- Impulsos kármicos cuyos resultados se experimentan después de tomar un renacimiento (skyes-nas myong-’gyur-gyi las) – es certero que estos darán surgimiento a ellos en nuestro renacimiento inmediatamente siguiente.
- Impulsos kármicos cuyos resultados se experimentan posteriormente, después de un número de vidas (lan-grangs gzhan-la myong-’gyur-gyi las) – es certero que darán surgimiento a ellos en alguna vida posterior a esta y harán lo mismo.
No es necesario que terminemos de experimentar estos resultados en el momento en que aparecen por primera vez. Lo que se especifica es la vida en que empezamos a experimentar sus resultados.
Impulsos kármicos reforzados e impulsos kármicos llevados a la acción
La diferencia entre impulsos kármicos acerca de los cuales existe certeza de la vida en la que se empezarán a experimentar sus resultados y aquellos acerca de los cuales no existe tal certeza, se determina por las variables de si el impulso kármico para una acción del cuerpo o del habla se ha llevado a la acción (byas-pa) o no, y si se ha construido y reforzado (bsags-pa, sct. upacaya) o no.
Un impulso kármico para una acción de cuerpo y habla es llevado a la acción si la acción es cometida y alcanza su conclusión. Es, además, construida y reforzada si ha sido precedida por una acción de la mente que ha deliberado (ched-du bsams-pa, sct. saṃcintya) y alcanzado la decisión de cometer la acción. Si ha sido precedida de esa manera, entonces, incluso si no cometemos la acción de cuerpo o habla, construimos, en el continuo de nuestra conciencia mental, una semilla kármica de la acción de cuerpo o habla que aún no acontece.
Existen cuatro posibilidades. Por ejemplo, en el caso de que la acción del cuerpo sea quitarle la vida a alguien:
- Hacerlo sin saber o en un sueño, o sin alguna razón en especial, sino “solo por el hecho de hacerlo” (ched-du ma-byas-pa’i las), o ser forzados por alguien más a hacerlo en contra de nuestra voluntad, o hacerlo diferente a como lo habíamos planeado, o por error, o por carecer de presencia mental, o hacerlo a medias solo una vez y luego sentir arrepentimiento inmediato y prometer nunca hacerlo de nuevo – en tales casos, el impulso kármico de nuestro cuerpo ha sido llevado a la acción, pero no ha sido construido (byas-la ma-bsags-pa’i las).
- Trabajar, durante un largo tiempo, en todos los detalles y planes de un asesinato, y luego no llevar a cabo la acción – en cuyo caso, un impulso kármico aún no acontecido de nuestro cuerpo se ha construido, pero no se ha llevado a la acción y, por lo tanto, no es reforzado (bsags-la ma-byas-pa’i las).
- Cometer un asesinato premeditado – en cuyo caso, el impulso kármico de nuestro cuerpo ha sido llevado a la acción, construido y reforzado (byas-la bsags-pa’i las).
- Casi atropellar a alguien con nuestro automóvil – en cuyo caso, un impulso kármico de nuestro cuerpo nunca ha sido llevado a la acción ni ha sido construido (ma-byas-shing ma-bsags-pa’i las).
Solamente un impulso kármico para una acción del cuerpo o del habla que ha sido llevado a la acción, construido y reforzado tiene certeza de la vida en la cual empezará a madurar. Todos los demás carecen de esa certeza.
En el caso de un impulso kármico para una acción de la mente (pensar en y decidir cometer una acción del cuerpo o del habla), no puede haber una que hayamos construido (deliberado) sin realmente llevarla a la acción en el proceso; y en el caso de uno para una acción de la mente que hemos cometido, no puede haber uno que hayamos cometido sin alguna razón especial sino “solo por hacerlo”, ni uno en el cual hayamos sido forzados por alguien más en contra de nuestra voluntad. Sin embargo, todas las demás posibilidades pueden ocurrir. [Como cita Asanga en “Un texto todo incluyente par la base real”; y como cita Asanga en “Un texto todo incluyente para los logros” (gTan-la dbab-pa bsdu-ba, sct. Viniścaya-saṃgraha)].
En el texto de Asanga, Antología de temas especiales de conocimiento, se mencionan cinco tipos de acciones sobre las cuales tampoco hay certeza acerca de la vida en la que empezaremos a experimentar sus resultados:
- Aquellos que surgen ante el impulso de las órdenes de alguien más, por ejemplo, cuando un capitán fuerza a un soldado a dispararle a alguien.
- Aquellos que surgen ante el impulso de la solicitud insistente de alguien más, tal como cuando una persona con una enfermedad terminal o mortalmente herida nos suplica que pongamos fin a su sufrimiento.
- Aquellos que surgen de nuestro propio no darnos cuenta, cuando no sabemos que lo que hacemos es destructivo.
- Aquellos que surgen de una compulsión incontrolable debido a una de las tres emociones y actitudes perturbadoras raíz del deseo anhelante, la hostilidad o la cerrazón mental.
- Aquellos que surgen de nuestro entendimiento incorrecto, como cuando pensamos hacer algo útil, pero por ingenuidad hacemos lo incorrecto.
Sin embargo, si estos últimos dos se construyen con deliberación y luego realmente son llevados a la acción, ya no hay ninguna incertidumbre en torno a ellos. Con certeza experimentaremos sus resultados.
