Integrar nuestra vida: la base para etiquetar “yo”

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Introducción

Este fin de semana vamos a discutir y practicar métodos para integrar nuestra vida. En realidad, no los encontramos en las enseñanzas budistas ni en ningún otro lugar. Son una extensión de un programa de capacitación que desarrollé llamado Desarrollar la sensibilidad equilibrada, que está publicado en un libro, el cual pueden encontrar en mi sitio web. Es una serie de veinte ejercicios que se basan en las enseñanzas budistas. Tomé una amplia variedad de métodos y enseñanzas de meditación budista y los reuní en una forma ligeramente diferente, para ayudarnos a superar los problemas de ser insensibles o hipersensibles. A menudo, con respecto a situaciones de los demás y de nosotros mismos, somos insensibles a ellos o hipersensibles. Y con respecto a los efectos de nuestro comportamiento, ya sea el efecto de nuestro comportamiento en los demás o el efecto de nuestro comportamiento en nosotros mismos, o somos insensibles a eso o hipersensibles. Entonces, quería incorporar un enfoque budista para abordar estos problemas...

Cuando hablamos de la verdadera causa de nuestros problemas en la vida, es el no darse cuenta, y específicamente el no darse cuenta de la causa y el efecto en términos de nuestro comportamiento y el no darse cuenta de la realidad de las situaciones con nosotros mismos y los demás. Aunque el programa de entrenamiento y sus veinte ejercicios se basan en un conjunto de métodos budistas, no se presenta en un contexto budista o con terminología budista. No requiere antecedentes budistas. El programa de formación, si se realiza de forma completa con una sesión por semana, tarda tres años en completarse.       

Después de haberlo enseñado varias veces en su forma completa, y de formas abreviadas aquí y allá, me sorprendió que se le pudieran agregar diferentes aspectos. Lo que me motivó a crear este programa fue el hecho de que hay muchas personas que practican el budismo durante mucho tiempo, pero luego llegan a un cierto estancamiento en su práctica y no avanzan más. El problema era que no tenían una idea clara de cómo aplicar las enseñanzas budistas en su propia vida ni del tipo de problemas emocionales y psicológicos que tenían. Esto fue algo que observé que estaba bastante extendido. Analizando la situación, me di cuenta de que el marco conceptual dentro del cual conceptualizamos el tipo de problemas psicológicos que tenemos es completamente diferente de aquel con el que los conceptualizan las enseñanzas budistas. 

Pensamos y experimentamos los problemas en términos de cómo los conceptualizamos. Decimos: “Soy inseguro” o “soy insensible o hipersensible”. Y luego experimentamos alienación. Decimos: “Estoy fuera de contacto con mis sentimientos, fuera de contacto con mi cuerpo e incluso fuera de contacto conmigo mismo”. Decimos: “Mis sentimientos están bloqueados”, por ejemplo, y cosas similares. El problema es que nada de esto se puede traducir fácilmente al tibetano. La dificultad aquí es cómo tender un puente entre el marco conceptual budista tibetano y cómo conceptualizamos -y, en consecuencia, experimentamos-, nuestros problemas. 

Por supuesto, podríamos pensar que los métodos budistas no son realmente efectivos para este tipo de problemas que son característicos de nosotros en Occidente. Pero, si realmente nos refugiamos en el Buda, el Dharma y la Sangha, eso significa que estamos seguros de que los métodos y enseñanzas budistas que el Buda enseñó eliminarán todos los problemas, incluidos los que experimentamos los occidentales. Con esa creencia segura de que el Dharma es lo suficientemente amplio como para abarcar también este tipo de problemas, el único desafío era deconstruir el tipo de síndromes que experimentamos, de modo que, si los deconstruimos y vemos sus diversos componentes, podríamos ver cómo se les aplicarían los diversos métodos del Dharma.      

Así que desarrollé este programa para lidiar con los problemas de sensibilidad y parece ser bastante efectivo para las personas que lo han llevado a cabo. Sin embargo, me di cuenta de que se podían agregar más, y un aspecto que no se cubrió completamente en el programa es la sensación de no ser “un todo”. En otras palabras, nuestra vida no está realmente integrada. Experimentamos nuestra vida como muy fragmentada y, por supuesto, eso puede llevarnos a muchas dificultades. Realmente no podemos integrar nuestra vida empresarial profesional con nuestra vida familiar, y ninguna de ellas con nuestra vida deportiva, aficiones, vacaciones, etc. Quiero decir, todo está muy fragmentado; no está integrado como un todo. Podemos recurrir a un marco teórico budista para encontrar un método que creo que puede ayudar con esto.

