Hay innumerables tipos de acciones constructivas o destructivas que surgen respectivamente de nuestros impulsos kármicos destructivos o de nuestros impulsos kármicos constructivos. Aunque todas nuestras acciones ocurren solamente a través de la puerta de una de nuestras tres puertas – cuerpo, palabra o mente – sin embargo, no todo lo que hacemos, decimos o pensamos puede ser pulcramente clasificado en un pequeño número de categorías.
Sin embargo, el Buda ha señalado diez acciones destructivas específicas (mi-dge-ba bcu, sct. daśa-akusalāni) que reúnen a muchas otras dentro de ellas y son las más importantes de las que hay que refrenarse. Esto es porque, como resultado de cometerlas, maduran en impulsos kármicos que arrojan (’phen-byed-kyi las) que impulsan a nuestra conciencia mental a un siguiente renacimiento en uno de los tres peores estados de renacimiento y maduran en qué tipo de renacimiento será. Refrenarnos a nosotros mismos de ellas debido a que reconocemos sus desastrosos resultados constituyen las diez acciones constructivas, las cuales resultan en un renacimiento en uno de los tres mejores estados de renacimiento.
Como dijo Vasubandhu en Tesoro de temas especiales de conocimiento, IV.66:
(Reuniendo) ampliamente y condensando a partir de estos (diversos tipos de acciones, el Omnisciente) ha hablado acerca de diez caminos para la conducta impulsiva, sea positiva o negativa.
Primero consideremos las negativas o destructivas.
Los caminos reales de los impulsos kármicos destructivos
Cualquier camino para un impulso kármico destructivo, sea a través de la puerta del cuerpo, la palabra o la mente, debe implicar cuatro factores para que la acción esté completa (yan-lag bzhi). Debe haber:
- Una base (gzhi) u objeto al que o con el cual se dirigirá la acción
- Un estado mental motivador (kun-slong)
- Un método implementado para causar que la acción ocurra (sbyor-ba)
- Alcanzar la culminación de dicho acto (mthar-thug).
Además, el estado mental motivador debe implicar:
- Una distinción (’du-shes, sct. saṃjñā) de la base para la acción
- Una intención (’dun-pa, sct. chandas) – el deseo de cometer la acción para alcanzar una cierta meta
- Alguna emoción o actitud perturbadora.
Si cualquier de estas partes falta, la acción destructiva estará incompleta (yongs-su mi-rdzogs-pa’i mi-dge-ba). En consecuencia, su fuerza kármica negativa, las semillas kármicas y los resultados no serán tan definitivos o fuertes.
De acuerdo con Vasubandhu, en Tesoro de temas especiales de conocimiento, IV.10, se pueden diferenciar dos niveles de marco mental motivador:
- La “mente motivadora causal” (rgyu’i kun-slong-gi blo) acompaña a una de las tres acciones destructivas de la mente de pensar y decidir cometer una de las siete acciones destructivas del cuerpo o el habla.
- La “mente motivadora contemporánea” (dus kun-slong-gi blo) acompaña a la acción destructiva de cuerpo o habla decidida por una de las tres acciones destructivas de la mente.
Consideremos el camino del impulso kármico destructivo de golpear a cierta persona en la cara. Si no encontramos a esa persona, sentimos el impulso mental de golpear; o si encontramos a la persona y luego golpeamos a alguien más por accidente; o si golpeamos a la persona que queríamos, pero lo hacemos de manera no intencional o por accidente; o si es por una buena razón y no por un estado mental perturbado; o si realmente no lo golpeamos, aunque estamos molestos y tenemos ganas de hacerlo; o si empezamos a golpearlo y después nos detenemos, o lo hacemos de forma tan ligera que no le causamos ningún daño – en todos los casos, nuestra acción destructiva de golpear a esta persona en la casa no estará completa. La fuerza kármica negativa que construyamos será proporcional a la cantidad de factores presentes.
Por lo tanto, debemos tratar de reconocer todos los factores involucrados en las siguientes diez acciones destructivas completas. Si podemos hacerlo, podemos empezar a disminuir nuestra construcción de fuerza kármica negativa, semillas kármicas y la experiencia subsecuente de sufrimiento y problemas al no completar tales acciones cuando surge el impulso mental de cometerlos.
Las tres acciones destructivas del cuerpo
Las tres acciones destructivas del cuerpo (lus-kyi mi-dge-ba gsum) son:
- Tomar la vida de alguien (srog-gcod-pa, sct. prāṇātighāta, matar)
- Tomar lo que no nos ha sido dado (ma-byin par-len-pa, sct. adattā-dāna, robar)
- Involucrarse en conducta sexual inapropiada (log-par g.yem-pa, sct. mithyā-cāra).
Cada una puede ser analizada por el conjunto de factores anteriores para describir las situaciones en las que las acciones destructivas estarán completas y las consecuencias de sufrimiento serán más desastrosas.
Tomar la vida de alguien
Cuando cortamos la vida de alguien, en otras palabras, cuando matamos, la base para el acto debe ser un ser vivo específico que no seamos nosotros mismos, ya sea humano o no humano, ya nacido o aún en el vientre. Aunque el suicidio (bdag-srog gcod-pa) ciertamente es una acción destructiva, no es tan severa ni nos causa tantos problemas como asesinar a alguien más. Esto es debido a una complicación en términos de alcanzar la compleción de la acción. Dado que moriremos al consumar nuestro acto, las semillas kármicas y la fuerza kármica negativa provenientes de matar tendrán que acumularse en el continuo mental cuando ya ha tomado un renacimiento futuro o se ha ido al bardo. Mientras aún estamos vivos, la única acción destructiva que habremos completado será la de apuñalarnos, por ejemplo, pero no la de cortar una vida.
No debemos confundirnos al reconocer quién es a quien pretendemos matar. Tomar la vida de alguien por error es menos grave que hacerlo a propósito. Además, debemos tener la firme intención de poner fin a su existencia. Matar a alguien por accidente no tiene las mismas consecuencias que un asesinato premeditado. Por lo tanto, pisar accidentalmente una hormiga es menos grave que aplastar con toda la intención a una mosca o a un mosquito. No debemos subestimar el poder destructivo de matar insectos.
Como ha dicho su Santidad el Decimocuarto Dalái Lama: “Quizás piensen que es trivial aplastar una mosca. Sin embargo, si cada vez que algo te molesta manejas la situación golpeando y matando, esto establece un hábito de la mente muy peligroso. Pronto será difícil trazar la línea de dónde dejar de matar para resolver tus problemas”.
Cortar la vida de alguien debe estar motivado y acompañado por una de las tres actitudes venenosas. Producto de la hostilidad, podemos matar a un enemigo, un insecto o una serpiente. Debido al deseo anhelante o el apego, podemos matar a una oveja por su carne o cazar un pez por diversión o relajación. Producto de la ingenuidad, podemos quitar la vida a un animal o, incluso, a un humano, creyendo que nos beneficiaremos al ofrecer un sacrificio de sangre a una deidad local o a un ser divino.
La acción involucrada debe ser matar a otro ser con cualquier medio, tal como veneno, un arma, nuestras propias manos, hechizos de magia negra y demás. En realidad, no tenemos que ejecutar la acción nosotros mismos. Si hacemos que alguien más cometa el asesinato por nosotros, construimos una fuerza kármica negativa tan fuerte como el criminal que contratamos. Lo mismo ocurre al ordenar el sacrificio de un animal, ave o pescado para nuestro consumo, o al desplegar tropas en tiempos de guerra. Por ejemplo, si un general envía 1,000 soldados a batalla y matan a 1,000 hombres, el general acumula la misma fuerza kármica negativa como si él mismo hubiera asesinado a los 1,000 hombres.
Como dijo Vasubandhu en Tesoro de temas especiales de conocimiento, IV.72b:
En la guerra y demás, el agente (instigándolo o dirigiéndolo) tendrá las mismas (consecuencias de sufrimiento) que todos (los involucrados), porque sus intenciones eran las mismas.
El acto de comer carne, en sí mismo, no es lo mismo que el acto de matar al animal o directamente pedirle a alguien que lo mate para nosotros. Puede construir fuerza kármica negativa por ser un animal carnívoro, por ejemplo, o por el hecho de que otros devoren nuestra propia carne, pero no por ser un asesino ni por ser asesinados.
Un acto de tomar una vida se completa cuando la víctima muere antes que nosotros. Esto puede pasar ya sea directamente cuando nuestro acto asesino sucede o algún tiempo después. Si morimos antes o en el mismo momento que nuestra víctima, entonces, como fue el caso con el suicidio, la fuerza kármica negativa no se completará. Esto se debe a que tendrá que acumularse en el continuo mental que ya ha tomado un renacimiento diferente.
