4 Afirmar y acceder a nuestras habilidades naturales

La necesidad de medios pragmáticos

Imaginarnos lo que podría ser tener una sensibilidad perfectamente equilibrada como la de un buda, nos da cierta idea del objetivo que nos gustaría lograr. Comparar nuestro nivel actual de sensibilidad con este ideal, también nos ayuda a motivarnos para luchar por la consecución de la meta. Sin embargo, necesitamos más que el poder de nuestra imaginación para alcanzar este objetivo. Adicionalmente, necesitamos convicción de nuestra habilidad para alcanzarlo y una base realista desde la cual crecer.

El método de respiración de soltar y el uso de las imágenes de escribir sobre el agua y olas en el océano, pueden silenciar nuestra mente al menos de forma temporal. Podemos reforzar este estado si nos enfocamos en la sensación del aire que entra y sale por nuestras fosas nasales mientras respiramos normalmente. Un estado mental calmado nos sirve como una plataforma para alcanzar niveles más profundos de paz interior y para ver la realidad más claramente. Sin embargo, es difícil generar e implementar cualidades tales como la alegría, la calidez o una comprensión tierna, meramente invocándolas en nuestra imaginación. Apoyarse solamente en la aproximación racional de la lógica, tampoco es tan sencillo. Las enseñanzas sobre la naturaleza búdica sugieren medios más pragmáticos para acceder a un nivel trabajable de estas cualidades. Seguir estos métodos nos da confianza en que el objetivo es factible.

Naturaleza búdica

El Buda enseñó que todos, sin importar género, edad o raza, pueden evolucionar hasta el estado de madurez que él alcanzó. Esto es porque cada individuo posee los factores naturales que permiten la obtención de los entramados iluminadores. Él llamó a estos factores “naturaleza búdica”, los cuales se ordenan en tres grupos básicos. Vamos a presentarlos según su relación con el tema de la sensibilidad.

  1. Las características fundamentales que nos permiten tener equilibrio en nuestra sensibilidad, son las naturalezas de la mente del vacío de otro y el vacío de sí mismo. Nadie tiene una mente permanentemente confusa, con pensamientos interminables e imágenes acechantes. Nadie tiene un corazón eternamente plagado de emociones perturbadoras o sentimientos inquietantes. Más aún, nadie tiene una mente que exista inherentemente defectuosa o incapaz de estar equilibrada. Estas naturalezas del vacío de otro y del vacío de sí mismo son hechos permanentes. Solamente necesitamos darnos cuenta de ellos.
  2. Nuestra mente y nuestro corazón están dotados de manera natural de las cualidades básicas que nos permiten una sensibilidad equilibrada. Estas cualidades son parte de nuestro entramado innato de potenciales positivos y conciencia profunda (yeshey), nuestras “colecciones de mérito y sabiduría”. Así como el cuerpo de todas las personas contiene un estómago como parte de su sistema digestivo, el corazón y la mente de todos tienen un potencial para la calidez y una capacidad de comprensión como componentes de sus sistemas de fuerza positiva y darse cuenta. Estos componentes básicos tienen cierto nivel de fuerza en cada persona, como en el caso de los órganos físicos. Por ejemplo, todos tienen cierto nivel de potencial para la calidez y cierta cantidad de comprensión. Sin importar cuál sea el nivel o la cantidad, necesitamos solamente quitar los obstáculos que impiden que estos aspectos funcionen plenamente y desarrollarlos más (en fuerza, amplitud y profundidad).
  3. Nuestro corazón y nuestra mente pueden ser estimulados para crecer. Todos pueden ser inspirados por algo o alguien para alcanzar nuevas alturas. Este punto se explica en el hecho de que nuestros talentos pueden florecer en circunstancias favorables. Solamente necesitamos apertura y receptividad.

Los niveles base, camino y resultado

Los análisis budistas diferencian los niveles base, camino y resultado de ciertos fenómenos. Los factores que comprenden los entramados de potenciales positivos y conciencia profunda se encuentran entre ellos. Su nivel base es su presencia natural como rasgos de nuestro corazón y nuestra mente. Diversas prácticas pueden aumentar estas cualidades para que puedan funcionar a través de un rango más amplio de niveles en el camino. Estos niveles actúan como camino para alcanzar el nivel resultado: el funcionamiento completamente maduro de estas características como parte de los entramados iluminadores.

