Desarrollar dignidad hacia uno mismo y fuerza de voluntad

Revisión: Preciosa vida humana

Empezamos esta mañana revisando las etapas graduales del camino, lam-rim, desde el punto de vista de cómo nos ayudan a desarrollar un sentido saludable del yo. Y vimos que pensar en términos del precioso renacimiento humano nos proporciona una actitud muy positiva hacia nosotros mismos porque vemos lo afortunados que somos realmente. Vemos lo extraordinario que es tener todas estas características disponibles para nosotros, una libertad temporal de los peores estados y tantas oportunidades disponibles, en particular cuando nos comparamos con la gran mayoría de la población. También si nos comparamos con todas las demás formas de vida, ya sea que pensemos en los seis reinos de los seres, o si es difícil tomarse eso seriamente, por lo menos todas las demás formas de vida en este planeta. Vemos que, de hecho, nuestra situación es bastante extraordinaria.

Por lo tanto, desarrollamos un gran sentido de apreciación; estamos muy agradecidos por el hecho de tener esta preciosa vida humana ahora. La tenemos en gran estima y nos damos cuenta de que no va a durar para siempre. Envejeceremos, podríamos enfermar gravemente también; y ciertamente vamos a morir. Y después de morir, entonces, si pensamos en términos de un “yo” eternamente existente, vamos a continuar en algún tipo de forma para seguir experienciando cosas. Quizás ahora lo desconocemos un poco, pero ciertamente podría ser muchísimo peor. 

Otros tipos de forma de vida y niveles de felicidad e infelicidad

Este siempre es un tema complicado, cuando pensamos en los demás tipos de vida que afirma el budismo. Es difícil tomárselo con seriedad. Pero la forma en la que me aproximo a él es pensar otra vez en términos de la actividad mental, como decíamos antes. El “yo” está etiquetado sobre una continuidad individual de actividad mental de experiencia, y esa actividad mental tendrá varios factores mentales que la acompañan y varios tipos de conciencia, es decir, varios tipos de conciencia sensorial, conciencia mental y también factores mentales, en particular: felicidad, infelicidad (cierto nivel de felicidad). Y los umbrales que somos capaces de experimentar en algún área en particular (ya sea que hablemos de sensaciones físicas, de la vista o de la felicidad y la infelicidad, etc.), van a estar muy relacionados con los aspectos físicos que tenemos, los aparatos físicos.

Eso lo sabemos con ejemplos sencillos: con el cerebro de un humano podemos entender muchísimo más que con el cerebro de una mosca, obviamente, aunque ambos tengamos cerebro. Pero con el hardware que tuviéramos disponible para entender, si tuviéramos el cerebro de una mosca, no llegaríamos muy lejos, ¿verdad? Y los ojos de los diferentes tipos de animales, algunos pueden ver en la oscuridad; con los ojos humanos realmente no podemos ver en la oscuridad. Los ojos del águila pueden ver hasta muy lejos; los ojos humanos no pueden ver tan lejos. La nariz de un perro tiene una habilidad mucho mayor para oler que la nariz humana, un rango muchísimo mayor, diría yo. Muchos animales pueden escuchar mejor que nosotros. Así que, está bastante claro que el alcance de lo que podemos experimentar depende en gran medida del soporte físico, el hardware.

Este también debería ser el caso en términos de las sensaciones físicas, en términos del placer y el dolor. Después de un cierto nivel de dolor, con un cuerpo humano perdemos la conciencia y no somos capaces de experimentar más allá de la capacidad que el cuerpo pueda tolerar. Por consiguiente, eso se aplica a la sensación de felicidad e infelicidad. Cuando hablamos del sufrimiento, no nos referimos a la sensación física de dolor; hablamos del factor mental de la felicidad o la infelicidad. Felicidad: queremos que dure, no queremos ser separados de ella. Infelicidad: realmente queremos separarnos de ella.

Entonces realmente empezamos a preguntarnos: ¿la capacidad para la infelicidad o la felicidad también sería proporcional o dependiente de la base física que tenemos para experimentar tanto los estados físicos como los estados mentales? Esto se vuelve bastante interesante de analizar, debo decir. Intenten comparar los niveles de infelicidad. Supongamos que alguien tiene síndrome de Down y ni siquiera es consciente de su situación; y alguien que es sumamente inteligente y analítico, sufre de una depresión terrible, crisis nerviosas y cosas así. En las enseñanzas siempre se dice que el sufrimiento mental es peor, muchísimo peor, que el sufrimiento físico.

Al pensar así, creo que el nivel de felicidad e infelicidad que podríamos apreciar (el espectro) es bastante diferente en función del tipo de cuerpo físico y del tipo de forma de vida que tengamos. Por extensión, podríamos pensar en el espectro entero de felicidad/infelicidad, placer/dolor, e imaginar que podría haber bases físicas que tuvieran la capacidad de experimentar cualquier porción de ese espectro. Si después de morir vamos a convertirnos en nada, si eso es lo que creemos, que “ahora estoy muerto” -y es bastante incierto lo que eso será- es muy atemorizante. Cuando no eres nada, ¿es deprimente? ¿Qué es? ¿Uno empieza a pensar cuáles son las características de “nada”, de experimentar “nada”?

Pero “nada” está pasando; si “nada” está pasando ¿no te sientes muy aburrido? Eres bastante infeliz si nada sucede; bueno, pues imagina que no sucede nada por toda la eternidad, lo aburrido que estarías. Serías bastante infeliz. Ahora, no sé si eso tiene algún sentido o si solo es bromear, pero creo que esto ayuda a desarrollar un sentido de que “quiero evitar, después de morir, que las cosas sean peores de lo que son ahora”. No queremos estar atrapados en la Gran Nada para siempre. Y si seguimos las enseñanzas budistas, ciertamente no queremos renacer con la base física -o incluso como seres humanos- con la cual tendremos mucho más sufrimiento y más problemas, y con la que careceremos de la habilidad de continuar en el camino espiritual.