Un acto de matar siempre es destructivo, sea en autodefensa o para proteger las vidas de otros. Incluso si no hay emociones o actitudes perturbadoras involucradas en nuestra acción, debemos ser tan valientes como el Buda fue cuando, como capitán de un barco en una vida previa, asesinó al remero Minyag Dumdum que estaba poniendo en riesgo la vida de 500 pasajeros. Debemos tener una gran compasión como nuestra motivación y estar totalmente dispuestos a asumir en nosotros mismos las consecuencias de sufrimiento de nuestra acción, incluso si nos lleva a uno de los reinos sin gozo.
Tomar lo que no nos ha sido dado
Para tomar lo que no nos ha sido dado, la base de nuestro acto de robar debe ser algún objeto de valor que le pertenezca a alguien más. Esto podría ser cualquier cosa que no tengamos derecho a tomar, usar o conservar como nuestro e incluye objetos que nos han prestado y que no hemos devuelto, así como impuestos, multas, peajes, tarifas de admisión y gastos de viaje que estamos obligados a pagar. Incluso si encontramos algo en el suelo que alguien obviamente perdió, debemos hacer un esfuerzo por encontrar al verdadero dueño y no simplemente quedárnoslo. Si perdiéramos nuestra cartera y alguien la encuentra y nos la regresa, ¿no nos sentiríamos aliviados y felices? Lo mismo es cierto para cualquier persona que pierda algo.
Cuando pretendemos tomar un objeto que no nos pertenece, no debemos equivocarnos acerca de lo que robamos. Debemos pretender completamente tomar este objeto, sea que planeemos o no deshacernos de él inmediatamente, y debe estar involucrada una de las tres emociones perturbadoras. Con hostilidad, quizás deseamos saquear la riqueza de un odiado enemigo. Con deseo anhelante, quizás robemos un objeto que nos parece irresistiblemente atractivo. Con ingenuidad, podríamos alegar que, en nuestra calidad de personas santas, teníamos el derecho de tomar cuanto quisiéramos o, como discípulos devotos, teníamos el derecho de salir a robar algo para nuestro maestro; o podríamos simplemente pensar, con una obstinada y necia rebeldía, que no hay nada de malo en engañar al gobierno o salirnos con la nuestra tanto como podamos.
Debemos llevar a cabo una acción concreta, como robar en una tienda, atracar a alguien, cometer un robo en una vivienda o hacer que alguien más cometa el robo por nosotros, pasar por un peaje sin pagar, etc. Nuestro acto de robo se consuma cuando desarrollamos la actitud de que lo que hemos robado ahora es nuestro.
Involucrarse en conducta sexual inapropiada
La conducta sexual inapropiada puede ser en cuatro modalidades, que implican:
- Alguien con quien no es adecuado involucrarse
- Una forma no adecuada
- Un lugar no adecuado
- Un momento no adecuado.
Una persona no adecuada con la cual tener sexo incluye a cualquier persona que sea la pareja de alguien más o, si la persona está soltera, alguien que no lo desea o cuyos padres, tutores o similares no lo permitirían y se disgustarían mucho si se enteraran, o cualquiera con votos de celibato. Llevar a cabo una conducta sexual que causará problemas en el futuro, sea con un niño, con alguien del mismo sexo, con nosotros mismos, con un animal y demás, es autodestructivo y, por lo tanto, no adecuado. Si nosotros tenemos pareja, no es adecuado tener sexo con otra persona.
Las formas, tiempo y lugar no adecuados son relevantes incluso con nuestra propia pareja. El primero de ellos incluye cualquier método, postura o dispositivo extravagante motivado por un deseo excesivo e insatisfacción, o cualquier método violento que inflija daño. Un lugar no adecuado es un santuario, una sala de oración, al lado de una estupa, enfrente de nuestros mentores espirituales, de nuestros padres, delante de un grupo de personas o de una estatua o thangka de un Buda. Tampoco es adecuado hacerlo en un lugar que pueda causarnos enfermedad o dolor a nosotros o a nuestra pareja, como directamente sobre el suelo húmedo y lleno de piedras. Si vivimos en una sola habitación, como señal de respeto colocamos una cortina enfrente de nuestras thangkas o cubrimos nuestras estatuas con una tela antes de hacer el amor. Esto es similar al caso en que, si durmiéramos en la misma habitación con un gran maestro espiritual, lo correcto o cortés sería colocar una cortina o biombo entre nuestras camas, especialmente si vamos a dormir con alguien más.
Momentos inadecuados incluyen cuando nosotros o nuestra pareja hemos tomado un voto de celibato en conexión con los votos de un día (bsnyen-gnas sdom-pa, sct. upavāsa-saṃvara), cuando alguno de los dos padece una enfermedad que podría agravarse con el contacto sexual o resultar contagiosa para la otra parte.
Tampoco es adecuado hacer el amor en número excesivo de veces seguidas o sin pudor durante el día, cuando alguien podría espiarnos o entrar sin previo aviso ante la vergüenza de todos. También es inadecuado hacerlo cuando la mujer en cuestión está menstruando, en sus meses finales de embarazo, o mientras amamanta a su bebé.
Con respecto a los cuatro factores, la base para un acto de conducta sexual inapropiada, por ejemplo, el adulterio, debe ser otra persona que no sea nuestra pareja, o la pareja de alguien más si estamos solteros. En el momento en que surge la intención de involucrarnos en el acto sexual, nuestro reconocimiento debe ser inequívoco. Debemos darnos cuenta de que esa no es nuestra pareja. Del mismo modo, debemos tener la intención plena de involucrarnos en un acto sexual con esta persona. Aunque la mayoría de la conducta sexual inadecuada es motivada por un apego encaprichado y por el deseo anhelante, también puede suceder producto de la hostilidad, tal como cuando se violan las esposas e hijas del enemigo, o por ingenuidad, al pensar que la unión sexual es una práctica espiritual superior o que tener amoríos extramaritales es sofisticado o totalmente inofensivo.
Si somos monásticos y hemos aceptado los votos de celibato, entonces cualquier conducta no casta (mi-tshangs-spyod, sct. abrahmacarya) es inadecuada. Independientemente de si nuestro reconocimiento de la persona que sirve como base de nuestro deseo sexual es erróneo o no, la fuerza kármica negativa que se construye es la misma.
En cuanto a la acción que debe estar involucrada en la conducta sexual inapropiada, debe ser el encuentro de los dos órganos sexuales. El acto se completa cuando experimentamos la dicha del orgasmo.
Las cuatro acciones destructivas del habla
Las cuatro acciones destructivas del habla (ngag-gi-mi-dge-ba bzhi) son:
- Mentir (rdzun-du smra-ba, sct. mṛṣā-vāda)
- Hablar de forma divisoria (phra-ma, sct. paiśunya)
- Hablar de forma grosera (tshig-rtsub, sct. pāruṣya)
- Charlar ociosamente (ngag-’khyal, sct. saṃbhinna-pralāpa).
Para que estas cuatro acciones destructivas del habla tengan sus consecuencias más severas, todos los factores deben estar completos.
Mentir
Mentir puede involucrar ya sea negar algo que realmente hemos visto, escuchado, experimentado con nuestros sentidos o conocido, o afirmar haber visto, escuchado, experimentado o conocido algo cuando no fue así. Incluye engañar deliberadamente a los demás a través de información falsa, deliberadamente dar mal consejo o enseñanzas incorrectas, difamar a otros negando sus cualidades o inventar fallas e incluso decir “mentiras piadosas”, las cuales pensamos que no causan daño aparente a nadie. Mentiras que difaman a los Budas o que les decimos a nuestros mentores espirituales o a nuestros padres son especialmente graves. Para quienes visten los hábitos, una falta grave consiste en mentir sobre los propios logros espirituales.
La base involucrada debe ser alguna persona capaz de entendernos cuando mentimos. Cuando surge la intención de hablar o gesticular, nuestro reconocimiento debe ser que lo que estamos a punto de indicar no concuerda con la verdad. En otras palabras, debemos reconocer claramente cuál era el hecho y luego alterarlo deliberadamente. Si no estamos seguros y decimos algo incorrecto, esto no está completo para ser una mentira.
Nuestra motivación debe ser la intención plena de mentir, y debe estar presente una de las tres actitudes venenosas. Podemos mentir debido al deseo anhelante con el fin de obtener riquezas, fama o poder; o producto de la hostilidad, para engañar a un enemigo o arruinar la reputación de alguien que no nos cae bien. Con ingenuidad, podemos mentir porque pensamos que es divertido o porque nos rehusamos a creer que hay algo de malo en ello. Sin embargo, si mentimos demasiado, pronto nuestro reconocimiento de los hechos se vuelve poco fiable y empezamos a creer en nuestros propios inventos.
La acción involucrada debe ser expresar nuestra mentira en voz alta, por escrito o incluso de forma no verbal, mediante un gesto o movimiento de la cabeza, o causar que alguien más mienta por nosotros. Si alguien nos dice: “Eres tan amable, debes ser un santo” y simplemente sonreímos y nos quedamos callados, esta es una mentira terrible. O supongamos que decimos: “Leí en una escritura que, si puedes pasar una noche solo en los sitos de cremación afuera de Bodh Gaya y sobrevives ileso, deber ser un arhat. Bueno, ¡yo pasé la noche ahí y aquí estoy!”. Esta es una mentira por implicación dado que, obviamente, no eres un arhat. Nuestro acto de mentir se completa cuando la otra persona entiende y cree lo que decimos, de otra forma, nuestras palabras se vuelven solo charla ociosa.
