Los factores mentales que se necesitan en la meditación

Meditación de discernimiento

En general, la meditación tiene dos etapas: meditación de discernimiento y meditación estabilizadora. En la meditación de discernimiento, trabajamos a través de pasos progresivos o mediante una línea de razonamiento, como lo hicimos en el proceso de pensamiento, para desarrollar un estado mental con el que estamos tratando de familiarizarnos. En el caso de la compasión, empezamos pensando en nuestros propios sufrimientos y generamos la determinación de liberarnos de ellos. Luego, con esto como base, imaginamos una multitud de seres alrededor de nosotros y primero abrimos nuestro corazón y nuestra mente a todos, libres de apego, repulsión e indiferencia. Después, aun enfocándonos en todos estos seres, trabajamos a través de la secuencia, empezando por recordar nuestra interconexión e interdependencia con todos ellos.

Luego, mientras nos enfocamos en estos seres, recordamos todos los sufrimientos que experimentan. A menudo se sienten infelices y frustrados y la felicidad que tienen nunca dura y nunca satisface. Tratan de ser felices, pero lo que sea que hagan para ser felices, como obsesionarse con su imagen o acumular más cosas, nunca funciona, solo les produce más problemas. También nos recordamos a nosotros mismos que todos estamos juntos en la misma situación y que necesitamos de la ayuda mutua, porque si alguien es egoísta, todos sufriremos.

De esta forma, desarrollamos en nosotros la compasión, con la cual nos enfocamos en esta enorme masa de seres con el deseo de que todos, de forma igualitaria, se liberen de sus sufrimientos y, además, con la intención de que personalmente haremos algo para ayudarlos a aliviar sus problemas.

Con la meditación de discernimiento, después continuamos enfocándonos con compasión en esta aglomeración de seres, pero al mismo tiempo discernimos, en el sentido de que percibimos y reconocemos, todos los detalles y puntos que revisamos para desarrollar nuestro sentimiento de compasión. Para ello, nuestro estado mental compasivo contiene el factor de “discernimiento sutil”. Con él, percibimos y reconocemos todos estos puntos acerca del objeto, sintetizados juntos en un estado mental, como una especie de entendimiento detallado y profundo, pero sin revisar cada punto uno por uno ni verbalizarlos en nuestra mente. Si nuestro discernimiento de estos detalles se vuelve débil, revisamos todos los puntos otra vez, y generamos la compasión una vez más, repleta de discernimiento sutil y concentración.

Meditación estabilizadora

Después de la meditación de discernimiento continuamos con la meditación estabilizadora. Ahora seguimos enfocándonos en esta aglomeración de seres con la misma compasión, pero esta vez, en lugar de discernimiento sutil en todos los detalles, ahora acompañamos nuestro enfoque con el factor de “detección burda”. Detectamos, en el sentido de solo notar, el punto más general de nuestro objeto de enfoque, en este caso, el hecho de que están sufriendo. Si eso se vuelve débil, regresamos al discernimiento, empezando de nuevo con los pasos para generar este estado de compasión.

Ese es el proceso de la meditación; cómo integras algo, cómo te habitúas a ello. Y sea que estemos hablando de un tipo de meditación en el cual nos enfocamos en un objeto, o un tipo de meditación en el cual solo permanecemos en un estado mental, o uno en el que combinamos ambas, es exactamente lo mismo en términos de todos esos procedimientos y detalles.

Distinguir entre la meditación de discernimiento y la estabilizadora

Su Santidad el Dalai Lama explica la diferencia entre la meditación de discernimiento y la meditación estabilizadora en términos de la energía de nuestra propia actividad mental. Esta es una forma muy delicada y refinada de distinguir entre ambas. Con la meditación de discernimiento, la energía de tu enfoque va hacia el exterior, en el sentido de que está discerniendo algo en todos sus detalles. Con la meditación estabilizadora, la energía de tu enfoque va hacia el interior, en el sentido de que el enfoque está en dejar que la emoción o el entendimiento se asienten, basado en detectar solo los puntos principales a los que la meditación de discernimiento nos ha conducido. La energía no está esparcida con detalles como en la meditación de discernimiento, sino que es más estrecha, concentrada en el punto principal.

