14 Ajustar nuestros factores mentales innatos

La sensibilidad equilibrada requiere que deconstruyamos las apariencias dualistas engañosas que nuestra mente crea, y que aprovechemos nuestra conciencia profunda y nuestros talentos naturales subyacentes. También necesitamos trabajar con otros factores mentales que estructuran nuestra actividad mental, pero que no forman parte de nuestra naturaleza búdica. La literatura del abidarma provee una imagen clara de los factores importantes.

Diez factores mentales que acompañan cada momento de la experiencia

Todos los sistemas del abidarma aceptan cinco factores mentales siempre operantes. Estos son los impulsos, la distinción, la atención, el darse cuenta que contacta y el sentir cierto nivel de felicidad. Algunos sistemas incluyen cinco factores más al definirlos en su sentido más amplio: presencia mental, interés, concentración, discriminación e intención. Veremos cada uno de ellos.

(1) Los impulsos causan que nuestra mente vaya en la dirección de una experiencia particular. En algunos sistemas, este factor corresponde al karma: el factor que, basado en comportamientos y hábitos previos, nos lleva a experimentar lo que hacemos en la vida. Otros sistemas correlacionan los impulsos con la motivación.

(2) La distinción es el factor mental que diferencia objetos específicos de su fondo dentro de un campo sensorial, y estados mentales o emocionales dentro de una experiencia. Este factor se traduce comúnmente como “reconocimiento”. Sin embargo, reconocimiento es un término que puede confundirnos. Este factor mental no compara lo que diferencia con experiencias previas ni les asigna un nombre.

(3) La atención nos dirige a un objeto específico dentro de un campo sensorial, o a un estado mental o emocional específico dentro de una experiencia. Causa que nos enfoquemos o que consideremos un objeto de cierta manera. Podemos poner atención en algo cuidadosamente o podemos ponerle atención como si fuera algo valioso.

(4) El darse cuenta que contacta es la conciencia que establece contacto placentero, neutro o desagradable con objetos específicos o con estados mentales o emocionales específicos. Estos son los objetos y estados que simultáneamente distinguimos y a los que prestamos atención como placenteros, neutros o desagradables.

(5) La sensación se refiere exclusivamente a sentir un nivel de felicidad, o en otras palabras: feliz, neutral o infeliz. Siempre está en armonía con el tono del darse cuenta que contacta que también acompaña la experiencia que caracteriza.

(6) Con el interés, nuestra mente no desea dejar lo que está sosteniendo. No es lo mismo que el apego, que exagera las buenas cualidades de un objeto mental. Aquí hacemos una diferencia entre interés y motivación. Una motivación nos lleva sólo a la percepción inicial de un objeto o de un estado mental o emocional. Una vez que percibimos el objeto, puede mantener nuestro interés.

(7) La presencia mental es la actividad mental de mantenerse en un objeto o un estado mental o emocional, una vez que la atención se ha enfocado en él. El mismo término también significa “recordar algo” y “ser consciente de algo”. En este contexto, recordar algo no se refiere al acto mental de almacenar una impresión, ni tampoco al acto mental que establece el foco en una impresión. Solamente implica mantener la atención en un objeto mental tras establecer el enfoque.

(8) La concentración es la actividad mental de permanecer colocado en un objeto o en un estado mental o emocional. Es directamente proporcional a nuestra presencia mental del objeto. Algunos textos describen la presencia mental y la concentración como los aspectos activo y pasivo de la misma función mental.

(9) La discriminación añade certeza a lo que distinguimos. También decide entre alternativas. La traducción frecuente de este término como “sabiduría” es engañosa. Podemos tener una certeza completa acerca de algo incorrecto.

(10) La intención conduce a hacer algo en respuesta a lo que discriminamos.

Para entender estos diez factores, tomemos un ejemplo de la vida cotidiana. Supongamos que tenemos una hija pequeña y que la llevamos a dormir por la noche. Un impulso causa que vayamos a verla más tarde. Al hacerlo, distinguimos una forma en la cama de las formas y colores de la cama misma. Luego nos enfocamos en la forma con atención. Además, ponemos atención en la forma como lo visible de nuestra niña y como una vista agradable que contemplar. Hacemos contacto con esta visión con un darse cuenta placentero y, sobre esa base, experimentamos el acto de verla con una sensación de felicidad.

Debido al interés, no queremos desviar nuestra mirada de la imagen de nuestra hija dormida, y por lo tanto, la presencia mental mantiene nuestra atención en la imagen y permanecemos fijos en ella con concentración. La discriminación nos brinda la certeza de que nuestra hija se ha destapado. También discriminamos entre cómo están las cobijas y cómo deberían estar para que no se resfríe. Nuestra intención es entrar al cuarto a arroparla. Los diez factores mentales están involucrados en el mecanismo de ser apropiadamente sensibles con nuestra hija dormida.

