Los eslabones que actualizan un renacimiento samsárico

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Repaso del primer eslabón: No darse cuenta

Hemos comenzado nuestra discusión sobre los 12 eslabones, y vimos que describen el mecanismo de cómo generamos nuestros agregados incontrolablemente recurrentes (el cuerpo, la mente y demás) de cada vida, y específicamente nuestros agregados manchados. Estos son los factores agregados que son generados por el no darse cuenta – específicamente el no darse cuenta de la realidad de cómo existen las personas. Estos 12 eslabones describen cómo estos agregados constituyen entonces la base sobre la cual experimentamos los dos primeros tipos de sufrimiento: infelicidad y felicidad ordinaria. Estos factores agregados contienen más no darse cuenta y emociones y actitudes perturbadoras que se derivan de ese no darse cuenta, así como diversas tendencias kármicas que se acumulan por actuar sobre la base del no darse cuenta.

Debido a que estos factores agregados contienen estas “manchas” diversas, como se les llama, generamos más agregados manchados en el futuro con futuros renacimientos. Así que todo el asunto simplemente recurre una y otra y otra vez, casi como un sistema que se perpetúa a sí mismo. Y si no hacemos nada al respecto, continúa incontrolablemente. Pero si tomamos el control, por así decirlo, pero no sobre la base de un “yo” sólido: “tendré el control de todo”, entonces podemos detener esta cadena. Podemos romperla en su punto más débil que es nuestro no darnos cuenta, y obtener la liberación del ciclo de renacimientos incontrolablemente recurrentes.

Empezamos a revisar los 12 y el primero fue el no darse cuenta, específicamente el no darse cuenta de cómo existen las personas, tanto nosotros mismos como los demás. Incluye tanto el no darse cuenta basado en la doctrina que nos han enseñado, que tuvimos que aprender de uno de estos sistemas de principios filosóficos indios no budistas: una de estas teorías es la del atman que encontramos en las diversas escuelas hinduistas y jainistas, que tiene que ver básicamente con lo que en Occidente llamaríamos un “alma”. Porque no creeríamos automáticamente que tenemos un alma ni nos identificaríamos con ella, con que esta alma soy “yo”. Esto es algo que tuvimos que aprender; los animales no creen que tengan un alma, por ejemplo.

Este eslabón de no darse cuenta también contiene la que es más sutil, que subyace este tipo de no darse cuenta basado en la doctrina, concretamente la que se conoce como “no darse cuenta que surge automáticamente”, y esto puede entenderse en muchos niveles. El nivel que se sostiene en común, o que afirman en común todas las escuelas filosóficas budistas, es la creencia de que yo existo como un “yo” que puede conocerse en forma autosuficiente, que puede conocerse completamente por sí mismo, como en el ejemplo que utilizamos ayer de: “quiero que me ames a  por mí mismo, no por mi dinero, ni por mi buena apariencia, ni por mi inteligencia ni nada de eso”. Los animales también la tienen. Cuando el perro ve a su amo piensa “veo al amo”. Ciertamente no piensa “estoy viendo un cuerpo y sobre la base del cuerpo está imputado mi amo”.

Bien. Ahora, en un nivel más profundo que se afirma solamente, por ejemplo, por la interpretación guelug del prasánguika, la cual es una de las escuelas filosóficas, es más profunda la sensación o creencia que surge automáticamente de que hay algo especial adentro de , algo especial adentro de ti que me hace a mí ser “yo” y a ti ser “tú”. Y el hábito de este no darse cuenta, en otras palabras, de creer que existimos en estas formas imposibles, causa que nuestra mente proyecte la apariencia y la sensación de que así es como existimos; entonces, con el no darse cuenta creemos que corresponde con la realidad, pero no es así. Sin embargo, sí existimos; no se trata de que no existamos en absoluto.

¿Pero cómo establecemos que existimos? ¿Cómo probamos que existimos? ¿Cómo probamos que cualquier otra persona existe? ¿Qué lo establece? Este es el asunto relacionado con la discusión de lo que usualmente se llama “existencia”. Cómo existen las cosas. Pero no se está hablando realmente de cómo existen las cosas. Se está hablando de cómo establecemos que algo existe. ¿Qué lo establece? Esa es una palabra que es importante entender. Es la misma palabra que en sánscrito (siddha) y en tibetano (grub) se utiliza para probar algo. ¿Cómo lo pruebas? No está hablando de qué es lo que te crea a ti o a mí. No estamos hablando de qué lo crea. Estamos hablando de qué lo prueba. Así que esta es la palabra “establecer”, como usualmente se le traduce. ¿Qué lo establece?

¿Hay algo del lado del objeto, de una persona, que hace que puedas conocer a la persona por sí misma? Bueno, no. ¿Hay alguna característica especial que pueda encontrarse dentro de la persona que me haga a mí ser yo o que haga a los demás ser tú? No, no se puede encontrar nada similar. ¿Hay un código de barras del lado de la persona o un código genético especial? Bueno, aparte del hecho de que sólo está ahí por una vida, podríamos pensar que: “bueno, esto es lo que me hace especial”, una huella digital o algo así. Porque, después de todo, ésta se vuelve una pregunta muy seria. Nos observamos a nosotros mismos, fotografías de nosotros mismos cuando éramos bebés, cuando teníamos cinco años, quince años, treinta años… dependiendo de qué tan viejos seamos, en diferentes etapas de nuestra vida, digamos, a los sesenta años, y ciertamente no hay ninguna célula en el cuerpo que haya permanecido igual en cada una de esas fotografías, en cada uno de esos cuerpos. Y aun así decimos: “¡ese soy yo!”, ¿no es así? Así que, ¿qué me hace ser “yo”?