Es muy sofisticado ser capaces de distinguir la diferencia entre discernir a alguien con compasión (la energía, en un sentido, va hacia afuera en todos sus detalles) y estabilizar esa compasión, en donde la energía está más concentrada. Este es uno de los beneficios que provienen de aquietar la mente. Si tienes éxito en aquietar, al menos en cierto grado, todo el ruido que sucede en tu cabeza (la conversación constante, los comentarios incesantes, la música constante que suena en tu iPod), entonces puedes empezar a ser sensible a tu energía y puedes decir en qué estado está tu energía mental.

La mejor manera de empezar a volvernos sensibles a nuestra energía es enfocarnos en si nuestra energía es caótica o calmada. Por ejemplo, la manera de detectar si estamos o no bajo la influencia de una emoción perturbadora como el enojo, el miedo, la ansiedad, la codicia o la arrogancia, es que nuestra energía no es pacífica. Cuando estamos hablando con alguien, si podemos notar tensión en nuestro estómago, indicando que nuestra energía está un poco alterada, esa es una muy buena señal de que hay una emoción perturbadora involucrada. Quizás estemos tratando de impresionar a la persona o de convencerla de algo, o quizás hay algo de agresión; cualquiera de ellas puede indicar que hay algo perturbador sucediendo en nuestra mente. Una vez que somos capaces de reconocer que algo está mal, tenemos la oportunidad de reiniciar nuestro proceso de pensamiento– reiniciar a nuestra mente, en un sentido, y cambiar la emoción que hay detrás de nuestra interacción y sustituirla por una más saludable. Especialmente cuando interactuamos con alguien es cuando realmente necesitamos ser capaces de detectar emociones perturbadoras.

Con el tiempo y con práctica nos volvemos lo suficientemente sensibles para ser capaces de distinguir la energía extendida hacia afuera de la meditación de discernimiento, de la energía más estrecha de la meditación estabilizadora.

Factores que se necesitan para obtener concentración

Los factores necesarios para obtener concentración son comunes, tanto a la meditación de discernimiento, como a la estabilizadora. En su texto, Involucrarse en el comportamiento del bodisatva, Shantideva las aborda en el contexto de desarrollar la disciplina ética. Así que primero necesitamos desarrollar estos métodos en nuestra conducta burda de cómo actuamos y hablamos, y después aplicarlos a nuestra mente.

El principal factor mental que necesitamos y utilizamos en ambos casos es la presencia mental, que es como el pegamento mental que se sujeta a un estado mental o a una forma de comportarse. Es la misma palabra que “recordar”, pero no estamos hablando de recordar en el sentido de sacar algo del archivo de nuestra memoria y evocarlo. Es sujetarnos a algo; recordarlo. Necesitamos tener pegamento mental para el objeto en el que estamos enfocados y para la forma en la cual la mente se relaciona con él.

Mientras meditamos con presencia mental, mantenemos un ojo en nuestra sujeción mental. Tsongkapa explica que aquí empleamos el factor mental de la detección burda para ver si, en un sentido general, nuestro estado mental está cayendo bajo la influencia de las emociones perturbadoras, el vagabundeo mental o el embotamiento. Es significativo que especifique la detección burda en lugar del discernimiento sutil. El discernimiento sutil estaría tan involucrado en revisar con detalle fino que nuestra atención no estaría principalmente en nuestro objeto de enfoque. Existe el gran peligro en la meditación de volvernos demasiado paranoicos de que perderemos el objeto y de que vamos a empezar a distraernos, que nos volvemos rígidos y tensos. Esto genera un gran problema. Por otro lado, no queremos estar demasiado relajados y descuidados; eso no ayuda en absoluto.

