Bodichita en 7 partes: Ecuanimidad

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Repaso

Hoy es nuestra segunda sesión de la meditación en siete partes sobre la causa y el efecto para desarrollar la bodichita. Ayer, a modo de introducción, analizamos algunos de los factores que intervienen en la generación del anhelo de la bodichita. Nos hemos centrado principalmente en la bodichita convencional o bodichita relativa, que está dirigida a nuestra propia iluminación individual que aún no ha acontecido, pero que puede acontecer sobre la base de nuestros factores de naturaleza búdica. 

Revisamos algunas de las características que hacen que la bodichita sea tan profunda y tan importante y, por tanto, algo que los grandes maestros elogian mucho como la más rara joya. No hace falta repetir todo lo que dije ayer, pero es muy importante tener un buen conocimiento de lo que es la bodichita, respetarla y no banalizarla. También es importante entender que, si en verdad queremos desarrollarla profunda y sinceramente, necesitamos hacer una gran cantidad de trabajo. Por eso viene en el nivel avanzado de motivación, no es algo con lo que empezamos.   

La bodichita no es parte del nivel inicial de motivación, aunque se podría obtener esa impresión por la organización de muchos de los lam-rims, donde el refugio y la bodichita se encuentran al principio como parte de las prácticas preliminares o preparatorias. Encontrarla al principio, obviamente, supone que ya tenemos estos aspectos. Necesitamos entender el contexto en el que se dan estas enseñanzas del lam-rim que encontramos en los grandes textos. Estas enseñanzas son para personas que ya han pasado por todo este material y lo están revisando como preparación para recibir algún tipo de iniciación tántrica. Ese es el contexto real del Lam-rim chen-mo, la presentación de Pabongka, etc.      

Para plantear otro punto concerniente a la organización del lam-rim, el de presentar en los inicios del texto la relación con el maestro espiritual, confiar en el maestro espiritual como la raíz del camino, siempre enfatizo -cuando enseño sobre la relación con el maestro espiritual-, que la raíz no es la semilla de un camino. La raíz está ahí cuando una planta ya ha crecido; es aquello a través de lo cual uno recibe sustento. Entonces, el maestro espiritual es el que nos brinda inspiración, pero no es donde realmente comenzamos.            

Fue interesante, estaba revisando una vieja presentación Kadampa de las etapas graduales de un maestro Kadampa llamado Sangwayjin, que fue un precursor del lam-rim de Tsongkapa y en la que Tsongkapa realmente basó su Lam-rim chen-mo. En esa presentación, aclara un poco ese tema, lo cual me alegró mucho. Dice que la base, donde comienza el camino, es tener creencia confiada en las Tres Joyas, confianza en el valor de la práctica y este tipo de cosas. Ahí es donde comenzamos: primero que nada, teniendo el deseo de mejorar, luego teniendo algún conocimiento del Dharma y cierta confianza en que el camino será útil y válido. Ahí es donde empezamos. Esa es la base del camino. Entonces la raíz, aquello a través de lo cual obtenemos sustento, es el maestro espiritual.          

En cualquier caso, las enseñanzas de la bodichita se introducen en un nivel muy avanzado en el lam-rim. Entonces, si deseamos practicar los diversos métodos (y hay dos métodos que están indicados para desarrollar el anhelo de la bodichita: la meditación en siete partes sobre la causa y el efecto, y la de igualar e intercambiar nuestras actitudes con respecto a nosotros mismos y a los demás), necesitamos apreciar el hecho de que tenemos que obtener estabilidad en las enseñanzas y los entrenamientos de los niveles inicial e intermedio.  

Ecuanimidad

La meditación en siete partes sobre la causa y el efecto está organizada de una manera interesante. La forma en que se numeran los pisos de un edificio en los Estados Unidos es comenzando con el piso número uno. Bueno, esa no es la forma en que se hace aquí en Seattle. Está hecho al estilo europeo donde hay una planta baja y luego encima están los pisos numerados: piso número uno, dos, tres, etc. Las enseñanzas sobre la causa y el efecto en siete partes están organizadas de esa manera: hay una planta baja que precede al paso número uno. Esa planta baja es la ecuanimidad.       

La ecuanimidad discutida aquí es la ecuanimidad que se desarrolla en común con los llamados practicantes Hinayana, lo que significa que es una ecuanimidad que está en común con los niveles inicial e intermedio de motivación. Ese punto debe entenderse y tomarse en serio. ¿Cuál es el objetivo de esta práctica de ecuanimidad? Es superar la atracción hacia algunas personas, la repulsión o aversión hacia otras y la indiferencia hacia otras. “Otros”, en primer lugar, no significa exclusivamente personas: estamos hablando de todos los seres sensibles.           

No sé qué tan bueno sea el término “ser sensible”. Prefiero “seres limitados” que, lamentablemente, se traduce como “seres discapacitados” en otros idiomas. No es un término fácil de traducir. Aquí hay dos términos. Uno es “semchen” (sems-can) y el otro es “luchen” (lus-can). "Semchen" es alguien que tiene “sem” (sems), que es una mente limitada. Un buda no tiene “sem”, una mente limitada. A menudo, la gente piensa en los budas como seres sensibles, pero los budas no están incluidos en ese grupo. Los seres con mentes limitadas son los que queremos ayudar a obtener la iluminación o la liberación. “Luchen” es un ser con un cuerpo limitado. Un buda no tiene ese tipo de “lu” (lus) o cuerpo. Hay una palabra diferente para el cuerpo de un buda.      

Básicamente, lo que queremos superar es el favoritismo: sentirnos atraídos por algunos, repelidos por otros e indiferentes hacia otros. Eso incluye a todos los seres limitados en todas las diferentes formas de vida. Eso, por supuesto, implica el problema de si estos otros reinos realmente existen o no; eso no es fácil. Quizás debería mencionar algo sobre eso. Pero para concluir o terminar la línea de pensamiento que quería presentar, el contexto principal dentro del cual obtenemos ecuanimidad es el de superar las emociones perturbadoras hacia los demás. Ese es el contexto principal para este tipo de ecuanimidad. Hay otro tipo de ecuanimidad, que implica igualar nuestras actitudes hacia los demás. Esa es la forma Mahayana de desarrollar la ecuanimidad. Tiene que ver con no tener ningún favoritismo cuando en realidad estamos dirigiendo nuestro amor y compasión hacia los demás, no sentir que algunos están cerca y otros lejos.             

Aquí, sin embargo, el enfoque está en superar las emociones perturbadoras hacia los demás. Eso significa que realmente necesitamos enfatizar el nivel intermedio de motivación: desear deshacernos del samsara nosotros mismos. Entonces, queremos deshacernos de estas emociones perturbadoras, pero volveré a eso.

Aceptación de otros reinos de existencia

Permítanme decir unas cuantas palabras sobre estos diferentes reinos porque creo que mucha gente tiene dificultades para creer que estos reinos existen. La forma en que lo pienso -y no he escuchado esto de mis maestros ni de alguien más, este es solo mi propio análisis-, es en términos de felicidad e infelicidad. De eso es de lo que estamos hablando cuando hablamos de la maduración del karma. El karma madura, entre otras cosas, en felicidad e infelicidad; eso es lo más general. Cuando hablamos de felicidad, hablamos de nuestra felicidad samsárica que no dura, etc. Podría ser un sentimiento físico de felicidad o un sentimiento mental, y puede acompañar todo tipo de sensaciones diferentes.            

Cuando vemos el rango de percepción sensorial, por ejemplo, encontramos que los seres humanos, debido a nuestro hardware limitado, nuestro aparato corporal, somos capaces de experimentar solo rangos limitados. Tomemos como ejemplo el espectro visual: no podemos ver el ultravioleta, no podemos ver el infrarrojo, no podemos ver en la oscuridad. Algunos animales pueden ver mucho mejor que nosotros en la oscuridad. Los perros pueden escuchar sonidos de frecuencia más alta que nosotros, y ciertamente pueden detectar los olores mucho mejor que nosotros. Con base en esa línea de pensamiento, se puede concluir que, el hecho de que ciertas partes del espectro de la percepción sensorial no puedan ser experimentadas por el aparato humano, no significa que no puedan ser conocidas por la actividad mental en absoluto.      