Hay ocho tipos de acciones cuyos resultados experimentaremos con certeza en la forma de sucesos visibles durante esta vida:
- Las acciones destructivas provocadas por una consideración extrema hacia nuestro cuerpo, pertenencias o hacia la existencia compulsiva.
- Las acciones constructivas provocadas por una falta de consideración extrema hacia estos tres.
- Pensamientos extremos de malicia hacia cualquier ser limitado.
- Pensamientos extremadamente fuertes de compasión y deseos de ser de ayuda para los demás.
- Pensamientos extremadamente fuertes de dañar a las Joyas Raras Supremas, a nuestros mentores espirituales y demás.
- Acciones extremadamente fuertes producidas por una creencia respetuosa y una firme convicción en tales objetos.
- Acciones destructivas producidas por una falta de gratitud y con las que competimos contra aquellos que más nos han ayudado, como nuestros padres, nuestro mentor espiritual y demás.
- Acciones extremadamente fuertes generadas por el deseo agradecido de retribuir la amabilidad de aquellos que más nos han ayudado.
[Como cita Asanga en “Texto todo incluyente para la base real”].
Un ejemplo de una acción de cuyos resultados tenemos certeza después de tomar un renacimiento sería cualquiera de las diez acciones constructivas que tienen el poder de arrojarnos a otro renacimiento humano en nuestra próxima vida. Un ejemplo de una acción cuyos resultados se experimentarán con certeza más adelante después de un cierto número de vidas, sería cualquier acción constructiva que puede causarnos que renazcamos como humano en alguna vida posterior a la siguiente.
En el texto de Asanga, Antología de temas especiales de conocimiento, se menciona otra división de:
- Acciones cuyos resultados serán experimentados en común (las thung-mong-ba, karma colectivo)
- Acciones cuyos resultados serán experimentados no en común (las thun-mong ma-yin-pa)
- Acciones cuyos resultados serán experimentamos mutuamente por varios seres limitados (sems-can rnams-kyi phan-tshun-gyi dbang-gis ’byung-ba’i las).
El primero es karma compartido por todos en común de tal forma que resulta en el ambiente mundano en el que todos viven o una epidemia que todos contraen. El segundo son acciones kármicas hechas exclusivamente por una persona y que resultan en su propio mundo interior mundano de experiencias no compartido con nadie más, tal como que una persona aislada contraiga una enfermedad muy rara. El tercero son acciones cometidas por varias personas juntas que resultan en algo que solo ellas experimentarán y nadie más, tal como los reinos sin gozo ocasionales o una histeria compartida.
Considerar aspectos específicos de la causa y efecto conductual
Al haber considerado todos los sufrimientos y problemas de los tres peores estados de renacimiento y al haber visto que son el resultado de pensar, hablar y actuar negativamente, hemos decidido firmemente seguir la dirección segura indicada por las Tres Joyas Raras y Supremas. Por lo tanto, nos hemos determinado a dejar de cometer las diez acciones destructivas y solo practicar las constructivas. Como resultado, podemos protegernos de caer en uno de los peores estados de renacimiento en la vida siguiente y, en lugar de ello, alcanzar los factores agregados de la experiencia de un humano o de algún ser divino.
Sin embargo, simplemente alcanzar todo esto no es suficiente. Si deseamos alcanzar no solamente un estatus superior, sino también un estado superlativo ya sea de liberación o iluminación, la realización de nuestro potencial más pleno, necesitamos la mejor base de trabajo posible. Tal base no es solo una preciada vida humana con todos sus respiros y rica en oportunidades, sino una con las ocho buenas cualidades maduradas (rnam-smin-gyi yon-tan brgyad) que permiten el más veloz progreso espiritual y la menor cantidad de obstáculos.
Las ocho buenas cualidades maduradas
Las ocho buenas cualidades maduradas son:
- Una larga vida (tshe ring-ba), en términos tanto de nuestra expectativa de vida como de nuestro éxito al vivirla plenamente.
- Un cuerpo sano, hermoso y robusto (gzugs bzang-ba), con facultades sensoriales completas y excelentes rasgos, tez y constitución física, de tal forma que todos encuentran placentera nuestra apariencia.
- Una familia buena, respetada (rigs mtho-ba), que goza de renombre y ostenta el respeto y la estima de nuestra comunidad, país, e incluso del mundo.
- Una gran riqueza, tanto en el sentido material, como en términos de una riqueza de amigos, familiares y conocidos, y con control e influencia sobre esa riqueza (dbang-phyug che-ba).
- Honestidad y credibilidad en la palabra (tshig-brtsun), de modo que todos nos consideran una fuente digna de confianza para resolver cualquier duda o disputa.
- Una reputación de ser alguien con gran poder (dbang che-bar grag-pa, sct. maheśākhya) para ayudar a los demás, alguien con cualidades tan sobresalientes como la valentía y la diligencia al entregarse a los demás, de modo que todos desean solamente complacernos.
- Ser un hombre (skyes-pa-nyid yin-pa), en el sentido de tener esos poderes y rasgos masculinos que son constructivos, como ser fuertes, intrépidos y ecuánime.
- Fortaleza de cuerpo (lus-stobs) y mente (sems-stobs), con la resistencia y fuerza de voluntad de no cansarse, enfermarse o derrumbarse ante ninguna circunstancia.
Puesto de otra manera, estas cualidades están relacionadas con nuestra habilidad de quedarnos en un mejor estado de renacimiento, con nuestros cuerpos, nacimiento, medios materiales y amigos, nuestra credibilidad, reputación, nuestra habilidad para ser un recipiente para alcanzar todas las buenas cualidades, así como nuestra fortaleza para enfrentar cualquier tarea.
