Karma y el origen del universo

Repaso  

En nuestra discusión sobre la cuestión del libre albedrío o elección versus la predeterminación o el determinismo, vimos que hay muchos, muchos factores involucrados y muchas piezas de las enseñanzas budistas que tenemos que reunir para entender qué está pasando con todo el asunto. Además, vimos que el libre albedrío implica que hay un “yo” que existe verdaderamente, independiente de todo lo demás que está sucediendo, y que luego podría tomar decisiones basándose únicamente en sí mismo, sin depender de todas las diversas circunstancias, condiciones, factores mentales, etc. que lo afectan. Vimos esta falacia básica en esta forma de pensar y que, sin embargo, las elecciones sí tienen lugar y ocurren con base en diversos hábitos, no solo de nuestras formas de comportamiento, sino también de nuestras emociones, tanto positivas como negativas. Estoy usando hábitos aquí en un sentido muy vago.

Nuestras elecciones también podrían verse influenciadas por factores que no están conectados con nuestro continuo mental, como diversas circunstancias externas (las circunstancias físicas de lo que está sucediendo con el clima o el universo) o las circunstancias de la influencia de otras personas (las personas con las que nos reunimos, la sociedad en general, los gobiernos, etcétera). De manera similar, las diversas enseñanzas con las que podemos entrar en contacto, que también se derivan obviamente de los continuos mentales de otras personas, también influyen en nuestras elecciones. Además, nuestras elecciones también están influenciadas por nuestros factores mentales de darse cuenta que discrimina, titubeo indeciso, intención, etc., y nuestras emociones. 

No hay duda sobre el hecho de que, subjetivamente, experimentamos la toma de decisiones todos los días. El problema es la connotación de nuestro concepto occidental de elección, que implica un “yo” que existe independientemente y que toma estas decisiones. Entonces, para comprender todo el asunto, debemos tratar de dejar de abordarlo pensando en términos de un “yo” que existe independientemente y que toma decisiones por sí solo, con libre albedrío, independientemente de estas influencias externas e internas.

No solo se excluye el libre albedrío, sino que también se excluye la predeterminación porque no hay nadie que haya decidido lo que va a suceder, que es la connotación de predeterminación; han decidido lo que haremos antes de hacerlo. Aunque el Buda sabe lo que aún no acontece, lo que ya aconteció y lo que acontece en el presente (todo lo cual, por supuesto, cambia constantemente, porque lo que acontece en el presente es diferente en cada momento), sin embargo, el Buda no ha decidido lo que está pasando. La omnisciencia del Buda no es omnipotente ni capaz, por su propio poder, de hacer que las cosas sucedan independientemente de los principios de causa y efecto. Esto es muy difícil de entender y requiere una comprensión realmente profunda de la vacuidad: la vacuidad de causa y efecto, la vacuidad de los tres tiempos, etc. 

También hemos visto que hay varios impulsos diferentes, algunos de los cuales son kármicos y otros no, y todos influyen en lo que hacemos. Los impulsos kármicos incluyen los impulsos mentales que propulsan a nuestra mente en acciones en las que ejercemos esfuerzo y, en los sistemas Vaibáshika y Madyámaka, los impulsos físicos que son el movimiento del cuerpo y las expresiones del habla que son los métodos implementados para causar que las acciones del cuerpo o el habla se lleven a cabo. 

Cuando revisamos el sistema Teravada, vimos que hay impulsos de energía en las limitaciones relacionadas con el cambio de las estaciones, el crecimiento de las semillas hasta convertirse en plantas, el hecho de que los fenómenos afectados por causas y condiciones cambian a cada momento, y la forma en que funciona la cognición sensorial. Los primeros cuatro son impulsos no kármicos, pero afectan las decisiones que tomamos al hacer algo (por ejemplo, los cambios del clima en invierno). 

También vimos que la presentación Sautrántika de Vasubandhu hace una distinción clara entre impulsos esforzados e impulsos ejecutantes. Los impulsos esforzados son kármicos e incluyen a los impulsos mentales que propulsan a la conciencia mental y a los factores mentales acompañantes a pensar y decidir realizar una acción del cuerpo o del habla, y a la conciencia corporal y a los factores mentales acompañantes a propulsar al cuerpo o al habla a realizar una acción. Estos impulsos kármicos implican un esfuerzo, en el que un agente desea y tiene la intención de hacer algo y se esfuerza en ello. Los impulsos ejecutantes, por otro lado, son los impulsos mentales que propulsan a los distintos tipos de conciencia y a los factores mentales que los acompañan a percibir objetos, por ejemplo, al ver algo. Estos impulsos no son kármicos.  