El placer y el dolor no son lo mismo que la felicidad y la infelicidad; son sensaciones físicas. La felicidad y la infelicidad son factores mentales que pueden acompañar esas sensaciones. Por lo general, cuando hablamos de estos diferentes reinos, hablamos del placer y el dolor que se experimenta allí, aunque, de hecho, la felicidad y la infelicidad experimentadas en estos reinos son los principales resultados del karma. Sin embargo, si vemos el placer y el dolor, podemos ver que el aparato humano, el cuerpo físico, sólo puede experimentar una cierta cantidad de placer y dolor. Cuando el dolor se vuelve demasiado fuerte, nos desmayamos; nos volvemos inconscientes, entramos en estado de shock, y luego el cuerpo se apaga.             

Es lo mismo con el placer. Si el placer es demasiado intenso, se activa un mecanismo automático, casi involuntario, para destruir esa felicidad, para acabar con esa felicidad. Esto se puede ilustrar con el placer sexual: nos apresuramos a tener el orgasmo, lo que reduce el nivel de intensidad del placer; en el caso de los hombres, lo reduce por completo. Luego está el caso de -me encanta este ejemplo-, una comezón. ¿Alguna vez han pensado en lo que es una comezón? Una comezón es un placer intenso. Eso es lo que es. No es doloroso: es placentero. Sin embargo, es demasiado placentero; por lo tanto, nos vemos obligados a rascarlo, a terminarlo. 

Esa, por cierto, es la clave para lidiar con erupciones crónicas, picazón crónica. Tuve una hace unos años, que duró cuatro o cinco años. Me picaba intensamente el cuello y el cuero cabelludo. A veces todavía me da comezón. La única forma de lidiar con eso, porque ningún médico pudo averiguar qué era ni prescribir ningún tipo de tratamiento, era relajarse y disfrutar del placer de la comezón. Era la única forma, que no era muy fácil de hacer. Sin embargo, esa es la naturaleza esencial de una picazón: placer.  

Dado que nuestro aparato es limitado, solo podemos experimentar un cierto rango dentro del espectro del dolor y el placer y, por lo tanto, de felicidad e infelicidad. Si nos sentimos demasiado infelices, nos matamos. En muchos sentidos, también nos matamos cuando estamos demasiado felices porque todo es completamente aburrido. En cualquier caso, no hay ninguna razón lógica por la que no pueda haber una base física que pueda experimentar más de esos rangos. La actividad mental de cualquiera tiene la posibilidad, hablando de la actividad mental en general, de experimentar toda la gama o espectro de sensaciones a las que responden todos los diferentes tipos de aparatos sensoriales y, por tanto, toda la gama o espectro de dolor y placer y la felicidad e infelicidad asociadas. Pensar de esta manera me ayuda a sentirme un poco más cómodo con la idea de que existen estas otras formas de vida.            

Estamos hablando de nuestros continuos mentales individuales y de lo que son capaces de experimentar. Se necesitaría el hardware apropiado, un cuerpo apropiado con sensores apropiados, para poder experimentar más en un lado o en el otro de los diversos espectros asociados con los diversos sentidos. Entonces, me parece que pensar así puede ser útil para sentirse un poco más cómodos con estas diferentes formas de vida.

Me parece que es totalmente injusto para la tradición reducir estas diferentes formas de vida a estados psicológicos dentro del reino humano. Eso es completamente injusto para la tradición. De las enseñanzas sobre el karma, podemos decir que hay algunos residuos de vidas anteriores que hemos tenido en cada uno de los diferentes reinos y por eso vemos pequeños rastros de ellos en esta vida, pero eso no es equivalente a todas las enseñanzas sobre estos otros reinos. 

Creo que este punto es particularmente relevante en nuestra discusión sobre la ecuanimidad, nuestra discusión sobre la compasión, nuestra discusión sobre el deseo de ayudar a todos a alcanzar la iluminación, etc. No queremos que nuestra visión de todos los seres sea un tipo de visión exclusiva. Estamos pensando en continuos mentales, básicamente continuos mentales individuales, que son finitos en número, pero de los cuales hay muchísimos, sin principio ni fin. Son incontables en número, pero son finitos, no es que se estén creando otros nuevos. Si pensáramos eso, entonces tendríamos que meternos en todo el problema de quién los crea, de dónde vienen, etc. Ese concepto de un creador no es aceptado en el budismo. 

Desarrollar la renuncia

Entonces, estamos pensando en todos los seres individuales - seres limitados con mentes limitadas, actividades mentales limitadas y cuerpos limitados que sustentan esa actividad - y queremos desarrollar ecuanimidad hacia ellos. Existe un método estándar para hacerlo; no quiero simplemente saltar al método estándar porque luego terminaremos en cinco minutos. Para que este método funcione, que significa no tener apego, aversión o indiferencia con respecto a ningún ser individual, necesita, como dije, ser entendido en el contexto del nivel intermedio de entrenamiento. El nivel intermedio de entrenamiento enfatiza la renuncia. Entonces, ¿qué es la renuncia?      

La traducción literal de la palabra “renuncia” es “determinación”. Es la palabra “nay-jung” (nges -'byung), adquirir “certeza” (nges) - entonces, estar determinado. ¿A qué estamos determinados? Estamos determinados a deshacernos del samsara. Estamos determinados a obtener la liberación y estamos determinados a salir del samsara. Entonces, aquí hay dos direcciones. Una es alcanzar algo, que es la liberación, y la otra es eliminar algo más, que es el samsara.     

Eso significa, para decirlo con palabras desagradables, renunciar a ciertas cosas. No estamos hablando de renunciar a objetos, renunciar a cosas. Más bien, estamos hablando de renunciar a la forma en que experimentamos las cosas. Después de todo, de eso se trata el budismo: que existe sufrimiento debido a la forma en que experimentamos las cosas y que existen causas para ello. Entonces, queremos ser capaces de experimentar las cosas sin sufrimiento, lo que significa sin crear las causas del sufrimiento. En cambio, queremos experimentar las cosas con comprensión, lo cual después conduce a la compasión, etc.   

Ahora bien, eso no significa que las cosas que experimentamos existan objetivamente, de forma totalmente independiente. Pero, de nuevo, como tal vez mencioné antes, estamos hablando de cómo establecemos que algo existe, no de la forma en que existe en general. Pero no vayamos allí por el momento. ¿Cómo experimentamos las cosas? Eso es a lo que queremos renunciar: experimentar las cosas con apego, aversión e ingenuidad. Estas son las tres actitudes o emociones venenosas.   

Cuando tenemos apego, por ejemplo, no queremos dejar ir lo que tenemos. Cuando tenemos deseo, que es otra cara de esa emoción perturbadora, se define de manera diferente en diversos textos indios desde ese punto de vista, queremos obtener lo que no tenemos. Lo relevante aquí es que estas emociones o actitudes venenosas nos hacen experimentar cosas con sufrimiento, generan problemas. 

Con la renuncia, como con cualquier motivación, hay tanto un objetivo como un componente emocional. El objetivo es la liberación y el componente emocional es el disgusto. Estamos totalmente hartos de esta situación de sufrimiento que sigue ocurriendo una y otra vez. No estamos hablando de estar molestos o enojados por eso: “Soy tan estúpido por ser así”. Ese no es un estado mental que sea conducente para salir del sufrimiento porque sigue siendo un estado mental perturbador: estar molestos con nosotros mismos por ser tan tontos. Más bien, simplemente estamos disgustados.    

“Disgusto”, me parece, es una buena palabra, pero creo que también hay otra connotación aquí, que es que estamos aburridos. Estamos tan aburridos y disgustados con esta situación, “¡esto es patético!”, que finalmente decidimos hacer algo al respecto. Dada mi propia experiencia de superar ciertas cosas con las que estuve muy involucrado en mi juventud, creo que esa es la forma en que realmente podemos dejar de beber o fumar o lo que sea. “¡Esto es ridículo! ¡Esto es patético!”. No es: “Quiero ser el súper policía” y “estoy enojado conmigo mismo”. Eso no funciona. Es solo: “esto ya no es interesante”. Cuando es aburrido y ya no es interesante, nos hartamos. Ya hemos tenido suficiente, así que queremos detenernos y tenemos más posibilidades de poder detenernos.  

