Una deidad budista o Mickey Mouse: ¿Cuál es la diferencia?

Si estudiamos budismo tibetano durante un tiempo suficiente, sin duda nos encontraremos con la práctica del tantra. Con tantos métodos de visualización, es fácil confundirse e incluso pensar que estamos locos, especialmente si no tenemos fundamentos sólidos en los aspectos básicos del budismo mahayana. Este artículo es una introducción a los requerimientos para la práctica del tantra, y detalla lo que lo distingue de las ilusiones de una persona loca.

Este artículo revisa si hay alguna diferencia entre visualizarnos como una figura búdica e imaginar que somos Mickey Mouse. Quizás suene divertido pero, a menudo, cuando estamos involucrados en la práctica del tantra alcanzamos una cierta fase en la que cuestionamos lo que estamos haciendo. Trabajamos con visualizaciones fantásticas que, si no tenemos buenos cimientos, pueden empezar a parecer descabelladas. Especialmente si les contamos a los demás lo que estamos haciendo, puede sonar como: “¡me imagino que soy el Hada Roja y que me voy al País de las Hadas y me voy a llevar a todo el mundo conmigo!”. ¡Probablemente van a querer encerrarnos! Por lo tanto, aquí revisaremos este tema de las figuras búdicas y Mickey Mouse con cierta profundidad.

Imaginarnos como una figura búdica

Uno de las principales características del tantra es lo que llamamos “yoga de la deidad”, en la cual imaginamos que somos una figura búdica. El término es a menudo traducido como “visualizar” en lugar de imaginar, aunque no estamos tratando solamente con una imagen visual de nosotros mismos. Pienso que la palabra “imaginar” es fantástica porque imaginamos que realmente somos un buda en la forma de esta figura. No sólo nos imaginamos que nos vemos como esta figura, sino que también imaginamos que hablamos, pensamos, ayudamos a los demás y experimentamos gozo puro con todos nuestros sentidos como la figura lo hace. También imaginamos tener todas sus buenas cualidades, tales como amor y compasión ecuánime para todos los seres y entendimiento profundo de todas las cosas. Por supuesto, para hacer esto con éxito necesitamos habernos entrenado de antemano en cada una de estas cualidades con la práctica de sutra. Juntarlas todas con el yoga de la deidad, entonces, es como un ensayo general para ser verdaderamente un buda. Al ensayar ahora, construimos causas poderosas para lograr la iluminación. Este método extremadamente eficiente es conocido como “la práctica de causas que son lo más similar al resultado”.

Lo que estoy traduciendo como “figura búdica” es la palabra tibetana “yidam”, algunas veces llamada un “tipo especial de deidad”; sin embargo, no se refiere a una deidad habitual, como uno de los dioses hindús o griegos. Pero, como una deidad, estas figuras tienen cualidades extraordinarias que van mucho más allá de las que tenemos como humanos ordinarios. La palabra tibetana “yidam” significa literalmente una figura con la cual creamos un vínculo estrecho para nuestra mente. Creamos un vínculo fuerte con una figura búdica particular con el fin de convertirnos verdaderamente en un buda con la forma física de esa figura. La figura podría ser de hombre, como Avalokiteshvara (en tibetano, Chenrezig), de mujer, como Tara, o incluso una pareja, como Kalachakra.

Nuestra pregunta, entonces, es: ¿cuál es la diferencia entre practicantes tántricos que se imaginan como un buda en la forma de una figura búdica y personas delirantes que imaginan que son Mickey Mouse?

Refugio y comportamiento ético

Primero que nada, como practicantes tántricos -hablamos de los auténticos, aquellos que lo hacen adecuadamente- tenemos una dirección segura en nuestra vida (esto es a menudo llamado “refugio”). ¿Qué significa esto? En primer lugar, significa que tenemos una visión realista de las cuatro verdades nobles:

  • Reconocemos cuáles son los sufrimientos verdaderos.
  • Conocemos las causas verdaderas de estos sufrimientos.
  • Vemos que un cese verdadero de las causas es posible de lograr.
  • Entendemos los verdaderos estados mentales que son el camino que nos llevarán a ello.

La Joya del Darma o el refugio del Darma más profundo son las verdaderas cesaciones y los verdaderos estados mentales que son el camino, la tercera y la cuarta verdades nobles. Los budas son aquellos en cuyas continuidades mentales están plenamente presentes las verdaderas cesaciones y los verdaderos estados mentales que son el camino. La Sanga Arya es la comunidad de aquellos en quienes estos dos aspectos existen parcialmente: algunos de ellos están ahí, pero no en su totalidad.

Por lo tanto, como practicantes budistas tántricos, hemos dado un significado positivo, una dirección segura, en nuestra vida. Reconocemos los diferentes problemas que tenemos y sus causas, y practicamos los métodos que producirán un cese verdadero de esas causas y, por lo tanto, de los problemas mismos. Sabemos muy bien que hay una forma de salir del sufrimiento, y por eso estamos muy seguros de lo que estamos haciendo. También sabemos que no estamos solos, sino que hay otros trabajando en la misma dirección y aquellos que han logrado verdaderamente estas metas, tanto plena como parcialmente.

Cuando vamos en esta dirección segura y significativa, lo primero que hacemos es refrenarnos del comportamiento destructivo, porque conlleva infelicidad y el llamado “sufrimiento del sufrimiento”. Así, como practicantes tántricos, nos involucramos en la conducta ética, ya sea en nuestra imaginación o en la vida diaria, mientras nos imaginamos como budas en la forma de figuras búdicas. Hacemos esto percatándonos de que las causas de todos nuestros problemas y sufrimiento son internas. Son causadas por nuestro comportamiento kármico compulsivo, destructivo, impulsado por nuestras emociones perturbadoras, y derivado de nuestra falta de darnos cuenta y nuestra confusión acerca de los efectos de nuestro comportamiento y acerca de la realidad. Esto es en lo que tenemos que trabajar para poder superarlo; y nos podemos deshacer de todo esto para siempre.