La dirección segura

Así que desarrollamos un sentido saludable de miedo hacia estas situaciones. Es importante comprender que hay dos tipos de miedo:

  • Uno es sentir que no se puede hacer nada al respecto, que “estoy desamparado y no hay esperanza”. Este es un miedo realmente horrible, muy difícil de soportar.
  • Pero hay un sentido saludable de miedo con el cual sabemos que se puede hacer algo para evitar una situación terrible y, por lo tanto, somos cuidadosos. Como si condujéramos un coche: “tengo miedo de tener un accidente, así que soy cuidadoso con la forma en que conduzco”. Si no nos importara tener un accidente, si no tuviéramos miedo de tener un accidente, seríamos muy temerarios y podría ser un desastre.

Por lo tanto, cuando hablamos de las causas del refugio, lo que yo prefiero llamar “dirección segura”, se dice que una de las causas es un estado de miedo; es ese sentido saludable de miedo. Y es sobre la base de un sentido saludable del “yo”, del “yo” convencional, de que “me importa lo que me suceda y no quiero meterme en una situación horrible en la cual no pueda hacer más progreso, y veo que hay una forma de evitar eso. Por lo tanto, voy en esa dirección”. Y es importante entender esto, que sin ese sentido saludable del “yo”, nunca pensaríamos en dar una dirección positiva y segura a nuestra vida, lo que se indica con la palabra “refugio”.

Si no me preocupara por mí, ni siquiera querría hacer un esfuerzo para evitar el sufrimiento. No me importaría. Ya saben, vemos este tipo de actitud con las personas que no dejan de fumar: “me da igual si me da cáncer. Me da igual lo que suceda; quiero fumar”. Así que realmente no se interesan demasiado en sí mismas. Las personas en el público que todavía son fumadoras tienen una gran sonrisa de culpa en su cara, de auténtico bochorno, pero si se toman todo esto en serio: “tengo una preciada vida humana, no quiero perderla; quiero hacer algo para prolongarla tanto como sea posible para poder usar esta oportunidad antes de perderla, y quiero evitar el hecho de no obtener más oportunidades en el futuro”. Esta es la mentalidad, así que todo está basado en un sentido saludable del “yo”.

Ahora, hay algo que podemos hacer para evitar situaciones peores en el futuro y esto es darle a nuestra vida la dirección segura del Buda, el Darma y la Sanga. Y tenemos que comprender: ¿cuál es esa dirección? ¿Qué son las verdaderas Tres Joyas? Hay varios niveles de Buda, Darma y Sanga, pero si revisamos el nivel más profundo, entonces la Joya del Darma se refiere a la verdadera detención de los problemas, ya saben, del sufrimiento, todas las formas de sufrimiento, y los caminos verdaderos, los estados mentales verdaderos que son el camino: los niveles verdaderos de comprensión que producirán la cesación verdadera de los problemas de forma que nunca vuelvan a producirse. Por lo tanto, son la tercera y cuarta verdades nobles.

Esta es la dirección en la que quiero ir. Quiero ir en la dirección de intentar alcanzar una cesación verdadera de las causas del sufrimiento y de los problemas, y quiero lograr la comprensión verdadera o una mente que sea el camino para comprender aquello que producirá la cesación verdadera. Esa es la dirección, una dirección muy positiva. Tiene sentido. Los budas son aquellos que realmente han logrado esto en su totalidad y nos han enseñado y mostrado la forma de conseguirlo nosotros mismos. La Sanga Arya son aquellos seres que han empezado a lograr las cesaciones verdaderas y entendimientos verdaderos; las han logrado en parte. Y son muy, muy útiles porque existen varios niveles de estos aryas, y nos alientan en torno al hecho de que alcanzar el nivel de un buda es algo que se trabaja por etapas. Así, parece mucho más asequible y, por lo tanto, realmente nos ayuda saber que existe esta Sanga Arya.

Estas son las Tres Joyas; esta es la dirección que queremos seguir, nos interesamos por nosotros mismos y nos tomamos en serio y, por lo tanto, existe esta dirección que es posible seguir para evitar el sufrimiento. Bueno, quiero ser feliz, no quiero ser infeliz; así que intentaríamos ir en esa dirección. Vemos que es posible. Piensen en ello.

Es bastante desafortunado que tanta gente trivialice el refugio, y creo que es debido a no comprender realmente a un nivel profundo de lo que se trata. Las meditaciones que se recomiendan en algunas de las etapas posteriores del lam-rim son muy, muy útiles para esto. Lo que hacemos es meditar imaginando que nos caemos de un precipicio a los reinos inferiores (el renacimiento más horrible) y cuán terrible sería eso. Y entonces, si sabemos que hay una forma de salvarnos (abrir el paracaídas o lo que sea) ciertamente querríamos hacerlo. Y entonces imaginamos que estamos a punto de caer. Estamos justo en el borde del precipicio a punto de caer. Tenemos muchísimo miedo porque vamos a caer, así que desearíamos haber fortalecido nuestros músculos centrales para poder mantener el equilibrio y no caer. Luego, imaginamos que vamos en una cinta transportadora que se dirige hacia el borde del precipicio y va a arrojarnos por él; con cuánta fuerza desearíamos levantarnos para saltar de esa cinta transportadora.

Estas son imágenes bastante poderosas que podemos usar para suscitar un sentido de miedo, y podemos apelar a instintos muy, muy básicos. Es el instinto de supervivencia, para sobrevivir y no caer al fuego o algo así. Este es el tipo de impulso instintivo primario que queremos usar para darle esta dirección segura a nuestra vida, de tal forma que realmente, realmente se vuelva muy básico en nosotros. Como resultado de pensar en esto, realmente queremos eliminar de alguna forma las causas de los peores renacimientos, o eliminar la causa de una condenación eterna en el infierno; o eliminar las causas de morir con arrepentimientos y con miedo de pasar a una nada desconocida.