Los beneficios de las ocho buenas cualidades maduradas
Como resultados madurados, estas ocho cualidades en sí mismas no son ni constructivas ni destructivas, ni buenas ni malas. Sin embargo, si las poseemos -y, mediante conocer lo que se puede lograr con ellas, las utilizamos adecuadamente- se pueden convertir en las circunstancias que nos ayuden a construir más fácilmente un entramado de fuerza positiva beneficioso para nosotros y para los demás. Si no las poseemos, pero estamos conscientes de sus funciones y de los beneficios de tenerlas, nos sentiremos motivados a tratar de alcanzarlas. Hacemos plegarias, no solamente para renacer con estas cualidades, sino para ser capaces de utilizarlas adecuadamente. Como el poder, pueden ser peligrosas si se usan inapropiadamente.
[1] Con una larga vida, podemos llevar a término muchas iniciativas constructivas para nosotros mismos y para los demás. Seremos capaces de ayudar y servir a otros por un largo periodo, de tal forma que podremos atender sus necesidades conforme crecen y se desarrollan. Al tener el tiempo de actualizar y, luego, de mantener actualizadas por mucho tiempo muchas metas positivas que pueden actuar como una raíz para traer felicidad a todos, podemos viajar el camino para el progreso espiritual hasta su fin último. Dado que toma mucho tiempo construir hábitos benéficos de la mente, si morimos jóvenes será difícil alcanzar maestría en cualquiera de ellos.
[2] Con un cuerpo sano, hermoso y robusto, atraeremos potenciales discípulos, incluso solo por nuestro aspecto. Los demás se acercarán naturalmente a nosotros, escucharán lo que tenemos que decir y se sentirán inclinados a aceptarlo. Tan solo por nuestra buena apariencia, los demás tendrán una creencia respetuosa en nosotros, como fue el caso con Atisha y el discípulo de Milarepa, Rechungpa. De esta manera, seremos capaces de llegar a un mayor número de personas mucho más fácilmente. Por otro lado, si estamos feos, deformes o enfermos, producto de la ingenuidad y la superstición, los demás nos encontrarán repulsivos y se alejarán. Tendremos que superar muchos de sus prejuicios para poder comunicarnos con ellos, ni qué decir serles de ayuda.
[3] Al nacer en una familia buena y respetable, la gente prestará atención a nuestros consejos con respecto a su bienestar y seguirán obedientemente nuestras sugerencias. Ni siquiera se les ocurrirá cuestionar nuestra capacidad. En algunos países, si nacemos en una clase o casta social baja, las personas nos menospreciarán como si fuéramos inferiores. ¿Cómo podríamos saber más de la vida que ellos? Aunque tal actitud se basa en la ingenuidad y el orgullo, sería muy difícil llegar a tales personas si nacemos con un estigma social.
[4] Al tener una gran riqueza de prosperidad material y amigos y posicionarnos al respecto, seremos capaces de atraer a otros inicialmente por ser personas generosas y por ayudarlos con sus necesidades materiales. Luego, podremos atender poco a poco sus necesidades espirituales indicando las medidas del Dharma que es necesario tomar en la vida. Si somos pobres y no tenemos amigos influyentes, será difícil que ayudemos cuando alguien acude a nosotros con necesidades.
[5] Con honestidad y credibilidad de palabra, inspiraremos confianza en los demás para que consideren lo que decimos como verdadero. Mediante hablar con amabilidad, animar y dar ejemplo, naturalmente reuniremos a los demás bajo nuestra buena influencia. De esta manera, seremos capaces de hacerlos madurar como personas amables y cálidas. Si nadie cree en lo que decimos y todos piensan que somos tontos o hipócritas, ¿cómo podríamos enseñar algo a alguien o ponernos como un buen ejemplo?
[6] Si tenemos una reputación de ser alguien con un gran poder para ayudar a los demás, entonces, al siempre ayudar a los demás a lograr sus metas constructivas, nos ganaremos la gratitud de todos. Nadie dudará en hacer lo que sea que les pidamos. Ayudar a los demás es un medio más efectivo que la agresión para influenciar a los demás para que hagan lo que es bueno para ellos. Los súbditos de un gobernante benevolente nunca pensarían en transgredir su buen consejo y recomendaciones, mientras que los súbditos de un tirano o un dictador solo pueden pensar en formas de rebelarse. Además, si nunca hacemos nada para beneficiar a los demás ni tenemos la reputación de tener el poder de ayudar, nadie acudirá a nosotros ni escuchará lo que podamos sugerir.
[7] Independientemente de nuestro género, si somos un hombre en el sentido de ser fuertes, intrépidos y ecuánimes, somos un recipiente para alcanzar todas las buenas cualidades, un recipiente para lograr todas las empresas a través de nuestras fuertes intenciones y trabajo diligente. Seres valientes, independientemente del círculo en el que nos encontremos. No nos avergonzaremos de pronunciarnos por lo que sabemos que es correcto o por indicar el Dharma frente a cualquier multitud. Si somos ecuánimes y objetivos, tendremos el amplio darse cuenta que discrimina para diferenciar todas las cosas sutiles que están sucediendo y manejar cualquier situación que pueda surgir. Si somos una persona demasiado emocional, cobarde o débil, o alguien grosero, militante y de corazón frío, nuestra capacidad para ayudarnos a nosotros mismos y a los demás se verá seriamente obstaculizada.