La presentación Chitamatra de Asanga es más completa e incluye cinco tipos de impulsos. Los impulsos observacionales son los impulsos mentales involucrados con la percepción. Los ejecutantes en este sistema se refieren a los impulsos involucrados con los elementos que desempeñan sus funciones, como la tierra que sostiene algo sobre ella y los objetos sensoriales que funcionan como objetos de cognición sensorial. Los impulsos transformacionales están involucrados cuando un objeto se transforma en otro, como el oro en una joya o el agua en hielo. Luego, los impulsos de logro son aquellos relacionados con el logro de las mentes que son el camino del arya. Ninguno de estos son impulsos kármicos. Los únicos impulsos kármicos son los impulsos esforzados, que en este sistema son los mismos que en el Sautrántika: son los impulsos mentales que propulsan a la conciencia y a los factores mentales que la acompañan en acciones del cuerpo, el habla y la mente, todos los cuales están precedidos por un objetivo previsto e implican esfuerzo. Solo hablamos de esos impulsos mentales cuando hablamos de karma en los sistemas Sautrántika y Chitamatra. 

También vimos que un buda, al ser omnisciente, conoce todas las variables externas e internas que afectan lo que pensamos, decimos y hacemos. El Buda ve que todo lo que nos sucede y que afecta a nuestro comportamiento no deriva exclusivamente de nuestro karma. El hecho de que nos enfrentemos a situaciones externas y cómo las experimentamos se basa en nuestro karma, pero lo que sucede en el universo no se basa únicamente en nuestro karma individual. Hay muchos otros factores involucrados, por ejemplo, las órdenes no kármicas explicadas en el Teravada y los impulsos no kármicos explicados por Vasubandhu y Asanga.

El papel de los vientos de energía

Otro factor que influye en nuestro comportamiento y en lo que experimentamos son los distintos tipos de vientos de energía. Llamémoslos "viento" para abreviar. Hay varias presentaciones del papel de los vientos. En uno de sus textos Sautrántika, Vasubandhu habla del papel del viento como uno de los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y viento. Señala que los impulsos mentales relacionados con las acciones kármicas del cuerpo o del habla hacen que el elemento viento del cuerpo actualice el movimiento del cuerpo o la expresión del habla. Es el elemento viento el que hace esto, ya que la naturaleza de la energía del viento es movimiento. 

Me parece que esta es una afirmación válida incluso si estos impulsos mentales no se consideran kármicos, como en los sistemas Vaibáshika y Madyámaka, que afirman que los movimientos del cuerpo y las expresiones del habla son impulsos kármicos en las acciones del cuerpo y del habla. Sin embargo, en ninguno de estos sistemas de principios indios los vientos en sí se consideran tipos de karma. 

En términos del sistema médico budista y su presentación de los cinco vientos sutiles, el viento involucrado con el movimiento del cuerpo es el viento de energía difusivo y el que está involucrado con las expresiones del habla es el viento de energía ascendente. La fuerza de estos vientos afecta claramente la intensidad de nuestro comportamiento. Además, el desequilibrio de los vientos definido en el sistema médico budista es una de las causas de la mala salud y las enfermedades, y nuestra salud es otra variable más que afecta nuestro comportamiento.

En términos de los sistemas del tantra anutarayoga, los vientos sutiles son las monturas de la conciencia mental sutil y sus factores mentales acompañantes, incluidos los impulsos mentales, en la cognición conceptual. Otro conjunto de vientos más burdos son las monturas de varios tipos de conciencia sensorial y los factores mentales que las acompañan y que un impulso mental propulsa en la percepción sensorial. Por tanto, estos vientos están conectados con lo que Vasubandhu llamó "impulsos ejecutantes". Existe una conexión entre el funcionamiento de estos vientos con los impulsos mentales montados sobre ellos y los impulsos mentales que propulsan a las acciones kármicas de nuestro cuerpo y habla. Mientras que un impulso mental, el kármico esforzado, montado sobre un viento difusivo o ascendente, propulsa a la conciencia corporal a involucrar al cuerpo o al habla en la realización de la acción kármica, otro impulso mental – a saber, uno ejecutante no kármico – montado sobre uno de los cinco vientos sensoriales, propulsa a la conciencia visual, por ejemplo, a percibir la base hacia la cual es dirigida la acción.