Las personas delirantes, por otro lado, normalmente buscan un chivo expiatorio para sus problemas. Culpan a sus padres o a la sociedad y se vuelven paranoicos. No reconocen que lo que hacen- es decir, su comportamiento- afectará su futuro y lo que experimenten. Por lo general, si alguien piensa que es Mickey Mouse no lo hace con la intención de usar esto como un marco de referencia para un comportamiento ético, o para lograr la liberación y la iluminación libre de todos los problemas.

Renuncia

La siguiente diferencia concierne a lo que llamamos “renuncia”, que es la determinación de estar libres de todos nuestros problemas y de sus causas, tanto en esta vida como en las vidas futuras. Implica, por supuesto, tener la voluntad de renunciar a los problemas y sus causas.

Algunas personas podrían objetar y decir: “bueno, ¿acaso esto no es pura evasión? ¿Escapar de la realidad renunciando a esta vida o a las condiciones de la vida en general?”. La respuesta es que no, no es evasión en absoluto. La renuncia es ver la vida ordinaria exactamente por lo que es. Nacemos, nos enfermamos, envejecemos y morimos; y entretanto, no obtenemos lo que queremos y nos encontramos con cosas que no queremos. Incluso cuando las cosas están yendo bien, nos sentimos frustrados, nunca satisfechos. Siempre queremos más. Todo está cambiando todo el tiempo, es completamente inestable.

Con la renuncia, nos tomamos todos estos problemas seriamente, y generamos un sentimiento potente de “ya he tenido suficiente. No quiero continuar aceptando todo esto. Buscaré una solución”. Ya tenemos los cimientos de una dirección segura, y así estaremos confiados de que existe una solución a nuestros problemas. Hay una salida porque podemos deshacernos de los problemas y de sus causas verdaderas para siempre. Nos alejamos de estar totalmente involucrados solo con las cosas insignificantes de esta y las próximas vidas dirigiéndonos hacia una dirección segura. De esta forma, trabajamos para las cesaciones verdaderas y los verdaderos estados mentales que son el camino que conducen a la liberación y a la iluminación como una manera constructiva de encarar y solucionar nuestros problemas.

Las personas delirantes que imaginan que son Mickey Mouse simplemente están escapando de la vida. No encaran sus problemas, sino más bien escapan a otra realidad que no está para nada relacionada con su vida. Las visualizaciones tántricas son métodos para lidiar con nuestra vida ordinaria de una manera creativa y constructiva, mientras que las personas delirantes no lidian con su vida para nada.

Formas de figura búdica como precursoras para la forma de un buda

Ahora, podríamos preguntar: ¿acaso no es igualmente engañoso imaginarnos como Mickey Mouse o como un buda en la forma de Avalokiteshvara? Otra vez, no, hay una gran diferencia.

En la práctica del tantra, imaginamos cosas que todavía no han sucedido, en otras palabras, cosas que todavía no hemos experimentado como hechos verdaderos, pero las cuales seremos capaces de experimentar sobre la base de lo que se conoce como nuestros “factores de naturaleza búdica”. Estos factores son partes de nuestra continuidad mental y todos los tenemos. Nuestra continuidad mental es la secuencia ininterrumpida de momentos consecutivos de nuestra experiencia de las cosas.

Por ejemplo, cada niño tiene los factores de naturaleza búdica de una forma física, la habilidad de comunicar, conocer cosas, hacer cosas y disfrutar cosas, y diversas buenas cualidades, como el amor y la inteligencia, aunque no estén plenamente desarrolladas. Como un niño, podemos imaginarnos como adultos e imaginarnos hablando, pensando, entendiendo, actuando y disfrutando las cosas como adultos, y también teniendo las buenas cualidades de un adulto maduro. Aunque el hecho de ser realmente adultos no está sucediendo en el presente, es un suceso “que todavía no acontece”, sin embargo, el hecho de imaginar que somos un adulto puede suceder en el presente. Esto es porque nuestro cuerpo de niño que sucede en el presente y demás puede evolucionar a aquel de un adulto. Hacemos algo parecido en el tantra.

Cuando imaginamos que nos vemos, hablamos y demás como una de estas figuras búdicas, sabemos que el hecho de ser verdaderamente un buda que aparece en esta forma no está sucediendo en el presente. Es un suceso que aún no acontece. Somos simplemente un ser limitado que ahora imagina que aparecemos de esa forma. Pero tenemos total convicción de que, con una acumulación lo suficientemente poderosa de nuestros entramados de fuerza positiva y darse cuenta profundo (colecciones de mérito y sabiduría) dedicados a alcanzar la iluminación, nuestro ser un buda en la forma de esta figura búdica con el tiempo será algo que suceda en el presente. Contamos con todos los materiales de trabajo; solo necesitan ser purificados y cultivados aún más.

Las personas delirantes ciertamente no piensan que ahora cuentan con todos los factores que les permitirán convertirse en Mickey Mouse en el futuro, y que por ahora solo están fingiendo ser Mickey Mouse; piensan que verdaderamente son Mickey Mouse.

Caras, brazos y piernas múltiples

Podríamos objetar entonces: “¿pero no es engañoso imaginar que tenemos tantísimas caras, brazos y piernas? ¿Avalokiteshvara tiene cuatro brazos y Kalachakra tiene 24? ¿No es esto igual de loco que pensar que somos Mickey Mouse?”.