Además, simplemente ser un varón tiene varias ventajas en sí mismo. En esta época degenerada, las mujeres enfrentan más dificultades debido a la discriminación social basada en la ingenuidad. En algunos países no se les permite ni siquiera salir de su casa. Como varones, tendremos menos dificultades de ir a cualquier lugar, hablar con cualquier persona, compartir una comida y demás. Esto es porque tendremos menos preocupaciones acerca de que las personas tengan una idea equivocada o intenten hacernos insinuaciones, aunque esto aún puede ser un problema. Tendremos menos interferencias y obstáculos para vivir solos, sin ser molestados, en lugares aislados y silenciosos, dado que correremos menos peligro de ser atacados o molestados.
Esto no quiere decir que como mujeres no podamos alcanzar la iluminación en esta misma vida. Eso es definitivamente posible.
[Como cita Tsongkhapa, “Una explicación del (texto de Nagabodhi) ‘Etapas de la presentación (del Tantra de Guhyasamaja)’” (rNam-bzhag rim-pa’i rnam-bshad), 18b, citando el “Tantra de Guhyasamaja” XIII.24, como comenta Chandrakirti en “Una lámpara que ilumina” (sGron-gsal, sct. Pradīpa-uddyotana)].
El punto es que una mujer tiene más obstáculos sociales que superar, especialmente si nace en una tierra en la que las mujeres no son tratadas como iguales y carecen de derechos o de libertad personal. Sin embargo, esto no debería desalentarnos. Cuando Tara, plenamente realizada, era una mujer ordinaria en una vida anterior y desarrolló por primera vez la bodichita, se dio cuenta de que había muy pocas mujeres con la valentía y la autoconfianza para seguir todo el camino de crecimiento espiritual. Por lo tanto, hizo el voto intrépido de nacer siempre en una forma femenina hasta alcanzar la iluminación como mujer. Así lo hizo, ¡y cuántos seres ha logrado ayudar con su calidez reconfortante, su amabilidad y su entendimiento profundo!
[8] Con fortaleza de cuerpo, tendremos la resistencia para soportar grandes dificultades físicas, como lo hizo Milarepa, y hacer las prácticas que sean necesarias para alcanzar la iluminación. Con fortaleza de mente, tendremos una gran fuerza de voluntad y nunca encontraremos cansado trabajar para satisfacer los anhelos propios y de los demás. Nunca sentiremos que no podemos ser molestados. De hecho, encontraremos gran gozo en estas tareas. Por la estabilidad y autoconfianza que esto nos dará, alcanzaremos la fortaleza de mente para analizar y conocer la condición de cada persona y situación con la que nos encontremos. Esto actuará como una causa para rápidamente ser capaces de obtener poderes clarividentes de conciencia avanzada para leer la mente de los otros, ver su pasado y demás, lo cual nos permitirá ayudarlos aún más.
Las causas para alcanzar las ocho buenas cualidades maduradas
Cada una de estas ocho buenas cualidades maduradas que hacen posible que alcancemos nuestras metas espirituales más fácilmente con nuestras preciadas vidas humanas tienen sus causas. Si estamos convencidos de los beneficios de tener estas cualidades, naturalmente desarrollaremos un agudo interés en construir la fuerza kármica positiva que madurará en nuestro logro de ellas.
[1] Rehusarnos a matar o lastimar a cualquier criatura viva; salvar la vida de las personas, animales e insectos, tal como adoptar perros del refugio, ovejas del matadero, rescatar insectos que se ahogan en una pila de agua; trabajar para liberar del cautiverio a personas, animales y demás tal como, incluso, liberar peces dorados de su pecera y pájaros de sus jaulas; alimentar a los demás; cuidar y dar medicinas a los enfermos, etc., son todas causas para lograr una larga vida.
[2] Construir un hábito de paciencia y no enojarse; ofrecer lámparas de mantequilla y velas a estatuas y thangkas de los Budas ante colecciones de sus obras escritas y estupas para honrarlos; encargar o elaborar nosotros mismos nuevas estatuas, thangkas, grabados y estupas; reparar tales representaciones del cuerpo iluminador, palabra iluminadora y del darse cuenta omnisciente del Buda cuando envejezcan o se desgasten; pintarlas o cubrirlas con hoja de oro; ofrecer nuevos hábitos para las estatuas y fundas de tela para los textos; regalar a otras personas ropa nueva, joyería y demás son las causas para tener un cuerpo saludable, atractivo y robusto.
[3] Seamos laicos o hayamos tomado los hábitos, no ser presumidos ni alardear con arrogancia sobre nuestras habilidades, educación, clase social, autodisciplina ética, inteligencia, seguidores, vestimenta, pertenencias y demás; disipar nuestro orgullo y mostrar respeto a los demás, por ejemplo, al postrarnos ante nuestros mentores espirituales y ser un sirviente de la humanidad; ser humildes y asumir una posición inferior; respetar a nuestros maestros, aquellos que han entrado a la vida monástica y a nuestros mayores; servir a aquellos que han sido amables con nosotros, especialmente nuestros padres y aquellos que tienen grandes cualidades; y ayudar a los necesitados, enfermos y pobres, son todas causas para nacer en una familia buena y respetable.