Después necesitamos alerta, la cual es como un sistema de alarma. Cuando detectamos que estamos perdiendo el objeto de meditación, la alerta dispara la alarma: algo necesita ser corregido. Entonces traemos el enfoque de vuelta, con atención.

Las fallas que necesitan ser corregidas

Las dos fallas de las que estamos tratando de deshacernos caen dentro de dos categorías principales: “volatilidad mental” y “sopor mental”. La volatilidad mental es cuando tenemos vagabundeo mental por apego o deseo. Puede tener la forma de pensamiento verbal o películas mentales. Los textos más tradicionales discuten esta volatilidad en términos del apego sexual, quizás porque la principal audiencia de aquella época eran los monjes y monjas célibes, para quienes el asunto de superar el apego sexual es central. Pero podría ser apego a la comida, a la música o a lo que sea. En contraste, el vagabundeo mental puede ser causado por cualquier pensamiento o emoción perturbadores, o incluso por ruido o alguna otra intrusión sensorial. Como un término más general, el vagabundeo mental también puede llamarse “distracción”.

Hay diferentes grados de volatilidad mental, relacionados con la colocación de nuestra atención en el objeto o sensación.

  • Volatilidad burda – pierdes la sujeción en el objeto por completo y empiezas a pensar en todo tipo de cosas. La presencia mental, el pegamento mental, es tan débil que olvidas totalmente el objeto.
  • Volatilidad sutil – no sueltas completamente el objeto pero, al mismo tiempo que sostienes el objeto, tienes una corriente subyacente de pensamiento acerca de algo más.
  • Volatilidad más sutil – no tienes ni siquiera la corriente subyacente de pensamiento, pero hay una especie de inquietud por dejar el objeto y pensar en otra cosa. De hecho, esto puede suceder cuando la sujeción mental está apretando demasiado.

El sopor mental lidia con la claridad del objeto, la cual podría ser la apariencia, si se trata de una visualización, o la sensación, si se trata de un estado mental como la compasión.

  • Sopor burdo – la función “creadora de apariencias” de tu mente es tan débil que no puede dar surgimiento a ninguna visualización o sensación en absoluto. Esto puede estar acompañado por otros dos factores, conocidos como “nebulosidad mental”, la cual es una sensación de pesadez de mente y cuerpo, o la somnolencia, e incluso el sueño.
  • Sopor sutil – hay una apariencia, pero la sujeción en ella no es lo suficiente firme y por lo tanto carece de nitidez. No estamos hablando solo de enfoque nítido en los detalles de una visualización, sino que una emoción también puede estar fuera de enfoque, como la compasión. Podría ser solo una sensación muy vaga, “amor, paz, amo a todo el mundo”; estás generando una sensación, pero carece del enfoque específico que es el deseo de que todos estén libres del sufrimiento y de las causas del sufrimiento. Tenemos que recordar que cada detalle, cada aspecto del estado mental que queremos generar es muy específico, no debería ser vago.
  • Sopor más sutil – tienes un enfoque nítido cuando la mente da surgimiento a un objeto, pero el mantenimiento no es muy firme y, por lo tanto, no es fresco, vívido o vivo. Tiene que ser fresco a cada momento, no como pan rancio que se ha puesto muy viejo y duro y ya no es bueno.

Cuando hablamos de estar “embotados” podría referirse a cualquiera de las faltas anteriores, así que necesitamos ser capaces de detectar cuando cualquiera de ellas surja. Primero, establecemos la sujeción mental en el objeto o en el estado mental. Luego, con presencia mental, el pegamento mental, no soltamos.

Este es el factor más importante para la meditación exitosa. Sujetar, pero no de forma demasiado apretada ni demasiado suelta. Por ejemplo, cuando estás a dieta y pasas enfrente de la pastelería en la que están todos esos hermosos pasteles, tienes que sujetarte a tu dieta, sujetarte y no soltar, de tal forma que no entres a la tienda y compres un pedazo de pastel de chocolate. O están sirviendo helado a todos en la mesa y tú te sujetas a tu dieta y no la sueltas: “No gracias, estoy a dieta”.