El sistema Kalachakra habla de los vientos del karma. Los vientos del karma fluyen a través de los canales de energía sutiles del cuerpo y, en varias ocasiones, pasan a través de una de las cuatro gotas de energía creativa: las gotas de energía de la vigilia, el sueño, el sueño profundo y las llamadas “cuartas” ocasiones. Al hacerlo, producen las apariencias que surgen, como hologramas mentales, y que conocemos, respectivamente, mientras estamos despiertos, soñando, en sueño profundo y experimentando dicha. Estos vientos del karma están manchados con oscurecimientos emocionales, cognitivos y kármicos. Los oscurecimientos kármicos incluyen todas las repercusiones kármicas de los impulsos kármicos, es decir, los potenciales kármicos, las tendencias kármicas y los hábitos kármicos constantes. Los tres son fenómenos de imputación sobre la base del "yo" convencional, según el Prasánguika, y el “yo” convencional es un fenómeno de imputación sobre la base de un continuo de cinco agregados.

A medida que estos vientos del karma, manchados con estos oscurecimientos kármicos, pasan a través de cada una de las cuatro gotas de energía creativa, las impregnan, como aceite absorbido en una tela, y dan surgimiento a las apariencias que conocemos, respectivamente, mientras estamos despiertos, soñando, en sueño profundo y experimentando dicha. Los potenciales y tendencias kármicas son responsables de las apariencias convencionales de los hologramas mentales de los objetos que percibimos, y estas apariencias se producen a partir de los elementos sutiles de estas gotas de energía. Los hábitos kármicos constantes son responsables de que estos objetos parezcan tener una existencia verdadera y autoestablecida. Claramente, las apariencias que percibimos afectan cómo nos comportamos en respuesta.    

El Kalachakra también habla de los vientos que son responsables del movimiento de los cuerpos celestes: el sol, la luna y los planetas. La revolución de los cuerpos celestes marca el paso del tiempo y, claramente, nuestra edad afecta lo que pensamos, decimos y hacemos. El Kalachakra también presenta enseñanzas detalladas sobre astrología. Las posiciones de los cuerpos celestes en nuestro nacimiento y sus posiciones, impulsadas por estos vientos celestiales durante el curso de nuestra vida, reflejan el tipo de cuerpo y las circunstancias en las que nacemos y lo que sucede y lo que hacemos durante nuestra vida. 

Cómo encajamos todas estas influencias no kármicas de los diversos vientos con nuestros impulsos kármicos es obviamente extremadamente complejo y solo la omnisciencia de un buda lo comprende plenamente. Pero lo que está claro es que todos influyen en las decisiones que tomamos respecto de lo que hacemos.

El papel de la mente de luz clara

Otro factor a considerar es el papel de la mente de luz clara que se analiza en el tantra anutarayoga, mahamudra y dzogchen. ¿Cuál es la relación de la mente de luz clara y rigpa, o mente en general, con la materia y la energía? Podemos decir, por ejemplo, que nuestra experiencia de la materia y la energía es una apariencia de la mente, la mente de luz clara. Esa es una manera de decir eso porque, según estas enseñanzas del tantra, el viento sutil que constituye la apariencia de formas de objetos físicos (siendo esa apariencia un holograma mental) es el viento más sutil de la mente de luz clara que se ha vuelto más burda al conectar con los elementos sutiles de un cuerpo sutil. 

Por supuesto, es posible interpretar esta visión de que todo proviene de la mente de luz clara en términos de una explicación Chitamatra. El Chitamatra afirma que las formas de los objetos físicos y la conciencia y los factores mentales acompañantes que conocen estas formas provienen todos de la misma fuente natal (rdzas). Todos ellos provienen de una única semilla de karma – lo que hemos estado llamando una tendencia kármica – que es un fenómeno de imputación sobre la base del alayavijnana, la conciencia base. Aunque algunos sistemas de tantra anutarayoga no Gelug aplican la terminología Chitamatra, como álaya y alayavijnana a la mente de luz clara, la mente de luz clara y las apariencias que de ella se derivan no tienen las mismas características que la mente de luz clara alayavijnana y las apariencias en el sistema Chitamatra. En el contexto del sutra, el Chitamatra no habla de la mente de luz clara.