Aunque mentir es una acción negativa, hay ciertas situaciones en las que la necesidad supera a la prohibición, como cuando involucra salvar una vida. Supongamos que vemos a un venado que corre despavorido y luego, algunos minutos después, vemos a un grupo de cazadores que lo persiguen. Si nos preguntan si vimos al venado, no necesariamente tenemos que decir la verdad. Podemos decir: “Acabo de llegar”, o “voy en camino a tal y tal lugar”. Evadimos su pregunta o incluso contamos una larga y alocada historia para distraerlos y retrasarlos en su búsqueda.
Debemos ser diplomáticos en lo que decimos. Si alguien cocina un almuerzo horrible y nos pregunta qué nos pareció, no hay necesidad de decirle la verdad y lastimar sus sentimientos. Su intención era hacernos felices. Podemos simplemente decir: “No tengo mucha hambre”, o “no me encanta este tipo de comida” o “este tipo de comida no me sienta bien”, o “el día de hoy no me siento muy bien”, y entonces no comer lo que nos ha servido.
Hablar de forma divisoria
Hablar de forma divisoria es decir algo que causará que un grupo armonioso se separe o que aquellos que tienen problemas se odien aún más. En general, es causar desunión y sentimientos de enemistad. La base para tal acción destructiva es, entonces, un grupo de dos o más personas que son cercanas o que son hostiles entre sí. Causar división entre un discípulo y su mentor espiritual o una división en la Sangha, tiene resultados especialmente graves.
Cuando surge el impulso mental de pronunciar nuestras palabras divisorias, nuestro reconocimiento de las partes involucradas y sus sentimientos entre ellas deber ser inequívoco. Nuestra motivación debe ser la plena intención de generar problemas y causar desunión y discordia. También debe estar presente una de las tres actitudes venenosas. Producto del deseo anhelante, podemos tratar de causar un conflicto entre un esposo y su esposa para quedarnos con alguno de ellos. Con hostilidad, podemos tratar de causar discordia entre nuestros enemigos, como cuando llevamos a cabo actividades de espionaje con una política de divide y vencerás. También, producto de la ingenuidad, podemos intentar causar desunión entre los seguidores de una cierta religión con el fin de convertirlos a nuestra propia visión limitada de lo que es mejor para ellos.
La acción involucrada debe ser emprendida ya sea para causar desunión entre amigos o para impedir la reconciliación entre enemigos al interferir o decir algo, ya sea cierto o falso. La acción es igualmente negativa si hacemos que alguien más lo lleve a cabo por nosotros. Debemos ser muy cuidadosos con lo que decimos. Incluso si algo es verdad, no es necesario decirlo si vemos que es algo que causará que alguien tenga malos sentimientos hacia otra persona. Nuestra acción de usar el lenguaje divisorio se completa cuando las otras partes entienden y creen lo que decimos y, como consecuencia, se vuelven hostiles entre sí.
Supongamos que hay un grupo de personas tramando una acción dañina, antisocial, y causamos desunión entre ellos como resultado de una compasión pura para impedir que otros salgan lastimados. Aunque nuestra acción de usar lenguaje divisorio aún es dañina y solo puede resultar en sufrimiento, el efecto se verá aminorado dado que la intención que surgió antes de cometerla no estaba acompañada por una emoción perturbadora o por una motivación negativa.
Hablar de forma grosera
Utilizar un lenguaje grosero y abusivo incluye todas las formas de sarcasmo, insulto, burlas y palabras ofensivas. En otras palabras, es decir cualquier cosa o hacer un gesto o expresión facial que lastime los sentimientos de otra persona. Lo que decimos puede ser verdadero o falso, eso no importa. Si le decimos lisiada a una persona con discapacidad o llamamos cerdo a una persona, en ambos casos la persona se sentirá mal. Aún si lo decimos con un tono de voz agradable, se sentirá lastimada. Esta es una acción destructiva grave porque nos hace infelices tanto a nosotros como a la otra persona. Es especialmente serio si nuestro lenguaje grosero y abusivo se dirige a nuestros mentores espirituales o a nuestros padres.
La base para esta acción debe ser alguien cuyos sentimientos puedan verse lastimados con lo que decimos. Cuando surge el deseo de decir algo cruel, nuestro reconocimiento de la persona a quien deseamos lastimar debe ser inequívoco. Nuestra motivación debe ser la plena intención de hablar tales palabras, y debe estar presente una de las tres actitudes venenosas. Producto del deseo anhelante, podemos usar un lenguaje grosero y abusivo para ser aceptados por una banda de delincuentes. Con hostilidad, podemos usarlo para incitar a un enemigo o a nuestras propias tropas a pelear. Con ingenuidad, podemos usar ese lenguaje porque pensamos que está de moda y es inteligente y que no importa si lastimamos los sentimientos de los demás.
La acción involucrada debe ser realmente decir esas palabras que hacen referencia a los defectos o puntos débiles de los demás, sean verdad o no. También incluye causar que alguien más exprese tales palabras mordaces por nosotros. Esta acción se completa cuando la otra persona entiende lo que decimos, cree que eso es lo que pensamos y se siente lastimada por ello. Si abusamos en este sentido de un objeto inanimado, los resultados no serán tan severos dado que no se lastimaron los sentimientos de nadie.
Charlar ociosamente
Hay tres variedades de charla ociosa:
- Aquella que es perversa, tal como conjurar hechizos de magia negra o rezar diabólicamente por que sucedan cosas terribles
- Aquella relacionada con asuntos mundanos, tal como repetir charlas sin sentido sobre cosas que no nos competen o que no tienen que ver con nosotros
- Aquella que es verdad, tal como explicar las enseñanzas budistas a quienes son recipientes inadecuados para recibirlas como, por ejemplo, personas sin respeto o interés alguno.
La peor forma de esta acción negativa y aquella con las consecuencias más terribles es interrumpir a un meditador o a alguien en oración con nuestra charla o canto sin sentido.
La base de la charla ociosa debe ser algo trivial, insignificante o sin sentido que consideramos significativo, importante o relevante. A diferencia de las tres acciones destructivas del habla anteriores, no es necesario que haya alguien a quien expresarle o que entienda lo que parloteamos. Cuando surge el deseo de hablar, nuestro reconocimiento debe ser la sensación de que lo que sea que queramos decir es relevante, significativo o importante. Nuestra motivación debe ser la plena intención de expresar tales palabras, y una de las tres actitudes venenosas debe estar presente. Producto del apego, podemos permitir la charla ociosa con alguien porque queremos pasar tiempo con ella; o producto de la hostilidad, para molestar a alguien porque deseamos impedir que logre algo positivo. Sin embargo, lo más común es que charlamos y chismeamos con ingenuidad porque no sentimos que haya nada malo en ello. La acción involucrada debe ser incurrir innecesariamente en hablar palabras ociosas o causar que alguien más lo haga por nosotros. Nuestra acción se completa cuando realmente las expresamos en voz alta.
Siete tipos de charla ociosa se pueden distinguir desde el punto de vista de la base de lo que decimos:
- Discutir, hablar a espaldas de los demás, mostrarse contencioso y hablar de manera provocadora
- Recitar o cantar liturgias de otras religiones sin ninguna razón constructiva y repetir eslóganes o jingles políticos o comerciales
- Quejarse, lamentarse y refunfuñar
- Bromear, tontear, hacer payasadas, tararear y silbar sin una razón positiva particular
- Contar historias y chismear sobre líderes del gobierno, celebridades, asuntos políticos, guerras, crímenes y demás, cuando no hay manera alguna en que podamos afectar o mejorar la situación y, por lo tanto, solo estamos siendo entrometidos
- Hablar como una persona ebria o demente, decir disparates y hablar de forma tonta
- Hablar con relación a los cinco modos de vida incorrectos, tales como adular, presionar, molestar, amenazar, sobornar, presumir, fanfarronear, hablar pretenciosa o hipócritamente y demás.
Los Budas han superado y se han liberado de toda charla ociosa sin sentido y de palabras innecesarias. Por lo tanto, si alguien está discutiendo con nosotros no escucha nada de lo que decimos, simplemente decimos: “ajá”, a cualquier cosa indignante que él o ella diga. Responder es una pérdida de palabras y es charla ociosa. No debemos sentirnos moralmente superiores de que tenemos que expresar nuestro punto de vista.