Así que necesitamos detección para ver si nos hemos desviado. “¿Hay alguna falla en mi colocación mental y sujeción en el objeto? ¿Hay algún error en la forma en la que mi mente da surgimiento al objeto o a la sensación?”. Si detectamos alguna falla, la alerta hace sonar la alarma interna y la atención regresa nuestro enfoque. Al mismo tiempo, no debemos ser como un policía paranoico sobre eso, en donde hay un dualismo entre el “yo” que es el policía y el “yo” que está meditando. Para evitar semejante meditación dualista, necesitamos tener un cierto entendimiento de la vacuidad (vacío) del yo – estamos totalmente desprovistos de existir en esta forma dualista imposible.

Aplicación práctica de las habilidades entrenadas en la meditación

La habilidad para permanecer enfocados en un objeto con presencia mental y concentración es algo que necesitamos en la vida diaria. Esa es la razón por la que practicamos la meditación: para poder aplicar en nuestra vida los hábitos benéficos que desarrollamos. Por ejemplo, cuando estamos hablando con alguien o escuchando a alguien, necesitamos prestar atención. Necesitamos permanecer enfocados y no pensar en el almuerzo o verbalizar mentalmente “ya cállate y vete”. Así que las interacciones personales, nuestro trabajo y nuestro estudio son áreas perfectas para practicar la concentración.

Los cuatro apoyos

Dos cosas que necesitamos cuando trabajamos con obtener concentración en nuestra meditación son el vigor (a menudo llamado “perseverancia”) y paciencia. El vigor es una valentía y un esfuerzo fuertes, casi heroicos, para lograr algo positivo, mientras que la paciencia es la habilidad para soportar todas las dificultades y adversidades sin desanimarse ni enojarse. En su texto Involucrarse en el comportamiento del bodisatva, Shantideva explica seis factores que pueden ayudarnos a desarrollar vigor. Son conocidos como los cuatro apoyos y las dos fuerzas, y es útil conocerlas y trabajar con ellas.

El primero se llama convicción firme aspiración firme. “Aspiración” es el superlativo de un deseo y se define como estar firmemente convencido de los beneficios de una meta y de las desventajas de no alcanzarla, de tal forma que la aspiración de alcanzarla no puede ser disuadida o rechazada. Cuando leemos acerca de los diversos estados mentales que deseamos alcanzar con nuestra práctica budista, la presentación casi siempre dará primero los beneficios de alcanzarlos y las desventajas de no hacerlo. Es importante estudiarlos. Shantideva sigue este formato en su texto, cuyo primer capítulo es sobre la bodichita. Nos convencemos de los beneficios de tener este estado mental y esto nos fortalece y nos hace felices trabajar en ello. Cada vez que nos desanimamos es bueno recordarnos los beneficios que anhelamos alcanzar.

El siguiente es la constancia o autoconfianza. “Constancia” significa ser estable y perseverar en la práctica, lo cual proviene de examinar si somos capaces de alcanzar una meta que queremos, y llegar a convencernos de que lo somos. Con autoconfianza, entonces, nos aplicamos de forma estable, aun si el proceso tiene altibajos, lo cual es la realidad de lo que sucede. Algunos días todo irá maravilloso, otros días será horrible. Algunos días estaremos ávidos de empezar y en otros no tendremos ganas de practicar en absoluto. Pero si estamos convencidos de los beneficios, si tenemos perseverancia, la cual se describe como una armadura, entonces pensaremos: “No importa, no tiene relevancia que tenga altibajos, voy a continuar todos los días de forma constante. Yo sé que, con el tiempo, es posible alcanzar mi meta”.

Conforme progresamos a lo largo de un periodo más amplio, veremos una tendencia gradual a estar más concentrados y desarrollamos el siguiente apoyo, el gozo. No estamos satisfechos solo con un pequeño avance, así que nos complace avanzar más y más, con un sentido de autosatisfacción. El resultado es que, obviamente, seremos más felices, porque el único objetivo es eliminar el sufrimiento. Conforme nuestra mente se vuelve menos distraída, menos alterada y perturbada, por supuesto que seremos más felices. Al ver esto, realmente nos emocionamos por avanzar más y tener más progresos.