No, no lo es. Todos estos brazos, caras y piernas representan diferentes aspectos del camino espiritual, todas las cosas que necesitamos comprender y alcanzar para convertirnos en un buda. Los cuatro brazos de Avalokiteshvara, por ejemplo, representan las cuatro actitudes inconmensurables de amor, compasión, gozo y ecuanimidad. Imaginar que tenemos cuatro brazos, entonces, es un medio hábil para entrenarnos a recordar y tener presencia mental de las cuatro actitudes inconmensurables que representan (y las cuatro actitudes de forma simultánea de una manera integrada). Es precisamente debido a que estas formas con múltiples extremidades son medios hábiles para ayudar a la gente a alcanzar la iluminación, que los budas se manifiestan en ellas. Como practicantes tántricos, entonces, también podemos imaginarnos apareciendo en ellas como una herramienta para ayudarnos tanto a nosotros mismo como a los demás en el camino de la iluminación. ¡Ciertamente no estamos practicando con ellas para volvernos un bicho raro de circo!

Transformar nuestra autoimagen

Imaginarnos como un buda en la forma de una figura búdica es para superar nuestra apariencia ordinaria y nuestro aferramiento a que existimos de una manera ordinaria. En otras palabras, para practicarlas (las figuras búdicas) seriamente, necesitamos deshacernos de nuestra autoimagen engañosa, ordinaria, de ser alguien que es verdadera e inmutablemente como esto o aquello. Nadie existe de esa manera, porque es imposible.

Nuestra apariencia ordinaria y nuestra autoimagen no están restringidas a cómo nos vemos. En este contexto, “apariencia” significa lo que aparece, lo que surge. Cómo nos vemos, lo que decimos, pensamos, sentimos y comprendemos, las cualidades que tenemos, como el egoísmo o la compasión, todas surgen y aparecen. Las formas ordinarias de todas ellas constituyen nuestra apariencia ordinaria, y los aspectos de ellas que identificamos como el “yo real” constituyen nuestra autoimagen ordinaria. Estos son los que purificamos y transformamos con el tantra.

El hecho de que nuestra autoimagen sea negativa o positiva no marca ninguna diferencia. Podríamos pensar en nosotros mismos como una persona fea, gorda y horrible que ama, o como una jovial belleza eterna que es el regalo de Dios al mundo. En cualquier caso, sentimos que verdaderamente somos así y que siempre lo seremos, sin importar lo que pase. En el argot budista, nos aferramos a esa autoimagen como si fuera nuestra “verdadera identidad”; nos aferramos a ella como si fuera quienes “realmente” somos. Necesitamos superar ese aferramiento ordinario.

Cuando remplazamos esta apariencia ordinaria y autoimagen en el tantra por la apariencia “pura” de un buda en la forma de una figura búdica, también remplazamos nuestro aferramiento ordinario a ella como si fuera nuestra verdadera identidad. Remplazamos la confusión de ese aferramiento por el entendimiento claro de la vacuidad de nosotros mismos y de todas las apariencias, autoimágenes e identidades. La vacuidad, a menudo traducida como “vacío”, significa la ausencia total de que nosotros mismos y cualquier apariencia exista y esté establecida en una forma imposible -y recuerden, “apariencia” se refiere a una apariencia de nosotros mismos como una persona horrible, fea y gorda, como el bello regalo de Dios al mundo o como Avalokiteshvara o Tara.

Nos damos cuenta de que cualquier autoimagen sólida que tengamos, ya sea ordinaria o pura, es engañosa. Esto es porque no hay semejante cosa como una identidad verdadera concreta, inmutable, el tipo de persona que “realmente” somos, autoestablecida por el poder de algo concreto, que se pueda encontrar dentro de nosotros mismos e independiente de todo lo demás. El tipo de persona que somos, nuestra apariencia y demás surge en dependencia de una gran variedad de causas, condiciones, partes y etiquetas mentales. Y debido a que estas causas y condiciones están cambiando continuamente, nuestra apariencia física, lo que decimos y hacemos, etc., también están cambiando constantemente. Pero no es que haya un “yo” verdadero dentro de mí que sea siempre el mismo de forma sólida, sin importar cómo luzca en la superficie o lo que haga; y ciertamente no es que haya un “yo” sólido que se pueda encontrar existiendo sin ninguna apariencia. El hecho es que no hay ningún “yo” que exista de forma sólida en absoluto, sin importar la apariencia que imaginemos que tiene.

Diferenciar el “yo” falso del “yo” convencional

Como practicantes tántricos, diferenciamos entre lo que se conoce como el “yo” falso y el “yo” convencional. Básicamente, sí existimos (en términos del “yo” convencional”), pero no existimos en la forma de un “yo” falso, el cual es una mera fantasía ilusoria y no corresponde a nada real.

Convencionalmente, el “yo” es algo que cambia todo el tiempo y es imputado sobre una continuidad individual ininterrumpida de surgimiento de apariencias (apariencias de objetos, sensaciones, emociones, pensamientos, y apariencias de hacer, decir y pensar cosas). Es imputado, tanto sobre el surgimiento, como sobre la experiencia subjetiva de esas apariencias, así como sobre las apariencias mismas. Son inseparables. En pro de la simplicidad, hablemos del “yo” convencional simplemente como algo imputado sobre una continuidad individual de apariencias de cuerpo, palabra y mente.

¿Qué significa ser “algo imputado”? Consideren el ejemplo del movimiento. El movimiento es algo imputado en dependencia de un objeto localizado en una continuidad individual de posiciones secuenciales. Todos podemos ver el movimiento de un objeto que se desplaza, pero este movimiento no puede ser encontrado como una “cosa” concreta dentro del objeto en cualquiera de las posiciones. Esto no significa, sin embargo, que no exista tal cosa como el movimiento. Convencionalmente hay movimiento, pero no podemos localizarlo en ningún objeto en un instante de tiempo y, al final, solo sucede un momento a la vez.