[4] Volver a pintar estatuas y demás de los budas y ofrecerles hoja de oro y nuevos hábitos; darle comida, ropa y dinero a los mendigos y a aquellos que soliciten nuestra caridad; ayudar a tales personas en necesidad por nuestra propia iniciativa, sin hacerlos arrastrase ni suplicar; presentar obsequios a las personas con buenas cualidades o a aquellos que tienen problemas cuando alguno de ellos carezca de recursos; construir el poderoso hábito del amor con el cual deseamos que todos sean felices; reunir a los amigos y familiares que están separados y eliminar malentendidos son las causas para una gran riqueza y prosperidad material y de amigos, así como poder expresar nuestra opinión al respecto.
[5] Ejercer un gran cuidado acerca de lo que decimos; mantener nuestra palabra; y deshacernos firmemente de las cuatro acciones destructivas de palabra son las causas para tener honestidad y credibilidad en la palabra.
[6] Mostrar respeto a objetos especiales dignos de veneración, tales como los maestros espirituales, las Tres Joyas Raras y Supremas, nuestros padres y también los ancianos en general; hacer ofrendas para ellos de nuestros servicios y bienes; hacer plegarias por nuestro logro de todas las buenas cualidades maduradas; no abusar de cualquier poder de autoridad que tengamos, son todas las causas para tener la reputación de ser alguien con el poder de ayudar a otros.
[7] Deleitarnos en aquellas cualidades masculinas que son constructivas; no deleitarnos con la carga que una mujer debe enfrentar en un mundo ignorante; ver las deficiencias y limitaciones de tener un cuerpo femenino en nuestra era degenerada; desalentarnos de la idea de tener tal cuerpo al pensar cuán inconveniente sería para la mayoría de la práctica intensiva sin obstáculos; detener las intenciones de aquellos con deseo anhelante por un cuerpo femenino; recitar Concierto de nombres de Manjushri (’Jam-dpal mtshan-brjod, sct. Mañjuśrī-nāmasaṃgīti); hacer plegarias para renacer como un varón y tener esas cualidades masculinas que son constructivas; no ser infantiles ni poner apodos a nuestros adversarios; rescatar humanos y animales de ser castrados y demás, son las causas para ser un hombre.
[8] Lograr lo que otras personas no pueden lograr o que ni siquiera pueden pensar en lograr con su cuerpo o mente; ayudar a los demás; asumir las cargas pesadas de otros; llevar a cabo tareas físicas y mentales difíciles por nosotros mismos; no golpear a los demás; proporcionar a otros alimento y nutrición son las causas para tener fuerza de cuerpo y mente.
Causas para el crecimiento de las ocho buenas cualidades maduradas
Si reunimos las causas para el crecimiento de estas ocho buenas cualidades maduradas con pureza de pensamiento, acción y campo (bsam-sbyor-zhing dag-pa), cosecharemos estas cualidades en gran abundancia.
[1] La pureza de pensamiento implica dos puntos con respecto a nosotros mismos y dos puntos con respecto a los demás. Con respecto a nosotros mismos:
- Cualquier acción constructiva que hacemos como causa para estas buenas cualidades, dedicamos su fuerza kármica positiva a nuestro logro de la iluminación, sin tener ninguna esperanza o expectativa de recibir sus resultados madurados.
- Trabajamos para lograr estas causas con total sinceridad desde lo profundo de nuestro corazón, con gran fortaleza y determinación.
Con respecto a los demás:
- Cuando vemos en alguien aspectos similares a estas ocho cualidades, ya sea en mayor, menor o moderada medida, evitamos sentir celos o competitividad, así como menospreciar a esa persona. Por el contrario, nos regocijamos en sus cualidades.
- Incluso si, por el momento somos incapaces de ser como esas personas, pensamos muchas veces al día, con gran determinación, en hacer el intento de llegar a experimentar su fortuna.
[2] La pureza de la acción con respecto a nosotros mismos es trabajar muy fuertemente para alcanzar estas causas a lo largo de mucho tiempo sin interrupción. Con respecto a los demás, animamos a cualquiera que tenga estas cualidades y que no las haya aprovechado a utilizarlas adecuadamente. Además, cuando conocemos personas que las han utilizado bien, las alabamos con el fin de fortalecer que se regocijen en sus acciones. Las animamos a continuar y a no rendirse.
[3] Pureza de los campos se refiere a lo que vemos como las causas para alcanzar estas cualidades. No pensamos, por ejemplo, en engañar a los demás para volvernos ricos. En lugar de ello, consideramos los pensamientos y acciones arriba mencionados como el campo que produce la abundante y excelente cosecha de estas ocho buenas cualidades maduradas. Con estas ocho, seremos capaces de tomar la esencia completa de la vida al ser de la mejor ayuda para nosotros mismos y para los demás. [Como cita Asanga en “Etapas de la mente del Bodisatva” (Byang-chub sems-dpa’i sa, sct. Bodhisattvabhūmi)].
Al haber reflexionado sobre los principios de la causa y efecto conductual, la manera de emprender acciones constructivas y evitar cometer las destructivas
Shantideva ha dicho en Involucrarse en la conducta del bodisatva, II.62:
“De las acciones destructivas proviene (nada más que) sufrimiento; ¿cómo puedo liberarme definitivamente de ello?”. Es correcto que piense, día y noche, constantemente solo en eso.
Como deseamos liberarnos absolutamente de nuestros problemas y sufrimiento, tanto ahora como en el futuro, seguimos la dirección segura indicada por el Buda, el Dharma y la Sangha al tomar la firme decisión de conducir nuestra vida con creencia en los hechos de las leyes de la causa y efecto conductual.
