La rueda de las armas afiladas: Las cuatro secciones del texto

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Primera parte: contrastar a los bodisatvas con los seres ordinarios

Dos tradiciones para desarrollar la bodichita convencional

Para destruir el aferramiento al yo y el egocentrismo y para alcanzar la iluminación, todos los textos del entrenamiento mental enfatizan el tonglen. Esta es la práctica de dar y tomar como parte del método conocido como igualar e intercambiar nuestras actitudes sobre nosotros mismos y los demás para desarrollar la bodichita convencional.            

Hay dos tradiciones sobre cómo desarrollar la bodichita convencional, la aspiración: “Que pueda alcanzar mi iluminación aún no acontecida para beneficiar a todos los seres”. Para ello, debemos desarrollar un interés por todos. Una forma puede describirse como un enfoque basado en las emociones y la otra es un enfoque más basado en lo racional. Ambas comienzan con ecuanimidad, nivelando nuestros sentimientos hacia todos en el sentido de que tenemos una actitud igualitaria hacia todos. No queremos trabajar solo con aquellos que nos gustan.    

El enfoque emocional para desarrollar la bodichita

Después de esta primera nivelación con la ecuanimidad como base, el método basado en las emociones, la meditación de siete partes sobre la causa y el efecto, es el siguiente: “Todo el mundo ha sido mi madre. Han sido muy amables y realmente me siento tan agradecido y lo aprecio tanto que quiero retribuir esa amabilidad. Pensar en los demás le da calidez a mi corazón. Por lo tanto, valoro a los demás y sería terrible que les pasara algo malo. Que sean felices y tengan las causas de la felicidad”. Luego, con compasión: “Que estén libres de su sufrimiento y de las causas de su sufrimiento. Les traeré eso”. Luego, con una determinación excepcional, tomamos la decisión completa: “Realmente lo haré, los llevaré hasta la iluminación”. Luego, la bodichita: “La única forma en que realmente puedo hacer eso es deshaciéndome de todas mis limitaciones y demás y convirtiéndome en un buda”. A través de esa secuencia, anhelamos, con la bodichita, alcanzar la iluminación en beneficio de todos. 

Esto se basa emocionalmente en que pensamos en la bondad de todos y que todos han sido nuestras madres. Para muchos de nosotros que tenemos una inclinación más emocional, este enfoque es muy efectivo.

El enfoque racional para desarrollar la bodichita

Pero hay quienes no estamos tan inclinados emocionalmente, y para ellos el enfoque más racional para desarrollar la bodichita es más efectivo. Esto se hace mediante la práctica de igualar e intercambiarse uno mismo con los demás. Una vez que nivelamos el campo con ecuanimidad hacia todos, entonces vemos que todos son iguales en que todos quieren ser felices, nadie quiere ser infeliz. No hay nada especial en mí ni en nadie más de esa manera. Todos somos iguales, y sobre esa base, si pensamos solo en nosotros mismos con egocentrismo, surgen todo tipo de desventajas. No le agradamos a nadie, por lo que no están dispuestos a recibir nuestra ayuda o consejo; solo nos causamos problemas a nosotros mismos y a los demás, etc. Mientras que pensar en los demás, apreciar a los demás, genera felicidad. 

Por tanto, lo que sigue es: “Quiero cambiar mi actitud y pensar principalmente en los demás. Es posible hacer esto. Si veo mi cuerpo que tanto aprecio, en realidad proviene de partes del cuerpo de otras personas, el esperma y el óvulo de mis padres. No es mi cuerpo en el sentido de que yo no produje el esperma y el óvulo que lo hicieron. ¿Cuál es la diferencia entre usar mis dedos para limpiarme la nariz, limpiar la nariz de mi bebé y limpiar la nariz del borracho en la calle? No hay diferencia, todas son solo narices. Todos somos iguales en ese sentido, todos somos capaces de apreciar a los demás y puedo intercambiar mi actitud”. 

Cambiamos nuestra actitud con tonglen. Con visualizaciones vívidas, tomamos los sufrimientos de los demás con compasión: “Que estén libres de su sufrimiento y de las causas de su sufrimiento”. Les damos a los demás nuestra felicidad: “Que sean felices y que tengan las causas de la felicidad”. Luego, de la misma manera que con el enfoque emocional, decidimos que no lo estamos haciendo solo en nuestra imaginación. Entonces, hay una determinación excepcional: “Realmente voy a asumir la responsabilidad de hacerlo en realidad. Para realmente hacer eso, tengo que alcanzar la iluminación”. Entonces generamos un anhelo de la bodichita.      

Igualar e intercambiar nuestras actitudes sobre nosotros mismos y los demás

Este enfoque atrae a aquellos que tienen una inclinación más racional. No se basa en el sentimiento emocional de que “todos han sido tan amables conmigo, así que quiero ayudarlos”. Más bien, desarrollamos la bodichita porque todos somos iguales y, debido a que todos estamos interconectados, tiene absoluto sentido trabajar en beneficio de todos. Entonces, no hay nada especial en mí. 