Decir bromas o contar historias algunas veces puede tener un propósito y sentido si ayuda a que alguien que se encuentra tenso o molesto se relaje, o si ilustra un punto del Dharma que estamos tratando de explicar. De lo contrario, es totalmente charla ociosa contar chistes subidos de tono, por ejemplo, simplemente para obtener atención o impresionar a los demás con lo listos que somos. Lo mismo es cierto con cantar o hacer música. Si lo hacemos para ayudar a alguien a superar su depresión o para levantar nuestro ánimo, puede ser de beneficio. De lo contrario, simplemente atraer a otros en torno a nosotros o pasar el tiempo porque sentimos que no tenemos nada mejor que hacer o porque queremos evitar hacer otras cosas más constructivas, es un desperdicio de nuestros preciados renacimientos humanos.
Todas estas formas de charla ociosa pueden parecer bastante inocentes. Sin embargo, dado que desperdician nuestro tiempo, son bastante destructivas y conducen a muchas fallas. Podemos contar historias de alguien que, sin que lo sepamos, es el mejor amigo de la otra persona, alguien muy influyente o incluso un bodisatva. Como resultado, estaremos en muchos problemas.
Como dijo Sakya Pandita (Sa-skya Pandita Kun-dga’ rgyal-mtshan) en Precioso tesoro de dichos elegantes (Legs-bshad rin-po-che’i gter), VI.36:
Hablar demasiado es una causa que invita (muchos) defectos, mientras que no decir (nada) es la base para deshacernos de las fallas. Debido a que el loro habla, lo encierran en una jaula, mientras que los pájaros silenciosos vuelan a su antojo.
Cuando estamos tratando de hacer algo positivo, encontramos que rápidamente nos sentimos agotados y no podemos quedarnos despiertos hasta tarde. Sin embargo, si estamos chismeando con un amigo, cuanto más tarde se hace, más animados y despiertos estamos. Por lo tanto, Kyabje Trijang Rinpoche nos ha dado una muy práctica instrucción. Si algunas veces no tenemos ganas de hacer nada positivo o constructivo, estamos malhumorados o solo nos sentimos desanimados, no deberíamos salir a hablar con alguien simplemente para que pase el tiempo y cambie nuestro estado de ánimo. Es mejor irnos a dormir y tomar una corta siesta. Quizás no construimos ningún hábito positivo haciendo esto, pero al menos no construiremos ninguno negativo. El estado indiferente del sueño es mucho mejor para relajarnos que la charla ociosa con los amigos, y cuando nos despertamos, nos sentiremos reanimados y listos para empezar algo positivo.
Es importante con todo esto no ser fanáticos ni irnos a los extremos cuando estamos empezando a cambiar y a mejorar nuestros hábitos de conducta. Si nos volvemos severos y serios todo el tiempo, sin nunca reírnos ni relajarnos, nos causaremos muchos problemas. Probablemente nos rebelaremos contra esto después y nos iremos al extremo opuesto. Perfeccionar todos los puntos finos de nuestra conducta viene mucho más adelante en el camino espiritual. Al inicio, vigilamos nuestros tipos de acciones más burdas y tratamos de llevar una vida feliz y ser agradables, sin mostrarnos distantes con los demás ni ser tan intensos y santurrones que generemos rechazo.
Cuando somos como Milarepa o Tsongkhapa y estamos listos para involucrarnos en la práctica intensiva, entonces podemos preocuparnos por eliminar completamente todo nuestro canturreo y charla sin sentido a lo largo del día. El punto principal es disfrutar la vida con un conocimiento de la causa y efecto conductual y con una consideración profunda y sincera por los demás.
Las tres acciones destructivas de la mente
Si somos realmente flojos, será mucho esfuerzo salir a cometer acciones destructivas de cuerpo y palabra. Sin embargo, sin importar qué tan letárgicos estemos, es fácil pensar de una manera negativa. Lo principal a trabajar cuando estamos tratando de practicar el Dharma es nuestra mente. Debemos moldear nuestras actitudes y tratar de tener un corazón más cálido y amable. Que alguien sea o no una buena persona depende de su perspectiva de la vida, no de su aspecto o apariencia. Nuestras acciones de cuerpo y habla son las expresiones de nuestras actitudes internas y pensamientos.
Por lo tanto, como Atisha dijo en La guirnalda de joyas de un bodisatva (Byang-chub sems-dpa’i nor-bu’i phreng-ba, sct. Bodhisattvamaṇyāvalī), 28:
Cuando esté entre muchos, permítanme examinar mi habla; cuando esté solo, permítanme examinar mi mente.
El pensamiento negativo puede ocurrir en cualquier momento y, a menos que seamos clarividentes, solo nosotros nos damos cuenta cuándo sucede.
Las tres principales acciones destructivas de la mente (yid-kyi mi-dge-ba gsum) de las cuales hay que protegerse son:
- Pensar codiciosamente (brnab-sems, sct. abhidhyāyā)
- Pensar con malicia (gnod-sems, sct. vyāpāda, mala voluntad)
- Pensar distorsionadamente con antagonismo (log-lta, sct. mithyā-dṛṣṭi, visión errónea).
Específicamente, están pensando y decidiendo cometer unas de las acciones destructivas de cuerpo o habla. Para que estas acciones destructivas de la mente se completen y conduzcan a las consecuencias de infelicidad más plenas, deben estar presentes todos los mismos factores anteriores.
Pensar codiciosamente
La codicia es un deseo fuerte y egoísta de hacer que algo sea nuestro, poseerlo como “mío”. La base de tal pensamiento debe ser algún objeto externo o cualidad interna que pertenezca a alguien más, tal como la riqueza o la fama de alguien. Puede ser algo que vemos en una tienda o incluso una cualidad de un Buda que queremos para nosotros con el fin de tener poder, fama y demás. Algunas veces, puede ser algo que ya se nos prometió, pero que codiciamos tener antes de lo previsto, tal como una herencia o nuestro turno en una fila.
Nuestro reconocimiento debe ser inequívoco de que lo que codiciamos es este preciso objeto. Debe ser específico. Nuestra motivación debe ser la actitud de desear que ese objeto sea nuestro, y debe estar presente una de las tres actitudes perturbadoras. Con el apego, podemos codiciar toda una variedad de productos inútiles que pensamos que necesitamos o que nos harán ser felices. Producto de la hostilidad, podemos desear comprar algo rápidamente antes de que la persona que no nos gusta tenga oportunidad de comprarlo, de tal forma que la privemos del placer del objeto; o podemos querer quitar un libro de una biblioteca que nuestro rival necesita para sus estudios. Por ingenuidad, podemos sentir que es bueno querer tener muchos productos, es saludable para la economía.
La acción involucrada debe ser que nuestro deseo de poseer el objeto se vuelva tan fuerte que realmente pensamos en hacer que el objeto sea nuestro. Esta acción negativa de la mente se completa cuando nuestra obsesión se vuelve tan fuerte que realmente decidimos intentar conseguir ese objeto. La motivación, acción y compleción de este acto mental, entonces, deben ocurrir en la secuencia de un pensamiento. En otras palabras, deseamos que un objeto sea nuestro, luego pensamos en conseguirlo y, en consecuencia, decidimos encontrar un método para que esto ocurra. La codicia plena, entonces, no es meramente desear poseer algo, sino que va más allá a desear firmemente hacer algo al respecto y, de hecho, realmente tratar de obtener lo que queremos. Esta decisión no necesariamente necesita expresarse o implementarse en acción. Lo que nos interesa aquí es el estado mental negativo y el tren de pensamiento que se genera.
Además, las cinco actitudes perturbadoras siguientes también deben estar presentes con nuestra motivación para que se complete nuestro pensamiento codicioso y tenga sus consecuencias más serias:
- Un apego excepcional a los objetos que usamos y disfutamos
- La codicia (btkam-chags), con la que deseamos acumular más
- El entremetimiento (’chums-pa), con el que nos sentimos impulsados a revisar minuciosamente cualquier cosa de buena calidad, tal como las cosas de valor de los demás, y probarlas o experimentar con ellas
- Una actitud competitiva de rivalizar con alguien (’khu-ba’i sems), de tal forma que sentimos que simplemente tenemos que poseer o tener lo que sea que la otra persona tiene
- Una actitud testaruda de querer obtener lo mejor de alguien (zil-gyis non-pa’i sems), sin sentir la más mínima vergüenza por ser codiciosos, ni tener el más mínimo reconocimiento de que esto es un defecto o que deberíamos decidirnos a eliminarlo.
Por lo tanto, no es codicia completa simplemente fantasear con: “Oh, ¿no sería lindo que mi jefe fuera mi esclavo y estuviera a mi disposición, y tener toda su riqueza y poder?” o “Oh, ¿no sería lindo que los demás supieran qué buen practicante soy y cuán erudito y generoso soy, y qué tan duro estoy trabajando por el bien de los demás?” o “Oh, ¿no sería lindo si fuera respetado por todos en el mundo?”. Debemos tener una actitud completa de estar muy apegados a los objetos, codiciosos, entrometidos, competitivos y deseosos de obtener lo mejor de otros y entonces, con un fuerte deseo y la intención plena de hacer algo para alcanzar nuestro objetivo, pensamos muy conscientemente: “Quiero tener la riqueza y el poder de los seres divinos” o “quiero tener todo el dinero del mundo”. Si cualquiera de estas cinco actitudes perturbadoras falta, nuestra codicia no está completa.