Por favor, piensen en esto: “quiero evitar los peores renacimientos y para ello necesito evitar y deshacerme de las causas de los peores renacimientos. Quiero tomar algunas medidas preventivas”. “Medidas preventivas” es literalmente la traducción de la palabra “Darma”.

Ahora, lo primero que queremos hacer entonces, en términos de ir en esa dirección segura, es eliminar las causas del sufrimiento burdo, el sufrimiento del sufrimiento (las causas de la infelicidad) y experimentar renacimientos terribles y todo tipo de cosas horribles y desagradables que nos suceden. Y según las enseñanzas del budismo, las enseñanzas del karma, la primera ley del karma nos dice que ese tipo de sufrimiento del sufrimiento burdo es resultado del comportamiento destructivo.

El karma

Cuando hablamos del karma (me gustaría señalar esto) no hablamos de la “acción”, aunque la palabra tibetana para “karma” es la palabra de tibetano coloquial para “acción”. Y por eso los tibetanos muy a menudo, cuando hablan del karma, traducen la palabra “karma” como acción. No significa acción. Si significara acción, piensen en las consecuencias que eso tendría. Queremos lograr la total erradicación de todo el karma (quieres deshacerte de todo el karma). Bueno, si el karma simplemente significara acción, todo lo que querría decir es que no tienes que hacer nada y entonces estarías liberado. Y ciertamente no significa eso.

Ese es otro método de análisis que usamos en el budismo. Ver si hay algunas conclusiones absurdas que se deriven de alguna afirmación. Y aquí la afirmación es “karma es acción”. Si el karma fueran acciones, entonces “tienes que eliminar todo el karma” significaría que solo tendríamos que eliminar todas las acciones. Si elimino todas las acciones, ¿estaría liberado? No. Entonces, la afirmación de “karma significa acciones” es falsa. Es un problema de traducción.

De lo que habla el karma es de la compulsividad. Hay un aspecto compulsivo en nuestro comportamiento, compulsivo debido a los instintos, las tendencias que han sido desarrolladas por nuestras emociones perturbadoras y nuestra confusión. Por lo tanto, actuamos de forma compulsiva. No tenemos control sobre ello. Ya saben, comedor compulsivo, dar golpecitos compulsivamente con tus dedos, ese tipo de cosas.

¿Cuál es la diferencia entre “impulsivo” y “compulsivo”?

“Impulsivo” significa que simplemente se me ocurrió hacerlo. “Compulsivo” significa que no tenemos ningún control sobre ello; por ejemplo, ser un mentiroso compulsivo, un comedor compulsivo. “Compulsivo” aquí, cuando hablamos del karma, tiene que ver tanto con lo positivo como con lo negativo. Así que no es solamente mentir o robar compulsivamente o algo así. También es ser un perfeccionista compulsivo, alguien que es muy, muy neurótico. “Tengo que ser perfecto; tengo que ser bueno”. La base de esto es un gran, gran “yo”. Está basado en una actitud perturbadora y es una cosa compulsiva. El perfeccionismo es el ejemplo perfecto. Alguien que limpia compulsivamente su casa, o lava compulsivamente sus manos. Es positivo; no hay nada de negativo en ello, pero está totalmente fuera de control y es algo muy neurótico. O corregir compulsivamente a los demás.

Bueno, eso es el karma. A esto es a lo que nos referimos cuando hablamos del karma. De lo que nos queremos deshacer es de esta compulsividad. No es que queramos dejar de hacer algo. Dejemos que eso se asiente en nosotros, porque quizás sea algo nuevo.

Y encaja con la definición. Esto es lo importante: tenemos la definición y entonces intentamos averiguar de qué se trata. Así que cuando tenemos ganas de mentir o tenemos ganas de ir al refrigerador, esto es lo que madura de las tendencias kármicas. Tenemos ganas de hacerlo; queremos hacerlo. El karma es la compulsividad que luego nos conduce a la acción. Primero tenemos ganas de hacerlo y después la compulsión nos conduce a la acción y lo hacemos.

Bueno. Ahora la presentación clásica en el nivel inicial del lam-rim -la presentación clásica del karma- es que aquí el problema, la causa de nuestro “sufrimiento del sufrimiento”, es nuestro no darnos cuenta de la causa y el efecto, la causa y el efecto conductual. Simplemente no sabemos que, si somos infelices y estamos sufriendo, eso ha surgido del comportamiento destructivo. Sencillamente, no sabemos esto. O tenemos una visión incorrecta, como que el sufrimiento vino de la nada o lo que sea. Así que trabajamos para deshacernos de este primer nivel de no darse cuenta o ignorancia: el no darse cuenta de la causa y efecto conductual. No estamos hablando de la causa y efecto de patear un balón y que vaya en esa dirección; nos referimos a la causa y efecto en términos de nuestro comportamiento y lo que experimentamos.

La presentación clásica es que “no quiero ser infeliz, no quiero tener sufrimiento burdo, y comprendo que proviene del comportamiento destructivo. Por eso, cuando tengo ganas de actuar destructivamente (ya que esa sensación surgirá de causas previas) simplemente no lo llevaré a cabo. Me abstendré”. Esta es la enseñanza estándar del nivel inicial de lidiar con el karma. He ido enseñando el lam-rim muy, muy lentamente, yendo básicamente a través del lam-rim chen-mo (La gran presentación de las etapas graduales del camino), el texto de Tsongkapa. Hemos trabajado en él por más de cuatro años una vez a la semana, y cuando llegamos a esta sección les pregunto a mis estudiantes: “¿por qué no mientes? ¿Por qué no haces trampas? ¿Cuál es la razón?”.

Razones para no actuar destructivamente

Por favor, examínense a ustedes mismos por un momento. Quizás engañan, molestan y mienten, pero si no lo hacen, ¿por qué no lo hacen? ¿Es porque tienen miedo de los peores renacimientos y de la infelicidad que se derivará de ello y, por consiguiente, se abstienen? Sean honestos con ustedes mismos. ¿Por qué no engañamos y hacemos daño a los demás?