Dado que todos tienen al menos un nivel base de cualidades, tales como calidez y comprensión potenciales, todos podemos recordar un incidente en el que estuvieran funcionando en cierto grado. El recuerdo de la experiencia personal es usualmente más vívido que una situación imaginada. En consecuencia, el recuerdo de cierto sentimiento actúa como un trampolín más efectivo para generarlo nuevamente. Éste es el método que emplearemos en el próximo paso de nuestro entrenamiento.

Reconocer nuestro entramado de fuerza positiva

La fuerza o potencial positivo para beneficiar a los demás y a nosotros mismos, es el resultado del comportamiento constructivo, y cuando se actualiza produce felicidad y bienestar. El comportamiento constructivo se refiere principalmente a dos actividades: (1) ayudar a los demás y a nosotros mismos, y (2) refrenarnos de actuar, hablar o pensar bajo la influencia de emociones perturbadoras. Tal comportamiento es resultado de sentir una preocupación amorosa por alguien y del autocontrol. Por lo tanto, si todos poseemos cierto potencial de calidez como parte de nuestra naturaleza búdica, también debemos tener cierto nivel de felicidad como su resultado y cierto nivel de preocupación amorosa por alguien y autocontrol como sus causas. Si podemos reconocer y acceder a estas tres cualidades, podremos desarrollarlas más.

La felicidad o el bienestar se define como la sensación que, al experimentarla, nos gustaría que continuara o se repitiera. Esto no implica necesariamente estar apegados a la sensación. Podemos estar contentos y felices de ver a nuestros niños jugar, pero no apegarnos a esa experiencia cuando es su hora de dormir. Esta definición tampoco implica que una sensación que nos gusta deba ser intensa para que califique como felicidad. El suave gozo de relajarnos después de un día de trabajo no es dramático, pero es agradable y es algo que nos gustaría repetir.

Sin importar qué tan melancólicos o deprimidos estemos normalmente, todos hemos experimentado momentos que nos gustaría que continuaran. Casi todos hemos saboreado el gozo de estar en un parque un día cálido y soleado, o recostados en una cama calientita y acogedora por la mañana. Cómodos, contentos y felices de estar ahí, no tenemos el más mínimo deseo de estar en otro lado. Si recordamos los placeres simples de la vida, los podemos usar como cimientos para sentirnos cómodos, contentos y felices, no sólo de estar en un lugar en particular, sino también de estar con una persona en específico, sin que deseemos estar solos o con alguien más. Semejante estado mental relajado, forma la base para extender esa alegría a la otra persona.

Todos tenemos también un nivel básico de interés por los demás. Los biólogos lo llaman instinto de supervivencia de las especies. En los niños pequeños, vemos clara evidencia de un interés innato por los demás, pues casi todos los pequeños gustan instintivamente de cuidar a una muñeca, de jugar a la casita o al doctor, o de defender su territorio de invasores. Aún más, como adultos obtenemos satisfacción cuando, sin presión ni obligación, podemos criar, guiar o proteger a alguien, lo cual sucede aunque la persona no sea nuestro hijo. Cuando recordamos el cálido interés que sentimos naturalmente al acariciar a un gatito o a un perrito en nuestro regazo, tenemos una base para extender ese mismo interés hacia cualquiera, inclusive hacia nosotros mismos.

Todos nosotros también podemos ejercitar cierto grado de disciplina y autocontrol para no lastimar a otros o a nosotros mismos. Por ejemplo, de manera natural ejercemos interés y control cuando sacamos una astilla de nuestro dedo o del de alguien más. Al evocar esta habilidad, podemos aplicarla para evitar actuar destructiva o inapropiadamente.

En vista de que todos tenemos un nivel base de felicidad, consideración por los demás y autocontrol, podemos concluir que todos tenemos al menos cierto potencial para beneficiar a los demás y a nosotros mismos. Esto quiere decir que todos han actuado de manera constructiva en el pasado, en grados diversos. En otras palabras, nadie es totalmente malo. Esta afirmación es importante, particularmente con respecto a nosotros, si es que sufrimos de baja autoestima.