Podríamos decir que el código de ADN ha permanecido igual. Pero, por supuesto, el ADN en una célula no está conformado exactamente por los mismos átomos ni las mismas moléculas que las del ADN de otra célula que ahora la reemplaza, así que ha estado cambiando a cada momento. Así que podrían decir que el patrón del ADN es el mismo. Bueno, ¿qué es el patrón? ¿Qué establece que haya un patrón? ¿Hay pequeñas líneas uniendo cada una de las moléculas del lado del ADN? No. La mente ha construido mentalmente un patrón basada en todas estas pequeñas piezas. A eso es a lo que llamamos “etiquetado mental” o “imputación”. Todos los patrones y demás son imputaciones, como fórmulas matemáticas, y así es con cada átomo, cada molécula del ADN, cada átomo de la molécula, cada parte del átomo… y así sucesivamente. No hay nada sólido que pueda encontrarse. Todos los conjuntos son imputados sobre sus partes.

Así que ¿qué establece que sea yo en todas esas fotografías? Bueno, la única cosa que lo establece es que existe la palabra o convención “yo”, la cual es etiquetada sobre ello y es válida. ¿Por qué es válida? Bueno, otras personas que me conocieron estuvieron de acuerdo y dijeron: “sí, así es como te veías cuando eras un bebé”. Existe la convención “yo”. Así que existe una convención establecida de que esta es una palabra que tiene un significado en una lengua que entendemos. Existe un nombre. Todo el mundo ha acordado que mi nombre es “Alex” en esta vida. Así que eso es algo que lo establece: que realmente existe una convención.

Y, como dije, todos los que me conocieron, pues yo no sé cómo me veía cuando era bebé, pero todos los demás que me conocieron y que lo recuerdan correctamente, lo identifican correctamente y dicen: “sí, eras tú”. Así que eso establece que ese soy yo. No está en contradicción con la gente que de hecho me recuerda y me vio entonces. No es que mi madre diga: “oh, ese no eras tú, ese era tu hermano”. Y no está en contradicción con una mente que ve válidamente la verdad más profunda. En otras palabras, si alguien piensa en un “yo que existe permanente y sólidamente” eso es erróneo porque obviamente hemos cambiado a lo largo de nuestra vida. Cualquiera que entienda cómo existen las cosas vería: “sí, eres tú, pero has cambiado a lo largo de tu vida, has crecido, has aprendido cosas y demás. Ya no mojas tus pañales”.

Es sólo esta convención o palabra “yo” lo que establece que ese soy yo cuando se aplica válidamente, ¿no es así? E incluso los criterios válidos están del lado de la mente, no están del lado del objeto. Yo no soy creado por la palabra “yo”; si nadie dijera “yo”, “yo”, “yo” o “tú”, “tú”, “tú” ¿entonces no existiríamos? Eso es absurdo. Si fuera por la vida sin pensar “yo”, “yo”, “yo” ¿eso haría que no existiera? No. Así que la etiqueta mental, la palabra no crea al objeto. Y yo no soy sólo una palabra. Después de todo, una palabra es sólo una combinación de sonidos sin sentido que alguien decidió que es una palabra y le dio un significado.

¿Qué es “yo? Yo. ¿Qué soy yo? Bueno… lo único que podemos decir es que yo soy a lo que la palabra “yo” se refiere, es un objeto de referencia (ese es el término técnico), es a lo que el “yo” se refiere sobre la base de un flujo siempre cambiante de agregados, cuerpo, mente, emociones, etc. Y funcionamos sobre la base de ese tipo de “yo”, esto es lo que de hecho existe, ¿no es así? Experimentamos cosas. Hacemos cosas. Entonces, lo que es imposible es imaginar que la palabra “yo” o cualquier otra palabra que se utilice tenga una cosa referente que corresponda a ella y que podemos encontrar.

Una cosa referente es como un tipo de cosa en una caja, la caja “yo” o la caja “tú” o la caja “mesa” o la caja “bueno” o la caja “malo”, que corresponden a una búsqueda en el diccionario en que la palabra se encuentra por sí misma en su propia cajita, que hay una cosa referente del lado de la realidad que está en cajas, como en el diccionario. Y está en esta caja, no está en esa caja. Eso es lo que es imposible. Las palabras se refieren a algo, pero no a alguna cosa que se pueda encontrar dentro de una caja. Si yo existiera, si el “yo” existiera como un cierto tipo de cosa adentro de una caja que pudiera conocerse por sí misma, etc., nunca cambiaría. Nunca podría hacer nada, nunca podría interactuar con nada, podría encapsularse en plástico, quedarse ahí. Eso es imposible, no existimos de esa forma, aunque se siente como si existiéramos así. Ese es el problema. Y simplemente no lo sabemos, es no darse cuenta.

, caja. , cosa. Tú no me aprecias, tú no me amas. Tú eres malo, permanente, nunca cambiante, en una caja. Ese eres tú. Y entonces obviamente nos sentimos muy molestos, ¿no es así? Y nos “aferramos”, esa es la palabra que se utiliza, percibimos que la otra persona existe de esa forma porque nuestra mente proyecta ese sinsentido y nos lo creemos, creemos que se refiere a una cosa referente que es realmente quien esta persona es. Entonces nos enojamos, le gritamos, eso acumula karma y pone en movimiento todo el proceso samsárico. Pero fuiste tú, esa es una etiqueta válida. Tú me ignoraste o no hiciste esto o hiciste aquello. “Tú” es sólo a lo que la palabra se refiere, pero no es algo en una caja. “Tú” es simplemente etiquetado sobre la base del cuerpo, mente, palabra, emociones, lo que sea que haya estado involucrado en ese momento en que me dijiste algo desagradable o en que hiciste algo que no me gustó.