Durante las sesiones de meditación, construimos el hábito benéfico de la mente de ser conscientes de estas leyes al observar repetidamente tanto nuestras acciones constructivas como nuestras acciones destructivas y discernirlas a la luz de sus resultados de felicidad o de sufrimiento, la certeza de que producen estos resultados y demás. También observamos nuestras propias experiencias placenteras o problemáticas y tratamos de discernirlas a la luz de sus posibles causas.
Entre sesiones, hacemos un esfuerzo agotador por evitar pensar, decir o hacer algo destructivo que construya cualquier otra fuerza kármica negativa y nos involucramos en conducta constructiva al conservar siempre presencia mental y consciencia sobre las leyes de causa y efecto conductual.
Estas leyes son un hecho de la vida. No deberíamos engañarnos y tratar de negarlas o repudiarlas simplemente porque no nos agradan o porque queremos justificar hacer algo destructivo o negativo. Comportarnos de esta manera es ser como el fundador de la escuela no budista Charvaka (rgyang-phan-pa, sct. cārvāka, lokāyata). Él negaba obstinadamente que nuestras acciones tuvieran resultado alguno, con el fin de evitar que se le censurara por tener relaciones sexuales con su hija.
Asimismo, no deberíamos pensar que, dado que hemos escuchado acerca de la vacuidad de todo, esto significa que tenemos permiso de hacer todo lo que tengamos ganas de hacer y nada importa dado que todas las leyes son nulas y vacuas. La vacuidad significa la total ausencia de lo fantasioso, y una de nuestras fantasías más grandes es pensar que nuestra conducta no tiene resultados, que podemos hacer algo y nuestra acción ocurrirá completamente aislada, sin crear repercusiones ni olas de efectos.
Como dijo Tsongkhapa en Los tres principales aspectos del camino (Lam-gtso rnam-gsum), 13cd:
(Cuando piensas en cómo) la vacuidad alborea como causa y efecto, nunca te verás arrastrado por visiones que se aferran a los extremos.
Tratamos de aplicar nuestro entendimiento de la causa y efecto conductual de la mejor forma que podamos en nuestra vida diaria sin ser hipócritas. Tratamos de no ser como describió Gueshe Potowa (dGe-bshes Po-to-ba Rin-chen-gsal):
Hay una gran separación entre los cielos y la tierra, la orilla cercana y lejana del océano, las montañas del este y del oeste, ¡y entre una persona ordinaria y el Dharma!
Cuando Gueshe Ben Gungyal (’Ban Gung-rgyal, ’Phen rKun-rgal) estaba viviendo en su cueva, conservaba dos montones de piedras: unas blancas y otras negras. Durante el curso de cada día, apartaba una piedra blanca por cada acción o pensamiento constructivo que había tenido o cometido, y una blanca por cada acción o pensamiento destructivo. Al final del día, las contaba y, si las piedras blancas superaban a las negras, estrechaba su mano izquierda con la derecha y se felicitaba diciendo: “Bien hecho”.
Sin embargo, si se quedaba con una mayor cantidad de piedras negras, tomaba fuertemente su mano derecha con la izquierda y se regañaba con severidad diciendo: “¡Se supone que eres un meditador que construye hábitos positivos! ¡Qué bonito ejemplo estás poniendo a los demás! ¡Voy a bajar corriendo hacia el valle ahora mismo a decirle a todos lo hipócrita y farsante que eres, y que tienes una mente oscura y retorcida! ¡Luego veremos qué dicen tus maestros y mecenas!”.
Es muy beneficioso hacer este recuento cada noche, antes de irse a dormir, de todo lo que hemos hecho durante el día. Mientras más analizamos nuestras experiencias y acciones a la luz de las leyes de causa y efecto conductual, más comprensiones profundas obtendremos naturalmente.
Como dijo Gueshe Tolungpa (dGe-bshes sTod-lung-pa chen-po rin-chen snying-po):
Cuando alguien que entiende los conceptos (de causa y efecto conductual) se investiga correctamente (a sí mismo), es como rocas sueltas que empiezan a rodar ladera abajo por una montaña: cuando más tiempo continúen, más caerán.
Al examinar sinceramente nuestra vida de esta manera, empezaremos a comprender cómo operan estas leyes. Entonces, como crece cada vez más fuerte nuestro deseo de no experimentar más problemas y sufrimiento y, a medida que se fortalece nuestro hábito mental beneficioso de discernir los eventos en términos de sus causas y efectos, empezaremos naturalmente a modificar y mejorar nuestra conducta.
Como dijo Dromtonpa:
Mi maestro Atisha siempre me dijo que no actuara de forma desenfrenada ni hablara como un necio, dado que los surgimientos dependientes son muy sutiles.
Gueshe Puchungwa (dGe-bshes Phu-chung-ba) solía leer acerca del Dharma durante el día, y por la noche pensaba acerca de aquello que había leído. Una noche, su discípulo escuchó muchos ruidos inquietantes que provenían de la habitación de su maestro. Cuando preguntó qué pasaba, Puchungwa dijo:
No estoy enfermo, pero hoy leí que el Buda dijo que, si actúas destructivamente, caerás en un reino sin gozo como un saco de arena de arena volcado. Cuando pienso en esto, me siento desolado.