Entonces, la renuncia tiene que ser un estado mental no perturbador. Eso no es tan fácil. A menudo asociamos la renuncia con sentirnos culpables y tener que privarnos a nosotros mismos. Pensamos: “tengo que vigilarme a mí mismo”, y demás. Eso no es renuncia. Es un esfuerzo neurótico por detener algo. Hay que renunciar a eso. Tenemos que cansarnos de eso, de ser el policía. Necesitamos desarrollar el estar hartos de tener sentimientos de atracción hacia algunos, aversión hacia otros e indiferencia hacia los demás, y estar hartos de todos los problemas que surgen de eso. Necesitamos reconocer los problemas que surgen de eso, el sufrimiento que proviene de eso. De lo contrario, ¿por qué querríamos renunciar a eso? ¿Por qué querríamos salir de eso y desarrollar la ecuanimidad hacia todos?    

No tenemos que entrar en todos los problemas que surgen cuando estamos tan apegados a alguien o tan molestos con alguien o totalmente indiferentes hacia alguien… lo cual después esas personas resienten, y así sobrevienen todo tipo de cosas. Estoy seguro de que todos hemos experimentado los problemas que surgen de cada una de estas tres actitudes hacia los demás.  

Los tres entrenamientos superiores

El entrenamiento en el nivel intermedio de práctica indica cómo superar las tres actitudes venenosas. Entonces, antes de pasar al nivel avanzado con la bodichita, necesitamos tener un poco de entrenamiento en el nivel intermedio. Implica los tres entrenamientos superiores: disciplina ética, concentración y lo que yo llamo “darse cuenta que discrimina”.    

No me gusta el término “sabiduría”. Muchos traductores lo utilizan para traducir muchos términos diferentes en el budismo, y estos términos diferentes no significan lo mismo. Entonces, “sabiduría”, como traducción, simplemente mezcla todo y hace que el término sea trivial. Es “darse cuenta que discrimina”, en este caso, que es el darse cuenta o comprensión que discrimina entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo que es realidad y lo que es fantasía, lo que es útil y lo que es dañino. Hay muchas áreas diferentes en las que se puede enfocar.      

El darse cuenta que discrimina, para ver su definición, es el factor mental que agrega certeza a la distinción. “Distinción” es la forma en que prefiero traducir el factor mental a menudo llamado “reconocimiento”. No es reconocimiento en absoluto. El reconocimiento implica que conocíamos un objeto antes y ahora lo estamos recordando y le aplicamos cualquier nombre o concepto que le hayamos aplicado antes. Ese no es el factor mental del que estamos hablando aquí. Es distinguir. Distinguimos un cierto rasgo característico de algo, distinguiéndolo del fondo, básicamente.               

Si veo la forma coloreada de la cara de una persona, que es lo único que veo, en realidad: una forma coloreada, tengo que ser capaz de distinguirla de las formas coloreadas de la pared y de las personas alrededor, para ser capaz de lidiar de cualquier forma necesaria con la información que está entrando. A eso se refiere la distinción. Distinguimos un objeto del fondo. Luego, el darse cuenta que discrimina agrega certeza a eso: “Es esto y no aquello”. Por lo tanto, discriminamos entre lo que es útil y lo que es dañino, lo que es correcto y lo que es incorrecto, etc.     

Siempre es importante volver a las definiciones; de lo contrario, no entendemos realmente a qué se refieren estos términos. Luego obtenemos todo tipo de ideas engañosas basadas simplemente, en nuestro caso, en las palabras en inglés (o en español) que se utilizan para traducir estos términos. Los tibetanos tienen el mismo problema. Si no conocen la definición, también pueden confundirse acerca del significado de un término.

La importancia de los tres entrenamientos superiores - disciplina ética, concentración y darse cuenta que discrimina - generalmente se explica metafóricamente: para cortar la raíz de algo, necesitamos un hacha afilada - eso es darse cuenta que discrimina; para realmente poder cortarlo, necesitamos ser capaces de dar siempre en el clavo, eso es concentración; y para levantar el hacha, necesitamos fuerza, eso es disciplina ética. Necesitamos los tres. Esa es la metáfora que se usa, y es buena.         

Necesitamos disciplina para no dejarnos llevar por la atracción, la repulsión y la indiferencia. Por ejemplo, cuando estamos con un grupo de personas y nuestro mejor amigo o un ser querido entra en la habitación, necesitamos tener la disciplina de no solo correr hacia esa persona e ignorar a los demás. Tengo un muy buen ejemplo de eso. Estaba traduciendo para el viejo Serkong Rinpoche en algún lugar de Occidente, y una de mis primas, que vivía en la ciudad donde estábamos y a quien no había visto en muchos, muchos años, llegó tarde. Ahí estaba yo, traduciendo. No podía levantarme e ir a saludarla ni nada por el estilo, a pesar de que estaba un poco molesta porque no corrí hacia ella. Entonces, en este tipo de situaciones, necesitamos disciplina para no levantarnos y luego concentración para mantenernos enfocados en lo que estamos haciendo. Necesitaba concentrarme en traducir y no permitir que mi mente divagara sobre esta prima a quien no había visto en varios años.      

Esa disciplina es muy necesaria para la ecuanimidad. Al menos necesitamos tener el autocontrol para no ignorar a los demás. Eso es algo que surge todo el tiempo, ¿no es así? Experimento esto: la gente viene y hace preguntas, y necesito ir al baño, o necesito ir a la próxima cita, o necesito hablar con otras personas, o lo que sea. Lo que surge es la tendencia a ignorar a la persona, interrumpirla. Incluso podríamos molestarnos un poco con ellas, especialmente si están hablando y hablando y no van al grano. Entonces, necesitamos, por supuesto, paciencia. Pero lo más relevante para nuestra discusión aquí es la disciplina de no ignorar a esta persona y no mirar nuestro reloj y decirle: “Por favor, vete”, o usar palabras aún más fuertes, palabras que podríamos decir en nuestra cabeza.        

Por lo tanto, debemos tener disciplina y concentración, y necesitamos prestarles la misma atención a todos, ya sea que estemos realmente interesados en lo que dicen o no. Después de todo, están haciendo una pregunta, para ellas es importante. De lo contrario, ¿por qué lo preguntarían? Quizás estén preguntando solo para lucirse, pero eso es otra cosa. En cualquier caso, debemos tomarnos a todos en serio. Creo que a eso es a lo que apunta esta ecuanimidad: que antes de que podamos pensar en tener amor y compasión por todos, tenemos que tomarlos en serio.       

Esta es una actitud que enfatizo mucho en el entrenamiento en la sensibilidad que desarrollé, Desarrollar una sensibilidad equilibrada. “Tú eres un ser humano” - me refiero aquí a los seres humanos, pero también se podría incluir al perro - “y tienes sentimientos, así como yo tengo sentimientos. Así como la forma en que me tratas y me hablas afecta mis sentimientos, la forma en que te trato y te hablo afecta tus sentimientos”. Por lo tanto, “así como quisiera que me respetaras como ser humano, que respetaras mis sentimientos y los tomes en serio, me gustaría respetarte a ti y a tus sentimientos, interesarme por ti y no lastimarte” y demás. Desarrollamos lo que yo llamo la “actitud considerada”.           

Esa es la base aquí: tomar a todos igualmente en serio; entonces, podemos desarrollar el amor y la compasión y estas otras cosas. Para hacer eso, es necesario que haya ecuanimidad hacia todos.      

Superar la atracción, la repulsión y la indiferencia

¿Qué queremos superar, entonces, con esta ecuanimidad? Queremos superar la atracción, la repulsión y la indiferencia, las cuales se basan en tener un deseo anhelante y apego, o enojo y hostilidad, o ingenuidad. Es por ingenuidad que ignoramos a los demás.        

Nuevamente, tenemos que revisar las definiciones.