Pensar con malicia
La malicia es el deseo de lastimar o herir a una persona o criatura al matarla, golpearla, aplastarla o al causar que le suceda algo desagradable. Así, el objeto de tal pensamiento negativo, como era el caso con hablar groseramente, debe ser un ser vivo que se vería dañado si actuamos nuestro deseo. La malicia, como la hostilidad, está dirigida hacia algo vivo, mientras que el enojo y el odio puede estar dirigidos a cualquier cosa, sea animada o inanimada, por ejemplo, nuestra estufa o auto que no funcionan bien.
Nuestro reconocimiento de la persona o criatura a quien deseamos lastimar debe ser inequívoco. Nuestra motivación debe ser el deseo de matarla, golpearla en la cara y demás, o un pensamiento tal como: “¡No sería grandioso que yo o alguien más pudiera de repente quitarle todo lo que tiene!”. Una de las tres actitudes venenosas debe estar presente. Producto del deseo anhelante, podemos desear matar a nuestro padre para recibir el dinero que sabemos que nos ha dejado en su testamento. Producto de la hostilidad, podemos desear aplastar una mosca que nos está molestando. Con ingenuidad, lastimamos a alguien porque pensamos que la violencia es buena o que lo que le hacemos a los demás no importa.
La acción involucrada debe ser pensar en actuar nuestro deseo, mientras que nuestro acto mental negativo se completa cuando en verdad decidimos definitivamente lastimar a la persona o a la criatura. Por lo tanto, pensar plenamente con malicia no es meramente tener mala voluntad o desearle el mal a alguien. Va más allá a decidir firmemente causar ese daño.
Aquí, al igual que con la codicia, también debe haber cinco actitudes perturbadoras presentes con nuestra motivación para que nuestro acto mental destructivo sea uno de malicia completa:
- Hostilidad, por aferrarnos firmemente a un aspecto que simboliza nuestra razón para querer lastimar a alguien
- Una actitud de ser incapaces de soportarlo (mi bzod-pa’i sems), porque no podemos tolerarlo más sin infligir algún daño
- Una actitud de guardar rencor (’khon-du ’dzin-pa, sct. upānaha), por darle vueltas una y otra vez, con consideración incorrecta (tshul-min yid-bcas), a nuestras razones para estar enojados y molestos
- Una actitud competitiva de rivalizar con alguien, con la que sentimos: “¿No sería grandioso si pudiera golpear o matar a mi rival?”.
- Una actitud testaruda de querer obtener lo mejor de alguien sin sentir la más mínima vergüenza de desearle daño a esta persona para lograrlo, ni tener el menor reconocimiento de que esto es un defecto o que deberíamos decidirnos a eliminarlo.
“Mera malicia” (gnod-sems tsam-du ’gyur-ba) sería simplemente desear que algún daño caiga sobre quien nos ha lastimado o rezar para que alguien pierda todo lo que tiene o para que se vaya al infierno. Por otro lado, pensar con malicia completa es tener hostilidad, ser incapaces de soportarlo, albergar un rencor malintencionado, rivalizar y querer obtener lo mejor de alguien para luego desear fervientemente retorcerle el cuello y, de hecho, planear hacerlo.
Pensar con malicia es extremadamente destructivo para cualquier desarrollo espiritual. Al ser el deseo de causar sufrimiento a los demás, es el opuesto exacto de la gran compasión, con la que deseamos que todos los demás se liberen de sus problemas y que seamos nosotros mismos quienes lo hagan realidad. Por lo tanto, si sentimos un impulso mental hacia este tipo de pensamiento negativo, debemos tratar de detenerlo antes de que nuestro tren de pensamiento se complete. Desde renacimientos sin principio, hemos estado acostumbrados a esos patrones mentales perniciosos. Entonces, no es de sorprenderse que nos descubramos pensamos con malicia. Sin embargo, dejemos que eso pase rápidamente y deshagámonos de ello aplicando las fuerzas oponentes, tal como pensar con amor y compasión.
Como dijo Nagáryuna en Carta a un amigo, 17:
Sabe que los pensamientos pueden ser como figuras dibujadas sobre el agua, la tierra o la piedra. Entre ellos, es mejor que aquellos con emociones perturbadoras (los hagan) ser como los primeros; mientras que aquellos con deseos por el Dharma (es mejor) que (los hagan) ser (como) el último.
Pensar distorsionadamente con antagonismo
El pensamiento distorsionado antagonista es una situación obstinada e ignorante en la que pensamos con terquedad repudiar (skur-’debs, sct. abhyākhyāna) o negar algo. Su objeto debe ser algún fenómeno que existe o sucede, tal como un hecho de la vida, las cualidades de alguien, una situación y demás. El reconocimiento debe ser que nuestra negación de este fenómeno es correcta, como cuando un criminal siente que lo que hizo es correcto y quiere pelear por ello en la corte. La motivación debe ser el deseo de repudiar algo que existe. Una de las tres actitudes perturbadoras debe estar presente. Producto del apego, podemos pensar de una forma distorsionada antagonista porque tenemos un amigo poderoso que se siente de esta manera y, si pensamos como él, obtendremos su reconocimiento. Con hostilidad, nos puede disgustar alguien que sostiene un punto de vista correcto y, dado que no podemos soportar estar de acuerdo con él o ella, afirmamos lo contrario a toda costa. Tales personas irascibles son muy infantiles. Había una persona que tenía un enemigo acérrimo que montaba su caballo mirando hacia la cabeza del animal. Solo por hacerlo diferente, ¡esta persona montaba con la cabeza mirando hacia la cola! Sin embargo, lo más frecuente es que nos involucremos en el pensamiento antagonista distorsionado por ingenuidad, como cuando estamos mal acerca de algo y sentimos que nadie puede decirnos lo que es correcto.
La acción involucrada debe ser el pensamiento de llevar a cabo el repudio, tal como al difundir propaganda falsa o decirles a otros lo que pensamos. La acción se completa cuando decidimos con toda certeza repudiar el objeto. Así, el pensamiento antagonista distorsionado no es simplemente no creer un hecho, tal como la existencia del renacimiento, sino que va más allá a decidir activamente negarlo o refutarlo.
Nuestra acción de pensar repudiar algo puede ser negar una causa, un efecto, un funcionamiento o un fenómeno existente. Un ejemplo del primero es negar que existen cosas tales como acciones buenas o malas, que es apropiado hacer algunas cosas, mientras que otras tienen fallas. Repudiar los efectos es cínicamente negar que tales tipos de acciones tengan resultados. Cuando negamos el funcionamiento de algo, repudiamos, en efecto, que plantar y cuidar semillas funciona para producir un resultado. Un ejemplo sería pensar que las cosas nos suceden sin razón alguna, que sería igual a pensar que los niños surgen sin padres. Por lo tanto, negaríamos el valor de hacer algo constructivo para cosechar resultados benéficos. O negaríamos el funcionamiento de ir y venir, tal como negar los renacimientos pasados y futuros al insistir en que nuestros continuos mentales, los cuales continúan en cada momento de nuestra vida, provienen de la nada y solo terminan abruptamente cuando morimos. O negamos el funcionamiento de ciertos fenómenos que llegan a existir, tal como los seres en el bardo o los seres atrapados en los reinos sin alegría y los seres divinos, todos los cuales surgen en un momento como la emanación de impulsos kármicos presentes en el momento previo de su continuo mental. Cuando negamos que puede haber un arhat, alguien que ha eliminado todos sus oscurecimientos emocionales, repudiamos un fenómeno existente.
Además, para que se complete nuestro pensamiento antagonista distorsionado, nuestra motivación debe incluir las siguientes cinco actitudes perturbadoras:
- Ceguera (zhva-ba), por no saber cómo existe u ocurre un fenómeno conocible
- Conflictividad (drag-shul-gyi sems), por un sentido perverso de disfrutar ser negativo
- Una actitud de estar totalmente imbuidos en nuestra distorsión (log-par rgyun-du zhugs-pa’i sems), por haber analizado decisivamente algún fenómeno con consideración incorrecta
- Completa mezquindad (rab-tu nyams-pa’i sems), por repudiar el valor de la caridad, la filantropía, las buenas acciones, las prácticas espirituales y demás
- Una actitud testaruda de querer obtener lo mejor de alguien, sin sentir la más mínima vergüenza por ser antagonista y repudiar las creencias de otros, y sin tener el más mínimo reconocimiento de que esto es un defecto y de que deberíamos decidirnos a eliminarlo.
Aunque hay muchos niveles de pensamiento antagonista distorsionado, es solamente cuando estamos cegados con respecto a algo, contenciosos acerca de ello, completamente imbuidos en nuestra distorsión, siendo completamente mezquinos y deseando obtener lo mejor de alguien, y luego decidir completamente repudiar la afirmación correcta de esta persona, que tenemos la acción destructiva completa del pensamiento antagonista distorsionado. Este es el tipo más severo de pensamiento distorsionado, dado que hacerlo de esta fuerte manera negativa elimina la posibilidad de que cualquiera de nuestra fuerza kármica positiva actúe como una raíz para el progreso espiritual y la felicidad. Por lo tanto, debemos protegernos bien de tener esa actitud autodestructiva.