El “yo” convencional

El punto principal es la explicación budista del “yo” convencional, el “yo” convencional o identidad. Cuando hablamos del "yo" convencional, el "yo" convencional es, para usar la jerga, un fenómeno de imputación sobre la base de una continuidad individual de factores agregados. Un fenómeno de imputación es algo que no puede existir o ser conocido separado de una base. Literalmente, es algo “atado” inseparablemente a una base. Ahora bien, cuando hablamos de los cinco agregados, la idea general es que cada momento de nuestra experiencia se compone de muchas partes, y cada una está cambiando de un momento a otro. Cada momento es diferente; cada momento no es el mismo que el momento anterior, pero tampoco es totalmente diferente y no relacionado. Entonces, hay una continuidad aquí, y un momento sigue al anterior. Diríamos que cada momento surge en dependencia del momento anterior.                  

Es como los fotogramas de una película, pero no tomemos esa analogía demasiado literalmente, porque obviamente cada pequeño fotograma se puede recortar y quedar solo. Entonces, no estamos hablando del fotograma, estamos hablando de la película real que se reproduce sobre la base de la cinta. Por supuesto, incluso eso se puede editar, así que tampoco tomen esa analogía demasiado literalmente. En un momento de nuestra experiencia, aunque esa experiencia pueda parecer una especie de entidad sólida, podemos deconstruirla en muchos componentes. Tenemos nuestro cuerpo, que se mueve todo el tiempo y cambiará a medida que envejecemos. También tenemos algún tipo de conciencia, en el sentido de conciencia visual, o de oír, oler o saborear o sentir una sensación física o conciencia mental. Y, por lo general, todas funcionan al mismo tiempo; es solo una cuestión de cuánta atención le prestamos a cada uno. Cuando estamos con alguien, vemos a esa persona y al mismo tiempo escuchamos lo que está diciendo, pero también podemos sentir simultáneamente la temperatura de la habitación, sea caliente o fría; podemos sentir la sensación de la ropa en nuestro cuerpo. Si prestamos atención, está el sabor en nuestra boca solo de nuestra lengua y la saliva, y el aire tiene un cierto olor. Y podríamos estar pensando en otra cosa, todo al mismo tiempo. Cada uno de estos tipos de conciencia tiene un objeto que percibe, y aquí podemos hablar del objeto externo o podemos hablar del objeto percibido, lo que llamamos la apariencia, que es como un holograma mental que surge en nuestra percepción.                

Hay diferentes interpretaciones de diferentes filósofos y escuelas budistas sobre los puntos sutiles de estos, por lo que estoy hablando en general. También tenemos diversas emociones, tanto positivas como negativas, que acompañan cada momento. Siempre sentimos algo en el espectro de feliz a infeliz en cada momento. Cuando la palabra “sensación” se usa en el budismo, se refiere precisamente a este espectro de felicidad o infelicidad. Y también tenemos varios factores mentales que nos ayudan a conectarnos con un objeto. Por ejemplo, nuestros diferentes niveles de concentración, diferentes niveles de interés, etc. Luego, están todos los diversos factores involucrados con esta palabra general de “entendimiento”. ¿Cómo entendemos los sonidos que escuchamos en términos de un idioma, por ejemplo? Es un proceso muy complejo, obviamente.      

En resumen, tenemos una continuidad de momentos de experiencia, y cada momento está integrado por todos estos componentes diferentes, y cada uno de ellos está cambiando a un ritmo diferente. Cuando preguntamos dónde está el “yo” en términos de este complejo de cosas que está cambiando todo el tiempo, bueno, el budismo tiene mucho que decir al respecto.     

Cómo identificamos el “yo” 

En realidad, el budismo dice que nuestro no darnos cuenta de este “yo” -cómo existo y qué soy, o quién soy-, es una de las causas fundamentales de nuestros problemas. No sabemos cómo existimos, o quién soy yo, como al decir: “tengo que encontrarme a mí mismo”, lo cual, traducido literalmente al tibetano, sonaría como un proceso de análisis de meditación. Mientras que, cuando la gente se va a la India para “encontrarse a sí misma”, eso es algo muy diferente, ¿no es así? Entonces, la mayoría de nosotros no sabemos cómo existimos o tenemos una comprensión completamente incorrecta de ello.  