Valorar nuestro entramado de conciencia profunda y nuestra habilidad de ser inspirados

Todos nacemos con un entramado, no sólo de fuerza o potenciales positivos, sino también de varios tipos de conciencia profunda. De manera innata, nuestra mente tiene los rasgos cognitivos que nos permiten obtener conocimiento, discriminar entre lo que es apropiado y lo que no lo es, y saber qué hacer. Por ejemplo, cuando nuestro zapato está desatado, podemos observar la situación, discriminar que algo está incorrecto y entender lo que necesitamos hacer y cómo hacerlo. Además, todos nosotros somos capaces también de enfocarnos. Mientras escribimos algo, nos mantenemos enfocados en nuestra tarea. Reconocer estas habilidades nos da confianza en nosotros mismos para sentir, entender y responder sensiblemente, con una atención enfocada, a la condición de otros y a la condición propia.

Por último, el corazón y la mente de todos pueden ser conmovidos por algo o por alguien, ya sea por la música, la belleza de la naturaleza, una causa justa o una persona sobresaliente. Al recordar el sentimiento edificante que obtenemos de lo que nos conmueve, podemos aprovecharlo para propósitos constructivos. Podemos utilizarlo para inspirarnos a trascender el nivel básico de las buenas cualidades que recordamos tener. Esto nos permite llevar lentamente tales cualidades al nivel resultante de una sensibilidad perfectamente equilibrada, que ahora sólo podemos imaginar.

Ejercicio 4: Afirmar y acceder a nuestras habilidades naturales

Para obtener un sentimiento más vívido de algunas de las cualidades que meramente imaginamos en el ejercicio anterior, aquí tratamos de recordar nuestra experiencia natural de varios aspectos de la sensibilidad equilibrada. Volvemos entonces nuestra atención a los demás y a nosotros mismos, mientras tratamos de seguir sintiendo estos factores mentales. El ejercicio no sugiere el método artificial de recordar el sentimiento que experimentamos en alguna ocasión para luego transferirlo a otra; en lugar de ello, confirmamos que, de manera natural, tenemos los componentes principales de la sensibilidad equilibrada y que podemos sentirlos mientras nos enfocamos en los demás y en nosotros mismos.

Comenzamos la primera fase enfocándonos en una fotografía o simplemente en la imagen mental de alguien con quien tengamos o hayamos tenido una relación positiva. Pensamos en la persona con una mente tranquila y una actitud considerada. Luego, bajando la mirada o cerrando los ojos, tratamos de recordar el sentirnos cómodos, contentos y felices mientras estamos sentados o caminando por el parque en un día soleado. No deseamos estar en algún otro lugar ni estar haciendo alguna otra cosa. Al soltar la imagen del parque, imaginamos que la sensación de tranquilidad llena nuestro cuerpo e irradia por nuestros poros como si fuéramos el sol. Sin esfuerzo deliberado o forzado, esta sensación abarca naturalmente a cualquiera que se acerque. Luego, miramos la fotografía o pensamos en la persona. Al imaginarnos que él o ella han entrado en el campo de nuestra luz solar, nos sentimos cómodos, contentos y felices de encontrarnos con dicha persona. Después bajamos la mirada o cerramos los ojos y dejamos que la experiencia se asiente.

Repetimos el procedimiento con los siguientes cinco estados mentales recordados. Una vez que nos sintamos cómodos, contentos y felices de estar con alguien, ponemos atención a su situación y a sus palabras. Al recordar nuestra habilidad para enfocarnos cuando escribimos algo, tratamos de irradiar un campo de atención y luego nos dirigimos hacia la persona.

Como necesitamos una actitud cálida para responder a lo que notamos y escuchamos, podemos recordar la tierna actitud protectora que sentimos al acariciar a un gatito en nuestro regazo. Cuando sentimos la calidez de un afecto tierno, también tratamos de brillar con él y luego vemos la fotografía o pensamos en el individuo.

El interés cálido no es suficiente, sino que también necesitamos entendimiento para responder de manera apropiada. Al recordar el entendimiento que tuvimos al atar las agujetas de nuestros zapatos, tratamos de irradiar entendimiento y, dentro del ámbito de su alcance, enfocarnos en la persona. En este caso, un estado mental de entendimiento no significa que en realidad entendamos todo lo que pueda estar perturbando a la persona. Más bien es un estado mental claro y lúcido capaz de entender, profundamente interesado y deseoso por tratar de comprender lo que sea que perciba.