De forma similar, el “yo” es algo imputado en dependencia de una continuidad individual de apariencias siempre cambiantes de un cuerpo, palabra y mente a lo largo de una vida entera (y a lo largo de todas las vidas pasadas y futuras también). Aunque es imputado de forma dependiente sobre dicha continuidad, no puede ser encontrado como una “cosa” concreta (es decir, el “yo” falso) en el interior de ningún momento de la apariencia de cuerpo, palabra y mente. Como en el caso del movimiento, convencionalmente tal cosa como un “yo” existe, simplemente no podemos localizarlo. No está en ninguna célula del cuerpo, en ninguna de las acciones del cuerpo, en el sonido de ninguna palabra del habla, o en ningún pensamiento, emoción, entendimiento, o en ningún otro lugar. Y aun así, si preguntamos, “¿quién aparece?”, tendríamos que responder: “¡solo soy yo!”. No es otra persona y no es nadie. Este es el “yo” convencional.

Ahora una pregunta más profunda, ¿qué es lo que establece la existencia de semejante cosa convencional como son el movimiento o el “yo”? En otras palabras, ¿qué explica el hecho de que todo el mundo pueda ver tanto al movimiento como a mí? Tampoco hay nada que se pueda encontrar dentro de un instante de un objeto localizado consecutivamente en diferentes lugares o en el interior de un momento de una continuidad individual de las apariencias de un cuerpo, palabra y mente.

Lo único que podemos decir es que está el concepto de “movimiento”, con la palabra “movimiento” designada para él, etiquetada sobre un objeto en diferentes lugares en momentos secuenciales. Convencionalmente, entonces, el movimiento es meramente a lo que el concepto y la palabra se refieren sobre la base de un objeto que está consecutivamente en diferentes lugares. Sin embargo, nuevamente, aún no podemos encontrar ese “yo” convencionalmente existente. Pero eso no invalida su existencia convencional o nuestra percepción válida de él.

De manera similar, lo único que podemos decir es que está el concepto de “yo”, con la palabra “yo” designada para él, que está etiquetada sobre una continuidad individual, interminable y sin principio de apariencias de un cuerpo, palabra y mente, y la experiencia subjetiva de ellos. Convencionalmente, “yo” es a lo que el concepto y la palabra se refieren sobre la base de tal continuidad individual. Y, de nuevo, aún no podemos encontrar ese “yo” convencionalmente existente. Y, de la misma forma, eso no invalida su existencia convencional o nuestra válida percepción de él.

En resumen, ya sea que estemos analizando en un nivel convencional o en el nivel más profundo, nunca podemos señalar y encontrar este “yo” convencional. Sin embargo, cuando no lo estamos analizando, entonces sí: “aquí estoy, estoy aquí sentado, te estoy hablando”. No es ninguno de los dos extremos: no es que nadie te esté hablando y tampoco es que un “yo” falso que exista sólidamente sentado en algún lugar dentro de mi cabeza te esté hablando.

Como practicantes tántricos, entendemos todo eso y practicamos en consecuencia. Cuando remplazamos nuestra apariencia ordinaria con la apariencia de un buda en la forma de una figura búdica, deconstruimos y desechamos todo aferramiento a que nuestra apariencia ordinaria o nuestra apariencia pura sean el “yo” falso que existe sólidamente. Entendemos que el “yo” convencional es algo que surge por mera dependencia, imputado de la misma manera en ambos tipos de apariencia de un cuerpo, palabra y mente, y ambos igualmente etiquetados con el concepto “yo” y designados con la palabra “yo”.

Las personas delirantes que imaginan que son Mickey Mouse no entienden nada de esto. Niegan la existencia convencional de ellos mismos en su apariencia ordinaria e identifican su “yo” falso con Mickey Mouse.

Imputación válida

Ahora podríamos preguntar: ¿es nuestro “yo” convencional algo imputado de forma válida, tanto sobre nuestra apariencia ordinaria como sobre nuestra apariencia pura, y etiquetado de forma válida en ambos con el concepto “yo” y designados ambos igualmente con la palabra “yo”? En pro de la simplicidad, nos referiremos a las tres relaciones como “imputación”. La respuesta simple a esto es sí, ambas son válidas.

El “yo” convencional es algo imputado sobre una continuidad mental individual de las apariencias momento a momento de un cuerpo, palabra y mente, y la experiencia subjetiva de ellos que sigue de forma consecutiva de acuerdo a un proceso causal. A lo largo de esa continuidad, nuestro “yo” convencional es algo imputado de forma válida sobre las apariencias de un cuerpo, palabra y mente que surgen y son experimentadas de forma subjetiva ahora mismo, pero es algo también imputado de forma válida sobre aquellos que surgieron y fueron experimentados como un bebé. Entonces también era “yo”. Asimismo, “yo” es algo imputado de forma válida (si vivimos los suficientes años) sobre las apariencias de un cuerpo, palabra y mente que surgirán y serán experimentadas subjetivamente en la vejez.

Por supuesto, estamos cambiando todo el tiempo (ciertamente no somos la misma persona que cuando éramos bebés), pero existe una continuidad del “yo” convencional. Los diferentes potenciales y tendencias acumulados por el hábito en esta continuidad mental, en conjunción con las circunstancias y condiciones que están siempre cambiando, producen todas estas apariencias. ¿Pero pueden verdaderamente producir la apariencia de este “yo” convencional como un buda en la forma de una figura búdica y no sólo en nuestra imaginación? Esta es nuestra pregunta.

Factores de naturaleza búdica

Para responder a esto, necesitamos mirar más detenidamente los factores de naturaleza búdica que son partes integrales de nuestra continuidad. Algunos de ellos cambian todo el tiempo, mientras que la vacuidad de nuestra continuidad (el hecho de que no existe verdaderamente como algo sólido que no es afectado por nada) permite ese cambio. Esos factores que cambian constantemente incluyen aparecer y actuar con un cuerpo, comunicar con el habla, y pensar, sentir y entender con una mente. Como respuesta a las circunstancias externas, lo que afecta internamente a esos cambios sobre cómo aparecen y lo que hacen, son nuestros entramados de potencial positivo y darse cuenta profundo, las llamadas “colecciones de mérito y sabiduría”. Si analizamos de forma más amplia cómo funcionan, podemos entender los cambios más plenamente.

