La forma de considerar la causa y efecto conductual

El lugar del tema en el más amplio contexto del Lam-rim

Nos hemos encontrado con un mentor espiritual plenamente cualificado y una preciosa vida humana llena de respiros y enriquecimientos que nos permiten mejorar nuestro destino. Sin embargo, estas condiciones ideales no durarán para siempre. La muerte llegará con certeza y nunca podemos saber cuándo. Considerando que hemos tomado pocas o ninguna medida preventiva, podemos estar bastante seguros de que nuestra fuerte familiaridad con prácticas negativas nos conducirá a uno de los peores estados de renacimiento. 

Llenos de cautela frente a este pensamiento y confiados en que el Buda, el Dharma y la Sangha pueden indicar una dirección segura para salir de esta probable caída inminente, nos hemos encomendado por completo a seguirlos. Meramente al generar tal actitud, especialmente en el momento de la muerte, podemos prevenir nuestra caída en nuestra vida inmediatamente posterior. Sin embargo, ¿qué pasa con nuestras vidas después de ello? ¿Cómo pueden las Tres Joyas Raras y Supremas indicar una dirección segura y duradera para salir de nuestro problema? 

Un criminal puede obtener un descanso del castigo al apelar a un funcionario gubernamental poderoso y recibir ayuda de los asistentes de esta persona. Sin embargo, si en el futuro continúa su conducta antisocial, en algún momento será atrapado, sin importar a quién conozca. Solo cambiando sus costumbres y siguiendo la ley podrá tener la seguridad de su posición segura, protegida. De igual manera, aunque los Budas indican la dirección y la Sangha nos ayuda a recorrerla, la verdadera dirección segura la brinda específicamente el Dharma. Además, solo podemos proceder en su dirección al adoptar y generar realmente sus medidas en nuestro continuo mental. Al hacerlo así, podemos evitar el hecho de volver a caer en un peor estado de renacimiento y, por lo tanto, liberarnos de nuestras preocupaciones y temores.

En primer lugar, debemos aprender a diferenciar entre acciones constructivas y destructivas y llegar a reconocer los resultados de cada una. Cuando podemos hacer esto, naturalmente rechazaremos el tipo de conducta que nos traerá problemas y adoptaremos esas acciones que resultarán en nuestra felicidad. Esta es la principal medida preventiva que tomamos. Si no la adoptamos, no seremos capaces de revertir las causas de caer en un renacimiento terrible y, por lo tanto, no obtendremos libertad alguna de nuestro temor a este destino. 

Con el fin de movernos en la dirección segura de basar nuestra conducta en consideraciones tan sólidas, primero debemos desarrollar respeto y convicción en las leyes de la causa y efecto conductual. Debemos llegar a ver cómo los impulsos kármicos constructivos o destructivos de nuestras acciones nos llevan a experimentar diversos efectos. Si permanecemos sin darnos cuenta, como lo hacen la mayoría de los seres, estamos atados a caer en estado miserables. 

Como ha dicho Shantideva en Involucrarse en el comportamiento del bodisatva (sPyod-’jug, sct. Bodhicaryāvatāra), I.28:

Aunque tienen la mente que desea evitar el sufrimiento, se precipitan al sufrimiento mismo. Aun deseando la felicidad, por ingenuidad, destruyen su propia felicidad como si fuera un enemigo.

Considerar los principios generales de la causa y efecto conductual 

Hay dos presentaciones principales del karma dadas por los maestros de Nalanda de la India: una que es seguida por los sistemas de principios Vaibáshika, Sautrántika-Svatántrika y Prasánguika Madyámaka y una que es seguida por los sistemas de principios Sautrántika, Chitamatra y Yogachara-Svatántrika Madyámaka. La tradición del lam-rim, sin establecer lo que es el karma, presenta los detalles del karma de acuerdo con cuál de los dos sistemas tiene la presentación más completa, que en su mayoría es la del Chitamatra. En ese sistema, se afirma que todos los impulsos kármicos son el factor mental de un impulso [como lo cita Asanga en “Antología de Temas Especiales de Conocimiento,” 256-4-7 ff.].

Ambos sistemas afirman que los impulsos kármicos pueden ser constructivos (dge-ba, sct. kuśala, virtuosos), destructivos (mi-dge-ba, sct. akuśala, no virtuosos) o del tipo que el Buda dejó no especificados como alguno de los dos (lung ma-bstan, sct. avyākṛta) y esos incluyen tanto aquellos que obstruyen la liberación como aquellos que son no obstructivos. 

En cualquiera de estas tres categorías, hay impulsos kármicos incitadores (sems-pa’i las) e impulsos kármicos incitados (bsam-pa’i las). Aquellos que son impulsos kármicos incitadores son impulsos de la mente (yid-kyi las, karma mental). Son el factor mental de un impulso (sems-pa, sct. cetanā) que incita a la conciencia mental y a los factores mentales acompañantes a desempeñar sus funciones de pensar acerca de y decidir cometer una acción kármica de cuerpo o palabra. Aquellos que son incitados por esos impulsos kármicos incitadores de la mente son, o impulsos kármicos del cuerpo (lus-kyi las, karma físico) o impulsos kármicos del habla (ngag-gi las, karma verbal). 

De acuerdo con los sistemas Vaibáshika, Sautrántika-Svatántrika y Prasánguika Madyámaka [como los cita Tsongkhapa en “Gran Comentario sobre ‘Versos (raíz sobre el camino medio, llamado) darse cuenta que discrimina’(de Nagáryuna)” (rTsa-she tik-chen rigs-pa’i rgya-mtsho) (Sarnath ed.) 299–300; y por Vasubandhu en “Tesoro de temas especiales de conocimiento”, IV.1–8] los impulsos kármicos del cuerpo y del habla son los movimientos del cuerpo o la pronunciación de los sonidos de las sílabas de palabras que constituyen los métodos implementados para causar que ocurran las acciones decididas por las acciones kármicas incitadoras de la mente. Por lo tanto, no todos los impulsos y no todos los movimientos del cuerpo o pronunciación de los sonidos de las sílabas de las palabras son kármicos. Los impulsos que conducen a la conciencia corporal, por ejemplo, o a la conciencia mental a pensar en comer el almuerzo no son kármicos. También son no kármicos los movimientos del cuerpo de sentarse o la pronunciación de las sílabas de la palabra “hola”. 