El espectro que abarcan estos factores mentales innatos

Cada uno de estos factores mentales abarca un espectro completo.

(1) Los impulsos surgen para las acciones constructivas, neutrales o destructivas, cada una de las cuales puede implicar hacer algo o evitarlo. Podemos tener el impulso de asomarnos a ver a nuestra hija durante la noche o el impulso de ignorarla. Dependiendo de lo que veamos, de las rutinas que hayamos establecido y de nuestro carácter psicológico, podemos tener el impulso de regañarla por tener aún la luz encendida, el impulso de explicarle dulcemente que es la hora de dormir o el impulso de no decir nada.

(2) Distinguimos muchas cosas cuando vemos el cuarto de nuestra hija. Por ejemplo,  nuestra hija fuera de las cobijas o los juguetes regados en el piso. Es más, distinguimos con diferentes grados de fineza. Al mirar el piso, podemos distinguir sólo juguetes en general o un artículo particular entre ellos.

(3) Prestamos diferentes grados de atención en lo que distinguimos, desde una atención plena hasta poca o nula. Podemos estar muy atentos a las cobijas y hacer poco caso de los juguetes, aunque los veamos y los distingamos de la alfombra. Aún más, ponemos atención a lo que distinguimos de gran variedad de formas, algunas precisas y otras no. Al estar atentos de los juguetes que están en el suelo, podemos considerarlos un desastre permanente o sólo un desorden temporal. También ponemos atención a varios objetos como placenteros, desagradables o neutros. Podemos prestar atención a la visión de nuestra hija dormida como algo placentero, a los juguetes regados como algo desagradable y a la alfombra como algo neutro.

(4) El darse cuenta que contacta de un objeto mental, abarca el espectro de lo placentero, pasando por lo neutro hasta lo desagradable, y está en concordancia con cómo consideramos o ponemos atención a ese objeto. Hacemos contacto con la imagen de nuestra hija dormida, que consideramos placentera, con darse cuenta placentero, la visión de los juguetes con darse cuenta desagradable, y la visión de la alfombra con darse cuenta neutral.

(5) Nuestras sensaciones hacia un objeto también abarcan un espectro que va desde la felicidad, pasando por lo neutral, hasta la infelicidad, y están en concordancia con el tono de nuestro darse cuenta que contacta. Nos sentimos felices al ver a nuestra hija, infelices ante la imagen de los juguetes y neutrales al ver la alfombra.

(6) El interés abarca desde un estado fuerte, pasando por débil, hasta nulo. Podemos ver a nuestra hija dormida con gran interés, sin querer mirar nada más. Por otro lado, podemos no tener interés alguno en continuar mirando la alfombra cuando la vemos, por lo que nuestros ojos inmediatamente se desvían hacia la cama.

(7) La presencia mental comprende el espectro entero de fuerza y calidad de la sujeción mental en un objeto, desde un nivel exageradamente firme y tenso hasta fuerte y estable, pasando por mediano, débil y flojo, y por último, no tener casi ninguna sujeción. Podemos conservar nuestra atención firmemente en la imagen de nuestra hija, de tal manera que nuestra mente no divague ni se aletargue. Por otro lado, podemos sostenerla sólo vagamente en la visión de la alfombra de tal manera que rápidamente desviamos la mirada.

(8) La concentración también va de fuerte a débil, hasta nula. Nuestra atención puede mantenerse fija en nuestra hija y no en la alfombra.

(9) La discriminación se da sobre una amplia diversidad de variables y abarca el espectro completo de la certidumbre relativa a lo que descubre sobre su objeto. Podemos discriminar cómo están acomodadas las cobijas y que nuestra hija puede resfriarse, aunque podemos no estar totalmente seguros de ello. También podemos discriminar lo que hay que hacer. Nuestra discriminación puede o no ser correcta. Algunas veces, discriminamos algo de manera totalmente incorrecta e incluso tenemos certeza de ello, aunque sea equivocado. Podríamos jurar que vemos al gato dormido sobre las cobijas de nuestra hija, cuando de hecho es su abrigo hecho una bola.

(10) Finalmente, tenemos todo tipo de intenciones con respecto a lo que percibimos, algunas de las cuales son útiles y otras no. Podemos tener la intención de arroparla o quitar al gato imaginario que no está ahí. Algunas veces es posible que nuestra intención sea no hacer nada.