En cualquier caso, el Chitamatra dice que la apariencia de una forma de fenómeno físico como una mesa y la conciencia y los factores mentales acompañantes que conocen esa mesa provienen de la misma tendencia kármica o semilla como su fuente natal. Una fuente natal es como el horno del que sale una hogaza de pan. Al igual que el Vaibáshika y el Sautrántika, el Chitamatra afirma que, tanto una mesa como una conciencia visual que conoce esa mesa, tienen una existencia no imputada verdaderamente establecida. El Vaibáshika y el Sautrántika dicen que la mesa tiene existencia objetiva, externa a una mente que la conoce, que puede establecerse antes de ser conocida. Su existencia objetiva se establece por el hecho de que desempeña una función. El Chitamatra refuta esto y dice que no se puede establecer la existencia de una mesa objetiva de forma separada de su apariencia como un holograma mental que ocurre en su cognición de ella. No es que la apariencia de la mesa y la conciencia que la conoce provengan cada una de sus propias fuentes natales, como si la fuente natal de la apariencia de la mesa estuviera fuera de, o separada de la conciencia que la conoce. 

Ahora bien, esto es muy diferente desde el punto de vista Prasánguika como se explica en el sistema Gelug. Según el Prasánguika, nada tiene existencia no imputada verdaderamente establecida, por lo tanto, la cuestión de si una mesa verdaderamente establecida existente de forma no imputada puede establecerse como existente antes de su cognición o solo en el contexto de su cognición, no es un problema. La existencia de una mesa solo puede establecerse meramente de forma imputada como meramente aquello a lo que se refiere un concepto y una palabra para él. Desde el punto de vista del sutra, la fuente natal de la apariencia de la mesa son los elementos que la componen. La conciencia y cada uno de los factores mentales que la acompañan provienen de sus propias tendencias como fuentes natales. Desde el punto de vista del tantra, el viento sutil que crea el holograma mental que es la apariencia que conocemos cuando vemos a la mesa, es el elemento viento sutil de nuestro cuerpo sutil con el que se conecta el viento más sutil que es la montura de nuestra mente de luz clara. Este es un sentido en el que el Prasánguika afirma que todas las apariencias son el juego de la mente de luz clara. El Prasánguika no afirma que la mente de luz clara cree objetos materiales. 

Para conectar esto con nuestra discusión sobre el karma, nuestro comportamiento compulsivo, ya sea propulsado por impulsos kármicos mentales o compuesto por impulsos kármicos físicos, es en respuesta a las apariencias que percibimos, y estas apariencias también implican ciertos tipos de vientos. 

Karma colectivo y la formación del universo 

En general, la estructura del universo, sus leyes físicas, etc., también afectan lo que hacemos. Para examinar esto, volvamos a nuestra discusión sobre Kalachakra. Kalachakra habla del paralelo entre el mundo externo y el interno. Así como tenemos el movimiento de los cuerpos celestes externamente, impulsados por los vientos, también tenemos el movimiento de los vientos sutiles en el cuerpo, creando apariencias. De manera similar, existe un paralelo entre los ciclos sin principio del nacimiento, vida y muerte de un universo y el nacimiento, vida y muerte de un ser individual. En el caso del universo, sus ciclos se ven afectados por el karma colectivo de los seres que nacerán en él, y en el caso de los seres individuales, sus ciclos se ven afectados por su propio karma individual. 

En términos del mundo externo, el universo, Kalachakra habla de partículas espaciales. Las partículas espaciales se encuentran en muchos contextos diferentes. Comprenden el espacio entre las cosas o son el componente más pequeño de los objetos materiales, siendo el espacio entre las partículas más burdas. Una sola partícula espacial, tal vez como una singularidad cuántica, es lo que queda entre el colapso de un universo y la formación de otro universo. Esta partícula espacial contiene rastros –literalmente “semillas”– de los elementos, pero con las fuerzas de la física que combinan y mantienen unidas a las partículas de esos elementos no operan en este estado. Solo comienzan a combinarse como resultado del efecto que ejerce sobre ellos el potencial kármico colectivo de los seres que renacerán en el universo que evolucionará a partir de ellos. 

En el nivel de un ser individual, de forma análoga a una partícula espacial, hay una gota de energía creativa más sutil, para abreviar, una gota más sutil. En el momento de la existencia de muerte, entre el final de una vida y la formación de la siguiente, el continuo de una persona consiste simplemente en una mente clara y luminosa, el viento más sutil y una gota más sutil. Como en el caso de una partícula espacial, esta gota más sutil también contiene rastros de los elementos en estado no combinado. Solo comienzan a combinarse para constituir los elementos sutiles del cuerpo sutil de la próxima vida por medio del efecto de los potenciales kármicos individuales de la persona. Los elementos burdos de su cuerpo de renacimiento, por supuesto, evolucionan a partir de los elementos burdos del esperma y el óvulo de los padres, si el renacimiento es como un ser humano o un animal. 