Tenemos este enfoque más racional en la práctica del tonglen de igualar e intercambiar nuestras actitudes sobre nosotros mismos y los demás. Esto se enfatiza en las enseñanzas de lojong, las enseñanzas del entrenamiento mental, comenzando aquí en La rueda de las armas afiladas y continuando más tarde en el Tíbet con el Entrenamiento mental en ocho versos (Blo-sbyong tshig-brgyad-ma) y el Entrenamiento mental en siete puntos (Blo-sbyong don-bdun-ma). 

Aquí en La rueda de las armas afiladas, con tonglen, dar y tomar, necesitamos específicamente tomar de todos los demás, con compasión, las emociones perturbadoras venenosas como las causas de nuestros sufrimientos, así como los sufrimientos que provienen de ellas. Esto se repite más adelante en el Entrenamiento mental en siete puntos.    

Pavos reales y cuervos

En La rueda de las armas afiladas, así como en su segundo texto, La destrucción del veneno del pavo real, Dharmarákshita usa la imagen de un pavo real que prospera entre plantas venenosas como imagen para tomar los cinco estados emocionales venenosos o tóxicos del deseo anhelante, enojo, ingenuidad, celos y arrogancia. 

¿Por qué el pavo real? Creo que esto quizás se remonta a la imaginería de Amitabha. Amitabha está en un trono sostenido por pavos reales, uno u ocho pavos reales en las distintas esquinas. Amitabha representa la purificación del deseo anhelante. Claramente, ya existe esta asociación de pavos reales con la purificación y la transformación del deseo, a través de la imaginería de Amitabha. 

Evitamos tomar o asumir las emociones perturbadoras de los demás debido a nuestros deseos egoístas por los placeres ordinarios. Si aún somos adictos a estos placeres ordinarios, entonces, como los cuervos que intentan comer plantas venenosas, eso nos destruirá. Esto enfatiza lo avanzada que es este tipo de práctica. Si no estamos en un nivel tan maduro y tratamos de hacer esto, lo único que sucederá es que nuestras emociones perturbadoras aumentarán y ese veneno nos destruirá. Dharmarákshita luego señala que estos deseos por los placeres ordinarios provienen de aferrarnos a un yo falso imposible y nos llevan a actuar de manera destructiva. 

El pavo real es la imagen del bodisatva y, al igual que los pavos reales, como bodisatvas necesitamos asumir los sufrimientos de todos los demás que provienen de los cinco venenos. Transformamos los venenos en alimento, al usarlos para obtener la comprensión de la vacuidad. Nos enfocamos en la vacuidad de la persona que está experimentando estas emociones perturbadoras y, al hacer esto, destruimos nuestro aferramiento por un yo verdadero y luego podemos darles felicidad a los demás.       

¿Quién está experimentando las Cuatro Verdades Nobles?

Este énfasis en destruir este concepto erróneo de que es el yo falso el que experimenta los sufrimientos y las causas del sufrimiento es extremadamente esencial en las enseñanzas budistas generales. Este es el enfoque principal de los llamados “cinco caminos”. Estos caminos o “mentes que son el camino” se traducen generalmente como los caminos de acumulación, preparación, del ver, etc., y en lo que nos estamos enfocando con estas mentes que son el camino es en las Cuatro Verdades Nobles. Este enfoque puede ser con muchos niveles de entendimiento, pero el que se comparte más comúnmente es con el entendimiento de la vacuidad del yo que está experimentando las Cuatro Verdades Nobles. En el Mahayana, también nos enfocamos en la vacuidad de las Cuatro Verdades mismas.      

Lo que es importante es entender quién está experimentando sufrimiento y haciendo un gran problema de eso. ¿Quién es el que está experimentando las causas de ello? No es un yo verdaderamente establecido, autoestablecido, el que lo experimenta, sino solo el mero “yo” convencional. Es por aferrarnos a un yo verdaderamente establecido que surgen estas emociones venenosas. ¿Quién será capaz de tener una verdadera cesación de eso? ¿Quién va a meditar en los oponentes, el verdadero camino, para superar eso? Si pensamos de manera dualista en términos de un yo sólido, separado de todo esto, como en “pobre de mí, estoy sufriendo”, no es ese tipo de “yo”. Al pensar así, aplicar los oponentes no funciona. Además, pensar: “Soy tan estúpido porque no entendí la realidad”, tampoco es la manera de seguir el camino budista. 

En lo que realmente necesitamos enfocarnos a medida que avanzamos a través de las etapas de deshacernos de los oscurecimientos, es en la comprensión de la naturaleza real del yo que experimenta las Cuatro Verdades Nobles. Los oscurecimientos son la basura que nos impide ver la realidad y que provoca todos nuestros problemas. Para deshacernos de los efectos venenosos de estas emociones perturbadoras, tenemos que entender y refutar al enemigo, este aferramiento a un yo verdaderamente establecido, el falso, llamado “yo verdadero”. Imaginamos que existe verdaderamente, pero no es así. El yo falso es aquello en lo que nos enfocamos para refutarlo, y a lo que nos referimos como el “enemigo”. 

No hay un yo falso que esté experimentando estas cosas. La causa y el efecto no funcionan sobre la base de un “yo” sólido que no puede ser afectado por nada y que trata de tener el control. Eso no funciona y no es el que realmente está experimentando causa y efecto. 