El cuarto apoyo es el descanso, lo cual significa tomar un receso cuando estamos cansados. Esto no es por flojera, sino para refrescarnos. Nada destruye tanto nuestros esfuerzos como presionarnos demasiado, causando que nos agotemos. Presionarnos demasiado realmente altera las energías en el cuerpo, como apretar un globo hasta hacerlo estallar. Necesitamos ser capaces de juzgar por nosotros mismos y determinar cuándo necesitamos un descanso, ¡y no sentirnos culpables por ello! Es bueno elegir algo que nos ayudará a relajarnos pero que no incrementará nuestras emociones perturbadoras. Obviamente esto será diferente para cada persona. Estos son los cuatro apoyos del vigor.

Las dos fuerzas

Ahora vienen las dos fuerzas. La primera es aceptar naturalmente, lo cual significa aceptar con naturalidad lo que necesitamos practicar y de lo que necesitamos deshacernos para alcanzar nuestras metas. Vemos la realidad de nuestra situación y aceptamos naturalmente las dificultades que están involucradas en deshacernos de, por ejemplo, las emociones perturbadoras. ¡Necesitamos ser realistas al principio para no sorprendernos después de lo difícil que puede ser!

Como dice a menudo Su Santidad el Dalai Lama: “Desconfíen de cualquier maestro budista o persona que afirme que el budismo es fácil y rápido, porque no es fácil ni rápido en absoluto. Estamos tan habituados a las emociones perturbadoras que no hay forma fácil de deshacernos de ellas, como si tomáramos una pastilla”. Otro de mis maestros, Gueshe Ngawang Dhargyey, siempre solía decir: “Cualquiera que se sienta atraído por los caminos fáciles y rápidos en el budismo, es básicamente debido a la flojera. No quieren invertir el esfuerzo que de hecho se necesita”.

La segunda fuerza es tomar el control, lo cual significa tomar el control y aplicarnos a lo que deseamos alcanzar. En lugar de dejar que nuestra flojera o cualquier otra emoción perturbadora tomen el control, nuestra aspiración de alcanzar una meta es lo que toma el control. Nos decimos a nosotros mismos: “¡Deja de actuar como un bebé, resuélvelo y hazlo!”.

¿Cansado o flojo?

Podemos preguntarnos cómo distinguir entre el cansancio y la flojera. En primer lugar, existen diferentes tipos de flojera, como cuando nos distraemos por cosas triviales. Somos demasiado flojos para meditar, para estudiar o lo que sea, y en lugar de hacer las cosas, nos distraemos con un programa de televisión o navegando por internet. Luego, está la flojera de dejar las cosas para después, con la que siempre piensas que puedes posponer las actividades. Después está el tipo de flojera con la que inventas excusas, como “simplemente no puedo hacerlo”.

Cuando estamos cansados, aún tenemos el deseo de ser capaces de hacerlo: “Realmente quiero hacerlo, pero tengo mucho sueño ahora, tomaré un breve descanso y después tengo toda la intención de volver a ello”. Esto no es inventar excusas o que no nos importe. La flojera no tiene este deseo de realmente querer continuar.

Resumen

La meditación no es fácil y necesitamos ser cuidadosos si escuchamos que alguien afirma que hay formas rápidas de alcanzar logros increíbles porque, hablando de manera general, eso nunca sucede.

Nuestra meditación necesita ser un proceso activo, no algo insípido o aburrido, en donde llegamos a entender profundamente las enseñanzas que hemos escuchado y sobre las que hemos pensado. Si podemos hacer esto día con día, año con año, no hay duda de que las enseñanzas se arraigaran en nosotros y cuando surjan problemas o emociones negativas, como seguramente lo harán, con el tiempo seremos capaz de lidiar con ellas sin esfuerzo.

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