Cómo funcionan estos factores durante los momentos de insensibilidad

Para fortalecer nuestra sensibilidad si es que es débil, necesitamos darnos cuenta de que estos diez factores mentales están funcionando siempre, aun cuando parezca que no lo están haciendo. Aunque puedan estar funcionando en el extremo inferior de su espectro, nunca falta ninguno, a menos que estemos en un trance meditativo profundo. Para volvernos más apropiadamente sensibles hacia los demás y hacia nosotros mismos, solamente necesitamos fortalecer o cambiar el nivel operacional de ciertos factores mentales que ya se encuentran presentes. Darnos cuenta de esto hace que la tarea sea menos abrumadora.

Consideremos el caso de estar sentados a la mesa frente a un familiar y ser insensibles ante el hecho de que se encuentra enojado. Analicemos la situación para reconocer los diez factores mentales involucrados. Durante la comida, la mayoría del tiempo miramos nuestro plato, absortos en pensamientos sobre nosotros mismos. Sin embargo, ocasionalmente surge el impulso de levantar la vista. En esos momentos, vemos la imagen de la cara de nuestro familiar con el ceño fruncido y la boca torcida. La distinguimos de la pared que está detrás. Sin embargo, le ponemos una atención mínima, por lo que difícilmente notamos su expresión. De hecho, consideramos que su expresión no tiene importancia y la imagen del rostro de nuestro familiar nos parece una experiencia neutra. Nuestro darse cuenta que contacta de la imagen también es neutro y no nos sentimos ni felices ni tristes.

El interés con el que vemos el rostro de nuestro pariente es mínimo. Estamos preocupados por nosotros mismos. Por lo tanto, sostenemos su visión casi sin presencia mental alguna. Pronto nos perdemos nuevamente en nuestros pensamientos. Nuestra concentración al ver su cara es extremadamente débil, por lo que rápidamente regresamos la vista a nuestro plato. Discriminamos algo acerca de nuestro familiar, que todo está bien, pero eso es incorrecto. Nuestra intención es ignorarlo y ver la tele en cuanto terminemos de comer.

La fuente principal de nuestro comportamiento insensible es la preocupación por nosotros mismos. Para superarla, necesitamos discriminación de la vacuidad y compasión por nuestro familiar. Las técnicas de deconstrucción nos ayudan a desarrollar ambas. Equipados con este par de factores indispensables, encontramos que nuestros impulsos, atención, interés, presencia mental, concentración, otras discriminaciones e intenciones, cambian automáticamente. De manera natural nos volvemos personas más sensibles, tanto notando como reaccionando amablemente a lo que sea que experimentemos.

Ejercicio 16: Ajustar nuestros factores mentales innatos

La primera fase de este ejercicio implica reconocer los diez factores mentales y darnos cuenta de que podemos ajustarlos. Sin embargo, necesitamos ser cuidadosos de no concebir este proceso de ajuste como si fuera hecho por un jefe que está dentro de nuestra cabeza, presionando los botones en un complejo panel de control. Cualesquiera alteraciones que ocurran son el resultado de la motivación, el impulso y la fuerza de voluntad, factores mentales que también acompañan a nuestra experiencia. Más aún, aunque trabajaremos con cada uno de los diez factores de manera individual, necesitamos recordar que todos ellos funcionan simultáneamente y se entretejen de forma intrincada como una red integral.

Como apoyo para esta fase del ejercicio, podemos colocar un abrigo u otro artículo de vestir en el suelo frente a nosotros, si estamos practicando solos o en un grupo pequeño. Si el grupo es grande, podemos colgar el abrigo al frente de la habitación en algo lo suficientemente alto como para que todos puedan verlo.

(1) Comenzamos sentándonos en silencio y tratando de observar lo que experimentamos. Puede surgir el impulso de ver el abrigo, de voltear a ver a otro lado o de rascarnos la cabeza. Como resultado, podemos actuar nuestro impulso o refrenarnos. Aunque la mayoría de los impulsos surge de forma inconsciente, también podemos generar deliberadamente el impulso de hacer algo a través de una motivación consciente. Para practicar esto, imaginamos tener frío. Debido a nuestra preocupación por entrar en calor, decidimos buscar algo que ponernos. Esto causa que surja el impulso de buscar un abrigo en la habitación, y lo hacemos. Confirmamos que, de manera similar, podemos generar el impulso de ver cómo está alguien cuando somos motivados por un interés considerado.

(2) A continuación examinamos el factor mental de la distinción. Al mirar alrededor de la habitación en la que estamos sentados, de manera natural distinguimos muchas cosas acerca de lo que vemos. Sin pensar en hacerlo, automáticamente distinguimos, por ejemplo, una silla de la pared, la pata de la silla de sus otras partes, y una raspadura en la pata de la silla del resto de la superficie.