Todas las acciones kármicas son caminos que toma un impulso kármico (las-lam, camino del karma). En el caso de una acción de la mente, el camino es el tren de pensamiento ejecutado por la conciencia mental y los factores mentales acompañantes, y no incluye el impulso kármico que lo conduce. En el caso de una acción del cuerpo o del habla, el camino mismo es un impulso kármico incitado, en el sentido de que contiene el movimiento del cuerpo o la pronunciación de las sílabas de las palabras como el método implementado para causar que la acción ocurra [como cita Vasubandhu en “Tesoro de temas especiales de conocimiento” (Chos mngon-pa’i mdzod, sct. Abhidharmakośa), IV.78].

El factor mental de un impulso kármico que conduce a la conciencia mental y a los factores mentales acompañantes a una acción kármica destructiva de la mente es motivada por una emoción o actitud perturbadora. “Motivada” (kun-slong, sct. samutthāna) simplemente significa “cuyo surgimiento es causado”. La emoción o actitud perturbadora luego acompaña a la acción kármica de la mente como uno de los factores mentales empujados por el impulso kármico que conduce la acción. Aunque tanto el impulso como la emoción o actitud perturbadora son factores mentales, no hay locus común (gzhi-mthun, común denominador) o ejemplo de un fenómeno que sea ambos. En el caso de un camino o acción destructiva de cuerpo o mente, una emoción o actitud perturbadora es uno de los factores mentales que acompañan a la conciencia corporal que causan que el brazo apuñale a alguien o que el discurso pronuncie una mentira. 

Dependiendo de si son constructivas o destructivas, las acciones kármicas del cuerpo, palabra y mente y los impulsos kármicos que las impulsan o están presentes en ellas funcionan ya sea como fuerza kármica positiva (bsod-nams, sct. puṇya) o como fuerza kármica negativa (sdig-pa, sct. pāpa). En el momento de la muerte, la fuerza kármica positiva madura impulsando a la conciencia mental a adoptar los elementos corporales no obstructivos no especificados de uno de los tres mejores estados de renacimiento como base física que la sustente en su próxima vida. Durante esta vida o una futura, la fuerza kármica positiva madura en el factor mental de una sensación de felicidad que acompaña a una conciencia sensorial o mental. En el caso de una fuerza kármica negativa, los elementos del cuerpo son aquellos de uno de los tres peores estados de renacimiento y la sensación es de infelicidad.   

No existe tal cosa como “karma instantáneo”. Siempre hay un periodo de tiempo entre una acción kármica manifiesta y el surgimiento de su resultado madurado manifiesto. La conexión entre los dos se mantiene por un continuo de semillas kármicas latentes (sa-bon, sct. bīja). Son variables que afectan no congruentes (ldan-min ’du-byed, sct. rūpa-citta-viprayukta-saṃskāra), que se vuelven verificables (gdags-pa, sct. prapti; imputadas) sobre la base del continuo de una conciencia mental. Como no son ni una forma de fenómeno físico ni una manera de darse cuenta de algo, no comparten cinco cosas en común con esa conciencia mental, tal como el objeto focal. Desde un punto de vista, todo el continuo de periodos manifiestos y latentes funciona como fuerza kármica positiva constructiva o como fuerza kármica negativa destructiva. Desde otro punto de vista, sin embargo, las semillas kármicas mismas son fenómenos no especificados obstructivos. Funcionan como las causas obtentoras (nyer-len-gyi rgyu, sct. upādānahetu) para cada iteración sucesiva de sí mismas y, por lo tanto, son responsables de mantener el continuo que conecta los periodos manifiestos.

Los impulsos kármicos incitados de cuerpo y habla son formas de fenómenos físicos. Ambos tienen una forma reveladora (rnam-par rig-byed-kyi gzugs, sct. vijñapti-rūpa) y una forma no reveladora (rnam-par rig-byed ma-yin-pa’i gzugs, sct. avijñāpti-rūpa). La forma reveladora es el movimiento del cuerpo o la emisión del discurso que son los métodos implementados para causar que las acciones kármicas sucedan. Duran solo el tiempo que dura la acción kármica y revelan que los factores mentales motivadores que las acompañan son destructivos o constructivos. Las formas no reveladoras son formas sutiles de fenómenos físicos; no revelan nada. Surgen con la acción y, una vez que la acción kármica se ha completado, siguen en el continuo de la conciencia mental hasta que se pierden por uno de muchos medios. 

Las formas no reveladoras no están hechas de una colección de partículas (rdul-phran, sct. paramāṇu), aunque se derivan de los elementos físicos que surgen o están presentes de manera simultánea con su producción. Son una forma de fenómeno físico, pero no tienen forma ni color. Están “reunidos en los continuos mentales” (sems-rgyud-la bsdus-pa) de los seres, pero no están “unidos a sus conciencias” (rnam-shes-kyis zin-pa). En otras palabras, no podemos sentirlos como podemos sentir nuestro cuerpo o estados mentales. Surgen en nuestro continuo mental solamente a través de un fuerte anhelo motivador y deben ser constructivos o destructivos, nunca no especificados. Su continuidad va desde el momento en que surgen en nuestro continuo mental hasta que desaparecen de ellos como resultado de una acción específica. Siguen estando presentes incluso durante logros meditativos de estados profundos de concentración absorta, así como independientemente de si estamos distraídos, dormidos, inconscientes, etc. Se afirman en el Vaibáshika y el Madyámaka, pero en ningún otro sistema de principios budistas. [Como cita Vasubandhu en “Tesoro de temas especiales de conocimiento,” I.11.].

Las formas no reveladoras incluyen todos los votos. También se adquieren cuando le ordenamos a alguien más que cometa un acto destructivo o constructivo de cuerpo o habla, cuando construimos o patrocinamos algo que ayuda a otros o que los daña, cuando nos regocijamos por las acciones constructivas de otros, etc. Como impulsos kármicos, construyen fuerza kármica negativa o positiva en nuestro continuo mental cuando otros cometen una acción que les ordenamos cometer, cuando los demás hacen uso de aquello que construimos o patrocinamos, y demás.  

En resumen, en cualquier momento que cometemos una acción impulsiva constructiva o destructiva, construimos respectivamente fuerza kármica positiva para la felicidad o fuerza kármica negativa para el sufrimiento y la infelicidad. Cuando se reúnen las circunstancias adecuadas, dan surgimiento a esas sensaciones. Por lo tanto, toda nuestra felicidad y sufrimiento surgen como resultado de nuestra conducta impulsiva previa. No suceden sin razón alguna, ni son creadas por un ser todopoderoso que domine nuestro destino. Como dijo el Buda:

Eres tu mejor amigo y tu peor enemigo. 

Esto es porque, sin importar las situaciones o seres que brinden las circunstancias, nosotros mismos creamos toda nuestra felicidad o problemas por la forma en que pensamos, hablamos y nos comportamos.