Siempre que hacemos, decimos o pensamos algo, eso desarrolla una fuerza potencial en nuestra continuidad mental. Las fuerzas se entretejen para producir resultados. De acuerdo con las circunstancias, este entramado de potencial da lugar a las apariencias de nuestro cuerpo, palabra y mente y a que repitamos nuestros tipos anteriores de comportamiento físico, verbal y mental. Además, este potencial puede ser positivo, que surge de un comportamiento constructivo, tal como ayudar a alguien con amor y compasión, o negativo, que surge de un comportamiento destructivo, tal como gritarle a alguien con enojo.

Cuando este potencial no está dedicado a ninguna meta o está dedicado a alguna meta mundana, por ejemplo, volverse rico o gustarle a todo el mundo, da surgimiento a las apariencias ordinarias de un cuerpo, palabra y mente. Este es el caso, sea un potencial positivo o negativo. Sin embargo, cuando el potencial positivo se dedica a lograr la iluminación, con el tiempo dará surgimiento al cuerpo, palabra y mente de un buda. Si el potencial positivo es construido mientras nos imaginamos como un buda en la forma de una figura búdica, con el tiempo dará surgimiento al cuerpo, palabra y mente de un buda en esta forma.

Otro factor crucial, no obstante, es nuestro entendimiento de la vacuidad. Actuar, hablar y pensar con un correcto entendimiento de la vacuidad construye un entramado de darse cuenta profundo. Por otro lado, el hacer estas cosas con ignorancia y aferrarse a una existencia verdaderamente establecida, construye una tendencia a repetir ese aferramiento y un hábito de aferrarse que impide nuestra iluminación.

En la práctica del tantra, entonces, nos imaginamos como un buda en la forma de una figura búdica que actúa, habla y piensa de una forma positiva; y continuamos imaginándonos de esta forma mientras realmente ayudamos a los demás. Hacemos esto con un correcto entendimiento de la vacuidad y dedicando la fuerza positiva a nuestra iluminación. Al hacer esto desarrollamos entramados “constructores de iluminación” de fuerza positiva y darse cuenta profundo. Como las baterías cuando están completamente cargadas con potencial, estos sistemas hacen que nuestros factores de naturaleza búdica de cuerpo, palabra y mente den surgimiento a las apariencias de ellos como un buda verdadero en la forma de una figura búdica, y a que actuemos como uno de ellos.

El hecho de que aparezcamos verdaderamente así es algo que definitivamente puede suceder cuando todas las causas están completas, así como que aparezcamos como una persona mayor puede suceder definitivamente si vivimos los suficientes años. En ambos casos, ya sea como una persona mayor o como un buda, todavía se tratará del “yo” convencional. Debido a esto, es válido imputar el “yo” convencional sobre nuestra forma de buda que aún no acontece que aparece como una figura búdica.

En resumen, cuando revisamos los factores conocidos como “naturaleza búdica”, entonces es absolutamente posible que en el futuro podamos experimentar el ser un buda. Con el tantra, imaginamos que ya somos budas, y así ponemos la etiqueta “yo” sobre algo en nuestra mente que representa a los budas que aún no acontecen, en los cuales nos convertiremos. Nos damos cuenta de que no estamos ahí todavía, pero que la práctica continua actuará como una causa para convertirnos realmente en un buda que esté aconteciendo en el presente en la forma de una figura búdica.

Ahora, las personas delirantes no tienen esto en absoluto. Las personas con delirios verdaderamente piensan que son Mickey Mouse o Napoleón o Cleopatra, o incluso podrían pensar que son Avalokiteshvara o Buda, o Jesucristo para el caso. Podríamos volvernos completamente delusivos, al pensar que somos una deidad o un buda que existe de forma sólida ahora mismo, pero esto es una auténtica locura. Podríamos incluso llevarlo al nivel ridículo de pensar, por ejemplo, que podemos atravesar paredes y cosas así, pero al final solo vamos a aplastarnos contra el muro. Por lo tanto, conocer la realidad de lo que está sucediendo es absolutamente crucial en el tantra, porque de otra forma podemos volvernos locos.

Cuando cambiamos de una autoimagen negativa a una positiva, lo hacemos sobre la base de entender la realidad de las autoimágenes. En lugar de una autoimagen negativa de lo que soy o de mis características (que soy una persona estúpida o incapaz de entender nada o lo que sea) la cambiamos por una autoimagen positiva. Podemos entender, podemos tener claridad mental, rebosamos compasión. Usamos el tantra como un método para ser capaces de desarrollar verdaderamente estas cualidades, sabiendo perfectamente que todavía no están ahí, pero que si acumulamos sus causas, entonces verdaderamente podemos tenerlas por completo. Las personas con delirios no tienen nada de esto.

Cultivar la dignidad de ser un buda en la forma de una figura búdica

Cuando hablamos de tener la dignidad o el orgullo de una deidad, esto no se refiere al orgullo o la arrogancia en un sentido confuso. Simplemente significa que verdaderamente nos sentimos así. Para decirlo más claramente, imaginamos que somos Avalokiteshvara y sentimos: “Esto es lo que soy, esto es quien soy”, incluso si sabemos que no estamos ahí todavía. Sin embargo, como método, imaginamos que ya lo estamos y tenemos el orgullo o la dignidad de serlo. Etiquetamos el “yo” sobre lo que estamos visualizando, y no sólo de forma estética, sino que debe incluir todas las cualidades de Avalokiteshvara: compasión infinita equitativa por todos.

Es realmente un método maravilloso porque tener esta dignidad, prefiero traducir “orgullo” como “dignidad”, nos previene de actuar como un idiota o de forma verdaderamente cruel. ¿Cómo podría Avalokiteshvara no querer ayudar a esta persona? ¿Cómo podría Avalokiteshvara estar demasiado cansado u ocupado? ¿Cómo podría simplemente no importarle a Avalokiteshvara? Si tenemos nuestra autoimagen ordinaria, confusa, entonces sí, no podemos hacer nada, somos incapaces. Ni siquiera lo intentamos. Pero si somos Avalokiteshvara, incluso si no somos capaces de ayudar a los demás, aun así nos encantaría ser capaces de ayudar; tendremos compasión, el deseo de que estén libres del sufrimiento y de sus causas. La dignidad de ser Avalokiteshvara nos impide tener un corazón frío y cerrado. Es verdaderamente un método fantástico y bello. Las personas con delirios no tienen nada de esto.