También podemos dirigir lo que distinguimos, incluyendo la expresión en el rostro de alguien, lo cual depende de nuestro interés. Para practicar la distinción, vemos el abrigo y tratamos intencionadamente de distinguir la prenda completa del suelo, el cuello de las mangas, con el interés de saber si tiene cuello en V.

(3) La atención también es una variable que afecta nuestra experiencia. Miramos otra vez alrededor del cuarto y tratamos de notar que algunas cosas atraen nuestra atención de manera natural, mientras que otras no lo hacen. Cuando existe una motivación, también podemos escoger poner más atención a algo cuando lo vemos, por ejemplo, la expresión en el rostro de alguien. Practicamos incrementar nuestra atención volteando a ver el abrigo y decidiendo buscar detenidamente pelos de gato, ya que somos alérgicos a ellos. Tratamos entonces de poner toda nuestra atención en el abrigo mientras lo miramos con cuidado.

Otro aspecto de la atención es cómo ponemos atención a lo que sentimos, cómo lo consideramos. Esto está íntimamente conectado con el tipo de conciencia que tenemos del (4) contacto mental con el objeto y (5) del nivel de felicidad o infelicidad que sentimos al tener ese contacto. Por ejemplo, cuando le ponemos atención a un objeto como algo que nos gusta, como una prenda atractiva en un estante, tenemos un darse cuenta que contacta placentero y experimentamos felicidad. Por otro lado, cuando ponemos atención en un objeto como algo que no nos interesa, como una mosca que zumba ruidosamente, experimentamos un darse cuenta que contacta no placentero y somos infelices. Miramos nuevamente alrededor de la habitación y tratamos de notar que, de manera natural, ponemos atención a lo que nos gusta, por ejemplo, una cierta imagen; muy diferente de lo que nos disgusta, como la raspadura en la pata de la silla.

También podemos poner atención conscientemente a las cosas en cierta forma, cuando tenemos una razón para hacerlo. Por ejemplo, si casi no tenemos dinero, podemos elegir poner más atención que de costumbre a los precios en el menú de un restaurante. El darse cuenta que contacta de un platillo barato pero delicioso, es placentero y nos deleita. Ocurre lo contrario cuando vemos algo que nos gusta pero que no podemos pagar. De manera similar, podemos elegir ver el rostro de alguien como algo importante cuando estamos interesados. Si vemos que la persona está feliz, tenemos un darse cuenta que contacta placentero ante esa imagen, y nos sentimos felices. Si vemos que está molesta, tenemos un contacto no placentero y nos sentimos tristes. Sin embargo, supongamos que no consideramos importante el estado de ánimo de la persona. Aunque notemos su expresión, nuestra conciencia del contacto es neutra: no nos sentimos ni felices ni tristes.

Para ver la relación entre estos factores mentales, tratamos conscientemente de mirar el abrigo como nuestra prenda favorita, tejida por una persona amada. Al hacerlo, tenemos un darse cuenta que contacta placentero con su imagen y experimentamos un sentimiento de felicidad. Después tratamos de ponerle atención como una cosa molesta que suelta pelusa en nuestra camisa, y así nuestro darse cuenta que contacta es no placentero y ver el abrigo nos hace infelices.

(6) El siguiente factor mental es el interés, que afecta fuertemente (7) la presencia mental y (8) la concentración. Algunas cosas nos interesan de manera natural cuando las vemos, por ejemplo, un evento deportivo en la televisión. Cuando lo vemos, nuestra atención se sostiene sin esfuerzo en los contenidos con presencia mental y se mantiene fija con concentración. Ahora vemos alrededor de la habitación y tratamos de notar que, de manera natural, algunas cosas que vemos nos interesan más que otras.

También podemos afectar nuestro interés para continuar mirando o escuchando algo. Una manera es recordando la necesidad de hacerlo, como al ver la sección de avisos en el periódico cuando estamos buscando trabajo. Otra manera es recordarnos los puntos positivos de algo, por ejemplo, que una película fue premiada cuando la escena inicial nos parece aburrida. Cuando cambiamos la forma en que consideramos a un objeto o a una persona, decidimos interesarnos más.

Podemos hacer esto para incrementar nuestro interés, presencia mental y concentración con respecto al estado de ánimo de alguien. Cuando reafirmamos nuestro interés considerado por la persona, vemos su estado de ánimo como algo importante. Al decidir conscientemente interesarnos más por él, de manera natural vemos la expresión de la persona con mayor presencia mental y concentración. Ahora practicamos tratando de imaginar que, de repente, los abrigos se vuelven el último grito de la moda; todos nuestros amigos los usan. Cuando vemos el abrigo, ahora lo observamos con un interés renovado. Nuestra atención se sostiene en la imagen de manera natural y se mantiene fija en ella.