Cuando hablamos de karma colectivo, no debemos pensar en él como un fenómeno de imputación sobre la base de una inconsciencia colectiva que todos compartimos. El karma colectivo se refiere a potenciales kármicos que son fenómenos de imputación sobre los "yos" convencionales de una enorme cantidad de seres que tienen el potencial de madurar en un conjunto singular de características de un universo en el que todos nacerán en algún momento y compartirán. En ese universo habrá vientos que impulsarán y regularán la revolución de los cuerpos celestes, qué tan largo va a ser un día y un año, que habrá estaciones, día y noche, y esa clase de cosas. La formación y estructura de todo eso va a ser afectada por el karma colectivo de los seres que nacerán en este universo, pero las sustancias físicas que componen este universo derivarán de las huellas de los elementos en el átomo espacial a partir del cual el universo se expande influenciado por los potenciales kármicos colectivos de estos seres. La existencia de estas huellas solo puede establecerse meramente a partir de aquello a lo que se refieren los conceptos y nombres de las mismas. Su existencia no puede establecerse desde sus propios lados. El universo no existe ya dentro de una partícula espacial, ya fijado en cómo aparecerá, simplemente esperando a emerger cuando sea afectado por el karma colectivo. Existe una relación íntima entre materia, energía y mente, pero no es tan directa. 

La forma en que Su Santidad lo explica es que, aunque podríamos decir que el karma colectivo de la mente de luz clara – y no una mente de luz clara universal, sino de las mentes de luz clara individuales de todos operando juntas – en cierto sentido ayuda a dar forma al universo. No podemos decir que el karma colectivo crea el universo de la nada o de una partícula espacial, pero el karma colectivo afecta la forma del universo. Sin embargo, una vez que un universo comienza un ciclo de formación, permanencia y colapso, entonces, como explican el Teravada y Asanga, las órdenes e impulsos no kármicos toman el control y operan. El ejemplo que siempre utiliza Su Santidad es el de la caída de las hojas de un árbol en otoño. El momento en que cae cada hoja, el orden en que caen y dónde aterriza cada una de ellas en el suelo están determinados por los principios de la física, la botánica, el clima, y esas cosas. Estos no son factores kármicos.

Por supuesto, no existimos independientemente de estos factores externos. Experimentamos el clima, pero no lo creamos en el sentido más fundamental. Ahora bien, por supuesto, afectamos al clima (el efecto invernadero y cosas así), por lo que no somos independientes de él. La relación causal aquí es muy compleja, pero hay leyes de la física y leyes de la naturaleza y ellas se hacen cargo; aunque las leyes de la física y las leyes de la naturaleza estarán, en cierto sentido, moldeadas por los seres que se verán afectados por ellas. Sin embargo, luego se hacen cargo, de manera impersonal, de explicar, por ejemplo, la caída de las hojas de un árbol. Esa es la forma en que Su Santidad intenta resolver este verdadero dilema de explicar lo que experimentamos, sin que se convierta en un tipo solipsista, donde todo simplemente se crea a partir de nuestra mente o de nuestros potenciales kármicos. 

Preguntas 

¿Las personas que llegan al final de una fase del universo tienen información sobre el comienzo?  

No necesariamente. Es lo mismo que decir que todas las personas que nacieron en el Tíbet y sufrieron bajo la ocupación china eran todos tibetanos en vidas anteriores, y fue por lo que les hicieron en el pasado a los chinos en la época del emperador tibetano Songtsen Gampo que esto les está pasando ahora. No. Podrían nacer en cualquier otro lugar, en cualquier otra forma de vida, y nacer en el Tíbet en el momento de la toma de poder china. Eso no descarta las causas históricas que han provocado lo ocurrido. Estos son diferentes tipos de causas. Es lo mismo en términos del universo. 

El budismo habla de innumerables universos, por lo que no se trata solo de que haya un universo. Un universo es bastante grande; quiero decir, lo que consideramos un universo completo. Bueno, hay innumerables universos de este tipo y todos pasan por sus fases a un ritmo diferente. Cuando un universo se expande, otro universo se contrae, por lo que siempre hay un lugar donde los continuos mentales pueden renacer. No es solo que haya un eón vacío y todo el mundo esté como en un bardo, o algo así, esperando que el universo evolucione. Diríamos que los seres que tendrían el potencial kármico para renacer en ese universo comparten el karma colectivo que lo moldeará – y que no renacerán en él simplemente al comienzo de ese universo, porque al principio no hay seres en un universo; pasa bastante tiempo antes de que haya seres. Primero tiene que formarse un universo antes de que pueda haber seres en él, y a medida que un universo colapsa, habrá otro largo período sin seres también. Entonces, diríamos que aquellos que hubieran acumulado el potencial kármico para nacer durante todo el tiempo en que habrá seres en ese universo, afectarían la estructura de ese universo. 

