Considerar a los demás como maestros de paciencia

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Ver a los demás como maestros respetados

El verso seis de nuestro texto de ocho versos expresa un sentimiento similar al que Togme Zangpo comunica en el verso que citamos anteriormente en nuestra discusión sobre el verso cinco, en el que se refiere a alguien que hemos criado y apreciado como nuestro propio hijo y que nos considera como un enemigo. Consideramos a tales personas con la amabilidad amorosa especial de una madre hacia su hijo enfermo.

(6) Aún si alguien a quien he ayudado y de quien abrigo grandes expectativas me dañara de manera completamente injusta, pueda yo verlo como un maestro consagrado.

En este ejemplo, no solo consideramos a la otra persona como una madre hacia su hijo, sino que también la vemos como nuestra maestra de paciencia. Puede ser particularmente difícil cuando las personas con las que hemos sido muy amables y a las que hemos ayudado mucho, dan un gran giro y actúan de manera cruel, son indiferentes, hacen algo muy desconsiderado o nos lastiman de forma completamente injusta. ¿Cómo lidiamos con esto? Hay muchos ejemplos de este tipo de situaciones, como cuando los adolescentes actúan irrespetuosamente o incluso cuando nuestros amigos son desleales con nosotros. Cuando esto sucede, ¿acaso no nos sentimos muy decepcionados? Tenemos grandes expectativas, lo que obviamente no es útil en absoluto. Shantideva proporciona una muy buena manera de lidiar con esto:

(VIII. 22) Si los seres limitados, con disposiciones variadas, no podrían ser complacidos ni siquiera por el Triunfante, ¿qué necesidad de mencionar a los pobres como yo? Por lo tanto, permítanme renunciar a mi preocupación por la gente mundana.

En otras palabras, ¿por qué preocuparse de agradarles a todos? Ni siquiera el Buda podía complacer a todo el mundo. El Buda era muy amable; sin embargo, gente como su primo Devadatta aún trataba de hacerle daño. ¿Qué esperamos? ¿Creemos que vamos a ser capaces de complacer a todos y que todos serán amables con nosotros? Si no a todo el mundo le agradaba el Buda, ¿qué podemos esperar de nosotros? Shantideva afirma, además:

(VI. 54) La aversión de otros por mí – eso no me devorará, ni en esta vida ni en ninguna otra vida; entonces, ¿por qué me parece indeseable?

Básicamente, no deberíamos preocuparnos por disgustarles a otros.

Circunstancias y situaciones que nos hacen crecer

(VI. 65) Y hacia aquellos que lastimen a mis maestros espirituales, a mis familiares y demás, y también a mis amigos, mi ira será evitada, al haber visto que esto surge de condiciones, como en la manera anterior.

Si somos muy amables con alguien y, a cambio, a veces nos trata mal, debemos entender que "esto surge de condiciones". Su forma de tratarnos proviene de nuestro karma anterior y del karma pasado de la otra persona. Es importante entender que hay muchos factores que afectan la naturaleza de nuestra relación con los demás. Desarrollar este tipo de conciencia nos ayuda a desarrollar la paciencia. Shantideva continúa:

(VI. 111) Por lo tanto, dado que la paciencia surge en dependencia de su agresiva intención, éste mismo es apto para ser honrado como el sagrado Dharma, porque es una causa de mi paciencia.

Este verso se refiere a tomar a la otra persona como nuestro maestro de paciencia. En este ejemplo, la paciencia surge en dependencia de que él o ella sea desagradable. En las 37 Prácticas del bodisatva, Togme Zangpo también analiza ver a los demás como nuestro maestro espiritual de paciencia:

(15) La práctica de un bodisatva es, aun si alguien expone nuestras faltas o dice palabras horribles (sobre nosotros) en medio de una reunión de muchos seres errantes, hacerle una reverencia respetuosamente, reconociéndolo como nuestro maestro espiritual.