(9) El siguiente factor mental es la discriminación. De manera natural discriminamos entre varias posibilidades con respecto a lo que sea que nos encontremos. Por ejemplo, cuando vemos dentro del refrigerador, discriminamos y escogemos lo que queremos comer. Al mirar una vez más alrededor del cuarto, tratamos de notar que automáticamente discriminamos entre lo que está ordenado y lo que está desordenado. Si vemos algunos artículos regados por ahí, discriminamos entre arreglarlos y dejarlos donde están.

Cuando estamos motivados, también podemos decidir conscientemente discriminar algo de un objeto o una persona. Si necesitamos levantarnos temprano, antes de dormirnos podemos decidir verificar el despertador para determinar si lo pusimos a tiempo. De manera similar, cuando estamos interesados podemos decidir mirar la expresión de alguien con discriminación para determinar si la persona está feliz o molesta y si necesitamos decirle algunas palabras reconfortantes. Practicamos la discriminación imaginando que queremos comprar un abrigo y decidiendo revisar el que tenemos ante nosotros para ver si nos queda y si podemos pagarlo. Luego tratamos de verlo desde ese punto de vista.

(10) Finalmente, examinamos el factor mental de la intención. De manera natural acompañamos nuestra percepción de las cosas con varias intenciones. Discriminamos que algo está hirviendo en la estufa, y sin tener que pensarlo, naturalmente tenemos la intención de bajar el fuego. Una vez más miramos alrededor del cuarto y tratamos de observar las intenciones que surgen automáticamente. Dependiendo de qué discriminamos y de la necesidad y el interés, podemos tener la intención de abrir la ventana o de comprar unas flores.

También podemos generar conscientemente la intención de hacer algo, como ir a comprar comida hoy cuando vemos que el refrigerador está vacío. De manera similar, cuando discriminamos que alguien está molesto, podemos generar la intención de ser más sensibles hacia la persona y darle apoyo emocional. Ahora tratamos conscientemente de generar una intención al discriminar que el abrigo nos queda y que podemos pagarlo, y luego viéndolo con la intención de comprarlo.

Enfocar estos factores en los demás y en nosotros mismos

Durante la segunda parte de la primera fase de este ejercicio, practicamos ajustar los diez factores mentales que acompañan nuestra percepción de la gente. Para esto trabajamos con fotografías, primero de alguien que nos cae bien, luego de un extraño y finalmente de alguien que nos cae mal. Hacemos la secuencia completa con cada persona antes de continuar. Ya que las imágenes mentales no suelen ser muy vívidas, el sólo imaginarnos a alguien no es conducente para esta práctica. Como nos estaremos enfocando en la expresión facial y el lenguaje corporal de la persona, necesitamos escoger una fotografía casual, no un retrato en pose con una sonrisa congelada. Es más, necesitamos imaginarnos que la fotografía es una escena real en la que nos encontramos en ese momento. Lo mejor es usar un video.

Primero, generamos conscientemente un impulso motivado de mirar a la persona. Por ejemplo, sentimos interés por la que nos cae bien, o necesitamos hablar con la extraña o con la que nos cae mal. Luego, tratamos de distinguir varios aspectos de cómo se ve la persona y qué está haciendo. Por ejemplo, la persona puede estar cansada u ocupada. Al tratar de poner atención a estos puntos como significativos para saber cómo aproximarnos a ella, experimentamos un darse cuenta que contacta placentero y nos sentimos felices de verla.

Al reafirmar nuestro interés o nuestra necesidad de relacionarnos con la persona, tratamos de generar el interés para entender lo que está sintiendo. De manera natural, nuestra presencia mental y concentración se incrementan. Con discriminación, tratamos de decidir en qué estado de ánimo se encuentra la persona y si es un buen momento para hablar con ella o no. Entonces, conscientemente establecemos la intención de acercarnos a ella o de posponer nuestro encuentro. Para ayudarnos a mantener la secuencia, el facilitador de nuestro grupo o nosotros mismos podemos repetir las diez frases clave:
“impulso motivado”, “distinción”, “atención”, “darse cuenta que contacta”, “sentimiento”, “interés”, “presencia mental”, “concentración”, “discriminación”, “intención”.

Durante la segunda fase del ejercicio, nos sentamos en círculo con el grupo y repetimos el procedimiento dos o tres veces, usando las diez frases clave y enfocándonos cada vez en una persona diferente para la secuencia completa. Tratamos de ajustar nuestros diez factores mentales para que podamos acercarnos y relacionarnos con la persona apropiadamente, con sensibilidad equilibrada.