¿Qué es apego o deseo? Con deseo, recordemos, queremos lo que no tenemos. Con apego, no queremos dejar ir lo que tenemos. Con codicia, queremos más. Todos estos son aspectos de esta emoción perturbadora. El apego se basa en sobrestimar las buenas cualidades de algo. Aquí, en el caso de una persona, estamos sobrestimando las buenas cualidades y luego identificamos a la persona exclusivamente con estas buenas cualidades. Esas cualidades pueden estar ahí o no, pero, en cualquier caso, exageramos las buenas cualidades o tal vez agregamos más buenas cualidades de las que realmente tienen, e ignoramos totalmente las negativas. Luego, con un fuerte sentido de “yo”, pensamos, “yo quiero tenerlo” y “yo no quiero perderlo”.                   

El enojo o la repulsión enfatiza y exagera las cualidades negativas. Entonces pensamos, “yo quiero deshacerme de eso”, o “yo no quiero tenerlo”. Entonces, nuevamente, hay un gran “yo” fuerte aquí.   

Con ingenuidad e indiferencia, la cual proviene de la ingenuidad, básicamente no estamos viendo las cualidades de la otra persona por una razón u otra, o estamos demasiado ocupados, o no nos importa, o no estamos interesados. O podríamos tener miedo, esa es otra razón para ignorar a los demás. Podríamos tener miedo de cometer un error o miedo de que la persona nos haga daño o miedo de que nos defraude; puede haber muchas variaciones de miedo. Y somos ingenuos sobre el hecho de que “son un ser humano; tienen sentimientos como yo, y tienen buenas cualidades y cualidades negativas”, etc., lo que lleva a la indiferencia.  

Entonces, tenemos atracción, repulsión e indiferencia. Para superarlas, necesitamos ir a las enseñanzas sobre el darse cuenta que discrimina del nivel intermedio. El hecho de solo hacer este ejercicio de ecuanimidad (imaginar a un amigo, un enemigo y un extraño; pensar en cómo, en vidas anteriores, el amigo nos ha lastimado, y cómo, en vidas anteriores, el enemigo nos ha ayudado, y cómo, en vidas anteriores, el extraño también nos ha ayudado) está muy bien, pero no sirve de mucho si no tenemos un nivel más profundo de comprensión de lo que eso realmente significa y no estamos convencidos de la lógica de por qué eso nos lleva a un estado de ecuanimidad.         

Por favor, no trivialicemos la ecuanimidad. Es increíblemente difícil tener ecuanimidad. Es mucho más fácil pasarla por alto y simplemente desarrollar amor y compasión por las personas que nos gustan o por algún tipo de amorfo “pobres seres que sufren” y pensar: “Yo los ayudaré”. Pero, ¿estamos realmente dispuestos a lavar las llagas de un leproso, por ejemplo? ¿Realmente queremos ensuciarnos las manos ayudando a alguien? “Voy a dar algo de dinero”, “voy a pagarle a alguien más para hacer eso”, pero “¿yo realmente quiero hacer eso?”.        

No es tan fácil, ¿verdad? Si alguna vez uno visita algunas de estas organizaciones de la Madre Teresa y ve lo que realmente hacen y las personas con las que realmente están trabajando, uno comienza a reevaluar su propio nivel de compasión, amor y compromiso, y la voluntad de realmente ayudar a alguien.     

Continuos mentales

En cualquier caso, volviendo atrás, el continuo mental es la clave. El continuo mental no tiene principio ni final. No es tan fácil entender eso y tener la confianza de que es así. Sin embargo, hay muchas razones para ello, dada la forma en que funciona la causa y el efecto. ¿Es posible que haya una causa que provenga de la nada, una causa que de repente inicie algo, o siempre tiene que haber una causa previa? En otras palabras, ¿algo puede surgir de la nada? ¿Y puede algo convertirse en absolutamente nada sin algún tipo de efecto? Desde el punto de vista budista, eso es imposible.      

Entonces, tenemos estos continuos mentales sin principio de momentos de experiencia que ocurren uno tras otro. Así, podemos ver a la persona: esta es una persona, un individuo. En el continuo mental surgen los diversos tipos de impulsos basados en emociones perturbadoras, que a su vez surgen del no darse cuenta, la ignorancia, la confusión, etc. Estos diversos impulsos conducen a varios tipos de comportamiento impulsivo, pero es posible que no, es posible que no actuemos todos los impulsos que surgen. Por ejemplo, podemos tener el impulso de gritarle a alguien, pero en realidad no actuamos ese impulso. Pero el impulso que surge es el karma y, en la mayoría de los casos, actuamos esos impulsos, los llevamos a cabo.                  

Actuar esos impulsos conduce a ciertas consecuencias. Se construyen ciertos hábitos y ciertas tendencias, así como ciertos potenciales positivos y negativos (o fuerza kármica). Los potenciales positivos y negativos generalmente se traducen como “mérito” y “pecado”, que son términos que, como mencioné ayer, traen conceptos bastante irrelevantes y engañosos del cristianismo. Es la fuerza positiva y la fuerza negativa la que, con las condiciones adecuadas, provocará la experiencia de algo más en este continuo mental.    

Ampliar la base de imputación

Tenemos continuos mentales. ¿Qué pasa con el “yo”, la persona que está involucrada aquí? Sobre cada uno de estos continuos mentales individuales hay un “yo” como imputación. El “yo” es una imputación sobre el continuo mental. Podemos usar un ejemplo muy, muy simple: una película. Una película tiene un momento tras otro, un momento tras otro. No vemos todo Star Wars en un momento. Es una imputación sobre toda una película, sobre toda una secuencia de fotogramas. O un año: un año es una imputación sobre días y momentos; un año no sucede completo de una vez. De esa misma forma, el “yo” es una imputación no solo sobre un momento sino sobre toda esa continuidad de momentos. Es como el nombre de una película individual.                  

Entonces, ¿qué es ese “yo”? Necesitamos entender que ese “yo” no es algo estático - es decir, “estático”, lo cual significa que no cambia y no se ve afectado por nada. No es algo sin partes, no es un monolito que no tiene varios aspectos diferentes. Tampoco es algo que esté separado del continuo mental, algo que podría volar y entrar en otro continuo mental o algo así. Este tipo o nivel de “yo” es imposible.   

Ese “yo” o persona tampoco es algo que sea autosuficientemente cognoscible, para ver el siguiente nivel, más sutil. En otras palabras, no podemos conocer a una persona por separado de conocer algo de la base de imputación de la persona que aparece. Decimos cosas como: “Quiero conocerme a mí mismo”. ¿Qué conocemos? En realidad, es más fácil entender esto en términos de otras personas: “Conozco a Bárbara”. ¿Qué conocemos? “Veo a Bárbara”. ¿Qué vemos? No podemos ver a Bárbara sin ver una forma física. Es sobre la base de una forma física que vemos a Bárbara: no solo vemos a “Bárbara”. “Conozco a Bárbara”. ¿Qué conocemos? “Sé el nombre de Bárbara”. Entonces, en ese caso, conocemos a Bárbara en asociación con un nombre. “Conozco la personalidad”, “sé cómo luce”. No podemos pensar en ella así, es decir, sin saber algo de la base sobre la que ella es una imputación. Una persona no puede ser autosuficientemente conocida, no puede ser conocida completamente por sí misma.

Creamos mucho sufrimiento para nosotros mismos al pensar en términos del “yo” que es autosuficientemente conocible. El ejemplo que me encanta usar es: “Quiero que alguien me ame por mí mismo, no por mi apariencia, no por mi cuerpo, no por mi riqueza, no por mi conocimiento, no por ninguna de estas cosas. Solo quiero que me amen por mí mismo". ¿Qué rayos significa eso? ¿Cómo podría alguien amarnos por separado de la base de imputación del “yo”?            

Este es el yo sutil e imposible de una persona. Nos lleva a una comprensión más Prasánguika-Madyámaka: que existe una relación íntima entre el “yo” y la base de imputación. La base de imputación es el continuo mental momento a momento a momento de la actividad mental, sin principio ni final. Lo que es relevante aquí, porque es el obstáculo para la ecuanimidad, es que identificamos a cada persona solo con lo que vemos ahora, lo que vemos en este momento o en esta fase; es posible que no sea necesariamente solo un momento. Los vemos como un amigo, un enemigo o un extraño o, yendo incluso más allá de esas etiquetas, como un ser humano o como un mosquito. Estas son solo fases de la persona, del continuo mental.