La forma real de considerar sus aspectos generales

Hay cuatro factores generales a considerar acerca de las leyes de la causa y efecto conductual: 

  1. Hay certeza acerca de los resultados de nuestras acciones.
  2. Hay un gran incremento de los resultados a partir de lo que hacemos. 
  3. Si no hemos cometido una cierta acción, no nos encontraremos con sus resultados. 
  4. Si hemos cometido una acción, no se desperdiciará sin producir un resultado. 

[1] Independientemente de lo que pensemos, digamos o hagamos, o de cuál pueda ser nuestro estado mental motivador, es definitivo que las acciones constructivas resultan en felicidad, mientras que las destructivas resultan en sufrimiento y problemas. Cualquier felicidad que disfrutamos, desde la más fresca brisa en adelante, es solo el resultado de nuestras acciones positivas previas, y nunca podría surgir de haber sido negativos. Lo mismo es cierto con cualquier sufrimiento que experimentemos, incluso un simple dolor de cabeza. Solo podría provenir de algo negativo que hicimos. Las semillas de pimiento picante solo pueden producir pimientos picantes, mientras que los huesos de uva solo pueden convertirse en frutas dulces. Como el Buda dijo en uno de sus Textos escriturales sobre las reglas de disciplina (’Dul-ba lung, sct. Vinaya-āgama):

Independientemente de qué tipo de acción has cometido, los resultados serán concordantes.

Están Las cuatro secciones de “Los textos escriturales sobre las reglas de disciplina” (’Dul-ba lung sde-bzhi) en el texto Canasta de reglas de disciplina (Dul-ba’i sde-snod, sct. Vinayapiṭaka, Canasta del Vinaya) del Buda: 

  • La base para “Los textos escriturales sobre las reglas de disciplina” (’Dul-ba lung gzhi, sct. Vinaya Vastu)
  • El Pratimoksha Sutra (So-sor thar-pa’i mdo, sct. Prātimokṣa Sūtra) y Diferenciaciones dentro de las reglas de disciplina (’Dul-ba rnam-’byed, sct. Vinaya Vibhaṅga), estos dos cuentan como uno. 
  • Base para los aspectos menores de las reglas de disciplina (’Dul-ba phran-tshegs-kyi gzhi, sct. Vinaya Kṣudraka Vastu
  • El último clásico sobre las reglas de disciplina (’Dul-ba gzhung dam-pa, sct. Vinayottara Grantha).

En el Sutra del sabio y el tonto (mDo mdzangs-blun, sct. Damamūko-nāma Sūtra), XXXVII, se cuenta el relato de Yashabhadrika (sNyan-pa bzang-ldan), un enano extremadamente feo con una voz como el oro, que se volvió monje y llenó su vida de significado. Una vez, el Rey Prasenajit de Shravasti llegó con su ejército al parque Jetavana de Anathapindada (rGyal-byed-kyi tshal kun-dga’ ra-ba, sct. Jetavanārāma) en busca de Angulimala, aquel notorio asesino que había elaborado un rosario con los pulgares de cada una de sus 999 víctimas. Sin saber que el Buda Shakyamuni había reformado y domado a este temible criminal que ahora se había convertido en un arhat, el rey solo sabía que Angulimala vivía en este parque con el Buda. 

Ferozmente, irrumpió con todas sus tropas, pero a medida que cruzaba las murallas, escuchó una hermosa voz cantando las escrituras. Era tan impresionante que incluso los caballos y los elefantes se detenían en sus caminos para escuchar. El rey también se conmovió profundamente. Olvidando su misión, le preguntó al Buda si podía ver al monje con tan encantadora voz. El Buda le dijo que era mejor que no lo viera, pero el rey insistió, y cuando vio al deforme Yashabhadrika, se sorprendió. Al preguntarle al Buda la causa de la discordancia entre la voz y la apariencia de este monje, se le contó el siguiente relato.

Después de la muerte del Tercer Buda, Kashyapa, un cierto rey mandó construir una estupa para honrar a este Buda. Uno de los trabajadores del proyecto era un monje que maldecía y se quejaba amargamente todos los días sobre la enorme cantidad de trabajo pendiente y sobre por qué tenían que construir esa monstruosidad tan grande. Ciertamente, una más pequeña era suficiente. Como resultado, nació como este pequeño y feo Yashabhadrika. Sin embargo, cuando se terminó la construcción, el monje se arrepintió de todas sus quejas y ofreció una campana dorada para coronar el monumento. Esta fue la causa de que tuviera una voz tan melodiosa. 

En otra ocasión, había un ministro del Rey Prasenajit, de nombre Mrigara (Blon-po Ri-dvags ’dzin), cuya madre Sagama (Ma Sa-ga-ma) había tenido treinta y dos hijos. Todos los chicos eran muy atléticos y aficionados a las luchas. El rey amaba verlos jugar y les mostraba gran preferencia. Otro ministro estaba celoso de la atención que se le daba a los chicos y un día le entregó a cada uno de ellos un bastón de cristal en el que ingeniosamente había ocultado un cuchillo. Los muchachos tomaron los bastones con alegría y, blandiéndolos sobre sus cabezas, libraron una supuesta batalla en el patio. El rey estaba muy contento. Sin embargo, el ministro intrigoso le dijo al rey que eso no era ningún juego y que los jóvenes estaban planeando asesinarlo. Como prueba, rompió uno de los bastones y reveló la afilada cuchilla que tenía dentro. El rey Prasenajit quedó tan horrorizado que ordenó decapitar a los muchachos en ese instante y envió sus cabezas a su madre en una bandeja. La causa de esto es que, en una vida anterior, los muchachos habían sido ladrones de ganado que habían robado un toro y lo habían matado. El rey había sido este toro, mientras que su madre había sido la esposa del posadero que sirvió la carne de res a los treinta y dos bandidos. 

Supongamos que hacemos algo negativo, pero con una motivación positiva. Aun así, la acción destructiva resultará en un problema. Cualquier felicidad experimentada solo puede ser el resultado de la motivación beneficiosa, que fue un pensamiento positivo. Podría no haber provenido del impulso negativo (sdig-pa’i las, sct. pāpa-karma) mismo. Por ejemplo, en una vida previa, el Buda Shakyamuni fue el capitán de un barco, que tenía como uno de sus remeros a Minyag Dumdum (Mi-nyag dum-dum). Una vez, cuando transportaban a un grupo de 500 comerciantes, el capitán se dio cuenta de que este remero estaba planeando robar y matar a los comerciantes. Para salvar las 500 vidas e impedir que el remero cargara con las consecuencias nefatas de este asesinato masivo, el capitán decidió matar a Minyag Dumdum y aceptar en sí mismo cualquier sufrimiento que proviniera de su propio acto negativo. 