La enseñanza reflejada en este verso es muy útil. Me acuerdo de cuando estaba traduciendo frente a un grupo de personas para Serkong Rinpoche. Si yo no entendía algo o cometía un error, Rinpoche no seguía hasta que yo hubiera entendido correctamente. No importaba lo avergonzado que me sintiera o lo incómodo que fuera para todos los que estaban allí, tenía que entenderlo y hacerlo bien o no me dejaba seguir. Siempre se daba cuenta cuando yo no entendía algo y me decía: "Traduce de nuevo para mí lo que entendiste de lo que acabo de decir". A menudo, me ponía nervioso si todavía no lo hacía bien, pero él lo repasaba una y otra vez hasta que lo entendía correctamente. Eso fue muy útil.

En otra ocasión, estaba traduciendo para Su Santidad el Dalái Lama frente a unas 10.000 personas. Recuerdo que después de traducir algo Su Santidad me señaló y se rio en su micrófono: "Ja ja ja, acaba de cometer un error". ¡Me sentí como una pequeña hormiga y sólo quería arrastrarme bajo la alfombra! Pero en vez de eso, sólo tenía que continuar, sin ponerme nervioso ni enfadarme.

Así es como nos enseña un gran gurú. Al exponer nuestras faltas frente a tanta gente, nos enseña a no desarrollar este sentido de sobre-preocupación personal o el egoico "pobre de mí". Aprendemos a mantener nuestra compostura y simplemente seguir adelante. En general, el mejor maestro es aquel que nos proporciona las circunstancias para ponernos a prueba.

También de las 37 Prácticas del bodisatva:

(17) La práctica de un bodisatva es, aun si un individuo, igual o inferior a nosotros, tratara de menospreciarnos por el poder de su arrogancia, recibirlo en la coronilla de nuestra cabeza respetuosamente, como a un gurú.

Incluso si alguien, que obviamente tiene menos buenas cualidades que nosotros, es muy arrogante y crítico o nos menosprecia, no debemos ser aún más arrogantes hacia esa persona. En cambio, debemos verla como un niño pequeño y aceptarla como nuestro gurú de paciencia.

Son este tipo de situaciones las que nos permiten crecer al aplicar las prácticas. Por lo tanto, esas personas son como un tesoro, como nuestro hijo enfermo, o son como nuestro gurú. Estas son las formas de ver a los demás cuando estamos en este tipo de situación. Así que, si alguien está actuando como un niño pequeño, diciendo: "Eres estúpido, yo sé más que tú", bueno, por supuesto que no necesariamente saben más, pero ¿qué vamos a hacer? ¿Acaso deberíamos responder: “¿Pequeño gusano, no sabes nada?". Este tipo de reacción no ayuda en absoluto. Tenemos que escuchar lo que dicen.

Además, cuando alguien que es mucho más joven o con menos experiencia y conocimientos que nosotros nos señala cosas, debemos darle las gracias. Aunque no tengan tanta experiencia como nosotros, a veces hacen muy buenas sugerencias. No importa si la persona es muy arrogante, aun así, decimos: "Gracias".

En realidad, la manera de evitar aumentar su arrogancia y su ego es darles las gracias y luego explicar lo que sugirieron a un nivel más profundo. Al explicar algo con mucho más detalle y profundidad de lo que proporcionaron, pueden comenzar a ver que tal vez no entendieron todas las implicaciones y aspectos. Tomar este enfoque muy suave puede ayudarlos a superar su arrogancia. 

Deshacerse de las expectativas

Volvamos al punto hecho al principio de este verso: Aún si alguien a quien he ayudado y de quien abrigo grandes expectativas me dañara de manera completamente injusta…  Esta línea plantea el punto de si es apropiado tener grandes expectativas con respecto a aquellos a los que hemos ayudado, incluso si esa expectativa es sólo un "gracias" o la idea de que nos van a retribuir.

Si nos fijamos en el Entrenamiento mental en siete puntos de Gueshe Chekawa, en el que presenta las dieciocho prácticas de vínculo estrecho, la octava práctica es: "Deshacerme de esperanzas de frutos". En otras palabras, tenemos que deshacernos de cualquier esperanza de que vamos a obtener algunos resultados de ayudar a esta persona, incluso un simple "gracias". De hecho, el último de los veintidós puntos para entrenar en este Entrenamiento mental en siete puntos es: "No desear gratitud". Ayudamos y enseñamos a los demás simplemente para ayudarlos, no para que nos agradezcan ni nada por el estilo.