Pero todos esos factores agregados, emociones, mente, cuerpo y salud y todo ese tipo de cosas que sucedieron en ese momento, bueno, ninguna de ellas existe en cajitas tampoco. Fueron afectadas por millones y millones de causas y condiciones, no solamente por las que estaban ocurriendo en el presente, sino por las que sucedieron en el pasado en la familia y por lo que estábamos haciendo antes y todas esas cosas. No existimos solamente como una fotografía fija. Quiero decir, con frecuencia esa es realmente la forma en la que vemos a la gente, a nosotros mismos y a las cosas en el mundo, como una fotografía fija. Ni siquiera a colores, sino en blanco y negro. Ni siquiera tenemos todas las dimensiones y ¡lo congelamos! El mundo no existe como una fotografía fija, es una película, si queremos usar esta analogía con un filme. Pero lo congelamos. “¡Aaah! ¡Dijiste eso! Ese eres . Eres desagradable. Tú no me quieres”. La película continúa y en todos los momentos siguientes cuando estás haciendo otras cosas e interactuando de otras formas, bueno, aún eres tú ¿no es así?

Y es solamente cuando congelamos algo en una fotografía y después la establecemos desde su propio lado como si esa fuera la forma en la que realmente somos, cuando realmente nos enojamos mucho. Y si vemos la continuidad, cada momento influenciado por millones y millones de cosas, puedo etiquetar “tú” sobre ello, puedo etiquetar “yo” sobre todo el flujo de esta continuidad de los agregados, entonces eso difumina todo el asunto. No hay razón para enojarse. ¿De qué nos enojamos?

Con el no darse cuenta, el primer eslabón, creemos que se refiere a personas, a mí, a ti. Creemos que existimos en esas formas imposibles, que hay algo como una fotografía fija, algo de nuestro propio lado que está ahí estableciendo esa característica especial de desagradable o algo parecido que me hace a mí ser “yo”. O incluso simplemente una línea alrededor de nosotros que hace al “yo” una cosa que puede conocerse. Tenemos este no darse cuenta, estamos confundidos al respecto. Sobre la base de ello, obtenemos emociones perturbadoras. Sobre la base de las emociones perturbadoras actuamos de una forma que crea karma, ya sea constructiva o destructivamente, basados en esta idea falsa y en la creencia en un “yo” imposible.

Repaso de los eslabones del dos al siete

De tal forma que obtenemos el segundo eslabón, las variables que afectan. Este se refiere a los impulsos kármicos compulsivos que surgen para actuar destructivamente basados en este no darse cuenta: “me hiciste algo desagradable”, por lo tanto, surge el impulso de lastimar a la persona. O “eres tan maravilloso y especial; por lo tanto, te haré algo lindo”. Así que surge el impulso de hacer algo constructivo, de ser agradable contigo de tal forma que , “tú” especial, me amarás a , al “yo” sólido y especial. Así que esa es una acción kármica constructiva. Después de que hemos completado la acción, entonces obtenemos cierto tipo de tendencia kármica: una positiva por la conducta constructiva, una negativa por la conducta destructiva.

Y eso nos conduce al tercer eslabón, la conciencia cargada. En otras palabras, estas tendencias, que no son algo sólido, son imputadas sobre la conciencia, a cualquier nivel que queramos considerarlo dependiendo del sistema filosófico. Y eso continúa en las vidas futuras. Tenemos la fase causal de esta conciencia cargada en esta vida y la fase resultante en una próxima vida. La principal cosa que madurará de estas tendencias kármicas, como se analiza en estos 12 eslabones es: de una tendencia kármica positiva, nuestra felicidad mundana que nunca satisface (el sufrimiento del cambio), y de las tendencias negativas, la experiencia de infelicidad, el sufrimiento del sufrimiento. Estas experiencias de infelicidad o de felicidad ordinaria pueden acompañar cualquier momento de nuestra vida.

Todos sabemos eso ¿no es así? Nuestra felicidad o infelicidad realmente no depende del objeto que estamos viendo o escuchando porque podemos escuchar la misma música y algunas veces sentirnos felices y algunas veces sentirnos infelices. O ver a una persona: algunas veces nos sentimos felices de verla y a veces nos sentimos infelices. De hecho, cada momento estamos sintiendo algún nivel de felicidad o infelicidad. Puede que no sea dramático, de hecho, la mayoría del tiempo no es dramático, pero eso no significa que sea no existente. Con frecuencia decimos: “no siento nada”. Si realmente examinamos es muy raro que sea lo que se conoce como una sensación neutra: exactamente en medio de estar feliz e infeliz. Por lo general está un poco de un lado o del otro.

Este factor mental de sentir un nivel de felicidad se define realmente en términos de cómo experimentamos la maduración de nuestro karma. Cuando utilizan la palabra “experiencia” en un contexto budista se refieren a esto. ¿Cómo lo experimentamos? ¿Con cierta sensación de felicidad o infelicidad? ¿La computadora experimenta la información que hay en ella? Bueno, de acuerdo a esta definición, no. La computadora puede, en un sentido, conocer la información, manipular la información, hacer todo tipo de operaciones. ¿La experimenta? No, no se siente feliz ni infeliz. Por lo tanto, una computadora no tiene mente. Hablamos de inteligencia artificial: puede hacer diversas operaciones, pero no experimenta nada, no tiene felicidad ni infelicidad. Así que, desde ese punto de vista, no tiene una mente.