Queremos destruir esa creencia en el yo falso y, con el tiempo, hacer que nuestra mente deje de producir una apariencia como si realmente existiera. Entonces, sobre la base de haber destruido esa falsa creencia, queremos ser capaces de dar felicidad a los demás. Tendremos que discutir cómo hacer todo eso con más detalle porque es muy difícil de hacer. Una de las dificultades es que, cuando tomamos los sufrimientos de los demás, al pensar en lo terrible que es que todos estén sufriendo, podemos sentirnos bastante tristes. La dificultad aquí es que, partiendo de esa base de sentirnos muy tristes, ¿cómo podemos cambiar repentinamente de marcha y dar felicidad a otros? ¿Cómo pasamos de estar tan tristes a ser felices? No es que estemos felices de que otros estén sufriendo. Este es el verdadero truco para poder hacer esta práctica de tonglen. Lo discutiremos cuando entremos en comentarios más detallados sobre la primera parte del texto.

Segunda parte: Relaciones kármicas de causa y efecto

La segunda parte del texto trata de lo que nos impide tomar las emociones venenosas de los demás, darles felicidad y, como el pavo real, no ser destruidos por ello. En la India, donde viven muchos pavos reales, hay cierto arbusto que tiene flores muy hermosas de pétalos rojos y amarillos. Los animales como las vacas, ovejas y cabras saben de alguna manera que son venenosas y no se las comen. No sé si los pavos reales se las comen, pero este es el tipo de cosas a las que quizás hace referencia el texto. En otros contextos, los pavos reales también son conocidos por comer serpientes venenosas, pero no en este texto. 

Obstrucciones para tomar los sufrimientos ajenos

Las cinco emociones venenosas, a menudo condensadas en tres principales: deseo anhelante, enojo e ingenuidad, son mantenidas por nuestras actitudes negativas y hábitos negativos de actuar únicamente por interés personal. Nuestro enemigo, este aferramiento a un yo falso e imposible, produce estos tres venenos, que son mecanismos que creemos que nos harán sentir seguros: “Si puedo conseguir algo y aferrarme a ello, eso me hará sentir seguro”; “si puedo alejarme de lo que siento que es una amenaza, me sentiré seguro”; “si puedo levantar las paredes y fingir que eso no existe, me protegeré”. Nada de eso funciona. Pero, bajo su influencia, desencadenamos impulsos destructivos y eso es karma. Cometemos compulsivamente actos destructivos y eso produce sufrimiento. 

Como los cuervos, esos tres venenos nos hacen daño, en lugar de ser como pavos reales, capaces de transformarlos. Debido a que estamos atrapados en patrones negativos de comportamiento destructivo, no podemos practicar tonglen. Necesitamos deshacernos de ese comportamiento destructivo y de los obstáculos que produce para ser lo suficientemente valientes como para asumir el sufrimiento y sus causas. Esta es la conexión con el tonglen. Lo que nos lo impide es nuestro comportamiento destructivo provocado por los venenos. Para deshacernos de los venenos, primero tenemos que deshacernos del mal comportamiento que se deriva de ellos, y luego profundizar y deshacernos de las emociones perturbadoras, los venenos mismos.

Karma negativo

Esta segunda sección del texto identifica al sufrimiento como el arma afilada del karma negativo que regresa hacia nosotros. Esto es en lugar de usar la imagen de la rueda de las armas afiladas para representar la comprensión de la vacuidad. Ese entendimiento destruirá el aferramiento a un yo verdadero que produce estas tres emociones venenosas, comportamiento destructivo y sufrimiento; sin embargo, aquí Dharmarákshita usa la imagen de un arma afilada para representar el mecanismo del karma, por el cual nuestro comportamiento destructivo compulsivo basado en los tres venenos produce sufrimiento. Esto es lo que daña nuestro yo convencional y nos impide actuar como un bodisatva, tomar estos venenos y transformarlos. 

Esta imagen de una rueda se está utilizando de múltiples maneras para representar, no solo lo que va a destruir nuestro aferramiento al yo, no solo como la rueda del Dharma que giraremos después de eso, como en los ciclos de transmisiones, sino también en términos de los patrones incontrolablemente recurrentes que provienen del karma. Esto es muy parecido a la rueda del samsara.

El mantra de Manjushri

Volviendo a Manjushri, si revisamos el mantra de Manjushri - OM ARAPACANA DHIH - arapacana es una palabra sánscrita compuesta en la que ara significa “rueda”, refiriéndose a la rueda del samsara, y pacana significa “lo que madurará”. Esta es la maduración de otros fuera de esa rueda; se caen de la rueda como trozos de fruta que caen de un árbol cuando están maduros. Esto es lo que hace Manjushri. El darse cuenta que discrimina de la vacuidad hará que los seres que sufren en esta rueda del samsara, maduren; y, con el entendimiento correcto y la sabiduría, como una pieza de fruta madura que se cae del árbol, caerán de la rueda del samsara. Obtenemos esto dentro del mantra de Manjushri, quien encarna esa comprensión de la vacuidad, y Dharmarákshita usa esa imagen aquí en La rueda de las armas afiladas.                    