Lo que está sucediendo aquí es que estamos limitando la base de imputación de la persona. No estamos viendo toda la base de imputación. E incluso dentro de esa fase limitada del continuo mental, de ver solo un cierto corto período, limitamos la base aún más al ver solo las buenas cualidades, exagerándolas y tal vez agregando algunas que ni siquiera están allí, o viendo solo las malas cualidades, exagerándolas y tal vez agregando algunas que no existen, o ignorando por completo las cualidades que están allí, y luego etiquetando a la persona sobre esas bases aún más limitadas.       

La clave de la ecuanimidad es la comprensión. No se trata de imponernos algún tipo de disciplina: “Bueno, me voy a sentar aquí. No voy a ir a saludar a mi prima y, por lo tanto, ignorar a las demás personas”. Además, no basta con solo pensar: “Bueno, no voy a hacer eso porque todos son seres humanos; quieren ser felices y no quieren ser infelices”. En realidad, eso no es lo suficientemente profundo. Es posible que funcione, pero necesitamos algo un poco más profundo para entender realmente lo que está pasando y hacer que esta meditación de la ecuanimidad funcione. ¿Por qué? Porque implica tomar en cuenta las vidas pasadas y, por lo tanto, diferentes bases sobre las cuales imputar a la persona, por ejemplo: “Este amigo debe haberme lastimado en una vida pasada”. Esa es una forma de ampliar la base de la imputación.        

Si entendemos ampliar la base así en términos de etiquetado y la base del etiquetado o la base de imputación y la vacuidad de la persona (que la persona no existe por separado de la base o no se conoce por separado de la base) se vuelve un poco más fácil trabajar realmente con esta ecuanimidad y ver que es algo razonable desarrollarla. No es solo una cosa budista sobrehumana. De hecho, es correcto, aunque necesitamos respetar la verdad convencional.

Respetar la verdad convencional

Es muy importante, cuando uno tiene esta comprensión de la vacuidad (“está bien, voy a etiquetar a cada persona sobre la totalidad de sus continuidades mentales, en lugar de solo sobre pequeñas partes. Voy a ver a todos en términos de estas continuidades mentales que no tienen principio ni final”), no perder de vista el nivel convencional: “Este individuo resulta ser mi bebé ahora, y tengo que prestarle más atención a mi bebé que a las hormigas que hay en mi cocina”. No perdamos de vista la verdad convencional de dónde están ahora con respecto a nuestras relaciones con ellos.            

Si ignoramos el nivel convencional, la ecuanimidad puede lastimar a las personas que están muy cerca de nosotros. Eso es algo de lo que debemos estar atentos. Conozco personas que tienen hijos y que están muy comprometidas socialmente y pasan todo su tiempo ayudando a los pobres o lo que sea que les interese, pero ignoran a sus hijos. Sus hijos se sienten ignorados. Dicen: “Mi madre o mi padre están ayudando a estas otras personas, pero ¿qué hay de mí?”.     

Es importante no ignorar o descartar la verdad convencional. Es por eso que, en las enseñanzas, se dice que, por supuesto, desarrollamos ecuanimidad hacia todos y la voluntad de ayudar a todos por igual, y la ecuanimidad de la que estamos hablando aquí tiene que ver con no estar emocionalmente alterados ni sentirnos atraídos por algunos, como por un imán, ni repelidos por otros (el imán no lidia con rocas o plantas; por lo tanto, no somos atraídos ni repelidos, no hay ninguna emoción perturbadora allí), pero, aun así, ayudamos a quienes somos más capaces de ayudar y con quienes tenemos conexiones más fuertes.     

Si alguien está totalmente cerrado a nosotros, si no es receptivo, no hay mucho que podamos hacer. Ese fue el caso del Buda mismo, entonces, ¿qué podemos esperar ser capaces de hacer? Siempre es muy aleccionador pensar en el ejemplo del Buda. “No a todo el mundo le agradaba el Buda, así que ¿por qué debería esperar agradarle a todo el mundo?”, es una buena reflexión. Es realmente aleccionador pensar en ello cuando no le agradamos a la gente. Nos esforzamos mucho por ser bodisatvas, y ellos piensan que somos idiotas y nos critican. 

Ecuanimidad basada en la razón

Entonces, la clave para desarrollar esta ecuanimidad es tener algún tipo de comprensión. En los textos encontramos dos métodos para desarrollar la ecuanimidad. El primero es el lado del método. Con ese, primero desarrollamos el amor y la compasión. Luego, basándonos en eso, desarrollamos el deseo, “quiero convertirme en un buda para poder ayudar a todos”, que luego conduce a: “necesito la comprensión de la vacuidad para poder hacer eso, necesito convertirme en un buda”. Ese es un método. Con el otro método, que es para aquellos que están más inclinados intelectualmente, la comprensión de la vacuidad viene primero. Entonces, sobre la base de ese entendimiento, se vuelve obvio que uno tendría compasión y amor por todos.                  

Su Santidad siempre dice que esta segunda forma de desarrollar la ecuanimidad es más estable. Aunque podemos proceder a un nivel emocional y tener éxito en eso, es un poco inestable. Podríamos confundirnos emocionalmente. Cuando hay al menos un conocimiento básico, eso nos ayuda mucho a aterrizarnos. Y como dije, la clave son las continuidades mentales, no perder de vista toda la continuidad mental.       

Eso se conecta muy bien con la renuncia. Pensamos en nosotros mismos cuando pensamos en términos de continuidades mentales que no tienen principio ni fin. Qué aburrido es que nuestras continuidades mentales tengan altibajos continuamente con la infelicidad y con esta felicidad mundana, que nunca satisface y sube y baja y sube y baja. Queremos deshacernos del sufrimiento que todo lo impregna que perpetúa la base de estos altibajos: el renacimiento samsárico.

Si pensamos en nuestra propia continuidad mental de esa manera y estamos determinados a liberarnos de esta realmente horrible película que solo seguimos repitiendo una y otra vez, entonces pensamos en términos de los demás también. Así que el amor y la compasión, etc., que desarrollamos por los demás y el deseo de llevarlos a la liberación tiene que basarse en ver a los demás en términos de todas las continuidades mentales, todas las continuidades mentales individuales. Entonces, con ecuanimidad, ya estamos empezando a pensar en los demás como continuidades mentales, en lugar de identificarlos solo con lo que vemos ahora.   

Preguntas

Quizás tengan algunas preguntas sobre eso antes de que entremos en el verdadero método que, quizás, muchos de ustedes ya conocen. Está muy disponible en muchos libros.

¿Puede retroceder y describir muy brevemente el método menos estable?

El método menos estable para desarrollar el amor y la compasión es el que se basa únicamente en la emoción. Implica pasar por toda la secuencia de “todo el mundo ha sido mi madre; todos han sido muy amables”, etc., lo cual realmente no aterriza la ecuanimidad de manera firme. En realidad, es bastante difícil, a nivel emocional, decir: “Bueno, no voy a sentirme atraído por algunos, repelido por otros, ni voy a ignorar a otros”, y decidir no comportarse de esa manera. Hacer eso de forma puramente emocional es muy difícil. Sin entendimiento, no veo ninguna forma de hacer eso más que siendo como un policía y usando la disciplina.       

Es debido a ello que, me parece, la base es inestable para desarrollar lo que se llama gran amor y gran compasión, lo que significa que está dirigido a todos, independientemente de lo que nos hagan ahora. Si pensamos en términos del continuo mental, entendemos que nos han hecho todo. Entonces, ¿cuál es el problema con lo que nos han hecho recientemente?      

Así, es con esa base inestable de ecuanimidad que uno procede emocionalmente con “todos han sido mi madre”, etc. Es difícil creerlo realmente si no pensamos en términos del continuo mental y de que no hay principio.    