No queremos que los demás piensen mal de nosotros

Entonces, si pudieras salirte con la tuya, ¿estaría bien si nadie se enterara?

No tiene sentido mentir, porque no importa si alguien llega a enterarse o no. Solo son beneficios a corto plazo. A largo plazo, no va a funcionar.

Bien; entonces tienes cierta creencia en términos de la causa y el efecto.

Y cierta culpa, porque me sentiré mal conmigo mismo.

Bueno, ahora estamos empezando a ir en la dirección de lo que respondieron mis estudiantes. ¿Alguien más?

No digo mentiras porque no quiero que las demás personas me mientan.

Bien, ahora esto tiene que ver más con la enseñanza real del Darma que dice que, como resultado de mentir, otras personas nos mentirán a nosotros. Como resultado de engañar, otras personas nos engañarán. El resultado de interrumpir todo el rato y decir cosas estúpidas es que nadie nos tomará en serio.

Bien; si esto es bastante sincero, el hecho de que no queremos experimentar las consecuencias, no queremos causar problemas y demás, eso está bien. Esto encaja perfectamente con las enseñanzas del Darma. Pero lo que pasó con mis estudiantes, y también pensando en términos de mí, es que la respuesta a menudo era “simplemente no se siente bien”. No se siente bien engañar, mentir o ser una persona desagradable. Una respuesta muy simple, pero una respuesta muy profunda. Te sientes incómodo. ¿Estarían de acuerdo?

Ahora traemos nuestro marco conceptual de las cincuenta y un actitudes mentales, y vemos cuál es esta en particular. ¿Cómo describiríamos el fenómeno de “no se siente bien”? Y encontramos un factor mental llamado “un sentido moral de autodignidad (ngo-tsha shes-pa)”. Nos importa lo que nos pasa y cómo eso nos afecta. Así que es un sentido de dignidad, de autoestima. “Pienso tan bien de mí mismo que no me rebajaría a actuar de esa manera. Tengo más autodignidad. No me sienta bien hacer algo de un nivel tan bajo. Me respeto demasiado; este no es el tipo de persona que quiero ser”.

Encontramos que Vasubandu, en su texto llamado Abhidharmakosha (El Tesoro de los Temas Especiales de Conocimiento), dice que este un factor mental que acompaña a todo el comportamiento constructivo. Actuamos destructivamente cuando no lo tenemos, cuando tenemos lo opuesto, cuando no tenemos ningún sentido de autodignidad. No nos importa cómo nos afecta. Así que no es tanto lo que las demás personas piensen de nosotros, es lo que pensemos de nosotros lo que va a afectar nuestro comportamiento. Y se puede apreciar cómo existe una secuencia de desarrollo de una actitud más y más positiva hacia nosotros mismos. Esto es lo que estoy describiendo con el término occidental “un sentido saludable del yo”. Pensemos sobre esto.

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Bueno, el segundo factor mental que acompaña todo el comportamiento constructivo es quizás mucho más relevante en un contexto asiático. Aquí tenemos que examinar cuán relevante es para nosotros. Es interesarnos por cómo nuestras acciones van a repercutir o a reflejarse en los demás (khrel-yod). Los asiáticos, típicamente, no piensan en ellos como individuos, sino que piensan en ellos como miembros de una familia, y por esto “la forma en que yo actúo repercute en el honor de mi familia, toda mi familia. Así que no quiero avergonzarla o darle una mala reputación y demás, en esta unidad mayor de la familia”. O podría ser tu pueblo, o podría ser hablar en términos de la fidelidad a un país: lo que las personas piensan de los letones, de los alemanes, los americanos o los budistas. Así que mi comportamiento repercute en los demás. Si esto nos importa, podríamos abstenernos de actuar destructivamente. Esto se incluye, según Vasubandu, en el estado mental de “abstenerse de actuar destructivamente”, que es como se define “comportamiento constructivo”.

Como dije, en la sociedad occidental que hace tanto hincapié en el individuo, me pregunto cuán omnipresente es este factor mental en el comportamiento constructivo. No estoy seguro. Uno tiene que examinar su interior, ¿existe un sentido más amplio de ese sentido saludable del “yo” -que en el contexto asiático, incluiría a nuestra propia familia- que sea relevante en esta discusión? Básicamente, ¿hay alguna unidad más grande que yo sienta que es parte de mi identidad? Pienso que ese es un tema personal, pero es interesante pensar en cómo esto podría ser relevante para cada uno.

Podría pasar que, por ejemplo, si eres mujer, ¿cómo repercute esto en las mujeres? Tienes esto: “bueno, si una mujer actúa así o asá, las personas tienen esa terrible opinión de menosprecio hacia las mujeres, por eso tengo que actuar de una manera que produzca respeto social hacia las mujeres, para que todas ellas sean tratadas de forma igualitaria”. Esto podría ser un factor. Quizás ni siquiera consideremos cuán relevante sería esto en términos de nuestro comportamiento ético.

Supongo que en nuestro caso es más probable con respecto a las personas que están más involucradas en el budismo, en realidad es lo que las personas pensarían sobre cómo actúan los budistas.

Correcto, ¿qué pensarían las personas sobre cómo actúan los budistas? ¿Qué pensarían las personas sobre cómo es un pequeño país como Letonia? Ya saben, lo que el mundo piensa: “ay, ese país diminuto e insignificante; ¿realmente aporta algo?”. Así que estás motivado por esta consideración de que “si tengo éxito, si hago algo realmente bueno y digno de ser alabado, eso se reflejará en mi país”. Como digo, podría ser diferente con diferentes personas.