En resumen, aunque cada una de las diez acciones destructivas puede ser iniciada con cualquiera de las tres actitudes venenosas, tomar la vida de alguien, hablar de forma grosera y pensar con malicia alcanzan su compleción cuando son acompañadas exclusivamente por la hostilidad: tomar lo que no nos es dado, involucrarse en conducta sexual inapropiada y pensar codiciosamente deben estar acompañados por el deseo anhelante o el apego; mientras que pensar distorsionadamente con antagonismo se completa solamente con la ingenuidad. Mentir, hablar de manera divisoria y charlar ociosamente, sin embargo, pueden completarse acompañadas de cualquiera de las tres.
[Como cita Vasubandhu en “Tesoro de temas especiales de conocimiento”, IV.68–71; y por Asanga en “Antología de temas especiales de conocimiento”, 257-2-3 to 6.]
De las siete acciones destructivas del cuerpo y el habla, todas, excepto involucrarse en la conducta sexual inapropiada, construyen la misma fuerza kármica negativa en nuestro continuo mental sea que cometamos el acto nosotros mismos o que hagamos que alguien lo cometa por nosotros. Sin embargo, con involucrarse en conducta sexual inapropiada, nosotros mismos debemos cometer el acto, dado que nadie puede experimentar la dicha del orgasmo por nosotros [como cita Vasubandhu en “Tesoro de temas especiales de conocimiento”, IV.67].
Para mayores detalles acerca de cómo muchas acciones destructivas pueden cometerse al mismo tiempo, cuáles son posibles en diversos planos de existencia y demás, estudiamos Tesoro de temas especiales de conocimiento, de Vasubandhu y Antología de temas especiales de conocimiento, de Asanga. Debemos aprender a discernir estos diversos puntos finos de tal forma que podamos volvernos más conscientes de nuestro comportamiento. Con el darse cuenta que discrimina, podemos empezar a refrenarnos de las acciones destructivas y disminuir las fuerzas kármicas negativas que, de forma descuidada, construimos cada día.
Distinguir los factores que hacen que estas acciones destructivas tengan resultados pesados o ligeros
Estos son seis factores que afectan la pesadez de los resultados que provienen de nuestras acciones destructivas (lci-yang-gi khyad-par drug):
- La naturaleza de la acción
- El impulso mental
- La acción real
- La base involucrada
- La frecuencia (dus rtag-pa, lan-mang)
- Una ausencia de fuerzas oponentes (gnyen-po med-pa).
[1] De las siete acciones destructivas de cuerpo y habla, tomar la vida de otro ser tiene, por naturaleza, las consecuencias más pesadas. Después de eso, la seriedad de cada acción disminuye hasta la séptima, charlar sin sentido, la menos pesada por naturaleza, pero la mayor desperdiciadora de tiempo. La razón de que disminuya la pesadez es que cada acción subsecuente causa menos sufrimiento a los demás involucrados. Dado que cada criatura viva valora su vida más que sus posesiones, matar, por naturaleza, es más grave que robar.
De las tres acciones destructivas de la mente, pensar codiciosamente tiene las consecuencias más ligeras, mientras que pensar distorsionadamente con antagonismo es la más pesada por naturaleza de estas diez acciones. Esto es debido a que daña severamente la habilidad de nuestra fuerza kármica positiva de producir su resultado, cosa que ni siquiera hace tomar la vida de alguien [como cita Vasubandhu es “Tesoro de temas especiales de conocimiento” IV.79].
[2] Mientras más fuerte sea la emoción o actitud perturbadora específica que acompaña el deseo de cometer una acción destructiva, más pesadas son las consecuencias. Aunque, intrínsecamente, pensar con hostilidad es una actitud perturbadora más grave que el apego o la ingenuidad – dado que produce daño y sufrimiento tanto a la persona que se vuelve hostil como a quien se dirige el daño – no se hace diferencia aquí de acuerdo con la naturaleza de la perturbación mental específica involucrada. La única diferencia es de acuerdo con el grado y cantidad de la emoción perturbadora específica que motiva la acción negativa. Llamar a alguien bastardo como una manera informal de hablar, aunque es grosero y abusivo, es relativamente ligero. Sin embargo, usar la misma palabra con una profunda hostilidad y gritarlo a alguien con rabia se vuelve muy pesado.
[3] Las consecuencias de sufrimiento de una acción destructiva aumenta en pesadez en proporción a la cantidad de sufrimiento que infligimos. Esto es cierto en términos de matar, robar, violar, cometer adulterio, mentir, abusar y demás. Consideremos tomar la vida de alguna criatura.
Cuando pisamos un insecto, muere de forma rápida con relativamente poco sufrimiento. Sin embargo, cuando matamos un animal a pedradas, arrojándole rocas, por ejemplo, la muerte es menos rápida. Dado que el tamaño de su cuerpo es más grande y el sufrimiento que experimenta es mayor y durante un periodo más largo, las consecuencias resultantes que tendremos que sufrir serán más severas. Experimentaremos dolor en proporción a la cantidad que creamos. Incluso si el insecto que matamos es pequeño, las consecuencias son mucho peores si le arrancamos primero las alas y las patas y luego lo arrojamos al fuego, en lugar de solo aplastarlo rápidamente. ¡Imagina que algún gigante nos arranque las piernas y nos arroje a las llamas!
Atormentar y torturar lentamente a una víctima es extremadamente pesado. Además de los horrores físicos que cometemos, si además causamos un sufrimiento mental terrible, se vuelve aún peor. Esto sería como si, antes de ejecutar a alguien, lo privamos de toda dignidad humana, lo aterrorizamos, lo matamos de hambre, hacemos que se arrastre y suplique clemencia a gritos, etc. Si además de esto, tenemos un placer sádico y nos regocijamos mientras cometemos nuestra acción de tortura y asesinato, alardeamos de ello, lo presumimos ante los demás, emitimos gritos espeluznantes mientras lo hacemos y demás, las consecuencias se vuelven increíblemente pesadas. Quizás no seamos un asesino criminal demente como este escenario de un campo de concentración, pero deberíamos revisar cuidadosamente las actitudes que surgen mientras cazamos y matamos mosquitos, pulgas, chinches, cucarachas, alimañas que atacan nuestros cultivos, etc. Puede que nos horroricemos de lo que vemos en nosotros mismos.
[4] La gravedad de las consecuencias de una acción negativa se incrementa en función de la cantidad de beneficio y ayuda que nosotros o los demás hayamos recibido en el pasado, estemos recibiendo en el presente o podamos recibir en el futuro sobre la base de a quién o a qué está dirigida la acción. Por lo tanto, incluso lanzar una mirada de desprecio a nuestro mentor espiritual, maestro, un miembro de la Sangha bodisatva, nuestros padres y demás, puede tener resultados graves.
Para matar, la pesadez incrementa a partir de que la base de nuestro asesinato sea un insecto, luego un animal pequeño, uno más grande, un feto, un humano, un amigo cercano, un hermano, un padre, un maestro espiritual, un bodisatva, un arhat, un Buda.
Robar se vuelve más pesado cuando la base es una cantidad grande de objetos o de excelente calidad, o si son las pertenencias de una persona pobre o desprovista, o si son materiales educativos, libros de oraciones, textos de Dharma, o las pertenencias de un maestro espiritual, de un arhat, de la Sangha, una estupa y demás.
La conducta sexual inapropiada se vuelve más pesada si la persona involucrada es nuestro padre, alguien con hábitos que tiene un voto de celibato, o la pareja de un amigo íntimo; si la manera implica degradar nuestra puerta de entrada del habla como un orificio o dispositivo sexual; si el lugar involucrado es delante de una estupa o en los terrenos de un monasterio; o si el momento del acto es cuando nosotros o nuestra pareja hemos tomado votos de celibato de un día, estamos enfermos o la mujer se encuentra en una etapa avanzada de embarazo.
Las consecuencias de mentir se vuelven más pesadas cuando deliberadamente damos una respuesta incorrecta para engañar a alguien que nos ha hecho una pregunta sincera, o cuando mentimos sobre una cantidad de asuntos de gran importancia, y también, similar a las tres acciones destructivas del cuerpo, cuando la persona a quien mentimos o sobre quien mentimos es nuestro padre o madre, mentor espiritual, miembro de la Sangha, un Buda y demás. Las mentiras más pesadas son aquellas que pretenden causar una división en la Sangha.
Hablar de manera divisoria se vuelve particularmente pesado cuando las partes han sido amigos cercanos durante mucho tiempo o son relaciones familiares, particularmente un hijo y sus padres, o un mentor espiritual y su discípulo, o un grupo dentro de la Sangha. Debemos ser muy cuidadosos, entonces, de nunca decirle nada malo a un maestro espiritual de sus discípulos. Esto es muy negativo.