Recuerdo un incidente de cuando estaba traduciendo para Serkong Rinpoche en Italia. Dondequiera que Rinpoche iba, la gente a menudo le hacía ofrendas de dinero. La costumbre es ponerlo en un sobre y presentarlo. Algunas personas solían hacer grandes espectáculos al presentar su ofrenda. No sólo en Occidente, sino también en la India podemos oír en puyas en los templos: "Este patrocinador donó tanto y ese donó tanto". A veces, los tibetanos leen la lista de donantes; sin embargo, ese no es realmente el espíritu o la esencia de las ofrendas. No hacemos ofrendas para ser honrados de esa manera.

Esta vez en Italia, un hombre entró y habló con Serkong Rinpoche y cuando se fue, puso muy discretamente un sobre con una ofrenda bastante grande en una mesa auxiliar junto a la puerta, sin hacer ningún espectáculo. Después de que se fue, Serkong Rinpoche me señaló que esa es la mejor manera de hacer una ofrenda. No hagas un gran espectáculo; no lo hagas por agradecimiento, por un reconocimiento o algo por el estilo. Conseguir un "gracias" no nos dará más méritos, más fuerza positiva. Recibimos la fuerza positiva de hacer la ofrenda, no de recibir el "gracias". De hecho, si esperamos un "gracias", entonces nuestra motivación no es realmente pura. El punto es hacer donaciones, no hacernos famosos como el gran donador, o tener algo, como un edificio, que lleve nuestro nombre o que pongan nuestro nombre en una placa en la pared. Ese no es el punto en absoluto.

Ahora, esto no significa que cuando alguien más hace algo amable o útil no le demos las gracias. Sin embargo, esto depende enteramente de la cultura. Por ejemplo, mis amigos indios me han explicado que a los indios les resulta muy insultante que se les agradezcan las cosas que naturalmente están haciendo para ayudarnos. Decir "gracias" implica que no pensamos que nos abrirían la puerta, que nos servirían una buena comida o harían algo ordinario como eso. Es más bien un insulto, como si pensáramos que nunca harían algo así por nosotros. Esta creencia se puede explicar en términos de todo el concepto indio del deber: "Estoy cumpliendo con mi deber de servirte". Pero, para los occidentales, este no es el caso. Agradecer a alguien no es sólo educado, también es un buen gesto para mostrar el aprecio y la gratitud.

Sin embargo, del lado de la persona que ha ayudado o enseñado, debe ser, por un lado, "como un tigre con hierba", como dicen: no estar demasiado entusiasmados por lo que han recibido. Y, por otro lado, deben ser agradecidos. Si alguien nos hace un cumplido, está bien decir: "Gracias. Estoy feliz de poder ser de alguna ayuda”.

Aplicación en la vida diaria y la meditación

Vi a alguien en Marruecos dar dinero a un mendigo de una manera oculta. Cuando le pregunté, me dijo que el agradecimiento vendrá de Alá, no hay que esperarlo de la otra persona.

Sí, esta es una idea similar; nuestro mérito o fuerza positiva no se fortalece por medio de la otra persona que nos dice "gracias". Pero si decimos "gracias", tenemos que decirlo en serio. No es como en México, donde la gente tiende a exagerar: "¡Maravilloso! Esto fue lo más maravilloso del mundo, fue increíblemente útil". Esa exageración no significa nada. Claramente, hay dos extremos. Algunas culturas no dicen nada, y no tenemos idea de si algo de lo que hicimos fue útil; el otro extremo es que hacen un espectáculo tan grande al agradecernos que pierde toda credibilidad y así, al final, no significa nada.