Para experimentar felicidad ordinaria e infelicidad necesitamos tener un sistema completamente desarrollado de los demás agregados. Esta sensación de felicidad o infelicidad es uno de los agregados: el agregado de la sensación. Así, tenemos los siguientes eslabones que describen el desarrollo de los agregados en una vida, del momento de la concepción hasta el momento en que los agregados están completamente desarrollados y en funcionamiento. En el caso de alguien nacido de un útero o de un huevo, está hablando del desarrollo del feto. Primero tenemos el cuarto eslabón: facultades mentales nombrables con o sin forma burda. Antes que nada, aquí tenemos básicamente sólo el agregado de la conciencia, pero no está diferenciado en los diferentes tipos de conciencia sensorial, son sólo potenciales. El agregado de la distinción y de la sensación son sólo potenciales. Y del agregado de las otras variables que afectan, sólo algunas de ellas funcionan. La mayoría aún están en forma potencial; las diversas emociones y demás están en forma potencial. Podríamos decir que quizás la atención o algo similar podría estar presente en una forma muy primitiva porque existen ciertos factores mentales que siempre están funcionando, a cada momento. Pero la mayor parte de ese agregado está en forma potencial.

Tendríamos que hacer un análisis muy detallado para decir si todo el agregado se encuentra en forma potencial o, como sospecho, quizás algunos pequeños aspectos de él estén en funcionamiento. Y esa conciencia mental, como lo discutimos detalladamente ayer, puede estar asociada con la forma burda, la cual podría ser el elemento burdo o los elementos sutiles, o con lo que se llama “sin forma”, que simplemente significa la energía sostenedora de vida más sutil.

El siguiente paso, el quinto eslabón: los estimuladores de la cognición. La conciencia mental se diferencia en los distintos tipos de conciencia sensorial, y la forma que se obtiene, refiriéndose al cuerpo, se diferencia en los distintos sensores cognitivos; existen células fotosensibles de los ojos, oídos, etc., para lo visible, los sonidos. Así que hay cierto tipo de asociación de éstos con lo visible, los sonidos, las sensaciones físicas, lo que sea que un feto puede experimentar en el útero; ciertamente sonidos y sensaciones físicas.

Después tenemos el sexto eslabón: el darse cuenta que contacta, el cual se desarrolla a continuación. Es uno de los factores mentales siempre en funcionamiento que es parte del agregado de las otras variables. Y me parece que tendría que operar en conexión con el factor mental de la distinción, que usualmente se traduce como el agregado del reconocimiento. Se refiere a distinguir, como la luz de la oscuridad. No significa que ya conocíamos algo antes y que ahora lo recordamos. Cuando se tienen los diversos tipos sensoriales de cognición -el sensor, lo que es sensible al sonido en los oídos- y se tiene un sonido y cierta conciencia auditiva, entonces hay un darse cuenta que acompaña esta cognición, esta percepción, como siendo placentera, no placentera o neutra.

Ahora, ayer empezamos a explicar que esto es similar al factor mental de la consideración: cómo ponemos atención a algo. Pero no es el mismo factor mental. Permítanme explicar por qué. Este factor mental de la consideración o atención se refiere a traer algo a la mente. Se puede traer algo a la mente en términos de tener una atención muy concienzuda, o en términos de siempre traer la atención de vuelta. Existe ese tipo de atención. Pero también hay atención en términos de cómo prestamos atención a algo. Cómo lo consideramos. Y eso puede ser correcto o incorrecto, lo cual se explica con diversos ejemplos.

El ejemplo común es con respecto al cuerpo: que consideramos que el cuerpo es limpio, lo cual es una consideración incorrecta porque de hecho no es limpio, si pensamos en lo que hay dentro de él. O podríamos considerarlo estático, nunca cambiante, la cual es una consideración incorrecta, porque en realidad es no estático, está cambiando todo el tiempo. O podríamos considerarlo felicidad, lo cual es incorrecto porque de hecho es de la naturaleza de sufrir de infelicidad. Podemos considerar incorrectamente que tiene un alma imposible, o considerar correctamente que carece de un alma imposible. Éstas se describen generalmente como los cuatro tipos de consideración incorrecta y los cuatro tipos de consideración correcta.

Así que este factor mental de la consideración puede ser correcto o incorrecto. En este punto, podrían pensar que el darse cuenta que contacta “es como la consideración”, pero en el darse cuenta que contacta no hay variable de correcto o incorrecto. Cuando percibimos algo nos damos cuenta de ello como placentero, desagradable o neutro, no es que alguno de ellos sea incorrecto. Aunque suena similar a la consideración y ciertamente está conectado con la distinción, es un factor mental diferente. Y también explicamos que consideramos algo placentero o desagradable basados en el hábito, pero también, me parece, hasta cierto punto está conectado con el karma. Porque cuando estamos comiendo cierta comida, normalmente encontramos placentero verla. Pero hay otras ocasiones en las que no encontramos placentero verla. Así que el mismo objeto puede ser placentero o desagradable, y no es sólo un asunto de hábito ¿o sí? Entonces, me parece que de alguna forma está asociado con el karma, pero no se explica muy claramente. En otras palabras, basados en el hábito, la mayoría del tiempo cuando vemos chocolate lo vemos como algo placentero. Eso sería el hábito. Pero algunas veces lo vemos como desagradable; si acabamos de terminar una gran comida realmente no nos interesa. Me parece que eso es afectado no sólo por el karma sino por otras circunstancias, como el hecho de que nuestro estómago esté lleno. Así que hay muchos factores que influenciarán nuestro darnos cuenta de algo como placentero o desagradable.