Nuestra apariencia como figura búdica es como una ilusión

Aunque las cosas aparecen como verdaderamente establecidas ante nuestra mente no iluminada, sin embargo, esta apariencia es sólo como una ilusión. La palabra “como” aquí es muy importante, porque implica que las cosas no existen realmente como parecen, de la misma forma en que una ilusión parece real, pero no corresponde a nada real. Incluso nuestra apariencia como una figura búdica mientras no estamos iluminados es como una ilusión. Entendemos esto, mientras que las personas con delirios verdaderamente se creen la ilusión. No reconocen que las cosas son sólo como una ilusión, lo que hace una gran diferencia.

Motivación

Otra diferencia importante es la motivación. En la práctica del tantra, nuestra motivación es la bodichita, en la que nos dirigimos hacia nuestra propia iluminación futura que aún no ha acontecido, y lo hacemos con el fin de ser del mejor beneficio para todo el mundo. La figura búdica que imaginamos que somos representa esta meta e imaginamos que cualquier cosa que hacemos beneficia a los demás. Nuestra motivación de bodichita está basada en el amor y la compasión universales.

Por lo tanto, imaginarnos como una figura búdica todo el tiempo, o tanto como sea posible, nos ayuda a mantenernos enfocados con bodichita hacia lo que estamos anhelando, lo cual es la iluminación. Todo el propósito del hecho de imaginarnos así es ser capaz de beneficiar a los demás tanto como sea posible (bodichita) y esto nos ayuda a superar nuestra preocupación por nosotros mismos y nuestro egoísmo. Por otro lado, una fantasía delirante es aún más egocéntrica, con la persona atrapada en su pequeño mundo y sin ninguna motivación de lograr la iluminación o ayudar a los demás.

Prácticas preliminares

Como practicantes tántricos, a menudo nos involucramos en prácticas preliminares para purificarnos de obstáculos y potenciales kármicos negativos del pasado, así como para construir fuerza positiva que asegure el éxito en la práctica. Hay muchas prácticas de purificación, como las postraciones y la meditación de Vajrasatva (que implica el reconocimiento de nuestras faltas, hacer una firme resolución de no repetirlas basados en el arrepentimiento, reafirmar nuestra dirección segura y significativa en la vida, y aplicar medidas oponentes para contrarrestarlas), así como prácticas para construir fuerza positiva, como las ofrendas del mándala y el yoga del gurú. Con todo esto, estamos bien preparados para las visualizaciones tántricas.

Las personas con delirios no hacen preparación alguna para imaginarse que son Mickey Mouse.

Empoderamiento (Iniciación)

El siguiente punto es que el yoga de la deidad es realizado en función de haber recibido un empoderamiento, el cual es llamado a veces “iniciación”. Durante este evento, los procedimientos que imaginamos que suceden, tal y como se describen y son llevados a cabo por el maestro espiritual, activan nuestros factores de naturaleza búdica para dar surgimiento a las apariencias de la figura búdica.

El empoderamiento nos vincula a un linaje de miles de años de práctica de otras personas que han hecho lo mismo. Nos da la seguridad y nos garantiza que lo que estamos haciendo es un método probado con el tiempo y que ha funcionado (no estamos inventándolo) así que no nos sentimos locos. Recibimos el permiso para hacer estas prácticas, y el hecho de que las empecemos a hacer se vuelve un evento espiritual especial.

Las personas delirantes carecen completamente de esto y, por el contrario, a menudo se sienten solas.

Relación con un maestro espiritual

Tras el empoderamiento, la práctica del yoga de la deidad se realiza bajo la tutela y supervisión de un maestro espiritual (o gurú), por lo tanto, no hay incertidumbre sobre ello. Es exactamente como cuando se sigue la prescripción de un doctor, y el maestro puede contestar todas nuestras preguntas. El maestro también sirve como ejemplo en vida de lo que estamos anhelando alcanzar y, por lo tanto, nos inspira a seguir sus pasos.

En lo que respecta a las personas con delirios, bueno, incluso si van a Disneylandia y le piden permiso a alguien disfrazado de Mickey Mouse para convertirse en Mickey Mouse y para que les oriente sobre cómo comportarse como Mickey Mouse, ¡eso es de locos! No es lo mismo.

Votos, compromisos y confidencialidad

En un empoderamiento, tomamos diferentes conjuntos de votos. Algunos están relacionados con nuestro comportamiento ético y otros (los votos del bodisatva) son para evitar hacer, decir o pensar algo que podría poner en peligro nuestra habilidad de ayudar a los demás. En algunos casos, también tomamos votos tántricos para evitar hacer algo que pudiera poner en peligro el éxito de nuestra práctica de tantra. Además, tomamos el compromiso de hacer varias prácticas de meditación a diario por el resto de nuestra vida.

El hecho de mantener estos votos y compromisos de forma pura requiere una fuerte disciplina y necesitamos tomarlos de forma muy seria para continuar sosteniéndolos con un firme esfuerzo consciente. Las personas con delirios son totalmente inconscientes de lo que están haciendo realmente y ciertamente no han tomado ningún voto para moldear su comportamiento ni hicieron el compromiso de realizar una práctica diaria de ser Mickey Mouse.