Causa y efecto conductual

La mayoría de la segunda parte del texto enumera los muchos tipos de sufrimiento que experimentamos, los cuales nos impiden ayudar a los demás; el comportamiento destructivo, basado en el egocentrismo, esa es la causa kármica; y el tipo de comportamiento constructivo, basado en apreciar a los demás, lo contrarresta. Es una enseñanza maravillosa porque nos ayuda a identificar las causas kármicas de algunos tipos de sufrimiento que nos están sucediendo. Nos metemos en estas diferentes situaciones y necesitamos tratar de comprender su causa kármica y lo que necesitamos hacer para contrarrestar eso. No solo necesitamos dejar de actuar de esa manera, sino que también necesitamos actuar de una manera casi opuesta para contrarrestar ese comportamiento. Esto es muy útil porque cuando tenemos las enseñanzas sobre el karma, generalmente no obtenemos todos los detalles de los ejemplos que encontramos en este texto. Básicamente, tenemos que descubrirlo por nosotros mismos. 

Por ejemplo, analicemos la calumnia: si siempre decimos cosas malas de los demás, esta es la causa de que nuestras amistades no duren. Nos involucramos en relaciones con los demás, pero terminan todo el tiempo; la gente nos deja y todo eso. Aprender sobre el mecanismo kármico involucrado nos hace comenzar a examinar nuestro propio comportamiento. ¿Qué podríamos estar haciendo que cause eso? Investigamos: “Si estoy experimentando la maduración de ese patrón de comportamiento, también estaré experimentando repetir compulsivamente el patrón o la causa del mismo. ¿Estoy diciendo cosas negativas sobre otras personas y sobre sus amigos?”. Si nos examinamos a nosotros mismos, podríamos encontrar que lo estamos haciendo. Criticamos a los demás y todo eso, y esa es la causa de experimentar que nuestros propios amigos se alejen de nosotros.

Eso nos da una pista de que no debemos simplemente detener el comportamiento negativo, sino que necesitamos hacer algo positivo para contrarrestarlo. Necesitamos darnos cuenta de que hay dos niveles de comportamiento constructivo. En el primer nivel, cuando surge un sentimiento de decirle a alguien algo crítico, realmente dañino y desagradable sobre su amigo, con la motivación de separarlos y hacer que esa persona sea solo nuestro amigo, entonces simplemente no lo hacemos. Ejercemos el autocontrol. Esto es diferente a, por ejemplo, que nuestro hijo esté saliendo con personas que se inyectan heroína y queremos que deje de juntarse con ese tipo de amigos. Eso es otra cosa; tenemos una motivación diferente. Pero si nuestra motivación es “no quiero que seas amigo de esa persona, quiero que seas solo mi amigo”, este tipo de cosas, simplemente no decimos nada. Ese es el primer nivel de evitar el comportamiento destructivo. El segundo nivel es hacer algo positivo, como elogiar las cualidades positivas de los demás.         

Las enseñanzas sobre causa y efecto kármicos son muy útiles, y esta segunda parte del texto señala muchos de estos síndromes. El énfasis, entonces, está en cambiar nuestro comportamiento y, a través de las acciones positivas que realizamos en lugar de las negativas, desarrollamos nuestras llamadas “raíces de virtud”, las raíces de nuestros actos constructivos. Desarrollamos fuerza positiva y, como una raíz, nos ancla. Para continuar con la imagen, queremos que nuestra fuerza positiva gane estabilidad para poder dar a los demás la planta que de ella crece, para beneficiarlos. 

Tercera parte: identificar al enemigo real y acudir a Yamantaka para que destruya el aferramiento al yo

En la tercera sección, Dharmarákshita identifica al enemigo real que nos está haciendo actuar de estas formas destructivas que provocan tal sufrimiento: es nuestro aferramiento a un yo verdadero, un yo que no existe en absoluto. Acudimos a Yamantaka, este darse cuenta que discrimina enérgico de la vacuidad, para destruir este demonio de nuestro aferramiento a ese yo, nuestro auto-aferramiento. En muchos versos, Dharmarákshita recorre todos los problemas que nos ha causado nuestro egocentrismo y nuestro aferramiento al yo. Encontramos esto en igualar e intercambiar nuestras actitudes sobre nosotros mismos y sobre los demás: las presentaciones de esta enseñanza siempre incluyen una sección larga sobre las desventajas y los daños que provienen del egocentrismo.         

Aquí, Dharmarákshita explica estas desventajas e invocamos a Yamantaka con la frase:

Golpea, realmente golpea, justo en la cabeza de este concepto ruinoso. Asesta el golpe mortal al corazón de este carnicero, un yo verdadero, nuestro enemigo. 

Esto se dice de una manera muy poética, que es bastante tibetana en su estilo. Son este tipo de estribillos los que encontramos que son más típicamente tibetanos y los que nos llevan a pensar que el texto en realidad no se compuso en sánscrito, sino que solo se transmitió oralmente desde la India y luego se adaptó y se puso en verso tibetano.