Pero me parece que tendríamos que analizar más profunda y extensivamente para ver si realmente existe una conexión o no con la maduración del karma. No está explicado en términos de la maduración del karma, así que tengo algunas dudas al respecto. Quizás esté asociado con el karma, quizás no. Quizás sólo sea afectado por el hábito y las circunstancias, como el hecho de que nuestro estómago esté lleno. O por el hecho de que todos a nuestro alrededor estén diciendo: “¡Ooh! Esto es horrible, es chocolate contaminado, chocolate radioactivo”, o algo así.

Sobre la base de cómo tenemos este darse cuenta que contacta, entonces el siguiente paso, el séptimo eslabón, es la sensación de un nivel de felicidad. Así que sobre la base de un darse cuenta que contacta placentero de algo nos sentimos felices; de algo desagradable, nos sentimos infelices; neutral, nos sentimos neutrales. Estoy pensando en un ejemplo, por eso me río un poco entre dientes. Una de mis comidas favoritas son los pretzels salados, y hace poco me puse a dieta para bajar de peso. En una conferencia que di había una enorme pila de pretzels y era muy difícil para mí no comerlos porque me gustan mucho y estoy muy apegado a ellos. Así que, de inicio, los vi como placenteros, por supuesto, y me sentí un poquito aprehensivo. Pero probé uno; dije: “bueno, me dejaré comer uno”. ¡Y me di cuenta de que estaba rancio! Entonces me puse muy feliz de que estuviera rancio. Así que miré el pretzel rancio, de hecho, cuando lo mire inicialmente fue desagradable: “ugh, me voy a comer todo esto” y me sentí infeliz, pero dije: “de acuerdo, probaré uno” y probé uno. Estaba rancio, ¡era maravilloso! Estaba realmente feliz de que estuvieran rancios porque así ya no tendría ganas de comer más. Así que es muy chistoso. Me parece que esto realmente no está basado en el hábito y ciertamente no está basado en el karma. Está basado en las circunstancias de que estuvieran rancios, de que yo estuviera a dieta, etc.

Ahora está completo el mecanismo para que los cinco agregados experimenten la maduración de nuestro karma con una sensación de un nivel de felicidad. La felicidad se define como esa sensación que, cuando la experimentamos, no quisiéramos separarnos de ella. Pero, por supuesto, esta felicidad ordinaria nunca dura, así que obviamente nos separaremos de ella. Y la infelicidad es esa sensación que, cuando la experimentamos, nos gustaría separarnos de ella. Pero la mayoría del tiempo no podemos simplemente separarnos instantáneamente de ella, ¿o sí? ¿No sería maravilloso? Que nos sintiéramos infelices o tristes y dijéramos: “bueno, ya no me quiero sentir infeliz ni triste”, que chasqueáramos los dedos y nos sintiéramos felices. Eso sería maravilloso. Pero desafortunadamente la mayoría de nosotros no podemos hacer eso, ¿o sí? Y la neutra es esa sensación que, cuando la experimentamos, deseamos que simplemente continúe. Por ejemplo, cuando estamos dormidos no nos sentimos felices ni infelices, y ciertamente nos gustaría seguir dormidos.

Los siguientes eslabones hablan de cómo activamos estas tendencias kármicas de las que está cargada la conciencia. Y específicamente abordan cómo activamos las tendencias kármicas para el renacimiento. Estas tendencias son las tendencias de lo que se llama “karma que arroja”. Son impulsos kármicos que pueden arrojarnos a un siguiente renacimiento, arrojarnos a tener un nuevo conjunto de agregados, u otro conjunto de agregados. De esto es de lo que se trata todo el asunto, ¿no es así? De cómo generamos una y otra vez agregados base, “agregados manchados”.

Este karma que arroja se refiere a las acciones kármicas que hacemos con una motivación muy muy fuerte, sea positiva o negativa, basada, por supuesto, en el no darse cuenta. Y también quiero decir que hay algunos objetos especiales que están involucrados algunas veces, como hacer algo lindo o desagradable a tu maestro espiritual o a tus padres, etc. Pero el énfasis principal está en la fuerte motivación: sea que lastimemos a alguien con una muy fuerte aversión o que ayudemos a alguien con un amor muy fuerte, con el deseo de que sean felices, de realmente ayudarlos, pero basados en el no darse cuenta.

También es importante mencionar que en la explicación estándar estos tres eslabones siguientes que van a activar estas tendencias, las tendencias kármicas del karma que arroja, se explican en términos de lo que sucede en el momento de la muerte; lo que realmente va a activar este karma que arroja que nos lanzará a nuestro siguiente renacimiento. Existen algunos sistemas explicativos de estos 12 eslabones que abordan cómo ésto puede ocurrir todo el tiempo, en términos de activar el karma para sentirnos felices e infelices. No es una explicación convencional, pero existe.

Octavo eslabón: apego

El primero de ellos, el octavo eslabón, se llama “apego”. Es la palabra que en sánscrito se utiliza para “sediento”. De tal forma que se trata de una fuerte sed, como al decir “muero de sed”. Esto es en respuesta a una sensación de un nivel de felicidad, de realmente estar apegados... un “yo” imposible, sólido, fuerte y grande que realmente no quiere ser separado de la felicidad, ser separado del sufrimiento y que la sensación neutra continúe. Generalmente se describe solamente en términos de felicidad e infelicidad, pero también existe la sensación neutra. La forma en la que experimentamos esto es: “¡no puedo soportarlo, no puedo seguir con esto! ¡Estoy tan hambriento! ¡Estoy tan infeliz!”. Quizás es un extremo, pero realmente de eso es de lo que estamos hablando. “¿Acaso no somos felices? ¿Acaso no la estamos pasando bien?”. Este tipo de afirmaciones: “Oh, la estoy pasando realmente bien”, y nos apegamos a eso. Así que realmente es muy importante que entendamos esto, porque nos sentimos felices e infelices en cada momento de nuestra vida; algo está pasando.