Los practicantes tántricos están fuertemente instruidos en que mantengan su práctica confidencial y oculta, porque es un asunto privado. No debe hacerse de ellas algo de otro mundo, y ciertamente no deben ser anunciadas en las redes sociales. Las personas con delirios a menudo se jactan o son arrogantes acerca de lo que hacen, o hacen una exhibición pública de sus fantasías. Recuerdo a una mujer en Dharamsala, India, que estaba completamente perturbada y pensaba que era Tara. Se quitaba toda la ropa y corría por el mercado proclamándose como Tara. Esto no es lo que hacemos con una práctica de tantra apropiada.

Recapitulación

En resumen, el yoga de la deidad es realizado dentro de un amplio marco de:

  • Querer deshacernos de nuestros problemas.
  • Darle una dirección segura a nuestra vida como una forma de superar esos problemas.
  • Seguir los principios de causa y efecto conductual como la forma en que abordamos los problemas y sus causas.
  • Renunciar a nuestra autoimagen ordinaria engañosa y usar una imagen pura para ser capaces de ayudar a los demás y mantener nuestro enfoque en la iluminación.
  • Entender que no es real sino como una ilusión, sin embargo, es válido, ya que podemos lograrlo en el futuro.
  • Recibir autorización y empoderamiento para hacer la práctica, con base en habernos preparado para esto con prácticas preliminares.
  • Recibir orientación de un maestro espiritual calificado que ha tenido experiencia exitosa en la práctica.
  • Estar vinculados a un largo linaje de personas que han realizado la práctica satisfactoriamente y que han alcanzado la iluminación mediante ella, lo cual nos brinda seguridad.
  • Mantener la disciplina de los compromisos aceptados y los varios votos que tomamos en términos de nuestro comportamiento ético e interacción con los demás.
  • Mantener nuestra práctica confidencial y privada, y ser humildes sobre ella.

Hablando de forma general, las personas con delirios carecen de todo lo antedicho.

Esta es la presentación de las diferencias entre el hecho de imaginarnos como un buda en la forma de una figura búdica en el contexto de una práctica adecuada de tantra, y las personas delirantes que se imaginan que son Mickey Mouse.

Si más adelante en nuestra práctica de tantra nos empezamos a preguntar: “¿Qué diantres estoy haciendo? ¡Esto es de locos!”, entonces debemos leer toda esta lista de control para asegurarnos que todos los factores están presentes, o si hay alguno que falte o sea débil.

El yoga de la deidad es un método para lograr la iluminación así que, por supuesto, necesitamos entender realmente que es totalmente posible lograr verdaderamente la iluminación. Todos los puntos antedichos son muy importantes, porque si no conocemos la realidad de lo que estamos realizando, entonces, en lugar de convertirnos en una persona loca que se imagina que es Mickey Mouse, nos convertimos en una persona loca que se imagina que es Avalokiteshvara o Tara. Entonces el yoga de la deidad se convierte en un camino a la locura, en vez de a la iluminación.

Se dice en todos los textos que la práctica del tantra es peligrosa, ¡y hay una razón para ello! El punto principal es que debe ser practicado dentro del contexto de todas estas variables que hemos contemplado aquí. De otra forma, es fácil desviarse. Esta es la razón por la cual es tan importante tener la orientación e inspiración de un maestro espiritual calificado que nos ayude a mantenernos en el camino correcto.

Preguntas

¿Estas figuras búdicas son seres reales o son creaciones de la mente, por ejemplo, Avalokiteshvara como manifestación de la compasión?

Esta es una pregunta muy compleja. Según la tradición, algunas figuras búdicas, tales como Avalokiteshvara y Tara, son seres vivos reales con sus propias continuidades mentales. Tara, por ejemplo, fue una bodisatva que tomó el voto de aparecer siempre con una forma femenina, hasta convertirse en una buda, para inspirar y animar a las mujeres en el sentido de que ellas también pueden lograr la iluminación. Un buda puede, por supuesto, manifestarse en cualquier forma que beneficie a los demás, incluyendo la forma de Tara. Pero esto no significa que la continuidad mental de ese buda se convierta en la continuidad mental del ser individual. Las continuidades mentales siempre permanecen individuales y nunca se fusionan.

Hay otras figuras que podrían no necesariamente haber tenido sus propias continuidades mentales, pero como las que un buda puede manifestarse, como Kalachakra. No hay recuentos de un Kalachakra que haya sido nunca un ser vivo individual, pero el Buda se manifestó de esta forma para enseñar el Tantra de Kalachakra. Por lo tanto, eso es desde la perspectiva de un buda.

Desde nuestra perspectiva como practicantes, en el tantra anutarayoga, la clase superior de tantra, hablamos del nivel más sutil de la mente y la energía, el cual todos los seres tienen, incluyendo cuando se convierten en seres iluminados. Esta energía más sutil puede ser moldeada para aparecer en cualquier forma. Cuando los budas se manifiestan en todas estas formas de figuras búdicas, es debido a su energía más sutil. En nuestro nivel de práctica, no podemos manifestar nuestra energía más sutil en cualquier forma, e incluso en niveles avanzados cuando podemos hacerlo, no podemos mantenerla todo el tiempo. Ahora, en nuestro nivel, cuando nos imaginamos en estas formas, son meramente representaciones de lo que todavía no hemos logrado.

Así que la pregunta interesante es, ¿son entonces solamente imaginación? ¿Qué significa que sean solamente pura imaginación? Si estamos familiarizados con la práctica de tantra, tenemos dentro una sadhana (una sadhana es una práctica de meditación para actualizarnos como una figura búdica), una visualización de nosotros mismos en lo que se llama “figura de vínculo estrecho”, a veces traducido como “ser de compromiso”, con un mandala de vínculo estrecho a nuestro alrededor. Entonces convocamos a lo que yo llamo el “ser de darse cuenta profundo”, también llamado “ser de sabiduría”, para fundirnos con él.