El resultado de esta motivación de bodisatva noble y desinteresada fue que, con este incidente, completó la construcción de sus primeros tropecientos (grangs-med, sct. asaṃkhya, incontables) eones de fuerza kármica positiva, lo cual lo ayudó a alcanzar el estado de un Buda. Sin embargo, su acto de asesinar era aún algo negativo por naturaleza. Para demostrar que el sufrimiento y los problemas provienen de las acciones destructivas, aun cuando el Buda había eliminado todos los oscurecimientos que habían sido construidos por sus acciones kármicas anteriores, y aunque había alcanzado la liberación, una liberación definitiva de todos los problemas, y a pesar de que, cuando caminaba normalmente, sus pies nunca tocaban el suelo, sin embargo, una vez manifestó la apariencia de encajarse una espina en un pie. Al explicarle a sus discípulos que la causa de haberse astillado era este acto previo de asesinato siendo capitán, de esta manera indicó compasivamente cómo es seguro que una acción destructiva solo puede tener sufrimiento como resultado. 

[2] Pequeñas acciones pueden producir grandes resultados, así como una gota de veneno puede quitar una vida y una pequeña pastilla puede curar una enfermedad. Una vez, el Buda visitó a una familia. La mujer de la casa, al ser una devota seguidora, le preparó como ofrenda un pastel de sésamo. Entonces el Buda profetizó para ella: “En tu próxima vida renacerás en tal y tal lugar y, como resultado de tu ofrenda, te convertirás en un arhat pratyekabuda”. Su esposo, quien no tenía fe alguna en el Buda, dijo con desagrado: “¿Por qué inventas tales historias solo por un pedazo de pastel?”. El Buda respondió con calma: “Nunca tengo razón para mentir”. Luego describió un árbol del bodhi enorme, lo suficientemente grande como para brindar una amplia sombra para 500 carretas bajo sus ramas. Al explicarles cómo un árbol tan grandioso había crecido a partir de una semilla diminuta no más grande que el sésamo, demostró de una manera aterrizada cómo un gran incremento de resultados puede surgir a partir de lo que hacemos. 

Hay muchos ejemplos de acciones aparentemente triviales que tienen resultados terribles, tal como la gente que le dice a un monje que su voz es tan pobre como la de un perro, una rana o un mono, y que luego esas personas renazcan 500 veces como ese animal. Podemos recordar el relato de Kapila, el hijo de Manu, quien, con la intención de ser el debatiente campeón llamó a dieciocho monjes con los nombres de diferentes animales y renació como un monstruo marino de dieciocho cabezas. 

Las pequeñas acciones positivas también pueden tener grandes consecuencias. Cuando Vasubandhu estaba componiendo Tesoro de temas especiales de conocimiento, tenía enjaulada una paloma que a menudo lo escuchaba recitar su texto. Como resultado de la impresión que el sonido de estas palabras dejó en su continuo mental, la paloma renació como el niño que creció para ser Sthiramati (Blo-gros brtan-pa). Tan pronto como pudo hablar, pidió ser llevado ante su maestro Vasubandhu. Rápidamente se convirtió en un discípulo cercano y más tarde escribió un famoso comentario al texto que tanto había escuchado en el pasado. 

Un ejemplo similar fue Nagabodhi (Klu-byang). En su vida previa, también fue un pájaro y, como resultado de haber escuchado las enseñanzas de Nagáryuna, renació para convertirse en su sobresaliente discípulo. 

En mi monasterio, había un monje que aprendía muy fácilmente cognición válida, darse cuenta que discrimina de largo alcance y el camino medio, pero tenía una gran dificultad con los temas habitualmente más sencillos del abidharma y las reglas de la disciplina. Un alto lama con poderes de clarividencia de conciencia avanzada nos dijo que esto era porque en su vida anterior había sido un escorpión que había cruzado las puertas del monasterio y visitado los patios del debate sobre los primeros tres temas. Había sido atrapado y comido por un halcón antes de que pudiera llegar a los patios para los dos últimos temas y, por lo tanto, no había construido propensiones para ellos. Esta es la razón por la que no espantamos moscas ni retiramos otros insectos cuando se posan sobre estatuas del Buda o tangkas. Su contacto con un objeto de dirección segura puede dejar una impresión beneficiosa en su continuo mental que les ayudará en vidas futuras. 

El sistema de educación monástica en los monasterios Gelug cubre cinco temas principales, basados en cinco grandes textos escriturales indios:  

  • Cognición válida, pramana (tshad-ma), es el estudio de las pruebas para la validez de tales puntos esenciales como las Tres Joyas Supremas, el renacimiento y la omnisciencia. Se basa en Un comentario sobre (El compendio de Dignaga de) mentes que conocen válidamente (Tshad-ma rnam-’grel, sct. Pramāṇavarttika) de Dharmakirti.
  • El darse cuenta que discrimina de largo alcance, prajnaparamita (phar-phyin), es el estudio de las etapas y caminos de la mente (sa-lam) necesarios para la realización de la vacuidad, liberación e iluminación. Se basa en Filigrana de Realizaciones (mNgon-rtogs-rgyan, sct. Abhisamayālaṃkāra) de Maitreya.
  • El camino medio, Madyámaka (dbu-ma), es el estudio de la vacuidad de acuerdo con la visión Prasánguika-Madyámaka. El estudio Madyámaka se basa en Involucrarse en el camino medio (dBu-ma-la ’jug-pa, sct. Madhyamakāvatāra) de Chandrakirti.
  • El Abidharma, temas especiales de conocimiento, aborda los constituyentes físicos y mentales de los seres limitados, estados de renacimiento, karma, emociones y actitudes perturbadoras, caminos de liberación y demás. Se basa en Tesoro de temas especiales de conocimiento de Vasubandhu.
  • Reglas de disciplina, Vinaya (’dul-ba), se refiere a los votos monásticos. Se basa en El Sutra Vinaya (’Dul-ba’i mdo, sct. Vinayasūtra) de Gunaprabha.

Ya hemos visto cómo hacer incluso la más pequeña ofrenda con una motivación pura puede producir resultados monumentales. El Rey del Dharma Ashoka, en una vida previa como un niño pequeño, le ofreció al Buda Vipashyin (rNam-par gzigs) un puñado de arena que él visualizó como oro. Como resultado, renació como este poderoso rey que difundió el Dharma por doquier. 