Y eso es muy importante, tener cuidado de no hacer una gran cosa del “yo” que está experimentando esto convencionalmente. No convertirlo en un “yo” imposible y decir: “¡no puedo soportarlo!” y demás. Feliz, infeliz, sube y baja constantemente; esa es la naturaleza del samsara. No es la gran cosa. Para ponerlo en términos hippies, simplemente se trata de “surfear las olas” de la felicidad y la infelicidad en la vida y no alterarse por eso. Eso es muy importante.

Ese es realmente un consejo muy práctico en términos de lidiar con nuestra vida. Estás triste, no es la gran cosa, ¿y qué? ¿Qué esperabas del samsara? Estás feliz, no es la gran cosa tampoco. Nada especial. Ese es el mantra de la joven reencarnación de Serkong Rinpoche, que utiliza todo el tiempo: “nada especial”. Fue a Norteamérica, a Disneylandia, “nada especial”. Nada especial. El viejo Serkong Rinpoche... yo era su traductor, también viajé con él por todo el mundo, y él también repetía el mantra de “nada especial”. De la Torre Eiffel, dijo: “¿Cuál es el gran alboroto de esto? Llegas a la cima y lo único que tienes que hacer es volver a bajar. ¿Qué hay de especial en eso?”. Dijo que lo único especial que encontró viajando por Occidente era que la gente realmente estaba interesada en el Darma y acudía a las enseñanzas. Así pues, el octavo eslabón es el apego.

Noveno eslabón: lo que prevalece

Después vamos más allá en este desarrollo, en esta secuencia, y obtenemos lo que se llama “lo que prevalece”. Lo que prevalece -ese es literalmente el término que se utiliza- a veces se traduce como “aferramiento”, la cual es una traducción tonta que no tiene nada que ver con el asunto. “Lo que prevalece” es una actitud, una emoción o actitud perturbadora que nos hará obtener agregados manchados en el futuro. Esos agregados que se reciben sobre la base de todo eso se llaman agregados “que se obtienen”. Es una expresión técnica. Existe toda una lista de emociones perturbadoras que se obtienen y actitudes perturbadoras que se obtienen. No tenemos mucho tiempo para entrar en detalle en eso, pero permítanme al menos dar una visión muy general.

En primer lugar, tenemos lo que se llama “deseo que prevalece”. Esto es diferente del apego. El apego es en términos de un fuerte apego o deseo, como sea que lo quieran llamar -sed, literalmente- dirigido a una sensación de felicidad o de infelicidad. En este contexto, está dirigido al objeto, el objeto sensorial. Realmente queremos algo. Así que es algún objeto sensorial. Generalmente, cuando somos moribundos queremos sostener la mano de alguien, o queremos ver una imagen de Jesús o del Buda o algo parecido. Queremos escuchar el sonido de nuestro ser amado. Así que este es un fuerte deseo por un objeto sensorial. “Abrázame. No me dejes ir”, como si el abrazo de alguien pudiera impedir que muramos. Por supuesto que este deseo por un objeto sensorial está basado en una idea equivocada acerca del “yo”. De alguna manera, si tomara la mano de alguien eso haría que el “yo” sólido se quedara; está basado en la creencia de un “yo” sólido. Es interesante porque con mucha frecuencia también a lo largo de nuestra vida tenemos esa idea equivocada, no sólo al momento de la muerte; la idea de que, de alguna manera, si pudiera tomar la mano de alguien o si alguien me dijera que me ama, si escuchara esos sonidos, eso de alguna manera haría que el “yo” sólido se sintiera seguro.

De hecho, mientras más profundizamos en ello, se vuelve realmente más interesante, porque existe un nivel convencional que no necesariamente tiene que estar basado en esta identificación con un “yo” imposible. Si lo vemos desde una perspectiva sociológica y sicológica, los seres humanos sí necesitan contacto humano. Somos animales sociales. Si nos ignoraran totalmente seguramente moriríamos. Los ancianos que son abandonados en los asilos, a los que nadie visita, morirán por ser irrelevantes, sólo por ser ignorados. Lo mismo con los niños pequeños, con frecuencia mueren si no tienen ningún contacto humano, no sobreviven. Así que hay un cierto nivel convencional en el que sí necesitamos cierto contacto, que no implica un nivel samsárico, neurótico. Pero eso no “me” hará real. Así que me parece que hay una diferencia que tiene que tomarse en consideración respecto a estos entendimientos de la sicología y la sociología occidentales.

Ahora, tenemos diversas actitudes perturbadoras que prevalecen que también podrían estar presentes y que podrían funcionar como el noveno eslabón. Podríamos tener una visión distorsionada, la cual podría ser que aceptamos el renacimiento, pero negamos la causa y el efecto. Pensamos, por ejemplo: “bien, renaceré, pero empezamos todo de nuevo, no hay efectos por lo que he hecho en esta vida”. O podría ser una negación total del renacimiento. Si sentimos que habrá renacimiento pero que no hay causa y efecto, entonces eso es algo muy inseguro porque no sabes lo que va a suceder. Si pensamos que no hay renacimiento entonces, bueno, ese es el fin del “yo”, de tal forma que nos aferramos aún más fuertemente a esta vida. O pensamos que no hay dirección segura, lo que generalmente se llama “refugio”, de tal forma que nos sentimos perdidos, impotentes, en pánico: “no sé qué hacer, estoy muriendo”.