Esta es la razón por la que Puchungwa siempre solía decir al final de su vida:
Ahora que estoy viejo, he decidido solamente leer el Sutra del Sabio y el Tonto. Me dice todo acerca de los resultados que vendrán como resultado de lo que he hecho.
Cuando encontramos certeza plena en las leyes de causa y efecto conductual, nunca más volveremos a actuar de forma destructiva o negativa, incluso si alguien trata de obligarnos a hacerlo. Esto es porque nos habremos dado cuenta, como Gueshe Sharawa (dGe-bshes Sha-ra-ba) dijo:
No importa qué tipo de horrible problema o sufrimiento surja. Aunque fueras injustamente desterrado a una región espantosa o arrojado a prisión, el Buda solo podría decir que todo es culpa tuya y que, por haber realizado tal o cual acción kármica, esto o aquello te ha sucedido.
Nuestro futuro está completamente en nuestras manos. Como dijo Nagáryuna en Carta a un amigo, 14:
Cualquiera a quien previamente no le importaba, y después desarrolló una actitud cuidadosa, se vuelve tan bello como la luna cuando se despejan las nubes, como Nanda, Angulimala, Ajatashatru y Udayana.
Nanda era el primo del Buda Shakyamuni, y tenía un extremo apego enamorado hacia su esposa; Angulimala era un asesino serial; el Rey Ajatashatru había asesinado a su padre y Udayana era un rey que había matado a su propia madre. Sin embargo, cada uno fue capaz de purificarse de sus fuerzas kármicas negativas y obtener la liberación. ¿Cómo fue esto posible? A través de admitir abiertamente haberse equivocado y sinceramente aplicar las cuatro fuerzas oponentes.
Ya hemos discutido estas fuerzas purificadoras en conexión con las prácticas preparatorias. Sin embargo, dado que este es un punto muy importante, es la costumbre revisarlo aquí una vez más.
Las cuatro fuerzas oponentes
[1] La primera fuerza oponente es sentir arrepentimiento sincero por lo que hemos hecho. Esto se basa en nuestra confianza plena en las leyes de causa y efecto conductual. Recordamos y visualizamos cualquier acción destructiva que hayamos cometido y luego nos imaginamos experimentando sus efectos. De esta manera, sinceramente nos arrepentimos de lo que hicimos, como si hubiéramos ingerido veneno. Si la fuerza del primer oponente es poderosa, nos sentiremos naturalmente conducidos a tomar las demás.
[2] La segunda fuerza es la conducta remediadora para contrarrestar y anular nuestra fuerza kármica negativa. Tales seis métodos han sido mencionados por Shantideva en Compendio de entrenamientos (bsLab-btus, sct. Śikṣāsamuccaya):
- Recitar sutras sobre temas profundos, tal como el Sutra del corazón.
- Meditar sobre la vacuidad – este es el oponente más fuerte para purificarnos de nuestras fuerzas kármicas negativas y propensiones.
- Recitar mantras, tal como el mantra de las cien sílabas de Vajrasatva (rDo-rje sems-dpa’) o el mantra de las seis sílabas de Avalokiteshvara.
- Construir estatuas o hacer pinturas o dibujos de los Budas, específicamente cuando se elaboran con gran fe y no con fines comerciales, así como el encargo de tales obras.
- Hacer ofrendas a los Budas y sus estupas.
- Recitar los nombres de los Budas y bodisatvas, como aquellos de los treinta y cinco budas para la admisión abierta de nuestras fallas (ltung-bshags de-bzhin gshegs-pa so-lnga).
[3] La tercera fuerza oponente es nuestra promesa de evitar repetir nuestro error, mientras que [4] la tercera es aquello en lo que debemos apoyarnos, a saber, reafirmar nuestra toma de dirección segura y nuestro anhelo por la bodichita.
Cuando aplicamos estos oponentes, debemos continuar hasta recibir ciertas señales de nuestra purificación. Estas llegan en sueños, tales como aquellos de vomitar, beber leche o comer yogurt, ver la salida del sol o la luna, volar o caminar por los aires, ver fuegos constructivos, vencer a criminales o a toros salvajes enfurecidos, ver monjes o monjas, encontrar árboles que exudan un líquido blanco, montar caballos o elefantes, escalar montañas, quedarse en hermosas casas, escuchas discursos del Dharma y demás. Asimismo, debemos tener estos sueños recurrentemente, no solo por causalidad.
Sin importar qué tan grande sea la fuerza kármica negativa que hayamos construido en nuestro continuo mental, incluso de aquellas acciones cuyos resultados estamos seguros que experimentaremos, es posible purificarnos de ella al aplicar sinceramente los cuatro oponentes. Hay muchas formas en las cuales puede ocurrir esta purificación. Por ejemplo, las causas de nuestros mayores sufrimientos en uno de los peores estados de renacimiento pueden transformarse en causas para que experimentemos menos sufrimientos ahí o ninguno de los que, de otra forma, habríamos tenido que experimentar; o estas causas podrían madurar en nosotros en esta misma vida en la forma de un dolor de cabeza y, de esta manera, desaparecer. De la misma forma, un problema que tendríamos que haber experimentado durante un largo tiempo, podría pasar en un periodo más corto. O es incluso posible que nos purifiquemos completamente de la fuerza kármica de tal manera que no haya maduración (rnam-smin, sct. vipāka) en absoluto. Dado que todo depende de la fortaleza de la mente con la que llevamos a cabo la purificación, la fuerza de los oponentes que usamos, y si están o no completos, y durante cuánto tiempo y qué tan continuamente los aplicamos, no puede haber certeza en este asunto.