Durante la tercera fase, nos enfocamos en nosotros mismos, primero mirándonos al espejo. Normalmente usamos estos factores para rasurarnos o pintarnos la boca. Ahora tratamos de aplicarlos, por ejemplo, para ver si nos vemos enfermos o demacrados, y si lo estamos, establecemos la intención de hacer algo al respecto, como tomarnos un descanso. Usamos las diez frases como lo hicimos anteriormente. Sin embargo, debemos tener cuidado de no ver lo que vemos de manera dualista, como si la persona que vemos fuera ajena a la que está mirando.

A continuación, dejamos a un lado el espejo y tratamos de ajustar nuestros diez factores mentales de tal forma que nos consideremos con sensibilidad equilibrada durante todo el día. Comenzamos tratando de generar el impulso de examinarnos. Lo hacemos recordándonos que, si no estamos en contacto con nuestros sentimientos, el día de hoy podemos inconscientemente causar problemas a otros y a nosotros mismos. Al tratar de distinguir nuestro estado emocional y nivel de felicidad, tratamos de prestarles mucha atención como algo importante. Al hacer esto, tratamos de no exagerar nuestros sentimientos y convertirlos en algo tan trascendental que nos sintamos obligados compulsivamente a anunciarlos de forma narcisista a todo el mundo, como si los demás estuvieran interesados o les importara lo que sentimos. También tratamos de evitar exagerarlos y convertirlos en algo tan abrumador que nos quejemos compulsivamente. Ya que tenemos un darse cuenta que contacta placentero con nuestros sentimientos, naturalmente experimentamos felicidad al traerlos al darse cuenta consciente.

Podemos descubrir soledad, tristeza e inseguridad profundamente arraigadas. Sin embargo, si consideramos nuestros sentimientos relevantes para nuestra calidad de vida y como algo que podemos cambiar, al descubrirlos nos sentimos felices y no asustados. Con dicha actitud, de manera natural nos interesamos intensamente y mantenemos nuestra atención con presencia mental en nuestros sentimientos, con firme concentración. Tratamos de discriminar entre un sentimiento y otro, y entre los perjudiciales y los constructivos. Luego tratamos de establecer nuestra intención de tratar de hacer algo para mejorar nuestro estado de ánimo.

Como paso final, vemos una fotografía o pensamos en alguien, primero en alguien que nos cae bien, luego en un extraño y al final en alguien que nos cae mal. Tratamos de aplicar los diez factores mentales a nuestros sentimientos en torno a cada uno de ellos. Luego hacemos lo mismo con una serie de autorretratos de diferentes períodos de nuestra vida, usando las diez frases clave.

El objetivo de esta práctica con nuestros sentimientos y emociones no es volvernos más autocentrados, sino más conscientes de nosotros mismos. La actitud autocentrada, con la que nos vemos con autoestima baja o excesivamente alta, nos inhabilita para actuar de forma natural, pues nos hacemos sentir incómodos a nosotros mismos y a los demás. Sin embargo, con autoconciencia o autocomprensión, evitamos decir o hacer tonterías compulsivamente de las que más tarde nos arrepentimos.

Obtener una visión equilibrada de los demás y de nosotros mismos

Las técnicas mahayana clásicas para obtener ecuanimidad, sugieren un área adicional en la que es útil ajustar los diez factores. Algunas veces, debido al odio o al enojo, perdemos de vista las cualidades positivas de una persona. Cuando estamos locamente enamorados de alguien, hacemos lo mismo en cuanto a sus puntos débiles. En cada caso, nuestra ingenuidad e insensibilidad causan una relación poco saludable. Ajustar nuestros factores mentales nos regresa a la realidad y nos produce un equilibrio emocional.

Primero imaginamos o vemos la fotografía de alguien hacia quien normalmente tenemos sólo sentimientos negativos. Al recordarnos la agitación interna que nos produce nuestra actitud hipersensible y los bloqueos emocionales que causa en otras relaciones, tratamos de motivarnos a trascender estos sentimientos. Con esta motivación, generamos un impulso consciente de enfocarnos en los puntos positivos de la persona. Siguiendo tal impulso, tratamos de distinguir estos puntos y de ponerles mucha atención como válidos e importantes. Si nuestra motivación es sincera, de manera natural experimentamos un contacto placentero con este conocimiento y nos sentimos felices al descubrirlo.

Deleitarnos con esta experiencia nos ayuda a desarrollar el interés de resolver nuestros problemas con la persona. Esto nos conduce a enfocarnos en ella con presencia mental y concentración. Tratamos de discriminar una manera más equilibrada de interactuar. Finalmente, establecemos nuestras intenciones de llevar a cabo esta aproximación en nuestros encuentros. Si la persona que hemos escogido ya murió, tratamos de desarrollar la intención de recordar sus cualidades positivas cada vez que surjan sentimientos negativos.