Hablar de manera grosera se vuelve pesado cuando está dirigido a nuestros padres, a nuestro mentor espiritual, etc., cuando se usa deliberadamente para lastimar a alguien o para regañar o amenazar a alguien, o cuando involucra palabras rudas o mentiras acerca de objetos o asuntos apropiados y respetables.
Charlar sin sentido tiene consecuencias pesadas cuando toma la forma de chismes, hablar a espaldas de alguien, mostrarse contencioso, hablar de manera provocadora o recitar, producto del apego perturbador, liturgias y textos de otras religiones o bien, expresarse con sarcasmo, rudeza e insultos, o hablar de temas inapropiados o de cosas sin sentido, ya sea hacia o acerca de nuestros padres, mentores espirituales y demás.
Pensar codiciosamente se vuelve más pesado cuando los objetos deseados son pertenencias u ofrendas hechas a la Sangha, a nuestro maestro espiritual o a una estupa o cuando, producto de una obsesión arrogante y vanidad, anhelamos tener el respeto y ventajas de la experiencia que disfruta un rey o una persona erudita de ética impecable.
Pensar con malicia es especialmente pesado cuando está dirigido a nuestros padres, familiares, mentores espirituales, aquellos que no tienen fallas, los pobres, los oprimidos, los miserables, los lamentables y aquellos que sinceramente se han disculpado y arrepentido por los errores que han cometido.
Pensar distorsionadamente con antagonismo se vuelve extremadamente pesado cuando pensamos activamente para rechazar que pueda existir tal cosa como un Buda, la liberación de todos los problemas y sufrimiento o la operación de las leyes de causa y efecto conductual. Tal pensamiento es mucho más pesado que cínicamente pensar en negar simplemente la existencia actual en el mundo moderno de un arhat o cualquier cosa buena o de valor.
[5] Cuanto más frecuentemente cometemos una acción destructiva, más pesadas serán las consecuencias. Esto es porque construimos un hábito de repetir la acción cada vez más apremiante. Por lo tanto, incluso charlar sin sentido, si se hace de manera constante y continua, tendrá consecuencias pesadas, mientras que una acción negativa cometida solo una vez es menos grave.
[6] Finalmente, si cometemos muchas acciones destructivas sin hacer nada constructivo que lo equilibre y actúe como una fuerza oponente de sus consecuencias, estas acciones negativas se volverán más graves.
En contraste con estos seis factores como los presenta Pabongka en Liberación en la palma de tu mano, hay cinco que brinda Tsongkhapa en Gran Presentación:
- La intención
- La acción involucrada
- La ausencia de fuerzas oponentes
- El impulso apremiante distorsionado (log-par mngon-par zhen-pa)
- La base.
El factor de frecuencia se incluye en aquella de la acción involucrada, mientras que la naturaleza de la acción no se discute en estos cinco. El impulso apremiante distorsionado se refiere a si hay o no una visión distorsionada como la fuerza detrás de la acción, como cuando matar un animal se hace como un sacrificio de sangre basado en una visión distorsionada acerca de la causa y efecto conductual.
Tsongkhapa brinda otra lista de seis factores como se encuentran en el texto de Asanga Texto todo incluyente para la base real (Sa’i dngos-gzhi, sct. Vastusaṃgraha):
- La naturaleza
- Fuerza anterior que afecta (mngon-par ’du-byed-pa, sct. abhisaṃskāra)
- Hábito
- Base
- Presencia definitiva de factores discordantes (mi-mthun-pa’i phyogs gcig-tu nges-pa)
- Erradicación de factores discordantes (mi-mthun-phyog sel-ba).
La fuerza anterior que afecta se explica de la misma forma que la intención en las listas de Pabongka y Tsongkhapa. El hábito es similar a la frecuencia, mientras que la presencia definitiva o erradicación de factores discordantes equivale prácticamente a la ausencia de fuerzas oponentes.
En el texto de Vasubandhu Tesoro de temas especiales de conocimiento, se presenta otra lista de seis factores para distinguir la pesadez de los resultados de una acción:
- La conclusión o seguimiento
- El campo
- La base
- La acción involucrada
- La intención con la que se completa la acción
- La intención con la que fue motivada (bsam-pa).
La conclusión se refiere a si repetimos o no la acción en el futuro. El campo se refiere a lo que se llama la base en las listas de Asanga, Tsongkhapa y Pabongka, mientras que la base se refiere a lo que los demás llaman la naturaleza del acto. [Como cita el Primer Dalái Lama (rGyal-ba dGe-’dun grub) en “Aclarar el camino” (mDzod-tik thar-lam gsal-byed), 275].
Si tenemos que cometer una acción negativa, tratamos de no tener todos estos factores para que no se complete la gravedad. Por ejemplo, si simplemente tenemos que fumigar para no tener chinches, tratamos de hacer la acción con la menor emoción o actitud perturbadora posible, causando la menor cantidad de sufrimiento, tan poco frecuente como sea posible y contrarrestando con acciones positivas tales como admitir abiertamente que lo que estamos haciendo es incorrecto, invocando inmediatamente las fuerzas oponentes del arrepentimiento y demás. Tratamos de no ser el clásico ejemplo de alguien que completa los seis factores: un asesino profesional que siempre es negativo y nunca hace nada positivo, que mata a sus padres llevado por un gran enojo por medio de los nueve tipos más atroces de tortura.
Por supuesto, lo mejor de todo es nunca permitir que nos manchemos por las fuerzas kármicas negativas. Aunque rechacemos a quienes cometen acciones destructivas con serias consecuencias, no debemos considerar aceptable seguir siendo negativos siempre y cuando hagamos que nuestras acciones sean ligeras.
Como dijo Aryadeva en Tratado de cuatrocientos versos (bZhi-brgya-pa, sct. Catuḥśataka), III.22:
Si (algunos de ellos) tuvieran lepra, no todas las personas cubiertas con orina serían iguales. Del mismo modo que aquellos (sin lepra) cubiertos con orina (taparían su nariz) frente a los leprosos, ellos mismos serían evitados por todos los demás.
En otras palabras, si hubiera un grupo de personas cubierto con orina y algunas además fueran leprosas, aquellas sin lepra se taparían la nariz con disgusto frente a aquellas que padezcan la terrible enfermedad. Sin embargo, como ellas mismas apestan a orina, todos los demás se taparían la nariz en su presencia. Del mismo modo, si hemos actuado destructivamente de manera ligera, pero nos tapamos la nariz frente a aquellos que han actuado peor, aun habrá quienes se tapen la nariz ante lo que nosotros hemos hecho. Debemos recordar que incluso las acciones ligeramente destructivas resultarán en sufrimiento.
Indicar sus resultados
Toda acción destructiva conlleva tres tipos de resultados:
- Un resultado madurado
- Un resultado que corresponde a su causa (rgyu-mthun-gyi ’bras-bu, sct. niṣyanda-phalam)
- Un resultado dominante (bdag-’bras, sct. adhipati-phalam).
[1] En general, los resultados madurados son fenómenos no especificados (lung ma-bstan, sct. vyākṛta, neutros) unidos al continuo mental de un ser limitado (rnam-shes-kyis zin-pa) y que provienen de fenómenos negativos o fenómenos positivos manchados como su causa madurada. En otras palabras, en este contexto son los factores agregados de la experiencia – el cuerpo, la mente, los aparatos sensitivos y demás – de un siguiente estado de renacimiento, el cual madura como resultado de fuerzas kármicas construidas por una conducta compulsiva previa. Aunque tales factores agregados pueden estar involucrados en acciones constructivas o destructivas, en sí mismos son no obstructivos no especificados por el Buda como ninguno de los dos; son neutros.
Los resultados madurados de una acción destructiva importante son la conciencia mental siendo impulsada en el momento de la concepción a los factores agregados de un ser atrapado en las experiencias de un reino sin gozo: su cuerpo, las cosas horribles que ve y siente que le suceden, sus sensaciones de dolor, miedo y demás. Los de una acción destructiva de nivel medio son impulsados a los factores que experimenta un fantasma aferrado, mientras que los efectos madurados de una acción menor son impulsados a aquellos que experimenta una criatura rastrera. Lo que determina que una acción sea de mayor, mediana o menor gravedad es el grado de intensidad de las emociones o actitudes perturbadoras con la que fue motivada, llevada a cabo y concluida, o cuán completa estuvo la acción con todas sus partes, o cuán pesada fue con todos los factores que pueden hacer que así sea. Cualquier acción negativa, entonces, puede madurar en ser impulsados, en el momento de la muerte, a un renacimiento en un reino sin gozo, si está lo suficientemente completa, si es lo suficientemente grave y si fue cometida con un estado mental totalmente perturbado.