Aplicar los cuatro oponentes antes de alcanzar una cognición directa no conceptual (percepción desnuda) de la vacuidad puede eliminar la fuerza kármica negativa, pero no sus tendencias kármicas en el continuo mental. Sin embargo, puede evitar que estas tendencias maduren alguna vez. Solo una mente que es el camino no manchada (zag-med lam, sct. anāsrava-mārga), tal como una con una cognición directa de la vacuidad, puede eliminar las tendencias, así como los hábitos constantes (bag-chags, sct. vāsanā, instintos) de estas fuerzas kármicas.
Cada vez que aplicamos las fuerzas oponentes, mantenemos estos puntos en mente y, sin embargo, imaginamos después que nuestros continuos mentales ahora se han limpiado de sus fuerzas kármicas negativas y son perfectamente puros. Coronamos este proceso (rgyas-’debs) permaneciendo en un estado no objetivante (mi-dmigs-pa, sct. anupalabdha, estado sin objeto) en el cual no vemos nada como concreto o fijo. Al aplicar repetidamente los oponentes de esta forma, recorremos un camino medio entre la ingenuidad y la superstición con respecto a nuestra conducta y sus efectos.
Además, las fuerzas kármicas negativas solo pueden ser anuladas si aún no han madurado. Si tenemos la fuerza kármica de quedarnos ciegos, solo podemos purificarnos de ello antes de perder nuestra vista. Si ya la hemos perdido, es demasiado tarde. Si tenemos una planta de chiles, ponerle azúcar en las raíces no la volverá dulce.
Aunque cualquier grado de fuerza kármica negativa, por más apremiante que sea, puede superarse de esta manera antes de que madure, siempre es mejor no haber actuado destructivamente en absoluto. Si perdemos una pierna, podemos reemplazarla con un miembro artificial. Aunque podemos funcionar con esta pierna de madera o plástico, sería mucho mejor que no hubiésemos perdido nuestra pierna en primer lugar. Del mismo modo, aunque podemos evitar tener que experimentar los resultados de sufrimiento de nuestras fuerzas kármicas negativas, aun así, nos tomará mucho más tiempo desarrollar las realizaciones reales de los bhumis y de las mentes que son el camino, que si no hubiéramos actuado de esta manera negativa. Esta es la razón por la que los seres altamente realizados nunca harían nada destructivo a sabiendas, ni siquiera a costa de sus propias vidas.
Como dijo Tsongkhapa en Puntos abreviados del camino gradual (Lam-rim bsdus-don), 12:
Dado que los mayores avances en la realización de las mentes que son el camino supremas no llegarán hasta que haya alcanzado, como base de trabajo, (una preciada vida humana) con un conjunto completo de los (ocho) factores definicionales, permítanme entrenarme en sus (actos constructivos) causales de tal manera que no tenga un conjunto incompleto de ellos. Dado que es completamente esencial limpiar de mis tres puertas estas impurezas (que tengo) de las manchas de las fuerzas kármicas negativas y caídas (de los votos) y, especialmente, obstáculos del karma, permítanme cultivar una devoción constante para (aplicar) el conjunto completo de las cuatro fuerzas oponentes.
El noble e impecable Lama ha practicado de este modo. Que pueda yo, también, quien se esfuerza por la liberación, cultivarme de esta manera.
Previamente, hemos tomado agudo interés (don-gnyer) en los fenómenos mundanos de esta vida. No había nada forzado (bcos-ma, artificial) en nuestro involucramiento total (snang-zhen). Si alguna vez mostramos interés en nuestras vidas futuras, fue meramente de palabra, repitiendo lo que habíamos escuchado o leído. Sin embargo, ahora hemos considerado bien nuestra buena fortuna al tener un mentor espiritual y una preciada vida humana. Hemos pensado en nuestra muerte inminente y probable caída en uno de los peores estados de renacimiento. Ante la cautela de ello y confiando en la habilidad de las Tres Joyas Supremas de brindarnos una salida segura, nos hemos encomendado a su dirección.
Ahora hemos valorado las leyes de la causa y efecto conductual. Hemos visto que, si actuamos constructivamente y nunca destructivamente y nos purificamos de nuestras fuerzas kármicas negativas, podemos asegurarnos un renacimiento con respiros, enriquecimientos y todas las condiciones favorables y buenas cualidades maduradas para continuar con nuestro progreso espiritual. Cuando nuestro interés principal se ha vuelto trabajar con ahínco para beneficiar nuestros renacimientos futuros, y nuestro involucramiento en las cosas mundanas es solo secundario, hemos obtenido la realización de la mente que es el camino de alguien con un nivel inicial de motivación espiritual.
Tsongkhapa ha dicho en Gran presentación de las etapas graduales del camino (Lam-rim chem-mo), 132b4:
Aunque (quizás hayas alcanzado una realización inicial), debes hacer que tu (creencia confiada) sea firme (en lo que has entendido). Entonces, una vez que has obtenido (una convicción firme), debes practicar rigurosamente (lo que crees).
Solo cuando hemos integrado plenamente este primer nivel de medidas del Dharma en nuestra vida cotidiana, podemos construir seriamente sobre esta base los caminos de la mente de las motivaciones intermedia y avanzada. Al haber abandonado nuestra obsesión por esta vida, estos caminos nos conducen a la liberación y a la iluminación en beneficio de todos.