También podríamos tener una visión engañosa que prevalece que se llama “visión extrema”, la cual tiene dos variantes: o pensamos que nuestro cuerpo y mente van a ser permanentes, que van a durar para siempre, y por lo tanto, cuando estamos muriendo tenemos una gran negación y eso puede ser muy perturbador, pues nos rehusamos a aceptar lo que realmente está sucediendo, o pensamos que no hay continuidad después de la muerte y que enfrentaremos a la Gran Nada, y eso asusta mucho. De hecho, con frecuencia convertimos a la Gran Nada en Algo. Es casi como decir: “Cuando muera, yo experimentaré la Gran Nada”, ¿no es así?

Después tenemos lo que se llama “la supremacía de las visiones erróneas”. Pensamos que algo es supremo. Esta es la visión de una idea extraña de que algo es supremo. Como, por ejemplo, mi cuerpo es una fuente verdadera de felicidad y, por lo tanto, quiero aferrarme a él tanto como sea posible. O mi cuerpo es una fuente verdadera de dolor, como cuando alguien está muriendo de cáncer y tiene una actitud muy negativa al respecto. O podría ser alguien que está enamorado de su cuerpo o de su mente y no los quiere dejar ir; o como cuando alguien los odia y odia su vida y sólo está pensando en matarse, en suicidarse.

Después tenemos el “sostener una moral o conducta engañosa como suprema”. Eso podría incluir renunciar a algún tipo de conducta trivial a la que es irrelevante renunciar en términos de la muerte. Como si tenemos cáncer y sólo nos quedan unos pocos días de vida y pensamos (si tuviéramos cáncer de estómago o algo así): “bueno, si no como helado eso de alguna manera me hará vivir más o un poco mejor”. Es decir, renunciar a algo que es trivial pensando que eso de alguna forma nos salvará. Recuerdo que cuando mi cuñado estaba muriendo de cáncer cerebral, antes de que tuviera que irse al hospital (murió muy rápidamente después de eso) devoró todos los helados y golosinas que quiso. Dijo: “¿cuál será la diferencia?” y comió todas las “cosas prohibidas”. Ya saben cómo suelen decir los doctores: “no comas esto, no comas aquello”, y estás muriendo así que ¿cuál es la diferencia?

El otro aspecto de esto es la conducta engañosa. Eso significa actuar o vestirse de alguna forma trivial que es irrelevante adoptar de cara a la muerte. Como en el caso de las personas moribundas que dicen: “pónganme mi vestido más hermoso para que muera vestida así”. O “pongan mi espada del ejército junto a mí cuando muera”. Es decir, eso no nos ayudará de ninguna forma, ¿o sí? Ni nos salvará.

Pero la forma más común es lo que se llama “afirmar nuestras identidades”, que es identificar este “yo” imposible con lo que está sucediendo. “¡Oh, estoy muriendo!”, como si hubiera un “yo” separado de todo esto. “¿Qué me está pasando a ? ¿Por qué está pasando esto? Yo no lo merezco”. Todo este tipo de pensamientos que giran en torno a este aferramiento a un “yo” sólido, conocido por sí mismo, con algo especial que me hace ser “yo”. “Esto no debería estar pasándome a . Yo debería tener el control”, este tipo de pensamientos. Ciertamente esa es la forma más común.

Décimo eslabón: continuar la existencia

Bueno, así que tenemos el apego y una emoción o actitud perturbadora que prevalece y eso es lo que activará las tendencias kármicas para el karma que arroja. Si recuerdan, el karma es un impulso. Y dependiendo de nuestro sistema filosófico, es un impulso de energía o un impulso mental. Pero en cualquier caso ese karma que arroja activado, ese impulso activado por la tendencia o el potencial es el décimo eslabón que generalmente se llama “devenir”, pero la palabra “devenir” no nos dice absolutamente nada en inglés. Literalmente el término es “continuar la existencia”. Es un impulso por continuar la existencia. Es el impulso que arroja o propulsa a la conciencia a continuar la existencia, ya sea a lo que se llama “existencia muerta”, “existencia de bardo” o “existencia de nacimiento”, la existencia durante el verdadero nanosegundo de la concepción. Es el impulso de continuar la existencia. Dado que todo esto está basado en el aferramiento a un “yo” sólido, algunas veces lo he llamado “impulso de supervivencia”. Queremos que ese “yo” sólido sobreviva, que siga, que continúe existiendo.

Es muy interesante porque vemos que realmente estos tres eslabones, el ocho, el nueve y el diez, apego, lo que prevalece y continuar la existencia, realmente están basados en el no darse cuenta acerca de cómo existimos nosotros y de cómo existen los demás, las emociones perturbadoras y el karma, el karma activado.

Onceavo eslabón: concepción

Tenemos el karma que arroja, tenemos las emociones y actitudes perturbadoras que activan el karma que arroja y el karma que arroja activado -lo que ha sido activado por él- y ahora otra vida. Así llegamos al onceavo eslabón que es el de la concepción. Se refiere al nanosegundo, el momento de la concepción. Generalmente se traduce como “nacimiento”, pero no se refiere a cuando salimos del útero; es básicamente el momento en el que la continuidad mental se conecta y es soportada por una base física de, digamos, el esperma y el óvulo de los padres, si es que naceremos como humanos. Así que este eslabón de la concepción es realmente el primer momento del cuarto eslabón, las facultades mentales nombrables con o sin forma burda.