Repetimos el proceso, escogiendo a alguien de quien estemos locamente enamorados. Tratamos de motivarnos para descubrir y reconocer los puntos negativos de la persona, de tal forma que podamos dejar de ser insensibles ante nuestras necesidades y que dejemos de actuar de manera autodestructiva. Por ejemplo, podemos descuidar otros asuntos porque queremos pasar el mayor tiempo posible con esta persona. El darse cuenta que contacta con los aspectos negativos de la persona es naturalmente desagradable y puede ponernos tristes temporalmente, pero no necesitamos preocuparnos cuando esto suceda. Que la relación sea más sobria no significa que pierda calidez, amor o interés. De hecho, el equilibrio intensifica estos aspectos. Al ajustar el resto de nuestros factores mentales, tratamos luego de establecer nuestra intención de relacionarnos de manera más realista.

Como paso final, trabajamos con los diez factores mentales para equilibrar nuestros sentimientos hacia nosotros mismos. Para lidiar con sentimientos actuales, nos enfocamos directamente en ellos, sin usar el espejo. Para resolver nuestros sentimientos sobre el pasado, usamos la serie de fotografías de nosotros mismos. Al mirar una por una, trabajamos con el autodesprecio distinguiendo los aspectos positivos que teníamos en ese momento. Decidimos conscientemente tenerlos en mente cuando experimentemos sentimientos negativos hacia quienes éramos en aquella época. Para moderar nuestra arrogancia, hacemos lo mismo con nuestros aspectos más débiles.

Esquema de Ejercicio 16: Ajustar nuestros factores mentales innatos

IA. Mientras nos enfocamos en un suéter que está en el suelo delante de nosotros

  • Observa alrededor de la habitación y nota que surge naturalmente el impulso de enfocarte en diferentes cosas.
    • Genera intencionadamente el impulso de ver el suéter, a través de la motivación consciente de tener frío y desear encontrar algo para abrigarte.
    • Confirma que, cuando estás motivado por el interés considerado, de manera similar puedes generar el impulso de ver cómo está alguien.
  • Observa alrededor de la habitación y nota que naturalmente distingues muchas cosas acerca de lo que ves.
    • Distingue intencionadamente el suéter del piso y el cuello de las mangas, con interés de saber si se trata de cuello en V.
    • Confirma que, cuanto tienes interés, de manera similar puedes elegir distinguir la expresión en el rostro de alguien.
  • Observa alrededor de la habitación y nota que ciertas cosas automáticamente captan tu atención, mientras que otras no lo hacen.
    • Voltea a ver el suéter e intencionadamente presta mucha atención en revisar si tiene pelos de gato, porque eres alérgico.
    • Confirma que, cuando estás motivado, de manera similar puedes elegir prestar mucha atención a la expresión facial de alguien.
  • Observa alrededor de la habitación y nota que naturalmente prestas atención a algo que te gusta de forma muy diferente de aquello que te disgusta, dependiendo de cómo consideres el artículo. Cuando prestas atención a un artículo como algo que te gusta, tienes un darse cuenta que contacta placentero de él y experimentas felicidad, mientras que cuando prestas atención a un objeto como algo que no te importa, experimentas un darse cuenta que contacta no placentero de él y eres infeliz.
    • Observa conscientemente el suéter como tu prenda de vestir favorita que ha tejido un ser amado y nota que, al hacerlo, tienes un darse cuenta que contacta placentero con su imagen y experimentas una sensación de felicidad.
  • Presta atención al suéter de forma consciente como una molestia que deja pelusa en tu camisa, y nota que al hacerlo tu darse cuenta que contacta es no placentero y que ver el suéter te hace infeliz.
    • Confirma que, cuando hay una razón, de manera similar puedes elegir ver la expresión en el rostro de alguien como algo importante; cuando lo haces, si ves que la persona es feliz, tienes un darse cuenta que contacta placentero con esa imagen y te sientes feliz, mientras que si ves que él o ella está alterada, tienes un darse cuenta que contacta no placentero y te sientes triste.
  • Observa alrededor de la habitación y nota que algunas cosas que ves naturalmente te interesan más que otras; cuando ves algo de tu interés, tu atención se mantiene en ello sin esfuerzo, con presencia mental y permanece fija con concentración.
    • Imagina que de pronto los suéteres se vuelven el último grito de la moda y luego observa el suéter; nota que lo consideras con gran interés y que tu atención se conserva en él de manera natural, con presencia mental, y permanece fija con concentración.
    • Confirma que, al reafirmar tu interés considerado por alguien y, por lo tanto, considerar su estado de ánimo como importante, de manera similar puedes desarrollar interés en su estado de ánimo cuando lo notes y, en consecuencia, tu presencia mental y tu concentración en él se incrementan naturalmente.
  • Observa alrededor de la habitación y nota que automáticamente discriminas ciertas cosas acerca de lo que ves; por ejemplo, entre lo que está organizado cuidadosamente y lo que está desordenado, y entre ordenar el cuarto y dejarlo como está.
    • Imagina que quieres comprar un suéter y decides revisar el que está frente a ti para discriminar si es de tu talla y si puedes pagarlo, y luego obsérvalo desde ese punto de vista.
    • Confirma que, cuando tienes la motivación, de manera similar puedes decidir ver la expresión de alguien con discriminación para determinar si la persona está feliz o molesta, y si necesitas decirle palabras reconfortantes.
  • Observa alrededor de la habitación y nota las intenciones que surgen automáticamente, dependiendo de lo que discriminas y de la necesidad y el interés; puedes tener la intención de abrir la ventana o de comprar algunas flores.
    • Observa el suéter, discrimina que es de tu talla y que puedes pagarlo, y después considéralo con la intención de comprarlo.
    • Confirma que, cuando discriminas que alguien está molesto, puedes generar la intención de ser más sensible hacia la persona y darle apoyo emocional.