Al responder apropiadamente, necesitamos ser cuidadosos para no dañar a la persona o a nosotros mismos. Al traer a la mente el cuidado y autocontrol que ejercimos para no lastimarnos cuando removimos una astilla de nuestro dedo, extendemos un campo de autodisciplina para no dañar y volvemos a enfocarnos en la persona.

Finalmente, necesitamos inspiración para elevar nuestras energías de tal forma que podamos reaccionar activamente de manera fresca y creativa, con nuestro corazón completamente involucrado. De otra manera, como en el caso de la cuarta vez que nos levantamos a media noche a consolar a nuestro bebé, podemos ser atentos, tiernos y comprensivos pero nuestra respuesta puede ser en “ piloto automático”. El bebé conoce la diferencia entre una reacción mecánica y una de corazón, y también los demás la conocen. Por lo tanto, recordamos la inspiración que sentimos al mirar una bella puesta de sol y tratamos de brillar con energía estimulante e inspiradora, y luego nos enfocamos en la persona.

Al mantenernos enfocados en la persona, regeneramos las seis sensaciones en secuencia varias veces, escuchando al guía del taller recitar lentamente las siguientes seis frases clave, o indicándonoslas nosotros mismos:

  • “suave comodidad, como estar en el parque en un día cálido y soleado”,
  • “concentrado, como al escribir algo”,
  • “protección tierna, como al acariciar a un gatito en mi regazo”,
  • “entendimiento, como al atar las agujetas de mis zapatos”,
  • “autocontrol para no dañar, como al quitar una espina de mi dedo”,
  • “inspiración, como al ver una bella puesta de sol”.

Con cada frase, revivimos el estado mental apoyándonos en la imagen del parque y demás tan sólo por un momento. Luego, brillando con la sensación apropiada, imaginamos que el resplandor de dicha sensación abraza a la persona.

Al principio trabajamos solamente con un estado mental a la vez. Gradualmente, usamos el mismo procedimiento para tratar de integrar los seis en un entramado. Un entramado consiste en varios elementos que se entrelazan y refuerzan unos a otros para formar un sistema integrado que funciona como un todo. Por lo tanto, al entramar varias sensaciones para formar un estado de sensibilidad equilibrada, necesitamos enfocar nuestra atención principalmente en el sistema integrado más que en sus componentes individuales. Sólo si notamos que uno de los elementos entrelazados está débil o desfasado, ajustamos ese factor.

Aunque la música que se transmite por la radio es una mezcla más que un entramado de elementos tales como los agudos, los graves, el volumen y la afinación, podemos usar la imagen de la música para entender el método que practicamos aquí. El sonido de la música es una mezcla integrada de elementos constituyentes, tales como los agudos y los graves. Cuando escuchamos la música, escuchamos el sonido como un todo. Sin embargo, podemos identificar cuando los agudos necesitan corregirse. De manera similar, al entrelazar varias sensaciones para que funcionen como un entramado, nos enfocamos primordialmente en el estado mental y emocional resultante. Sólo identificamos y ajustamos elementos específicos cuando notamos que no están bien integrados en el sistema orgánico.

En vista de que algunas sensaciones se combinan más fácilmente que otras, modificamos el orden de las seis al construir el entramado. Para integrar con mayor facilidad las sensaciones en un estado mental multifacético pero individual, cambiamos las imágenes. Ya que posiblemente no hayamos experimentado la imagen compuesta que construiremos paso a paso, usamos una combinación de memoria e imaginación.

Para comenzar el proceso, tratamos de juntar la suave comodidad con la protección tierna, imaginándonos sentados en un cómodo sillón en un bello cuarto y acariciando suavemente a un cachorrito que duerme en nuestro regazo. Al soltar la imagen y brillar con la sensación que combina el estar cómodo, contento y feliz, con el ser tiernamente afectuoso, imaginamos que la persona entra al campo de nuestra sensación y es abrazada por ella.