Sin embargo, podemos hacer una versión Dharma-light: “Todos podrían llevarme a casa, darme una comida y cuidarme como una madre”, pensando en los demás solo en términos de esta vida. Pero eso es muy difícil de aplicar al mosquito o la hormiga. Con esa versión, tendemos a limitar nuestro enfoque solo a las personas. Entonces, es muy limitado. “Quiero que todo el mundo sea feliz y no infeliz”, etcétera, tiende a centrarse solo en aquellos que nos agradan. Tal vez podamos ampliarlo un poco, pero, aun así, no es estable. No es tan estable porque, para tener realmente gran amor y compasión, (todavía ni siquiera podemos hablar de bodichita) tenemos que dirigirlos hacia todos, lo cual significa sin atracción, repulsión o indiferencia.       

Esto, por supuesto, conduce a todo el material de lojong, el entrenamiento de actitudes, no esperar nada a cambio, no esperar un agradecimiento. Si alguien como mi amado hijo, a quien he ayudado tanto, me ignora y me trata terriblemente, voy a considerar a esa persona como un maestro. Encontramos todo este tipo de cosas en las Las treinta y siete prácticas del bodisatva y en el material del lojong, el entrenamiento de actitudes. Eso es algo serio. Ese tipo de cosas sucede en la vida real: ayudamos a la gente y ellos no aprecian la ayuda; a cambio, nos ignoran. Esperamos al menos algún tipo de agradecimiento, algún tipo de reconocimiento… “sé amable conmigo a cambio”. Hay una emoción perturbadora detrás de eso.             

Ese tipo de cosas socava nuestra compasión, nuestro deseo de ayudar a los demás, etc. Luego comenzamos a ayudarlos para sentirnos bien con nosotros mismos o sentir que somos útiles, para sentir que nuestras vidas tienen sentido. Nos volvemos casi como - perdón por el ejemplo extremo - vampiros hacia los demás, extrayendo nuestro sentido de valía al ayudarlos. Esa es la actividad de los vampiros, es explotación de una manera sutil. Una vez más, se llega a la comprensión de la vacuidad: “¿Qué establece mi existencia? ¿Existo porque soy significativo para alguien más? ¿Eso me hace existir? ¿Eso establece mi existencia? Puedo ayudar a otros; por lo tanto, ¿existo?”. Piensen en ello.    

Muchas personas mayores mueren por irrelevancia, ha sido documentado. Si sus vidas son irrelevantes y nadie los visita en el asilo de ancianos – es solo una gran nada lo que está sucediendo y lo único que les queda es ver la televisión durante el día- mueren de irrelevancia. No hay nada. Aquí está la falacia: “Lo que me hace existir es que soy relevante para los demás, que soy significativo para los demás y que los demás se preocupan por mí”. Por supuesto que es necesario biológicamente, pero perdón, la biología es samsara. Es cierto que necesitamos atención desde un punto de vista samsárico -especialmente los bebés y personas mayores- y que necesitamos algún tipo de interacción con los demás. Dependemos totalmente de eso. Sin embargo, eso no establece nuestra existencia.     

Estos son puntos muy profundos para pensar, muy profundos. Por eso, volviendo a lo que me refería antes, es incorrecto hablar de formas imposibles de existir como referencia a formas de existir. Esa no es una traducción correcta del término. Se refiere a formas de establecer probar la existencia.       

¿Qué establece que existe tal cosa como el amor? Hay todo un espectro de emociones que surge no solo en mi continuo mental, sino también en el continuo mental de todos. En ese vasto mar de emociones, ¿hay una caja encapsulada en plástico que es amor? ¿Yo siento esta “cosa”, y tú la sientes, y yo tengo que generarla o lo que sea? No. ¿Qué establece que hay amor? Existe la palabra o concepto “amor”. Alguien inventó la palabra a partir de sonidos sin sentido e inventó una definición para ella. Eso establece que hay amor. No hay nada más que lo establezca; es solo una convención. Eso no significa que no exista tal cosa; esa convención se refiere a algo. Sin embargo, no hay nada del lado del espectro emocional que corresponda a esa palabra. Si hubiera algo allí a lo que correspondiera la palabra, sería una caja. Nada existe como eso. La caja “amor” no establece que el amor exista porque no existe tal cosa; eso es imposible.                  

Este es el etiquetado mental, la visión Prasánguika. ¿Qué establece que las cosas existen? Es simplemente a lo que se refieren las palabras sobre la base de alguna base para el etiquetado. No hay “cosa” referente, no hay ninguna cosa en una caja, del lado del objeto, que correspondería a la palabra. Eso, en pocas palabras, es Prasánguika, Prasánguika Gelug. Las otras tradiciones tibetanas definen al Prasánguika de manera diferente. Necesitamos ser conscientes de eso. Tsongkapa fue un reformador muy radical. Cambió y modificó la comprensión de casi todo lo anterior; fue muy revolucionario.       

Encuentro que, a medida que me esfuerzo por tener más ecuanimidad, me vuelvo un poco flojo. Cuando trato de pensar que todos son iguales, pienso: “Está bien, no tengo que esforzarme por ser parte de sus vidas porque puedo verlos en todas las posibilidades del futuro en sus propias vidas”. ¿Dónde me coloca eso en la escala de la responsabilidad social y con relación a grupos como Buddhist Peace Fellowship que están haciendo cosas concretas para ayudar a los demás pero que no necesariamente están pensando en su entorno en términos de ecuanimidad?

La pregunta es, cuando tratamos de desarrollar la ecuanimidad, ¿esa ecuanimidad de alguna manera nos aleja de nuestra responsabilidad social porque entonces sentimos que podemos ser cualquier cosa para cualquiera y ellos pueden ser cualquier cosa para nosotros?, si puedo resumir tu pregunta en una frase.   

Mi respuesta se remonta a lo que decía antes: no debemos perder de vista la verdad convencional de dónde están todos ahora y qué somos capaces de hacer ahora. Hay una diferencia entre tener la voluntad de ayudar a todos por igual, basada en la ecuanimidad con la que consideramos a todos los demás por igual (esa es la ecuanimidad Mahayana), y en la que nos estamos enfocando aquí, que es la ecuanimidad de no ser perturbados emocionalmente debido a la atracción, repulsión e indiferencia hacia los demás. Ese es el enfoque aquí. Aun así, respetamos la verdad convencional. Nos preguntamos: “¿Qué puedo hacer? ¿Con quién tengo conexiones? ¿Quién es receptivo? ¿Quién está abierto a mí? ¿Dónde puedo hacer la mejor contribución?”. Entonces hacemos eso.              

Recibí ese consejo personal de Su Santidad el Dalái Lama. Cuando le dije: “Estoy involucrado en tantos proyectos diferentes y tantas cosas diferentes. ¿Qué puedo hacer?”. Me dijo: “Observa qué puedes hacer que casi nadie más esté haciendo, para qué eres realmente bueno y dónde hay necesidad de eso, y haz eso. De otras cosas, puedes hacer un poco. Pon el énfasis en donde puedes hacer una contribución que sea rara y en la que eres bueno”. Esto es respetar la verdad convencional, vemos quién es receptivo hacia nosotros y demás.  

Si estamos en condiciones de ayudar a los demás, es posible que muchas personas se acerquen a nosotros para pedirnos ayuda. ¿Cómo elegimos basándonos en la ecuanimidad? Este es el desafío de la ecuanimidad. Esta ecuanimidad está libre de emociones perturbadoras. Eso significa que no nos enojamos cuando recibimos treinta correos electrónicos en los que todo el mundo pregunta: “Por favor, explícame esto o aquello”, lo cual implicaría cinco páginas de explicación; sin embargo, cuando nuestro amigo más cercano envía un correo electrónico, estamos dispuestos a sentarnos, entrar en una sala de chat y escribir mucho para esta persona. Ahí es donde se aplica esta ecuanimidad.       

Vemos dónde podemos ser de mejor ayuda, dónde la persona es receptiva, qué somos capaces de hacer y damos una pequeña respuesta. Esto es lo que dijo Su Santidad. Podemos darles una pequeña respuesta y dirigirlos a otras fuentes. Si no hay otras fuentes, prestamos más atención a la respuesta. Al mismo tiempo, no ignoramos a nuestros amigos cercanos que también quieren nuestra atención. Se convierte en un gran acto de equilibrio. No es fácil ser un aspirante a bodisatva y querer ayudar a todos. Tenemos limitaciones de tiempo, limitaciones de energía. Por eso queremos convertirnos en budas.       