En cualquier caso, lo que desarrollamos a partir de esto es una responsabilidad por nuestras acciones. Esto desarrolla un sentido saludable del “yo”: de la forma en que actuamos, la forma en que hablamos, la forma en que pensamos; un sentido de responsabilidad. Ya saben, “no quiero ser infeliz; quiero ser feliz. Y no sólo ahora, como gratificación inmediata, sino también en el futuro. Y estoy dispuesto a posponer la gratificación inmediata para asegurarme la felicidad futura”; como ahorrar para la vejez, o sólo comprar lo que nos podemos permitir y no comprar todo tipo de cosas a crédito para no tener que preocuparnos por no poder pagarlas después y perderlo todo, si quieren usar un ejemplo moderno.

Es el sentido de responsabilidad basado en un sentido saludable del “yo” que nos hace refrenarnos de actuar destructivamente. Este sentido de responsabilidad proviene de saber que voy a experimentar (quiero decir, esta es la preocupación principal), que yo experimentaré las consecuencias de mi comportamiento. Y tenemos que comprender que me sentiré peor cuando haga trampas y cuando diga mentiras, cuando cause problemas a los demás. No sólo ahora, sino también en el futuro; me siento mal.

Un ejemplo muy bueno es la preocupación, la preocupación compulsiva. ¿Eres feliz cuando estás preocupado? No, en absoluto. Y es una infelicidad a largo plazo; puede conducir a la depresión. Nos estamos preocupando compulsivamente todo el tiempo, así que se repite una y otra vez. Necesitamos crear la asociación de que este tipo de comportamiento autodestructivo causa nuestra infelicidad. Así que nos responsabilizamos por ello: “Quiero evitarlo; quiero detenerlo”. Quizás no sea fácil; el comportamiento compulsivo es muy difícil de parar. Y requiere autocontrol.

Ejercer el autocontrol

Esta es toda la estrategia en este nivel inicial de lam-rim: la estrategia es ejercer el autocontrol. Cuando tengo ganas de actuar destructivamente, comprendo que será autodestructivo y me ocasionará más problemas, así que ejerzo el autocontrol y no llevo a cabo lo que tengo ganas de hacer. Si alguna vez han intentado ponerse a dieta saben de lo que estoy hablando: “quiero perder peso” por cualquier razón: salud, tener mejor aspecto, lo que sea. Pero el solo hecho de decidir ponerme a dieta no significa que van a dejar de darme ganas de comer. Tendré ganas de comer. Esto es la maduración de hábitos kármicos previos: paso por la pastelería, veo ese pastel y siento que me encantaría comerme una rebanada. Eso sucederá automáticamente; es la maduración del karma. No vamos a ser capaces de eliminar eso en esta fase, así que no se sientan mal por ello. Lo importante es ejercer el autocontrol en el momento en que tengamos ganas de entrar en la tienda y comprar el pastel, y no hacerlo. No solo vayamos compulsivamente a comprar uno o busquemos en el refrigerador.

Esto no es fácil, ¿verdad? Pero ¿de qué depende el autocontrol? Depende no sólo de este darse cuenta que discrimina entre lo que es útil y lo que es dañino. Ya saben, “si actúo destructivamente, esto me llevará a tener problemas”, así que discriminas. Sé que podrían decir: “bueno, eso ya lo sé, pero no puedo controlarme”. Eso pasa, ¿verdad? Ya saben: “Sé que no debería fumar y estoy tratando de dejarlo, pero aún tengo ganas de fumar”. Esa sensación, ese deseo, va a surgir. Entonces, ahora, además de saber lo que es beneficioso y lo que es dañino, necesitamos este sentido saludable del “yo”: me respeto a mí mismo; tengo este sentimiento positivo hacia mí mismo para que, sobre esta base, pueda ejercer la fuerza de voluntad del yo convencional, mi “yo”.

Ahora, los fumadores en la sala parecen muy incómodos y sus caras se están poniendo rojas. Pero, en cualquier caso, creo que esto es muy, muy cierto. Sólo vamos a ser capaces de ejercer el autocontrol y la fuerza de voluntad de una forma muy positiva si tenemos esta actitud muy positiva hacia nosotros mismos, este sentido de dignidad hacia uno mismo. De otra forma, ya sabes, “bueno, no me importa”. Si no nos importa, entonces no ejercemos el autocontrol. No tenemos ninguna fuerza de voluntad. Es muy interesante analizarlo. ¿Qué reforzará el autocontrol y la fuerza de voluntad?

Ahora, tenemos que tener un poco de cuidado aquí porque, aunque estemos creando un sentido saludable de este “yo” convencional para ser capaces de ejercer el autocontrol y todo eso, también puede reforzar un sentido exagerado del “yo”. Mientras estamos construyendo un “yo” convencional, y en este punto ya hemos puesto cierto esfuerzo en ello, ahora podemos empezar a vigilar el sentido exagerado del “yo”. Ese sentido exagerado del “yo” es el yo que “debería haber sido capaz de controlarme”; el yo que debería y tendría que tener ese poder de autocontrol y, como yo no fui capaz de tenerlo, soy culpable. Ese es un sentido exagerado del “yo”. Ya saben, como la persona que se convierte en policía y se vigila a sí misma para controlar y luego está completamente tensa. Eso no es saludable. Luego, cuando tiene un desliz y no ejerce el autocontrol, se siente realmente muy culpable y piensa: “debería haber sido capaz de controlarme” y se fustiga psicológicamente.

Por supuesto, cuando observamos las enseñanzas y los ejemplos, podríamos pensar qué fácil es llegar a esos extremos. Pienso en el ejemplo de Ben Gungyal (en tibetano ‘Ban Gun-rgyal, ‘Phen rKun-rgal), quien tenía una pequeña colección de piedras blancas y negras; al final del día revisaba todos los pensamientos negativos y cosas destructivas que había hecho. Para cada uno de ellos, ponía una piedra negra; y para todos los positivos, una piedra blanca. Y si había más piedras negras que blancas, se regañaba a sí mismo, y si había más blancas que negras se felicitaba y tomaba la determinación de hacerlo mejor en el futuro. Bueno, eso podría volverse bastante dualista, ¿no es verdad?