[2] Después de que hemos completado, como el resultado madurado de una acción destructiva, nuestra experiencia de los factores agregados en uno de los peores estados de renacimiento, aún surgirán más repercusiones (las-mtha’, sct. karmānta) como el resultado de la fuerza kármica construida por esta acción previa. Cuando alcanzamos, una vez más, una forma humana como el resultado madurado de algunas fuerzas kármicas positivas que construimos en vidas pasadas, experimentaremos estas repercusiones en la forma de resultados que corresponden a su causa. Corresponderán tanto en términos de nuestra experiencia (myong-ba rgyu-mthun-gyi ’bras-bu) como de nuestra conducta (byed-pa rgyu-mthun-gyi ’bras-bu) durante esa vida.
Si hemos cometido un asesinato, el resultado inicial que madura es el renacimiento, por ejemplo, en uno de los reinos sin gozo. Cuando, en algún momento, se agota la fuerza kármica para esa vida infernal y obtenemos otro renacimiento humano, entonces, correspondiendo al hecho de que acortamos la vida de alguien y le robamos su gloria física, experimentaremos una vida corta, llena de enfermedades e infortunio personal. Además, también correspondiendo a lo que hemos hecho en el pasado, nos deleitaremos instintivamente en torturar animales, matar insectos y demás, incluso siendo niños pequeños y, en algún momento, conducidos por nuestros impulsos kármicos apremiantes, cometeremos asesinato una vez más.
Si hemos robado durante una vida previa, nuestro renacimiento humano estará lleno de pobreza, seremos víctimas de robo, seremos obligados a renunciar o a compartir con muchas personas lo que sea que tengamos, y robaremos automáticamente incluso desde la niñez.
Si hemos cometido adulterio, tendremos una mala relación con nuestro cónyuge, nos serán infieles, nuestras relaciones maritales y amistades íntimas nunca durarán, y nos sentiremos fuertemente atraídos a tener relaciones extramaritales.
Como resultado de mentir, no tendremos ninguna influencia sobre nadie, nadie confiará en lo que decimos, los demás abusarán y difundirán falsas historias acerca de nosotros a nuestras espaldas, y seremos incapaces de decir algo sin exageración o distorsión.
Como resultado de hablar de forma divisoria, tendremos pocos amigos, quienes nos abandonarán o dejarán, nos separaremos de nuestros mentores espirituales y seres amados, e incesantemente causaremos problemas y seremos una molestia para los demás al chismear, dar nuestra opinión no pedida y causar malentendidos.
Como resultado de hablar groseramente, siempre seremos criticados, tendremos que escuchar las noticias desagradables de todos y viviremos rodeados de un ruido ensordecedor, mientras hablamos habitualmente con rudeza y decimos palabras altisonantes.
Como resultado de charlar ociosamente, seremos incapaces de conservar la confianza de los demás, todos se burlarán de nosotros, nadie nos tomará en serio, al tiempo que seremos incapaces de dejar de hablar e interrumpir a los demás. Incluso si alguien está meditando profundamente, nos sentiremos impulsados a hablar e incluso picaremos a la persona en las costillas para atraer su atención.
Como resultado de pensar codiciosamente, nunca seremos capaces de completar ningún proyecto, empezaremos un millón de cosas y luego querremos hacer otra cosa tan pronto como empecemos cualquiera de ellas, al tiempo que tendremos que tocar todo lo que vemos, saber cuánto cuesta todo, y cuando escuchamos que alguien ha comprado algo nuevo, tendremos que ir a verlo y probarlo.
Como resultado de pensar con malicia, siempre nos sentiremos culpables, desconfiados y paranoicos de los demás, al tiempo que disfrutamos lastimar sádicamente a personas y animales y hacer maldades. Pondremos piedras en el camino para dañar los vehículos o pondremos un ratón en la cocina de alguien, o siempre que veamos un perro sentiremos el impulso de molestarlo y atormentarlo.
Como resultado de pensar distorsionadamente con antagonismo, siempre nos sentiremos soporosos al intentar practicar el Dharma, como si tuviéramos una vasija sobre la cabeza, pero nos sentiremos ligeros como una pluma cuando nos involucremos en actividades mundanas engañosas, al tiempo que criticaremos constantemente a los demás, encontraremos defectos en todo, pensaremos que todo lo que hacen los demás está equivocado o no es bueno, y malentenderemos totalmente el Dharma. El efecto de una acción negativa está, de esta manera, siempre en concordancia con su causa.
El fruto que corresponde a su causa en nuestra conducta instintiva es siempre el fruto más amargo de todos. Nacer con la tendencia instintiva a seguir cometiendo las mismas acciones destructivas que hemos cometido en el pasado genera un círculo vicioso de problemas y existencia incontrolablemente recurrentes, samsara, que solo puede romperse adoptando las medidas del Dharma.
[3] Los tipos de resultados de acciones negativas anteriores afectan nuestro estado de renacimiento, nuestra situación social y los impulsos kármicos apremiantes que surgen para moldear nuestra conducta. Por otro lado, el resultado dominante madura en la forma de nuestro medio ambiente, pertenencias y cómo nos relacionamos con ellas una vez que renacemos como humano. También puede afectar a muchos seres colectivamente y a veces se enuncia como “resultado dominante” (dbang-gi ’bras-bu).
Como resultado de matar, naceremos en un lugar innoble sin ninguna gloria y en una casta inferior, habrá instalaciones médicas muy pobres, la comida y las medicinas disponibles en ese lugar serán débiles y de mala calidad. Aun si obtenemos la alimentación y las medicinas que teóricamente nos ayudarán, nuestra comida nos brindará una nutrición deficiente y las medicinas serán inútiles para tratar nuestra enfermedad.
Como resultado de robar, nada de lo que plantemos crecerá o tendrá un rendimiento muy escaso. Alguien nos vende una vaca y da menos leche que antes. Nuestra tierra sufrirá e menudo inundaciones, sequías y granizadas.
Como resultado de involucrarnos en conducta sexual inapropiada, viviremos en un lugar sucio, lodoso, inconveniente, oloroso a letrinas y totalmente desagradable.
Como resultado de mentir, naceremos en un lugar en donde todos son corruptos y deshonestos, nuestros emprendimientos de negocios fracasarán, perderemos nuestro capital, nuestros empleados nos robarán y todos nos engañarán y se aprovecharán de nosotros.
Como resultado de hablar de forma divisoria, viviremos en un lugar accidentado e incómodo, con bruscas elevaciones y depresiones del terreno, tal como hemos destruido la serenidad de la mente de otros.
Como resultado de hablar de forma grosera, habrá muchas espinas, rocas afiladas y muchos cristales rotos donde vivamos, y el paisaje será hostil, seco y árido, sin cuerpos de agua, con muchos alacranes, serpientes y grandes extensiones de sal.
Como resultado de charlar sin sentido, nuestros árboles frutales no darán fruto en las estaciones adecuadas, sino que empezarán a crecer en el momento del año incorrecto, sus raíces serán inestables y no resistirán, por lo que caerán fácilmente o serán talados, mientras que los parques, bosques y lagos que nos rodean se verán saturados y deteriorados.
Como resultado de pensar codiciosamente, nuestra propiedad, casa y pertenencias se deteriorarán rápidamente, se desgastarán y romperán. Siempre que nos mudemos a una nueva habitación, los muebles se desharán, la pintura comenzará a despintarse y, dentro de muy poco tiempo, aquello será un desastre. Compramos una nueva playera, y la primera vez que nos la ponemos, se le hace un hoyo.
Como resultado de pensar con malicia, nos encontraremos continuamente atrapados en guerras, calamidades y epidemias, en donde vivamos estará infestado de insectos ponzoñosos y serpientes, animales salvajes peligrosos y embrujado por espíritus y fantasmas aterradores.
Como resultado de pensar distorsionadamente con antagonismo, se agotarán los recursos naturales que nos rodean, los manantiales se secarán, el medio ambiente se contaminará y desaparecerá la ley y el orden, no habrá protección y nada será sagrado.
[Como cita Nagáryuna en “La preciosa guirnalda” (Rin-chen ’phreng-ba, sct. Ratnāvalī), 14–18; y Dharmarakshita en “La rueda de las armas afiladas”, 10–45].
No debemos pensar que todo esto acontece sin razón alguna. Nuestro renacimiento, experiencias, conducta instintiva y medio ambiente son el resultado de las fuerzas kármicas construidas por nuestro comportamiento previo. Podemos pensar que estas diversas cosas son los resultados de acciones que hemos hecho en esta vida, pero eso es bastante raro. Si siempre fuera el caso, podríamos pensar en personas buenas a quienes siempre le suceden desgracias. La mayoría de lo que experimentamos en esta vida es el resultado de nuestras acciones en vidas previas, mientras que, lo que hacemos ahora, afecta prioritariamente a nuestros futuros renacimientos.
Como dijo Dharmarákshita en “La rueda de las armas afiladas”, 46:
En resumen, los golpes, como relámpagos sobre nuestra cabeza, de (desastres) nunca deseados, son las armas afiladas del karma negativo regresando a nosotros, como el asesinato del herrero a manos de su propia (elaborada) espada. Ahora, cuidemos nuestras acciones negativas.