Entonces, se convierte en una cuestión metafísica realmente difícil. ¿Cómo podemos decir que han acumulado el potencial kármico para estructurar un universo que aún no acontece? Para abordar esta cuestión, tenemos que entrar en la discusión de la realidad del futuro. El universo que aún no acontece, como el mañana que aún no acontece, no acontece en el presente, pero es un fenómeno conocible por afirmación y existe. Existe en el sentido de que puede ser conocido conceptualmente de manera válida; por ejemplo, podemos pensar en ello y hacer planes para ello. “Existe” no significa que esté sucediendo ahora. Tenemos que hacer la diferenciación aquí entre algo que está sucediendo ahora y algo que es válidamente conocible, lo cual a menudo no hacemos. Que algo exista no significa que esté sucediendo ahora. Según el budismo, lo que existe es lo que puede conocerse válidamente, y esto significa conocido ya sea por cognición sensorial no conceptual válida o por cognición conceptual inferencial válida.  

Por ejemplo, se puede conocer válidamente la caída de la antigua Roma que ya no está aconteciendo, o se pueden conocer válidamente los dinosaurios vivos que ya no acontecen. Eso no significa que ahora podamos ver válidamente dinosaurios caminando por la Tierra. Los dinosaurios que acontecen en el presente o que vivan en el presente no existen y no pueden conocerse válidamente. Sin embargo, se pueden conocer válidamente los dinosaurios que ya no viven. Son válidamente cognoscibles mediante una cognición inferencial válida basada en una cognición sensorial válida de sus huesos, que serían sus restos. La cognición inferencial válida se basa en que, si existen huesos de alguna criatura, son los restos producidos por un ser que ya no vive. 

Ahora bien, lo mismo es cierto para un universo que aún no acontece. Podemos conocer válida y conceptualmente un universo que aún no acontece sobre la base de una cognición inferencial válida. Entonces, un universo que aún no acontece sí existe en el sentido de que es válidamente conocible basándose en el hecho de que todos los seres tienen el potencial de nacer en uno. Sin embargo, con una cognición conceptual válida solo podemos imaginar una imagen mental aproximada para representar dicho universo; no pudimos conocerlo con todo detalle y precisión. 

Ya hemos discutido con bastante detalle cómo un Buda sabe lo que ya no está sucediendo y lo que aún no está sucediendo a través de una cognición no conceptual válida. No es necesario que lo repitamos ahora. Recuerden nuestra discusión sobre cómo la causa y el efecto existen realmente y que, en el momento de la causa, el resultado no existe de forma verdadera y encontrable, ni verdaderamente no existe. Eso significa que, en el momento de la causa, cuando todas las variables que afectan están completas, podemos inferir válidamente el resultado. Su existencia, sin embargo, solo puede establecerse en términos de a qué se refiere la palabra o concepto “resultado” sobre la base de que todas las causas y condiciones estén completas. Como tal, el resultado puede conocerse válidamente en el momento de las causas a pesar de que el resultado no esté sucediendo en el momento de la causa, ni esté dentro de la causa esperando para surgir. 

En diferentes universos, ¿existen diferentes reglas físicas o diferentes leyes físicas?  

Tendríamos que decir que probablemente ese podría ser el caso. Quiero decir, si vemos el plano de los objetos sensoriales deseables, el plano de las formas etéreas y el plano de los seres sin forma –los llamados reinos del deseo, de la forma y de la no forma–, hay diferentes características y diferentes leyes operando en cada uno de ellos. Por ejemplo, no hay nada destructivo en los planos de las formas etéreas o de los seres sin forma, y no hay olor ni sabor en el plano de las formas etéreas. Si ese es el caso dentro de este universo en particular, ¿por qué no habría diferentes planos de existencia con diferentes características en otros universos? 