Este tipo de autoexamen al final del día es, por supuesto, muy útil si no nos damos cuenta de lo que pasa en nuestras vidas. ¿Con cuánta frecuencia actuamos positiva o negativamente? Así que es útil; pero tengan cuidado de no llegar al extremo de ese “yo” sólido que es el policía y ese “yo” que está siendo juzgado; esta visión dualista. Un gran maestro dijo que si revisamos nuestra vida de forma sincera para ver cuántas veces nos hemos enojado, hemos sido desagradables y poco bondadosos, y cuántas veces hemos sido realmente bondadosos y hemos hecho algo beneficioso para los demás, como una especie de lista, estaría muy claro a dónde iremos en nuestras vidas futuras.

Esto es para una sencilla evaluación que nos motive a hacer algo. Este desarrollo del autocontrol y la fuerza de voluntad sobre la base del darse cuenta que discrimina (una evaluación correcta de cómo hemos actuado) necesita hacerse con un sentido saludable del “yo” y tener cuidado con este sentido exagerado del “yo”. Piensen en esto, por favor.

Bueno, aquí solo quería señalar aquello con lo que necesitamos tener cuidado; pero, de hecho, en esta secuencia inicial de desarrollarnos a nosotros mismos, desarrollar un sentido saludable del yo a través del lam-rim, sin duda ejercer el autocontrol y la fuerza de voluntad estará fundamentado en ese sentido exagerado del “yo”, de que “tengo que tener el control”. Es en el nivel intermedio en donde vamos a lidiar con este tema en particular (de un sentido exagerado del “yo”); así que al principio es bastante natural que nos aproximemos de esta forma. ¿De acuerdo? Así es como se empieza. Después tenemos que refinar la forma en que ejercemos la autodisciplina.

Preguntas

Analizar las tendencias kármicas

Sobre la historia de la pastelería: una vez que pasamos por la pastelería y sentimos el aroma, vemos el aspecto de la tarta, eso es todo, no podemos hacer nada en este punto, ¿verdad? Entonces, ¿qué estrategias ayudan a enfocar esto? Quizás si elegimos otra ruta, quizás si hacemos otra cosa… ¿Cuál sería tu recomendación?

Togme Zangpo en las 37 Prácticas del Bodisatva habla de cuando un bodisatva abandona su hogar. Es cuando el deseo anhelante nos arroja en una dirección y el enojo hace que seamos destructivos (olvidé la cita exacta). Pero el punto es que, cuando una situación es demasiado fuerte en términos de actuar como condición o circunstancia para que surjan las emociones perturbadoras, entonces, si no puedes manejarla, evítala. No solucionará el problema, pero por lo menos, se hace un paréntesis temporal para ser capaz de trabajar en el problema.

Verás, cuando tenemos este tipo de situación y entonces haces un paréntesis y evitas lo que va a desencadenar tu comportamiento compulsivo y las emociones perturbadoras, entonces tienes que empezar a analizar. Te estás preguntando: “¿cómo trabajas en eso?” Así que trato de responderlo. Ahora, hacemos ese paréntesis e intentamos analizar lo que sucede. Y como dije ayer: este análisis de las causas y circunstancias es muy, muy útil aquí. Recuerden, hablamos de cuando estás en algún tipo de situación, vemos que ha surgido, no sólo de causas kármicas, sino también de muchas, muchas condiciones.

Necesitamos ver que existen muchas condiciones que van a causar esta tendencia kármica de querer comer de más, comprar esa tarta, este tipo de cosas. Habrá muchas condiciones que causen que esa tendencia madure en tener ganas de comer la tarta. Así que una de esas condiciones, por supuesto, es el estímulo externo de la tarta que está justo ahí enfrente, y alguien que nos la ofrece: esto incluso lo empeora. Y, si lo analizamos, vemos que existen muchas, muchas causas y condiciones relacionadas con por qué tengo ganas de comer: está la presión social, es decir, si todo el mundo está comiendo tarta y se sirve, entonces esta presión social es comer un trozo de tarta. También podría ser nuestra dieta; pero estamos hambrientos. Podría ser la situación económica, porque ahora las tartas son más asequibles que durante la época soviética. Podría haber muchas, muchas condiciones que afectan, además de solo la tendencia kármica que tengamos de comer de más y la fuerte tendencia del deseo anhelante por la gratificación sensorial.

Este tipo de análisis nos ayuda a superar uno de estos obstáculos que hay aquí, que es lo que estaba diciendo, ese sentido exagerado del “yo”: que “yo debería tener el control, pero no tengo el control”. “Me siento culpable y quiero escapar”. Ya saben, este tipo de sensación, y después, bueno, haces un paréntesis. Pero durante ese paréntesis, no haces otra cosa que sentirte mal contigo mismo. Por eso tienes que trabajar esto. Este tiempo fuera no es un castigo; podríamos considerarlo un castigo: esa sería una forma muy poco saludable de considerarlo. “No soy suficientemente bueno para ser capaz de estar aquí y lidiar con las pastelerías. Así que, ay, tengo que irme de aquí”. Esto está relacionado con un nivel muy bajo de autoestima.

Tenemos que trabajar en deconstruir un poquito ese sentido exagerado del “yo”; de que todo es debido a que no soy lo suficientemente bueno, a que no tengo autocontrol. Trabajamos en esto y vemos que ser capaz de ejercer el autocontrol y tener ganas de comer y todo eso se debe a muchas causas y condiciones. Y que esté basado en muchas causas y condiciones, no nos exime totalmente de la responsabilidad, pero lo pone en una perspectiva mucho más amplia.

Pienso en un ejemplo más claro, más fácil de comprender. Digamos que están en una relación poco saludable con alguien; están constantemente discutiendo con su pareja y ambos están realmente abusando el uno del otro verbal y psicológicamente. Y no son capaces de manejarlo. Entonces, aquí la mejor estrategia es separarse, dejar a la persona. Esta es la misma estrategia que con la pastelería. Bueno, tienes que romper con el síndrome mediante el hecho de dejarlo; pero si lo dejas creyendo que “fue todo por mi culpa” o “fue todo por tu culpa” y sólo te aferras a eso, entonces no vas a recuperarte muy fácilmente y es probable que te metas en patrones similares en la siguiente relación.