Hemos “colocado toda la culpa en esta única cosa”, que es una línea del texto que se repite más adelante en el Entrenamiento mental en siete puntos, de Gueshe ChekawaColoca toda la culpa en una cosa, nuestro egocentrismo. Por ejemplo, si le pedimos a alguien que haga algo por nosotros y comete un error y lo hace mal, colocamos toda la culpa en una cosa: “Fui egoísta y flojo. No quise hacerlo yo mismo, así que se lo pedí a alguien más. Por lo tanto, en realidad es mi culpa que las cosas no hayan salido como yo quería. Realmente no puedo culpar a la otra persona”. Si le pedimos a otra persona que haga algo, esperemos que algo salga mal. Si lo hace bien, es una gran ventaja, pero en realidad, si algo sale mal la culpa es de nuestro propio egoísmo y pereza. Quizás estamos demasiado ocupados, tenemos cosas más importantes que hacer, eso es otra cosa; pero si nuestra actitud es “no quiero hacerlo; tú hazlo”, eso es egoísmo.         

Cuarta parte: Dedicar las raíces de nuestras acciones positivas a los demás

Una vez que hemos destruido nuestro aferramiento al yo y nuestro egocentrismo y hemos colocado toda la culpa en esta única cosa, en la cuarta sección del texto podemos dedicar las raíces de nuestras acciones constructivas a los demás.     

El resto de esta sección final es lo que les damos a los demás, especialmente nuestra comprensión de la vacuidad y el surgimiento dependiente. Esto es lo que queremos dar a los demás para que también puedan superar su aferramiento al yo. Por lo tanto, aconsejamos a todos los seres que obtengan esa comprensión de la vacuidad como la tenemos nosotros, especialmente la vacuidad de causa y efecto kármico.        

Vacuidad de causa y efecto

La vacuidad de causa y efecto es muy importante. Aunque la causa y efecto kármico parece una ilusión, funciona y opera, y necesitamos entender eso. Aunque entendemos que el sufrimiento y todo el proceso de causalidad es como una ilusión, varios versos terminan con la línea:    

Sin embargo, aunque son meras apariencias, escuchen, les digo: “Debemos aceptar y rechazar (las acciones apropiadas)”. 

Aunque las cosas parecen existir autoestablecidas, como si estuvieran, como la imagen que utilizo a veces, encapsuladas en plástico, por sí mismas, independientes de todo lo demás, sin embargo, funcionan. Aunque la causa y el efecto aparecen de esta manera ridícula, como si cada ser estuviera autoestablecido y no tuvieran relación entre sí, sin embargo, las causas producen efectos. Parecen estar autoestablecidos y no relacionados porque nuestra mente samsárica es limitada y las hace aparecer de esa manera.  

Conclusión del texto

Finalmente, el texto concluye que, si practicamos la bodichita convencional y más profunda de esta forma, alcanzaremos la iluminación en beneficio de todos.

Resumen de la enseñanza y la práctica

Esta es la estructura general del texto. Primero, queremos practicar como pavos reales, bodisatvas que toman estas actitudes venenosas de deseo anhelante, enojo e ingenuidad. Las transformamos para poder disolverlas y que no nos hagan daño; a partir de ahí, podremos dar felicidad a los demás. 

Lo que nos impide hacer eso es el sufrimiento que experimentamos como resultado de nuestro comportamiento destructivo que proviene de los tres venenos. Somos como cuervos en que tomamos los tres venenos y nos causan mucho sufrimiento. Queremos ser capaces de detener eso, porque si tomamos actitudes aún más venenosas, seguramente nos destruirán por completo. 

Para empezar, tenemos que detener este comportamiento destructivo. Para poder dar felicidad a los demás, necesitamos desarrollar alguna fuerza positiva que podamos dar a los demás. Una vez que detenemos el comportamiento destructivo en este nivel y nos involucramos en el comportamiento constructivo, entonces tenemos que ir a mayor profundidad y deshacernos del aferramiento al yo. Este es el enemigo real que nos hace tener estas actitudes venenosas y actuar de formas destructivas compulsivas.

Cuando nos deshacemos de eso, a través de nuestra comprensión de la vacuidad (o vacío), entonces podemos darles a los demás el mismo antídoto que neutralizará este veneno y les traerá felicidad. El antídoto es la comprensión de la vacuidad y el surgimiento dependiente, que a pesar de que las cosas no existen en la forma en que parecen existir, sin embargo, todo funciona, y la causa y el efecto siguen operando. Queremos darles la comprensión de estos dos hechos verdaderos a otros, y con este antídoto ellos no serán lastimados por las actitudes venenosas y podrán practicar este tonglen tan bien como lo hacen los bodisatvas. 

Esa es la estructura general del texto. ¿Por qué no nos aquietamos primero y tratamos de digerir esta estructura y de qué se trata este texto? El texto trata de poder transformar las emociones venenosas, algo muy difícil de hacer. Lo que nos impide hacer eso es la actitud: “No quiero tomar estas cosas horribles de los demás. No quiero ensuciarme las manos, ya tengo suficiente con mis propios problemas”. Todo es debido al “yo, yo, yo”. 

En lo que queremos trabajar primero es en los problemas que experimentamos debido a nuestro comportamiento kármico compulsivo. Queremos dejar de actuar de estas formas destructivas y, en su lugar, actuar de formas constructivas. Comenzamos a generar cambios, a forjar vías neuronales nuevas y más positivas con respecto a cómo vemos las cosas. Luego, profundizamos más, para deshacernos del aferramiento al yo que está causando todo esto.              

