Breve repaso
En la primera sesión, realizamos la introducción al tema de Karma: ¿De quién es la culpa? Vimos que el acercamiento que necesitamos seguir es uno analítico, en el que examinamos cada uno de los tres componentes: el karma, el yo y la culpa. Si queremos obtener una fotografía armoniosa de como van estos tres elementos juntos, necesitamos analizarlos desde el punto de vista de un sistema. Esto es porque hay dos explicaciones del karma que se estudian en la tradición tibetana. Una es dentro del contexto de las visiones Sautrántika y Chitamatra y la otra es desde el punto de vista del Vaibáshika y el Madyámaka.
Dado que la visión más profunda acerca del yo se encuentra en el Sistema Prasánguika dentro del Madyámaka, si queremos juntarlo con el karma, necesita combinarse con la visión Prasánguika del karma. Aunque todas las escuelas tibetanas concuerdan en la presentación Madyámaka del karma por los maestros budistas indios, difieren en sus interpretaciones de la visión Prasánguika de la realidad. Por lo tanto, entre esas visiones, explicaremos la Gelugpa.
También mencionamos que el karma se refiere a los impulsos kármicos – los impulsos kármicos de cuerpo, palabra y mente. Las tres variedades pueden ser destructivas, constructivas o no especificadas. El término “no especificada” significada que puede ser de cualquiera de esas formas.
El punto principal acerca del karma que quiero enfatizar es que involucra compulsividad. Esta compulsividad se incluye en la forma en que pensamos, hablamos y actuamos. Percibimos esta compulsión como fuera de nuestro control porque está bajo la influencia de hábitos muy fuertes, impulsados por nuestras emociones perturbadoras y por nuestro aferramiento a un “yo” autoestablecido verdaderamente existente.
Breve repaso
¿Qué tenemos hasta ahora en nuestro análisis de los impulsos kármicos de cuerpo o habla? En cada momento durante el curso de una acción física o verbal, tenemos:
- El camino kármico de la acción, conformado por todos los factores, los cuales incluyen una base, una distinción, una intención, una emoción, la implementación de un método para causar que la acción suceda, y un resultado.
- El movimiento apremiante del cuerpo del agente de la acción o las expresiones apremiantes de su habla como el método implementado para causar que suceda la acción, revelando a otros el estatus ético de la conciencia sensorial que causa que esta acción suceda. Estas son las formas reveladoras que son los impulsos kármicos de cuerpo y habla, y son partes de los caminos kármicos.
- Un impulso mental apremiante no kármico esforzado que involucra al cuerpo o al habla, momento a momento, en implementar un método para causar que la acción suceda. Esto no es parte del camino kármico.
- Aunque por lo general no se menciona en el análisis del karma, también hay un impulso mental funcional que, momento a momento, conduce a la conciencia sensorial, junto con sus factores mentales acompañantes, a la base para la acción. Mientras se le miente a alguien, generalmente estamos viendo a esa persona al mismo tiempo. Este impulso tampoco es parte del camino kármico.
Procesemos esto por un momento. Durante una acción kármica de cuerpo o habla, todos estos componentes están presentes y suceden simultáneamente – una base como el objeto de la acción, una conciencia visual atraída por un impulso funcional de ver esa base y una conciencia corporal atraída por un impulso no kármico esforzado de involucrar al cuerpo o al habla en hacer o decir algo a esa base con un movimiento del cuerpo o una expresión del habla (la forma reveladora de la acción). Esa conciencia corporal y ese impulso van acompañados por una distinción de ese objeto y de la acción prevista y una emoción. Y, por supuesto, está la persona, “yo”, que es el agente de la acción, pero llegaremos a eso más tarde. Todos estos componentes se entrelazan como en un juego de ajedrez. No es que están separados y no relacionados entre sí.
Además, la acción kármica de cuerpo o habla puede haber estado precedida por el camino kármico de una acción mental con la cual pensamos y decidimos cometer la acción física o verbal. El impulso mental que incitó, sostuvo y terminó la acción de la mente habría sido un impulso kármico incitador de la mente y, en consecuencia, la forma reveladora del cuerpo o el habla habría sido un impulso kármico incitado del cuerpo o del habla.
Identificar estos puntos en nuestra conducta
Lo que tratamos de hacer es identificar estos componentes en nuestra conducta. Digamos, por ejemplo, que queremos pisar a una cucaracha y matarla. Un impulso funcional atrae a nuestra conciencia visual a ver una cucaracha en el suelo de nuestra cocina. La distinguimos del piso, somos infelices al verla, sentimos repulsión y hostilidad hacia ella, y luego experimentamos un impulso mental kármico destructivo apremiante que lleva a nuestra conciencia mental, junto con la distinción, la infelicidad y la intención que es el deseo o la intención de matarla, a pensar con hostilidad sobre pisarla. Después de pensar por unos cuantos momentos, decidimos definitivamente pisarla. El camino de nuestro impulso kármico destructivo incitador de la mente ahora está completo.
A continuación, un impulso no kármico esforzado apremiante lleva a nuestra conciencia corporal, junto con distinguir la cucaracha, la infelicidad y la intención de matarla y hostilidad, a involucrar nuestro cuerpo en el acto de matarla por medio de un movimiento del pie como el método para implementar el hecho de pisarla y matarla. El movimiento de nuestro pie es el impulso kármico esforzado, incitado, del cuerpo. Esta acción kármica de matar a la cucaracha podría involucrar una fase preludio de cazarla y perseguirla, sobre la base de distinguirla infelizmente en el suelo, e incluso poner nuestro pie sobre ella cuando finalmente la atrapamos. Sin embargo, nuestra intención no fue solo colocar nuestro pie sobre ella, sino realmente aplastarla. El movimiento de nuestro pie pisándola fuertemente y matándola es la fase principal de nuestra acción destructiva. El final o resultado de la acción es que la cucaracha muera.
Nuestra emoción mientras la pisábamos era la hostilidad y quizás también miedo. Una vez que la pisamos y empezamos con la fase de seguimiento al ver el desastre que dejó en nuestro zapato, nuestra emoción puede cambiar a desagrado. Pero, conforme limpiamos nuestro zapato, nuestra infelicidad puede convertirse en felicidad por habernos liberado de ella.
Todas estas acciones son compulsivas y, aunque podríamos detener la secuencia durante la persecución de la cucaracha, experimentamos el cazarla y matarla sin control alguno sobre nosotros mismos. De manera similar, compulsivamente cazamos y aplastamos a ese mosquito o mosca con la forma reveladora del movimiento de nuestro cuerpo.
Las formas reveladoras compulsivas del habla también están involucradas con las personas que son habladoras compulsivas – personas que hablan todo el tiempo sin control alguno. Interrumpen todo el tiempo a las personas con su charla. Esa es la acción destructiva de la charla sin sentido, al pensar que esa charla, la cual es irrelevante, tiene sentido. Esto es, por ejemplo, postear fotos en las redes sociales sobre lo que desayunaron, como si a alguien realmente le interesara. Detrás de esa conducta está el pensamiento: “Soy tan importante que realmente deben estar interesados en lo que comí en cada comida, y realmente deben querer ver una fotografía de eso”. Hay un fuerte aferramiento al “yo”, como si todo el mundo quisiera saber qué desayunamos. Vamos, ¿a quién le importa? En cualquier caso, es solo un ejemplo de cómo este aferramiento a un “yo” egocéntrico realmente está detrás de todas nuestras acciones kármicas compulsivas.