No tienes la tarta disponible, entonces no estás comiendo compulsivamente tartas; comes compulsivamente otra cosa. No has lidiado con el problema. Por eso, cuando te alejas de esta relación poco saludable, tienes que volver a analizar esto: “estoy actuando así debido a un espectro enorme de causas y condiciones. La otra persona actúa de esta forma también debido a un espectro enorme de causas y condiciones de su propio lado. Y todo ocurre en un entorno, en una sociedad y en una situación económica que también surge de un millón de causas y condiciones”. Lo deconstruyes; no es culpa de nadie en particular, aunque somos responsables de cómo actuemos. Este es un sentido saludable del “yo” convencional; no un sentido exagerado, de que “todo es por mi culpa” o “todo es por tu culpa”.

Quizás al dejar esta relación poco saludable, en verdad no estamos solucionando el problema para nada, porque él no ha terminado de solucionarlo con esta persona en particular y después, al apartarse de esta relación, quizás nos meteremos en la siguiente, la cual seguirá un patrón similar, y de esta forma no habremos solucionado la situación.

Esa es la razón por la que decía que, cuando se hace el paréntesis, cuando nos alejamos, usamos ese tiempo para analizar e intentar comprender la realidad verdadera de lo que estaba sucediendo; y lo que estaba sucediendo surgía en función de una cantidad enorme de causas y condiciones, y no sólo porque “eres una persona terrible” o “yo no soy bueno” o “yo siempre tuve razón”; cualquier tipo de exageración que tengamos sobre nosotros y sobre la otra persona. Así que no huyes y después te metes en otra relación. Usas ese espacio para analizar, para intentar comprender. Trabajas en ti.

Podríamos trabajar en nosotros y entonces tenemos que decidir si queremos regresar a esa relación o no. Hay algunas relaciones que podrías dejar porque no tienen ataduras; pero hay otras relaciones, como con los padres o los hijos, en las que no puedes simplemente alejarte para siempre. Quiero decir, podrías, pero eso no es realmente algo lindo. Así que, depende. Pero si necesitas regresar y re-involucrarte con la persona, el mero hecho de que tú hayas trabajado contigo mismo no significa que la otra persona haya trabajado consigo misma. Así que vas a tener que lidiar con eso.

O pienso en el ejemplo de un amigo mío que trabajaba en una oficina, y la oficina era bastante caótica y las presiones eran horribles y no podía soportarlo. Estaba sintiéndose muy alterado, con ataques de pánico y todo eso. Así que dejó su trabajo. Bueno, ahora está haciendo un paréntesis y puede trabajar consigo mismo, pero si regresa, no tiene que regresar al mismo trabajo. No hay ninguna obligación de regresar. Pero no debería esperar que en otra oficina o en otro empleo sea maravilloso. No es así; va a haber presiones diferentes. Así que uno necesita ser realista en términos de, como dijo Shantideva, cuando se lidia con los demás: todo el mundo es como un niño pequeño, todo el mundo es infantil, y tienes que ser capaz de lidiar con ello con muchísima paciencia.

Por lo tanto, trabajamos en el desarrollo de todas las cualidades necesarias para la paciencia y la perseverancia, la comprensión hacia los demás, etc. porque el mundo está lleno de personas infantiles; esta es la causa para desarrollar la compasión. Pero para desarrollar la compasión tenemos que tener un sentido muy saludable del “yo”: que “tengo seguridad en mí mismo y fuerza para ser capaz de ayudar realmente a los demás a lidiar con su sufrimiento”. Pero eso tiene mucho que ver con tener como base un sentido saludable del “yo”, no una especie de complejo exagerado de “voy a salvar al mundo”.

Surgimiento de tendencias y factores mentales

¿De dónde provienen los pensamientos? Porque, por ejemplo, volviendo al caso de este famoso ejemplo de la pastelería, puede haber un pensamiento que sea “puedo comprar esta tarta para satisfacer mi propio tipo de deseo”. Otro pensamiento podría ser “puedo comprar la tarta para hacer feliz a otra persona”. Y el tercer pensamiento, que no esté relacionado, como “el cielo es azul”. Entonces, ¿de dónde provienen los pensamientos y qué tipo de proceso los activa? ¿Cómo está eso determinado?

Ah, ahora entramos en un análisis más complejo de la realidad. En el budismo hablamos de lo que a mí me gusta traducir como “tendencias”. Literalmente es la palabra “semillas”, pero no deberíamos pensar en términos de semillas físicas plantadas en nuestra mente; quiero decir, esa es una analogía simplista para que los campesinos sean capaces de entenderlo. Así que, hemos acumulado muchas tendencias diferentes desde el tiempo sin principio. Hay tendencias kármicas que surgen de nuestro comportamiento y se repiten en el hecho de tener ganas de repetir un tipo de comportamiento; literalmente, el deseo de repetirlo. También maduran en sentirse feliz o infeliz; y maduran en la experiencia de que otras personas actúen de forma similar a la nuestra hacia nosotros.

Si vas a comprar la tarta, primero el pensamiento que surgirá es “quiero comprar la tarta”, y después el deseo de realmente meterte en la tienda y comprarla. Quiero decir, hay una secuencia y el pensamiento vendrá primero: el impulso mental de la compulsividad del pensamiento para pensar en meterte en la tienda y comprarla. Pero todos nuestros diferentes factores mentales también van a operar en el sistema de las tendencias. El factor mental de la generosidad o el factor mental de la codicia, el deseo anhelante. Todas estas cosas no van a madurar continuamente sin parar; sólo en ocasiones.