Una vez que tenemos una comprensión firme de la vacuidad y hemos acumulado más fuerza positiva, realmente podemos practicar el tonglen correctamente. Podemos dar felicidad a los demás porque hemos desarrollado las causas para poder tener algo que darles. Esa es la estructura que encontramos en este texto.

Meditación guiada

Lo que queremos hacer, cuando empezamos a pensar en el texto, es considerar si esto tiene sentido. ¿Es así como nos gustaría poder ayudar a otros? Quizás alguna guía nos sería de ayuda para practicar esta contemplación:

  • Para ayudar a los demás, tengo que dejar de actuar de forma destructiva. Cuando actúo de forma destructiva, me meto en todo tipo de situaciones horribles y no puedo ayudar a nadie si todas mis amistades se desmoronan y nadie quiere quedarse conmigo. ¿Cómo puedo ayudar a otros si no quieren estar cerca de mí?
  • Tengo que cambiar mi comportamiento. Una vez que haya cambiado mi comportamiento y haya actuado de manera más positiva, tengo que deshacerme de mi aferramiento al yo. Incluso si estoy actuando de manera positiva, podría ser muy neurótico, como: “soy un salvador, el mártir. Voy a ayudarlos a todos. Para hacer eso, tengo que ser perfecto. Soy tan santo”. Todo eso puede generar mucha arrogancia y desanimar a mucha gente.   
  • Tengo que deshacerme del aferramiento al yo. Solo cuando me libere de ese aferramiento al yo, la actitud de no querer ensuciarme las manos, podré realmente involucrarme en las dificultades de los demás, sin preocuparme por “yo, yo, yo”.     

La Madre Teresa lo dijo muy claramente cuando la gente quiso ofrecerse como voluntaria para trabajar con ella en Calcuta con los leprosos. Ella dijo: “Si tienes miedo de contraer lepra, no puedes trabajar aquí”. Si solo estamos pensando en “mí” y “no quiero contraer lepra”, entonces, por supuesto, no querremos tocar a nadie ni nada de eso. Necesitamos estar libres de esa actitud para ayudar realmente. 

Una vez que estamos libres de esa actitud, ¿cómo ayudamos a los demás? Ayudándoles a adquirir entendimiento. Queremos darles el entendimiento que hemos desarrollado. 

¿Tiene sentido? Continuamos la contemplación:

  • Esto es lo que necesito entender primero y luego convencerme de que es correcto.
  • Quiero hacer eso y estoy convencido de que puedo hacerlo.
  • Luego, necesito desarrollar adecuadamente estas formas de pensar y de comportarme como hábitos beneficiosos, eso es la meditación. 
  • Para familiarizarme con ellos, necesito ensayar una y otra vez, imaginando que tomo los sufrimientos de los demás y les doy la comprensión correcta y la felicidad. 
  • Luego, necesito realmente levantarme de mi asiento de meditación y hacer algo para ayudar a los demás. De esto se trata todo.

Pensemos en ello.

  • Quizás al final de esta contemplación, lleguemos a la conclusión y a la decisión: “Voy a hacer todo lo posible para no actuar bajo la influencia de la codicia, el enojo y la ingenuidad”.    

Esto significa, por supuesto, poder reconocer e identificar cuándo estamos actuando bajo la influencia de estas emociones venenosas, estos estados mentales tóxicos. 

La definición de las emociones perturbadoras

Para esto, creo que es muy útil recordar la definición de emoción perturbadora o estado mental perturbador. Es difícil decir que todas son emociones, ya que en realidad no tenemos una palabra equivalente para las emociones en los idiomas asiáticos.  

Una emoción perturbadora es un estado mental que, cuando surge, nos hace perder la paz mental y el autocontrol.

Es una muy buena definición. Cuando estamos tan apegados a alguien o algo, codiciamos más y simplemente lo anhelamos y pensamos en ello todo el tiempo, nuestra mente está perturbada. No tenemos tranquilidad y perdemos el control. Decimos cosas y hacemos cosas que luego podríamos lamentar.   

Esto es especialmente cierto con la ingenuidad cuando pensamos que lo que hacemos no importa, como en: “Puedo llegar tarde, no importa, no va a tener ningún efecto en ti”. No nos tomamos en serio la realidad de la otra persona y sus sentimientos. A los demás no les gusta que los ignoren y no les gusta que los hagan esperar. Es ingenuo no tomarse eso en serio. Ese es un estado mental perturbador. Perdemos el autocontrol y simplemente actuamos sin pensar.    

Reconocer las emociones perturbadoras a medida que surgen

Lo que queremos hacer es tratar de reconocer cuando nos sentimos un poco nerviosos o intranquilos. Quizás decimos algo, pero nos sentimos un poco intranquilos al decirlo. Podemos reconocer estas cosas si nos volvemos ligeramente sensibles a nuestra energía. Si podemos notar esa inquietud, es una buena indicación de que hay una emoción perturbadora detrás de ella. Si podemos ralentizar las cosas lo suficiente, no necesariamente actuando en cámara lenta, sino en términos de procesarlo en nuestra mente, eso nos permitirá reconocer que surge una emoción perturbadora antes de que realmente digamos algo estúpido o cruel. Reconocemos que nos sentimos un poco tensos por dentro y luego no decimos nada. Como recomendó Shantideva, “permanece como un bloque de madera”. También podríamos usar esta fuerte imagen de Yamantaka: “¡Detente! ¡No lo hagas!”. 