Hay dos aspectos aquí, que son que tendemos a irnos a uno de dos extremos. El primer extremo es que solemos identificar al “yo” con algún aspecto de nuestra experiencia. Este podría ser nuestro papel, por ejemplo, de ser madre o ser padre. O podría ser nuestra nacionalidad o nuestro género: “Soy una mujer”, “soy un hombre”; o “soy el tipo de persona que tiene mal genio o enfermedad”. O identificamos el “yo” según la religión que seguimos. Entonces, solemos identificarnos con una cosa, o en el mejor de los casos, tal vez con un par de cosas, pero casi siempre nos identificamos con algo.   

O nos identificamos con una cosa todo el tiempo, que puede ser la identidad dominante de quién soy. O luego, en diferentes situaciones, nos identificamos con una cosa en particular. Esto puede darnos una sensación muy desintegrada en nuestra vida: “En los negocios soy una cosa; en casa soy otra cosa; en el club deportivo soy otra persona más, etc.”. Entonces, podemos identificarnos con diferentes cosas en diferentes aspectos de nuestra vida.   

Este extremo de identificarnos con uno o más aspectos de nuestra vida o experiencia puede llevar a muchos problemas porque entonces no somos muy flexibles en absoluto. Podríamos ponernos muy a la defensiva sobre nuestra identidad, o podríamos sentirnos culpables por nuestra identidad. También podemos ser muy orgullosos o arrogantes si nos identificamos con nuestra gran apariencia, alta inteligencia o maravillosos logros. Entonces, este es el primer extremo. 

El otro extremo es cuando imaginamos que este “yo” existe totalmente separado de todos los diversos aspectos de nuestra existencia. Cuando tenemos ese tipo de creencia sobre nosotros mismos, el tipo de problema que se manifiesta es una sensación de alienación: “Estoy alienado de mis sentimientos; estoy alienado de mi cuerpo y alienado de mí mismo”. Como si hubiera un “yo” separado de todo esto que se sintiera alienado.

Lo que estoy explicando aquí es un principio muy importante que no puedo enfatizar lo suficiente, ya que es esencial para el estudio del budismo. Cuando aprendemos sobre todas estas posiciones filosóficas, cosas que están siendo refutadas y todo eso, no lo tomemos simplemente como información interesante. En lugar de eso, pensemos: “¿Cómo sería si yo pensara así y qué problemas me traería?”. Entonces verán la razón por la que el Buda señaló los errores de estos puntos de vista. De lo contrario, solo se convierte en un ejercicio intelectual. Como señaló mi propio maestro, Serkong Rinpoche, es extremadamente arrogante pensar que solo las personas estúpidas pensarían como este sistema filosófico que está siendo refutado en los textos budistas. 

Emociones perturbadoras basadas en la doctrina

Hay un punto que surge en las enseñanzas del que me gustaría hablar porque generalmente no se discute. Cuando hablamos de emociones perturbadoras, existen aquellas que se basan en la doctrina y las que surgen automáticamente. Las emociones perturbadoras basadas en la doctrina son aquellas que surgen por haber aprendido un sistema doctrinal indio no budista. Basado en ese sistema, al haberlo aprendido y aceptado, la principal consecuencia es que pensamos en nosotros mismos en la forma en que ese sistema describe y desarrollamos emociones perturbadoras basadas en eso. Además, también nos apegamos al sistema en sí: “Este es mi sistema”. Nos enojamos con cualquier otra persona que no esté de acuerdo: “¡Tienes la visión equivocada!” y luego: “Ustedes son herejes” o lo que sea. Nos volvemos arrogantes al respecto: “Soy tan maravilloso porque tengo este sistema”. No queremos considerar nada más. Nos volvemos celosos de los miembros de otro grupo de creencias que ganan más dinero o cosas así; sentimos que tenemos que competir con ellos para conseguir miembros. Así que hay todo un cúmulo de emociones perturbadoras que surgen por haber aprendido y aceptado un determinado sistema e identificarse con él.         