Esa es la dificultad colosal: que ahora estoy limitado. Tengo un hardware limitado. Me canso, estoy envejeciendo, la memoria se va, la energía se va, la salud se va. ¡Qué aburrido! Además, me tomó mucho tiempo llegar a esta etapa de poder ayudar al nivel en el que estoy ayudando. No quiero volver a la línea de salida y empezar de nuevo. Entonces, nuevamente, el juego ha terminado, de nuevo. Cuando llegamos a un punto en el que tenemos todas las habilidades necesarias para hacer algún tipo de contribución eficaz, tenemos que empezar de nuevo. Eso es tremendamente aburrido, ¿no es cierto? De eso es de lo que queremos deshacernos.  

De eso es de lo que queremos deshacernos. No son solo las manifestaciones que vienen con esto: queremos deshacernos de la base de ellas. Y eso no es fácil, esto es lo que estaba tratando de decir antes, porque estamos apegados a nuestros amigos y estamos apegados a nuestra comodidad, lo que significa que rechazamos a las personas que hacen pedidos molestos y cosas así. Y nos enojamos cuando estamos demasiado ocupados; nos estresamos. Es terrible. Eso es lo que tenemos que desarrollar: un sentimiento de “esto es horrible”, incluso antes de que podamos desarrollar la ecuanimidad.       

Eso es lo que estoy diciendo. Si saltamos inmediatamente a “no estoy pensando solo en mí mismo” y “aquí están las enseñanzas avanzadas, estoy avanzado” y “vamos a sentarnos todos a meditar sobre el amor y la compasión” porque nos hace sentir bien, nuestra ecuanimidad no va a ser estable. Puede ayudar un poco, pero no será estable. Queremos algo estable, a menos que solo estemos interesados en beber Dharma-light. El Dharma-light está perfectamente bien si esa es nuestra bebida, pero reconozcámoslo como Dharma-light.   

La verdadera meditación en la ecuanimidad

La verdadera meditación es pensar en tres personas. Nos limitaremos a los humanos, no incluiremos a las cucarachas. Ese sería un nivel mucho más radical de hacer meditación en la ecuanimidad, realmente radical.  

Primero, pensamos en alguien que nos gusta mucho, mucho. Si entrara en la habitación, querríamos correr hacia esa persona, abrazarla y besarla, prestarle toda nuestra atención e ignorar a los demás. Solo queremos decir “¡lo siento!” e irnos con esa persona.   

Luego pensamos en alguien más que, si entrara en la habitación, nos haría decir: “¡Oh, no!”; alguien a quien realmente nos gustaría evitar por una razón u otra o que nos parece realmente molesto.

Luego, pensamos en alguien que es un completo extraño. Por lo general, elegimos fotos de personas de una revista, aunque no de modelos, porque están representando un “estilo”. Elegimos simplemente a alguien. Podría ser alguien en la calle, alguien que recoge las entradas en el cine, en otras palabras, alguien a quien ni siquiera consideramos una persona. Aquí, en este país, todo el mundo es amigable y tienen estas pequeñas charlas entre ellos, incluso si son totalmente desconocidos. En Alemania, donde vivo, la gente no hace eso. En cualquier caso, uno podría imaginarse a alguien a quien ignoraríamos totalmente como un ser humano. 

Hay dos situaciones. Una es cuando pensamos en las personas. La otra es cuando realmente nos enfrentamos a ellas, por ejemplo, cuando alguien realmente molesto, como un vendedor, nos llama por teléfono. ¿Cuál es la diferencia en nuestra actitud hacia el vendedor que llama y nuestra actitud hacia nuestro mejor amigo que llama? Ese es un buen ejemplo. ¿El vendedor es alguien que ha sido nuestra madre en una vida anterior, que quiere ser feliz y no quiere ser infeliz, y no quiere que le respondamos con una palabrota altisonante y le colguemos el teléfono? ¿Cómo se siente la otra persona

Pensamos en cada una de estas personas individualmente, una por una, después de haberlas elegido. Podemos mirar una foto si eso es más fácil. De lo contrario, podemos simplemente pensar en ellas, visualizarlas o lo que sea.

Cuando nos enfocamos en la persona que nos gusta y que nos atrae tanto, dejamos que surja ese sentimiento de fuerte atracción. “Eres realmente una persona fantástica y realmente me gustaría estar contigo”. Queremos acercarnos a esa persona y estar con ella, no queremos perderla. Luego, nos detenemos por un momento y nos preguntamos: “¿Por qué me siento así? ¿Me siento así porque ha sido amable conmigo?” o “me hace sentir bien estar con ella”, o “me presta atención” u “obtengo esto y aquello de ella”. ¿Cuáles son las razones?          

Esto es lo que decía antes sobre la base del etiquetado: que etiquetamos a la persona sobre esas cosas. Podríamos evaluar si esas cosas son correctas o incorrectas. Esa es, por supuesto, una variación aquí, para ver si estamos exagerando las cualidades o inventando algo. “¡Esta es la persona más maravillosa del mundo!”. Probablemente no sea la persona más maravillosa del mundo. Es realmente interesante, pensamos: “Quiero que esta persona me ame. ¿Alguien más? Alguien más no cuenta. Quiero que esta persona me ame y me preste atención”.

¿Vieron alguna vez el documental, olvido el nombre, sobre los pingüinos en la Antártida? Existe este enorme terreno con cien mil pingüinos, todos los cuales se parecen. Luego pensamos: “Quiero que ese en particular me ame, ese pingüino, ninguno de los otros pingüinos”. Eso pone nuestra selectividad un poco en perspectiva y nos ayuda a ver que son todos iguales, básicamente. Es una imagen útil. Al menos, me parece útil.      

Lo que hacemos es luego ampliar, para usar la terminología que estaba usando antes, la base para el etiquetado. Entonces, pensamos en esa persona que nos gusta en términos de una vida anterior, si queremos hacerlo en términos de vidas anteriores, que es la forma en que se presenta la meditación. “En una vida pasada, me ha hecho mucho daño. Ha bebido mi sangre”, por lo que pensamos en todo este tipo de imágenes hermosas (los mosquitos beben nuestra sangre, no solo los vampiros), y en vidas futuras también puede ser terrible conmigo”. 

Si queremos hacer una versión Dharma-light, podemos pensar: “Antes de conocerla, eran extraña” y “me podría hacer mucho daño”. De hecho, aquellos a los que estamos más apegados y de los que estamos más enamorados son los que más daño nos pueden hacer. Si nos ignoran o nos rechazan, nos duele mucho más a que nos ignore o nos rechace un completo extraño. Por lo tanto, esta persona es en realidad una fuente potencial de increíble infelicidad. No pensamos en eso cuando nos enamoramos de alguien. Estar enamorado de alguien provoca un grave desequilibrio. Se siente bien, esa es la parte engañosa, pero si esa persona nos ignora o nos deja, no está a la altura de nuestras expectativas o no nos presta suficiente atención, sentirse bien muy fácilmente conduce a sentirse profundamente herido.             

Entonces, pensamos en términos de una base más amplia para el etiquetado. “Si simplemente corro hacia esta persona y pongo todas mis esperanzas en esta persona, podría decepcionarme mucho y lastimarme mucho. Realmente estoy corriendo hacia la proverbial sirena, ese espíritu caníbal que me comerá cuando lo alcance”. Usamos este tipo de imágenes. Entonces, nos determinamos a tener ecuanimidad hacia esta persona, no atracción. Esto es muy, muy difícil si nuestra ecuanimidad se basa solo en la emoción. Es muy difícil visualizar a esta persona o mirar su foto y sentir realmente: “Voy a considerar a esta persona sin apego”.                 

Si pensamos en ello, hay fuerzas oponentes para superar las emociones perturbadoras. Aquí estamos trabajando específicamente con las emociones perturbadoras de la atracción, el apego, el deseo y la codicia: queremos más del tiempo de esta persona del que es capaz o está dispuesta a darnos. Somos muy codiciosos con las personas de las que estamos enamorados. Decir simplemente: “Está bien, ahora la voy a considerar sin eso” no es fácil, ¿verdad? Tenemos una resistencia interna muy, muy fuerte a eso, una resistencia muy poderosa. Es por eso que algo de comprensión de la vacuidad, pensar en términos de etiquetado mental, el continuo mental y este tipo de cosas, nos será útil. “¿A quién estoy apegado? ¿A qué estoy apegado?”. De esta manera, tratamos de considerar a la persona sin apego, deseo o codicia.