Eso no es tan fácil, especialmente cuando tenemos una adicción; por ejemplo, revisar constantemente nuestro teléfono en busca de otra publicación o mensaje, algo como eso. Primero, podemos sentirlo: “Quiero mirar mi teléfono”. Entonces compulsivamente, sin siquiera pensarlo, lo hacemos. Cuando tenemos esa sensación de querer ver nuestro teléfono, comprobar si ha llegado algo, no querer perdernos nada, cuando nos está pasando eso, nos sentimos intranquilos. No tenemos paz mental y perdemos el autocontrol.

Lo que hay detrás de eso es este aferramiento al yo, este “yo” sólido: “No quiero perderme nada, no quiero perderme un mensaje importante o perderme lo que está pasando en el mundo”. Nos volvemos adictos a las noticias y las vemos una y otra vez. Todo proviene de este aferramiento a un “yo” falso: “Soy tan importante, tengo que saber. No quiero perderme nada. No quiero quedarme fuera”.  

Es muy interesante empezar a analizar qué hay detrás de la actitud de “no quiero perderme nada”.

Por ejemplo: “Quiero ver a cuántas personas les gustó la foto que publiqué”. Es como si, de alguna manera, obtener suficientes “me gusta” nos hiciera sentir seguros. Pero, por supuesto, nunca sucede así, ¿verdad? Queremos más. Es realmente estúpido si lo pensamos. No funciona, pero creemos que, si más personas lo ven, tal vez funcione y quizás nos sintamos mejor. Pero luego alguien nos dice que, en Rusia, por muy poco dinero se pueden comprar “me gusta” y obtener muchos “me gusta” por lo que publiques en tus redes sociales. Entonces todo comienza a volverse bastante ridículo. 

Creo que es un buen ejemplo para entender cómo el aferramiento al yo está detrás de esta adicción compulsiva de querer tener “me gusta” o querer recibir los mensajes más recientes y cuán atractivo es eso. Recibimos algún tipo de sonido en nuestro teléfono o computadora, o nuestro teléfono vibra cuando llega un mensaje de texto y es muy difícil no mirarlo, ¿no es así? 

Es muy importante tratar de encontrar ejemplos cotidianos para ver cómo perdemos completamente el autocontrol, y eso ciertamente nos impide ayudar a alguien. Si lo pensamos bien, tal vez alguien venga a pedirnos ayuda y esté empezando a contarnos sus problemas, pero luego se escucha el sonido o la vibración de nuestro teléfono y compulsivamente lo sacamos y lo vemos. Eso realmente nos impide ayudar a la otra persona, ¿no es así? 

Es muy útil aterrizarlo en ejemplos cotidianos.

Preguntas

El juicio es un malentendido del karma

Dijiste que gran parte del problema de no ayudar a los demás es esta actitud de “no quiero involucrarme” o “estoy demasiado ocupado”. Realmente no me identifico mucho con eso porque siempre me he sentido inclinado a tratar de ayudar al mundo y no cuidarme como debería. Lo que siento que es el mayor obstáculo es que yo mismo y los demás nos vemos atrapados tratando de averiguar quién merece o no la ayuda en función de su comportamiento. Siento que me estoy perdiendo el punto. Escuché que el término “pecar” en la religión proviene del tiro con arco, lo que significa “perder el punto”, literalmente. Me siento así, perdiendo el punto, gastando mi energía mental y mucho tiempo tratando de tener las opiniones correctas con respecto a todo, como si fuera realmente importante tener la opinión política correcta. ¿Es esto algo con lo que otros puedan relacionarse?

El aferramiento al yo puede conducir a muchos caminos o manifestaciones diferentes. Una dirección puede ser: “estoy demasiado ocupado; lo que estoy haciendo es más importante que tú”. “No quiero ensuciarme las manos; es demasiado complicado”, este tipo de actitudes. También está: “Es demasiado para mí; no puedo manejarlo”. Para eso, tenemos que ser realistas porque hay algunas cosas que no podemos manejar y otras que sí podemos. Eso requiere discriminación. 

Pero aquí estás hablando de juicio. El juicio es un malentendido del karma, básicamente. No hay juez en el budismo. No existe un “yo” separado de todo el asunto, juzgando si mereces mi ayuda o no. Esta es una forma muy dualista de ver las cosas. Esa es solo otra forma de aferramiento al yo: que existe este “yo” separado de todo y que “yo” juzgaré qué es bueno y qué es malo.         

No damos este juicio de valor a las cosas en términos de lo que es bueno o malo, aunque a veces esas palabras aparecerán, pero no tienen ese aspecto juzgador tan pesado. Necesitamos ser realistas, evaluar y tomar a todos en serio. Cuando alguien se queja y sufre por algo que creemos que es totalmente trivial, sin embargo, para ellos, eso es sufrimiento.

Este ejemplo surgió el otro día. Alguien se quejó: “No tengo baño privado en mi habitación. Tengo que compartir el baño con otras personas”. Esta señora lo convirtió en un problema horrible. Para alguien que no tiene baño y tiene que usar un campo, este problema que tiene la señora es ridículo. Sin embargo, para esa mujer que quiere una habitación con su propio baño privado, es un verdadero sufrimiento tener que compartir un baño con otras personas. 