Cada una de éstas -la tendencia de que surja el factor mental de la generosidad; la tendencia de que surja el factor mental de la codicia; la tendencia de que surja el factor mental de divagar sobre cosas sin sentido debido a la palabrería ociosa y todo eso- cada una de estas cosas tendrá una fuerza diferente en función de la frecuencia con la que se hayan hecho y con qué intensidad, etc. Existen trece variables que afectan la fuerza de estas cosas.

Existen muchos factores y condiciones que están involucrados en por qué una tendencia en particular madura en algún momento. Tiene que haber una condición para ello. Así que la condición podría ser algo que sea totalmente impersonal, como el clima: está lloviendo, así que quieres protegerte de la lluvia y lo más cercano es la pastelería, por eso te metes en la pastelería. Esta es una condición, y de esa forma ves la tarta y quieres comprarla. De otra forma, simplemente hubieras pasado de largo.

Me reía porque estaba pensando en mi propia situación. Tenía una conexión kármica tibetana muy potente y me encantaba la comida tibetana: en especial los momos, esas bolitas de masa hervida rellenas de carne. Resulta que me mudo a Berlín y me voy al piso de un amigo que nunca había visto antes. Había una oportunidad para compartir este piso con un amigo de forma temporal y eso es lo que decidí hacer. ¿Y saben a qué tipo de barrio me mudé? Un barrio en el que había cuatro restaurantes que servían comida tibetana: momos tibetanos, a una distancia a la que podía llegar andando desde mi piso. ¿Cómo sucedió? Ya saben, no uno, no, ¡cuatro! Es inaudito. Si este no es un ejemplo de maduración de algún tipo de karma para que continúe esa experiencia de seguir teniendo comida tibetana… Quiero decir, incluso hay un restaurante que sirve té tibetano. Es increíble.

Así que el punto es que sea que entres en la tienda o no, que la generosidad surja o no, o simplemente que aparezcan las divagaciones mentales o no: todo depende de la fuerza de cada una de estas tendencias para ese tipo de factor mental o proceso del pensamiento, además de todas las circunstancias que puedan contribuir externamente. Lo que suceda surge en función de la combinación de todas estas cosas, la que sea más fuerte y la que sea más débil.

Intuición

A veces las elecciones son determinadas por la intuición; así que, ¿qué es la intuición para el budismo?

La intuición es básicamente aquello de lo que tienes ganas, ¿no? Simplemente surge, y con la intuición a menudo hay algún nivel de certeza en función de cuánto confiemos en la intuición. Hay varias cosas sobre las que podemos tener intuición; no es tan sencillo de analizar. Podríamos tener una intuición sobre cómo arreglar algo. Hay algo que no funciona en la computadora, así que un poco intuitivamente sé qué botones hay que apretar. Pero eso en realidad proviene de la experiencia previa que tengamos con otro tipo de máquinas y mecanismos, ¿no es verdad? Podríamos no saber específicamente cómo lidiar con este problema con la computadora, pero de forma intuitiva lo averiguamos debido al conocimiento y la experiencia con otras cosas similares.

Hay algunas acciones que hacemos que son de antemano deliberadas (esto está en la presentación del karma), y otras que no son deliberadas. “No deliberadas” sería “yo no pensé: ¿qué hago? ¿Hago esto o lo otro?”. Simplemente lo hacemos, así que diríamos que lo hacemos intuitivamente. No fue deliberado ni pensado, y funcionó de antemano de forma consciente. Pero, obviamente, se basa en la experiencia previa.

Pero cuando tienes una sensación intuitiva de que va a llover -intuición sobre el futuro, eventos futuros- bueno, eso es un poco más complejo de analizar. Ya sabes, “tengo la intuición de que vas a llamarme”, y entonces me llamas, algo así. No sé si alguna vez han experimentado esto, yo lo he experimentado: estaba pensando en alguien y entonces me llamó. Obviamente, no nos jactamos de ello como si fuéramos alguien salido de La Guerra de las Galaxias (“¡Usa la Fuerza, Luke; ahora me llamarás!”). Quiero decir, no estamos haciendo eso, usar la Fuerza, ya saben, que estoy haciendo que me llamen.

Pero no sé, no sé de dónde proviene esto porque a veces es algo fiable, y a veces no lo es. ¿Está basado en algún tipo de inferencia? ¿Está basado en algún tipo de conexión telepática? No sé, pero ciertamente no creo que esté haciendo que la otra persona me llame, no a nuestro nivel. Puedes influir. Si tienes una concentración súper desarrollada y poderes, entonces tienes la habilidad de influir en los demás; pero ciertamente nosotros no estamos a ese nivel.

A veces, cuando te comunicas de forma intensiva con otra persona, ocurre que las personas se llaman la una a la otra en el mismo momento, incluso sin que haya un acuerdo previo sobre hacerlo. Parece que algunas personas entran en un modo operativo tan sincronizado que puede suceder casi naturalmente.

Bueno, ¿qué es eso? Ya sabes, entrenas a dos monos; puedes hacer que hagan la misma cosa en el mismo momento. Es un cierto tipo de entrenamiento, ¿verdad? Si entras en el hábito de comunicarte mucho y enviar mensajes de texto y todo eso, lo más probable es que en algún momento se comuniquen simultáneamente. Esto sucede estadísticamente. Meterse en eso de la Nueva Era de: “bueno, estamos en la misma vibración” y este tipo de cosas creo que es exagerar un poco. Pero estas cosas pasan. Estamos tan acostumbrados el uno del otro que es muy probable que terminemos comunicándonos en el mismo momento. No es inusual.

Soy un gran seguidor de lo que uno de mis maestros siempre enfatiza: “nada especial”. Nos llamamos en el mismo momento: nada especial, no le des tanta importancia: “¡Ay, magia! Estamos hechos el uno para el otro”, y todo eso.

Parece tan natural…

Correcto, parece tan natural, y después no es nada de especial. Así que fluye con ello. El problema, por supuesto, aparece cuando lo esperamos; y si esperas que siempre suceda y después no sucede, entonces ahí hay un problema. Así que, “nada de especial” es algo muy útil para esto.

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