En el momento del Segundo Buda, Kanakamuni (gSer-thub), había una pareja de ancianos que eran tan pobres que solo tenían un solo pedazo de tela de algodón gastada que compartían entre ellos como manta para envolverse. Cuando uno salía, él o ella usaba el trapo mientras el otro se quedaba en casa. Un día, la mujer fue al pueblo y vio a muchas personas haciéndole ofrendas al Buda. Desarrolló una fuerte aspiración de hacer lo mismo, pero lo único que tenía era el pedazo de tela andrajoso sobre su espalda. Habló con uno de los discípulos del Buda y le preguntó si estaría bien hacer una ofrenda con su tela, y el discípulo le dijo que sí. Se puso de acuerdo para dejarla al día siguiente sobre una roca cercana al camino y huir hacia la selva. El siguiente día, el Buda aceptó esta humilde, aunque sincera, ofrenda, dijo muchas plegarias sobre ella y la volvió a dejar sobre la roca para que la anciana pudiera recuperarla. Como resultado, la pareja no solo recibió en vida lujosas vestiduras dignas de un rey y una reina, sino que también ¡la anciana renació completamente vestida! Cuando se ordenó como la monja Pandari (dGe-slong-ma dKar-mo), la ropa de lino con la que nació se transformó en túnicas color azafrán. 

Por lo tanto, nunca menospreciamos ninguna acción, sin importar cuán trivial pueda parecer. Por nuestras muchas pequeñas acciones, construimos una fuerza kármica aún mayor para alcanzar nuestras metas espirituales. En Versos especiales agrupados por tema (Ched-du brjod-pa’i tshoms, sct. Udānavarga, El Dhammapada tibetano), XVII.5–6, el Buda dijo:

Al haber cometido una pequeña acción destructiva, no pienses: “En el futuro, los resultados de esto no me afectarán”. Así como grandes cubetas son llenadas por el flujo de gotas de agua, asimismo, los continuos mentales de seres infantiles se llenan de fuerza kármica negativa construida poco a poco. Al haber hecho alguna pequeña acción constructiva, no pienses: “en el futuro, los resultados de esto no me afectarán”. Así como grandes cubetas son llenadas por el flujo de gotas de agua, asimismo, los continuos mentales de los seres estables se llenan de fuerza kármica positiva construida poco a poco. 

En el Sutra del sabio y el tonto, XVI, se brinda el relato del señor Shrijati (Khyim-bdag sPal-skyes). Nos da muchos ejemplos más de la operación de las leyes de la causa y efecto conductual. Una vez, en el tiempo del Buda Shakyamuni, había un señor, cabeza de familia, llamado Shrijati que tenía 80 años. Tenía una familia muy grande, pero era muy infeliz. Todos los miembros de su familia estaban en contra de él y solían mofarse y burlarse de todo lo que decía o hacía. Completamente molesto, un día los dejó y acudió a Shariputra para solicitarle la ordenación. Shariputra usó sus poderes clarividentes de conciencia avanzada para buscar alguna acción constructiva en las vidas previas de Shrijati que pudiera servir como raíz para sostener su entrada a la vida monástica, pero no encontró nada, así que lo envió de regreso a casa. 

Shrijati se derrumbó y lloró. El Buda escuchó sus lamentos y fue personalmente a decirle: “Al haber superado y obtenido todo, puedo ver mucho más que Shariputra. Tienes muchas semillas de fuerza kármica positiva”. El Buda describió cómo una vez, muchos, muchos eones atrás, él fue una mosca que se detuvo sobre un excremento de burro que flotó tres veces alrededor de una estupa en una corriente de agua de lluvia. “Por la virtud de esta semilla como base, puedes ordenarte y tendrás éxito”. 

El Buda aceptó al anciano en su orden y lo puso bajo las órdenes de Maudgalyayana. Entró a un monasterio y recibió formación junto a todos los jóvenes novicios. Los chicos se mofaban y lo molestaban sin descanso. Como en la mayoría de los países, es difícil ser viejo. Hay un dicho en tibetano: “Como un caballo viejo, un perro viejo y un hombre viejo, todos son menospreciados”. Shrijati se desanimó mucho. “Todos están en mi contra”, pensó, “primero en mi familia y ahora aquí en el monasterio”.

Fue al Río Ganges para poner fin a su sufrimiento. Ofreció muchas plegarias: “No estoy siendo irrespetuoso con el Dharma”, dijo, “¡pero qué puedo hacer como un viejo miserable!”. Cuando estaba a punto de saltar, Maudgalyayana llegó y lo detuvo. El anciano estaba muy avergonzado y explicó a qué se había visto obligado. Maudgalyayana le dijo que no fuera tan tonto y que lo dejara llevarlo de vuelta al monasterio. Hizo que sostuviera sus hábitos y, con sus poderes extrafísicos, voló por los aires. 

Mientras se elevaban sobre el campo, al anciano vio el cuerpo en descomposición de una mujer, con una serpiente que entraba y salía por los orificios de los ojos y de la nariz. “¿Qué es esto?”, preguntó. “Este no es el momento de explicar”, respondió Maudgalyayana. Luego, vio a una mujer calentando un caldero de agua sobre el fuego y, cuando empezó a hervir, saltó dentro de él. Cuando preguntó sobre ello, nuevamente Maudgalyayana le dijo que le explicaría todo después. A continuación, vio un árbol repleto de gusanos e insectos que gritaba de dolor. Vio todo tipo de imágenes extrañas.

Maudgalyayana luego lo llevó a cruzar el océano. Finalmente aterrizaron en la otra orilla, en donde había un esqueleto de una enorme ballena sobre la arena, y ambos se sentaron sobre una de sus costillas. Maudgalyayana primero le explicó a Shrijati sobre el cadáver con la serpiente. Cuando la mujer estaba viva, estaba muy orgullosa de su propia belleza y siempre se admiraba en el espejo. Su esposo la llevó en un viaje por el mar, y ella se ahogó. Su cuerpo fue arrastrado a la orilla y, debido a su apego, renació como una serpiente que entra y sale por los orificios del cuerpo de su vida anterior. 

En cuanto a la mujer que hervía agua y luego se cocinaba a sí misma, una vez existió una joven muy devota que solía hacer ofrendas a un meditador en una cueva cercana. Le enviaba comida con una empleada, pero la chica siempre se comía la mayor parte y entregaba solo un poco. Un día, la joven visitó la cueva y notó que el meditador estaba muy delgado, mientras que la empleada había subido bastante peso. Cuando la acusó de haberla engañado, la empleada negó haberse comido las ofrendas y dijo: “¡Antes me comería a mí misma!”. Como resultado, renació como esta mujer en el caldero. 