Cuando comprendemos por primera vez la vacuidad de manera no conceptual y nos convencemos de que las enseñanzas sobre la realidad que ofrecen otros sistemas son incorrectas, entonces, por supuesto, ya no aceptamos ese sistema doctrinal. Debido a ello, nos deshacemos de estar apegados a él y ya no nos ponemos a la defensiva ni nos enojamos si alguien no está de acuerdo con él, etc. Así es como nos deshacemos por primera vez de estas emociones perturbadoras basadas en la doctrina. Cuando desarrollamos una mente que es el camino del ver - generalmente se llama camino del ver - y “vemos” y entendemos las cuatro verdades nobles de forma no conceptual, eso libera a la mente para siempre de las emociones perturbadoras basadas en la doctrina.      

Entonces surge la pregunta de forma natural: “Nunca he estudiado ninguno de estos sistemas indios no budistas, así que cuando logre una mente que es el camino del ver, ¿de qué me deshago?”. Esta es una pregunta muy importante y relevante, particularmente para la mayoría de nosotros, los occidentales, que ciertamente nunca hemos estudiado estos sistemas indios. La versión “Dharma-light” sería: “Bueno, cuando dicen basado en la doctrina, podría ser cualquier sistema de propaganda”. Entonces, podría basarse en el aprendizaje, las enseñanzas o la propaganda (propaganda es una palabra pesada) de cualquier sistema no budista, ya sea que estemos hablando de una religión occidental o de una filosofía comunista o lo que sea. Esa sería la versión “Dharma-light”. La versión del Dharma “auténtico” es: “Estamos hablando solo específicamente de los sistemas indios no budistas”. 

Desde el punto de vista Prasánguika de acuerdo con el Gelugpa, “basado en la doctrina” incluye también todos los sistemas filosóficos budistas inferiores. Si hablamos del deseo que surge con base en la propaganda de los comerciales de televisión, tendríamos que decir que es algo aparentemente basado en la doctrina, pero no es lo verdaderamente “basado en la doctrina”. Entonces, Tsongkapa aborda esta pregunta, porque ciertamente la mayoría de los tibetanos tampoco estudiaron estos sistemas indios. Al igual que la mayoría de los occidentales, nunca habían oído hablar de ellos. Tsongkapa responde que todo el mundo tiene emociones perturbadoras basadas en la doctrina, ya sea que hayan estudiado o no ese sistema en esta vida. Porque, así como las enseñanzas del Buda no tienen principio y nuestra continuidad mental no tiene principio, tampoco esos otros sistemas indios tienen principio. Según esa lógica, todos han estudiado estos sistemas en un momento u otro en el pasado y tienen las huellas o tendencias basadas en ellos de vidas anteriores, incluso si no han estudiado ninguno de ellos en esta vida. Eso es de lo que nos deshacemos con una mente que es el camino del ver. Es una respuesta muy interesante.   

Refutar los sistemas basados en la doctrina

Ahora, es posible que estén leyendo esto tratando de averiguar: “Bueno, ¿cuál es el significado de esto para mí? Si hay una tendencia que es tan inconsciente y me deshago de ella, ¿qué diferencia hay? Ni siquiera sé que tengo esa tendencia”. Estas tendencias ciertamente no se están manifestando en esta vida. No creo que muchos de nosotros vayamos diciendo: “La filosofía Samkhya es la mejor y cualquiera que piense lo contrario está equivocado”, ¡porque la mayoría de nosotros ni siquiera hemos oído hablar del Samkhya! Ni siquiera es algo con lo que podamos identificarnos, como si se tratara de nuestro equipo de fútbol.     

A lo que debe referirse es a una forma de pensar moldeada por esta escuela, con la que tendríamos ciertas tendencias en esta vida, y que también produciría problemas. Entonces, cuando enseño sobre la refutación que el budismo tiene de estos diversos sistemas indios, pasamos mucho tiempo tratando de identificar en nosotros mismos las tendencias que tenemos para pensar así. En otras palabras, ¿qué significaría realmente, en términos de la vida real, pensar así, sentirse así? ¿Qué emoción provocaría eso? ¿Qué problema emocional plantearía eso, que llevaría al Buda a querer identificar la creencia como una fuente de sufrimiento? Si realmente nos refugiamos, entonces el imperativo es analizar así. De lo contrario, ¿por qué lo mencionó el Buda?     