Incluso dentro de este universo, hay tantos planetas diferentes en los que sin duda hay formas de vida y podrían vivir en ambientes con muchas temperaturas y gravedades diferentes. Incluso en este planeta, la Tierra, hay criaturas que viven bajo una intensa presión en el fondo del océano y a temperaturas extremas, tanto frías como calientes. Hay diferentes elementos en los que viven los seres. Algunos viven en el agua, otros en el aire, otros en la tierra. ¿Quién sabe qué más podría ser posible en diferentes mundos y universos? 

¿Puede haber diferentes leyes de la física en diferentes universos? ¿Por qué no? Pero tendrían que ser apropiados para sostener los renacimientos en ese universo en formas que pudieran vivir allí. Las leyes físicas de un universo no son “cosas” inherentes y que se pueden encontrar en un universo, que existen independientemente de todo. Las leyes físicas y las fórmulas matemáticas son solo construcciones conceptuales que nos ayudan a comprender el funcionamiento de un universo. Incluso dentro de nuestro universo, los científicos están actualizando, cambiando y refinando su comprensión conceptual del universo todo el tiempo. 

Mecánica cuántica y probabilidad  

Me gustaría incorporar a nuestra discusión sobre el determinismo algunas ideas sugeridas por la mecánica cuántica. Aunque no estoy nada versado en mecánica cuántica y por eso lo que especulo podría no ser científicamente exacto, juguemos con algunas ideas basadas en ello. 

Cuando preguntamos: "¿Qué es algo?", algo es a lo que se refiere un concepto o palabra, como una mesa es a lo que se refiere el concepto y la palabra “mesa”. ¿Podemos decir que existen mesas, sillas y cosas así? ¿Hay mesas y sillas? Los Gelugpa dicen, convencionalmente, que cuando no analizamos sus verdades superficiales o más profundas, hay mesas y sillas que desempeñan funciones. Bueno, ¿qué significa eso? ¿Existe por ahí una especie de megasopa indiferenciada, y cuando la etiquetamos con un concepto o palabra, los objetos a los que se refieren esos conceptos y palabras cobran existencia verdadera y aparecen? Ciertamente no. 

¿Qué pasa cuando la mecánica cuántica habla de la ubicación de una partícula? No es que antes de percibir el área donde podría ubicarse una partícula, haya un cierto número prescrito de posibilidades cuánticas, y en realidad todas existen verdaderamente ahí fuera, y cuando percibimos el área, entonces nuestra percepción hace que la partícula adquiera existencia verdadera y aparezca en un solo lugar. 

Ambos ejemplos son similares a decir que objetos como mesas se crean mediante etiquetado mental. En el caso de la partícula, sería creada por percepción sensorial y en el caso de la mesa por etiquetado conceptual, pero la cuestión es que en ambos casos la mente la crea y luego es verdaderamente existente. 

Necesitamos eliminar esta idea de existencia verdadera en términos de la ubicación de una partícula. No puede ser que no esté verdaderamente en ninguna parte y luego, cuando la vemos, salta a la verdadera existencia en un lugar. Tampoco puede ser que simultáneamente estuviera verdaderamente en muchos lugares, pero simplemente no pudimos verlo, pero nuestra mirada, por su propio poder, lo hizo verdaderamente en un lugar y no verdaderamente en otro lugar. Tampoco puede ser que haya estado realmente en un solo lugar todo el tiempo y solo ahora la vemos.  

Ahora necesitamos unir ese análisis de la ubicación de una partícula con nuestro análisis de los resultados kármicos. ¿Es que realmente existen todas las posibilidades kármicas de lo que podría madurar a partir de nuestros potenciales, y luego, cuando nos encontramos con alguna circunstancia, una posibilidad kármica cobra existencia verdadera y sucede y la experimentamos? Entonces, ¿todas estas posibilidades kármicas existen verdaderamente en alguna parte y el Buda las conoce todas? ¿O es que en realidad solo hay una posibilidad kármica, como si el objeto fuera verdaderamente una sola cosa, y cuando encontramos la circunstancia desencadenante adecuada, la descubrimos a medida que la experimentamos, y el Buda sabía de antemano lo que iba a suceder? Todas estas son falacias. 

Entonces, ¿qué está pasando con nuestra experiencia de la maduración de nuestros potenciales kármicos? No es tan fácil, pero tenemos que intentar evitar estos extremos, porque es cierto que, al mismo tiempo que vemos algo, nuestra mente limitada hace que parezca que existe verdaderamente. 