IB. Mientras te enfocas en una fotografía espontánea de alguien de tu vida

1. Elige a alguien que te agrada

  • Genera conscientemente un impulso motivado de ver a la persona, mediante sentir interés.
  • Distingue diversos aspectos de cómo se ve la persona y qué está haciendo.
  • Presta atención a estos puntos como significativos para saber cómo acercarte a ella.
  • Experimenta un darse cuenta que contacta placentero.
  • Siéntete feliz de verlo o verla.
  • Genera el interés de entender lo que él o ella está sintiendo, reafirmando tu interés de relacionarte con la persona.
  • Nota que tu presencia mental y tu concentración se incrementan de manera natural.
  • Con discriminación, trata de decidir cuál es el estado de ánimo de la persona y si este es un buen momento para platicar.
  • Conforme a lo anterior, asienta conscientemente la intención de acercarte o de posponer el encuentro.
  • Repite varias veces la secuencia de dirigir cada estado mental a la persona, utilizando las frases clave:
    • impulso motivado”
    • distinción”
    • atención”
    • darse cuenta que contacta”
    • sentimiento”
    • interés”
    • presencia mental”
    • concentración”
    • discriminación”
    • intención”

2. Repite el procedimiento con un extraño y utiliza tu necesidad de hablar con la persona como motivación

3. Repite el procedimiento con alguien que te desagrade y utiliza la misma motivación que con el extraño

II. Mientras te enfocas en alguien en persona

1. Repite el procedimiento dos o tres veces mientras estás sentado en círculo con el grupo y enfócate en una persona diferente cada vez para la secuencia completa.

III. Mientras te enfocas en ti mismo

1. Repite el procedimiento mientras te ves en un espejo, para ver si te ves enfermo o demacrado, por ejemplo, y de ser así, establece una intención de hacer algo al respecto

2. Repite el procedimiento sin espejo para examinar tus sentimientos y tu estado de ánimo y, si algo está mal, establece la intención de tratar de corregirlo

3. Repite el procedimiento mientras ves una fotografía o piensas, primero, en alguien que te agrade, después en un extraño, y por último en alguien que te desagrade, para examinar tus sentimientos acerca de cada uno de ellos

4. Repite el procedimiento mientras ves fotografías de ti mismo que abarquen toda tu vida, para examinar tus sentimientos hacia ti en esas diferentes etapas

IV. Mientras te enfocas en otros y después en ti mismo para obtener una perspectiva balanceada de los puntos fuertes y débiles de cada uno

1. Mientras ves una fotografía espontánea de alguien hacia quien normalmente sólo tienes sentimientos negativos. Repite el procedimiento para descubrir los puntos positivos de la persona y para balancear tus sentimientos, con la motivación de superar los bloqueos emocionales que tu agitación con esta persona produce en tus otras relaciones

2. Repite el procedimiento con alguien de quien estés locamente enamorado, para reconocer los puntos negativos de la persona y para hacer que la relación sea más realista, con la motivación de dejar de ser insensible a tus necesidades y dejar de comportarte de forma autodestructiva

3. Repite el procedimiento mientras te enfocas en ti mismo sin un espejo, para reconocer tus puntos fuertes, si sufres de autodesprecio, o para reconocer tus puntos débiles, si sufres de arrogancia

4. Repite el procedimiento mientras observas fotografías de ti mismo que abarquen toda tu vida, para resolver tus sentimientos acerca del pasado.

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