La refutación que tenemos del “yo”, tal como lo define uno de los sistemas filosóficos indios no budistas, siendo uno con los agregados o diferente de los agregados, ¿qué podría significar eso? Lo que significaría es que, si nos identificamos con algo en nuestra vida, imaginando que existimos de la manera en que uno de estos sistemas afirma, entonces nos volvemos muy, muy inflexibles. O, si nos identificamos con varios aspectos diferentes de nuestra vida, entonces no podemos integrar nuestra vida en absoluto. Por otro lado, si imaginamos que el “yo” es totalmente diferente a todo en mi vida, experimentamos alienación. Entonces, estos son los problemas.  

Identificar la fuente de nuestros problemas emocionales

El problema no es simplemente que las creencias conceptuales que tenemos son ilógicas y el Buda dijo: “Todo el mundo tiene que ser lógico”, por lo que la fuente de nuestros problemas es que somos ilógicos. El Buda se centró en los problemas emocionales que surgen de nuestras formas incorrectas de pensar. A menos que seamos capaces de conectar la forma ilógica de pensar con el tipo de problemas emocionales que genera, no seremos capaces de relacionar las enseñanzas con nosotros mismos, con nuestra vida, ni ver cómo usarlas para ayudarnos a superar nuestros problemas psicológicos y emocionales.   

Cuando nos acercamos a las enseñanzas budistas, que están destinadas a ayudarnos a superar nuestros problemas, el primer paso es identificar los problemas emocionales que enfrentamos y luego tratar de ver qué ideas erróneas se esconden detrás de ellos. Son estas ideas erróneas las que luego deben ser refutadas. 

En esta etapa del desarrollo del budismo occidental, tratamos de identificar los problemas emocionales que surgen de nuestras concepciones erróneas basadas en la doctrina. Si podemos entender esto, incluso si no entendemos la base doctrinal, es un buen punto de partida, ya que el Buda enseñó métodos para superar las concepciones erróneas. Por lo tanto, nos brinda un método para poder abordar la forma en que experimentamos nuestros problemas. Por lo tanto, las enseñanzas del Dharma se conocen como una “vaca que concede deseos”, porque podemos ordeñar de ellas una enorme cantidad de leche nutritiva. El punto es que, cuando escuchamos y leemos todas estas enseñanzas, tenemos que aprovecharlas tanto como podamos, y nosotros en Occidente no hemos ordeñado lo suficiente.  

Identificar el “yo”

Volvamos a nuestro tema, que es que el “yo” no es uno con ninguno de nuestros diferentes aspectos, ni es diferente de ellos. Lo que dice el budismo es que el “sí mismo” o el “yo” es un fenómeno de imputación que existe y es válidamente conocible sobre la base de la continuidad de estos agregados en constante cambio. Los agregados cambian a cada momento y todos cambian a ritmos diferentes. Esa es la base del fenómeno de imputación “yo”. Pero, ¿cómo se puede establecer que existe tal cosa válidamente conocible como un “yo”? La única forma en que se puede establecer que existe un “yo” es en términos del etiquetado mental. Existe la palabra convencional, la etiqueta mental y el concepto “yo”. ¿Qué es el “yo” real? Lo único que podemos decir con seguridad es que el “yo” es a lo que la palabra o etiqueta “yo” se refiere, en términos de esta base, los agregados. El concepto y la palabra “yo” se refieren al “yo”. No es que el “yo” sea creado por la etiqueta mental, y si no pensaras o dijeras “yo” no existirías; eso es absurdo. Pero el “yo” es simplemente aquello a lo que la palabra o concepto “yo” se refiere a partir de todos los momentos cambiantes que conforman cada momento de la experiencia. No hay nada del lado de esta base que esté parado ahí diciendo: “Llámame ‘yo’”. No hay nada como eso; no hay nada del lado de la base que sostenga o apoye nuestro enfoque cuando nos enfocamos en “mí”.                        

El ejemplo que utilizo a menudo para ilustrar esto es el de una película. Entonces, la película clásica Lo que el viento se llevó. La película se reproduce y tenemos una escena tras otra escena tras otra escena. Cada momento está cambiando, ¿correcto? Esa es la continuidad y la base para etiquetar la película, ¿cierto? Y todos los personajes están cambiando y haciendo cosas diferentes a diferentes ritmos. Y es una historia bastante buena, así que hay continuidad. Entonces, ¿cómo establecemos que existe tal cosa como una película? ¿Lo que el viento se llevóLo que el viento se llevó, bueno, eso es solo un título, un nombre. Pero la película Lo que el viento se llevó no es solo su título. Entonces, ¿qué es Lo que el viento se llevó? ¿Cuál es la película? Es a lo que se refiere el título sobre la base de esta continuidad de cada momento, de cada escena. Lo que el viento se llevó no es solo una escena o un personaje en un momento de una escena; ni Lo que el viento se llevó es algo completamente diferente de la continuidad de todas estas escenas. Además, no se reproduce toda la película en un momento. Y no hay nada del lado de cada momento de la escena que tenga una pequeña etiqueta allí, o un pequeño sello: Lo que el viento se llevó, Lo que el viento se llevó, Lo que el viento se llevó, así, que nos permita identificar que esto es Lo que el viento se llevó. Entonces, ¿qué es Lo que el viento se llevó? Es a lo que se refiere el título sobre la base de esta continuidad.