Después añadimos el autocontrol para no dañar, imaginando que mientras estamos sentados en el sillón acariciando al cachorro que duerme en nuestro regazo, tenemos cuidado de no actuar de alguna manera imprudente o desconsiderada que pueda despertar al cachorrito. Incrementando una sensación a la vez, constantemente acrecentamos nuestro estado mental, añadiendo la atención enfocada que prestaríamos al cachorrito dormido si notáramos que tiembla mientras duerme, y el entendimiento que usaríamos para darnos cuenta de que el cachorro tiene frío y que necesitamos abrazarlo más estrechamente. Por último, para sentirnos inspirados y frescos en esta situación, imaginamos que también estamos escuchando una bella música; así hasta que nuestro estado mental incluya los seis factores juntos, interconectándose y reforzándose los unos a los otros. En cada etapa imaginamos a nuestro amigo o amiga dentro del campo de nuestra actitud de sensibilidad equilibrada.

Para reforzar la integración de las sensaciones en entramados funcionales en cada etapa, podemos usar el número que sea necesario de adjetivos clave que describan el estado:

  • “cómodo”,
  • “tierno”,
  • “cuidadoso”,
  • “atento”,
  • “comprensivo”,
  • “inspirado”.

Si este método es insuficiente, también podemos usar un número apropiado de palabras clave y frases que reconstruyan la imagen y describan el estado:

  • “sillón cómodo”,
  • “cachorrito dormido”,
  • “no lo despiertes”,
  • “temblando”,
  • “frío”,
  • “música”.

Al usar el último grupo de palabras y frases, sólo por un momento regresamos nuestra imaginación a la escena con el perrito y luego volvemos a irradiar el estado mental y emocional de la sensibilidad equilibrada.

Una vez que seamos moderadamente versados en irradiar un campo de sensibilidad equilibrada, si notamos un elemento débil en el sistema, lo ajustamos repitiendo en silencio para nosotros mismos sólo los adjetivos clave relevantes. Si al hacerlo no se fortalece el elemento, usamos las palabras o frases clave apropiadas de la secuencia de imágenes.

Completamos la primera fase repitiendo el procedimiento tres veces: dos enfocándonos en las fotografías de dos personas diferentes que aparezcan en una revista, y una mientras nos enfocamos en la fotografía o el recuerdo de un pariente escandaloso y dominante o de un vecino o compañero de trabajo odioso.

Durante la segunda fase del ejercicio, seguimos el mismo procedimiento, sentados en círculo con el grupo. En cada paso, recordamos e irradiamos la sensación apropiada y luego, extendiendo el radio de su brillo para incluir a todos los del círculo, nos enfocamos en cada persona por turnos. Luego repetimos el procedimiento frente a un compañero.

Durante la tercera fase, recordamos y tratamos de irradiar estas sensaciones mientras nos enfocamos en nosotros mismos. En cada paso, primero nos vemos en un espejo y luego, haciéndolo a un lado, nos enfocamos simplemente en nosotros mismos con la mirada baja. Como paso final, tratamos de imaginar que la gama de sensaciones abraza a nuestro yo del pasado, mientras vemos dos fotografías de nosotros mismos en diferentes períodos, una a la vez para la secuencia completa.

Esquema de Ejercicio 4: Afirmar y acceder a nuestras habilidades naturales

I. Mientras te enfocas en alguien de tu vida

1. Mientras te enfocas en una fotografía o en una imagen mental de alguien con quien tienes o hayas tenido una relación positiva