En cuanto a las posibilidades cuánticas, ¿cómo es que, antes de mirar, una partícula está en varios lugares simultáneamente, y cuando la vemos, entonces está en un lugar? La mente ha creado una apariencia, una apariencia verdaderamente existente, de estar en un lugar, ¿no es así? En cierto sentido, cuando juntamos toda la explicación de la mecánica cuántica con las enseñanzas budistas, encajan en la descripción de cómo nuestras mentes crean apariencias de existencia verdadera, lo cual es muy interesante. Entonces, necesitamos transponer toda esa discusión sobre la ubicación de una partícula a la discusión sobre el karma y las posibilidades kármicas, y toda la discusión sobre el determinismo o el libre albedrío, etc. Por eso digo que, en nuestra discusión sobre el determinismo, el libre albedrío, lo que un Buda ve, lo que un Buda sabe, etc., es difícil para nosotros siquiera considerar las preguntas porque la forma en que las abordamos implica la existencia verdadera de todo el sistema. ¿Ven el problema aquí? 

Si hablamos de elecciones, parece como si las elecciones realmente existieran, que hay elecciones realmente existentes, y que realmente existen como elecciones que aún no acontecen, y ahora elegimos una, y luego la hacemos realidad, y entonces las demás ya no son posibles. Esa es una manera falsa de ver las cosas, en términos de que las cosas tienen existencia verdadera. Pero tan pronto como comenzamos a concebir, o simplemente intentamos hacernos la pregunta: "¿Tenemos opciones?" implica que las opciones realmente existen en alguna parte. Todavía no acontecen y, o están en algún lugar inherente al universo y luego tienen que manifestarse, ya saben, algo así como Samkhya, o toda la idea es un poco extraña aquí. Esa es la conexión que debemos establecer con la mecánica cuántica. 

No es necesario entrar en grandes detalles sobre la mecánica cuántica. Es solo que, en lo que respecta a las partículas, existe una enorme función de probabilidad de dónde están, y como no podemos conocer la ubicación y la velocidad al mismo tiempo, podemos decir que están simultáneamente en todas partes. Todas estas posibilidades son verdaderamente existentes, en cierto sentido, pero cuando realmente miramos, finalmente localizamos una partícula en un lugar particular, y así el perceptor interactúa con el sistema. Pero debemos tener mucho, mucho cuidado con cómo entendemos esto. 

Pero no vayamos más allá en la discusión de posibilidades en términos de partículas; hablemos de ellas en términos de karma. Existe un número limitado de opciones dadas las variables que podrían afectar lo que hacemos. Nos parece que realmente existen verdaderamente y ahora vamos a elegir una. Es como si aquí estuvieran todas las cosas en el menú, y vamos a elegir una, y eso la hace realidad. ¿O el Buda sabía que había un menú, y el Buda conocía el menú, y el Buda sabía de antemano qué íbamos a elegir? 

De hecho, no hay menú. Las cosas no existen de esa manera. Incluso si hablamos en términos de tendencias o semillas, no es que el resultado ya exista en la semilla. Esto se debe a que hay muchos factores que pueden afectar la maduración de nuestros potenciales y tendencias kármicas después de haber realizado una acción; por ejemplo, repetir o nunca repetir la acción, arrepentirnos o no de lo que hicimos, purificarlo, etc. Incluso las oraciones de otras personas pueden afectar, por ejemplo, lo que sucederá en el bardo en términos de nuestro próximo renacimiento. ¿Todas esas posibilidades ya estaban presentes y realmente existían antes de que ocurriera la maduración? No. 

Todavía resulta muy difícil saber: “¿qué conocer un buda?”. Desafortunadamente, la respuesta es que tenemos que convertirnos en un buda antes de saber lo que un buda conoce. No es una respuesta muy cómoda, pero cuando tenemos dificultades para responder una pregunta (como el libre albedrío, el determinismo, la predeterminación, etc.) a menudo el problema es que los conceptos implicados en la formulación de la pregunta son erróneos. 

Se remonta a las 14 preguntas que el Buda no respondió; no les especificó una respuesta porque estaban formuladas de una manera en la que, sin importar lo que respondiera, la gente lo malinterpretaría. Por ejemplo, ¿el universo tiene un principio o no tiene principio? Bueno, obviamente, hay enseñanzas que dicen que no tiene comienzo, pero cuando preguntamos acerca de un universo verdaderamente existente, ya sea que digamos que tiene comienzo o no, lo vamos a malinterpretar. Cuando hablamos de opciones verdaderamente existentes (tenemos una opción o no tenemos otra opción), nuevamente, no importa lo que respondamos, será mal interpretado porque vemos las opciones en términos de opciones verdaderamente existentes. Simplemente no funcionará. 

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