Luego vemos a la persona que no nos agrada. Para muchos de nosotros, llamarlos nuestro enemigo es un poco fuerte. Es posible que no conozcamos a alguien a quien etiquetemos como “enemigo”, pero ciertamente conocemos a personas que no nos agradan y con las que no queremos pasar el rato, personas a las que realmente preferiríamos evitar. Entonces, tenemos aversión hacia esta persona. “Repulsión” también es un término útil. Realmente no queremos estar con esta persona; no nos agrada. Y nuevamente, hacemos el mismo tipo de procedimiento. Dejamos que surja ese sentimiento de repulsión o aversión. Tenemos que reconocer que tenemos esta emoción perturbadora hacia esta persona, por eso la dejamos surgir. No es que nos estemos entrenando para sentir esta emoción perturbadora; es que queremos reconocerla y admitirla.           

Entonces, sin dejar que esa emoción se nos escape de las manos, nos detenemos. Ponemos el botón de pausa y preguntamos: “¿Por qué me siento así?”. Una vez más, es porque “ha hecho algo que no me gusta”, “me ha hecho daño” o “hace las cosas de una forma diferente a como yo las hago”. Realmente podría ser bastante inocente. “Esta persona es realmente molesta porque pela la toronja y se la come como una naranja en lugar de comerla con una cuchara”. Eso es estúpido. Pero, ¿con cuánta frecuencia nos enojamos con personas que hacen las cosas de manera diferente a como las hacemos nosotros? “Dejan los platos durante la noche y los lavan por la mañana; eso no es bueno”. Nos enojamos con la persona: “deben lavarse inmediatamente”. De hecho, incluso antes de que termine la comida, comenzamos a limpiar la mesa y a lavar los platos.   

Nosotros, nuevamente, vemos las mismas cosas: estamos exagerando alguna cualidad negativa e ignoramos las buenas cualidades. Además, en vidas anteriores, en épocas anteriores, esa persona ha sido amable con nosotros y, en el futuro, podría volver a serlo. Alguien que no nos agrada podría, en diferentes circunstancias, convertirse en un muy buen amigo y ayudarnos. Así, de nuevo, consideramos a esas personas sin esta aversión, sin esta repulsión. No tiene por qué ser una ira fuerte; podría ser simplemente aversión o repulsión.   

Hacemos lo mismo con la persona a la que consideramos un extraño, una persona que nos encontramos y sobre la que no recordamos nada. ¿Quién recuerda a la persona que nos vendió la entrada en el cine? ¿Quién recuerda cómo se veía, ya no digamos algo más sobre ella? Nuevamente, preguntamos: “¿Por qué ignoro a esta persona?”. “Bueno, no me hizo nada que fuera particularmente sobresaliente, nada particularmente bueno o desagradable. Es simplemente una nada, básicamente. Pudo haber sido una máquina la que me dio el boleto”. ¿Qué estamos haciendo aquí? Estamos ignorando todas las cualidades de esta persona. Entonces, pensamos: “En el pasado podría haber sido muy amable con nosotros; en el futuro, podría convertirse en nuestro mejor amigo. Cada mejor amigo que tenemos ha comenzado como un extraño, por lo que esta persona también podría ser una joya preciosa”. Este es el tipo de imágenes que se utilizan. Y nuevamente, tratamos de verlos sin indiferencia, sin ignorarlos.          

La forma en que vemos a cada una de estas tres personas no es el tema Mahayana de igualar nuestras actitudes, pensar: “Todos quieren ser felices y no quieren ser infelices, y son iguales en ese sentido”. No estamos viendo los aspectos positivos de ellas para equilibrar nuestras actitudes con ecuanimidad, sin tener sentimientos de cercanía y lejanía. Los estamos viendo sin las emociones perturbadoras. Estamos, por así decirlo, nivelando el terreno, esa es la imagen que se utiliza. Estos son dos tipos diferentes de ecuanimidad. Una está libre de las emociones perturbadoras. La otra es tener una actitud igualitaria hacia todos, reconociendo que todos son iguales en querer ser felices y no querer ser infelices, por lo tanto, no hay favoritismo. Ese es el método Mahayana.            

Después de esto, imaginamos a las tres personas juntas. Lo que recomiendo a menudo es imaginarlas a las tres sentadas a la mesa con nosotros. Ahora estamos cenando con estas tres personas: la persona de la que estamos absolutamente enamorados, la persona que definitivamente no podemos soportar y que es realmente desagradable y molesta, y el basurero, el que recolecta la basura. ¿Cómo lidiaríamos con eso? Si realmente somos capaces de imaginar eso, veremos cuán conflictivas son nuestras emociones. Aquí están estas tres personas juntas, ¿cómo lidiamos con eso?

Es muy, muy desafiante, si lo tomamos en serio, imaginarnos a nosotros mismos sentados a la mesa con estas tres personas. Podríamos, si quisiéramos hacerlo un poco más colorido, incluir a un perro ladrando… y a un mosquito. Llevarlo al nivel del mosquito y mi mejor amigo, tener ecuanimidad hacia esos dos, es realmente avanzado, súper avanzado y está más allá de la imaginación de la mayoría de nosotros, pero eso es lo que realmente se nos pide que desarrollemos aquí. No es cosa fácil.

Entonces imaginamos a estas tres personas y tenemos ecuanimidad. Luego aplicamos la línea de razonamiento: “Aquí hay alguien que me ayudó hoy y me lastimó ayer, y alguien que me lastimó hoy y me ayudó ayer, ¿cuál es la diferencia?”. Y no hay diferencia, es solo una cuestión de cuándo nos ayudaron y cuándo nos lastimaron. Pero todo el mundo -dado el tiempo sin principio y continuidades mentales sin principio- nos ha lastimado y ayudado innumerables veces. Para usar el modismo indio: “lo mismo, lo mismo”. No obstante, no perdemos de vista el nivel convencional, la verdad convencional de lo que está pasando ahora en términos de cómo utilizamos nuestro tiempo dadas nuestras limitaciones.        

Esta es la meditación. Hacerlo solo por un par de minutos realmente no le hace justicia. Es algo que requiere bastante trabajo, trabajo emocional. Emocionalmente, es un trabajo muy difícil. Es por eso que estaba recomendando que intentemos, si podemos, tener previamente alguna comprensión de la vacuidad y del etiquetado mental. Ayudará a que esta meditación no sea tan abrumadoramente desafiante emocionalmente.     

Si hacemos esta meditación en serio y elegimos a las personas adecuadas (alguien a quien amamos con locura, alguien que realmente no podemos soportar y el don nadie) surgen emociones muy fuertes. Aquí no queremos elegir ejemplos ligeros. Si queremos llegar a algún lado con esta meditación, elegimos ejemplos poderosos. Y va a ser muy desafiante emocionalmente, algo a lo que será muy fácil renunciar. “No puedo desarrollar la ecuanimidad. Me encanta esta persona, y yo no quiero dejar de amar a esta persona. ¿Por qué querría dejar de estar enamorado de esta persona? Se siente tan bien estar con ella. Me hace muy feliz estar con ella. ¿Por qué debería tener la misma actitud hacia el mosquito, o hacia la persona molesta en el trabajo, o hacia el vecino ruidoso, o hacia la persona que intenta rebasarme en el camino, que hacia esta persona que amo?                 

Sin alguna comprensión subyacente a esta meditación, me parece que, emocionalmente, va a ser muy, muy difícil desarrollar la ecuanimidad. Por tanto, es una meditación avanzada. Está en el nivel avanzado, no en el nivel inicial. El hecho de que se construya sobre la base de algún entrenamiento en los niveles inicial e intermedio no debe tomarse a la ligera.     

Eso nos lleva al final de nuestra sesión. Terminemos aquí y continuaremos después del almuerzo.

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