  • Crea un espacio mental silencioso y considerado.
  • Con la vista baja o con los ojos cerrados recuerda estar sentado o caminando en un parque en un día cálido y soleado, y la sensación natural que tuviste de comodidad, satisfacción y felicidad.
  • Suelta la imagen e imagina que esas sensaciones llenan tu cuerpo e irradian por tus poros, como si fueras el sol.
  • Al enfocarte en la persona, imagina que la luz solar de la sensación la envuelve naturalmente, sin ningún esfuerzo deliberado o forzado.
  • Baja la mirada o cierra los ojos y deja que la experiencia se asiente.
  • Repite la secuencia, recordando las siguientes situaciones y las sensaciones o sentimientos que naturalmente provocaron:
    • Estar enfocado mientras escribes algo.
    • Sentir protección tierna al acariciar un gatito en tu regazo.
    • Tener entendimiento de la situación al atar tus zapatos.
    • Tener cuidado y autocontrol para evitar lastimarte al sacar una astilla de tu dedo.
    • Sentirte inspirado, energizado y fresco al observar un hermoso atardecer.
  • Al mantenerte enfocado en la persona, regenera en secuencia estas seis sensaciones varias veces, mientras escuchas al guía del taller recitar lentamente las siguientes seis frases clave o indicándolas tú mismo, apoyándote en la imagen sólo por un momento y después imaginando que el resplandor de la sensación brilla sobre la persona:
    • suave comodidad, como en el parque en un día cálido y soleado”
    • enfoque, como al escribir algo”
    • protección tierna, como al acariciar un gatito en mi regazo”
    • entendimiento, como al atar las agujetas de mis zapatos”
    • autocontrol para no causar daño, como al quitar una espina de mi dedo”
    • inspiración, como al ver un hermoso atardecer”
  • Siguiendo el mismo procedimiento que utilizaste para generar e irradiar cada sensación por separado, imagina primero dos, luego tres, cuatro, cinco y finalmente las seis situaciones siguientes simultáneamente, y los estados que naturalmente obtuviste de entramados cada vez más complejos de sensaciones provenientes de cada combinación.
    • Al estar sentado en un cómodo sillón en una hermosa habitación, acariciando suavemente a un cachorrito que duerme en tu regazo, siente un estado integrado de suave comodidad y protección tierna.
    • Al estar sentado en un cómodo sillón con el cachorrito dormido, teniendo cuidado de no despertarlo, siente un estado integrado de suave comodidad, protección tierna y autocontrol.
    • Al estar sentado en un cómodo sillón con el cachorrito en tu regazo, teniendo cuidado de no despertarlo y notando que tiembla, siente un estado integrado de suave comodidad, protección tierna, autocontrol y atención.
    • Al estar sentado en un cómodo sillón con el cachorrito en tu regazo, teniendo cuidado de no despertarlo, notando que tiembla y tratando de entender qué está mal, siente un estado integrado de suave comodidad, protección tierna, autocontrol, atención y entendimiento.
    • Al estar sentado en un cómodo sillón con el cachorrito en tu regazo, teniendo cuidado de no despertarlo, notando que tiembla, entendiendo qué le sucede y escuchando bella música, siente un estado integrado de suave comodidad, protección tierna, autocontrol, atención, entendimiento e inspiración.
  • Refuerza la integración de las sensaciones en entramados funcionales en cada etapa, usando el número apropiado de adjetivos clave que describan el estado:
    • cómodo”
    • tierno”
    • cuidadoso”
    • atento”
    • comprensivo”
    • inspirado”
  • Si este método es insuficiente, utiliza un número apropiado de palabras clave y frases para reconstruir la imagen y describir el estado, regresando a la escena imaginada tan sólo por un momento y luego volviendo a irradiar el estado mental y emocional de sensibilidad equilibrada:
    • sillón cómodo”
    • cachorrito dormido”
    • no despertarlo”
    • temblando”
    • frío”
    • música”
  • Una vez que seas moderadamente versado en irradiar un campo de sensibilidad equilibrada, si notas un elemento débil en el sistema, lo ajustas repitiendo en silencio sólo el adjetivo clave que sea relevante.
  • Si hacerlo no funciona para fortalecer el elemento, utiliza la palabra clave o frase apropiada de la secuencia de imágenes.

2. Repite el procedimiento dos veces, mientras te enfocas en la fotografía de revista de
una persona anónima diferente para cada vez.

3. Repite el procedimiento mientras te enfocas en una fotografía o en la imagen mental de un familiar escandaloso y dominante, o de un vecino o compañero de trabajo odioso.

II. Mientras te enfocas en alguien en persona

1. Repite el procedimiento sentado en círculo con el grupo, enfocándote en cada persona a la vez en cada paso.

2. Repite el procedimiento frente a un compañero.

III. Mientras te enfocas en ti mismo

1. Repite el procedimiento primero mirándote al espejo para cada paso y después, dejando a un lado el espejo, enfocándote simplemente en ti mismo con la mirada baja.

2. Repite el procedimiento dos veces mientras ves una fotografía de ti mismo de un periodo diferente de tu pasado para cada vez.