Podría ser útil examinar un poco si esperamos agradecimiento por la ayuda que damos a los demás. Una vez más, siempre recuerdo mi propia experiencia con mi maestro, Serkong Rinpoche. En los nueve años que serví como su intérprete personal y secretario para los occidentales, solo me agradeció dos veces la ayuda que le di, aunque le estaba ayudando mucho todo el tiempo. Personalmente, esto fue muy útil; aunque, para otras personas podría haber sido demasiado pesado. Una vez más, ¿qué esperaba? ¿Acaso lo hice para recibir una palmadita en la cabeza y para que me dijera "buen chico" y luego mover mi cola? ¿O estaba realmente motivado sólo por ayudarlo?

Lo que realmente me motivó a convertirme en traductor fue que valoré tanto las enseñanzas de Serkong Rinpoche y Su Santidad el Dalái Lama que parecía casi criminal que no tuvieran buenos traductores. Cuando fui por primera vez a la India, no había nada traducido; por lo tanto, quería poner sus enseñanzas a disposición de los demás porque sus enseñanzas eran muy valiosas. Es por eso que les serví; no era para recibir una palmada en la cabeza.

Pero, para las personas que necesitan aliento, un "gracias" es útil. En muchas culturas, la gente siente que es agradable ser agradecido; por lo tanto, de nuestro lado es importante dar las gracias a los demás. Sin embargo, el hecho de que esperemos un "gracias" y después nos sintamos decepcionados cuando no nos agradecen o insistamos en que nos agradezcan, no es útil. El punto es pensar ¿que podríamos esperar al ayudar a los demás? ¿Esperamos algo a cambio?

Algunas personas dicen que, cuando ayudamos a nuestros hijos o estudiantes, no debería ser con la esperanza de que nos ayuden, pero al menos con la esperanza de que ayuden a sus hijos en el futuro. Sin embargo, incluso eso es una expectativa.

Cuando la gente dice "gracias", podríamos sentirnos incómodos y descartarlo muy a la ligera. Eso también podría hacer que la otra persona se sienta incómoda.

Sí, es muy cierto. Cuando alguien dice "gracias" en inglés decimos: "De nada, estoy feliz de haber sido útil". Cuando alguien nos da algo, incluso si es algo que no necesitamos o queremos, uno de los votos del bodisatva es aceptarlo y no rechazarlo. Esto se debe a que estamos permitiendo que la persona acumule cierta fuerza positiva dando o haciendo algo por nosotros. Damos a los demás la oportunidad de practicar y desarrollar la generosidad.

Por ejemplo, cuando un niño de tres años nos hace un dibujo, tenemos que aceptarlo con gratitud. Esto es realmente bastante significativo para ayudar a desarrollar el carácter del niño, lo que le permite dar y ser apreciado. Sin embargo, si alguien continuamente nos da algo inútil, podemos hacer lo que Serkong Rinpoche hizo conmigo. Dijo: "No me traigas estas estúpidas katas (bufandas ceremoniales); no necesito que me traigas más katas o baratijas. Si quieres traerme algo, tráeme algo que me guste". Luego me dijo que le gustaban los plátanos. Después de eso, siempre le llevaba cosas que le gustaban. La gente les da tantas baratijas a los lamas. ¿Cuántas katas y cuántas cajas de incienso necesitan?

Cuando alguien nos da algo que realmente es basura, debemos aceptarlo. No tenemos que mostrarlo en nuestra casa; no tenemos que hacer nada. Podemos tirarlo o dárselo a otra persona, por ejemplo. Los lamas tibetanos a menudo reciben dulces, pasteles y cosas que no les gustan. La mayoría de ellos simplemente los regalan a la siguiente persona que los visita.

Sin embargo, una vez cuando viajaba por Occidente con Serkong Rinpoche, nos alojamos con una familia y la madre hizo un pastel de chocolate porque tenía muchas ganas de complacerlo. Pero a Rinpoche no le gustaban los dulces. Sin embargo, comió una pequeña rebanada para mostrar su agradecimiento. Le dijo a su asistente que consiguiera la receta del pastel porque estaba delicioso. Hizo que la madre se sintiera muy feliz de que había sido capaz de hacer algo para complacerlo.

Bien, por unos momentos, vamos a examinarnos a nosotros mismos:

  • Cuando ayudamos a los demás, o hacemos cosas por los demás, ¿esperamos un "gracias”?
  • ¿Qué esperamos?
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