A continuación, Maudgalyayana le contó al anciano sobre el árbol. Una vez, había un monje que era el encargado de los almacenes de su monasterio. En lugar de dar las provisiones solo a los monjes, como era su deber, empezó a distribuir las reservas de leña del monasterio a quien quiera que le pagara bien por ello. Como resultado, renació como un ser con la forma de un árbol, mientras que aquellos que habían recibido madera ilegalmente de él renacieron como gusanos e insectos que lo atormentaban y lo comían.

Tuvieron una muy interesante conversación mientras estaban sentados en la costilla de la ballena. Finalmente, tocó el turno del mismo leviatán. “Estos son los huesos de tu vida anterior”, le dijo Maudgalyayana al sorprendido anciano. Le explicó cómo antes de su renacimiento como ballena, fue un rey del Dharma. Un día, el rey estaba jugando ajedrez cuando un ministró llevó a un criminal y le preguntó qué hacer con él. El rey estaba tan absorto en su juego que, sin levantar la mirada ni preguntar por los detalles, simplemente respondió: “Resuélvelo de acuerdo con la ley”. Las leyes escritas del reino eran muy estrictas. Obedeciendo a su rey, el ministro sacó al pobre criminal y ordenó que lo ejecutaran inmediatamente. Más tarde, cuando el juego de ajedrez había terminado, el rey le preguntó al ministro con qué lo había molestado antes. Cuando el oficial le dijo acerca del criminal y orgullosamente reportó que había seguido las órdenes y lo había ejecutado, el rey horrorizado se llenó de arrepentimiento por su negligencia. “Debido a tu remordimiento como este rey”, explicó Maudgalyayana, “no renaciste como un ser atrapado en los reinos sin gozo, sino como esta ballena”.

Maudgalyayana siguió describiendo al fascinado anciano cómo, en calidad de este monstruo de las profundidades, había abierto sus fauces cavernosas cuando un barco pasaba por ahí. Había aterrorizado tanto a los pasajeros que todos recitaron en voz alta: “Tomamos dirección segura en las Tres Joyas Raras y Supremas”. Al escuchar estas palabras, el leviatán cerró sus fauces y, sumergiéndose en las olas, perdonó las vidas de las personas a bordo. “Cuando finalmente moriste como esta ballena”, concluyó, “tus huesos fueron arrastrados a la orilla justo aquí”. 

Shrijati pensó mucho acerca de todos estos ejemplos sobre las leyes de la causa y efecto del comportamiento. Al entender cómo el no darse cuenta fue la causa de todas las acciones destructivas que habían producido estas diversas situaciones de sufrimiento, alcanzó el estado de un arhat, mientras estaba sentado sobre las costillas del monstruo que alguna vez había sido. Cuando llegó el momento de cruzar el océano para volver al monasterio, pudo volar solo sin tener que sostenerse de los hábitos de Maudgalyayana. Más tarde, en un discurso, el Buda señaló al anciano delante de la multitud y le pidió que se levantara y compartiera sus experiencias. Shrijati les dijo a todos cómo, a través de la amabilidad y habilidad de Maudgalyayana se había liberado de todos sus oscurecimientos emocionales y se había convertido en un arhat, y la multitud estaba impresionada.

Nosotros también podemos aprender mucho de estos relatos. Cuando hemos considerado bien estos dos primeros puntos acerca de la forma en que hay certeza acerca de los resultados de nuestras acciones, y cómo es que hay un gran incremento de los resultados a partir de lo que hacemos, debemos tomar una decisión definitiva. Debemos decidir definitivamente implementar tantas acciones constructivas como podamos, y evitar tantas acciones destructivas como podamos, y también involucrarnos incluso en los actos positivos más insignificantes y refrenarnos de incluso los más pequeños actos negativos.

[3] En una guerra o en un accidente grande, muchas personas mueren, pero ciertos individuos escapan ilesos. Esto no sucede sin razón alguna. Por el contrario, es una clara indicación de la siguiente ley general de la causa y efecto conductual: si no hemos cometido cierta acción, no nos encontraremos con sus resultados.

Cuando nació el estable anciano Kanakavatsa (gSer-be’u), siete elefantes dorados aparecieron milagrosamente. Todos sus excrementos eran de oro macizo y lo seguían a donde quiera que iba a lo largo de su vida. De hecho, a veces era bastante vergonzoso e, independientemente de lo que Kanakavatsa hiciera, no desaparecían. La razón era que, en una vida previa, había reparado una estatua de arcilla del elefante que era el monte del Segundo Buda, Kanakamuni, y lo había cubierto con pintura de hoja de oro.

El rey Ajatashatru codiciaba estos siete elefantes dorados y trató siete veces de robárselos a su maestro. Sin embargo, cada vez que se los llevaba, se desvanecían en la tierra y reaparecían milagrosamente al lado del anciano. Esto era porque el rey no había hecho ninguna acción en el pasado que justificara su posesión de una fuente de riqueza tan inagotable. 

Kanakavatsa era uno de los dieciséis ancianos estables (gnas-brtan bcu-drug, sct. ṣoḍaśa-sthavira, dieciséis arhats), un grupo de los discípulos del Buda que se convirtieron en arhats y fueron enviados en diversas direcciones para enseñar y preservar el Dharma. Los otros quince son Angaja (Yan-lag ’byung), Ajita (Ma-pham-pa), Vanavasin (Nags-na gnas), Kalika (Dus-ldan), Vajriputra (rDo-rje-mo’i bu), Bhadra (bZang-po), Kanakabharadhvaja (Bha-ra dha-dza gser-can mchog), Bakula (Ba-ku-la), Rahula, Pindolabharadhvaja (Bha-ra dha-dza bsod-snyoms len), Nagasena (Klu’i-sde), Gopaka (sPed-byed), Abheda (Mi-phyed-pa), Mahapanthaka (Lam-chen, “Gran Camino”) y Chudapanthaka (Lam-chung, “Pequeño Camino”).

La Reina Shyama (bTsun-mo sNgo-bsangs-ma), la esposa del Rey Udayi (rGyal-po Shar-pa) de Varanasi (Ba-ra na-si, Benarés), había alcanzado el estado de un no retornante, y sus 500 damas de compañía habían alcanzado la realización de la vacuidad. Aunque tenían los poderes extrafísicos de ser capaces de elevarse por los aires, no pudieron volar a ninguna distancia cuando el palacio de la reina se incendió. Esto es porque, en una vida anterior, todas habían participado en incendiar la choza de una familia de la casta sacerdotal de los brahmanes. Diciendo: “Si una misma no asume las consecuencias de sus propias acciones y fuerzas kármicas, ¿quién lo hará?”, la reina se precipitó hacia las llamas junto con todo su séquito y pereció como una polilla que se arroja a la flama de una lámpara. 