Lo mismo es cierto en términos del “yo”. ¿Quién soy? ¿Qué es el “yo”? ¿Qué establece un “yo”? Es simplemente a lo que se refiere la palabra “yo” sobre la base de toda esta continuidad. El problema es que identificamos el “yo” con algún aspecto de la continuidad, algunos aspectos de nuestra experiencia. O no identificamos el “yo” en absoluto con nada de eso. Pero el “yo” es un fenómeno de imputación sobre la base de toda la continuidad de agregados. Eso es un hecho. El problema se refiere a cuánto de esa base etiquetamos mentalmente con el concepto y la palabra “yo”, con el que luego nos identificamos como si fuera el verdadero “yo” o como si no fuera “yo” en absoluto.         

Entonces, ¿realmente necesitamos examinar sobre qué parte de la base etiquetamos conceptualmente el “yo”? A menudo tendemos a etiquetar conceptualmente al “yo” solo sobre algunos aspectos, pero no sobre todos, por lo que dejamos de lado ciertas partes de nuestra vida: “Ese no era yo; yo no era yo mismo”. Negamos algunos aspectos de nosotros mismos. Dejamos fuera parte de la base del etiquetado. Aquí, tenemos una combinación de ambos al identificarnos como siendo uno con ciertos aspectos de nuestra experiencia y ser totalmente diferentes de otros aspectos. 

El “yo” es un fenómeno de imputación sobre todos los aspectos de nuestra vida

Todo este sistema de ejercicios que trata con este problema en particular -y hay varios ejercicios que tratan con esto en Desarrollar una sensibilidad equilibrada-, todos tienen que ver con tomar conciencia de la base completa para la imputación del “yo”. Con esa conciencia ampliada, aprendemos a etiquetar conceptualmente “yo” sobre esa base completa, no solo identificándonos con algunos aspectos e ignorando otros. Así que vemos, por ejemplo, en términos de no identificarnos solo con el momento presente, sino que necesitamos ver que, como persona, “yo” es un fenómeno de imputación sobre toda la continuidad de nuestra vida y es a lo que la etiqueta “yo” se refiere sobre toda esa base, no solo sobre una pequeña parte de ella.                 

Es como cuando vemos a un anciano en un hogar de ancianos, está decrépito y sufre demencia, debemos recordar que no es solo esa apariencia que vemos frente a nuestros ojos. Esa apariencia es engañosa. Esa persona tuvo toda una vida, una infancia, una edad adulta, probablemente una familia, una carrera, etc. Y la persona es a lo que se refiere la etiqueta de su nombre sobre la base de toda esa continuidad, no solo sobre lo que vemos con nuestros ojos ahora. El problema es tener una base demasiado pequeña para el etiquetado, lo que hace que nos sintamos incómodos cuando estamos con esta persona mayor, que no le tengamos realmente respeto.           

También podemos aplicar este análisis a nosotros mismos, ya que es válido tanto para los demás como para nosotros mismos. No somos solo lo que vemos en el espejo. Esa no es la totalidad de la base para la etiqueta “yo”. Tampoco somos solo ese pequeño aspecto de “yo”, ese momento único que identificamos en nuestra imaginación, como cuando hemos dicho algo realmente vergonzoso que todo el mundo todavía recuerda. Obviamente, eso causa muchos problemas.    