Doceavo eslabón: envejecimiento y muerte

El doceavo eslabón es envejecimiento y muerte, el cual se da a partir del segundo momento de una vida; ya hemos empezado a envejecer, hasta el momento en el que muramos. Podríamos morir dos segundos después de la concepción. Y obviamente durante el proceso del envejecimiento y muerte, el no darse cuenta está presente y entonces la cadena continuará.

Cuando hablamos de estos 12 eslabones, pueden ser completados en dos o en tres vidas. Sin hacerlo complicado, al principio estaban los primeros tres eslabones que abordan cómo es que de hecho plantamos las tendencias kármicas. Eso puede pasar en una misma vida. En otra vida, que podría ocurrir millones de años en el futuro, no tiene que ser inmediatamente después, habría otra vida en la que se da el desarrollo del feto y todo el mecanismo que tendrá la activación de esas tendencias kármicas al final de esa vida. Y después en el renacimiento inmediatamente siguiente de ese se tiene la concepción, el envejecimiento y la muerte. O el proceso podría completarse en dos vidas. Plantamos las tendencias kármicas y las activamos en la misma vida, y después en la vida inmediatamente siguiente tenemos el proceso del desarrollo del feto que comienza con la concepción y termina con el envejecimiento y la muerte.

Como dije, existe una tradición que explica todo esto como si de hecho se completara a cada momento, en términos de generar cada momento siguiente de nuestra existencia. Pero no es una explicación tan común. Porque en cada momento estamos plantando más y más tendencias kármicas, las estamos activando en cada momento y experimentando felicidad e infelicidad. Cada momento tenemos este continuar la existencia y demás. Así que hay una forma de entenderlo momento a momento. Pero el principal énfasis está en explicar el proceso de renacimiento y eso es lo que queremos detener. Cuando hablamos de samsara estamos hablando de renacimiento incontrolablemente recurrente.

Detener los 12 eslabones para que no recurran

Ahora, si queremos liberarnos de todo esto y detenerlo, entonces pensamos en estos 12 eslabones en orden inverso. Así que el surgimiento dependiente, en términos de causa y efecto, no sólo opera en secuencia progresiva – que el eslabón uno es la causa del eslabón dos y el eslabón dos es la causa del eslabón tres, de tal manera que la forma del surgimiento dependiente es progresiva, de causa y efecto. Sino que también podríamos verlo de forma inversa: que el doceavo eslabón fue el resultado que surgió dependientemente del onceavo eslabón. Así que, si deseamos liberarnos del envejecimiento y de la muerte para siempre, tenemos que liberarnos de la concepción. Si queremos liberarnos de la concepción tendríamos que deshacernos del karma que arroja activado de continuar la existencia. Si queremos liberarnos de eso, tendríamos que liberarnos de una actitud que prevalece que lo activaría. Y así sucesivamente hasta el no darse cuenta. De eso es de lo que realmente tenemos que liberarnos para iniciar el proceso de que todo se desmorone. Y no es que liberarse del no darse cuenta inicie el proceso de liberarse de los otros eslabones. Esa es sólo una forma de hablar. No es como cuando una ficha de dominó hace caer todas las demás, no es así. Si nos liberamos del primer eslabón nos hemos liberado de todos los demás porque básicamente este eslabón del no darse cuenta subyace a todos. Y nos liberamos de este eslabón del no darse cuenta con el entendimiento de la vacuidad.

Como hemos reiterado en este tema en varias ocasiones a lo largo del fin de semana, si recuerdan, la “vacuidad” es una total ausencia de estas formas imposibles de existencia. Con el no darse cuenta, o no sabemos que estas formas imposibles son falsas, o creemos que son verdaderas. Y lo que nos liberará de eso es el entendimiento de que no existe tal cosa, está totalmente ausente. Nunca existió y nunca existirá esta forma imposible de existencia del “yo” o de “”.

Si entendemos la vacuidad basados en la curiosidad intelectual, sobre la base de una creencia en un “yo” sólido (“qué listo soy, voy a pensar acerca de esto y a explicarlo en alguna clase”) entonces eso sólo perpetuará el samsara. Es posible que tengamos un mejor renacimiento, uno en el que seamos más listos y demás. Pero el efecto del entendimiento del no darse cuenta depende de la motivación. En otras palabras, ¿cuál es el factor motivador que acompaña a la mente que entiende la vacuidad? Así que queremos evitar tratar de entender esto con el fin de impresionar a los demás por lo listos que somos cuando lo explicamos. O estudiarlo sólo porque es interesante, como estudiar insectos o algo parecido; es interesante, así que lo estudiamos; es entretenido para el gran “yo” sólido.

En lugar de ello tratamos de tener como nuestra motivación la renuncia: la determinación de liberarnos de este sufrimiento incontrolablemente recurrente del samsara. Esa motivación, este entendimiento, nos traerá la liberación. Y si nos esforzamos por entender esto con la motivación de la bodichita además de la determinación de ser libres, entonces nos traerá la liberación como un escalón en el camino hacia la iluminación. Los diferentes sistemas filosóficos difieren en cuanto a si con esa motivación de la bodichita alcanzaremos la liberación y la iluminación al mismo tiempo, o primero la liberación y luego, después de cierto tiempo, la iluminación. Pero éstas son las variaciones que encontramos en los diferentes sistemas filosóficos.

Terminemos aquí con una dedicatoria. Pensemos que cualquier fuerza positiva, cualquier entendimiento que hayamos acumulado por todo esto, pueda profundizar cada vez más y actuar como una causa para alcanzar la iluminación en beneficio de todos.

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