Esto lleva a toda la cuestión de las prioridades, ¿a quién ayudamos primero y cómo ayudamos? Esta es una pregunta difícil, y para eso, varias pautas que he escuchado y recibido son:

  • Revisa para qué estás más calificado y que no hay tanta gente haciendo.
  • ¿Hay personas que realmente tengan una conexión contigo y que serían receptivas a tu ayuda?
  • Un aspecto un poco egoísta sería: ¿qué disfrutas hacer?

Estos son los criterios que se utilizan para elegir cómo y a quién ayudar; de lo contrario, hay tanto que se puede hacer en el mundo que sería difícil elegir. Hay tantas personas que necesitan ayuda, ¿cómo las elegimos? ¿Qué clase de ayuda? ¿Para qué estoy mejor calificado? No hay tanta gente haciéndolo, por lo que realmente lo necesitan; ¿estas personas serían receptivas a mi ayuda? Obviamente, el hecho de estemos calificados es lo primero. Además, si no disfrutamos hacerlo y es una gran carga, si no ponemos nuestro corazón en ello, la gente puede sentirlo.

Pero esto es sin ser juzgadores. Hay una diferencia entre juzgar y usar nuestro darse cuenta que discrimina para discriminar lo que es útil y lo que podemos y no podemos hacer. A veces, el darse cuenta que discrimina se traduce como “sabiduría”, pero eso no nos da una idea clara de lo que está hablando. Queremos discriminar de una manera no prejuiciosa entre lo que es realista y lo que no lo es, y simplemente lidiar con la realidad.          

Verdad convencional y más profunda y verdad relativa y absoluta

Usas los términos convencional y más profundo; ¿es lo mismo que lo que en otros textos se dice como relativo y absoluto? Encuentro útil su traducción porque entiendo que dentro del ámbito de lo convencional viene el entrenamiento, donde todavía estamos usando nuestra mente conceptual. ¿Es esto correcto? Pero entonces, ¿significa que este texto aborda principalmente la bodichita convencional, no la llamada “bodichita absoluta”? Al mismo tiempo, el texto se refiere a Manjushri, donde entra la sabiduría, que está relacionada con lo absoluto. ¿Puedes comentar?

En primer lugar, prefiero el término “verdad convencional” al término “verdad relativa” y “verdad más profunda” a “verdad absoluta”. La “verdad absoluta” o la “verdad última” dan la idea equivocada de que es una especie de cosa trascendente allá afuera, totalmente fija y sin relación con nada más. De hecho, es la verdad más profunda de todo. Es como existen las cosas, que es con la ausencia de estas formas imposibles que pensamos que establecen la existencia de cualquier cosa. 

La convención tiene que ver con el mundo de las apariencias. Cuando lidiamos con la bodichita convencional estamos abordando el mundo de las apariencias. Esto es porque queremos alcanzar la iluminación y aparecer de diversas formas para ayudar a los demás y beneficiarlos. ¿Cómo establecemos que todas estas apariencias existen y funcionan? Existen convencionalmente, en el sentido de que tenemos términos para ellas, tenemos conceptos, tenemos ideas de ellas y se refieren a algo. Eso es la convención; la gente está de acuerdo. 

Existe la convención de “yo”, el “sí mismo”. “Yo” se refiere a algo; se refiere a mí, aunque no hay nada del lado de mi cuerpo, dentro de mi cerebro, dentro de mis emociones ni nada por el estilo, que corresponda a un “yo” sólido. Esa es la verdad más profunda al respecto. No existe tal cosa. Sin embargo, ¿cómo establecemos o sabemos que existe tal cosa? Es que existe ese concepto de “yo”, pero, aunque existe ese concepto de “yo”, no es solo un concepto. Ese concepto de “yo” se refiere a algo sobre la base de todas estas partes que están cambiando a un ritmo diferente en cada momento. Por lo tanto, no hay nada fijo que se quede ahí todo el tiempo. No podemos ubicar la característica definitoria de “yo” en ninguna parte, pero está esa convención.            

Con la bodichita convencional, lidiamos con el mundo de las apariencias. Está la convención de “tú”, está la convención de “yo”, está la convención de “ayuda”. Si me acerco para ayudarte a levantarte, está el primer paso, el segundo paso y extender mi mano, y así sucesivamente. ¿Cuál de todas es la “ayuda”? No podemos decir que ninguna parte individual de eso sea lo único que es “ayuda”. “Ayuda” no es solo levantar un pie y bajarlo para ir en tu dirección.                 

Por eso utilizo la imagen de un todo, en lugar de partes. Existe tal cosa como un todo y lo llamamos “ayudarte a levantarte”. Se refiere a algo, a en realidad hacer algo. Pero no podemos encontrar esa “ayuda” en ninguno de los diminutos movimientos de microsegundos de ir allí, ¿verdad? Es una convención, esa es la verdad convencional. La bodichita convencional aborda eso.     

Queremos aparecer de diversas formas que ayudarán a otros, así que prefiero usar estos términos que lo aclaran.

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