De manera similar, necesitamos ampliar la base de etiquetar “yo” en términos de partes: el cuerpo, los átomos, etc. Esa persona mayor no es solo la capa exterior arrugada, sino todas estas otras cosas. Lo mismo con el “yo”. Del mismo modo, podemos ampliarnos en términos de todas las diferentes causas de por qué actuamos de la manera en que lo hacemos o por qué alguien más actúa de la manera en que lo hace. No es solo: “Oh, estás actuando terriblemente”, sino más bien: “Tal vez no se sienta bien, quizás su amigo le gritó antes y perdió el autobús y quedó atrapado en el tráfico”, etc. Todo eso es la base para etiquetar y comprender la situación con la otra persona o conmigo, por qué siento lo que siento. No estoy diciendo que el tráfico sea la base para etiquetar “yo”, pero el efecto del tráfico en mi estado de ánimo, es parte de la base para etiquetar “yo”. Necesitamos comprender los factores causales que influyen en lo que estamos experimentando ahora.            

Luego, para deconstruir aún más y ampliar nuestra comprensión de la base del etiquetado, tenemos que tomar en consideración el efecto sobre esa otra persona, o el efecto sobre mí, de todas las personas que he conocido en mi vida: la forma en que mis padres me criaron, mis maestros, amigos, todo este tipo de cosas. Y eso se remonta a generaciones anteriores, cómo mis abuelos criaron a mis padres y los influenciaron para que me influenciaran a mí. Y luego, si tenemos una comprensión y apreciación de vidas anteriores, entonces cómo las experiencias de vidas anteriores han influido en las diversas tendencias e intereses, etc., que he tenido desde la primera infancia que no puedo explicar desde mi familia o mi entorno.          

Lo que estamos haciendo aquí, en nuestro análisis, es combinar varios aspectos de las enseñanzas budistas. Uno es una comprensión muy amplia del surgimiento dependiente: que cada momento de nuestra experiencia surge en dependencia de un sinnúmero de factores - todo de lo que hemos estado hablando en los últimos minutos - y el análisis del etiquetado mental. Y el otro aspecto es que el “yo” es un fenómeno de imputación en cada momento de experiencia, y cada momento de experiencia en la continuidad de toda mi vida ha surgido en dependencia sobre la base de millones y millones de otros factores. Entonces, estamos ampliando todo nuestro entendimiento en un proceso de deconstrucción de la solidez de cualquier cosa con la que nos identificamos a nosotros mismos o a cualquier otra persona.                

Conclusión

Nuestro objetivo es superar los problemas de ser insensibles a ciertos aspectos de nuestra vida y experiencia, e hipersensibles a otros. Este es el marco del que surge la integración de la propia vida, este nuevo ejercicio que he desarrollado. Este es un paso más basado en este tipo de proceso de sensibilidad equilibrada. Si cada momento de nuestra experiencia, en cada aspecto de nuestra personalidad y experiencia, ha sido influenciado por tantos factores diferentes, ¿cómo integro todo eso, de tal forma que tengamos un sentido del “yo” que es un fenómeno de imputación sobre todo eso de una forma equilibrada? Sin dejar nada fuera, sin agregar nada, sin sentirse alienado o lo que sea. Este es el siguiente paso en ese proceso.      

En la próxima sesión trabajaremos con este proceso. Al hacerlo, dedicaremos tiempo a hacer el ejercicio. No hay mucho más que explicar al respecto. Y tengo la sensación de que este ejercicio funcionará incluso si no han realizado el entrenamiento de sensibilidad, que puede funcionar por sí mismo. Pero para darles algo de confianza para que no piensen: “Oh, esta es solo una locura que se le ocurrió”, quería darles el trasfondo budista del cual surgió. Y al explicar el método real, también explicaré la enseñanza budista de la que proviene cada uno de los pasos.   

Y seamos muy claros al respecto. Con lo que vamos a trabajar y practicar es “Dharma-light”. Esto no es el “Dharma auténtico”. El “Dharma auténtico” se refiere a mejorar las vidas futuras, superar el renacimiento en todas las vidas futuras y ayudar a todos a superar el renacimiento. No estamos hablando de eso. Estamos hablando de “Dharma-light”, que es cómo podemos adoptar las enseñanzas del Dharma para ayudarnos en esta vida.      

El “Dharma-light” se puede practicar de dos formas. Una sería como “Dharma-light”, pensando en términos de esta vida y eso es todo. O podemos practicarlo como un método budista que es un paso preliminar en el camino hacia los otros pasos que acabo de mencionar, de mejorar vidas futuras y beneficiar a todos los seres, y así sucesivamente. Seguir el “Dharma-light” está perfectamente bien, siempre que sepamos claramente lo que estamos haciendo.

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