Sin embargo, había una humilde criada jorobada, que se llamaba Sukubja (Bran-mo sGur-mchog), que no había estado involucrada en este incendio provocado. Aunque no poseía poderes sobrenaturales, pudo escapar del palacio en llamas arrastrándose por un canal del drenaje. Esto es porque, al no haber cometido la causa para una fuerza kármica negativa, no recibió las desastrosas consecuencias. 

[4] Si hemos cometido una acción, no se desperdiciará sin producir un resultado. En el Sutra sobre cientos de acciones kármicas (mDo-sde las brgya-pa, sct. Karma-śataka Sūtra), el Buda ha dicho:

Las acciones kármicas de seres encarnados no se desperdician, aun si (pasan) cientos de eones. Cuando se den tanto las condiciones como el momento oportuno, cada una dará, efectivamente, su fruto.

Las fuerzas kármicas positivas y negativas en nuestro continuo mental nunca envejecen ni se agotan. Si se reúnen las condiciones, madurarán sin duda alguna. Podemos recordar el ejemplo del señor Shrijati, cuya fuerza kármica que había madurado como una raíz para que entrara a la vida monástica se había construido muchos eones antes, cuando era una mosca que rodeó una estupa, montada sobre excremento de burro. 

El Rey Shatavahanabhadra (rGyal-po bDe-spyod bzang-po), también conocido como Rey Udayana, el mecenas de Nagáryuna y receptor de su Carta a un amigo (bShes-spring, sct. Suhṛllekha), tuvo un hijo cuya madre, la reina, le confeccionó una vez un conjunto de túnicas reales. Sin embargo, el chico dijo que no las usaría hasta que se convirtiera en rey. Su madre le dijo que entonces nunca las usaría porque jamás ascendería al trono. Nagáryuna había bendecido a su padre, el rey, para que viviera una vida tan larga como la suya, y el maestro había obtenido control sobre la duración de su vida.  

Impávido, el príncipe decidió asesinar a Nagáryuna. Sin embargo, por mucho que intentara, nunca pudo lograrlo. Finalmente, el príncipe se acercó a Nagáryuna y le suplicó que le permitiera matarlo. Por razones especiales, Nagáryuna aceptó. Al revisar todo lo que había hecho en vidas previas, le dijo al chico que la única fuerza kármica negativa que aún tenía que podría actuar como una raíz para ser asesinado, era de cuando había sido un monje que cortó un poco de pasto. En esa ocasión, había cortado deliberadamente la cabeza de una hormiga. Si el chico tomaba una brizna de pasto y lo pasaba por su cuello, el asesinato se consumaría. El príncipe siguió estas instrucciones y, en cuanto tocó el cuello de Nagáryuna con la brizna de pasto, la cabeza de Nagáryuna inmediatamente cayó. 

Antes de ser decapitado, Nagáryuna bendijo su cabeza y su cuerpo para que no se descompusieran. El príncipe escondió ambas partes tan lejos como pudo la una de la otra. Están acercándose lentamente. Cuando se encuentren, se unirán y Nagáryuna vivirá una vez más y difundirá la visión Madyámaka. Esto sucederá de acuerdo con una profecía del Tantra de Kalachakra (mChog-gi dang-po’i sangs-rgyas-las phyung-ba rgyud-kyi rgyal-po dpal dus-kyi ’khor-lo zhes-bya-ba, sct. Paramādibuddha-uddhṛta-śrī-kālacakra-nāma-tantra-rājā).

De acuerdo con la descripción de un sistema de mundos según se encuentra en las fuentes de este tantra anutarayoga, Shambhala (bDe-’byung) es una tierra en la parte norte de nuestra Isla Manzana Rosada. Aunque sus habitantes son humanos, ellos y su país normalmente son invisibles para nosotros. El Rey Suchandra (Zla-ba bzang-po) de Shambhala llegó a la India y recibió Un Tantra de Kalachakra cuando fue pronunciado por el Buda en la estupa de Shri Danya Kataka (dPal ’bras-spungs, el Montículo de Arroz Perfecto en Todos los Sentidos). El rey llevó esas enseñanzas de regreso a Shambhala y empezó una línea de Siete Reyes del Dharma y veinticinco gobernantes Kalki (rigs-ldan, sct. kulika, sustentadores de las castas). Aunque estas enseñanzas se difundieron más tarde en la India y luego en el Tíbet, su reserva principal aún es Shambhala.

En la actualidad, estamos en el reino del veintiunavo gobernante Kalki. Durante el futuro gobierno de Rudrachakrin (Drag-po ’khor-can), el veinticincoavo gobernante, habrá una gran guerra en la India en contra de un grupo de salvajes. Este rey llegará a la India y vencerá a estas hordas, después de lo cual surgirá una era dorada. En ese momento, las enseñanzas de Kalachakra (Dus-’khor) florecerán ampliamente y es entonces que Nagáryuna volverá a vivir.

Maudgalyayana fue famoso por sus poderes extrafísicos, aunque una vez fue golpeado por una pandilla de rufianes y lo bombardearon con lodo. Shariputra le preguntó por qué no había usado ninguno de sus poderes para evitar el ataque. Maudgalyayana respondió que se encontraba tan abrumado por la fuerza de la maduración de su karma previo que ni siquiera se le ocurrió desplegar manifestación alguna, mucho menos demostrar sus poderes de emanación. En una vida previa, le había dicho palabras crueles a su madre y había utilizado un lenguaje soez que la había lastimado profundamente. La fuerza kármica negativa que había construido por ello no se había desperdiciado.

Por lo tanto, así como una semilla crecerá a menos que un cuervo llegue y se la coma, de la misma manera, a menos que nos purifiquemos de nuestras fuerzas kármicas negativas a través de admitir honestamente nuestros errores y aplicar los cuatro poderes oponentes, definitivamente experimentaremos los resultados de nuestras acciones destructivas. De manera similar, al igual que una semilla, a menos que esté quemada o lastimada por el sol, producirá un brote vigoroso en el momento adecuado, cuando se encuentre con circunstancias conducentes, así que, igualmente, a menos que devastemos nuestras fuerzas kármicas negativas enojándonos, experimentaremos los resultados de nuestras acciones constructivas en toda su extensión y en el momento adecuado. 

Aunque las fuerzas kármicas negativas junto con sus raíces, que se refieren a las propensiones de y para las acciones destructivas, pueden eliminarse totalmente al aplicar muy enérgicamente sus poderes oponentes, las fuerzas kármicas positivas no son iguales. Las raíces de la fuerza constructiva (dge-rtsa, raíces de virtud) para la felicidad no pueden eliminarse completamente. El fuerte enojo solo puede dañar seriamente su habilidad para producir su resultado, en cuyo caso su maduración (rnam-smin, sct. vipāka) se demorará y debilitará.