Siempre pensé, e imagino que muchas personas más también, que la forma de vínculo estrecho era aquello con lo que habíamos creado un vínculo estrecho para lograr realmente la forma. Y siempre pensé que era puramente imaginario, mientras que aquellos de darse cuenta profundo eran esos seres que verdaderamente provenían de las tierras búdicas. Pero mi maestro Serkong Rinpoche dijo que, en una cierta etapa del camino, creo que es la segunda (el camino de la aplicación) se pueden recibir realmente enseñanzas de una pintura, de una estatua, y también de los seres de vínculo estrecho y de darse cuenta profundo. Así que no es solamente nuestra imaginación; cuando se alcanza cierto nivel, puede funcionar como un buda real.

Por lo tanto, ¿estas figuras búdicas son imaginarias? ¿Son reales? ¿Qué queremos decir con “real”? ¡Se pone complicado! Es como las estatuas y las thangkas (pinturas en rollo), para las cuales tenemos lo que en tibetano se llama “rabney”, lo cual es a veces traducido como “consagración”. En este ritual, el aspecto de darse cuenta profundo es convocado y fusionado con las estatuas o las pinturas, de forma que postrarse y hacerles ofrendas es lo mismo que hacerlas a un buda real. En el texto “Involucrarse en la conducta del bodisatva”, el maestro indio Shantideva escribió que se construye tanto potencial positivo haciéndole ofrendas a una estupa (monumento relicario) de un buda como a un buda real. ¿Es esto adoración de ídolos? Bueno, no realmente. Uno tiene que entender que se reciben enseñanzas de cualquier cosa, incluso del viento, cuando se está en un nivel avanzado.

Así que, en un nivel, las figuras búdicas representan lo que todavía no ha sucedido, pero puede suceder. En otro nivel, estas figuras son un nivel diferente en el cual nuestra energía más sutil puede manifestarse. En otro nivel, las estamos imaginando. Pero en otro nivel, podemos incluso recibir enseñanzas de ellas como lo haríamos de un buda. Y algunas de estas figuras están basadas en seres vivos reales con su propia continuidad mental, y otras no.

¿Está bien si nos visualizamos en la forma de una figura búdica que nos sea más familiar, como Jesús o María, en vez de en la forma de estas figuras indias tradicionales con las cuales nos es más difícil relacionarnos?

Por lo general, esta no es una buena idea, porque es bastante irrespetuosos con las otras religiones, como por ejemplo el cristianismo, incluso si lo mantenemos en privado y no se lo contamos a nadie. Es casi como si estuviéramos convirtiendo a Jesús y a María en budistas. Esto no significa que no podamos visualizar a Jesús o a María frente a nosotros e inspirarnos por sus buenas cualidades, e incluso imaginar olas de inspiración provenientes de ellos en la forma de luces de colores. Pero lo que sería inapropiado e irrespetuoso sería imaginarnos a nosotros mismos como Jesús o María.

Mencionaste que hay figuras búdicas que el Buda manifestó que tienen sus propias continuidades mentales, como Tara, y otros que no, como Kalachakra. De forma similar, Mickey Mouse no tiene su propia continuidad mental y ni siquiera vivió. ¿Así que cual es la diferencia entre el Buda manifestándose como Kalachakra o como Mickey Mouse?

Nuevamente, esto es un tema complejo. El Buda se manifestó como Kalachakra como un medio hábil para ayudar a los demás a lograr la iluminación. Los diferentes brazos y caras representan varios aspectos de lo que estamos purificando, el camino que los purifica, y el nivel resultante que se logra.

Otro aspecto es que en varios momentos a lo largo de la historia en los que las formas diferentes de estas figuras búdicas se han popularizado demasiado, es como si se hubieran viciado y su práctica se ha vuelto menos efectiva. En esos momentos, a menudo el Buda se ha manifestado a varios maestros altamente realizados en visiones puras en formas diferentes de las figuras búdicas clásicas. Así, las prácticas tántricas evolucionaron, basadas en esas figuras recientemente reveladas.

Mickey Mouse es un ejemplo un poco difícil, así que usemos a Blanca Nieves. Si alguien afirmara que tuvo una visión del Buda en la forma de Blanca Nieves con los siete enanitos, y que ahora enseña el Tantra de Blanca Nieves, la gente pensaría que esto es de locos.

La prueba de una enseñanza válida de una visión pura es que los yoguis calificados la ponen en práctica y logran los resultados que se dice que uno debería lograr con dicha práctica. En otras palabras, logran la iluminación. Por ejemplo, el Buda se ha manifestado como Tara en al menos 21 formas diferentes. Estas son las famosas “21 Taras”. Es posible que alguien pudiera tener una visión pura del Buda manifestándose como Tara en la forma de Blanca Nieves en un mandala con los siete enanitos, quienes representarían las siete joyas de los Aryas, en la que el color blanco de Blanca Nieves representa la purificación. Es un poco disparatado, pero está dentro del ámbito de la posibilidad de lo que sería consistente con la tradición budista. ¡Pero tendría que haber una muy buena razón para semejante manifestación de Tara como Blanca Nieves!

Así, solo por diversión, podemos analizarlo de esta manera. Pero tengan en cuenta que las personas con delirios no pensarían que son budas manifestándose en la forma de Blanca Nieves como un medio hábil para ayudar a la gente a alcanzar la iluminación. ¡Ellos creen que realmente son la verdadera Blanca Nieves! Es una gran diferencia.

Resumen

El tantra a menudo es comparado con una caña de bambú: o trepas completamente hasta arriba o te deslizas hasta el fondo. La práctica del tantra debe estar asentada en sólidos antecedentes de conocimiento y experiencia budista básica; de otra forma, nos arriesgamos a usar las prácticas de una manera que incremente, en lugar de disminuir, nuestros engaños.

El yoga de la deidad podría parecer similar a simplemente imaginar que somos Mickey Mouse, pero las diferencias son claras. El yoga de la deidad nos proporciona los métodos para superar nuestra autoimagen ordinaria, engañosa, y la sustituye por algo totalmente puro que podemos usar para llevarnos hasta alcanzar nuestra futura iluminación que aún no ha acontecido, que se encuentra presente en este momento.

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