Por lo tanto, debemos considerar bien estas segundas dos leyes de la causa y efecto conductual, cómo es que, si no hemos cometido cierta acción, no nos encontraremos con sus resultados, y si hemos cometido una acción, no se desperdiciará sin haber producido algún fruto. Así, considerando también los métodos para purificarnos de las fuerzas kármicas negativas y no dañar las positivas al enojarnos, debemos llegar a la conclusión definitiva de que viviremos nuestra vida guiados por un buen criterio. Practicaremos y evitaremos exactamente lo que es apropiado de acuerdo con las leyes de la causa y efecto conductual.

Diferenciar y considerar aspectos individuales

El punto de reflexionar sobre las leyes generales de la causa y efecto del comportamiento es obtener una creencia en estos hechos basada en la razón. No debemos ser cómo nómadas que no creen en los aviones simplemente porque nunca han visto uno. De manera similar, no debemos tener incredulidad o irrespeto por las leyes de la causa y efecto del comportamiento simplemente porque no las hemos visto o conocido antes. Cuando un nómada llega por primera vez a la ciudad y entra en una habitación pequeña, se cierra la puerta y la habitación empieza a elevarse, y cuando las puertas se abren de nuevo está en un lugar diferente, o cuando ve a una persona dentro de una caja diciéndole las noticias, no lo puede creer. Cuando los nómadas vieron por primera vez personas en bicicleta en Lhasa, pensaron que estaban viendo fantasmas. Por el contrario, debemos ser como aquellos que han leído y viajado mucho. Las personas con mente abierta y experiencia no tienen supersticiones y nunca se sorprenden con nada nuevo. Como dijo una vez un gueshe Kadampa:

No pienses mucho, pero cuando lo hagas, piensa acerca de las leyes de la causa y efecto del comportamiento.

Todos los fenómenos conocibles pueden dividirse en: 

  • Fenómenos obvios (mngon-gyur)
  • Fenómenos oscuros (lkog-gyur)
  • Fenómenos extremadamente oscuros (shin-tu lkog-gyur). 

Las cosas obvias, como una vasija y una columna, pueden ser conocidas a través de la cognición directa válida por cualquiera que tenga sentidos no distorsionados. 

Algo oscuro, como el surgimiento dependiente o la vacuidad, puede ser conocido al apoyarse en una línea de razonamiento correcta, a través de una cognición válida inferencial basada en el poder de los fenómenos (dngos-stobs rjes-dpag, el poder de la evidencia). 

Los fenómenos extremadamente oscuros, tales como las leyes de la causa y efecto del comportamiento, sin embargo, solo pueden ser conocidos válidamente a través de la cognición inferencial basada en la confianza (yid-ches rjes-dpag), a saber, al confiar en una persona que es una fuente válida de información. 

Como dijo Shantideva en Involucrarse en el comportamiento del bodisatva (IV.7): 

Y cómo funciona el karma para alguien (...) está más allá de cualquier pensamiento: solo el Omnisciente puede entenderlo.

El Buda es una fuente válida de información. ¿Por qué? Porque, si lo que ha dicho acerca de temas tan profundos y oscuros como la vacuidad y los métodos para alcanzar estados mentales tranquilos y estables y excepcionalmente perceptivos, shámata y vipáshyana, pueden ser validados por nuestra propia experiencia, entonces podemos inferir válidamente que lo que él ha dicho acerca del tema extremadamente oscuro de la causa y efecto del comportamiento también es correcto. Después de todo, si su única motivación para alcanzar un estado omnisciente de iluminación era el amor y la compasión de beneficiar a los demás y ayudarlos a superar sus problemas, es ilógico que mentiría o engañaría a todos sobre un tema tan importante como su conducta y sus resultados. 

Por lo tanto, como dijo Tsongkhapa en Alabanza al Surgimiento Dependiente (rTen-’brel bstod-pa), 30: 

Por este mismo camino del surgimiento dependiente, que es la razón por la que tu discurso es visto como incomparable, uno puede desarrollar certeza de que tus otras afirmaciones son válidas también.  

Al haber tomado dirección segura de los Budas y estar convencidos de que son fuentes válidas de información y, más específicamente, al haber obtenido confianza en que lo que han dicho acerca de la causa y efecto conductual es correcto, ahora debemos aprender las especificaciones acerca de lo que debemos hacer o evitar para alcanzar nuestras metas. No solo debemos adquirir conciencia sobre los tipos de conducta más beneficiosos y constructivos de adoptar, sino que también debemos comportarnos de esa manera. 

En resumen, debemos llevar una vida ética basada en un buen criterio, no solo porque el Buda nos ha dicho que lo hagamos, sino porque: 

  • Queremos ser felices y no tener ningún problema
  • El Buda nos ha dicho cómo lograrlo
  • El Buda es una fuente válida de información.

El Buda ha indicado claramente que, independientemente de las sensaciones que acompañan a nuestras acciones – se puede experimentar placer superficial al cometer una violación o enfrentar sufrimientos y dificultades al refrenarnos de robar cuando somos pobres – el resultado a largo plazo de nuestra conducta destructiva es el sufrimiento y los problemas [como cita Asanga en “Antología de temas especiales de conocimiento” (Chos mngon-pa kun-las btus-pa, sct. Abhidharmasamuccaya), 257-4-5 to 5-3].

Por lo tanto, sin importar quiénes somos o qué meta deseable anhelamos alcanzar, debemos pensar, hablar y actuar de una forma ética y positiva para generar esto. 

Como dijo Chandrakirti en Involucrarse en el Camino Medio, II.8:

La causa (raíz) para (el logro de) un renacimiento superior o la bondad definitiva (de la liberación o la iluminación) de los seres ordinarios (que no han desarrollado ninguna mente que es el camino), de los (shrávakas) que han desarrollado (eso) a partir de (escuchar el) discurso iluminador, de los (pratyekabudas) que están establecidos en la naturaleza de (sus mentes que son el camino que conducen a) su propio estado purificado y de los hijos espirituales del Triunfante (bodisatvas), no es nada más que la autodisciplina ética.

En este punto en nuestro entrenamiento espiritual, entonces, cuando hemos desarrollado un nivel inicial de motivación, con el que buscamos evitar un renacimiento miserable y obtener uno superior como un humano o como un ser divino, debemos aprender a diferenciar bien los diferentes tipos de conducta impulsiva y sus resultados. Al haber considerado estos puntos, seremos capaces de desarrollar un buen criterio ético para moldear nuestro propio futuro. 

Top